11090(16-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 11090  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 98  

          Bogotá, D. C., dieciséis de julio de dos mil uno.   

VISTOS  

          Se  examina  en  sede  de  casación  la  sentencia de segundo grado  fechada  el  17  de  abril de 1995, por medio de la cual el Tribunal Superior de  Bogotá  condenó  a los procesados ELSY CECILIA MIRANDA GUTIÉRREZ, SONIA INÉS  DEL  CARMEN  y  HERNANDO  JOSÉ  BECERRA  OROZCO,  las  dos  primeras  a la pena  principal  individual de cuarenta y siete (47) meses de prisión, como coautoras  de   un   concurso   de   hechos  punibles  de  estafa  agravada,  y  el  tercero a la de treinta y cinco (35)  meses    de    prisión,    a    título    de    cómplice    de   las   mismas  infracciones.   

          Solamente  ha  sustentado  la  casación el defensor de la procesada  MIRANDA  GUTIÉRREZ  y,  como  quiera  que  se  ha  pronunciado  previamente  el  Procurador    Delegado,    la    Corte    proveerá    sobre   la   demanda   en  cuestión.   

HECHOS  

          Con  motivo  de  la  denuncia presentada por el abogado Evelio  Daza  Daza el 16 de marzo de 1992,  se  conoció  que el señor HERNANDO JOSÉ BECERRA OROZCO, hermano de la abogada  SONIA  INÉS  DEL  CARMEN  BECERRA  OROZCO,  viajó  a  la ciudad de Cúcuta y a  algunas  poblaciones  aledañas,  se apostó cerca de los establecimientos donde  los  jubilados  de la Caja Nacional de Previsión Social cobraban sus pensiones,  y  convenció  a  treinta  (30)  de  ellos  para  que  le  otorgaran  poder a su  consanguínea  con  el  fin  de  ejecutar  el pago de las mesadas atrasadas, los  reajustes  de  la  ley  4ª  de  1976  y  otros  factores  que  involucraran las  liquidaciones    de    las    resoluciones    que    servirían    de    recaudo  ejecutivo.   

          Efectivamente,  la  abogada  BECERRA  OROZCO  presentó  la  demanda  ejecutiva  ante  el  Juzgado  Cuarto  Laboral  del Circuito de Bogotá, entonces  regentado   por   el   doctor   Luis  Alvaro  Sánchez  Rodríguez,   y  exigía  el  pago  del  reajuste  de  pensiones  ya  decretadas,  las  mesadas  y  valores atrasados que resultaban de  dichos  reajustes,  los  intereses  de  mora  y  las  costas.  Después, la  profesional  sustituyó  el  poder  en la doctora MIRANDA GUTIÉRREZ, y fue así  como  al  final  del respectivo proceso ejecutivo instaurado, distinguido con el  N°  32.207  y  en  el  cual  figuraban como demandantes ANA MATILDE SÁNCHEZ DE  ILLERA  y  otros, la abogada sustituta recibió tres (3) títulos:  uno, el  1°  de  septiembre  de  1991,  por valor de $ 68.000.000.oo; el segundo, por la  suma  de  

$ 9.400.000.oo, el día 10 de septiembre  siguiente;  y  el tercero, en cuantía de $ 39.304.310.92, el 1° de octubre del  mismo año, para un total de $ 116.797.869.92.   

          Sin  embargo,  pasados  seis (6) meses contados hasta la fecha de la  denuncia,  las  abogadas  no  habían  entregado  suma alguna a sus poderdantes,  aunque,  conocida  aquélla,  procedieron a devolver a algunos de ellos ínfimas  cantidades que en nada se aproximaban a los derechos reclamados.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          A   partir  de  la  denuncia  puesta  por  el  abogado  Daza  Daza,  ampliada en varias ocasiones,  el  entonces  Juzgado  35  de Instrucción Criminal Ambulante de Bogotá inició  diligencias  de  investigación  preliminar y después formalizó la apertura de  instrucción (C. 1, fs. 7 a 12, 25 a 27 y 108; C. 2, fs. 8 a 13).   

          El  mismo  despacho instructor le recibió indagatoria a la imputada  SONIA  INÉS DEL CARMEN BECERRA OROZCO y, por medio de proveído del 15 de junio  de  1992,  dispuso  como  medida  de  aseguramiento en contra de la sindicada la  caución  prendaria  por  valor de seis millones de pesos ($ 6.000.000.oo), como  autora   de   un  concurso  de  delitos  de  abuso  de  confianza,   estafa   e  infidelidad  a  los  deberes  profesionales (C. 1., fs. 129 y 176)..   

          Posteriormente,  fueron  oídos  en  diligencia  de  indagatoria los  imputados    ELSY   CECILIA   MIRANDA   GUTIÉRREZ   -ampliada   en   múltiples  oportunidades-  y HERNANDO JOSÉ BECERRA OROZCO (C. 2, fs. 1, 16 a 19; C. 3, fs.  86,  108,  119,  243,  251  y  270).   A partir del 2 de julio de 1992, con  motivo   del  cambio  en  el  sistema  procesal  penal  colombiano,  asumió  la  instrucción  el  fiscal  249  de  la Unidad de Investigaciones Especiales de la  Fiscalía General de la nación (C. 2, fs. 106).   

