14264(01-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14264  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE    ANÍBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta N° 87   

Bogotá,  D.C.,  primero de agosto de dos mil  dos.   

VISTOS  

Resuelve  la  Corte  el recurso de casación  interpuesto   por  el  defensor  del  procesado  DAVID  ALEXANDER  MEDINA  FERNÁNDEZ,  contra la sentencia de  segunda  instancia  proferida  el  22  de  septiembre  de  1997, por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, por medio de la cual confirmó la  que  dictó  el  20  de junio del mismo año el Juzgado 21 Penal del Circuito de  esta  ciudad,  condenándolo  a  la  pena principal de 25 años de prisión como  coautor del delito de homicidio.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

En  el  paradero de buses del barrio Molinos  Segundo  Sector  de  esta  ciudad,  en  la noche del 23 de diciembre de 1995, se  suscitó  una pelea en la que fue herido por arma blanca y de fuego Jhon   Fredy   Daraviña   Bernal,  quien  falleció poco después cuando recibía atención médica.   

Con  base  en  el  acta de levantamiento del  cadáver  de  la  víctima  y  en  la  información obtenida en este momento, el  Fiscal    300   Delegado   de   la   URI   de   Ciudad   Bolívar   –   La   Casona,  llevó  a  cabo  una  diligencia  de  allanamiento,  la cual tuvo como resultado el que se capturara a  uno  de  los  individuos contra quienes se formulaban imputaciones: DAVID    ALEXANDER   MEDINA   FERNÁNDEZ,  conocido  como  “Lagarto”.  En  consecuencia, esa oficina ordenó abrir investigación el 24 de diciembre de  1995.   

MEDINA  FERNÁNDEZ  rindió  indagatoria  el  siguiente 26 de diciembre, asistido por un defensor de  oficio   al  que  posteriormente  otorgó  poder.  El  día  28,  al  resolverle  situación  jurídica, la fiscalía le impuso medida de detención como presunto  autor  del  delito  de homicidio, decisión que revocó, el 10 de enero de 1996,  la  misma oficina al resolver una solicitud expresa del defensor en ese sentido,  por  haberse  modificado  los supuestos probatorios. En consecuencia, se dispuso  la libertad inmediata e incondicional del procesado.   

El Fiscal 55 Delegado ante los Jueces Penales  del  Circuito,  con  resolución del 19 de marzo de 1999, decretó la nulidad de  lo  actuado  a  partir  de  la  indagatoria  de  MEDINA  FERNÁNDEZ,  inclusive,  al constatarse que la persona  que  venía  actuando  como  defensor había simulado la calidad de abogado. Por  tal  razón,  se  dispuso  librar  en  su  contra  orden  de  captura, la que se  concretó el 1° de abril de 1996.   

Nuevamente rindió indagatoria el 3 de abril  siguiente  y  se  le  impuso medida de detención, con resolución del día 8 de  los  mismos  mes  y  año.  Esta  providencia  fue  confirmada  por la Unidad de  Fiscalía  Delegada ante los Tribunales de Bogotá y Cundinamarca, el 21 de mayo  de 1996.   

La  oficina  instructora declaró cerrado el  ciclo  instructivo  mediante  resolución  del 7 de junio de esa anualidad.  Con  la del 23 de julio acusó a DAVID ALEXANDER MEDINA  FERNÁNDEZ como “partícipe  responsable”  del delito de homicidio. El órgano ad  quem   le   impartió  confirmación  con  la  suya  del  30  de  septiembre  de  1996.   

El  Juzgado  21 Penal del Circuito avocó el  conocimiento  del juicio. Tras superar algunas incidencias procesales, profirió  sentencia  de  primer  grado, en los términos conocidos, la cual fue confirmada  con el fallo objeto de este recurso extraordinario.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

El  recurrente  anuncia que para respetar el  principio  de  no  contradicción,  formula  tres  cargos  independientes,  pero  afincados  en la misma causal, la primera, cuerpo segundo, porque se presenta un  quebranto   indirecto   de   la  ley  sustancial,  originado  por  error  en  la  apreciación de la prueba.   

Cargo primero  

El  error  está  determinado  por  un falso  juicio  de  identidad,  que se produjo cuando el tribunal confirmó la sentencia  de  primer grado, al momento de apreciar la declaración de Martha Lucía Poveda  rendida el 23 de diciembre de 1995.   

Al valorar este elemento de convicción, los  falladores  se  alejaron  de  los parámetros contenidos en los artículos 254 y  294   del   Código   de  Procedimiento  Penal  derogado,  porque  se  aplicaron  indebidamente  los criterios de apreciación de la prueba en conjunto, los de la  sana crítica, así como los correspondientes al testimonio.   

El  yerro condujo a la infracción indirecta  de  los  artículos  445  del  anterior Código de Procedimiento Penal y 323 del  derogado  Código  Penal,  porque  se  produjo  sentencia  condenatoria  sin que  existiera  dentro  del proceso prueba que de certeza sobre la responsabilidad de  MEDINA  FERNÁNDEZ,  como lo  exige  el  artículo  247  de  aquél  código;  en  cambio, debió aplicarse el  principio del in dubio pro reo.   

