14656(13-09-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso N° 14656  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.  140  

         Bogotá, D.C., trece (13) de septiembre  de dos mil uno (2001).   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  en  defensa  de  JUAN  JOSÉ  CABEZAS SOL  contra la sentencia de fecha febrero 19 de 1998, mediante la cual  el  Tribunal  Superior  de Cali confirmó el fallo condenatorio proferido por el  Juzgado  7º  Penal  del  Circuito  de  esa  misma ciudad, en el que condenó al  mencionado  procesado a la pena principal de ocho (8) años y diez (10) meses de  prisión  como  autor  de  los  delitos  de homicidio y porte ilegal de armas de  defensa personal.   

HECHOS  

          Del  fallo  impugnado  se sabe que en la mañana del 20 de marzo de  1994,  Oscar Fernando Cortés se presentó en la segunda planta de la residencia  ubicada  en  la  calle  82 No. 28D-30, barrio Mojica de la ciudad de Cali.   Una  vez  allí,  procedió  a  golpear  la  puerta  de  acceso de la vivienda y  desafió  en  términos  soeces  a  JUAN JOSÉ CABEZAS  SOL,  con  quien tenía problemas desde hacía varios  meses.   El  provocado  reaccionó  disparando un revólver a través de la  ventana  de la casa contra Cortés, luego abrió la puerta y accionó nuevamente  el  arma  contra  su  víctima  propinándole  las  lesiones que determinaron su  deceso. Seguidamente emprendió la huida   

ACTUACION  PROCESAL   

          1.   Con  fundamento  en  las  pruebas  recaudadas durante las  diligencias  preliminares  la Fiscalía Seccional de Cali dispuso la apertura de  la   investigación,  vinculó  mediante  declaratoria  de  persona  ausente  al  imputado    JUAN    JOSÉ    CABEZAS   SOL,  a quien designó defensor de oficio y resolvió su situación  jurídica  el  18  de  junio  de 1996 con detención preventiva por el delito de  homicidio  en  concurso  con  el  porte  ilegal  de  armas  de defensa personal.   

          2.   Clausurado el ciclo instructivo la Fiscalía calificó su  mérito  probatorio  en  providencia  del 26 de agosto de 1996, en la que elevó  acusación  contra  el  sindicado como autor de los hechos punibles imputados en  la medida de aseguramiento (fs. 116 y s.s., cdno. 1).   

         3.  Con fecha agosto 19 de 1997, el  Juzgado  7º  Penal  del  Circuito  de  Cali  dictó  el  fallo mediante el cual  reconoció  a  favor  del procesado JUAN JOSÉ CABEZAS  SOL  la  circunstancia  atenuante  de la ira, a quien  condenó  a  la  pena  principal de ocho (8) años y diez (10) meses de prisión  como  autor, en concurso de hechos punibles, de los delitos de homicidio y porte  ilegal de armas de defensa personal.   

         El  Tribunal Superior de Cali confirmó  la  sentencia  del  a  quo  al  resolver la apelación incoada por el Ministerio  Público,   sujeto   procesal   que   inconforme  con  tal  pronunciamiento,  en  oportunidad  interpuso y sustentó el recurso extraordinario que decide ahora la  Corte.   

         

LA DEMANDA  

          El  censor acusa la sentencia de segundo grado de ser violatoria en  forma  directa  de  la  ley sustancial, por exclusión evidente, del inciso 2º,  numeral  4º,  del  artículo  29  del  Código  Penal  (Decreto  100 de 1980) y  aplicación indebida de los artículos 323 y 60 del mismo estatuto.   

          Al   concretar   el  desatino  postulado,  el  demandante  indica  que  los  juzgadores  de instancia  mencionaron  y  aceptaron  los  presupuestos  fácticos  de la legítima defensa  presunta     o    privilegiada,    pero    desconocieron    sus    consecuencias  jurídicas.   

       Con  miras  a sustentar tal reproche señala, en  primer  término,  que de la víctima puede predicarse la condición de extraño  pues  ningún  vínculo  de  familia,  de  amistad  o contractual tenía con los  integrantes  del  núcleo  familiar del procesado; más aún, sus relaciones con  este  último  se caracterizaban por el conflicto y así las cosas, la presencia  de  Oscar Fernando Cortés en el balcón de la residencia de CABEZAS SOL    lejos   estaba   de   contar   con   su   consentimiento.    