          En  vista  de que la procesada BECERRA OROZCO no prestó la caución  antes  exigida,  el fiscal instructor, por medio de resolución fechada el 19 de  febrero  de 1993, convirtió la medida de aseguramiento de caución inicialmente  decretada   en   detención   preventiva,   sin   derecho  a  excarcelación,  y  simultáneamente ordenó la captura de la sindicada (C. 3, fs. 97).   

          De  acuerdo  con  resolución  del  18  de  marzo del mismo año, la  Fiscalía  resolvió  la situación jurídica a HERNANDO JOSÉ BECERRA OROZCO, a  quien  impuso  medida  de  aseguramiento  consistente  en caución prendaria por  valor  de  cinco  (5)  salarios  mínimos  mensuales,  como  autor del delito de  estafa    (C.   3,   fs.  145).   

          El  16  de abril siguiente, el funcionario investigador resolvió la  situación   jurídica   de   ELSY   CECILIA  MIRANDA  GUTIÉRREZ,  mediante  la  imposición  de  medida  de  aseguramiento  de  caución  prendaria por valor de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos legales mensuales, como autora de los hechos  punibles  de estafa, abuso de confianza e infidelidad a  los deberes profesionales (C. 3, fs. 170).   

          Se  produjo el cierre de investigación el 23 de septiembre de 1993,  pero,  por  medio  de  resolución  del  1°  de  octubre  del  mismo año, otro  funcionario  que  llegó  a ocupar el cargo de Fiscal 249, curiosamente regresó  la  medida  de aseguramiento de detención preventiva sin excarcelación, otrora  dictada  por  su  antecesor  en  contra  de la procesada BECERRA OROZCO, a la de  caución  prendaria  (C.  3,  fs. 307B y 340).  El 20 de octubre siguiente,  fueron  reconocidas  como  parte civil las perjudicadas GISELA SERRANO DE ISAZA,  MARINA  SUSANA  DAZA  MARTÍNEZ,  DELFINA  RODRÍGUEZ  MARTÍNEZ, TOMASA DANGOND  OROZCO y NISIDIA DEL ROSARIO OVALLE DE PEÑALOZA (C. 3, fs. 415).   

          Según  resolución  del  14  de  enero de 1994, el Fiscal 254 de la  misma  Unidad  de Investigaciones Especiales calificó el mérito sumarial y, en  primer  lugar, corrige el yerro cometido en la resolución del 1° de octubre de  1993  para  ordenar  en  su  lugar  la  medida  de  aseguramiento  de detención  preventiva,  sin  derecho  a excarcelación, en relación con la procesada SONIA  INÉS   DEL   CARMEN  BECERRA  OROZCO.   Seguidamente,  acusa  a  los  tres  procesados,   como   presuntos   responsables   de   un  concurso  homogéneo  y  heterogéneo  de  los delitos de ESTAFA agravada por la cuantía e INFIDELIDAD A  LOS  DEBERES  PROFESIONALES,  previstos en los artículos 26, 175, 356 y 372 del  Código  Penal,  con  la aclaración de que, respecto de la última infracción,  el  acusado  HERNANDO  JOSÉ BECERRA OROZCO respondería a título de cómplice,  pues  en  relación con la primera los tres sindicados eran coautores (C. 4, fs.  1).   

          En  la misma decisión, el calificador ordenó compulsar copias para  investigar  por  separado  a  la señora PIEDAD BECERRA y al abogado EVELIO DAZA  DAZA,  pues,  a cambio de irrisorias sumas de dinero para varios afectados y del  pago  de  los  honorarios  al profesional, propiciaron un indebido desistimiento  por una inexistente indemnización de perjuicios.   

          Apelada  la  acusación  de  primera  instancia  por el defensor del  procesado  HERNANDO  JOSÉ  BECERRA  OROZCO,  la  Unidad  de  Fiscalía ante los  Tribunales  Superiores  de  Bogotá y Cundinamarca, según resolución del 17 de  mayo  de  1994,  la  confirmó  en  su  sentido  acusatorio,  pero  modificó la  calificación  jurídica  provisional, pues indica que los tres acusados debían  responder  por  un  concurso  homogéneo  y  heterogéneo  de hechos punibles de  ESTAFA,  ABUSO  DE  ABUSO  DE  CONFIANZA,  ambos  agravados  por  la cuantía, e  INFIDELIDAD  A  LOS  DEBERES  PROFESIONALES,  aunque  aclaró que respecto de la  última   infracción   el  coprocesado  HERNANDO  JOSÉ  BECERRA  OROZCO  sólo  respondería   en   calidad  de  cómplice  (C.  2ª  instancia  Fiscalía,  fs.  36).   

          Asumido  el  conocimiento para el juicio por el Juez Sexto Penal del  Circuito  de  Bogotá, el funcionario ordenó algunas pruebas solicitadas por el  Procurador  Judicial  y negó las que había pedido la parte civil (C. 4, fs. 71  y  98).   Seguidamente,  el juzgador llevó a cabo la audiencia pública en  varias  sesiones  (idem, fs.  142, 189, 224 y 275).   