Para  demostrar la censura, hace un recuento  de  las  razones  por las cuales, tanto tribunal como el a quo, consideraron que  Martha  Lucía  Poveda era la  principal testigo de cargo.   

Por  esa razón, transcribe el contenido del  respectivo  testimonio,  y  reitera las razones por las que en las sentencias se  tuvo  como  digno  de credibilidad. Agrega que ese grado de valor es contrario a  lo que se demostró en el proceso.   

Pasa  a  referirse el actor a la inspección  judicial  que se realizó al hospital San Juan de Dios, en la que se estableció  que  al  mismo   ingresó  el  23  de diciembre de 1995, a las 8 y 20 de la  noche,   Jhon   Quilmer   Muñoz   López  por  presentar  herida en el tórax producida por arma de fuego, y  no    el    hermano    de    éste,   Wilmer   Muñoz  López,          alias         “Tito”,  a  quien  se  había referido la  testigo en su primera declaración.   

No  se  entiende,  afirma  el  libelista, la  razón  para  que  se  le  diera  credibilidad a Martha  Lucía  Poveda, cuando en ese primer testimonio expuso  detalladamente  los  rasgos  de  “Tito”  y  dijo  que  la  herida  la  recibió  en  el  estómago,  cuando  Jhon   Quilmer   apareció  lesionado en el tórax.   

Sostiene que tampoco se apega a la verdad la  manifestación  de  la  citada  testigo,  relacionada  con  el  momento  en  que  intervino  el  occiso en la pelea que sostenían otras personas, pues así ubica  a      tres      seres      en     la     escena     (víctima,     “Tito”       y       “Lagarto”),  cuando  en  verdad fueron  cuatro   los   individuos   que   tomaron  parte  en  la  reyerta,  Jhon  Fredy  Daraviña y los tres hermanos  Muñoz   López,  como  se  demuestra  con  la  inspección  judicial  y  las  declaraciones de Javier  Agudelo  Rojas,  María  del  Pilar  Molano Camacho, Ernesto  López Medina, lo cual acepta el tribunal.   

También afirma que la declarante incurre en  otras  inconsistencias,  relacionadas  con  el  número  de disparos, pues está  probado  que  uno  fue  el  que  hizo  el  occiso  cuando  hirió a Jhon  Quilmer   y  los otros tres los  que  le  causaron  la muerte, como se constató tanto en la inspección judicial  realizada   en  el  hospital  San  Juan  de  Dios,  como  en  la  diligencia  de  levantamiento  de  cadáver,  situaciones  que  corresponden a lo que expusieron  Javier  Agudelo  Rojas,  Ernesto  López  Medina, Aura  Camacho  de  Molano  y María  del Pilar Molano.   

Sostiene  el  casacionista  que se reduce la  fiabilidad   de   la   testigo,   si   se   tiene  en  cuenta  que  María    del    Pilar    Molano   Camacho   y   Aura   Camacho   de  Molano  afirman  que  Martha  Lucía  se  encontraba alicorada, estado que afecta la  percepción  normal  de  los  hechos y explica sus equivocaciones. Además, hace  dudar  de  la  veracidad  de  la  testigo  el  que haya dado una descripción de  MEDINA  FERNÁNDEZ  que  no  coincide   con   la   plasmada   por   la   fiscalía   con   ocasión   de   su  captura.   

Tampoco  se  tuvo  en  cuenta  al momento de  valorar  el  testimonio  mencionado,  la  personalidad  de  la declarante, quien  demuestra  ser  una  persona  poco  sincera,  pues  se  retractó  de su primera  declaración  y  dio  tres  versiones diferentes. Por esta razón, no es como lo  aseveró  el  tribunal,  que el cambio fue producto de la amistad o de presiones  que  se  le  hicieron  a  la  testigo,  sino que Martha  Lucía  se  equivocó en su inicial narración, ya que  la  percepción  que  tuvo  el  día  de  los  hechos  no coincide con la verdad  real.   

En  tal medida, de acuerdo con los conceptos  de  sana  crítica,  persuasión  racional  y  certeza, no se comprende, dice el  actor,  por  qué los sentenciadores condenaron a David  Alexander   Medina   Fernández   con   base  en  ese  testimonio,      que      es      confuso,      impreciso,     incoherente     y  contradictorio.   

A  partir  de esas situación, el demandante  pregunta  cuál  es  la  certeza  de  responsabilidad,  cuáles los criterios de  valoración  aplicados  a  la  prueba  cuestionada,  la  que  desvirtúan  otros  elementos  de  convicción  en  los  aspectos  puntuales  reseñados, y cuál su  credibilidad  si  hizo  la  imputación  al  procesado  sin  que  éste  hubiese  participado  en  la  pelea.  Las  aseveraciones de la testigo son producto de la  falta  de  inmediación  y  de objetividad respecto de los hechos, ya que no los  vio como ocurrieron.   

Al darle a ese testimonio la credibilidad que  no  merecía, al no valorar la prueba en conjunto, al no apreciar la inspección  judicial  al hospital San Juan de Dios, ni darle valor a otras declaraciones, el  tribunal  desatendió  los  principios  de  la  sana crítica y los criterios de  valoración del testimonio.   

