13617(13-02-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  13617   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 23.  

          Bogotá D.C., febrero trece de dos mil tres.   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte  de fondo sobre las  demandas   de  casación  presentadas  contra  el  fallo  de  segunda  instancia  proferido  por  el  Tribunal Superior de Pereira el 7 de septiembre de 1999, por  cuyo  medio  confirmó  la  condena  impuesta  a  JOSÉ  ALBEIRO  GARCÍA  MUÑÓZ por su responsabilidad penal  en  el  delito  de  homicidio  en  Carlos Albeiro Rojas  Garcés,  así  como  la  absolución  de  su  hermano  ABEL  ANTONIO, al tiempo que  trocó  en  absolución  la  condena  del  tercero  de  los  hermanos,  esto es,  DIVANIEL,  acusado  por  el  mismo delito.   

El  Procurador  Primero Delegado en lo Penal  emite  concepto  desfavorable  a  la casación del fallo impugnado, en razón de  que  la  demanda  presentada  a nombre de JOSÉ ALBEIRO  GARCÍA  MUÑOZ  adolece de graves falencias técnicas  que  impiden  un pronunciamiento de fondo, y el libelo de la Fiscal 18 Seccional  de  Pereira  no  logra  demostrar técnica ni conceptualmente el error de juicio  atribuido al Tribunal.   

HECHOS  

Aproximadamente  a  las  7  de  la noche del  viernes  18  de  agosto  de  1995, en la calle 17 con carrera 11 de la ciudad de  Pereira,  los  hermanos  JOSÉ  ALBEIRO,  ABEL ANTONIO  y  DIVANIEL  GARCÍA  MUÑOZ  tuvieron     un    altercado    con    Nancy   Amparo  Cuartas  Duque  quien  los  increpó  por  el  pago  de  una  cuenta  por el valor del licor que en la tarde  habían  consumido  en  una  cafetería  atendida por ella, a lo cual accedieron  luego   de   una   breve   resistencia,   para  retirarse  a  continuación  del  lugar.   

El  suceso  fue  observado  por el agente de  policía   Carlos  Albeiro  Rojas  Garcés,  amigo  de  la dama mencionada, quien intervino en la discusión y  luego  de  ingresar  al CAI, donde se proveyó del bastón de mandó, alcanzó a  los    hermanos    GARCÍA  formándose      un      altercado      durante     el     cual     DIVANIEL    derribó    a   Rojas,    momento    aprovechado    por  JOSÉ  ALBEIRO  GARCÍA para  asirlo  y herirlo en la cara y en el cuello con una navaja, a consecuencia de lo  cual su deceso se produjo la mañana del domingo siguiente.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  20 de agosto de 1995 la Fiscalía Octava de Pereira dio comienzo  a  la  indagación  preliminar.  El  18  de septiembre siguiente la Fiscalía 18  Seccional  de  la misma ciudad dispuso abrir investigación y ordenar la captura  de    los    hermanos   GARCÍA   MUÑÓZ  y  como  no  fue  posible  materializar  la  orden,  se dispuso el  correspondiente emplazamiento.   

No    obstante,    como    ABEL     ANTONIO     y     DIVANIEL  se  presentaron voluntariamente,  la   declaratoria   de   persona   ausente   sólo  comprendió  a  JOSÉ ALBEIRO.   

Escuchados   en  indagatoria  ABEL     ANTONIO     y     DIVANIEL  les  fue  resuelta su situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, en condición  de   presuntos   autores   del   homicidio   de  Rojas  Garcés,  decisión  que  fue confirmada por el fiscal  ad  quem  el  15 de enero de  1996    al    desatar    el   recurso   de   apelación   interpuesto   por   la  defensa.   

Cerrada  la  investigación, el apoderado de  los  procesados  interpuso  recurso de reposición, a la vez que solicitó junto  con  DIVANIEL y ABEL  ANTONIO la celebración de audiencia  especial.  La  Fiscalía  no  repuso  la  orden  de  cierre,  pero accedió a la  realización  de  dicha  audiencia,  la que se llevó a cabo el 16 de febrero de  1996,  sin  que  se  hubiera llegada a ningún acuerdo sobre la imputación y la  responsabilidad.   

