12962(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 12962  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado ponente:  

Dr. CARLOS EDUARDO MEJIÍA ESCOBAR  

Aprobado Acta No. 103  

          Bogotá   D.C.,   veintitrés   (23)   de   julio  de  dos  mil  uno  (2001)   

          Decide la Corte el recurso extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el  defensor de NELSON  ACEVEDO  RAMÍREZ, contra la sentencia de fecha octubre  9  de  1996, mediante la cual el Tribunal Superior de Neiva confirmó la condena  impuesta  al  citado  procesado  por  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de  Pitalito  (Huila),  a la pena principal de tres (3) años de prisión como autor  del   delito   de   destrucción,   supresión   y   ocultamiento  de  documento  público.   

HECHOS  

          Dan  cuenta  los  autos  que NELSON ACEVEDO  RAMÍREZ,  empleado del Juzgado Primero Promiscuo  Municipal  de  San  Agustín  (Huila),  aprovechó  el  período  de  vacaciones  disfrutado  por  la  titular  del Despacho, para sustraer de su hoja de vida los  llamados  de  atención  que  en  forma  escrita  le  habían  efectuado  por su  deficiente  desempeño como escribiente.  La Juez Dilia Jaramillo Molina se  percató  de  tal irregularidad luego de su reintegro, en los primeros días del  mes de junio de 1990.   

ACTUACION  PROCESAL   

          1.  Del  anterior  suceso  se  tuvo  conocimiento  a  través  de la  certificación  jurada  rendida  por  la Juez Primero Promiscuo Municipal de San  Agustín,  en  la  indagación  preliminar  surtida  con ocasión de la denuncia  elevada   por   NELSON  ACEVEDO  RAMÍREZ contra el abogado Jesús Facundo Cano.   

          2.   Con fundamento en las diligencias previas llevadas a cabo,  la  Fiscalía  23  Seccional  de  Pitalito abrió la investigación, escuchó en  indagatoria  al  imputado  ACEVEDO RAMÍREZ  y resolvió su situación jurídica en providencia del 19 de julio  de  1994,  con detención preventiva por el delito de destrucción, supresión y  ocultamiento  de  documento  público (fs. 36, 53, 133 y Ss., cd. 1), confirmada  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Neiva al resolver la  apelación  interpuesta  por  el  defensor  (fs.  3  y  Ss.,  cd.  Fiscalía 2ª  instancia).   

           Clausurado   el   ciclo   instructivo,  calificó  su  mérito  probatorio  el  5  de  enero de 1995, con resolución de  acusación  contra  el  sindicado,  a  quien  le  derivó la autoría del delito  discernido en la medida de aseguramiento (fs.181 y Ss., cd. 1).   

          2.   El  Juzgado 2º Penal del Circuito de Pitalito celebró la  audiencia  pública, y en armonía con la resolución acusatoria, mediante fallo  del  1º  de  agosto  de  1996,  condenó  al procesado  a  la  pena principal atrás señalada (fs. 261 y Ss.,  cd.  1).   El Tribunal Superior de Neiva lo confirmó al pronunciarse sobre  la   alzada   incoada  por  el  apoderado  de  ACEVEDO  RAMIREZ,   en  la  sentencia  que  es  objeto  de  la  impugnación extraordinaria.   

LA  DEMANDA   

          Un  solo  cargo  plantea  el  demandante  contra  la  sentencia  de  segundo  grado,  al  amparo  de la causal primera del  artículo  220  del  C. de P. P., cuerpo segundo, por violación indirecta de la  ley  sustancial,  como  consecuencia  del  “error de  derecho   consistente   en  el  desconocimiento  de  las  reglas  que  rigen  la  construcción     de     la     prueba     indiciaria     (falso    juicio    de  legalidad)”,  que  condujo a la aplicación indebida  de los artículos 247 del C. de P.P., y 223 del C. P.   