       Transcribe  a  renglón  seguido las precisiones  del  fallo impugnado sobre los enfrentamientos continuos entre los protagonistas  del suceso.   

         

          Advierte  después  que  el comportamiento objeto de repulsa por el  sindicado  se  desencadenó  en el balcón del inmueble donde tenía establecido  su  domicilio,  en  donde  se  presentó  Cortés sin justificación alguna para  alterar  la  seguridad  y  la  tranquilidad  de  los  moradores  de la vivienda,  conforme  lo  aceptaron  y reconocieron también los juzgadores en los acápites  de la decisión impugnada que trae a colación en el libelo.   

          Plantea  que ante esa  actitud  beligerante  y  agresiva, que el acusado no estaba en la obligación de  soportar,  le  resultaba dable presumir el enfrentamiento de un peligro grave de  impredecibles   consecuencias,   frente   al   cual  reaccionó  en  procura  de  salvaguardar  un  cúmulo  de  intereses  jurídicos,  como  fue  aducido  en el  salvamento de voto de la decisión de segunda instancia.   

         Opina  que ante el carácter sorpresivo  del   ataque  CABEZAS  SOL  respondió  con  inmediatez,  como  puede  concluirse  de  lo  expresado por los  declarantes  que  lo  vieron abandonar después la residencia descalzo y a medio  vestir,  circunstancia  que  descarta  la  premeditación, máxime que no tenía  forma  de  saber  que  el  agresor  se  encontraba  bajo  el  influjo de bebidas  embriagantes y sin armas.   

          En  fin,  asegura que el Tribunal terminó reconociendo a favor del  sindicado  la  comisión  de  la  conducta  homicida en las circunstancias de la  diminuente   punitiva   del   delito   emocional,  a  partir  de  los  supuestos  “que  apuntan  a  ser  los  mismos  de la legítima  defensa presuntiva o privilegiada”.   

          Con  apoyo en los anteriores argumentos el recurrente solicita a la  Corte  que  case  el  fallo  impugnado  y  en  su  lugar  absuelva  al procesado  CABEZAS  SOL por razón del  homicidio,  no sin admitir, de otra parte, que la condena por el porte ilegal de  armas  satisface  los  requerimientos de legalidad, pues si bien el empleo de la  misma  para  rechazar  la  agresión  aparece justificada por el ejercicio de un  derecho,  al  tenor  del artículo 29, numeral 3º del Código Penal, agotada la  conducta  homicida,  ninguna  autorización  de  orden  legal  aflora  para  que  continuara detentándola.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PUBLICO   

          El  Procurador  Tercero  Delegado advierte de antemano, que ninguna  de  las  variantes posibles de la falta de aplicación de la ley sustancial tuvo  ocurrencia  en el fallo recurrido, pues el Tribunal encontró que no se daban en  el  caso  examinado  los requisitos generales de la legítima defensa, de manera  que  la  norma que la consagra si fue discutida y no se ignoró la existencia de  la misma ni su validez en el tiempo o el espacio.    

         Así las cosas, concluye, el demandante  al  sustentar  el cargo con apoyo en esta causal comprometió desde el inicio el  éxito de la censura.   

          Precisa   que   no   resulta   cierto,  como  parece  apuntarlo  el  impugnante,  que los requisitos de la legítima defensa presunta sean los mismos  que  la ley consagra para el delito emocional, institutos respecto de los cuales  señala   entonces  sus  diferencias.              

         Estima que en el caso concreto no puede  afirmarse  que  Oscar  Fernando  Cortés  ingresó  al domicilio del procesado o  intentó  hacerlo,  porque  según  lo  entendieron  las instancias desde afuera  lanzó  improperios  contra  CABEZAS SOL.     Además,  el  procesado  tuvo  la  oportunidad  de  valorar  que  no  estaba frente a una agresión que colocara en riesgo su vida o  la  de  los  integrantes de su familia, precisamente, porque se encontraba en el  interior  de  la  vivienda a puerta cerrada y pudo ver a su enemigo a través de  la  ventana  sin portar armas, hechos que fueron admitidos por el juzgador a quo  en   la   sentencia   integrada   a   la   que  es  objeto  de  la  impugnación  extraordinaria.   

         De  las  transcripciones  de  los  fallos  afirma  que  en ningún  momento   se  entendieron  probadas  las  exigencias  de  la  legítima  defensa  presunta,  como  lo manifiesta el libelista, motivo por el cual precisamente fue  negado  el  reconocimiento  de  esta  causal  de  justificación;  más aún, la  Delegada  observa  que  el recurrente intentó fundamentar el cargo a través de  hechos   que   entiende   probados,   cuando   las   instancias   excluyeron  su  demostración.   