El sumario entonces, fue calificado el 19 de  marzo  de  1996  con  resolución  de  acusación en contra de los tres hermanos  GARCÍA MUÑOZ como presuntos  coautores  del  delito de homicidio agravado por la circunstancia prevista en el  numeral   7º  del  artículo 324 del derogado estatuto penal, esto es, por  haber  colocado  a  la víctima en situación de indefensión. Esta providencia,  impugnada  por  la  defensa,  fue  confirmada  por  Fiscalía  Delegada  ante el  Tribunal Superior de Pereira el 6 de mayo de 1996.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Sexto  Penal  del Circuito de Pereira, donde realizada la audiencia  pública  se  profirió  sentencia el 18 de diciembre de 1996, por cuyo medio se  absolvió  a  ABEL ANTONIO de  los  cargos contenidos en la acusación, pero por los mismos hechos, se condenó  a    JOSÉ    ALBEIRO   y  DIVANIEL  a la pena principal  de  25  años  de  prisión  y  a  las accesorias de interdicción de derechos y  funciones  públicas  y  suspensión de la patria potestad por un término de 10  años.  También  los  condenó  al  pago  de  los perjuicios ocasionados con el  delito.   

Impugnado  el fallo por los condenados y sus  defensores,  el  Tribunal  Superior  de  Pereira decidió el 18 de marzo de 1997  confirmar   la   decisión   atacada,   salvo   en  relación  con  DIVANIEL   a   quien   absolvió.   Esta  providencia  es  ahora  objeto  de  impugnación  extraordinaria  por  parte del  defensor  de  JOSÉ ALBEIRO y  de la Fiscal Seccional 18 de Pereira.   

LAS DEMANDAS  

1. Demanda de JOSÉ  ALBEIRO GARCÍA MUÑOZ:   

          A   través   de   confuso  y  desordenado  escrito,  contentivo  de  comentarios  inconexos,  cuando  no  impertinentes,  sobre temas como la pena de  muerte,  la  justicia,  la  violencia  en  Colombia, el porte ilegal de armas de  defensa  personal,  entre otros, el demandante descarta la configuración de las  causales   2ª   y   3ª   de   casación,   a   través   de   las   siguientes  afirmaciones:   

“El juicio contra  J.  A.  GARCIA  MUÑOZ  no  está  viciado  de  nulidad desde la perspectiva del  defensor.  Por  lo  tanto  no  procede a favor de esta demanda la Causal 3ª del  artículo     220     del    Código    de    Procedimiento    Penal”.   

“La sentencia no  está  en consonancia con la acusación; pero esta figura opera, en este caso, a  favor  de  la  contraparte,  porque las sentencias son benignas, en comparación  con  la acusación. Con lo expuesto resulta que en nada auxilia la Causal 2ª de  la disposición referida”.   

A   continuación   se   refiere   a   los  “cargos”  que formula al  fallo de segunda instancia, a través del siguiente texto:   

“En dos partes se  puede    formular   cargos,   excluyentes,   contra   la   sentencia   recurrida  extraordinariamente.  El primer cargo trata de la ira e/o intenso dolor (art. 60  del  C.P.).  El segundo cargo considera, como se expone en general, la legítima  defensa (art. 29 num. 4 del C.P.)”.   

Y  agrega  que la violación de tales normas  “proviene  de  error  en  la  apreciación  de  los  testimonio  de  NANCY  AMPARO  CUARTAS  DUQUE  y  JOSÉ ORLANDO VERA”,  básicamente  en  cuanto  a las circunstancias específicas de  tiempo  que rodearon el hecho y la “desconsideración  de   medicina   legal”  sobre  las  condiciones  del  procesado   producto   del  licor  ingerido  y  “los  reflejos”    propios    de   los   campesinos   de  “llevarse  la  mano  al  cinto  para blandir un arma  contra   la   serpiente  de  campo”,  para  concluir  indicando  que  ello  “afirma la atenuante y apuntala  la justificación”.   

Menciona  a  continuación  a  los  sujetos  procesales  y  la sentencia objeto de la extraordinaria impugnación, para pasar  luego  a  referirse  a los hechos atendiendo con todo ello, según lo precisa, a  la  técnica  de  casación  que  impone  el artículo 225 del estatuto procesal  penal.   

En  relación con la situación fáctica que  se  consideró  en  el  fallo del Tribunal como génesis de la presente pesquisa  criminal,  el  demandante  anuncia  que apuntará “en  cuanto  se  comparte y en cuanto no”, introduciendo a  la  síntesis  contenida  en el fallo impugnado, “las  agregaciones    del    libelista    copiadas    entre   *asteriscos*”,  a  lo  que  en efecto procede para terminar con una especie de  reflexión  sobre  la vida, sin incluir solicitud alguna sobre el correctivo que  debiera  adoptarse  en  sede  de casación en el evento que la demanda resultara  exitosa.   

