11831ago

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 11831  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                      Magistrado  ponente:   

                      Dr. CARLOS  EDUARDO MEJIA ESCOBAR   

                    Aprobado Acta  No. 128 (28-07-00)   

Santafé de Bogotá D.C., agosto nueve (9) de  dos mil (2000).   

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  los  defensores  de  JAIRO  NUÑEZ TRUJILLO y NANCY  RANGEL  SANABRIA  DE  GUIZA  contra  la  sentencia anticipada de noviembre 20 de  1995,   mediante   la  cual  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga  condenó  a  dichos  acusados  a las penas de prisión de 5 años 6  meses  20  días y 5 años 4 meses, respectivamente, por los delitos de falsedad  y peculado.   

ANTECEDENTES  

1.-  Los hechos aparecen así narrados en el  fallo impugnado (fls. 5  a 7 cdno Tribunal):   

          “Ignacio   Arturo   Vega  Gutiérrez,  director  de  Tránsito  de  Bucaramanga  para 1.994, tuvo conocimiento sobre posibles irregularidades que se  estaban  cometiendo en el Departamento de Matrículas de la Institución, razón  por  la  que  solicitó en el mes de marzo del año en cita a Mario Iván Ortega  Carreño,  Jefe  de  la  Unidad de Control Interno, que dispusiera lo pertinente  para  adelantar  la  investigación  de rigor y en efecto éste comisionó a sus  subalternos  Luis  Alberto  Mejía  y  Luz Mila Orozco, aprovechando que dada su  experiencia  tenían  conocimiento  de  las  actividades  o modus operandi de la  dependencia  y fue así como transcurridos tres días detectaron al hacer cruces  contables  de  información  que  las copias de los recibos de caja Nos. 671269,  675270  y  675201,  del 14 y 25 de enero del año en mención que se hallaban en  el  archivo  del  Departamento  de  Matrículas  no  coincidía  con los dineros  pagados,  si  se  tenía  en  cuanta  la  copia  del  arqueo  de  la Sección de  Tesorería  y en razón de la gravedad de lo descubierto se informó al Dr. Vega  Gutiérrez,    el    cual    procedió    a    formular    el    correspondiente  denuncio.   

“En  el transcurso de la investigación se  estableció  que  en  la  caja  No.  7  del  Departamento  de  Matrículas de la  Dirección  de  Tránsito, el cajero de turno, encargado de recaudar diariamente  los  dineros  provenientes  de pagos relacionados con retención en la fuente de  traspasos  (sic)  del  dueño  del  automotor, licencias provisionales, multas y  traslados  de  cuentas  de vehículos, procedía a hacer entrega al usuario  del  recibo  original  blanco  con  la anotación de lo que realmente pagaba y a  veces  a  la  copia rosada no le colocaban papel carbón y en razón del acuerdo  delictual  existente entre éste, el liquidador y el Revisor de la Contraloría,  posteriormente  se  confeccionaba  con cantidades inferiores a la cancelada y le  colocaban   “números   de   series  y  placas  diferentes  y  con  un  nombre  generalmente  ilegible  o  sin  modificación”  y  con sustento en este recibo  rosado  realizaban el arqueo diario de caja, pues el celeste “iba a la hoja de  vida  del  vehículo”, la que registraba el valor real por cuanto en los pasos  siguientes  del trámite era revisado por otros funcionarios del Departamento de  Matriculas  “  y  fue  así  como  este  procedimiento  se  llevó  a cabo una  sustracción  continuada de dineros sin que fuera detectada, pero a raíz de las  diligencias  adelantadas  por  el  Cuerpo  Técnico de Investigación – Grupo de  delitos  financieros  –  de  la  Fiscalía  de  esta  ciudad, funcionarios de la  Contraloría  Municipal  y  un  Abogado  Asesor  de  la Procuraduría los cuales  practicaron  “un  muestreo selectivo “ con una cobertura aproximadamente del  50  %  tomando como referencia los vehículos radicados durante los años 1.991,  1.992,  1.993 y 1.994” y cotejaron los recibos de caja celestes que reposan en  las  carpetas  de  los  automotores  con  los  de  color rosado archivados en el  Departamento  de  Tesorería, descubriendo que desde noviembre 21 de 1.991 hasta  enero   28 de 1.994 se presentaba un faltante o sustracción por la suma de  $  31.489.271.oo  y  como  en  los  archivos  “de personal de la Dirección de  Tránsito  no  se  encuentra  documentación  alguna,  y  menos confiable” que  certifique  con  exactitud “el tiempo de servicios como cajeros o liquidadores  o  revisores”, entonces de acuerdo con la comisión se resolvió tomar “como  período  laboral  en  la caja No. 7 el certificado que entregó cada uno de los  empleados  y  entonces  se  afirma  que ALIRIO MALAGON  CARREÑO,   NANCY   RANGEL   SANABRIA  y  JAIRO  NIÑEZ  TRUJILLO,  participaron   en  su  orden,  el  primero  en  la  sustracción  de  $1.260.345.oo,   la   otra   $   30.339.086.oo  y  el  último  $  30.244.856.oo  respectivamente  y  como  revisor  de  la  Contraloría, Liquidadora y revisor e  igualmente  en  los  ilícitos  participaron  otros  empleados,  que  en épocas  diferentes  a las relacionadas reemplazaron a los citados en los cargos, pero en  todo  caso se desprende de posterior informe del C.T.I. que las “fechas en las  cuales  los  funcionarios  estuvieron como cajeros y liquidadores no fue posible  establecerla  de  manera  certera  en  el  análisis  de  las  hojas  de vida, o  resoluciones administrativas para tal fin.”   

