11189(18-01-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 11189  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 04  

          Bogotá,  D.  C.,   dieciocho  (18)  de  enero  de  dos mil dos  (2002).   

VISTOS  

          El  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Rionegro (Antioquia)  condenó   al  señor  Elías  Alberto  Vargas  Ospina  a prisión de 10 años, interdicción del ejercicio de  derechos  y funciones públicas por un término igual al de la pena privativa de  la  libertad  y  al  pago  de 500 y 1.000 gramos oro, por concepto de perjuicios  materiales  y  morales,  respectivamente,  como  autor  del delito de homicidio.   

         

          Apelada  la  sentencia  por  el  defensor  del  procesado,   el  Tribunal Superior de Antioquia la confirmó.   

          El  fallo  de  segunda  instancia  fue demandado en casación por el  representante  del  señor  Vargas  Ospina.  Sobre  el  fondo  del  recurso  se  pronuncia  la  Sala  en  esta  sentencia.   

HECHOS  

          Sucedieron  en el “estadero” HK- 747, localizado en el sector La  Mosquita,  del  municipio  de  Guarne  (Antioquia),  el  2 de diciembre de 1989,  aproximadamente  a  las  11:30  de  la  noche,  cuando  el  señor Gabriel Iván  González  Arbelaez  llegó a dicho establecimiento en compañía de una mujer y  solicitó  dos  tragos de aguardiente, que consumieron inmediatamente. Cuando se  disponía  a  ingresar  al  vehículo  en  que  se transportaba fue agredido por  Elías Alberto Vargas Ospina,  quien  le  propinó múltiples heridas con un arma cortopunzante, a consecuencia  de  las  cuales falleció en el hospital de Rionegro a los dos días siguientes.   

         

ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  4  de  diciembre  de  1989,  la  Inspección Urbana Municipal de  Rionegro  realizó  la  diligencia de levantamiento de cadáver de Gabriel Iván  González  Arbeláez  y remitió la actuación al Juzgado Promiscuo Municipal de  Guarne,  que la radicó como indagación preliminar No. 1616 en averiguación de  responsables  y  el  2 de mayo de 1990 la suspendió por haber transcurrido  más  de  60  días  sin  que  se  pudiera identificar al autor o partícipe del  hecho,   y  ordenó  su  remisión  al  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de  Rionegro.   

            De  otra  parte,  el  6  de diciembre de 1989, el joven Edwin Alex  González  formuló  denuncia  ante  la  Inspección  Municipal  de  Policía de  Guarne,  en  la  que  sindicó  como  autor  del homicidio de su padre González  Arbelaez    a   Elías   Alberto   Vargas.  La  queja fue remitida al Juzgado Promiscuo Municipal de la misma  localidad,  que la radicó como investigación previa No. 1479. El 8 de julio de  1990  ordenó  la  suspensión  de  la  misma  y su envío al Cuerpo Técnico de  Investigación.   

          El  8  de  octubre  de  1990,  el  C.T.I.  de  Rionegro unificó las  diligencias  preliminares  y  las  remitió al Juzgado Promiscuo Municipal de la  misma  ciudad.  El 25 de febrero de 1992, el Juzgado 34 de Instrucción Criminal  profirió  auto  inhibitorio,  al tenor de lo previsto en el artículo 118 de la  ley     23     de     1991    y    ordenó    el    archivo    definitivo    del  expediente.      

          El  1º.  de junio de 1993, el juzgado Promiscuo Municipal de Guarne  envió  a  la Unidad de Fiscalía copia la declaración rendida por la menor Luz  Marina  Henao  Agudelo,  en la que ésta afirma haber sido testigo de los hechos  en  los  que  el  señor  Gabriel  Iván  González  Arbelaez había sido herido  mortalmente     por     Elías    Alberto    Vargas  Ospina.   

          Con  base  en  esta  información,  la fiscalía ordenó apertura de  investigación  el  3  de  junio  de  1993  y  vinculó  mediante  indagatoria a  Elías    Alberto    Vargas    Ospina   el  17  de  marzo  de 1994. Al definirle la situación jurídica, lo  afectó con detención preventiva.   