          En la formalización del reproche invoca  los  artículos 300 a 303 del estatuto procesal penal, referidos a los elementos  del  indicio  y  a  sus  exigencias.  Señala que el indicio es un medio de  prueba  que el juez debe construir razonadamente y con respeto de los requisitos  señalados  por  la  ley  procesal, para satisfacer de este modo el principio de  legalidad  de  la  prueba,  a  tal  punto,  que  en  el evento de omitirse dicha  exigencia,   se   transgreden  el  derecho  de  defensa  y  el  debido  proceso,  configurándose una nulidad supralegal.   

          Advierte   sobre  las  diferencias  entre  el  indicio  y  el  hecho  indicador.   Insiste  en  la  necesidad  de  discernir  cuál  es  el hecho  indicado  de  pretendida  demostración  y  la regla de experiencia a la cual se  acude  en  la  construcción  del  indicio,  anotando  además,  el  ámbito  de  aplicación  de  esta  última,  pues sólo así pueden diferenciarse el indicio  necesario,  los  silogismos  dialécticos  y  los  llamados  sofismas  o  falsos  silogismos.   

          En  el  caso  examinado,  afirma  el  impugnante,  los juzgadores no  precisaron  la regla de experiencia aplicada en la construcción de los indicios  de  oportunidad  y  de  beneficio erigidos contra su representado.  Postula  por  vía  ejemplificativa  las  reglas  de  la  experiencia  que  eventualmente  pudieron  aducirse,  y  la  gravedad  o  levedad  del  indicio  de  acuerdo  con  contundencia  de  la  misma, para concluir que los dos indicios reseñados, más  no   construidos,   incidieron   directamente   en   la  sentencia  condenatoria  impugnada.   

           Con   apoyo   en   la   argumentación  sintetizada,  el  censor solicita de la Corte que case la sentencia recurrida, y  profiera    en    su   lugar   la   absolución   del   procesado   ACEVEDO RAMÍREZ.           

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PUBLICO   

          El  Procurador  Tercero  Delegado  advierte que el artículo 300 del  Código  de  Procedimiento  Penal  establece los elementos básicos del indicio,  pero   no   prescribe  los  requisitos  legales  que  determinan  su  existencia  jurídica,  pues  al  tenor  del  artículo  248 ibídem, y conforme al criterio  asentado  de  antaño  por  la  Sala, se considera como un proceso de inferencia  lógica  efectuado  por  el  funcionario  en  la apreciación de las pruebas con  sujeción  a la sana crítica.  En este orden de ideas, el indicio no puede  atacarse  bajo los supuestos del error de derecho por falso juicio de legalidad,  ante el incumplimiento de alguno de esos elementos.   

          Adicionalmente,  la  sentencia  de  primera  instancia  realizó  un  estudio  cuidadoso  de  los  indicios,  pues  señaló  como  un hecho cierto la  existencia  de  los  llamados  de  atención  al procesado, y dio por probada la  desaparición  de  tales  documentos  de  la  carpeta  respectiva,  a través de  consideraciones  en  las  cuales  no  se  expresó la regla de experiencia en la  forma  como  pretende  el  libelista,  pero  que  surge implícita en el proceso  deductivo.   El  fallo  de  segunda  instancia, por su parte, remitió a la  construcción de los indicios realizada por el juzgador a quo.   

          Reseña  que  los ataques al indicio en casación pueden presentarse  en  relación  con el hecho indicador, con el proceso de inferencia lógica, que  incluye  la  regla  de  experiencia utilizada por el funcionario, o respecto del  hecho   indicado,  variando  en  cada  caso  los  errores  susceptibles  de  ser  denunciados.   

          A  partir  de los razonamientos esbozados, la Procuraduría concluye  que  en  la  formulación  del  cargo  se evidencia un error de técnica, porque  ninguna  norma  jurídica  señala requisitos específicos que permitan formular  un  reproche  por error de derecho debido a un falso juicio de legalidad y, así  las cosas, el reproche no está llamado a prosperar.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.   La  Sala  advierte  de  antemano, que no se ha generado la  extinción de la acción penal por prescripción.   