2.  La  Fiscalía  7ª de Bucaramanga abrió  investigación  (fl.  11  cdno.  Nro.2) e indagó a los varios sindicados: Nancy  Rangel  confesó  los  hechos  e  inculpó  a los demás ; Nuñez Trujillo en un  comienzo  negó  de  manera  velada  y  atenuada  (fls.  4,124  y 300 cdno. Nro.  4).   

Recuérdese   que   Nuñez   Trujillo   se  desempeñaba  como  Revisor  de  la  Contraloría  ante  la  Dirección Local de  Tránsito,  y  Nancy  Rangel  como  liquidadora de la Sección de Matrículas de  dicha Dirección.   

          Decidida  su  detención  preventiva  (fl.  239  cdno.  Nro.3),  los  mencionados  sindicados  siguieron  el  ejemplo  de  los restantes y solicitaron  sentencia anticipada (fls. 287 y 292 cdno. Nro.4).   

          Se  llevó  a  cabo  la diligencia respectiva el 28 de julio de 1995  (art.  37  C.P.P.,  fls.1  a  10  cdno.  Nro5),  en  la cual se formularon a los  sindicados  cargos  por  los delitos de falsedad material de empleado oficial en  documento  público  y  peculado,  en  grado  de  coautoría  (art.  218  y  133  C.P.).   

          Dichos  cargos  se hicieron consistir en que los acusados cometieron  tales  conductas  en  medio  de  una  actividad  “compleja  que requiere de la  participación  de  varias  personas”  y  concretamente  que  la  liquidadora,  procesada  NANCY  RANGEL  SANABRIA  “  se apropió en confabulación con otros  servidores  públicos  de sumas inferiores a quinientos mil pesos con respecto a  recaudos  diarios  de dineros en el Departamento de Matrículas de la Dirección  de  Tránsito”  (fl.2  cdno.Nro.5),  subrayándose que los referidos ilícitos  “siempre  se  cometieron  entre  tres  personas  como mínimo” (fl.6) y que,  así,   entre   los   procesados   “se   dividieron”   los  30  millones  de  pesos.   

          También  se  anotó  que como los comportamientos punibles de dicha  acusada  y  de  JAIRO  NUÑEZ  TRUJILLO  -Revisor  de  la  Contraloría-, fueron  “mucho  más  reiterativos”,  obviamente  tal  cosa  incide  enlas  penas  a  imponerse.   

3.  En  armonía  con  dicha  acusación  el  juzgado  10  Penal  del  Circuito  de Bucaramanga dictó sentencia anticipada de  septiembre  7  de  1.995  (fl.  14  ),  por,  medio  de  la  cual condenó a los  procesados  Jairo  Nuñez  Trujillo y Nancy Rangel Sanabria de Guiza a las penas  de 5 años 6 meses 20 días y 5 años 4 meses, respectivamente.   

          Igualmente  los condenó a pagar, “de manera solidaria”, la suma  de   $30’244.856,  como  perjuicios causados con la delincuencia.   

          Los  fallos  de  instancia  compartieron  ensu esencia los cargos ya  nombrados   anotan   que  “se  podría  afirmar  que  los  $31.499.272  fueron  sustraídos  por  los  tres  procesados,  sin  que  se  pudiera  esclarecer qué  cuantía  le  correspondió a cada uno”, y reitera el fallador de primer grado  que  fueron  “múltiples  operaciones  de  sumas  inferiores  a quinientos mil  pesos” id.).   

          Por  su parte el Tribunal sentenciador observó que el “número de  concursos    que   se   dieron”   (‘más  de quinientos delitos’,  dice  la  mismo  fl.19 cdno. Trib.), desde luego que incide en la  pena imponible a los referidos acusados.   

          Apelado  por  los  defensores  dicho fallo, el Tribunal lo confirmó  integralmente  mediante el suyo que es materia de la impugnación extraordinaria  (fl. 4 cdno. Tribunal).   

          En  lo  sustancial  ,  las  sentencias  consideraron  los siguientes  aspectos:   

DEMANDA   A   NOMBRE   DE   JAIRO   NUÑEZ  TRUJILLO   

Primer  cargo.  “Causal  tercera  alegada.  Irregularidades   sustanciales  que  afectan  el  debido  proceso” (fl. 39 cdno. Tribunal).   

          Dice  el casacionista que en el “acta de acuerdo” realizada para  efectos  de  sentencia anticipada (art. 37 C.P.P.), al procesado Nuñez Trujillo  no     se    le    acusó    de    haberse    apropiado    de    $30’244.856., cuantía total del peculado,  “luego  existe  una  extralimitación  del  señor  Juez Penal del Circuito al  imponer  las  condenas  que  a  mi  defendido no le mencionaron en los cargos ni  aceptó” (fl.41) y añade:   

“Según  Resolución No. ilegible de 1.993  del  Contralor  Municipal  de  Bucaramanga  el  nombramiento como Revisor II fue  apartir  de  enero  18  de  1.993,  y no duró en el puesto sino ocho meses – La  ilicitud  se  estaba  cometiendo desde hacía cinco años y se cuantificó desde  1.991    por    un   total   de   $31’489.271”.   

          Cita   Jurisprudencia  sobre  cómo  la  sentencia  debe  acomodarse  enteramente  al referido pliego de cargos o diligencia de aceptación de éstos,  reitera que aquí se violó el debido proceso y anota (fl. 43):   

“Independiente de lo anterior y en aras de  gracia  que  no  se  haya  mencionado  lo relacionado a perjuicios en el acta de  cargos,   el   juzgador   podría   (aunque  extremadamente)  considerar  en  la  calificación  esta circunstancia y proceder a imponerla siempre y cuando exista  dentro  del expediente prueba suficiente, valedera y certera del valor apropiado  legalmente  por  Nuñez  Trujillo, independiente a su aceptación en diligencias  de  indagatoria  en  la  que  se  afirman no ser de valor mayor a QUINIENTOS MIL  PESOS  ($500.000,oo);  pero  como  quiera  que  dentro  de las diligencias no se  encuentra  probado  el  valor  total  de  lo apropiado por mi defendido, debemos  tenerle  en  cuenta el valor declarado que es de $500.000,oo máximo (folios 4 y  5  cuaderno  No.  4  )  y  no extralimitarse como lo hizo el señor Juez Décimo  Penal  del  Circuito  quien  además  se  extralimitó  por  exceso de la pena o  condena  para mi representado, y que sin sustento jurídico confiable afirmó el  Honorable  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bucaramanga, en sentencia  de  segunda  instancia  la  cual  igualmente  es  también atacada mediante este  recurso extraordinario”.   

          Concluye  entonces  que se violó “el artículo 3º . de la Ley 81  de  1.993 consagrada (sic) como terminación anticipada del proceso” (fl44), y  solicita se case el fallo” declarando la nulidad.”( id.).   

          Segundo Cargo.   

          “Causal   Primera.  Violación  de  la  ley  sustancial  por  vía  directa”.   

          “Exclusión de la norma”.   

          Dice  en  este  reproche,  propuesto  subsidiriamente, que se violó  directamente  la  ley  y,  luego de recordar que su defendido fue condenado como  coautor  de los delitos de falsedad y peculado previstos en los artículos 218 y  133  del  Código  Penal, anota que no comparte esta tipificación, “porque la  conducta  del  sindicado que defiendo según las pruebas del proceso, en ningún  momento  fue  coautor,  fue meramente un cómplice en cierto grado, pero en aras  de  discusión  aceptamos  lo  establecido  en  el  acta  de cargos tantas veces  mencionada”. (fl.45).   

          Afirma   que  el  procesado  Trujillo  “consignó  voluntariamente  $247.000.oo  suma  que  considera  destinarla  para resarcir parte de los daños  ocasionados  con  los  delitos  imputados”  (fl.  46), pero que el fallador no  mencionó  siquiera  el  artículo  139  del  Código Penal, el cual concede una  rebaja por tal aspecto.   

          “En  conclusión  se  trata  a  ojos  vistas  de una exclusión de  manera  evidente  de  una norma sustancial de disminución de la pena que debía  haberse aplicado a mi defendido en la sentencia”.(fl. 45).   

          “Por  esta  causal  –  concluye – solicito se case la sentencia de  condena  impuesta  a  mi  defendido,  para  que  en  su  lugar  se  dicte la que  corresponda  según  los  cargos  hechos  y se tenga en cuenta los beneficios de  rebaja o disminución de la pena” (fl. cit.).   

          Tercer cargo:   

Violación  de  la  Ley  sustancial por vía  directa. Interpretación errónea.   

          Asevera   que  se  violó  la  ley  por  vía  directa,  ya  que  el  sentenciador  “interpretó  erróneamente  al  momento de aplicar la penalidad  los  alcances  de  las  normas  para  cuantificar  las  penas” (fl. 48 supra.,  sic).   

          Al  referirse  a  la “gravedad y modalidades del hecho punible”,  dice  que  el hecho de no haber su defendido falsificado “materialmente” los  recibos  ni  haber sido la persona que “obtuvo de la caja los dineros en forma  ilícita  “  (fl.  48 cit.), son circunstancias que ameritan la imposición de  la  pena  mínima,  máxime  si  a  ello  se suma la buena conducta, ausencia de  antecedentes   del   procesado  y  que  únicamente  se  trata  de  dos  delitos  concurrentes: la falsedad y el peculado.   

          Estima  que  se  interpretaron  erróneamente los artículos 61 y 26  del  Código  Penal  y hace el siguiente cálculo de la pena que se debe imponer  al procesado:   

“Según los fundamentos anteriores, la pena  a  aplicar  al  procesado  Nuñez Trujillo en caso de condena, serían TREINTA Y  SEIS  (36)  MESES  en  caso de aplicar el máximo en el concurso del art. 26 del  C.P.,  para  un  total de SETENTA Y DOS MESES (72), que aplicando la atenuación  punitiva  que  consagra  el  inciso  tercero  de l art. 139 del C.P., la pena se  disminuirá  hasta  una  cuarta  parte,  esto  es, hasta CINCUENTA Y CUATRO (54)  MESES,  que  aplicándole  la disminución que consagra el art. 3º de la Ley 81  de  1.998,  (sic) que modificó el art. 37 del C. de P.P., de una tercera parte,  esto  es,  de  DIECIOCHO (18) MESES, LA PENA QUEDARÁ REDUCIDA  a TREINTA Y  SEIS  (36)  MESES,  que sería la aplicable como máxima, en sana lógica a  mi defendido”. (fl.49).   

“Interpretación   Errónea,   para   la  aplicación  del  art.  68  del  C.P. para efectos de otorgar el beneficio de la  condena de Ejecución Condicional” (fl. cit. Infra.).   

          Anota  que,  a causa de  la indebida interpretación predicada,  se dejó de conceder dicho subrogado.   

          Pide  entonces  que “se case la sentencia acusada y en su lugar se  profiera la que corresponda”.   

          Cuarto Cargo:   

          “Violación  de  la ley sustancial por vía indirecta.  Error  de      hecho.      Falso      juicio      de     existencia”     (fl.50).   

          Se  remite   el  casacionista a las consideraciones que hizo el  sentenciador  acerca  de  las  cuantías de lo apropiado (fl. 51), e infiere que  las  mismas  “son  falsos  juicios de existencia, pues no es cierto que exista  demostrada   esta   cantidad   como  sustraída  solidariamente  entre  los  dos  sindicados,  ni  que ellos la hayan aceptado en diligencia oficial alguna, en la  indagatoria   de  mi  defendido  aceptó  haber  recibido  máximo  la  suma  de  $500.000,oo  de  estos  dineros,  durante  los ocho (8) meses aproximados en que  laboró como revisor en la caja No. 7”. Y añade:   

“El  error comentado incide necesariamente  en  la  sentencia  aplicada  a  mi defendido quien obligan a pagar dicha suma de  dinero  como  DAÑO  EMERGENTE  y el 6 % anual como LUCRO CESANTE sobre el valor  millonario  –  SUPOSICION  DE  PRUEBA  NO OBRANTE EN EL PROCESO”. (fls. cit. y  52).   

Pide   pues   casar  el  fallo  acusado  y  “proferir el que corresponda”.   

          DEMANDA A NOMBRE DE NANCY RANGEL SANABRIA DE GUIZA.   

          “Causal”.   

          Bajo este epígrafe escribe el censor:   

“Para  pedir  la  reforma  del  fallo de segunda instancia en cuanto a la dosificación de la pena  para  mi  representada  judicial invoco la causal primera del Art. 220 del C. de  P.P.  en  razón  de  que  la  sentencia  recurrida es violatoria de la norma de  derecho  sustancial  que  reglamenta el concurso de hechos punibles (Art. 26 del  C.P.)  por  corresponderle  a  NANCY  RANGEL SANABRIA una pena menor a los cinco  años  y  cuatro  (4)  meses  impuesta  en la sentencia recurrida por no existir  circunstancias de agravación y sí de atenuación.   

En   consecuencia  existió  una  indebida  aplicación de tal norma”.(fls. 62 y 63).   

          Considera   que  lejos  de  existir  circunstancias  de  agravación  punitiva  “obran  por  el contrario circunstancias de atenuación como son las  de   estar   bajo   circunstancias  apremiantes  personales  y  familiares  como  consecuencia  de  su miserrimo salario de $150.000.oo mensuales, haber procurado  la  encartada resarcir el daño, aunque equivocadamente, al devolver $700.000.oo  a  un revisor; presentarse voluntariamente ante la autoridad, etcétera”. (fl.  64).   

          Se  refiere  a  las  rebajas  de pena por confesión y por sentencia  anticipada  y  concluye  que la pena para la procesada “sería de DIECIOCHO    MESES    y   por   existir  circunstancias  de  atenuación  punitiva le sería aumentada la pena, esta pena  de   18   meses   de   prisión   máximo   a  un   total  de  VEINTICUATRO  MESES”. (fls. 64 infra. y  65),    lo    que    le    daría   derecho   a   la   condena   de   ejecución  condicional.   

          Anota  que “ en consecuencia”, la sentencia viola los artículos  29,  1º  . y 6º. de  la Carta Política, Código de Procedimiento Penal y  Código  Penal,  respectivamente,  además  del  artículo  72 del Código Penal  “al  no  conceder el beneficio de libertad condicional que conlleva la condena  también condicional” (fl. 65).   

          Cita  el  proveído  de  esta  Sala  de agosto 24 de 1.994 (M.P. Dr.  Dídimo  Paez  Velandía  )  y solicita la casación de la sentencia “ y en su  lugar  se  profiera  la  que  corresponda  con la pena principal adecuada que no  sobrepase  los  tres  años  de  prisión  y  con  el derecho, para NANCY RANGEL  SANABRIA  DE  GUIZA  a la condena y libertad condicionales”. (fls. 68 infra. Y  69).   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

          Demanda a nombre de Jairo Nuñez Trujillo.   

          Primer Cargo.   

          El señor Agente del Ministerio Público sostiene que:   

“Para  la  Delegada resulta claro que este  tipo  de  censuras,  que tienen que ver con el reparo de los perjuicios causados  por  efecto de la comisión del hecho punible, cuando el procesado se ha acogido  a  la  terminación  anticipada  del  proceso  resulta  ser improcedente en sede  extraordinaria  en  tanto  en  cuanto la legitimidad del censor está legalmente  circunscrita    a    asuntos    que    tengan    que    ver   con   ‘dosificación de pena, el subrogado de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  la  extinción  del  dominio  sobre  bienes’ (art. 37B – 4 del  C.  de  P.P.),  y  si  ello  es  así,  evidentemente  se  advierte que no tiene  legitimidad el censor”. (fl. 12 concepto.).   

          Estima   que   “el   procesado  si  aceptó  expresamente  haberse  apropiado  en  coautoría  con  los  demás acusados del dinero que la sentencia  obliga  a  reponer  en forma solidaria, como así lo advirtió en su oportunidad  el  Sentenciador  de  segundo  grado,  con  base  en  el acta de formulación de  cargos” (id.) y añade a folio 13:   

          “Ello  es  así,  en  la  medida  que  en apartes reiterativos del  análisis  probatorio,  sustento  de  la  formulación  y aceptación de cargos,  puede  mirarse  que  se hace alusión a esa cifra: Ya Nancy Malagón aceptaba en  cuantías  aproximadas  que  se  adulteraron entre 100 a 150 recibos por valores  redondeados  de  entre  20  y  25 millones y que eso lo dividían entre los tres  ‘por      partes  iguales’,  entre  quienes  estaba,  por  supuesto,  el  revisor  fiscal  de  la  Contraloría  Jairo  Nuñez (pag. 3 de la formulación de  cargos)”.   

          Opina entonces que el cargo no prospera.   

          Segundo Cargo.   

          Anota  que  si  bien  el  procesado  consignó  $  237.000.oo,  este  reintegro  aparece  “pírrico”  (fl.  14)  frente  al monto de lo apropiado:  $30’244.865.oo,   “De  suerte  que  conviene  hacer  claridad  en el sentido de que es distinto el caso  cuando  se  presenta un error in iudicando por exclusión evidente de una norma,  vicio  que  se  presenta  cuando  el aplicador de justicia excluye o inaplica la  norma  que  evidentemente ha debido aplicar por ser la que regula el caso en que  el  juzgador   aplica  la  norma  pero en sentido denegativo, que es lo que  ocurre en el proceso que se analiza”. (fls. 14 infra. Y15).   

          Dice que este cargo tampoco prospera.   

          Cargo tercero.   

          Sostiene  que  con  respecto  a  los  artículo  26 y 61 del Código  Penal,  el  censor  “  de  ningún modo explicita en qué consiste la falencia  hermeneútica  en  que  hubiese podido incurrir el juzgador, evento en el que se  afirma  sin  lugar  a  dudas  que  el  cargo  resulta  indemostrado”  (fl.15).   

          Estima  que,  “en  definitiva,  discutir  en sede de casación los  criterios  que  se  citan en el artículo 61 para graduar las penas resultan ser  aspiraciones  ilegítimas  cuando  el  proceso  ha  concluido  por  efecto de la  terminación  anticipada  del  proceso,  como  así  ha  tenido  oportunidad  de  afirmarlo   la   Delegada”   (id),  cuyo  concepto  transcribe  (fls.  cit.  a  18).   

          Observa  que  cuando  el  censor dice que el procesado no falsificó  materialmente  los  recibos, “ tergiversa los fines del recurso extraordinario  de  casación  en  la medida que en esta oportunidad se discute ante la H. Corte  la  legitimidad  o  no  de  las decisiones de los juzgadores, mas no es una sede  extraordinaria        de        ‘retractación’  como  así  parece  evidenciarse  de  la  negación  que  sobre  autoría de los  ilícitos  plantea  en  este  reparo”  (fl.  18),  y por lo que concierne a la  “nueva  dosimetría  penal”  que  propone,  dice  que  se  trata de una mera  apreciación  del  demandante  para  lograr,  en  últimas,  la concesión de la  condena  de  ejecución  condicional, criterio que, en todo caso, “abandona la  limitación  que  tiene  el  sentenciado  para recurrir, en la medida que lo que  discute   es   primeramente   la  aplicación  de  normas  jurídicas  y  no  la  dosificación propiamente dicha”. (fl. 19).   

          En  seguida  hace  ver que “la tasación realizada por el juzgador  resulta adecuada” y que, en definitiva, el cargo no prospera.   

          Cuarto Cargo.   

          “Es  bien  sabido  –  conceptúa  la  Delegada  -,  que en sede de  casación,  y  en  tratándose  de  la  terminación  anticipada del proceso, no  asiste  legitimidad  al  opugnador  para  discutir probanzas en la medida que se  sabe  de antemano que renuncia a la controversia de la acusación y de la prueba  exhibida en su contra” (fl. 20 ).   

          Advierte  que  la  argumentación  del  falso  juicio  de existencia  materia  de  este cargo “es la misma que el amparo de la nulidad propuso en el  primer  reparo,  porque  estima  en  definitiva,  y  de  modo  errático, que la  cuantía  de  lo  apropiado  solidariamente  no  está  demostrada,  cuando ello  evidentemente no es así” (fl. 21).   

DEMANDA   A   NOMBRE   DE   NANCY   RANGEL  SANABRIA.   

Aquí considera la Delegada luego de retomar  los argumentos soporte del reproche:   

“Varias    estimativas,   insularmente  presentadas  y  ensartadas  en  el  mismo  cargo hacen predicar que el reparo se  asemeja  a una alegación abierta, de instancia, cuyo propósito es que la Corte  acoja  como  válidos  los argumentos que en un momento dado, y por ‘favorabilidad    (art.    6º    del  C.P.)’  profiera un fallo  de  reemplazo,  cuando  lo  evidente  es  que la limitación (art. 228 del C. de  P.P.)  impide  a  la  Corte modificar los fallos de los jueces, antecedidos como  están,   de   la   doble   presunción  de  la  legalidad  y  acierto”.  (fl.  22).   

          Replica  que  no  es  cierto  que  el  sentenciador haya partido del  peculado  como  delito  más  grave,  pues  expresamente dijo que éste es el de  falsedad  documental, y con respecto a toda la demanda le enrostra “Deficiente  modo  de  presentar  un reparo en sede de casación si se tiene en cuenta que la  critica  en ese tono formulada no demuestra vicio in iudicando ninguno que tenga  que  ver  con  la  exclusión,  indebida  selección  o fallas hermenéuticas de  preceptos penales”. (fl. 23).   

          Pide entonces no casar el fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Sea  lo primero decir que, no obstante en este proceso se sentenció  anticipadamente   (art.   37  C.P.P.),  en  principio  tendrían  interés  para  recurrir   en  casación  el  fallo  de  segunda  instancia,  puesto que la  condena  en perjuicios, si bien no hace parte propiamente de la dosificación de  la  pena,  no es materia objeto de acuerdo entre el procesado y la Fiscalía, ni  hace  parte de los cargos a que se allana aquél, de modo que su cuestionamiento  no  implicaría,  en  modo  alguno,  retractación.  Sin  embargo,  es necesario  advertir  que el interés para obrar (en este caso para recurrir) frente al tema  general  de  los perjuicios causados con la infracción, puede resultar afectado  en  los  eventos  en  que so pretexto de controvertirlos se disfraza    una  genuina  y  verdadera  retractación,  como  ocurre  cuando  detrás  de su  contradicción  lo  que  se  pretende  es  desvirtuar la adecuación típica del  hecho  o  una  circunstancia  agravante  o  se  aspira  a  que  se reconozca una  atenuante que no fue objeto de consideración.    

          DEMANDA A NOMBRE DE JAIRO NUÑEZ TRUJILLO   

          Primer Cargo.   

          Como  el  censor  dice  que  el fallador  “Se extralimitó al  imponer  las  condenas  que  a  mi  defendido no le mencionaron en los cargos ni  aceptó”  (fl.  41  cdno.  Corte),  refiriéndose  a  la  obligación de pagar  $30’244.856  por concepto  de  perjuicios,  la causal a aducir no sería la de nulidad, sino la segunda del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  es  decir,  la falta de  consonancia  de  la  sentencia  con  los  cargos formulados en la resolución de  acusación.   Como se sabe,  los cargos que formule la Fiscalía   equivalen  a  la  resolución  acusatoria y en virtud de ello son éstos los que  delimitan  el  ámbito  de  la  sentencia tanto desde el punto de vista de vista  fáctico como jurídico.   

          El  casacionista  afirma  que el procesado aceptó haberse apropiado  de  una  suma  de  dinero   menor  que  aquella  deducida en la sentencia :  “Debemos  tenerle  en cuenta el valor declarado, que es de $500.000.oo máximo  (fls.  4  a  5  cdno.  Nro.  4 ) y no extralimitarse como lo hizo el señor Juez  Décimo Penal del Circuito” (fl. 43 cdno. Tribunal).   

          En  esa  línea  argumentativa  se habría debido aducir la referida  causal  2ª de casación, y pretender que la Corte casara el fallo para proferir  el   de  reemplazo (art. 229 – 1 C.P.P.), que no acudir a la causal tercera  de  Casación  para  construir  un  supuesto  error  de  actividad  por una  pretendida  violación del artículo 3º de la ley 81 de 1993 que implicaría la  anulación de lo actuado por los falladores de instancia.   

          Sin  embargo,  el yerro no es unicamente ese, sino que, además, sin  solución  de  continuidad,  se  sostiene  por el censor que no hay prueba de la  cantidad  de  dinero objeto de apropiación y que el Tribunal “se extralimitó  por  exceso  de  pena  o  condena  para  mi  representado” (fl. 43 cit.)   interpretando   equivocadamente   el  artículo  3º  de  la  Ley  81  de  1993,  modificatorio del artículo 37 del Código de Procedimiento Penal.   

          Ese  planteamiento  encierra  una  contradicción  interna,  pues la  referida  “inconsistencia”  supondría que se reconoce la cuantía total del  peculado,  como  efecto  de la aceptación de los cargos, pero que se  pone  en  cuestión  la  misma,  para  efectos  de  la  condena  en  perjuicios,   apartándose  con  ello  de  la  evaluación  probatoria que al respecto hizo el  sentenciador.   

          Esa  mezcla  indiscriminada  y  sin sustento de distintos motivos de  casación,   así  como  de  los  fundamentos de los mismos, edificada toda  dentro  de la causal 3ª de nulidad planteada, de verdad que resulta inadmisible  y,  de  por  sí,  relevaría a la Sala de examinar de fondo la censura, máxime  cuando  detrás  del  argumento  lo que se esconde es la intención de dejar sin  piso  la  suma  de la condena sin advertir que detrás de la suma global o monto  de  la  indemnización  había un fenómeno concursal imputado  tanto en la  acusación como en el fallo.   

          Pero  como  de  todos  modos se alega violación al debido proceso ,  reitéra  la  Sala   la inexactitud del aserto sobre la cual descansa dicha  violación,  ya que basta mirar el acta respectiva de la fiscalía (fl. 23 cdno.  Nro.  5)  para  repetir  con  ella  que “a la RANGEL SANABRIA y a JAIRO NUÑEZ  TRUJILLO  les  formula  cargos  por  apropiación  en  cuantía   superior  a  los  treinta  millones”  (se  subraya).   

          De   ahí   que   al   ser   condenado   Nuñez   Trujillo  a  pagar  $30’244.856.oo,  solidariamente  con  la  coprocesada  Nancy  Rangel  Sanabria,  no  se presentó  desajuste  ninguno  del  fallo con la referida diligencia admisoria de cargos y,  de  esta  manera,  pierde  apoyo  fáctico  esta  censura.  En  consecuencia, no  prospera.   

                         Segundo  Cargo.   

          Este   cargo   de   violación   “directa”  lo  divide  así  el  censor:   

– En primer término dice que disiente de la  calidad  de  coautor  que  le  fue  dada  al  procesado  Nuñez  Trujillo  en la  sentencia, ya que “fue meramente cómplice”:   

Aparte de que, por tratarse de una sentencia  anticipada,  éste  es  un  aspecto   que  resultó  aceptado y, por tanto,  se    hace    refractario    a   toda   controversia  posterior,   por  carencia  de  interés, no debe  olvidarse  que  cuando  se   alega  violación directa de la ley se dan por  aceptados  los  hechos  tal  como  los asumió el sentenciador, reservándose la  discusión  sobre  los mismos para la violación indirecta (art. 220 – 1 C.P.P.,  cuerpos 1º Y 2º. ).   

Es  que  en  la diligencia de aceptación de  cargos  quedó  expresamente  consignado  que  los  acusados  “renuncian  a la  controversia  probatoria”  (fl.1  cdno.  Nro.5),  y  en  estas condiciones, lo  argüido  por  el  recurrente  implicaría  una  inaceptable retractación, pues  reitérase  que el fallo impugnado se profirió precisamente con base en el acta  de formulación y aceptación de los cargos.   

          –  En segundo lugar, aduce el censor que el fallador “excluyó “  el  artículo  139 del Código Penal, el cual consagra una rebaja de pena,   dado  que el procesado “consignó voluntariamente la suma de $237.000.oo, suma  que  considera  destinada  para resarcir parte de los daños ocasionados con los  delitos imputados” (fl.43 cdno. Tribunal ).   

          A  simple vista emerge la antitécnica alegación de plantear dentro  de  un  mismo  cargo  dos situaciones que conducirían a resultados diversos que  impiden  su  enfoque  unitario, porque de prosperar la crítica del censor sobre  el  tipo  o  clase  de  participación  delictual,  se  produciría  un fallo de  reemplazo  y  se  condenaría  al  acusado  como cómplice, al paso que de salir  exitoso  el  segundo reparo concerniente a la devolución de una suma de dinero,  el  fallo  de  casación  impondría  la  disminución punitiva por otro motivo,  y   podría   subsistir  tanto de manera independiente, como a modo de  complemento del vicio denunciado en primer lugar.   

          Pero  lo  grave  no  es  eso. Lo que verdaderamente enerva cualquier  posibilidad  de  prosperidad  de la censura radica en que el censor no demuestra  que  se haya  soslayado la devolución que hizo el acusado de la mencionada  e  írrita suma de dinero. En cambio sucede que el sentenciador no desoyó dicha  consignación, pues precisa en la sentencia combatida (fl. 15):   

“No  es  cierto  como  se  sostiene  en el  memorial  que el juzgado haya desconocido la consignación o devolución parcial  que  el  sindicado  hizo en el curso del proceso, pues  – contrario sensu –  el   fallador  de  primera  instancia  fue  explícito  al  disponer  que  “se  descontara  el  dinero  reintegrado  por  NUÑEZ TRUJILLO en el transcurso de la  investigación,  el  cual  será  entregado  a  la  Dirección de Circulación y  Tránsito  de  esta ciudad… por cuanto son de propiedad de esa oficial” (fl.  29, cdno. 5 )”.   

          Se  trata  de  un  reintegro  tan menor y tan incidental frente a la  suma   constitutiva   del  peculado  que  se  imputó,   que  bien  podría  sostenerse   que   por  lo  insustancial  no  constituye  materialmente  ningún  reintegro.  Que  es  pura  forma y apariencia. Que no corresponde al significado  del  concepto,  ni  al  fundamento  de  la rebaja punitiva por lo menor y por lo  intrascendente   (art.  139  C.P.,  inc.  3º.). Además, la Sala encuentra  incompleta  la  censura  porque  en  ella no se demuestra la trascendencia de la  inaplicación  de  la  norma, lo que resulta  de la mayor importancia si se  atiende  a  que “ mal contados, se puede pregonar la comisión de por lo menos  284  concursos “ de delitos de falsedad y peculado (fl 10 del fallo) pues “a  no  dudarlo  se integró una verdadera sociedad con el ánimo de cometer delitos  (hasta  hoy  de  casi  imposible  cuantificación), con permanencia en el tiempo  (por lo menos tres años)..” (ib)   

          Las   circunstancias   expresadas   colocarían   el  reintegro  parcial  (aún  haciendo  caso  omiso  de su mínimo valor frente al total de lo  apropiado)  en  una  dimensión de nimia significancia  respecto de la pena  tasada,  y  sería al casacionista a quien correspondería la carga de demostrar  cómo  afectó  las  proporciones punitivas la falta de aplicación de la rebaja  en  relación con uno de los cientos de delitos por los que se condenó, máxime  tratándose  de  una de las infracciones menos graves, es decir, de aquellas que  no  se miran para la determinación de la base sobre la construye la pena final.  Esa  falencia,  mirada  por  donde  se  mirase, hace fracasar la pretensión del  libelista.   

          Tampoco prospera este cargo.   

          Tercer Cargo.   

          Como  se  dijo  al  iniciar  esta  parte considerativa, el procesado  condenado  anticipadamente  (art.  37  C.P.P.)  tiene  interés para recurrir el  fallo  por  lo  que  atañe  a la pena impuesta, pero para ello es indispensable  que,  previamente  acepte  “la gravedad y modalidad del hecho punible” y las  demás  circunstancias  que la ley pone de guía para la dosificación punitiva,  rebatiendo  así  únicamente  la  incidencia  que el juzgador le otorga a tales  cuestiones fácticas de cara a la referida tasación.   

          En  el  presente  caso  el  casacionista vuelve a caer en el mismo y  reiterado  error  anotado  con  antelación,  toda  vez  que controvierte hechos  configurantes  de  la  materialidad misma del delito, como el de la firma de los  recibos.   Y   a   renglón  seguido  aclara  que  el  procesado  no  falsificó  “materialmente”  dichos  documentos,  aparte de aludir a situaciones de otra  índole  como la ausencia de antecedentes y la buena conducta, o a que  son  sólo  dos  (falsedad  y  peculado)  los delitos materia del fallo en clarísima  desfiguración del fenómeno concursal y de su magnitud.   

          Así  tilda  de  erróneamente  interpretados los artículos 26 y 61  del Código Penal.   

          La   realidad,  sin  embargo,  no  apoya  los  asertos  del  censor.  Primeramente,  y  sin  perjuicio  de lo dicho, el Tribunal aunque consideró que  Nuñez   Trujillo   “no  mutó  las  grafías  “  (fl.  18  cdno.  Tribunal)  refiriéndose  a  la  actividad  material  propiamente  dicha,  que  para  ésta  tipología  de  casos  suele ser insustancial, sí fue enfático en precisar que  el   condenado   tuvo  conocimiento  de  las  falsedades,  “participó  en  su  ejecución,  orientó  a  los  ejecutores  materiales  y  se  aprovechó  de los  resultados  “  (id.), razón por la cual el fallador lo había calificado como  el  “director  de  la orquesta delictiva” (fl. 11 ), precisando, además que  los  delitos  fueron  “por lo menos 284 concursos “ (fl. 14) de falsedades y  peculados  (no  simplemente  dos  delitos,  como  dice  el  censor),  número de  punibles  que  prevé  el artículo 61 del Código Penal como pauta para graduar  la  pena, tal y como en ese sentido hizo profuso análisis el sentenciador (fls.  19 a 21).   

          Tampoco   el   casacionista   controvierte  esos   presupuestos  considerados  por  el  Tribunal,  no obstante que finalmente, sin atacar la base  fáctica  de  los  mismos,  despunta  desconociéndolos y restando mérito a los  mismos.   

          Esa   falta   de   interés  la  revela  el  censor  cuando  lo  que  supuestamente  pretende  es dejar sin piso la condena en perjuicios a la cual se  arribó  en  consonancia con la imputación, dado que se hizo por la suma global  de  las diversas apropiaciones y teniendo en cuenta la expresa coautoría por la  cual se acusó y condenó a los procesados.   

          Y   si   bien   el   tema  de  la  indemnización  es  en  principio  controvertible  en  casación  contra una sentencia anticipada, por no formar el  mismo  parte  de  la  diligencia  de  acuerdo o de aceptación de cargos (art.37  C.P.P.),   en   todo  aquello  en  que  dicho  tema  termine  vinculado  con  la  construcción  del  cargo  aceptado sí no tiene, de entrada, asidero alguno. Es  que  ello  implicaría  la  “retractación”  ya  repetidamente  aludida  con  antelación,  violándose  además, de dicho modo, los principios de identidad y  de  no  contradicción,  infracciones  éstas  que de suyo tornan impróspera la  censura.   

          De    suerte    que     no    tiene    tampoco    éxito   este  reproche.   

          Cuarto Cargo.   

          Aquí,  contrariando lo que ya se ha reiterado sobre la exigencia de  interés  cuando  de sentencia anticipada se trata, el demandante alega error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  argumentando -nuevamente –  que  el fallador pasó por alto que Nuñez Trujillo no aceptó haberse apropiado  de  los  dineros  oficiales  en  el  ya  comentado monto de algo más de treinta  millones de pesos.   

          Anteriormente  al  responder el primer cargo de nulidad se vio cómo  dicho  procesado  sí  aceptó ante la Fiscalía 16 los referidos cargos, por lo  que deviene del todo impertinente este renovado ataque.   

          Además,  se  falta  a  la  técnica  en  la presentación del cargo  discutir  la prueba sobre la participación del acusado en la delincuencia, pues  es  bien  sabido  que  cuando  se  esgrime  la  violación  directa de la ley es  presupuesto  inherente  a  la  lógica  de  la  causal  admitir los hechos y las  pruebas tal como las asumió el fallador.   

          Por  otra  parte, a la tasación de la pena que efectuó el Tribunal  le  opone  el  censor  la  suya  propia,  sin  demostración objetiva de ninguna  especie  acerca  de los posibles yerros que en dicha tarea se cometieron, con el  agravante  de  que  en  dicha dosificación personalísima involucra factores no  considerados  por  el  sentenciador,  pero  insuficientemente  tratados  por  el  impugnante,  como la trascendencia de la rebaja prevista en el artículo 139 del  Código Penal.   

          Con  la  improsperidad  de  este  último  cargo,  se tiene el de la  demanda en su integridad.   

DEMANDA  A NOMBRE DE NANCY RANGEL SANABRIA DE  GUIZA.   

          Aduce  el  casacionista la indebida aplicación del artículo 26 del  Código    Penal,    el    cual    regula    la   punibilidad   en   el   evento  concursal.   

          Pero  seguidamente  cae el censor en otro yerro como ocurre al   anotar  que  “como  consecuencia”  (fl.65),  la sentencia impugnada viola el  debido   proceso   (arts.   29   C.N.   y  1º  C.P.P.)  y  el  “principio  de  favorabilidad”,  de  mención  más  insólita  aún  si  se  recuerda que tal  principio  emerge  solamente  cuando  de sucesión de leyes se trata, lo que por  ningún    aspecto    corresponde    al    presente   caso,   ni   insinúa   el  casacionista.   

          De  aquí  en adelante prosiguen los errores cuando el actor señala  como  violado  el artículo 72 del Código Penal, al no conceder el beneficio de  libertad  condicional,  puesto  que  dicho subrogado supone la existencia de una  decisión    condenatoria   en  firme,  carácter  que  no  tiene  aún  la  impugnada,  precisamente  por  estar  combatida  en  casación. Lo que extraña,  entonces,  es  el  reconocimiento de una excarcelación sobre el supuesto futuro  del  reconocimiento  del  subrogado,  cuestión  ésta  ajena  por  entero  a la  casación.   

Ahora,  si  como  parece  ser,  es  que  el  casacionista  confunde  y  equipara  dicho  subrogado  con  el  previsto  en  el  artículo  68  del  Código Penal,  debe precisar la Sala que la condena de  ejecución  condicional, a diferencia de la libertad condicional (art. 72 C.P.),  se  limita  a  suspender  en  su  ejecución  las  decisiones  contenidas  en la  sentencia,  teniendo  en  efecto  como  escenario  a ésta misma, al paso que la  libertad  condicional  enfrenta  sin  discusión  una sentencia con carácter de  cosa  juzgada,  por  lo que el examen sobre este subrogado se hace mediante auto  posterior a su ejecutoria o firmeza.   

          Ese  cúmulo  de  equivocaciones  conducen a que este cargo no salga  avante.   

          La sentencia recurrida no será entonces casada.   

En  mérito de lo expuesto, La Corte Suprema  de  Justicia  Sala  de  Casación  Penal, de acuerdo con el Ministerio Público,  Administrando  Justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

          NO  CASAR  la sentencia impugnada. En firme  devuélvase al Tribunal de origen.   

Cópiese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO       E.       ARBOLDA  RIPOLL            JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE              JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES                CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

No hay firma  

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON     NILSON E. PINILLA PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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