2.  Demanda  de  la  Fiscal  18 Seccional de  Pereira:   

          Tres  cargos  formula  contra  el  fallo  del  Tribunal  Superior de  Pereira,  todos  al  amparo  de la causal primera, cuerpo segundo, de casación,  esto  es,  por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial (artículo 323 del  derogado  estatuto  penal),  a  la cual se llegó por error de hecho determinado  por  un  falso  juicio  de  existencia por omisión en la apreciación de varias  pruebas.   

          Como  normas  medio  quebrantadas  señala  los artículos 246, 247,  248,   254,   264,   294,   300,  301  y  302  del  anterior  estatuto  procesal  penal.   

          Primer cargo:   

          Expone  la  Fiscal  que  el  Tribunal  omitió  apreciar apartes del  testimonio  de  Nancy Amparo Cuartas Duque,  pues  de  lo  expuesto  por  ella puede concluirse que existieron  varios  episodios previos a la muerte de Carlos Albeiro  Rojas  Garcés: El primero, un acto violento provocador  de  DIVANIEL  al  golpear  a  Nancy  Cuartas;  el segundo,  una   riña  entre  los  hermanos  GARCÍA  y el agente de policía, amigo de aquella. En una tercera fase, es  Rojas Garcés quien provoca a  los  hermanos  GARCÍA, y se  trenza   en   una  nueva  contienda,  donde  le  es  arrebatado  su  bastón  de  mando.   

          Señala     que,     independientemente     de    si    DIVANIEL        y       ABEL              ANTONIO            GARCÍA            MUÑOZ  sabían  o  no  que  JOSÉ  ALBEIRO  estaba armado, cada uno de  ellos   ejecutó   actos  violentos  imprescindibles  para  la  producción  del  resultado  querido  por  todos,  pues  tenían  los mismos motivos y actuaron de  consuno  para superar el ataque del agente de policía, a la vez que golpearlo y  facilitar  que  JOSÉ ALBEIRO  utilizara su arma para causarle la muerte.   

              De lo expuesto concluye que al ser  ignorado    el    testimonio    de    Nancy   Amparo  Cuartas  se  desconoció  la  calidad de coautores que  tenían    DIVANIEL    y  ABEL     ANTONIO            GARCÍA            MUÑOZ.   

          Segundo cargo:   

          El    Tribunal   no   apreció   el   testimonio   de   José  Orlando Vera Vera, quien carecía de  interés   en   el   asunto,   y   que   apoya   lo  expuesto  por  Nancy  Amparo  Cuartas,  en el sentido que  los    tres   hermanos   GARCÍA   MUÑOZ   atacaron  a  Rojas  Garcés,  lo  que demuestra la unidad de designio y su calidad de coautores  del hecho.   

          Tercer cargo:   

          Dice  la  censora,  que  el Tribunal omitió valorar el protocolo de  necropsia  de  Carlos Albeiro Rojas Garcés,  pues  allí se anota que en el cuero cabelludo el occiso registra  un  “Hematoma subgaleal leve en región occipital por  mecanismo  contundente”, lo que lleva a concluir que  contra  el  agente  de policía se esgrimió no solo el arma cortopunzante, sino  otra  contundente,  el  bastón de mando del que se le despojó, elementos ambos  idóneos  para  ocasionar  la  muerte,  circunstancia  que  evidencia un acuerdo  repentino     entre     los     hermanos     GARCÍA  MUÑOZ  para  acabar  con  la  vida  de  Rojas    Garcés,    como    en   efecto  ocurrió.   

          Con  fundamento  en lo expuesto, la Fiscal solicita a la Corte casar  parcialmente  el fallo impugnado, esto es, en cuanto se refiere a la absolución  de  DIVANIEL  y ABEL  ANTONIO  GARCÍA  MUÑOZ, para que en  su  lugar  se  los  condene como coautores penalmente responsables del delito de  homicidio objeto de acusación.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal (e) solicita a la Corte no casar la sentencia impugnada por las  siguientes razones:   

Sobre  la demanda presentada por el defensor  de    JOSÉ   ALBEIRO   GARCÍA   MUÑOZ,  el Procurador expone que los cargos relacionados con el estado de  ira  e  intenso  dolor  y  con  la  legítima defensa no aparecen desarrollados;  además,  el  censor  no  indica la causal de casación en la que se apoya, para  plantear  y  desarrollar  conforme  a ella los reproches, y tampoco demuestra la  incidencia de los yerros en el fallo.   