          El  10  de  febrero  de  1995,  se  profirió  el  fallo  de primera  instancia,  conforme  con  el cual el juez condenó a los tres (3) acusados como  coautores  del  delito  de  ESTAFA  agravada por la cuantía y, en relación con  SONIA  INÉS  DEL  CARMEN BECERRA OROZCO, adicionalmente por el hecho punible de  ABUSO  DE  CONFIANZA.  En consecuencia, los procesados ELSY CECILIA MIRANDA  GUTIÉRREZ,  HERNANDO  JOSÉ  y SONIA INÉS BECERRA OROZCO, fueron afectados con  las  penas  principales  de  50,  36  y 60 meses de prisión, respectivamente, y  multa  por  valor  individual de 20 millones de pesos; así como con la sanción  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por igual tiempo  al  previsto  como  pena  privativa  de  la  libertad  y, en lo que atañe a las  abogadas  BECERRA  OROZCO  y  MIRANDA  GUTIÉREZ,  la prohibición de ejercer la  profesión    por    un    período    igual    al   señalado   como   sanción  principal.   

          Los  tres  fueron absueltos del cargo por el delito de INFIDELIDAD A  LOS  DEBERES  PROFESIONALES,  mientras que los dos primeros lo fueron igualmente  por  el  hecho  punible  de  ABUSO  DE  CONFIANZA.  A todos se les negó el  subrogado   de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  se  les  impuso  la  obligación  de  resarcir  los  daños  y  perjuicios  ocasionados  (C.  4,  fs.  323).   

          De  acuerdo  con  el  ya reseñado fallo del Tribunal de Bogotá, el  superior  funcional  decretó  la  nulidad  parcial  del  proceso,  a partir del  calificatorio  de  primera  instancia, en relación con los hechos constitutivos  de  estafa  que  afectaron  a  los  ciudadanos JOSÉ ANTONIO GODOY, MARCO PARADA  PARADA,  IVÁN MENDOZA DURÁN y JUANA BAYONA, pues tales infracciones, en razón  de  su  cuantía  individual,  apenas  alcanzaban  el  rango  de contravenciones  especiales  y,  en  consecuencia  ordenó  la  copias  para  que se investigaran  separadamente  por  las  autoridades de policía.  A continuación, revocó  la  condena  impuesta a la procesada SONIA INÉS BECERRA OROZCO por el delito de  ABUSO  DE  CONFIANZA  y,  en  su  lugar,  la  absolvió del cargo; y finalmente,  confirmó  la  sentencia  condenatoria  en contra de los tres (3) acusados en su  calidad  de  coautores del hecho punible de ESTAFA AGRAVADA, pero armónicamente  disminuyó  las penas a cuarenta y siete (47) meses de prisión para cada una de  las  abogadas  responsables y, en relación con el señor HERNANDO JOSÉ BECERRA  OROZCO,  la  dejó  en  treinta  (35) meses de prisión.  Concordantemente,  el   ad  quem  hizo  la  aclaración  respecto  de  las  sanciones  accesorias  y  la  condena al pago de  perjuicios (Cuaderno Tribunal, fs. 28).   

          Conforme  con  el auto del 23 de mayo de 1995, el Tribunal concedió  el  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto por los defensores de las  procesadas  MIRANDA  GUTIÉRREZ  y  BECERRA  OROZCO,  pero,  de  acuerdo  con el  proveído  del  2  de  octubre  siguiente,  declaró  desierta  la  impugnación  respecto  de  la  segunda,  en  vista  de que solamente la defensa de la primera  presentó  oportunamente  la  respectiva  demanda de casación (C. Tribunal, fs.  51, 69 y 89).   

CONTENIDO DE LA DEMANDA  

          El  defensor  de  la procesada ELSY CECILIA MIRANDA GUTIÉRREZ ataca  el  fallo  del  Tribunal a través de dos censuras, ambas en virtud de la causal  primera   de   casación,   una   por   la   vía  directa  y  la  otra  por  la  indirecta.   

          1.   En  relación  con  el  primer cargo, el actor dice que su  poderdante     fue     condenada     por     el     delito    de    estafa  previsto  en  el artículo 356 del  Código  Penal,  pero  que,  si  nos  atenemos  a  la  realidad  de  los  hechos  comprobados,  a  lo  sumo  podría  atribuírsele  la infracción regulada en el  artículo  360  del mismo estatuto, denominada “abuso  de circunstancias de inferioridad”.   

          Aduce  como  fundamento  que  en  la  sentencia  de segundo grado se  concretan  hechos  tales  como  el de que los testigos afirman no haber conocido  personalmente  a las abogadas, pues el poder lo otorgaron a través de un señor  de  nombre HERNANDO BECERRA OROZCO; que la doctora MIRANDA GUTIÉRREZ hizo parte  de  un  plan  preconcebido  para  “atrapar a ingenuos  pensionados”;  y  que la doctora SONIA INÉS BECERRA  OROZCO,  inicial  apoderada  en  el  proceso  ejecutivo laboral, “sustituyó  la representación en su colega Miranda de Miranda, como  era  costumbre  hacerlo en casos similares”.  De  modo  que  si,  como  lo reconocen los fallos de primera y segunda instancia, la  doctora  MIRANDA  GUTIÉRREZ  no  conocía  inicialmente  a los mandantes, ni se  firmó  poder  alguno  en  su  presencia  o  con  su consentimiento, sino que se  hicieron  a  nombre  de  SONIA INÉS BECERRA OROZCO, se extrañaría entonces la  relación  causal  de  la  conducta  con  trascendencia  psicológica  entre dos  personas,  como  ingrediente indispensable para que pueda inducirse o mantenerse  en  error  a  otro,  conforme  con  las exigencias del artículo 356 del Código  Penal.   