Cita  doctrina extranjera sobre el testigo y  la  prueba  testimonial,  para sostener que la interpretación del testimonio de  Martha  Lucía, llevó a que  se    condenara   a   Medina   Fernández,  a  pesar  de  la inexistencia de prueba sobre su responsabilidad.  Este  comentario  lo  conecta con la evocación de una jurisprudencia de la Sala  datada  el  9  de  septiembre  de  1976, alusiva a la suficiencia del testimonio  único para formar la convicción del juzgador.   

Afirma el censor que la testigo confundió a  los   partícipes   del   suceso   criminoso,  pues  sindica  a  “Lagarto”  como el individuo que disparó  contra   la   víctima,   cuando   quienes   lo   hicieron  fueron  “Tito”   y  su  hermano  “Pacheco”,  habiéndose  originado  la  confusión  en  que  David Alexander Medina    le   prestó   su   chaqueta   al   mencionado   “Tito”,  circunstancia que ilustra que la  declarante  no tuvo inmediatez sobre los hechos ni verdadero conocimiento de los  mismos.   

En  virtud  a  que  el  elemento  probatorio  criticado   no   reunía  las  necesarias  condiciones  de  credibilidad  al  no  apreciarse  de  conformidad  con  los artículos 254 y 294 del derogado estatuto  adjetivo,  y  teniendo  en cuenta que obra la prueba necesaria para absolver, ni  no  se ha demostrado la responsabilidad del procesado, por lo que la presunción  de  acierto  y  legalidad  queda  desvirtuada,  solicita  el actor se aplique el  principio  del  in  dubio  pro  reo  consagrado  en el artículo 445 ibídem, al  casarse    la    sentencia    impugnada,    para   absolverse   a   DAVID   ALEXANDER   RUÍZ   MEDINA   como  responsable  del  homicidio  de  Jhon  Fredy Daraviña  Bernal.   

Segundo cargo  

La modalidad de error de hecho que postula en  este  acápite  el demandante, es la de falso juicio de existencia por omisión,  consagrada   en   el   artículo   220-1,   2°   inciso  del  Decreto  2700  de  1991.   

Consiste en haberse ignorado por completo la  inspección  judicial  practicada  el 3 de enero de 1996 en el hospital San Juan  de  Dios  de  esta  ciudad, en detrimento de la disposición que ordena apreciar  las  pruebas en conjunto, artículo 254 del estatuto procesal de 1991, yerro que  condujo   a   los  juzgadores  de  las  instancias  a  condenar  a  MEDINA  con base en una prueba que perdía  credibilidad,  en  lugar  de habérsele absuelto en aplicación del principio de  in  dubio  pro  reo,  a  falta  de la demostración de la certeza (artículo 247  ibídem).  Este  desquiciamiento  produjo  el quebranto de los artículos 445 de  esa misma codificación, y del 323 del anterior Código Penal.   

Reitera  cuáles  fueron las consideraciones  plasmadas   en   las   sentencias   para  dársele  crédito  al  testimonio  de  Martha     Lucía    Poveda    Castillo.  Del mismo modo sostiene que en ninguna parte de las decisiones se  hizo  alusión  o análisis de la mentada inspección judicial, cuya valoración  habría  permitido  deducir  la  veracidad de los testimonios. En este caso, tal  prueba  establece  que  aquel testimonio no concuerda con la realidad, en cuanto  al  momento en que se le ocasionaron las heridas mortales a Jhon Fredy Daraviña  Bernal.   

Igualmente repite la referencia de la testigo  acerca  de quién fue la persona que recibió el disparo que alcanzó a hacer la  víctima,  distinta  a  la  que  ingresó  al  referido centro asistencial, pues  aquélla    dijo    que    el    herido    había    sido   alias   “Tito”,  cuando al hospital llegó con  herida   en  tórax  su  hermano  Quilmer.   Esto   destaca   la  falta  de  credibilidad  del  testimonio  de  Martha Lucía.   

Agrega  que  no  había motivo para dejar de  lado  la  estimación del elemento probatorio, ya que lo amparaba la presunción  de  prueba  plena,  ya que su contenido es producto de las directas percepciones  del  funcionario judicial que lo realizó. Al contrario, si se hubiese tenido en  cuenta,  la  sentencia  condenatoria  no  se habría producido, sino que ante la  falta  de  la certeza exigida por el artículo 247 de la codificación procesal,  se  tenía  que  imponer  la  absolución  al  resolverse  la  duda  a favor del  sindicado, de conformidad con el artículo 445 ibídem.   

Solicita,  por  tanto,  se case la sentencia  demandada y se dicte la sustitutiva de naturaleza absolutoria.   

Tercer cargo  

De nuevo propone un falso juicio de identidad  como  especie  del  error  de hecho genéricamente invocado, en esta oportunidad  por  hacerse  una  falsa  apreciación  de  las  declaraciones  de  Javier  Agudelo  Rojas,  María  del  Pilar Molano Camacho y Ernesto  López Medina.   

Los   juzgadores   dieron  una  incorrecta  aplicación  a  los  artículos  254  y  294  del Código de Procedimiento Penal  anterior,  porque  no  se  tuvieron en cuenta los parámetros contenidos en esos  preceptos.  Este error dio lugar a la violación indirecta de los artículos 445  de aquel código, y 323 del sustantivo penal.   