          Cerrada  la investigación, la fiscalía la calificó el 25 de julio  de    1994    con    resolución   de   acusación   contra    Vargas  Ospina  por el delito de homicidio  simple.   

          La  etapa  del  juicio  correspondió  al  Juzgado  1º.  Penal  del  Circuito  de  Rionegro,  donde,  tras  el  rito  correspondiente,  se  dictó la  sentencia  del  8  de  marzo  de  1995, que condenó al sindicado en la forma ya  mencionada.   

         

          El  19  de  julio siguiente, el Tribunal Superior de  Antioquia  confirmó el fallo.   

          La  defensa  interpuso  el  recurso   de  casación,  presentó  oportunamente  el  escrito,  fue admitido, y se recibió concepto del Procurador  3º. Delegado en lo Penal.   

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  la causal primera prevista  en el artículo 220  del   Código   de   Procedimiento   Penal   anterior,   cuyo  texto  transcribe  íntegramente,    el    defensor   formuló   un   solo   cargo.   Lo   enunció  así:   

“De acuerdo con el artículo 247 del C. de  P.  P.,  la prueba que conduce a la certeza del hecho punible es innegable, pero  la  responsabilidad  del sindicado es negable. En consecuencia al no tipificarse  la  autoría  de  este  homicidio  en  cabeza  de  mi  defendido,  no se le debe  sancionar  como  lo encaja la sustantividad del artículo 323 del C. P. Por ende  esta  sentencia  es  violatoria  de  la ley sustancial por infracción directa y  aplicación indebida”.     

          Como  demostración  de la censura presentó una hipótesis personal  acerca  de  la  forma  como  sucedieron los hechos, según la cual la muerte del  señor  Gabriel  Iván  González  habría  ocurrido  como  consecuencia  de  la  violenta  reacción de la familia Henao Agudelo por los graves daños que aquél  le  causara  al  establecimiento cuando chocó su vehículo con uno de los muros  del inmueble, instantes después de que se negaran a atenderlo.   

         

          Afirmó   que  los  fallos  de  instancia  estaban  basados  en  los  testimonios  de  María  Rocío  Agudelo Ospina, Luz Marina Henao Agudelo, Marco  Tulio  Henao  Agudelo,  Arelis  Henao  Agudelo,  Sonia  Patricia Henao Agudelo y  Abraham  de  Jesús  Henao  Agudelo,  esposa e hijos de Marco Tulio Henao Ortiz.  Aseguró  que  estos  testimonios  no  merecían  ninguna credibilidad dadas las  múltiples  contradicciones  que  se  advertían  en  sus  relatos acerca de las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  en  que ocurrieron los hechos, y en  razón  del  interés  que  mostraban por favorecer a su padre. Hizo énfasis en  que  4  de  estos testimonios correspondían a menores de edad, quienes no sólo  podían  ser  fácilmente  influenciados por sus padres, sino que no poseían un  claro concepto de la verdad.   

          Agregó  que  todos  los  testimonios de la familia Henao Agudelo en  contra  del  procesado  fueron  asumidos  por  un  sentimiento  de  odio  que le  guardaban  por  algún  problema  que  tuvieron  con  él  en  el pasado, razón  suficiente  para  invalidarlos  si  se  tiene en cuenta, además, que se basaron  únicamente  en  el interés de mentir para protegerse a sí mismos, porque eran  conscientes   de   la   complicidad  en  que  incurrirían  si  se  revelaba  la  verdad.   

          Sostuvo  que  de  la  incoherencia  y  contradicciones  de la prueba  testimonial  emergían  serias dudas acerca de la responsabilidad del procesado,  máxime  cuando no se demostró qué motivos podía tener éste para matar a una  persona que ni siquiera conocía.   

          Como conclusión señaló:   

          “…no  cabe  duda alguna que la sentencia impugnada es violatoria  de  la  ley  sustancial  penal  porque proviene indefectiblemente de error en la  apreciación   de   la  única  prueba  existente  en  el  proceso  cual  es  la  testimonial” .   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo  Penal  sugiere a la Corte  desestimar  la  demanda por no reunir los requisitos mínimos que la técnica de  casación  exige, como son la concreción del cargo y la indicación del sentido  en  el  cual  se  presenta  la  violación.  Se  habla  de  violación de la ley  sustancial  por  error  en la apreciación de la prueba testimonial, sin indicar  en  qué sentido se presentó el yerro, qué normas sustanciales fueron violadas  directa  o  indirectamente,  aparte  de que la argumentación es de aquellas que  suelen  ser  dirigidas  a  las  instancias,  es decir, con tendencia del actor a  demostrar  su  personal  forma  de  apreciar  las pruebas y entender los hechos.   