          Sostiene  el  recurrente  que  su defendida ingresó al iter  criminis  cuando le sustituyeron los  poderes  y  entonces  su conducta debe analizarse desde una perspectiva fáctica  diferente,  máxime  que  nadie  ha  pregonado  la  existencia  de asociación o  acuerdo  de voluntades para delinquir, pues si así hubiese sido, la imputación  también   se   hubiera   extendido  al  delito  de  concierto  para  delinquir,  infracción que nadie menciona en el curso del proceso.   

          La  conducta  de  la doctora MIRANDA GUTIÉRREZ no encaja dentro del  lineamientos  del delito de estafa, sino en los del hecho punible previsto en el  artículo  360  del  Código  Penal, puesto que esta última figura no exige una  correlación  psicológica  tan  estricta  como  la primera.  Además, debe  notarse  que  en  la  sentencia  se afirma que existió un aprovechamiento de la  condición  de inferioridad de los pensionados, personas ignorantes e inexpertas  y,  por  el  contenido  de  la  segunda  norma,  precisamente  se  requiere como  ingrediente  típico  el  de  “inexperiencia  en  el  sujeto pasivo”.   

          Agrega  que  fueron  quebrantados  también  los  artículos  61 del  Código  Penal  y  247 del Código de Procedimiento Penal, el primero por cuanto  al  realizarse  un  juicio  de  adecuación errado de la conducta, obviamente se  verificó  una  graduación  punitiva igualmente equivocada; y, en relación con  el  segundo,  en  la  medida  en  que se condenó por una figura delictiva sobre  “la  cual  no  existía  prueba completa”.   

          Mas,  adiciona  el  recurrente,  si  la  judicatura  insiste  en  la  tipificación  del  delito  de  estafa,  como  quiera  que  la procesada MIRANDA  GUTIÉRREZ  no  aparece  como realizadora directa de engaños a terceros y sólo  se  enteró de la situación creada al momento de la sustitución de poderes, no  podría  aplicársele  el artículo 23 del Código Penal, propio del autor, sino  el   24   del   mismo   ordenamiento,   como  que  tal  es  el  tratamiento  que  correspondería a una cómplice de los hechos.   

          2.   En  apartado que denomina “OTRAS PETICIONES EN RELACIÓN  CON  LA  GRADUACIÓN  DE LA PUNIBILIDAD”, el censor postula el segundo cargo a  partir de la advertencia de dos errores:   

          2.1   Argumenta,  en  primer  lugar, que si el fallo de segunda  instancia   declaró   la   nulidad  respecto  de  cuatro  (4)  hechos  punibles  contravencionales  que  salieron  del  proceso  para que fueran juzgados por las  autoridades  de  policía,  por simple lógica tal detracción debía reflejarse  en  una  variación  de  la  pena  por  razón  del concurso, mas de tal modo no  ocurrió.   Así  entonces,  el  sentenciador  violó indirectamente la ley  sustancial,   por   desconocimiento   de  un  “hecho  jurídico  nuevo  o sobreviniente”, según el cual se  disminuyeron   por   obra   del   mismo  juzgador  el  número  de  infracciones  concurrentes,  lo  cual debía repercutir cuantitativamente en la graduación de  la pena.   

          2.2   En  segundo  orden,  manifiesta  el  demandante que no es  cierta  la  afirmación  del juzgado, apoyada posteriormente por el Tribunal, en  el  sentido  de  que la acusada MIRANDA GUTIÉRREZ “nada hizo por resarcir los  daños  producidos”.   En  efecto,  de  acuerdo  con la exposición de la  procesada,  corroborada  por  el  doctor  Evelio  Daza  Daza,  aquélla  le entregó a éste una oficina de su  propiedad  para  indemnizar  los  perjuicios  y, si el abogado no le pagó a las  personas  que lo contrataron para denunciar, ello no sería problema imputable a  la primera.   

          De   tal  manera,  continúa  el  impugnante,  el  Tribunal  habría  incurrido  en  una  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por el hecho de no haber tenido en cuenta  las  mencionadas pruebas que daban fe del hecho de la indemnización parcial, lo  cual  condujo  a  la  aplicación  errónea  o al quebrantamiento parcial de los  artículos 26, 61 y 64, numeral 7° del Código Penal.   

