13567ago

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 13567  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

Aprobado Acta No. 136  

          Santa  Fe  de Bogotá, D. C.,  diez (10) de agosto del año dos  mil (2000).   

          VISTOS   

          Se  ocupa la Sala del fondo del recurso de casación interpuesto por  el Defensor del ciudadano NOEL MENESES ARTUNDUAGA.   

          HECHOS   

          El  11  de  diciembre  de  1992,  aproximadamente  a  la 10:30 de la  mañana,  en predios de la Hacienda “Miravalle”, localizada en jurisdicción  del   municipio   de   Alvarado   (Tolima),   cuatro   individuos   armados  con  ametralladoras  privaron  de  su libertad al señor JUAN GUILLERMO CANO SAENZ, a  quien  mantuvieron oculto en lugar desconocido hasta el 23 de enero de 1993. Por  su  liberación  pidieron  inicialmente  dos  millones  de  dólares,  suma  que  posteriormente  rebajaron  a  70  millones  de  pesos.  Merced  a  las pesquisas  adelantadas  por  las  autoridades  se pudo establecer que el plagio en mención  fue  realizado por un grupo de personas desertoras de las “Farc”, encabezada  por  los hermanos HECTOR FABI0 MENESES ARTUNDUAGA y NOEL MENESES ARTUNDUAGA, que  desde  hacía  tiempo  operaba  en  la  región y  tenía como finalidad el  secuestro    de    ciudadanos    para    pedir    millonarias   sumas   por   su  rescate.   

          El  19  de  diciembre  de  1992,  las  autoridades  incautaron en el  inmueble  localizado  en  la  calle 9ª. No. 1-53, barrio La Gaviota de Ibagué,  ocupado   por   Mariela   Rivera  Meneses,  pariente  de  los  hermanos  MENESES  ARTUNDUAGA,  4  subametralladoras,  una pistola 9 milímetros, 3 fusiles, varios  proveedores  para  dichas  armas, 5 granadas y una gran cantidad de cartuchos de  diferente calibre, pertenecientes a los plagiarios.   

         

          ACTUACION PROCESAL   

          La  Unidad  Regional  de  Fiscalía  de Santa Fe de Bogotá declaró  abierta  la  investigación  el  6  de  enero  de  1993 (C. 1, Fl. 79). Vinculó  mediante  indagatoria  a HECTOR FABIO MENESES ARTUNDUAGA (C. 1, Fl.142), RUPERTO  RIVERA  MENESES (C.1, Fl.153), CARLOS ANDRES RIVERA MENESES (C.1, Fl.159), NIDIA  CALDERON  CLAROS  (C.1, Fl. 170), NOEL MENESES ARTUNDUAGA (C.2, Fl.183), WILLIAM  RIVERA  MENESES  (C.  3,  Fl.173)  y  QUEZADA  LOPEZ  CEDIEL (C. 3, Fl. 325). Al  resolverles  la  situación  jurídica,  la  Fiscalía  afectó  con  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional  a  los  cinco primeros, y se  abstuvo     de     imponer     medida     de    aseguramiento    a    los    dos  últimos.                   

         

          El  23  de  septiembre  de 1994, se declaró el cierre parcial de la  instrucción  en  relación  con  el  procesado HECTOR FABIO MENESES, y el 30 de  diciembre  del  mismo  año se calificó el mérito del sumario. La Fiscalía lo  acusó  como  coautor  de  los  delitos  de  secuestro extorsivo, concierto para  secuestrar,  porte  ilegal  de armas de defensa personal, conservación de armas  de  uso  privativo  de  las  fuerzas  militares  y  rebelión  (C.3,  Fls. 161 y  351).   

          El  13  de enero de 1995, la fiscalía decretó el cierre parcial de  la   investigación   respecto   de  NOEL  MENESES  ARTUNDUAGA,  WILLIAM  RIVERA  MENESES   y  CEDIEL QUEZADA. El 13 de marzo siguiente acusó a NOEL MENESES  ARTUNDUAGA  como  coautor  del  concurso  de  delitos  de  secuestro  extorsivo,  concierto  para  secuestrar y porte y conservación de armas de uso privativo de  las  fuerzas  militares,  y  ordenó  precluir  la instrucción en relación con  WILLIAM  RIVERA  MENESES  y  CEDIEL QUEZADA LOPEZ (C.3, Fl. 368 y 449). Luego de  varios  inconvenientes procesales – apelación, negación de la misma, solicitud  de  nulidad de las notificaciones del acusatorio y anulación de las mismas-, la  2a.  instancia confirmó el enjuciamiento mediante decisión del 11 de agosto de  1995.   

          El  30  de  octubre  de  1996,  un  Juzgado  Regional de esta ciudad  declaró   la   nulidad   parcial   de  todo  lo  actuado  en  lo  que  respecta  exclusivamente  al  delito  de  secuestro  extorsivo  que  se  le imputó a NOEL  MENESES  ARTUNDUAGA,  por  indebida  selección  de  la  norma  aplicable,  y lo  condenó  a  la  pena  principal  de  quince  (15)  años  y cuatro (4) meses de  prisión,  multa por el equivalente a 667 salarios mínimos legales mensuales, y  a  10  años  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas. Apelada la  sentencia  por  el  defensor  de  MENESES  ARTUNDUAGA,  el  Tribunal Nacional la  modificó  en el sentido de que la pena principal impuesta sería de 15 años de  prisión,  y en lo demás la confirmó, mediante providencia del 4 de febrero de  1997.   