Señala   que   para   el   tribunal,  las  declaraciones  sobre  las  que  recayó  el  error  debilitan  la  versión  del  imputado,  porque dan cuenta de aspectos diferentes sobre el lugar y hora en que  lo vieron.   

A continuación extracta una sección de las  consideraciones  pertinentes  del  fallo  demandado,  las  que  compara  con una  síntesis   que   hace  de  lo  expuesto  en  tres  ocasiones  por  Javier  Agudelo  Rojas,  que  en su sentir  concuerda   con   lo   expresado  por  Ernesto  López  Medina,  que  a su vez coincide con lo manifestado por  María del Pilar Molano Camacho   

Estos  testigos coinciden en lo fundamental,  señala  el  actor,  porque dijeron que los hechos ocurrieron alrededor de las 8  de  la  noche,  cuando  “el mono Jhon”  discutía  con  Jhon Quilmer,  a  quien le disparó cuando éste lo desafió, momento en que sus  hermanos  apuñalaron  a  aquél,  uno le quitó el arma de fuego, con la que le  disparó,  para  detener  un  taxi,  bajar  a  los  pasajeros  y  llevarse en el  vehículo  a Jhon Quilmer. Del  mismo  modo,  concuerdan  con  la  descripción  de  los  agresores  y en que no  refieren  nada  sobre  la  presencia de David Alexander  Medina.   

Las dicciones de los testigos no se tuvieron  en  cuenta  al  momento  de  proferir  el fallo, porque ubicaron al procesado en  sitios  y  horas  diferentes,  siendo  que los testigos no tienen por qué tener  presente  la  hora  y  sitio  exactos  en que ven a sus vecinos. El cálculo del  tiempo  es un fenómeno abstruso, dice el censor, dependiente de la personalidad  y  circunstancias  en  las que se encuentra la persona que percibe un hecho. Por  eso,  no  significa  que  se  falte  a la verdad si existen discrepancias en ese  cálculo.   

Esos asertos se refuerzan con la inspección  judicial,   la   diligencia  de  levantamiento  del  cadáver  del  occiso,  las  declaraciones   de  Aura  Camacho  de  Molano,  Daniza  Hernández,   Nini   Johana  Mesa  Torres,  en  cuanto  corroboran  que  el herido fue Jhon Quilmer,  que  recibió  la herida en el pecho y no en el estómago; que el  occiso  fue atacado con armas blanca y de fuego, recibiendo las heridas causadas  por  este elemento en la cabeza; que los hechos ocurrieron a las 8 de la noche y  que    los    agresores    de   Daraviña     fueron    los    hermanos    Muñoz  López    y   no   Medina  Fernández.   

Pese   a  ese  cúmulo  de  pruebas,  las  sentencias  se  apoyan  en  el  confuso,  equivocado e incoherente testimonio de  Martha  Lucía  Poveda, dando  lugar   a  la  condena  del  procesado,  como  consecuencia  de  una  incorrecta  aplicación de los criterios de apreciación probatoria.   

Con base en esos razonamientos, solicita se  case    la   sentencia   y   se   absuelva   al   procesado   al   dictarse   la  sustitutiva.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

Primer cargo  

Para  el  Procurador Segundo Delegado en lo  Penal,  las críticas expuestas por el casacionista no encuentran acomodo en los  derroteros  de  la violación indirecta denunciada; por el contrario, el escrito  que   las   contiene   se   aproxima   a   la   categoría   de  un  alegato  de  instancia.   

Ilustra la inconsistencia que advierte, con  cita  de  jurisprudencias de la Corporación relacionadas con el falso juicio de  identidad  y su forma correcta de proposición, al tiempo que recuerda que no es  posible  exhibir  el  particular  criterio  apreciativo  de las pruebas. Añade,  igualmente,   que   a   pesar   de  insistir  en  las  expresiones  errada  apreciación  probatoria,  falta  de  certeza para condenar,  duda,  absolución, el casacionista no logra demostrar  la ilicitud de la sentencia.   

Sobre  la  inconsistencia  advertida por el  demandante   en   la  declaración  de  Martha  Lucía  Poveda respecto de la identidad de uno de los hermanos  Muñoz  que  alcanzó  a ser  herido  por  el  finado,  opina  el  agente  del  Ministerio  Público  que  tal  equivocación  carece  de  importancia,  habida  cuenta  que  uno  u otro tienen  similares características por tratarse, precisamente, de hermanos.   

En  cuanto  al lugar donde dijo esa testigo  que  “Tito”  recibió la  herida,   nada   descabellado   encuentra  el  Procurador  Delegado,  dadas  las  condiciones  en  que  se hizo la percepción y el modo como se desarrollaron los  hechos.  Lo importante es que esa noche ingresó al hospital uno de los hermanos  Muñoz           López          –Quilmer-,  para  ser  atendido  de  un  herida  que le causó Jhon  Fredy Daraviña, el ahora occiso.   