         En  este  orden de ideas, por falta de  técnica  y  de  razón,  el  Procurador  opina  que  el cargo no esta llamado a  prosperar.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Le  asiste  razón a la Delegada cuando solicita la desestimación  del  ataque debido a las impropiedades de orden técnico que presenta, como pasa  a examinar la Sala.   

         1.   A  pesar  de la reiterada insistencia de la Corte, en el  sentido  que  en  la  violación directa de la ley sustancial constituye premisa  indefectible  para  la  debida  elaboración  del reproche la aceptación de los  hechos  como  los  dio  por  demostrados  el  sentenciador  y de la apreciación  probatoria  que  le brinda sustento al fallo impugnado, el casacionista presenta  un  único cargo por esta vía en el que si bien anuncia la observancia de dicho  presupuesto,     pronto     lo     abandona     entrando    en    contradicción  insalvable.   

         En  efecto, plantea la violación directa de la ley sustancial por  exclusión  evidente  del  inciso 2º, numeral 4º, del artículo 29 del Código  Penal  (Decreto  100 de 1980), arguyendo que tal norma fue inaplicada en el caso  concreto  no  obstante  haber reconocido el Tribunal los requisitos de la causal  de  justificación  contemplada  en ella; sin embargo, al desarrollar la censura  se  aparta  de la cuestión fáctica establecida por los juzgadores de instancia  como  fundamento  de  la  condena  o  en  otros  términos,  incursiona  en  una  evaluación  diferente de los sucesos que se tuvieron como probados en autos con  el   objetivo   de  postular  la  tesis  de  la  legítima  defensa  presunta  o  privilegiada,  anteponiendo  de  este  modo  su  criterio  personal  al  de  los  sentenciadores  con  la  pretensión de revivir en el recurso extraordinario una  controversia  sobre  los  hechos  y  la  prueba,  en postulación impropia de la  causal presentada.   

         2.   Dígase  así,  en  primer  término, que el Tribunal no  reconoció  como  lo  asegura  el demandante, que cuando el acusado CABEZAS   SOL  disparó  contra  Oscar  Fernando  Cortés  lo hizo para rechazar la agresión proveniente de un extraño  que  de  manera indebida intentó ingresar a su residencia, situación a la cual  se  contrae  la causal de justificación que alega el censor fue prescindida con  evidencia  a  pesar  de  su  expresa  admisión  en  las  conclusiones del fallo  impugnado;   por   el   contrario,   el  juzgador  ad  quem  al  fundamentar  la  circunstancia  atenuante  del  delito emocional admitió simple y llanamente, la  existencia  de  una provocación grave e injusta de la víctima que lejos estaba  de  validar  la  reacción del procesado, incluso, distinguiendo esta hipótesis  de   la  que  configura  la  defensa  legítima  a  través  de  los  siguientes  razonamientos:   

“Por  lo  tanto  la  presencia  de OSCAR  FERNANDO  en  el sitio del hecho obedeció a un mero afán de molestar u ofender  a  quien  en  oportunidades anteriores había salido en defensa del señor JESUS  CASTILLO.    En   estas   condiciones   nadie   podría   afirmar   que  el  comportamiento  de la víctima fue justo, ya que el hecho de que el procesado no  le  hubiese  dado motivo para actuar de esta forma ilegítima no le autorizaba a  ser  agresor  verbal.   Pero  una  cosa  es  la  actitud  ofensiva  verbal y otra bien diferente la actitud ofensiva material, en  cuanto  la primera es capaz de desatar reacciones violentas, pero nunca legitima  el    rechazo    armado    de    tan    avieso    cvomportamiento   (sic).   Frente  al  proceder  de OSCAR FERNANDO CORTES caben  todos  los cuestionamientos y censuras, mas nunca se puede avanzar sobre la base  de  esa  provocación  airada verbal a validar la acción emprendida por CABEZAS  SOL,  ya  que  en  ningún  momento  de  parte de la  víctima  de  produjo  una  actitud  de  violencia  física y actual que hiciere  necesaria   e  inevitable  su  rechazo  so  pena  de  comprometer  la  vida  del  procesado…”  (fs.  237  y  237,  cdno.  1.   Negrillas fuera de texto).   