          La  sentencia de 2ª. instancia fue objeto de casación por parte de  la  defensa.  La  Corte  se  ocupa,  entonces,  de resolver el fondo del asunto.   

          LA DEMANDA   

          Primer cargo.   

          Causal  1a.,  cuerpo  segundo, prevista en el artículo 220, numeral  1o., inciso 2o., del C. de P. P. Así lo enunció el actor:   

          “Se  acusa  la  sentencia  porque  en  ella el fallador admitió y  confirió  valor probatorio a un medio de convicción irregularmente aportado al  proceso,   por   omisión   de  las  formalidades  que  la  ley  exige  para  su  adopción”.   

          Afirmó  el  libelista  que el Jefe de la Unidad Investigativa de la  Sijin-  Detol, motu proprio y sin estar expresamente facultado por el fiscal que  lo   comisionó   para   la  práctica  de  algunas  diligencias  dentro  de  la  investigación  previa  que  se  adelantaba  por  el  secuestro  del señor Juan  Guillermo  Cano  Sáenz,  decidió allanar y registrar el inmueble ubicado en la  calle  9ª. No. 1 A-59 o carrera 28 No.1-53, barrio La Gaviota de Ibagué, donde  fueron  halladas  varias armas de uso privativo de las Fuerzas Armadas. Destacó  que  dicho procedimiento fue ilegal pues se adelantó con desconocimiento de los  artículos  309,  313,  320,  343  del C. de P. P., y 47, numeral 4, del decreto  2699  de  1991, de los cuales se infiere que la referida diligencia no se podía  realizar  sin  la  previa autorización u orden  judicial. La inobservancia  de  las  normas  mencionadas se convirtió en medio indirecto para la violación  de  las  reglas sustanciales contenidas en los artículos 246 y 247 del C. de P.  P.   

          Agregó  que  es  indudable  la  incidencia  de  este  error  en  la  sentencia  impugnada,  pues  en  ésta  la  responsabilidad  por  el  delito  de  conservación  de  armas  de  uso  privativo  de  las  Fuerzas  Armadas se basó  exclusivamente    en    la    irregular   diligencia   de   allanamiento   antes  señalada.   

          Solicitó  se  case  parcialmente  la  sentencia  y se absuelva a su  representado  por el delito referido (conservación de armas de uso privativo de  las Fuerzas Armadas).   

          Segundo cargo.   

          El  reproche  en  este  caso  se  hizo con base en la causal 1ª. de  casación,  cuerpo  segundo,  por  violación  indirecta de una norma sustancial  debido a errores de hecho en la apreciación probatoria.   

          Aseguró  el  casacionista que en la sentencia se incurrió en falso  juicio  de  identidad,  pues  se  tergiversó  y  distorsionó el sentido de las  pruebas  en  que  se  fundamenta  el  juicio de responsabilidad por el delito de  concierto  para  secuestrar  en  contra de NOEL MENESES ARTUNDUAGA, por cuanto a  dichos  medios de convicción se les hizo producir efectos probatorios que no se  derivan  de  su  contexto,  y  de  esa  manera se desconoció lo dispuesto en el  artículo 247, inciso 2º, del C. de P. P.   

          Dijo  que  tanto  el  Tribunal  como  el  Juzgado  Regional basan la  existencia  del  delito  de  concierto  para secuestrar atribuido a NOEL MENESES  ARTUNDUAGA  en  las  imputaciones hechas por el “testigo reservado”, las que  consideran  encuentran  respaldo  probatorio  en  las declaraciones rendidas por  Héctor  Fabio  Meneses,  Marco  Aurelio  Calderón  Peña,  Luis Gonzaga Enciso  Barón  y  Juan  Guillermo  Cano  Sáenz. Luego de analizar tales declaraciones,  concluye  que  se  tergiversó  el  contenido  de las mismas, pues en ninguna de  ellas  se menciona a NOEL MENESES ARTUNDUAGA como partícipe en el secuestro del  señor    CANO    SAENZ    o   como   miembro   de   alguna   organización   de  secuestradores.    

          Estimó  que  es  axiomática la incidencia del yerro referido, pues  está  demostrado  que  en la sentencia se falseó la expresión fáctica de las  pruebas  citadas, haciéndoles producir efectos probatorios que no derivan de su  contexto,  con  el exclusivo propósito de dar fuerza demostrativa al testimonio  rendido  bajo reserva de identidad, que aparece con el nombre de “Pilar Gómez  Valderrama”,  y  así  fundamentar  la  responsabilidad de su defendido por el  delito de concierto para secuestrar que se le imputó.   

         

          Tercer cargo.   

          A  la  luz  de  la  misma  causal 1ª. de casación, cuerpo segundo,  acusó   también   a  la  sentencia  por  efectuar  una  equivocada  e  insular  apreciación  de  la  prueba pericial espectográfica, y dar a la misma valor de  plena  prueba  sin  que  se  hiciera  consideración  alguna  sobre  la firmeza,  precisión y calidad de sus fundamentos.   