Por  tanto,  el  delegado  estima  que  las  insalvables    falencias    de    técnica   de   la   demanda   ameritaban   su  inadmisión.   

          Respecto  de  la  demanda  de  la Fiscal 18 Seccional de Pereira, el  Procurador  considera  que  no le asiste razón al invocar el desconocimiento de  las  pruebas  por parte del Tribunal, pues la realidad fáctica que con ellas se  pretende demostrar fue apreciada por el fallador.   

Entonces,  estima que la inconformidad de la  censora  no  apunta  a  la  concepción fáctica del juzgador sino al proceso de  adecuación  normativa  del  mismo,  y  por  ello  le correspondía demostrar la  existencia   de   un  error  in  iudicando,  por vía de la causal primera, cuerpo primero, de casación, esto  es,  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  determinada por falta de  aplicación  de los artículos 23 y 323 del anterior código Penal; como así no  fue planteado el cargo, evidencia falta de técnica.   

Además,  continúa  el Ministerio Público,  tampoco  la  demandante  aporta  argumentos  que  evidencien  desacierto  de los  juzgadores  en  la  selección  de  la norma sustancial, pues no se demostró la  dirección   subjetiva  de  los  procesados  para  querer  la  realización  del  resultado   que  finalmente  ocurrió,  en  cuanto  el  ánimo  de  DIVANIEL  y  ABEL  ANTONIO  se orientó a lesionar al policía, pero no a  ocasionarle  la muerte, más aún cuando el daño que estos le produjeron no fue  considerable,  como  sí  lo  fue  la  herida causada con arma cortopunzante por  JOSÉ ALBEIRO.   

         De  lo  anterior concluye el Procurador, que acertó el Tribunal al  absolver   a   DIVANIEL  y  ABEL ANTONIO por no existir  elementos  probatorios  que  permitieran  atribuirles  la responsabilidad por el  homicidio  de  Rojas Garcés  como coautores.   

Por  tanto,  considera  que  ni técnica ni  conceptualmente  la impugnación logra demostrar el error de juicio atribuido al  juzgador,  motivo  por  el  cual  solicita  a  la  Corte  no  casar la sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1. Demanda de JOSÉ  ALBEIRO GARCÍA MUÑOZ:   

         Suficiente   razón   le  asiste  al  representante  del  Ministerio  Público   cuando   en  su  concepto  estima  que  la  demanda  de  JOSÉ  ALBEIRO adolece de graves fallas de  técnica,  pues  pronto  advierte la Sala que el demandante no postula la causal  de  casación  que  fundamenta  su  desacuerdo,  y  tanto  menos  el  sentido  y  especificación del reproche.   

Aunque brevemente en su exposición descarta  las  causales  segunda  y  tercera, no precisa si su impugnación se formula con  base  en  la  causal  primera  de  casación,  esto  es, la violación de la ley  sustancial,  caso en el cual le correspondía señalar con nitidez si se trataba  de  la  vía directa o de la indirecta. Al postular la vía directa le competía  señalar  y demostrar la falta de aplicación (exclusión evidente), aplicación  indebida    o    interpretación    errónea    de    la    disposición   legal  sustancial.   

Ahora bien, si la censura se dirigía por la  vía  indirecta,  era imperioso que identificara si reprochaba un error de hecho  o  de  derecho;  si  lo  primero,  debía concretar si se trató, ya de un falso  juicio  de  existencia por la omisión o suposición de pruebas por parte de los  falladores;  bien  de  un  falso  juicio  de  identidad  por  tergiversación  o  desfiguración  de  lo  informado  por  los  medios probatorios; ora de un falso  raciocinio  constituido  por la conculcación de las reglas de la sana crítica,  esto  es,  el  quebranto  de  los  postulados  de  la  lógica,  la ciencia y la  experiencia.   

          Si  el  reproche  apuntaba  a  un error de derecho, le correspondía  aludir  a  un  falso  juicio  de  convicción  por  no haber sido apreciadas las  pruebas  de conformidad con el valor a ellas señalado, o bien, hacer referencia  a  un  falso  juicio  de  legalidad,  enderezado  a  advertir que los juzgadores  apreciaron   una  prueba  no  aducida  o  practicada  conforme  a  los  cánones  legales.   

          Como  puede observarse, nada de lo expuesto hace el defensor, con lo  que   deja   su   escrito  carente  de  la  técnica  propia  de  este  trámite  extraordinario,  y con ello impide que la Corte, de conformidad con el principio  de  limitación  que  rige  su  competencia  en el ámbito de esta impugnación,  conozca de fondo sobre el asunto.   