          En  estas condiciones, el demandante solicita a la Corte que case la  sentencia  impugnada,  con el fin de introducir las modificaciones punitivas del  caso  y,  consecuentemente,  concederle  a su defendida la condena de ejecución  condicional.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador Segundo Delegado en lo Penal reconoce que el actor ha  propuesto  dos reproches en contra de la sentencia y los examina de la siguiente  manera:   

          PRIMER CARGO   

          Según  el  criterio del demandante, con base en hechos aceptados en  el  mismo  fallo,  se  aplicó indebidamente el tipo penal del artículo 356 del  Código          Penal          –estafa-  y  se  dejó  de  aplicar  el del  artículo  360  del  mismo ordenamiento –abuso      de     circunstancias     de     inferioridad-.   Sin  embargo,  el  impugnante omitió que las infracciones  confrontadas,  si  bien  se  registran  como  lesivas  del patrimonio económico  –título XIV-, no obedecen  a   la   misma   denominación  jurídica,  porque  la  estafa  pertenece al capítulo tercero del mencionado  título  y  el  abuso  de  circunstancias  de  inferioridad  está ubicado en el  capítulo sexto.   

          Por  la  razón  antes  dicha,  estima  el  Procurador, la propuesta  debió  intentarse  por  la  vía  de la causal tercera de casación–nulidad-,  en  vista  del  error  en la  denominación   jurídica,  aunque  obvio  resulta  que  la  sustentación  debe  asimilarse  a  la  causal  primera  porque  se  trataría  de  un evidente error  in   iudicando.    En  efecto,  como  quiera que la acusación de segunda instancia se circunscribió a  los  delitos  de  estafa,  abuso  de  confianza  e  infidelidad  a  los  deberes  profesionales,  significa  que  la  condena  por  el  hecho  punible de abuso de  circunstancias  de  inferioridad generaría un error in  procedendo,  que  afecta  la estructura conceptual del  proceso,   pues   el   fallo   quedaría   incongruente   con   la   resolución  acusatoria.   

          Para  afianzar  el  mérito  del criterio expuesto, el Procurador se  apoya   en  la  sentencia  del  24  de  octubre  de  1995  (M.  P.  Fernando  Arboleda Ripoll), conforme con la  cual  los  errores  de  subsunción,  de selección o de indebida calificación,  ordinariamente  se  reclaman por la vía de la causal primera de casación, pero  si  el  yerro afecta el nombre genérico de la infracción, habrá de acudirse a  la  causal  tercera, pues que si en este último caso se recurriera a la primera  entonces  la  Corte,  por  expreso  mandato  del  artículo 229-1 del Código de  Procedimiento  Penal,  tendría  que entrar a dictar fallo de reemplazo, lo cual  implicaría    una    sentencia    inconsonante    con    la    resolución   de  acusación.   

         Con  todo,  el  Ministerio  Público  destaca  otros  errores  en la  postulación del cargo:   

         El  censor  alude  a la violación directa del precepto contenido en  el  artículo  247  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  “… porque  se  condenó  por  una  figura  con  relación  a la cual no  existía   prueba  completa…”,  señalamiento  que  evidencia  un  contrasentido  porque  si la opción era la violación directa no  resulta admisible el debate probatorio.   

         Por  otra  parte,  a  la manera de un alegato de instancia, el actor  pide  que por lo menos se reconozca a favor de su defendida la complicidad en el  delito  de  estafa,  en  lugar de la autoría, pero, aparte de que no señala la  modalidad  de  violación a la ley sustancial y la clase de errores cometidos en  el  fallo,  la  petición  dentro del mismo cargo queda bastante contradictoria,  pues   ya   había   pregonado   que   el  delito  en  mención  era  inadecuado  típicamente.   Los  cargos excluyentes, de conformidad con el inciso final  del   artículo  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  deben  plantearse  separadamente.   

         SEGUNDO CARGO   

         El  impugnante  aprecia que el fallador ha incurrido en violación  indirecta de la ley sustancial,  porque  se  han desconocido hechos como el resarcimiento del daño, ocurrido con  la   entrega   de   una   oficina   al   abogado  Daza  Daza, y la exclusión de cuatro conductas integradoras  inicialmente  del  concurso  delictivo,  hasta  cuando  el  Tribunal las estimó  contravencionales    y    ordenó    investigarlas    por   separado.    El  desconocimiento  de  estos  hechos,  según  el  demandante,  se  tradujo  en la  aplicación  errónea  de los artículos 26 y 61 del Código Penal y en la falta  de aplicación del artículo 64, numeral 7° del mismo estatuto.   

         Aunque  el  actor no precisa el tipo de yerro cometido, lo cierto es  que  del  contexto  del escrito puede inferirse que su pretensión gira en torno  de un error de hecho por falso juicio de existencia.   

         Sin  embargo,  respecto  de  la  supuesta  indemnización parcial de  perjuicios,  como hecho basado en las declaraciones de la procesada y del doctor  Daza   Daza,   destaca  el  Procurador  que  la  entrega de la oficina al último no tenía la intención de  resarcir  objetivamente  el  daño  causado a los reclamantes dentro del proceso  laboral,  sino la de cubrirle los honorarios profesionales al abogado que había  denunciado  en  nombre  de  ellos  y  propiciar  así  un indebido desistimiento  realmente   presentado   después,  lo  cual  dio  lugar  a  una  investigación  separada.   