Para el Delegado, la crítica del demandante  consistente  en  que  no  es digna de crédito la testigo porque al hospital San  José  no  llegó  “Tito”  sino  Quilmer, tampoco tiene  sustento,  porque  al  fin  y  al  cabo,  en  el  centro asistencial se hicieron  presentes,    heridos,    dos    de    los    Muñoz  López,   Jhon  Quilmer  y  Nelson,  circunstancia  que  lo lleva a inferir que la  víctima hirió con arma de fuego a los dos mencionados.   

El reproche de habérsele dado credibilidad  a  pesar  de  hallarse  tomada en el momento de los hechos, tiene como respuesta  del  Procurador  que  ese  estado  no significó afectación material de ningún  sentido  de  percepción, sin contar con que las manifestaciones de Martha       Lucía      han      sido  corroboradas.   

En  torno  a las dudas que se desprenden de  las  características  que  suministró  la  declarante,  afirma  el  Procurador  Delegado  que es el mismo MEDINA FERNÁNDEZ  el  que  admite  haber estado esa noche en el sitio de los hechos,  aunque  momentos  antes;  que  además  es  la  persona  que  tiene  el apodo de  “Lagarto”.   

Sobre  la  retractación de la testigo, que  desdice  de  su  personalidad,  cree  el  Delegado  que  se trata de una actitud  entendible  si  se  advierte  que desde esa misma noche expresó el miedo que le  producía    señalar    al    autor    de    la    muerte    de    Daraviña.   

En  suma,  culmina el agente del Ministerio  Público  señalando que el cargo no pasa de contener simples críticas y nimios  reparos, que no desquician la legitimidad de la sentencia.   

Segundo cargo  

Comienza  por  explicar en qué consiste el  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  de  la  prueba. Reconoce que en la  sentencia  no  se  mencionó  la inspección judicial practicada en el hospital,  pero  agrega  que el censor tampoco logra demostrar que tal exclusión alcance a  generar  duda  alguna sobre la participación del procesado en el suceso materia  de investigación.   

Por  el  carácter  rogado  del  recurso de  casación,  es  al  demandante  al que le corresponde probar las consecuencias y  efectos  del  error  en  la  decisión atacada, ejercicio que no realiza en este  caso  el  actor,  quien  expone  en  la censura su propia apreciación sobre los  mismos    elementos    de    prueba   que   sí   fueron   estimados   por   los  juzgadores.   

Esta vía de ataque no puede utilizarse como  medio  de  presentar  los particulares puntos de vista sobre las pruebas, porque  con semejante proceder no se demuestra la ilicitud del fallo.   

En  vista  de  que  no  se  demuestra  la  trascendencia del yerro, la censura no puede prosperar.   

Tercer cargo  

No  existe  la  tergiversación a la que se  refiere  el  libelista,  afirma el Delegado. Los elementos de prueba cuya errada  apreciación  se  adujo  en este acápite, fueron desechados por falaces, agrega  aquél,  por  diferentes  razones, de las cuales copia y sintetiza las plasmadas  por   el   a   quo,   para  cerrar  con  la  transcripción  pertinente  de  las  disquisiciones del fallo demandado.   

El    reproche   no   debe   prosperar,  concluye.   

Casación oficiosa  

El Delegado parte de la premisa consistente  en  que  se  empleó una errada táctica defensiva (negación, invocación de la  duda),  que  tuvo  como consecuencia que se condenara al procesado por homicidio  simple,  cuando  las  circunstancias  condicionantes  de  la adecuación típica  realmente refieren a un exceso en la legítima defensa.   

Como  el  acto  que  ejecutó  MEDINA  FERNÁNDEZ no guarda relación con  el   que   se  imputó  en  la  sentencia,  el  Delegado  sugiere  que  se  case  oficiosamente,  habida cuenta que la simple narración objetiva de los hechos da  cuenta  de  la existencia de la legítima defensa excedida, porque ese carácter  rogado   del   recurso   debe  ceder  ante  la  supremacía  de  las  garantías  fundamentales.   

Discurre   sobre   el   eje  óntico  del  derecho  penal,  la conducta  humana,  y  afirma  que  si  la  sentencia  declaró un homicidio doloso sin que  hubiese  sido cierto, la presunción de acierto y legalidad no puede sostenerse.  Si  la  defensa no advirtió el compromiso de las garantías fundamentales, nada  impide que el Ministerio Público lo señale.   

Luego,  con  base  en  la  narración de la  testigo   Martha  Lucía  Poveda  Castillo,  el  Procurador sostiene que la conducta del procesado se ejecutó  dentro  del  marco  de  la  legítima  defensa  excedida,  porque a MEDINA   FERNÁNDEZ  no  le  quedaba  otra  posibilidad   que  la  de  detener  al  agresor  de  los  hermanos  Muñoz,  “y  fue  precisamente  eso  lo  que  hizo David Alexander  Medina  Fernández  al  hacer  uso  de  su arma cortopunzante. Evidentemente que  luego  de  herirlo  y  despojarlo  de su revólver, al dispararle en la cabeza a  quien  estaba herido con arma blanca en la espalda, esa acción se constituye en  un exceso en la legítima defensa del tercero”.   