          Luego  de  señalar  la  forma como se obtuvo la  grabación de  las   voces   con   base  en  las  cuales  los  peritos  rindieron  su  dictamen  fonoespectográfico,   y  transcribir  las  conclusiones  contenidas  en  éste,  infirió  que  la  experticia era ambigua y contenía varios errores que pasaron  desapercibidos  para  el  Tribunal,  en  razón  a  que no se analizó la prueba  técnica   en   conjunto   con   todo   el   haz   probatorio   incorporado   al  proceso.   

          Además,  puso  en  duda  la transparencia con que fue practicada la  prueba  espectográfica,  pues sugiere con base en lo afirmado en la indagatoria  por  su  representado, la posible manipulación de dicho elemento de convicción  por parte de los agentes del Unase.   

          Solicitó  a  la  Corte casar la sentencia con fundamento en los dos  cargos  señalados en precedencia y, en consecuencia absolver a su defendido por  el delito de concierto para secuestrar.   

         

          Cuarto cargo.   

          Lo  planteó  como  subsidiario,  a  la  luz  de  la  causal 1ª. de  casación,  cuerpo  primero. Imputó a la sentencia violación directa de la ley  sustancial  por falta de aplicación de los artículos 64-1 y 67 del C. P., así  como  de los artículos 31 de la Constitución Política, 17 y 217 del C. de. P.  P.   

          Afirmó  que  el  Ad-  quem  al  dosificar la pena para el delito de  concierto  para secuestrar, impuso la prevista en el artículo 5º. de la ley 40  de  1993  por  encontrarla  más favorable al procesado, pero al hacerlo omitió  aplicar  el  artículo 64-1 del C. P., en el que se consagra la circunstancia de  atenuación  punitiva  atinente  a  la  buena conducta anterior, pues no se hace  alusión  a  ella  a  pesar  que  en  el  proceso  no existe prueba alguna sobre  antecedentes  judiciales de NOEL MENESES, mientras sí obran testimonios que dan  cuenta  de su correcto comportamiento familiar y social. Como consecuencia de lo  anterior,  también se dejó de aplicar el artículo 67 ibídem, que dispone que  solo  podrá  imponerse  el  máximo  de  la  pena  cuando concurran únicamente  circunstancias  de agravación punitiva, por cuanto el Tribunal al tasar la pena  partió   del   máximo   previsto  en  el  artículo  5º.  de  la  ley  40  de  1993.   

          Estimó  así  mismo  que en la sentencia impugnada se desconocieron  los  artículos 17 y 217 del C. de. P. P., de indiscutible carácter sustancial,  pues  a  pesar  de  ser  el defensor apelante único el Tribunal agravó la pena  impuesta  al  procesado,  al  no  reconocerle  la  circunstancia  de atenuación  punitiva  que  sí  tuvo en cuenta el A quo. Señaló que si el Tribunal hubiera  observado  los  criterios expuestos por el juez de primera instancia, no habría  sometido  al incriminado a pena mayor de siete años de prisión; 5 años por el  delito  de  concierto para secuestrar (art. 5º, ley 40 de 1993), y 2 años más  en  razón del concurso con el delito de conservación de armas de uso privativo  de las Fuerzas Armadas.   

          Pidió  casar  la  sentencia  y  adecuar  la  pena  en los términos  expresados.   

         

          CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO   

          En  el  orden  en que fueron propuestos por el censor, el Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal  dio  respuesta  a  los cargos contenidos en la  demanda. Opinó de la siguiente manera:   

          1.  En la sentencia impugnada no se incurrió en el error de derecho  por  falso  juicio  de legalidad aludido en la demanda, por cuanto la actuación  cumplida  por la policía judicial en la casa donde se hallaron las armas de uso  privativo  de  las  Fuerzas  Militares no constituye diligencia de allanamiento,  pues  ésta,  en  esencia,  presupone  el  ingreso de la autoridad a un inmueble  contra  la  voluntad  de  sus  moradores.  Como  consta en el acta del operativo  realizado  por  la policía, la moradora y propietaria de la casa de habitación  referida  autorizó  libremente  el  acceso  de  los  servidores  públicos. Por  consiguiente,  no  hubo necesidad de practicar diligencia de allanamiento en los  inmuebles,  porque se contó con la autorización de sus ocupantes. Siendo así,  no  es  viable  la  exigencia  de  los  requisitos  legales  previstos  para tal  diligencia,  tal  como se precisa en la jurisprudencia transcrita en la demanda.   

             

          Indicó,  además, que no es cierto que la responsabilidad que se le  atribuyó  al procesado por el delito de conservación de armas de uso privativo  de  las  Fuerzas  Armadas se base exclusivamente en la mal llamada diligencia de  allanamiento,  pues  como  se  indica en los fallos de instancia fueron varios y  diferentes  los  medios  de  prueba  que  se tuvieron en cuenta para condenar al  procesado  por  el  citado  delito.  No  podía entonces el censor sustraerse al  cuestionamiento  integral  de  todos aquellos elementos de convicción y como lo  hizo, su crítica resulta insuficiente e intrascendente.   