          A tal conclusión se arriba al considerar  que  el  delito de destrucción, supresión y ocultamiento de documento público  por  razón  del  cual  se procede en estas diligencias, cuando es realizado por  servidor  público  en  ejercicio  de  sus  funciones,  tiene  señalada  en  el  artículo  223  del  Código  Penal  una  sanción máxima de diez (10) años de  prisión.   En consecuencia, al tenor del artículo 84 ibídem, el término  para  que  opere  el referido fenómeno, que fue interrumpido con ocasión de la  resolución  de acusación ejecutoriada, empezó a correr nuevamente a partir de  entonces por la mitad de ese tiempo.   

          Sin  embargo,  como en el caso examinado se juzga un delito cometido  por  servidor  público  en  el  ejercicio  de  sus  funciones,  el lapso atrás  colegido   debe  incrementarse  en  una  tercera  parte  dando  cumplimiento  al  artículo  82  ejusdem, para un total de seis (6) años y ocho (8) meses, que no  han  transcurrido  desde  el  18  de  enero  de  1995, fecha en la que adquirió  firmeza la providencia enjuiciatoria.   

2.   El  demandante plantea el ataque al  fallo  de segunda instancia, centrando el único reproche formulado al amparo de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, en la prueba indiciaria tenida  en  cuenta  por  los  juzgadores  para  concluir  la  responsabilidad  penal del  procesado  ACEVEDO  RAMÍREZ,  reparo  que  la  Sala  advierte  presentado y desarrollado con evidente falla de  técnica, como destaca el Procurador 3º Delegado.   

          2.1   En  efecto,  cuando  de  la  prueba  indirecta  se trata,  atendida  su estructura lógica, el censor puede impugnar la fuente del indicio,  la  inferencia  lógica,  o  la  valoración individual o conjunta de su mérito  persuasivo.   

          En  el  primer caso, esto es, en lo que respecta al hecho indicador,  la  censura  debe  encaminarse  contra  los elementos de juicio a través de los  cuales  se  demuestra  en  el  proceso.   Con tal fin, el casacionista debe  acudir  a  los  yerros  de  hecho  o  de  derecho  para endilgarle alguna de sus  expresiones al fallador en el análisis de esos medios probatorios.   

          Errores   de   hecho,   según   precisó   la   Sala   en  reciente  pronunciamiento,   “porque   la   prueba   de   la  circunstancia  conocida  pudo  haberse supuesto; o porque pudo haberse dejado de  apreciar  otro  medio  demostrativo que la neutralizaba o disolvía; o porque se  tergiversó  su  contenido  material  haciéndola  decir  algo  que no decía; o  porque  el  proceso  de valoración que condujo a la afirmación de la premisa a  partir  de la cual se hará luego la inferencia, se apartó de los principios de  la sana crítica.   

          “De  derecho,  porque  el juzgador pudo haber admitido y valorado  como  prueba  fundante  del  hecho  indicador  alguna irregularmente aportada al  proceso  y  por  lo  tanto  inválida.   Como  en  ningún  caso  la prueba  indiciaria  está dentro del proceso penal sometida a tarifa legal, es obvio que  frente  a  ella  la modalidad del error de derecho conocida como falso juicio de  convicción   no   es  susceptible  de  ser  propuesta  a  través  del  recurso  extraordinario  de  casación”  (auto de diciembre 18 de 2000, M.P. Dr. Carlos  Eduardo Mejía Escobar, rad. 15.151).   