         El  mismo  valor  en  que fue estimada la oficina por su propietaria  ELSY  CECILIA  MIRANDA  GUTIÉRREZ,  aproximadamente en diez millones pesos, por  cuanto  tenía  una  hipoteca  por  valor  de  cuatro millones, significa que el  propósito  era  solamente  el  de  satisfacerr los honorarios profesionales del  abogado  Daza  Daza, pues en  tal  cifra  estaba situada su pretensión.  Si bien el pedimento económico  que  presionaba  el  abogado  se  incrementó  después, ello sólo se debió al  ánimo   de  reconocerle  a  HERNANDO  JOSÉ  BECERRA  OROZCO  la  paga  por  la  consecución  de los poderes, luego mal podrían haberse tenido en cuenta dichas  probanzas  para  darle  aplicación  al numeral 7° del artículo 64 del Código  Penal.   

         Más  sorprendente  aún  es el segundo reclamo, dice el Procurador,  porque  la  exclusión  de  los   cuatro  cargos  contravencionales sí fue  tenida  en  cuenta por el fallador para aminorar la pena, de modo que no podría  pregonarse  vulneración  del  artículo  26  del  Código  Penal,  referente al  concurso      de     hechos     punibles,     ni     del     61     idem,  relacionado  con los criterios para  fijar la punibilidad.   

         Para  el efecto, basta consultar el texto de la sentencia de segundo  grado,  pues  en  ésta  se  aduce  que,  en razón de la eliminación de cuatro  hechos  de  tipo  contravencional,  se  disminuirá la sanción en un mes.   Así  las  cosas,  la  propuesta  es  disonante,  porque  ni  siquiera se apegó  estrictamente al contenido del fallo atacado.   

         En  estas condiciones, el Procurador Delegado sugiere a la Corte que  se  desestimen  los cargos presentados y, por consiguiente, no case la sentencia  recurrida.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         En  realidad,  a  pesar  de  la  confusión  técnica  que revela la  demanda  en algunos apartes, no es difícil advertir la proclamación básica de  dos  reparos  en contra de la sentencia impugnada, uno como violación directa y  otro  como  violación  indirecta  de  la  ley sustancial.  En tal orden se  examinarán.   

        1.   Violación directa de la ley  sustancial   

         No  obstante  que el censor no menciona para nada el numeral 1° del  artículo  220  del Código de Procedimiento Penal, resulta obvio que acude a la  causal    primera    de    casación,    en   la   modalidad   de   violación  directa, cuando se duele de que  los  hechos  concretados  en la sentencia se hayan subsumido en el artículo 356  del  Código  Penal,  como delito de estafa,  y  no en las previsiones del artículo 360 de la misma obra, como  hecho   punible   de   abuso   de  circunstancias  de  inferioridad.   

         1.1   Sin  embargo,  como lo hace notar el Ministerio Público,  el  juicio  de  observaciones  no  resulta  suficiente  por la vía de la causal  primera  de casación, pues, el señalado error de relevancia o de calificación  de  la  conducta,  significaría  la confrontación de dos figuras delictivas de  nominación  jurídica  distinta,  lo  cual  repercute  en  la  regularidad  del  procedimiento,  dado  que  no sería posible dictar sentencia por una hipótesis  delictiva  no  contemplada  en la resolución acusatoria, cuando hay diferencias  en  el  nomen iuris o, en fin,  cuando  a  pesar  de  la  identidad nominativa, la que se pretende aplicar en el  fallo    tenga    consecuencias    más   graves   que   la   invocada   en   la  acusación.   

         En  efecto,  no  obstante  que  los  hechos punibles de estafa  y  abuso  de  circunstancias  de  inferioridad  atentan  contra  el  mismo bien jurídico del patrimonio económico,  regulado  en  el  título  XIV  del Código Penal, la disposición en capítulos  diferentes  (tercero y sexto) comporta una matización del interés tutelado que  los  ubica  como  de nominación jurídica distinta, pues, si bien ambos delitos  conjuran  contra el poder de disposición del sujeto pasivo en relación con sus  bienes  o  derechos,   el  primero  se hace por medio del engaño apto para  inducir  en  error,  mientras  que  el  segundo  se  logra  por el abuso de unas  condiciones   materiales,   personales   o  psíquicas  de  inferioridad  de  la  víctima.   

         De  modo  que  el  nomen iuris  de  la infracción no atañe solamente al título respectivo, sino  también  al  capítulo  cuando  aquél  se  fracciona  de  dicha  manera.   Precisamente  por  tal  razón,  en  cuanto  a  los  requisitos  formales  de la  resolución  de  acusación,  el  artículo  442-3  del Código de Procedimiento  Penal  exige  la  calificación  jurídica provisional de la conducta delictiva,  “con  señalamiento del capítulo dentro del título  correspondiente del Código Penal”.   

         No  bastaba  entonces  esgrimir el error in  iudicando supuestamente cometido en el fallo, pues, de  acuerdo  con  el  principio  lógico  de razón suficiente, era preciso acudir a  otras  demostraciones  para  evidenciar  que  la  diferencia  en  el  juicio  de  adecuación  típica  conducía inexorablemente a señalar un error adicional en  la  estructura  conceptual  del proceso, debido a que, merced a tal discrepancia  de   calificación,   la   eventual   sentencia  quedaría  discordante  con  la  resolución  acusatoria  y  se  imponía  entonces  la solución de la nulidad a  partir de la acusación.   