          2.  Respecto  de los cargos segundo y tercero, concluyó que los dos  conforman  en  realidad  un  solo  reproche  dirigido  a  cuestionar  la  prueba  testimonial  y  técnica  que  soporta el juicio de responsabilidad  por el  delito    de    concierto    para    secuestrar   que   se   le   atribuyó   al  procesado.   

          Concuerda  con el casacionista en que de  las  declaraciones de Marco Aurelio Calderón Peña, Luis Gonzaga Enciso Barón,  Juan  Guillermo Cano Sáenz y Héctor Fabio Meneses Artunduaga, que sirvieron de  sustento  a  los  fallos  de  instancia,  no  emanan  sindicaciones  de  ninguna  naturaleza  contra  el  procesado ni la más mínima referencia que lo involucre  en  los  hechos  por  los  que  se  procede, contrario a lo que se afirma en las  sentencias  en  mención;  por  ende,  no  se  puede  con  base  en  esos medios  probatorios  ratificar  la sindicación directa que contra NOEL MENESES se lanza  en el testimonio rendido bajo reserva de identidad.   

          Por  lo anterior, considera que como fundamento de los fallos por el  delito  de  concierto  para secuestrar sólo subsisten: el testimonio reservado,  el  indicio  de  mala  justificación  construido  por  el A-quo con base en las  insatisfactorias  respuestas  que dio el procesado para explicar sus actividades  económicas,  y  la  prueba  pericial  espectográfica  por  medio de la cual se  dictaminó  que  la  voz  de  NOEL  MENESES se corresponde con una de las de los  secuestradores.   

          Considera  que  en este punto cometió un primer error el libelista.  Ataca  la  prueba indiciaria sin ceñirse a la técnica pertinente, pues no sabe  concretar  el  tipo de error alegado, ni lo desarrolla ni demuestra; se limita a  controvertir   la   apreciación  probatoria  del  fallador  sobre  las  pruebas  relacionadas  con la actividad económica del procesado, lo cual está vedado en  sede  de impugnación extraordinaria. Como no es afortunada la censura contra la  prueba   indiciaria,   y  no  instaura  reproche  alguno  contra  el  testimonio  reservado,  la sentencia impugnada queda perenne; no se puede hablar  ya de  la  prueba  reservada  como  única,  pues  está acompañada de otra con la que  igualmente  se  fundamentó  la  responsabilidad  por el reato de concierto para  secuestrar.    

         Agrega  que  el  censor  no  se  percató de la falencia referida, y  dirigió  su crítica hacia la prueba pericial espectográfica, con la seguridad  que  de  prosperar  sólo  quedaría la prueba rendida bajo reserva de identidad  como  único  elemento  de convicción en contra del procesado, que por sí sola  resulta  insuficiente  para  preservar  la  sentencia condenatoria, a la luz del  artículo 247, inciso 2º., del C. de P. P.   

         Manifiesta  que  aborda  el  estudio  de  tal  reparo  a pesar de no  hacerse  indispensable,  puesto  que en todo caso aún con la sustracción de la  prueba  pericial  la  sentencia  se  mantiene.  Estima  que el cargo en mención  deviene  impróspero  por  cuanto  el  censor  no  indicó en qué tipo de error  incurrió  el  fallador  en  la  apreciación  de dicho elemento de convicción.  Simplemente  se limita a poner de manifiesto su particular modo de considerarlo,  con  la  pretensión  que  su subjetivismo sobre esta prueba prevalezca sobre el  criterio  expuesto por los juzgadores, lo cual no se compadece con la naturaleza  de   este   recurso   extraordinario.   Agrega   que,  además,  acude  a  meras  especulaciones   y  conjeturas  para  atacar  el  procedimiento  seguido  en  la  elaboración  del  dictamen,  las  cuales  serían  atendibles  en  el  trámite  incidental  previsto  en  el  artículo  271 del C. de P. P., más no en sede de  casación.   

         3.  En  relación  con  el  cuarto cargo, resalta que el mismo está  conformado por dos partes.   

         La  primera,  en  la  que  el  censor plantea violación directa por  falta  de  aplicación  del  artículo  64-1  del  C.  de  P. P., lo que generó  consecuentemente  la  falta  de aplicación del artículo 67 ibídem. Conceptúa  que  este  reparo  no  puede  prosperar  en  virtud  a que en su proposición se  incurrió  en  un  fatal error de técnica; el impugnante basó su inconformidad  en  la  forma  como se apreciaron las pruebas, o se dejaron de apreciar, aspecto  este  que  no  es  atendible en la causal seleccionada. Al elegir la senda de la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  actor  estaba en la imperiosa  necesidad  de  respetar  los  hechos  y las pruebas tal como fueron apreciados y  reconocidos  por  el  Juzgador.  En  virtud  del  principio de limitación no es  posible  la  enmienda  del yerro, que también repercute en la supuesta falta de  aplicación  del  artículo  67  del  C.  P.  a  que hizo alusión el libelista.   

         La  segunda, en la que se acusó la sentencia de violar directamente  los  preceptos sustanciales 31 de la Carta, 17 y 217 del C. de P. P., al agravar  la  pena  en  perjuicio  del  procesado  cuando  la defensa fue apelante único,  estima  que  le  asiste la razón al casacionista. La prohibición de la reforma  en  peor,  no  tiene ninguna cortapisa, ni en aras del principio de legalidad de  la  pena  ni  cuando  se  trata  de  providencias  consultables  como lo son las  sentencias  dictadas  en  la  justicia  regional. Por consiguiente, sugiere a la  corporación  casar  la  sentencia  sólo  en lo concerniente a la dosificación  punitiva.   