          Ahora  bien,  cuando  el  cargo se perfila respecto de la inferencia  lógica,  que involucra la regla de experiencia a partir de la cual se arriba al  hecho  indicado, únicamente puede demostrarse que la verificada por el juzgador  no   propicia   dicho   calificativo,   es   decir,   que   fluye  irracional  o  caprichosa.   En  este  orden  de  ideas,  también señaló la Corte en la  decisión  citada,  “la  única  vía  posible para  hacerlo  es  el error de hecho por transgresión ostensible de los principios de  la  sana  crítica.  La hipótesis supone, por lo tanto, la aceptación del  hecho  indicador  y  la  demostración  de que el juzgador realizó un juicio de  valor  en  contravía de las leyes de la ciencia, los principios de la lógica o  de las reglas de la experiencia”.   

          En  el caso examinado, el libelista orientó el ataque, en últimas,  contra  el  proceso  lógico deductivo efectuado por los juzgadores al construir  los  indicios  de  oportunidad  y  de beneficio contra el procesado ACEVEDO  RAMÍREZ, pero perdiendo de vista,  ante  el  sentido  así  impreso  a  la  censura,  que sólo le resultaba viable  plantear  y  acreditar  el  error  de hecho por falso raciocinio, derivado de la  inobservancia  de  los postulados de la sana crítica, adujo un error de derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  que,  obviamente,  en  manera  alguna  logró  estructurar.   

          En  primer  término,  como  advierte la  Delegada,  pues  el  artículo  300 del Código de Procedimiento Penal, invocado  por  el  actor  en este punto para echar de menos el señalamiento expreso de la  regla  de  experiencia  atendida  en la construcción del indicio, prescribe los  elementos  estructurales  de  tal  medio de prueba, no las formalidades exigidas  por  la  Ley  para  su  existencia  jurídica;  en  segundo  lugar,  porque  esa  inferencia  lógica, por su propia naturaleza de proceso intelectual valorativo,  no  está  sujeta a requisitos legales cuya inobservancia propicie un desacierto  del talante aquí invocado.   

          Adicionalmente,  el  censor  restando  claridad  y  precisión  a la  censura,  citó  también como normas medio infringidas los artículos 301 a 303  del  estatuto procesal penal, alusivas al hecho indicador y a la apreciación de  la  prueba  indiciaria,  respectivamente,  pero sin plantear ni acreditar algún  desacierto  de  los  juzgadores,  bien  en  ese primer momento de formación del  indicio,  esto  es,  en la apreciación de los hechos indicadores, o en el valor  persuasivo    otorgado    a    los   indicios   erigidos   en   detrimento   del  procesado.   

          2.2   A  las anteriores deficiencias se aúna la impropiedad de  entremezclar  en  esa  alegación  del  error  de  derecho  por  falso juicio de  legalidad,  argumentaciones  propias  de  otro  motivo  de impugnación, pues el  demandante  acusa  en  los  fallos de instancia una deficiente motivación en la  construcción  de  los  indicios  deducidos  contra el acusado, para insinuar de  este  modo,  con  quebranto  del  principio  de la autonomía de las causales de  casación,        una        nulidad       de       carácter       “supralegal”  por menoscabo del debido  proceso y del derecho de defensa.   

          2.3     Finalmente,    el   censor   tampoco   estableció   la  trascendencia  de  los dislates denunciados frente a la declaración de justicia  contenida  en  la  decisión  impugnada,  pues  se  limitó  a argüir de manera  abstracta  y  genérica  que  los  indicios  sobre  la  cuales  recayeron  tales  desatinos  determinaron  el fallo de condena, pero sin intentar demostrar, en el  contexto   del   acervo   probatorio,   que  los  mismos  tuvieron  entidad  suficiente  para  modificar  el pronunciamiento judicial recurrido en detrimento  de los intereses de su representado.   

          Así  las  cosas,  por antitécnico y deficiente, el cargo formulado  no   prospera.    En   consecuencia,   la   sentencia   impugnada   no   se  casará.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

           NO  CASAR  el  fallo impugnado.   

          Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR   

FERNANDO    E.   ARBOLEDA   RIPOLL                         JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

Salvamento de voto  

ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                              NILSON  E.  PINILLA     PINILLA                                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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