          Sostiene  que  en  el  análisis  general  de la prueba no encontró  error   alguno  de  apreciación  y  que  si  bien  es  cierto  existen  algunas  inconsistencias  en  los  testimonios,  éstas  no se relacionan con la forma de  ocurrencia  del delito, ni con el responsable del mismo, sino con la presencia o  no del padre de los declarantes en el sitio de lo sucedido.   

          Toda  la  argumentación del impugnante está dirigida a inculpar al  dueño  del  establecimiento en donde ocurrió el hecho, cuando en el proceso no  se  probó (ni siquiera existió una insinuación alguna sobre ello) una posible  responsabilidad  penal  en  el  homicidio  de  persona  diferente a Vargas Ospina.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  sentencia  objeto  de  estudio  no  puede  ser  casada,  por las  siguientes razones:   

         

          1.   El  cargo  formulado  no  prospera  debido  a  la  ausencia  de  requerimientos  frente  al  Código  de Procedimiento Penal de 1991, aplicable a  este  asunto  por  cuanto  la  sentencia   impugnada  fue proferida bajo su  vigencia. En efecto:   

          Al  comienzo  afirma  que  “la  sentencia  es violatoria de la ley  sustancial   por  infracción  directa  y  aplicación  indebida”,   pero   a   renglón  seguido,  en  la  demostración  del  yerro,  dedica todos sus esfuerzos argumentativos a criticar  la  valoración probatoria efectuada por los jueces de instancia, partiendo para  ello  de su propia hipótesis acerca de la forma como ocurrieron los hechos, tal  como el mismo demandante lo afirma.   

          La  falla  del  casacionista  es  fácilmente  demostrable  si  a lo  anterior  se  agrega  que  dentro  de  un  mismo  cargo  fusiona  dos motivos de  violación   que   son   excluyentes,   pues   mientras   en   la   violación    directa   es   presupuesto  indispensable  para  el  demandante  acoger los hechos y las pruebas en la forma  precisa  en  que  fueron  apreciados en la sentencia -pues sólo se cuestiona la  inaplicación   de  la  norma  sustancial  que  debió  regir el caso, o la  aplicación  de  una que era impertinente, o la interpretación equivocada de la  materialmente    aplicada-,    en    la   violación  indirecta  la  discrepancia  gira  en torno al aspecto  probatorio,  lo  que implica que, al paso que en aquella se acepta este aspecto,  en ésta se rechaza.   

          2.      Aunque      la      presencia     de     un     lapsus  explicara  tal  incoherencia y se  aceptara  que  el  cargo  fue formulado por violación  indirecta   de   la  ley  sustancial,  igualmente  se  impondría   el   cuestionamiento  de  la  imputación  por  carencia  total  de  fundamentos y desarrollos.   

          El  censor  olvidó  que  cuando se plantean errores de apreciación  probatoria  -como  en el caso que se analiza- tiene la obligación de acreditar,  en  primer término, la existencia del equívoco denunciado y, en segundo lugar,  su trascendencia.   

          Lo    primero  implica  que  se establezca claramente la naturaleza y forma del yerro; expresar  si  se  trata de un error de hecho por falsos juicios de existencia, identidad o  raciocinio,  o  de  derecho  por falsos juicios de legalidad o convicción, pues  cada  una de estas especies, como es sabido, se estructura a partir de supuestos  distintos.  Y  lo  segundo,  obliga  a  una  nueva  y estricta valoración probatoria con el fin de acreditar  que  las conclusiones del fallo habrían sido distintas si no hubiera concurrido  el desacierto.   

          3.  No  lo  hizo  así  el  actor.  Toda  su  labor  se tradujo  en   un  ataque de carácter personal al análisis probatorio realizado por  los  falladores  de  instancia,  a  quienes  reprocha por no haber advertido las  múltiples  contradicciones  e incoherencias en las que, según él, incurrieron  todos  los  miembros  de  la  familia  Henao  Agudelo, y en virtud de las cuales  considera que sus testimonios no son dignos de credibilidad.   