         La  falta  de  ese  esfuerzo demostrativo adicional implicaría que,  como  se acudió solamente a la causal primera de casación, consecuentemente la  Corte  podría  dictar  el fallo de sustitución, como lo señala el numeral 1°  del  artículo  229  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  pero de tal manera  saltaría  a  la  vista  una  inconsonancia  entre  una  acusación por el hecho  punible  de  estafa y un fallo  finalmente   ajustado   al   delito   de   abuso   de  circunstancias  de  inferioridad,  infracción esta de  estructura y proyección específica diferentes a la primera.   

         1.2    Por  otro  lado,  el  censor  arguye  que  no  hubo  una  correlación   psicológica   entre   su  defendida  MIRANDA  GUTIÉRREZ  y  los  pensionados,  única  manera de haberlos inducido o mantenido en error, pues los  poderes  no fueron otorgados en su presencia o con su asentimiento.  Aunque  ciertamente  los  mandatos  fueron  recaudados  por  el procesado HERNANDO JOSÉ  BECERRA  OROZCO,  con  miras  al  ejercicio  dentro  del  proceso laboral por su  hermana  SONIA  INÉS, la observación del recurrente apunta a una discusión de  los  hechos  declarados  en  la sentencia, según los cuales todo obedeció a un  plan  preconcebido  y  materializado  en  conjunción  de  aportes  conductuales  parciales  con  sentido  total  por los tres procesados, pues uno se encargó de  tomar  engañosamente  los  poderes,  otra  presentó  la demanda ejecutiva y la  tercera recibió la sustitución y cobró los respectivos títulos.   

         Así  entonces, el demandante incursiona en la discusión del perfil  de  los  hechos,  cuestión vedada cuando se opta decididamente por la modalidad  de    la    violación    directa    de    la    ley  sustancial,   pues  el  sentido  prístino  de  ésta  consiste  en  objetar  yerros  de  mera  apreciación  de  la  relevancia  o  la  calificación  jurídica de unos acontecimientos, previa aceptación de la forma  como  ellos  han  sido  reconstruidos  en  el  proceso.   Pretende el actor  mezclar      indebidamente      la      violación  directa  con  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  así  se trate de  versiones  de  la  misma causal primera, a sabiendas de que la segunda modalidad  exige  el  señalamiento concreto de errores de hecho o de derecho cometidos por  el sentenciador.   

         1.3   Señala adicionalmente el censor que su asistida ingresó  al  iter  criminis cuando le  sustituyeron  los  poderes,  además  en  parte  alguna  de  la  sentencia se ha  mencionado  que  hubo  un  acuerdo de voluntades para cometer el delito, pues de  haber  sido  así  la  imputación  sería por el hecho punible de asociación o  concierto  para  delinquir.   Lamentablemente,  el  impugnante  confunde la  concreta  comunidad  de  designio  criminal propia del concurso de personas para  cometer  un  delito  determinado  (estafa),  que fue lo debatido y demostrado en  este   caso,   con   la   conjunción   abierta   de  voluntades  para  realizar  indeterminadamente  hechos  punibles,  acto  este último que delinea el injusto  autónomo  de concierto para delinquir.  Sin embargo, una vez más el actor  trata  de  replantear  los  hechos, a pesar de haberse ubicado de entrada dentro  del   ámbito  de  la  violación  directa,  pues  la  declaración  fáctica  del fallo contiene el siguiente  tenor:   

“…   La  abundante  prueba  que  conforman  los testimonios de las personas perjudicadas,  con  el  apoyo  de  los  relatos  hechos por el tercer procesado, Hernando José  Becerra  Orozco,  ilustran  con  gran  objetividad  en  el  sentido  de  que  en  desarrollo  de  un  preconcebido  plan para atrapar a  ingenuos  pensionados, dicho sujeto se trasladó a la  ciudad  de  Cúcuta  y  poblaciones aledañas, se ubicó estratégicamente en el  sitio  de  pago  de  las  mesadas  pensionales,  y  allí  desplegó inteligente  actividad  orientada  a  convencer  a  aquéllos  acerca  de  la  conveniencia y  ventajas  que  les  representaba  el hecho de conceder poder a las profesionales  comprometidas  en  la  empresa  delictiva.   Se  ha  visto  cómo  los  declarantes,  todos a una, para  decirlo  con  la  expresión  de  la  literatura universal, confirman que cuando  suscribieron  los  poderes  ninguno  de  ellos  conocía  o había conocido a la  doctora  Sonia  Inés  Becerra Orozco, inicial apoderada, quien luego sustituyó  la  representación  en su colega Miranda de Miranda, como era costumbre hacerlo  en  casos  similares.   Y es verdad de perogrullo que nadie puede depositar  válidamente    su    confianza   en   quien   no   conoce.    Lo  que  hubo  fue todo un proceso de inducción que se inició con  la  labor  a  cargo  de  Hernando  José Becerra Orozco en orden a motivar a los  futuros  clientes, convencerlos de las bondades de las  expectativas  que  les presentaba, y obtener así los poderes que permitieron la  posterior  actividad complementaria de las profesionales, consistente en obtener  por   la   vía   judicial   el   pago   de  las  prestaciones  reclamadas,  con  intensificaciones  por  concepto  de  intereses  por  fuera de lo normal, lo que  motivó  la  orden  de expedición de copias para que de manera independiente se  investigara  esta  última  situación” (C. Tribunal,  fs. 38.  Se ha subrayado).   