         

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Primer  cargo.   

No prospera, porque:  

1.  Según  se  consignó  en el acta de la  diligencia  practicada  por la Unidad de Policía Judicial de la Sijín el 19 de  diciembre  de 1992, al inmueble donde fueron halladas las armas de uso privativo  de  las  fuerzas  armadas  (C.1, Fl.14) se ingresó en virtud del consentimiento  voluntario   expresado   por  la  señora  Soledad  Hoyos  Marín,  residente  y  propietaria  del  mismo.  La  aquiescencia  del morador, entonces, impide que al  acto  de  revisión  se  le  pueda  connotar  como  diligencia  de allanamiento.   

Es   consustancial  a  la  diligencia  de  allanamiento  la  penetración  de  la  autoridad  contra  la  voluntad  de  sus  moradores.   Si  existe  el  asentimiento  de  estos,  no  se  puede  hablar  de  allanamiento,  así  se  le haya dado esa denominación a la actuación cumplida  por  la  autoridad.  Por  tanto,  resulta  impertinente  exigirle  al  operativo  cumplido  por  la  policía  judicial  en el inmueble en mención los requisitos  legales  previstos  en  el  artículo  343 del C. de. P. P. Si allanar es volver  llano,  destruir,  alisar,  nivelar,  vencer,  superar,  comprimir o amoldar, su  contenido  de  fuerza  o  de  oposición desaparece cuando la persona legalmente  protegida  por  la Constitución y la ley está de acuerdo, accede, permite a la  autoridad  que  registre  el  sitio  que  le  pertenece.  En  tal  sentido se ha  pronunciado  la Sala, por ejemplo en decisiones del 11 de septiembre de 1985 -M.  P.  Dr. Gustavo Gómez Velásquez- y del 8 de agosto de 1996 -M. P. Dr. Jorge E.  Córdoba   Poveda-.   En   la   última   de   estas  sentencias  de  casación,  reiteró:   

“El  allanamiento  es  la  forma  legal  mediante  la cual la autoridad pública penetra a determinados lugares que gozan  de  protección  jurídica,  contra  la voluntad de sus moradores…Pero no debe  tomarse          por          ‘allanamiento’  toda  penetración  a domicilio ajeno. Cuando surge la oposición a esa entrada,  el  recurso  legal  es  el  allanamiento,  para  lo  cual  se  disponen,  en  el  procedimiento,  los  requisitos  propios  que  deben  cumplirse.  Pero cuando el  morador  del  mismo accede voluntariamente, resulta improcedente esta preceptiva  jurídica   y   la   revisión   de   ese   lugar   privado   carece   de   esta  connotación…”.    

         De  otra  parte,  el  hecho  de que los inquilinos de la habitación  donde  se  guardaba el armamento no se encontraran presentes en el momento de la  realización  de  la  diligencia de registro del inmueble no modifica en nada la  situación.  Basta  que el único morador que se encuentre en el inmueble en esa  oportunidad  acceda  libre y voluntariamente a la petición de la autoridad para  explorar el lugar.   

         Por  último, dígase que la falta de la firma de la señora Soledad  Hoyos  en  el  acta  respectiva  tampoco  varía la naturaleza de la diligencia,  primero,  porque  la  constancia  dejada en la misma sobre el asentimiento de la  propietaria  goza  de  presunción de veracidad y de buena fe, y segundo, porque  durante  el  proceso  nadie objetó la realidad de la diligencia, ni siquiera la  señora  Hoyos Marín cuando posteriormente volvió a intervenir, como testigo (  C.  1,  Fl. 33 ). Añádase, además, que la señora HOYOS MARIN no sabe leer ni  escribir,  motivo  por  el  cual  en esta otra intervención debió ser asistida  “a ruego”.   

         2.  Súmese  a  lo  anterior  otra  circunstancia  indiscutible:  la  defensa  presentó escrito de alegato previo al fallo y posteriormente apeló la  sentencia  de  1a.  instancia.  Sin  embargo,  en ninguna de esas intervenciones  mostró  su  inconformidad  sobre el punto concreto que ocupa la atención de la  Sala  en  este  tema.  Solamente  ahora,  en  sede de casación, bajo el título  acusatorio  de  violación indirecta de la ley sustancial, aprehende aquello que  había  sido  objeto  de  conformidad, de aceptación, durante largo tiempo. Con  ello,   la   defensa  enseña  la  total  carencia  de  interés  para  recurrir  extraordinariamente.   

         Segundo y tercer cargos.   

         Aunque  el libelista planteó estos cargos de manera independiente y  autónoma,  los  desarrolló  como  constitutivos de una unidad. De ahí que los  ubique  en  un  solo capítulo y con base en ellos formule, en esencia, un mismo  reparo  en  contra  del  fallo  impugnado,  que hace consistir en la ausencia de  prueba   suficiente   para   dictar  sentencia  condenatoria  en  contra  de  su  representado  por  los  delitos que se le imputaron,  de conformidad con lo  previsto  en  el  artículo  247, inciso 2º. del C. de. P. P.. Por lo tanto, el  análisis  y  la  respuesta  a  tales  objeciones  se  hará de manera conjunta.   