Ese  segundo  acto  es lo que constituye la  acción  objetiva  de  la  legítima  defensa  en  exceso,  y no declararlo así  contraría  la  vigencia  del  derecho  sustancial, inspiración filosófica del  artículo   228   del   Código   de   Procedimiento   Penal   derogado,  porque  “ante     esas     circunstancias,    a    Medina  Fernández   no  le  quedaba  mas  (sic)  camino  que  detenerlo,  aunque  no  necesariamente rematarlo con un tiro en la cabeza cuando  se encontraba caído contra el piso”.   

En conclusión, sugiere a la Corte no casar  el  fallo  demandado  por  razón de la demanda, pero que se aborde de oficio la  casación para reconocer el fenómeno arriba tratado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Aunque el casacionista seccionó en tres  cargos  los  supuestos  errores  de  hecho  que  le atribuye al fallo de segunda  instancia,  como  forma  de  la  violación  indirecta  de la ley sustancial que  denuncia,  por  razón de su elaboración desatinada es posible que la Corte les  de respuesta unificada.   

En efecto, planteó dos censuras fundadas en  falsos  juicios  de  identidad  y una por falso juicio de existencia, sin que en  ninguna  de  las  oportunidades acertara en la correcta sistemática argumental,  exigida para demostrar las deficiencias del fallo.   

Tiene decantado la jurisprudencia que en un  reproche  por  falso  juicio  de identidad, no son admisibles planteamientos que  delaten  un enfrentamiento de criterios sobre el alcance o el grado de valor que  los  juzgadores  asignaron  a  los elementos de convicción, porque la sentencia  llega  precedida  de la doble presunción de acierto y legalidad, en cuya virtud  los  juicios  del  fallador  prevalecen sobre los del censor, mientras que no se  demuestre que aqúellos son producto de manifiestos errores.   

Por esa vía de ataque se trata de poner de  manifiesto  que  al  instante  de  aprehender  materialmente  el contenido de la  prueba,  el  fallador distorsionó, alteró o desfiguró su expresión fáctica,  al  punto  de ponerla a decir algo diametralmente diferente, es decir, que no se  guarda  identidad  entre  el  hecho  que de modo objetivo expresa el elemento de  convicción y las apreciaciones judiciales.   

Se  demuestra  el  dislate  mediante  una  confrontación  entre  la   expresión concreta expresada en la prueba y lo  que  de  ella  entendió  el  juzgador,  de manera que aparezca a ojos vista, de  bulto,  en  forma  protuberante,  que  no  hay  correspondencia  entre  esos dos  factores.  Además,  es  necesario demostrar que los restantes fundamentos de la  decisión    no    son    suficientes    para    sostener    las    resoluciones  adoptadas.   

Así,  cuando  se  refiere  al  error  de  apreciación   consolidado   respecto   de   los   testimonios  de  Martha  Lucía  Poveda  Castillo,  Javier  Agudelo Rojas, María del  Pilar  Molano Camacho y Ernesto López Medina, sostiene  que  el  tribunal  no  tuvo  en  cuenta los criterios de apreciación probatoria  señalados  en  los  artículos  254 y 294 del derogado Código de Procedimiento  Penal,  porque  al  primero  se le dio un grado de credibilidad que no tenía, y  porque  a los restantes no se les otorgó el crédito al que el censor aspiraba,  en  cuanto  desvirtuaban  las manifestaciones de Poveda  Castillo.   

Para ilustrar en mejor forma la deficiencia  que  se  concreta en la simple oposición valorativa, obsérvense los siguientes  apartados de la demanda:   

“Los fallos de  primera  y  segunda  instancia,  consideran  que  este testimonio rendido por la  señora  POVEDA  CASTILLO  da  certeza  de  la  responsabilidad del señor DAVID  ALEXANDER   MEDINA  F.  por  cuanto  es  digno  de  credibilidad  porque  en  lo  fundamental  compagina  con  el  acervo  probatorio;  valoración y apreciación  contraria  a  lo  real  y  objetivamente  probado  dentro  del proceso, tal como  pasamos a ver.   

…  

Entendida la sana  crítica          como          ‘la  conjugación  de  la ciencia y la  experiencia,  reglas del correcto entendimiento humano, estables, permanentes en  cuanto  a  los principios lógicos en que debe apoyarse la sentencia’,  o  como la persuasión racional en  lo  que cuenta no es ya solo la prueba libremente apreciada por el Juez, sino la  búsqueda  y  recepción  en  forma  técnica  y  científica  de la prueba y su  apreciación  en  conciencia,  con  sujeción  por  lo tanto, a la lógica, a la  experiencia,  a  las normas de la sana crítica y a la responsabilidad moral del  Juez;  Y  (sic)  la  certeza  como  la  persuasión  o creencia de una verdad, o la seguridad subjetiva acerca  de  la  verdad,  o  el estar cierto de una idea o cosa; no se comprende como los  falladores  condenan  al señor David Alexander Medina  Fernandez   (sic)  como  responsable  del  delito  de  homicidio  en  contra  de  Jhon Fredy Daraviña Bernal, teniendo como fundamento  probatorio  el  testimonio  de la señora Martha Lucía Poveda Castillo, a pesar  de  carecer  este  de  veracidad  y  objetividad  por  ser  confuso,  impreciso,  incoherente  y  contradictorio  con  el  resto del acervo probatorio allegado al  proceso.   