En  cuanto  se  refiere  a la censura que el  casacionista  anuncia así: “El primer cargo trata de  la  ira  e/o  intenso dolor (art. 60 del C.P.). El segundo cargo considera, como  se   expone   en   general,   la   legítima   defensa   (art.  29  num.  4  del  C.P.)”,  ninguna fundamentación presenta dirigida a  demostrar  que  los falladores cometieron yerros, en especial nada dice en punto  de   la   abundante  argumentación  que  sobre  el  estudio  de  la  causal  de  justificación  determinada  por la legítima defensa en el caso de JOSÉ  ALBEIRO  hizo  el  Tribunal,  donde  concluyó  que  “Ante  este panorama de un hombre ya  vencido  por  sus  adversarios,  de qué Legítima Defensa se puede hablar si se  blande  objeto  cortopunzante  y  se  utiliza  hundiéndolo  en su humanidad? La  agresión  del  policía  ya  no era inminente ni actual. Había desaparecido la  necesidad    de   la   defensa   y   la   proporcionalidad   brillaba   por   su  ausencia”.   

Adicional  a  lo anterior, tampoco el censor  orientó  su  discurso  a  demostrar  equívocos  en el Tribunal al pronunciarse  sobre   la   improcedencia   de   reconocer   a  JOSÉ  ALBEIRO un estado de ira e intenso dolor.   

          Así  las  cosas, fácilmente se vislumbra que por las graves fallas  de  técnica  y ausencia de razón y demostración, la demanda presentada por el  defensor  de  JOSÉ ALBEIRO GARCÍA MUÑOZ no está llamada a prosperar.   

2.  Demanda  de  la  Fiscal  18 Seccional de  Pereira:   

          Considera   la   Sala   que  la  identidad  en  la  causal  invocada  (violación  indirecta  de  la ley sustancial), la especie de los errores (falso  juicio  de  existencia  por  omisión en la valoración de las pruebas) y el fin  pretendido  por la casacionista al proponer los tres cargos (que se reconozca la  calidad  de  coautores  a  los absueltos), aconseja que estos sean estudiados de  manera conjunta.   

Advertido lo anterior se observa, que acierta  el  Procurador delegado en su concepto al sugerir a la Sala que no case el fallo  impugnado,  pues  si bien la censora identifica la causal y el sentido del yerro  de  los  cargos  que  formula,  su desarrollo no es consonante con lo anunciado,  pues  además de que sus afirmaciones no encuentran soporte en la actuación, al  ensayar  la  demostración  de  la censura se margina de indicar qué y cómo se  omitió  o supuso el elemento probatorio, cuál es la injerencia del yerro en la  decisión  reprochada  y cómo corresponde corregirlo en punto del propósito de  condena que le asiste.   

          Olvida  la  censora que cuando se invoca el error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  el  reproche  se  encamina  a acreditar que determinada  prueba  fue  desconocida  en  su  integridad,  sin  que sea viable, como ella lo  intenta,  censurar  que  los  falladores  desconocieron fragmentos de los medios  probatorios.   

Se observa que la casacionista no se detiene  a  explicar los detalles de su apreciación personal, ni a señalar los soportes  de  la  actuación  procesal que verdaderamente dan fundamento a su exposición,  es    decir,    su    planteamiento   se   queda   enunciado   pero   ayuno   de  demostración.   

          Además,   no   es  cierto  que  el  Tribunal  haya  desconocido  el  testimonio  de  Nancy Amparo Cuartas Duque  y  José  Orlando  Vera Vera,  o  que  no  hubiera tenido en cuenta el protocolo de necropsia de  Carlos  Albeiro Rojas Garcés  que  registra  un “Hematoma subgaleal leve en región  occipital  por  mecanismo  contundente”, pues por el  contrario,  aquella  Sala  de Decisión es reiterativa en reconocer la contienda  entre   los   hermanos   GARCÍA   MUÑOZ,  incluidos  los  absueltos,  y  la  víctima,  donde  los primeros  utilizaron elementos contundentes.   