         Tampoco prosperan, porque:   

         1.  El  planteamiento  es  incompleto por cuanto el demandante en la  primera  sección  de su crítica olvidó parte del fundamento probatorio de los  fallos  de  instancia  proferidos  en  contra de NOEL MENESES ARTUNDUAGA. Según  él,  la  condena  se soporta únicamente en el testimonio recibido bajo reserva  de   identidad  “aunado”  a  las  declaraciones  de  Héctor  Fabio  Meneses  Artunduaga  -hermano  de  NOEL-,  de  la víctima Juan Guillermo Cano Sáenz, de  Marco  Aurelio Calderón Peña y del coronel Luis Gonzaga Enciso Barón. Omitió  señalar  que  los falladores de instancia se apoyan igualmente en el testimonio  del  oficial  de  la  policía  Luis Herlindo Mendieta Ovalle y en el indicio de  mala justificación sobre las actividades económicas de NOEL.   

         En  efecto,  en  el fallo de primer grado se indica en forma expresa  que  el  testimonio  recibido  bajo  reserva  de  identidad  encuentra  respaldo  probatorio   en  el  hecho  de  que  “el  enjuiciado  no  atina  a  exculparse  satisfactoriamente  de  las  imputaciones  que  se le endilgan, pues a pesar que  reposan  testimonios de conducta que respaldan en parte su dicho en cuanto a sus  actividades  económicas,  lo cierto es que no establece claramente quiénes son  o  han  sido  sus  proveedores  de  joyas  y  ganado  y  en  qué  sitios pueden  localizarse”;   igualmente   se  señala  como  soporte  probatorio  de  dicho  testimonio,  “la  declaración  del  Mayor Luis Benildo Mendieta Ovalle” (C.  juzgado  regional, Fl. 129 y 132).              

         

         Ninguna  alusión  hace el censor al testimonio rendido por el Mayor  de  la  Policía  Nacional  Luis  Herlindo  Mendieta  Ovalle  (C.1, Fl. 420), no  obstante  que  en  la  sentencia  de  primer grado fue señalado como uno de los  fundamentos  de  la condena proferida en contra de NOEL MENESES ARTUNDUAGA. Esta  omisión  constituye  una  falencia  técnica  que  incide  necesariamente en la  improsperidad  del  cargo,  pues la  Corte ha reiterado, desde muchos años  atrás,  que es de exigencia técnica en el recurso extraordinario de casación,  por  razones de lógica jurídica, que cuando se acude a la violación indirecta  de  la ley para demostrar errores de hecho y de derecho, es menester afrontar, y  derrumbar,  todos  los cimientos probatorios de la sentencia. Si no se hace así  y  con  suficiencia  y fortaleza permanece enhiesto uno sólo, lo decidido en el  fallo  subsiste1.          

         Aparte  lo anterior, también importa tener en cuenta que uno de los  testigos  mencionados  por  el  casacionista  no  se halla totalmente ausente de  referencias  a  NOEL  y sí, más bien, le hace imputaciones serias y concretas.  En  efecto,  el  Teniente  Coronel LUIS GONZAGA ENCISO BARON es claro al afirmar  que  el  informante  le  había  dicho  que  HECTOR  MENESES  ARTUNDUAGA  “…  delinquía  junto  con  el  hermano NOE y junto con sus sobrinos, y así fue que  capturamos  a  HECTOR  junto  con  sus  sobrinos,  porque  esas dos personas son  sobrinos de NOE y de HECTOR…” ( C.1, FL. 394).    

         

         Por  lo  que  respecta al indicio de mala justificación, si bien es  cierto  que el demandante lo menciona en el desarrollo del cargo, ningún reparo  concreto,  de  hecho  o  de derecho, formula. No cuestiona la materialidad de la  prueba  del  hecho  indicador,  ni  la  operación mental de inferencia del dato  indicado,  ni  la valoración individual o articulada de su poder suasorio. Solo  expresa  su asombro porque en el fallo se afirmara que su representado no había  justificado   satisfactoriamente   sus   actividades   comerciales,   e  intenta  controvertir  la  apreciación  probatoria del juzgador sobre los testimonios en  que  se soporta el hecho indicador, sin percatarse que ello está vedado en sede  de  impugnación  extraordinaria.  Como el cargo fue presentado bajo la forma de  violación  indirecta  por error de hecho, correspondíale, ante todo, definir y  demostrar  que  se  trataba  de  error sobre el hecho indicador  o sobre el  indicado;  y  como el reproche se dirige hacia las conclusiones de la sentencia,  de  una parte tenía que probar que los jueces se habrían apartado de las leyes  de  la ciencia, de las reglas de la experiencia o de los principios lógicos; y,  de  la  otra,  le competía afirmar y comprobar cuáles habrían sido las leyes,  principios  o  reglas  aplicables  al asunto concreto. Sin embargo, nada de ello  hizo el actor.   

         2.  En  la segunda parte de la censura, el libelista ataca la prueba  pericial  espectográfica.  Sin  embargo,  no indica en modo alguno qué tipo de  error  le  reprocha al fallador en la apreciación de la prueba, ni estima si se  trata  de un error de hecho (por falso juicio de existencia o de identidad) o de  derecho  (por  equivocado juicio de legalidad o convicción), de donde se deduce  fácilmente  que  no  lo  demostró  ni  desarrolló.  Se limitó a decir que se  había  incurrido  “…en  una  errónea interpretación de la prueba pericial  espectográfica…”  y  a  mostrar su personal y subjetiva valoración, con la  vana  e  impertinente  pretensión  de que prevalezca sobre el criterio expuesto  por los jueces de instancia.   

         Además,  al  calificar  de  “ambiguo”  el  dictamen  pericial y  cuestionar  sus conclusiones, realmente lo que busca es retrotraer la actuación  a  etapas  ya  superadas, caracterizadas por un escrito similar al de ahora, que  había  utilizado  a  propósito  del incidente de objeción que se adelantó en  las  instancias  y  que  resultara  negado por improcedente, tanto en el juzgado  como  en  el  Tribunal  (C.  Juzgado  Regional,  Fl.  52;  C.  Tribunal, Fl. 3).   

         Agréguese  a  lo  anterior  que  el  centro  de  atención hacia el  dictamen  lo  ubica el censor no tanto en lo intrínseco del mismo, sino en algo  extraño,  concretamente  en la presencia de un oficial que con malas palabras y  mal  comportamiento  se  refirió  a  NOEL  después de practicada la prueba, es  decir,  el  reparo  no  tiene  nada  que  ver  con  su  recepción,  ni  con sus  conclusiones.   Los   otros   reprochessegún   se   dijo,   obedecen   a  meras  especulaciones, como lo resaltó el Ministerio Público.   

         En  síntesis,  no  es  cierto  que  el  testimonio recibido bajo la  reserva  de  identidad  sea  la  única  prueba  en  que  se  basa  la sentencia  condenatoria  impugnada.  Fuera  de  tal  evidencia,  obran  otras  con bastante  suficiencia  para  condenar,  como se dijo en las instancias: el indicio de mala  justificación,  el  testimonio del Mayor Mendieta Ovalle. Y si a ello se agrega  otro  material,  por  ejemplo,  las  palabras  de JOSE RICARDO MENESES, quien en  forma  detallada  y  minuciosa  informa  sobre  la empresa delictiva, incluido a  espacio  NOEL,  (C.  2, Fls. 208 a 239), no hay duda alguna en que el testimonio  reservado incluso hasta sobra.   

         Por  último,  nótese que si se analizan los testimonios de Héctor  Fabio  Meneses  Artunduaga,  Juan Guillermo Cano Sáenz, Marco Aurelio Calderón  Peña  y Luis Gonzaga Enciso Barón, no en forma aislada e insular  sino en  conjunto  y  a  la  luz  de  las reglas de la sana crítica, resulta difícil no  advertir  su  convergencia  y  concordancia con el dictamen pericial y la prueba  indiciaria.  Basta  resaltar que Héctor Fabio Meneses señala a Darío Sánchez  como  uno  de  los guerrilleros desertores de la “Farc” que lo acompañó en  muchos  de  sus  operaciones  delictivas  y  que  participó en el secuestro del  señor  Cano  Sáenz,  y que aquel (Darío Sánchez) fue precisamente la persona  que,  según  los  oficiales  de  policía  Enciso Barón y Mendieta Ovalle, les  suministró  valiosa  información  que les permitió el decomiso de las armas y  les  entregó  importantes  revelaciones  sobre  la  actividad  delictiva de los  hermanos  Meneses  Artunduaga.  Esta  información es respaldada por el también  desertor  de  la  guerrilla  Marco  Aurelio  Calderón Peña, quien afirma haber  participado   en  el  secuestro  de  Juan  Guillermo  Cano  Sáenz  en  Ibagué.   

         La  prueba  en  contra  de  NOEL, entonces, es abundante, y va mucho  más  allá,  cuantitativa y cualitativamente, de la señalada por el actor como  censurable.   

         

         Cuarto cargo.   

         El  censor  le reprocha a la sentencia del Tribunal el haber violado  en  forma directa normas sustanciales por falta de aplicación de los artículos  64-1  y  67  del C. P., 31 de la Constitución Política, 17 y 217 del C. de. P.  P.   

         Tampoco prospera. En efecto:   

         Le  asiste  la  razón  al  Procurador  Delegado cuando señala como  desacierto  técnico  acusar  la  sentencia por violación directa de la ley por  falta  de  aplicación  de  los  artículos  64-1  y  67  del C. P., y pretender  demostrar  tal reparo con base en una crítica sobre la forma como se apreció o  no el acervo probatorio.   

         El  censor  afirma  que  en  la  sentencia  se  dejó  de aplicar el  artículo   64-1  del  C.  P.,  “…a  pesar  de  que  no  obra  prueba  sobre  antecedentes  del  señor  NOEL  MENESES  ARTUNDUAGA,  y  sí  por  el contrario  testimonios  en  los que se da cuenta de su buena conducta familiar y social”.   