         3.    El   casacionista   en   este   inapropiado  desarrollo  argumentativo   alude  además  a  los  requisitos  de  la  defensa  presunta  o  privilegiada  y a renglón seguido transcribe apartes del fallo de segundo grado  que  ni  remotamente  tienen la significación que les atribuye en la pretendida  demostración  del  reconocimiento  en él de las exigencias de dicho instituto.   

         Ciertamente,   el  Tribunal  en  las  consideraciones  traídas  a  colación  por  el  demandante  concluyó  que  los  episodios sucedieron en las  inmediaciones  del  inmueble  del  acusado,  pero  sin  que  en  momento  alguno  entendiera,  como  es  sugerido en el libelo, que el provocador Cortés intentó  penetrar  a  la  morada  de  CABEZAS SOL;  por el contrario, insistió en las motivaciones de la sentencia  atacada  que la víctima se limitó a golpear la puerta de acceso de la vivienda  y  a  lanzar improperios e insultos desde el exterior de la misma, trascendental  tópico respecto del cual afirmó lo siguiente:   

“…Aquella mañana el comportamiento de  la  víctima  lo condujo a reincidir en la formulación de improperios contra el  procesado…El   señor   CABEZAS   SOL   permanecía  en  su  casa  en  labores  varias.   Fue  entonces  cuando OSCAR FERNANDO CORTES desvió su rumbo para  encaminarse  a casa de JUAN JOSÉ CABEZAS y una vez allí procedió a golpear la  puerta  de  ingreso  a  la  segunda  planta,  agraviando  a sus ocupantes….”  (f.       235,       cdno.       1).   

         En  posterior  acápite,  con  idéntica  orientación el Tribunal  señaló:   

“Por  lo  tanto  la  presencia  de OSCAR  FERNANDO  en  el sitio del hecho obedeció a un mero afán de molestar u ofender  a  quien  en  oportunidades anteriores había salido en defensa del señor JESUS  CASTILLO…”   (f.   236,   cdno.   1).   

         Tampoco  es cierto, conforme es sugerido por el recurrente, que el  Juzgador  ad quem atisbó en el proceder del acusado la reacción a “un  peligro  grave  de impredecibles consecuencias…en procura  de    salvaguardar    un    cúmulo   de   intereses   jurídicos”,  porque  las  conclusiones  del  fallo  apuntaron  a  un sentido  opuesto  al  así  asegurado.  Concretamente,  en  relación  con dicho punto el  Tribunal coligió:   

“…simplemente  la  realidad  probada  indica  que  en ningún momento para JUAN JOSE CABEZAS SOL existió peligro para  su  vida,  como  tampoco  para  sus  bienes porque las huellas de la realidad ni  siquiera  muestran  que  la  puerta  de  su casa haya sufrido daño alguno…”  (f.       237,       cdno.       1).   

         4.   Más  aún,  el antitécnico desvío del demandante a la  controversia  sobre los hechos y la prueba se evidencia al extremo cuando refuta  los  sucesos  que  se  dieron  por  demostrados  en  la  providencia  censurada,  acogiendo  la  reconstrucción  que  de ellos hizo la Magistrada disidente en el  salvamento  de  voto  a  tal pronunciamiento; como también, al internarse en el  análisis  de  los  elementos de juicio incorporados al proceso para pregonar la  sorpresa  en  el  ataque de Cortés y el carácter coetáneo de la reacción del  acusado frente al comportamiento de su víctima.   

         Así  las  cosas,  resulta forzoso colegir que el censor cambia en  forma  ostensible  la realidad que se tuvo por acreditaba probatoriamente en los  fallos  de  instancia  para  ofrecer  su  particular  visión  apreciativa de lo  acontecido,  perdiendo  de  vista que al formular el cargo de violación directa  de  la  ley  sustancial se imponía el respeto a plenitud de los hechos y de los  criterios  evaluadores  de  la  prueba  por parte del fallador, para orientar la  critica única y exclusivamente a sus consecuencias jurídicas.   

         En  síntesis,  ante  tal  discurrir  argumentativo  en la demanda  examinada,  fluye  evidente  la  falta  de  técnica en el manejo del recurso de  casación,  razón  por  la  cual  el  cargo  postulado  en  ella  no  prospera.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         NO       CASAR       el      fallo  impugnado.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL             JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE           

JORGE  A.   GÓMEZ GALLEGO                               ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO   

ALVARO        O.        PÉREZ  PINZON                                 NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *