13579(29-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 13579  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    Dr. CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE   

                                                    Aprobado Acta No. 59   

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de mayo de dos  mil tres (2.003).   

VISTOS:  

Decide  la  Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor  del procesado JOSÉ FRANCISCO SALCEDO  SÁNCHEZ  contra  la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cundinamarca  el  3 de abril de 1.997, que confirmó la emitida en  primera  instancia  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Cáqueza el 24  de  octubre  de  1.996,  mediante  la  cual  condenó  al  procesado,  a la pena  principal  de  25  años  de  prisión  como responsable del delito de homicidio  voluntario.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

Los hechos de este proceso son sintetizados en  el fallo impugnado, así:   

“Apróximadamente  a las ocho y media de la  noche  del 20 de agosto de 1.995, cuando se celebraba la fiesta del campesino en  el  municipio Cundinamarqués de Une, se presentó una riña entre varias de las  personas  que  se  encontraban  en  la  plaza principal y resultó herido ADOLFO  ROJAS    BÁEZ,   quien   falleció   por   Shock   hipovolémico   ‘causado   por   hemotorax   derecho  y  hemopericardio,      ocasionados      por     arma     cortopunzante’.  Igualmente  fueron  heridos  EDUARDO  DURÁN MATALLANA y ADRIANO FUENTES”.   

En plena vía pública, sector urbano, parque  principal  de Une, el Juzgado Promiscuo Municipal de dicha localidad realizó el  levantamiento  del  cadáver  de  quien  en vida respondiera al nombre de Adolfo  Rojas  Báez  (fl.1).  El 21 de agosto, autoridades adscritas al Departamento de  Policía  de  Cundinamarca, Octavo Distrito, Estación Une, aprehendieron a JOSE  FRANCISCO  SALCEDO SÁNCHEZ, ya que informaciones de la ciudadanía daban cuenta  de su participación en los hechos.   

Al día siguiente, una Fiscalía Delegada ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Cáqueza  decretó  la  formal apertura  instructiva.  Escuchado  el  testimonio  de  Raúl  Alejo  Rojas Báez (fl.22) y  allegado  el  resultado  de  necropsia (fl.26), con asistencia de un defensor de  confianza  se  vinculó  mediante  indagatoria  al retenido (fl.35), sobre quien  recayó  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva por homicidio, al  momento  de  resolverse  su situación jurídica en resolución fechada el 28 de  agosto (fl.49).   

El  15 de septiembre el defensor del imputado  solicitó  la  práctica  de  diversas  pruebas  y  mediante  resolución del 18  posterior  se  decretaron,  al  tiempo  que se aceptó la constitución de parte  civil (fl.98).   

Entre tanto se aportaron las declaraciones de  Horacio  Buitrago  Páez  (fl.66),  Eduardo  Durán  Matallana  (fl.74),  de los  agentes  Fredy  Esmeler  Rodríguez  Suárez  (fl.92),   y  Hernando Segura  Vargas   (fl.95),   José  Adriano  Fuentes  Bohórquez  (fl.104),  Juan  Manuel  Hernández Pardo (fl.108) y Asdrúbal Buitrago Torres (fl.112).   

El  29  de  septiembre  nuevo  memorial  fue  impetrado   por   el  defensor  (fl.128),  accediéndose  a  la  ampliación  de  indagatoria  solicitada  por  decisión  de la misma fecha, oyéndose entonces a  Luis  Fernando  Fuentes  Gómez  (fl.132)  y  José  Octavio  Avellaneda  Pineda  (fl.143).  Por  escritos  del  14  y  28 de noviembre el procurador judicial del  imputado  elevó  nueva  solicitud  de  pruebas,  con  positiva  respuesta de la  fiscalía conforme a autos de esas mismas fechas.   

El  28  de  noviembre  se  decretó el cierre  instructivo  y el 15 de diciembre se mantuvo al desatar la reposición contra el  mismo.  Hubo  de  solicitar  la  defensa  se revocara la medida de aseguramiento  (fl.180)  y  la libertad del detenido, que hubo de decretarse el 21 de diciembre  (fl.210).  El  10  de  enero  de  1.996  se calificó el mérito de las pruebas,  profiriendo  resolución  acusatoria  en  contra  del  imputado por el delito de  homicidio  (fl. 27 c.o.2), en determinación confirmada por la segunda instancia  el    28   de   febrero,   al   desatar   la   apelación   propuesta   por   el  defensor.   

Abierto el juicio a pruebas, por auto del 8 de  mayo  el  juez  de  conocimiento  denegó  la  solicitud  de  nulidad reclamada,  accediendo  a  la  práctica  de  aquellas  pedidas por el defensor y algunas de  oficio.  Rituada la audiencia pública, se profirieron las sentencias de primera  y segunda instancia en los términos señalados precedentemente.   

LA DEMANDA:  

Primer cargo.  

Con amparo en la causal tercera de casación,  el  defensor  del  procesado  SALCEDO  SÁNCHEZ  acusa  la  sentencia de haberse  proferido  dentro  de  un proceso viciado de nulidad en razón a la presencia de  irregularidades  sustanciales  y  por  violación  del  derecho  a  la  defensa.  Enfatiza  el  actor  que durante todo el desarrollo de la actuación, la defensa  “fue  menospreciada  y  burlada”,  careciendo  el  procesado  de garantías.   

Señala cómo, a través de memorial visto al  folio  155 habría solicitado la ampliación de los testimonios de los policías  Hernando  Segura  Vargas  y  Fredy  Rodríguez  Suárez,  así como los de José  Adriano  Fuentes,  Luis Fernando Fuentes y José Octavio Avellaneda, previamente  resaltar  sus  contradiciones,  vaguedades y vacíos, al paso que la parte civil  reclamó  se  oyera  a  Adela  barrera  Panqueva y diligencia de reconocimiento,  pruebas  que  si  bien  se  ordenaron,  no  fueron practicadas. Pues ni el 15 de  noviembre  ni el 28, fijados para el reconocimiento y en este último para oir a  los  testigos,  se  practicaron, dado que no aparece constancia de su citación.  En  todo  caso en esta última fecha se cerró la instrucción, vulnerándose la  garantía constitucional de contradicción.   

En  los  alegatos  previos a la calificación  puso  de  presente  dicha  anomalía sin que se atendiera a su reclamo, haciendo  notar  en  cambio  los  requisitos  exigidos  por el procedimiento para formular  acusación,   disponiéndose   además   la  compulsa  de  copias  para  que  se  investigara   la   eventual   participación   en   los   hechos   de   Serafín  Hortúa.   

Iniciado el juicio, solicitó la nulidad de lo  actuado,  resaltando  la  burla  que  hasta  ese  momento  se  había hecho a la  defensa,  con  argumentos  a  los  que  dice  remitirse, además de reclamar los  testimonios  de  Serafín  y  Obdulio  Hortúa Pulido, disponiéndose oir a este  último  mas no al primero, por adelantarse contra el mismo otro proceso. Si fue  oída  bajo  juramento la versión de Adela Barrera Panqueva, cuya versión hizo  que la Fiscalía solicitara al juez la absolución del procesado.   

El  juzgador  denegó escuchar en ampliación  los  testimonios  de  los  policiales  Segura  Vargas  y Rodríguez Suárez, por  haberse  limitado a capturar al procesado, pero en la sentencia los destaca como  elementos determinantes en el proferimiento de la condena.   

Ahora,  si  bien  las  ampliaciones  de  los  señores   Fuentes   Bohórquez,  Fuentes  Gómez  y  Avellaneda  Pineda  fueron  ordenadas,  las  citaciones  se  remitieron  al  Juzgado Promiscuo Municipal que  carece   de   medios  para  buscar  a  personas  ajenas  a  los  asuntos  de  su  conocimiento,  no  solicitándose,  en  cambio, su comparecencia a través de la  Policía  o  el  Das.  Critica por ello el mecanismo empleado por esa autoridad,  pero  hace  notar  a  partir  de  la  constancia dejada por la citadora sobre la  ausencia  en  la región desde hace varios años de los hermanos Hortúa, según  familiares  y  vecinos, que si estos fuesen inocentes no se habría suministrado  esa  información.  En  todo  caso,  no  fue  factible interrogar a los hermanos  Hortúa.   

Tampoco   se  practicó  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila al procesado, al suscitarse dificultades para encontrar  personas   de   su   mismo  tamaño  y  no  darse  solución  por  parte  de  la  Registraduría,  cuando era muy sencillo citar a los testigos el día de mercado  y  “reclutar”  a algunas de similares características, pero no se hizo pues  no había verdadero interés en practicarla.   

Segundo cargo.  

Por violación indirecta de la ley sustancial  es  proclamado  este  cargo,  proveniente  de  “errónea  apreciación  de las  pruebas;  de  ausencia  de  las  mismas  y  de  simples suposiciones carentes de  comprobación”.   

Previa transcripción de algunos extractos del  fallo  de primer grado, en los que se descarta la participación de los hermanos  Hortúa,  se  admiten  las  falencias  probatorias y se reconoce la conducta del  procesado  de  no  haber  huido después de sucedidos los hechos y cuando le fue  otorgada  la libertad, se pregunta el defensor cuál será la razón para que se  ignore  el  lugar  en  donde se encuentra  Serafín Hortúa, pues fue visto  huir de la autoridad.   

Para el demandante, aquello expresado por el a  quo,   integralmente   confirmado   por   el   Tribunal,  constituye  explícita  aceptación  por  parte  del  juzgador  de la carencia de certeza para condenar,  admitiéndose, por tanto, la ilegalidad de la sentencia.   

Además, cuando el ad quem “parece entrar en  materia”,  generaliza  la  imputación que recaería sobre el procesado acorde  con  los testigos, cuando eso precisamente no se deriva de lo expuesto por Raúl  Alejo  Rojas  Báez,  Eduardo  Durán  Matallana  ni el propio Fuentes, pues aun  cuando  en su primera versión entró acusando al procesado por su nombre, no lo  conocía  ni  lo  había  visto  antes  y  el  nombre  del agresor se lo habría  suministrado  Alejo  Rojas  hermano de la víctima. Por el contrario, la persona  que  vio  correr,  acorde  con  la  descripción  que  hace de él, por usar una  chaqueta  negra  era,  ni  mas  ni  menos,  Serafín  Hortúa, como se desprende  también  de la descripción física que hace el testigo y aquella del procesado  consignada en la indagatoria.   

Contrario a lo señalado por Fuentes, SALCEDO  SÁNCHEZ,  no  corrió,  pues  permaneció  bailando  con Adela Barrera y se fue  caminando,  recuerda  que  fue capturado cuando precisamente caminaba detrás de  unos niños, según el policía Rodríguez.   

Retoma ahora el testimonio de Fernando Fuentes  Gómez,  por  tratarse  de  la  persona  que señaló como el agresor a quien se  encontraba  bailando  con  Adela  Barrera  Panqueva,  pero este contrasta con lo  expresado  por  la deponente en la audiencia pública, pues negó enfáticamente  haber  observado  quien  cometió el delito y no haberlo hecho la persona que la  acompañaba.  A  pesar  de la solicitud de absolución elevada por la Fiscalía,  el  Tribunal  desechó  ese  testimonio,  aduciendo sin respaldo alguno, que era  mentiroso.   

Finalmente,  se  refiere  a  lo expresado por  José  Octavio  Avellaneda, para quien ni el finado ni el agresor se encontraban  bailando.   

Así   “examinados”   los   testimonios  “invocados”  en  la  sentencia  como  de  cargo,  en  su  concepto no existe  “prueba válida” alguna para condenar al procesado.   

Solicita,  en  consecuencia,  acorde  con  el  primer   reparo,   se  decrete  la  nulidad  del  trámite  anterior  al  cierre  instructivo  y  con base en el segundo se revoque la sentencia condenatoria para  en su lugar absolver al inculpado.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO:  

Primer cargo.  

Para  el  Procurador  Segundo  Delegado en lo  penal,  el  censor  mezcla  sin  ninguna  distinción  dos  aparentes motivos de  nulidad  en este reproche, como lo serían la violación del debido proceso y el  derecho  de  defensa.  Pero  además,  estando obligado a probar la existencia y  gravedad  de una nulidad, no es suficiente con acusar el vicio de un acto. Acá,  el  demandante  no  se detuvo en fijar la trascendencia de las pruebas que acusa  como  no  practicadas,  sino  simplemente  en  hacer  un  listado  de ellas y en  censurar  a  las  autoridades  que  han  conocido  del  proceso, con alegaciones  propias  de las instancias pero no del recurso extraordinario propuesto, todo lo  cual conduce a su improsperidad.   

Segundo cargo.  

También emerge de este reproche la presencia  de  evidentes  desaciertos  técnicos,  como  que  comienza  por  referirse a la  apreciación  errónea  de las pruebas, pero incluyendo dentro de dicho concepto  “simples  suposiciones carentes de comprobación”, lo que supone de suyo una  postura  contradictoria,  descubriéndose pronto que se trata en realidad de una  confrontación  valorativa  de  los  diversos  medios  tomados  en cuenta por el  sentenciador,  improcedente  en  casación,  pues situación diversa se presenta  cuando  concurren  evidentes  errores de hecho o de derecho, que en este caso no  deslindó  en  ningún momento el censor, pues todo lo opuesto hizo el libelista  al  “plasmar  su particular y singular visión de pruebas, anteponiéndolas en  libre  discurso  a  lo  valorado  por  el  Tribunal; olvidando los requisitos de  técnica  casacional  cuando  de  arribo  al  in dubio pro reo se trata; razones  suficientes  por  las  que  la  Delegada  estima  el cargo está llamado a la no  prosperidad”.   

CONSIDERACIONES:  

Cargo primero.  

La  doctrina de la Corte ha reconocido que la  investigación  integral constituye un deber del Estado jurisdicción que apunta  no  solamente  a  salvaguardar  el debido proceso sino que en la mayoría de los  casos compromete la protección del derecho de defensa.   

Y se ha señalado que el atentado a esta norma  rectora  puede  producirse  en  aquellos eventos en que se omite la práctica de  pruebas  cuya  procedencia  y trascendencia aparece como un imperativo dentro de  la  actuación procesal por conducir a la demostración de la verdad real de los  hechos,  o  cuando  la  no aportación de un medio de convicción al proceso, es  efecto  de  una  arbitraria,  injustificada  e inmotivada negativa por parte del  servidor judicial.   

También  se  ha  dicho,  actualizando  los  conceptos  en  la  dinámica  de  un  eventual quebranto de esta rectora, que en  casación  no  resulta  admisible la sola afirmación de conformidad con la cual  los  actos judiciales patentizan el desconocimiento de la garantía de averiguar  no  solo  aquello  que  va  en  detrimento del sujeto imputado, sino todo cuanto  pueda  beneficiarlo, por ser este un incompleto e inviable alegato, en la medida  en  que  se  hace forzoso demostrar cuál es la trascendencia real que la prueba  cuya  ausencia  se  reputa, podría tener frente al resultado final del mismo, o  lo  que  es  igual,  en  qué  habría  de  incidir  en pro de los intereses del  inculpado.   

Ni  mas  ni  menos,  el  defensor  de SALCEDO  SÁNCHEZ  expresa por vía de nulidad que éste habría carecido de garantías y  de  un  debido proceso, pues no obstante que los diversos memoriales aducidos en  solicitud  de pruebas se despacharon favorablemente, a la postre tales medios no  fueron  practicados,  pero  carece el libelo de una clara demostración sobre la  positiva  incidencia  que  dichos elementos de convicción habrían podido tener  en el fallo.   

El  demandante  aludía en tales solicitudes,  como  quedó  visto, a ampliaciones de diversos testimonios y a la recepción de  los  de  Serafín  y  Obdulio  Hortúa  Pulido y Adela Barrera Panqueva, último  éste   efectivamente   aportado   en   desarrollo  de  la  audiencia  pública.   

Refiere  con  dicho cometido, inicialmente el  escrito  visto  al  folio  155  del primer cuaderno original, dentro del cual en  concreto   solicita  la  ampliación  de  diversos  testimonios  por  estimarlos  “incursos  en  error”.  Sin  embargo,  primero  hubo  de  disponerse aportar  aquellos  elementos solicitados por la parte civil, entre otras la diligencia de  reconocimiento  en  fila.  El  28  de  noviembre,  por  ausencia de los testigos  Eduardo  Durán  Matallana,  Adela Barrera Panqueva y Octavio Avellaneda Pineda,  no  se  llevó  a  efecto  la  misma,  según  el  actor,  por  cuanto no fueron  convocados  al  acto.  Sin embargo, a folios 162, 163 y 164 obran las citaciones  correspondientes,  siendo  enseguida  cerrada  la investigación y calificado su  mérito.  Ya en la etapa del juicio recabó el actor, no solamente en argumentos  de  nulidad  por  vulneración  a la investigación integral, cuando el hecho de  encarar  dicho  ciclo  le  estaba  suministrando  ocasión  propicia para que se  allegaran los elementos echados de menos.   

Fue de este modo que por auto del 8 de mayo de  1.996  (fl.96 c.o.2), se accedió a la mayoría de las deprecadas con excepción  de  las  ampliaciones  de  los  testimonios  de  los  policiales Segura Vargas y  Rodríguez  Suárez,  así  como  el  de  Serafín  Hortúa Pulido, en decisión  contra  la  cual  no hubo de interponer ningún recurso la defensa, demostrando,  por demás, su aquiescencia con ella.   

El  actor destaca solamente la significación  probatoria  que  tenían  los  testimonios  de los uniformados, pese al concepto  contrario  que  llevó  al  juez  a  denegar su ampliación, pero a partir de la  mención  que  de  tales  se  hizo  en la sentencia, al extremo de considerarlos  determinantes,  pero no ilustra cuál era el objeto de ampliar sus atestaciones.  Falencia  que  reitera  cuando  alude  al  resto  de declaraciones cuya adición  pretendió.   

En todo caso, al folio 198 y del co.2, aparece  el  cumplimiento de la comisión impartida por el juez a quo, con miras a lograr  la  comparecencia  de Obdulio Hortúa Pulido y del informe que daba cuenta de su  ausencia  en  la vereda en la que se tenía conocimiento habitaba y al folio 215  comunicación  cablegráfica  en  la  que también se hace constar por parte del  Juez  Promiscuo  Municipal  de Une comisionado, que salvo Juan Manuel Hernández  Pardo,  quien  pese a ser encontrado nunca concurrió a declarar nuevamente, fue  imposible  localizar  a  José  Adriano  Fuentes  Gómez,  Luis Fernando Fuentes  Gómez,  Saúl  Barrera  Panqueva, José Aguelo  y josé Octavio Avellaneda  Pineda,  por  cuanto según las averiguaciones adelantadas no residían en dicho  Municipio,  mecanismo  legalmente  previsto  que  no admite, desde luego ningún  reparo,  como el que ensaya el demandante, mucho menos cuando con él se indica,  muy  al  contrario  de  lo  que  se  sostiene  en este cargo, que el juzgador si  adelantó   la   gestión   necesaria   para   obtener   su   presencia   en  el  proceso.   

Y, si no fue factible la localización de los  testigos  para  lograr que ampliaran sus deposiciones, por la misma causa, desde  luego,  tampoco  resultaba  posible  su  presencia  para efectos de adelantar la  diligencia  de reconocimiento en fila de personas sobre la que insiste el actor,  sin   que   en   todo  caso  justifique  la  utilidad  que  una  tal  diligencia  reportaba.   

Como es ostensible, así como el casacionista  eludió  evidenciar  la trascendencia de las pruebas cuya práctica se ordenó y  sin  embargo  no  fueron  materialmente  acopiadas,  en  la  mayoría de las que  destaca  no existe un reparo en relación con el proceder del juez que, habiendo  decretado  la  mayoría  de las peticionadas, sino se allegaron no fue por causa  que  fuese  atribuible a una inercia censurable, o a una denegación de justicia  de su parte.   

El cargo no prospera.  

Cargo segundo.  

Desavenida  en forma absoluta con la técnica  de  casación  en  punto de la causal primera impetrada, es la tacha que postula  el  actor  por  presunta  vulneración  indirecta de la ley sustancial, como que  pese  a estar referida a una “errónea apreciación de las pruebas”, lo más  aproximado  a descubrir la índole del yerro acusado, si de hecho o de derecho y  la  modalidad  del  mismo,  se  contrae  a  la  afirmación según la cual dicho  desacierto    proviene    de    “ausencia    de    las   mismas   –       pruebas       –“,   y  de  “simples  suposiciones  carentes de comprobación”.   

Esta  manera de postular presuntos errores en  relación  con  la  apreciación  de  las  pruebas, carece desde luego de la mas  mínima  posibilidad  de  hacer  comprensible  el  reparo dentro de este ámbito  expuesto,  pues  deja trunco el ataque al fallo, como que elude además de fijar  la  naturaleza  del  yerro,  si de hecho o de derecho, mucho menos concretiza el  falso juicio que le ha dado origen.   

Es  que,  contrario  a  esta  imprescindible  claridad,  comienza  el  censor  por resaltar algunos apartes de la decisión de  primera   instancia  en  los  que  se  dejan  entrever  algunas  inconsistencias  probatorias,  para  colegir  de ellos que tanto éste como el Tribunal al avalar  el  fallo,  terminan  aceptando  la  “carencia  de  CERTEZA”  para condenar,  afirmación  que  de  ser veraz en el sentido en que la interpreta el libelista,  esto  es,  de  haberse  reconocido  la  presencia  de  duda  por  parte  de  los  sentenciadores  y  sin  embargo  haber  condenado,  tendría  que  postularse en  casación  por  la causal primera pero no por la vía indirecta sino la directa.  Desde  luego,  los sentenciadores arribaron a la certeza necesaria para condenar  y en este sentido se enfocó el fallo.   

Pero  el  demandante  se dedica en realidad a  replicar  la  valoración  de  lo  depuesto  por los distintos testigos de cargo  condensada   a   lo   largo   del  fallo,  queriendo  extraer  de  su  análisis  contradicciones,  perplejidades  y  conclusiones  evidentemente  opuestas  a las  deducciones  del  sentenciador, pero sin reparar en que el enunciado por la vía  indirecta  le  imponía hacer elocuentes los errores probatorios y que éstos no  surgen   de   la  confrontación  analítica,  sino  de  factores  objetivamente  perceptibles,   como   lo   son   la   tergiversación,   la  suposición  y  la  omisión.   

Así  procede  con  los  testigos Raúl Alejo  Rojas  Báez,  Eduardo  Durán  Matallana,  José Adriano Fuentes, Luis Fernando  Fuentes  Gómez   y  José  Octavio  Avellaneda,  sin  consultar en ningún  momento la decisión impugnada.   

Es  que, para el Tribunal, la responsabilidad  del  procesado  quedó  plenamente  demostrada  con fundamento entre otros en el  testimonio  de  José Adriano Fuentes, quien le hizo sindicación directa por el  homicidio,  como que se encontraba a un escaso metro del lugar en que los hechos  sucedieron,  mereciéndole plena credibilidad sus dichos, acorde con el detenido  estudio  que  de  lo  por  éste  manifestado  se  hace en el fallo, encontrando  además,  que  el  mismo  resultaba  avalado  por  lo expresado, a su turno, por  Eduardo  Durán  Matallana  y  Luis  Fernando Fuentes Gómez, restando cualquier  eficacia  demostrativa  a  lo  depuesto por Adela Barrera, dado que no introdujo  ningún  aporte  significativo en procura de definir exactamente la identidad de  la  persona  con  la  cual  habría  bailado,  no sucediendo igual con el agente  Rodríguez,  a  quien  un  ciudadano  habría  comentado  que el autor de delito  contra la vida era, precisamente SALCEDO SÁNCHEZ.   

Este cargo, dadas las protuberantes falencias  de orden técnico tampoco está llamado a prosperar.   

Por último y en razón a que con la decisión  de  la  Sala,  la  sentencia  no sufre modificación alguna, debe advertirse que  cualquier  efecto  favorable  que se pudiera derivar de la aplicación del nuevo  Código  Penal,  correspondería  al  respectivo  Juez  de  Ejecución de Penas,  acorde con lo previsto por el art. 79.7 de la Ley 600 de 2.000.   

En  razón y mérito de lo expuesto la Corte  Suprema  de  Justicia  en  Sala  de  Casación  Penal, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

No casar la sentencia impugnada.  

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Cópiese,   cúmplase,   notifíquese   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL                     HERMAN GALÁN  CASTELLANOS                      

Permiso  

CARLOS       AUGUSTO       GÁLVEZ  ARGOTE             JORGE    ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                     ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           

Comisión de servicio  

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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