         Olvida  que,  como  surge de la ley y como lo ha reiterado la Corte,  el  ataque  por  violación directa de la ley sustancial supone el planteamiento  de  un  debate  puramente  jurídico  en  el sentido de que no admite discusión  probatoria  sino  un  ejercicio  intelectual serio durante el cual el demandante  debe  reconocer  la  forma  como  el juez estima los hechos, exigencia que lleva  implícita   la   anuencia   sobre  la  valoración  dada  a  los  elementos  de  convicción.   Resulta  evidente  que  el  cuestionamiento  en  mención  debió  encaminarlo  por  la  ruta  de  la  violación  indirecta  y  no  por  la  de la  directa.   

         Este   yerro   ineludiblemente   conduce  a  la  desestimación  del  reproche,  pues  en virtud del principio de limitación no le es dado a la Corte  entrar a rectificarlo.       

         En  relación  con  la  censura  por  la supuesta vulneración de la  prohibición  de  la  reformatio in pejus   a  que  alude  el censor, la Sala se aparta del criterio del  Ministerio  Público,  por considerar que el Tribunal en ningún momento agravó  la  pena  impuesta  al  condenado. En efecto, la pena tasada por el Ad – quem se  enmarca  dentro  de  la  cantidad  punitiva y las circunstancias previstas en la  sentencia  de  primer  grado.  Bastaría resaltar que mientras el A- quo le  impuso  al  procesado  pena de prisión de quince (15) años y cuatro (4) meses,  el superior la rebajó pues la tasó tan solo en quince (15) años.   

         La     situación     en    materia    de    punibilidad    es    la  siguiente:   

         a)  En  cuanto  al  concierto  para  secuestrar, el Juzgado Regional  aplicó  el inciso 2o. del artículo 6o.  del decreto 2790, de donde dedujo  que  la  pena  prevista,  de  20  a 25 años, se reducía en una tercera parte y  estableció  como  mínimo  160  meses  y multa de 667 salarios mínimos legales  mensuales,  monto  al  que  adicionó  dos  (2)  años  en  razón del concurso.  Explicó  que  se  basaba  en  el  mínimo,  porque no concurría ninguna de las  circunstancias  genéricas de agravación (artículo 66 C. P.). Fijó, entonces,  15  años  y  4  meses  de  prisión,  no  sin hacer notar que se trataba de una  organización  que  contaba  con  toda  una  infraestructura: personal, caletas,  vehículos,  armas  y  equipos  de  radiocomunicación  por  medio de los cuales  hacían  las  exigencias  dinerarias para evitar ser fácilmente descubiertos, a  la  vez  que  resaltó  que  “…varias personas se concertaron para planear y  ejecutar  no solo uno sino múltiples secuestros, teniendose noticia que casi el  40%  de  los  plagios  sucedidos en el país fueron obra de la organización que  ahora  nos  ocupa,  la cual no fue esporádica sino que permaneció en el tiempo  hasta su desvertebración”.   

         b)  El  defensor apeló y, entre otras cosas, acudiendo al principio  de  favorabilidad,  pidió al Tribunal aplicara la pena prevista en el artículo  5o.  de  la  ley  40 de 1993, por ser más benigna que la atendida por el A-quo.   

         c)   El   Tribunal,   provocado   por   el   defensor,  acogió  sus  planteamientos,  adecuó la conducta en otra norma y, como era obvio, tenía que  determinar  la pena. Para hacerlo, tuvo en cuenta que la organización delictiva  era  de tal magnitud que tenía asolada casi la mitad del país con sus plagios;  que  estaba  comprobado  que  fueron muchos los secuestros planeados, a pesar de  que  varios  de  ellos  no  se pudieron llevar a cabo, bien por la seguridad que  rodeaba  a la víctima, o por circunstancias que en un momento dado dificultaban  la  obtención  del  provecho  pecuniario;  que  el  modus  operandi  era de tal  naturaleza  que  se  constituyó  una banda extremadamente peligrosa; y que NOEL  MENESES  era  uno  de  los  cabecillas de la misma.   Por ello, por el  delito  de concierto estableció la pena en 10 años, es decir, la máxima, y la  incrementó  en  5 años por el concurso, para un total de 15 años de prisión,  delimitación  de  la sanción que no ha infringido en parte alguna los límites  legalmente  previstos  en  la  ley  y,  por  tanto,  correctamente  ceñida a la  normatividad.  No  está  de  más  decir  que  de  las palabras del Tribunal se  infiere  su  atención  a algunos de los criterios establecidos en el inciso 1o.  del artículo 61 del C. P.   

         Pero  lo  más importante frente al artículo 31 de la Constitución  Política  es  que la segunda instancia no empeoró la situación del procesado.  Basta  volver a recordar que el juez determinó 15 años y 4 meses de prisión y  que  el  Tribunal  la redujo a 15 años. Siendo así, no hay ninguna infracción  al  principio  de  prohibición  de  la  reformatio in  pejus.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia. Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

         RESUELVE   

             No     casar     la     sentencia  impugnada.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO               

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CORDOBA    POVEDA                         

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE         JORGE ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS     E.    MEJIA  ESCOBAR                        

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                                            

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  C.S.J.,   M.P.   Dr.  Jorge  Carreño  Luengas,  Cas.  Mayo  30  de  1991.      

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