         

          4.  La  censura  planteada  en tales términos no sólo se aparta de  los  exigencias  de  técnica  casacional  previstas  por el legislador sino que  parte  de  una premisa falsa, pues no es cierto que los falladores hicieran caso  omiso  de  las  contradicciones  contenidas en las declaraciones que soportan la  sentencia.  Ocurrió, sí, que la justicia, tras hacer una valoración global de  las  mismas,  encontró  que las inconsistencias no se relacionaban con la forma  de  ocurrencia  del delito, ni con el autor del mismo, sino con la presencia del  padre   de   los   declarantes   en   el   sitio   donde  se  desarrollaron  los  hechos.   

          Sobre este aspecto dijo el juez de primer grado:   

         

                          “Las  aparentes  contradicciones  que  se  observan  en los testimonios de Marco Tulio  Henao  hijo  y su hermana Arelis, con el resto de la familia, se explican porque  todos  los  integrantes de la familia, no llegaron al escenario de los hechos al  mismo  tiempo.  Entonces  como Marco Tulio Henao padre, estaba durmiendo en otra  parte  de  la  casa,  que  tiene 11 habitaciones, asustados por los gritos de la  señora  y  el  choque  del carro contra su negocio, los hijos fueron llegando y  notaron  su  presencia  en  el  lugar, por eso dedujeron que había sido testigo  presencial del homicidio”.      

          Y   el   Tribunal   se   expresó  así  sobre  el  valor  de  tales  testimonios:   

          “Los  testigos estaban en perfectas condiciones para ver y oír lo  que  dicen  haber  visto  y  oído,  atendidas  la sanidad de sus sentidos y las  circunstancias  de  lugar,  tiempo  y  modo  en  que  sucedieron  los hechos; la  mayoría  de ellos son jóvenes y menores de quienes no se sabe que tengan malos  hábitos  como  sería  el de prestarse para mentir ante la justicia; y, como ya  se  dijo,  atestiguan  lo  que  les consta con claridad, seguridad, coherencia y  consistencia,   explicando   satisfactoriamente   todos  los  pormenores  de  lo  acontecido    y,    lo    que   es   más   importante,   la   razón   de   sus  afirmaciones”.   

   

          “Luego  el  concepto  que  tiene el recurrente de los elementos de  juicio  obrantes en este proceso, es muy personal y a todas luces equivocado por  lo  que  no prosperará su pretensión, ya que hay plena certeza de la comisión  del  homicidio  así  como de la responsabilidad penal del señor Elías Alberto  Vargas Ospina que indudablemente es quien lo cometió, …”.   

          5.  En  cuanto  a  la  aplicabilidad  y  vulneración  del principio  in   dubio   pro  reo,  el  demandante  no  atinó  a plantear el cargo. No señaló la norma sustancial que  lo  consagra,  tampoco  expresó  en  qué  forma se produjo su desconocimiento,  pues,  como  se  ha  dicho, se limitó a indicar lo que él pensaba acerca de la  prueba  testimonial, sin llegar a demostrar que en su apreciación se incurriera  en errores estructurales de hecho o de derecho.   

          En  conclusión, el defensor no demostró ningún error originado en  la  valoración judicial del mérito de las pruebas pues -ya se dijo- se limitó  a  querer  colocar  en  manos  de la Corte una disparidad de criterios entre los  jueces  y su opinión, tarea inadmisible en casación, sede en la cual se espera  que  el  inconforme,  en  vez  de  esbozar  lo  que  piensa,  demuestre  errores  protuberantes   predicables   del   fallo   recurrido  que  logren  disolver  la  presunción de acierto y legalidad que lo acompañan.    

         En consecuencia, no se casará la sentencia impugnada.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

No casar la sentencia recurrida.  

Cópiese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                 

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS    AUGUSTO  GÁLVEZ     ARGOTE                                                        No hay firma   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

             No hay firma   

CARLOS  EDUARDO MEJÍA ESCOBAR            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                                                                                              No hay firma   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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