Así pues, el Tribunal señala:  

“Que  estos  dos  hermanos,  fundamentalmente  el  primero  (DIVANIEL, se  aclara),  haya  participado  activamente  en el hecho,  propinando   puntapiés,   quitándole   el   bolillo   a  la  víctima  y  aún  golpeándolo,  es  una  verdad de a puño, observándose el llamado ‘Animus  Laeandi  o  Vulnerandi”  en  ellos.  Pero  de ahí a aseverar alegremente que su deseo era causar la muerte y  que  estuvieron  de  acuerdo  en  tal  empeño  con  su  hermano Albeiro, hay un  abismo”.   

          Más  adelante,  en  la  misma  providencia  expone  el ad quem:   

“Considera la Sala  que  el resultado que se logró con la reyerta, no fue querido ni consciente por  parte  de estos dos individuos. En su ánimo estaba, cabe admitirlo, lesionar al  policía,  pero  nunca quitarle la vida. No compartieron ni comparten la actitud  de   Albeiro,   quien  sorpresivamente  esgrimió  el  arma  y  propinó  varias  cuchilladas al contrincante”.   

Finalmente,    aquella    Corporación  concluye:   

“Era una natural  pendencia  la  que se estaba desarrollando. Los dos hermanos no compartieron con  Albeiro  las  riendas  del suceso. La responsabilidad del coautor debe limitarse  al  hecho colectivo y por lo tanto los excesos (puñaladas) ejecutados por fuera  de  lo normal, afectarán exclusivamente al interviniente que las haya realizado  por sí solo”.   

De  lo  expuesto  puede  colegirse,  que  el  Tribunal  no  solo no omitió valorar las pruebas mencionadas por la demandante,  sino  que  ellas obraron como elementos de juicio, fueron objeto de ponderación  y  lo  llevaron  a  concluir  que los hermanos DIVANIEL  y  ABEL  ANTONIO  no tenían la calidad de coautores materiales del homicidio por el  que se les acusó.   

Es  evidente que el descontento de la Fiscal  no  está  orientado  en  sí  a  la  forma  en  que los falladores asumieron el  desarrollo  del  suceso, sino al concepto, presupuestos y alcances jurídicos de  la  figura  denominada coautoría material impropia, pues como ya se indicó, el  Tribunal   no   desconoció   los   elementos   probatorios   que   la   censora  destaca.   

Por  tanto, el reproche debió ser orientado  por  la causal primera, cuerpo primero de casación, es decir, por la violación  directa  de  la  ley  (artículos  23 y 323 del Código Penal de 1980), donde el  debate  tiene  por  objeto  de  manera exclusiva y cerrada la disposición legal  pura  e  independiente,  en  cuanto  no  se  trata  de  un asunto de valoración  probatoria,   sino   de   falta   de   aplicación,   aplicación   indebida   o  interpretación errónea de la ley.   

A la falta de técnica de la demanda, se suma  la  circunstancia  de  que  no  le  asiste  la  razón  a  la  defensora  en sus  planteamientos,  pues al cotejar los motivos de su reproche con el fallo atacado  en  punto de la valoración de las pruebas, pronto se vislumbra que los reclamos  son  infundados,  o  bien,  que  lo  declarado  por  el Tribunal coincide con la  percepción  que  sobre  las pruebas y su apreciación tiene la Fiscal, quedando  reducida  su  discrepancia  al  ámbito  estrictamente jurídico, motivo de más  para considerar que la demanda no está llamada al éxito.   

En fin, es evidente que la actora únicamente  pretende  oponer  su  criterio  al  de  los  falladores, sin demostrar que estos  incurrieron  en  errores,  con  lo  que  ha dejado huérfano de acreditación el  cargo  anunciado,  y que por tanto carece de la virtud necesaria para derruir la  dual    presunción    de    acierto    y   legalidad   que   tiene   el   fallo  impugnado.   

         Así  las  cosas,  por  las  fallas de técnica de la demanda y por  carecer  de  razón los planteamientos que en ella se formulan, la demanda está  llamada a la improsperidad.   

CUESTIÓN  FINAL   

          Habida  cuenta  que  con  ocasión  del  tránsito legislativo de la  normatividad  penal,  los  sentenciados pueden eventualmente tener derecho a que  se  redosifique  la pena impuesta en aplicación del principio de favorabilidad,  considera  la  Sala  que al no ser casado el fallo impugnado y cobrar ejecutoria  la  decisión  de  condena,  compete al Juez de Ejecución de Penas pronunciarse  sobre ello.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

          Cópiese,     devuélvase     al     Tribunal     de     origen    y  cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL         HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ  ARGOTE         JORGE  ANÍBAL GÓMEZ  GALLEGO   

                                                                                       Comisión de servicio   

ÉDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                  ÁLVARO          ORLANDO          PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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