…  

El  Tribunal  Superior,  en  el  fallo  de  segunda  instancia  considera  que  las  declaraciones  que hacen JAVIER AGUDELO  ROJAS,  ERNESTO  LOPEZ  MEDINA  Y  MARIA  DEL  PILAR  MOLANO CAMACHO,   hacen  más  débil  el  dicho  del  imputado  en  cuanto  dan  diversas  versiones  sobre  el lugar y la hora en que  vieron al procesado.   

…  

Como se puede ver, los tres testigos antes  referidos,  al  declarar  coinciden  en los fundamental de los hechos a causa de  los  cuales  falleció  el  señor  Jhon  Fredy Daraviña Bernal, tales como las  condiciones  de  tiempo, modo, lugar, personas y circunstancias; ya que los tres  concuerdan  que  fue aproximadamente a las ocho de la noche, cuando ‘el      mono     Jhon’      discutía      con     Jhon  Quilmer…   

…  

Entonces,  para proferir fallo de condena,  se  sustenta  la  certeza  de  la  responsabilidad  de  David  Alexander  Medina  Fernández  por  el  delito  de  homicidio  con la declaración de Martha Lucía  Poveda  Castillo  (folio  4  y  5), cuando esta (sic) demostrando que este es un  testimonio  confuso,  equivocado,  incoherente, y contradictorio a lo probado en  el    proceso,    pues   afirma   que   el   herido   fue   alias   ‘Tito’…   

De  manera  inversa,  se  desestiman cinco  testimonio  rendidos  bajo  la  gravedad  del  juramento,  que  concuerdan en lo  fundamental  sobre  los  hechos,  corroborados  con  otras  pruebas  debidamente  allegadas a la causa, tal como se menciono (sic) anteriormente”.   

Todas  esas extensas consideraciones están  enfocadas  a  debatir  el  grado  de  valor que los juzgadores atribuyeron a las  corrientes  probatorias  que  se incorporaron al proceso, el cual, por supuesto,  no  comparte el censor. Pero por más juicioso que sea el ejercicio, no tiene la  idoneidad  requerida  en  sede  de casación, porque ese es un enfoque apropiado  para   las   instancias,   que  es  ante  las  que  se  realizan  esa  clase  de  disquisiciones.   

El mismo censor reconoce que los juzgadores  se  atuvieron  al  contenido  exacto  de  los elementos de convicción sobre los  cuales  se centró su crítica, ya para darle crédito a un testimonio, ora para  negárselo  a  otros,  porque  como  se  vio,  el  motivo  por  el  que se duele  insistentemente  es  que  la  condena  se  basara  en  una prueba que él estima  confusa  o  equivocada,  no  sobre  una  a  la  que el juzgador le haya alterado  notoriamente su contenido fáctico.   

De  otra  parte,  tampoco  acierta  en  la  crítica  que  hace  sobre  la falta de apreciación en conjunto de las pruebas,  porque  del  mismo  contenido de la demanda aparece que en las sentencias sí se  tuvo  esa perspectiva, pero sin los alcances a los que aspiraba el casacionista,  porque  a los juzgadores no les mereció credibilidad lo informado por la prueba  de descargo.   

El   reproche  por  el  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  tampoco tiene mejor suceso. Si bien es cierto no hay  en  los  fallos  una  mención  a  la  inspección  judicial  practicada  por el  instructor  en el hospital San Juan de Dios, en la que se estableció el ingreso  tanto  de Jhon Quilmer como de  Nelson   Muñoz   López,  también  lo es que tal exclusión no tiene repercusión alguna en la estructura  dialéctica de las sentencias.   

Es  punto  básico,  de  acuerdo  con  una  correcta  demostración  de  un  yerro de esa clase, no sólo la indicación del  elemento  probatorio  omitido  del  análisis  y, por consiguiente, de su exacto  contenido,  sino  además la indicación de que el hecho expresado por la prueba  derriba  los  restantes  fundamentos valorativos del fallo, en tal medida que no  soportan la determinación adoptada.   

Como  fue la tónica general de la demanda,  el  censor  se  sirvió del aspecto fáctico al que hace alusión la inspección  judicial,   para  cuestionar  la  credibilidad  que  se  le  dio  a  la  testigo  Poveda  Castillo,  porque al  centro       asistencial       no       ingresó      alias      “Tito”  sino  uno  de  sus hermanos, Jhon  Quilmer,  con  una  herida  no  en  el  estómago,  como  ella  dijo, sino en el  tórax.   

Ese  enunciado,  no  podría  derruir  los  fundamentos  de  la  sentencia  porque  no  afecta  el  núcleo  esencial  de lo  informado  por  la  testigo,  esto  es,  que  fue DAVID  ALEXANDER   MEDINA   FERNÁNDEZ,   alias  Lagarto,  quien  primero  con  un cuchillo  hirió   por   la   espalda   al   occiso  Jhon  Fredy  Daraviña  en  momentos en que disparaba contra uno de  los  hermanos  Muñoz López y  luego,  cuando estaba caído, lo despojó de su revólver y lo accionó hacia la  cabeza.   

Adicionalmente,  debe  destacarse  que  el  casacionista  no  explicó  cuál  era la duda que afloraba y que no advirtieron  los  juzgadores  a  consecuencia de los errores de apreciación. Simplemente, de  modo  apriorístico,  repitió  que  se  hacía  necesario  resolver  a favor de  MEDINA FERNÁNDEZ, como si de  la  generalidad  de  su  discurso  fuese  posible  saber  en  qué consistió la  incertidumbre.   

Es contradictorio el libelo, además, porque  al  esforzarse  para  que  se  le  diera  credibilidad a la vertiente probatoria  exculpativa,  concluye  con  que  el  procesado  no  había  sido  el  autor del  homicidio,  sino los hermanos Muñoz López,   dejando   de  esa  manera  a  un  lado  cualquier  problema  dubitativo.  Pero nótese que ni siquiera denunció como infringido el artículo  23  del  Código  Penal  de  1980,  por  haberse  considerado en las sentencia a  MEDINA  como  coautor  del  homicidio.   

Del  mismo  modo,  tampoco  hubo desarrollo  alguno  en  relación   con  el  quebranto  del  artículo 323 del anterior  Estatuto  Penal  que  tipificaba  el  homicidio.  Era de esperarse que expusiera  cómo  a  pesar  que  la conducta desplegada por MEDINA  FERNÁNDEZ  no  fue  la  de  matar a otro, aquél tipo  penal   se   aplicó  indebidamente  como  consecuencia  de  los  yerros  en  la  valoración de las pruebas.   

En   esas  condiciones  de  insuficiencia  demostrativa, los cargos no prosperan.   

2. Sobre la sugerida casación oficiosa por  parte  del  agente  del  Ministerio  Público,  cabe  decir  que  su  equivocado  entendimiento  de la legítima defensa y del exceso en su ejercicio, lo llevaron  a  sobrepasar  las  facultades de su intervención en sede de casación, las que  se  contraen,  en principio, a opinar sobre el contenido estricto de la demanda,  por  cuanto  también  debe guiarse por los principios orientadores del recurso,  en   especial   el  de  limitación,  que  impide  corregir  o  complementar  el  libelo.   

Basta   con   señalar   las   siguientes  consideraciones del concepto, para dejar en claro su desatino:   

“En esas condiciones a cualquier persona,  naturalmente  ello  incluye  la  actuación  del  sentenciado, no le quedaba mas  (sic)  camino  que  detener  al  agresor  de  los  hermanos  Muñoz López, y al  reconocerse  que era persona portadora de arma de fuego, que había lesionado en  partes  vitales  a  las  dos  personas,  no  quedaba más camino que atacarlo al  momento  de  su  caída,  y  fue  precisamente  eso  lo  que  hizo  David   Alexander   Medina   Fernández  al  hacer uso de su arma cortopunzante. Evidentemente  que  luego de herirlo y despojarlo de su revólver, al dispararle en la cabeza a  quien  estaba herido con arma blanca en la espalda, esa acción se constituye en  un exceso en la legítima defensa del tercero…   

   

Respetando el contenido de la declaración  de  Martha  Lucía  Poveda  Castillo,  ello  dibuja  en  primer  lugar un cuadro  objetivo  de  legítima  defensa  de  David Alexander  Medina  a  favor  de  los  hermanos  Muñoz  López  en la medida que el Agresor (sic) mantenía el arma en  la  mano  y  potencialmente estaba en condición de continuar con esa agresión;  el  fragor  de  esa  contienda  se  constituía  en  causa  legítima  para  que  Medina     Fernández  procediera  a  defenderlos  como  efectivamente  hizo.  Sin embargo, esa acción  defensiva  resultó excesiva en la medida que la respuesta rebasó el propósito  inicial y rompe la proporcionalidad del inicial ataque.   

…  

Esos  fueron  los  hechos  que  narró  la  testigo,  que  no  pueden  desconocerse,  y que de haber sido advertidos en esos  contornos  le habrían garantizado un derecho fundamental a una condenación mas  (sic)  benigna,  mas  (sic)  justa,  por  una  conducta relativamente ajustada a  derecho.    Se    repite:    ante    esas    circunstancias,    a   Medina  Fernández  no  le  quedaba  mas  (sic)  camino  que  detenerlo, aunque no necesariamente rematarlo con un tiro en  la cabeza cuando se encontraba contra el piso”.   

Además de ese ininteligible planteamiento,  como  no  dijo  cuál  era  la  garantía  fundamental  afectada, la Corte no se  ocupará del tema.   

Por  último,  si  eventualmente  pudiera  aplicarse  el  principio de favorabilidad respecto de la sentencia por homicidio  en  virtud  de  la  entrada  en vigencia de la Ley 599 de 2000, será el Juez de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad al que le compete pronunciarse sobre  el  tópico,  de  conformidad con el artículo 79-7 del Código de Procedimiento  Penal.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

No   casar  la  sentencia     de    fecha,    naturaleza    y    origen    indicados    en    la  motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

     FERNANDO ARBOLEDA  RIPOLL        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA           

      HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                        

      JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ         GALLEGO             EDGAR        LOMBANA  TRUJILLO              

       CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                       NILSON PINILLA  PINILLA                     

   TERESA  RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria   

    

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