         1.4   Otros  desfases  técnicos  se  advierten cuando el actor  señala  que  el  sentenciador  violó  igualmente los artículos 61 del Código  Penal  y  247  del  Código  de Procedimiento Penal.  En cuanto al primero,  porque  hace  depender  la  transgresión  de una inadecuada tipificación de la  conducta  que,  conforme  con  motivaciones anteriores, no pudo demostrar por la  vía  procesal correcta (tercera); y en relación con el segundo, si se recuerda  que   el   debate   fue   propuesto  dentro  de  la  modalidad  de  violación    directa,   porque   no   ha  verificado  persuasivamente la calidad de norma sustancial del artículo 247 del  Código  de  Procedimiento  Penal y, además, de manera inadmisible, abandona la  senda  directa para aproximarse a la indirecta, cuando sustenta la violación en  que  “se  condenó por una figura con relación a la  cual no existía prueba completa”.   

         1.5   Como  una  suerte de planteamiento subsidiario dentro del  primer  cargo por violación directa de la ley sustancial, el demandante propone  que  si se llegare a insistir en la tipificación del delito de estafa, de todas  maneras  su  defendida  no  podría  responder  como  autora  sino  a título de  cómplice  de  los  hechos,  “pues  ella  en ningún  momento   aparece   como   realizadora   del   engaño   a  terceros”,  sino  que se enteró de la situación creada cuando se produjo  la sustitución de los poderes.    

         Tal  como  lo  observa  el  Procurador  Delegado, como quiera que la  formulación  no  se  hizo en cargo separado y con énfasis en la subsidiariedad  de  la  propuesta,  el discurso resulta contradictorio, pues el demandante viene  de   rechazar  categóricamente  un  cargo  por  el  delito  de  estafa,  porque  supuestamente   la   conducta   se   ajustaba   más  al  injusto  de  abuso  de  circunstancias  de  inferioridad,  pero ahora sorpresivamente parece admitirlo a  cambio   de   que   se   varíe  sólo  el  título  de  participación  en  los  hechos.   

         El  planteo,  de igual manera, se perfila extraño a la propuesta de  violación directa, pues nada  efectivo  se  podría  lograr  sin  controvertir  los  hechos  declarados  en la  sentencia,  en  el  sentido  de  que  la procesada participó de un “preconcebido      plan      para      atrapar      a     ingenuos  pensionados”,     de     una     “empresa  criminal”  caracterizada por la  repartición  de  tareas  entre  los intervinientes, de modo que todos responden  por  la  integridad  de  los acontecimientos planeados, sin importar la parte de  los mismos que a cada uno le haya tocado cumplir personalmente.   

         2.   Violación  indirecta de la ley  sustancial   

         La   segunda  censura  atañe  a  la  violación  indirecta  de  los  artículos   61   y  64-7  del  Código  Penal,  debido,  en  primer  lugar,  al  desconocimiento  del “hecho jurídico” de la exclusión de cuatro (4) hechos  punibles  concurrentes, constitutivos de contravención especial, lo cual debió  reflejarse  en  una  reducción de la pena; y, en segundo lugar, por el supuesto  desconocimiento   de   las  versiones  de  la  procesada  ELSY  CECILIA  MIRANDA  GUTIÉRREZ  y  el  abogado Evelio Daza Daza,  según  las cuales hubo una indemnización parcial de perjuicios,  en  la medida en que la primera entregó una oficina de su propiedad al segundo,  por valor aproximado de catorce millones de pesos.   

         2.1    Pues   bien,  si  el  actor  reconoce  que  el  Tribunal  disminuyó  la  carga  acusatoria,  mediante  la exclusión formal de cuatro (4)  hechos  contravencionales  que  no  podían  juzgarse  dentro  de  este proceso,  significa  que  el  pregonado  yerro  no se concretaría en la pretermisión del  supuesto   de   hecho,  sino  en  el  haber  dejado  de  aplicar  la  inexorable  consecuencia  de aminoración de pena.  Esto así presentado, corresponde a  un   fenómeno   de   violación  directa,  porque,  se  diría,  a  pesar  de  que el fallador aceptó la no  concurrencia  formal  de  cuatro  infracciones,  habría  olvidado hacer incidir  favorablemente   el   supuesto   en  la  consecuencia  punitiva,  por  falta  de  aplicación  del  inciso 2° del artículo 61 del Código Penal, según el cual,  en  caso de concurso, la pena también se mide en atención al número de hechos  punibles.   

         Falla  entonces  el actor en la escogencia del modo de transgresión  de  la  ley  sustancial,  pues  lo  propuesto  no  corresponde  a  la violación  indirecta de la ley sustancial sino a la directa.    

         2.2   Desde luego, la Corte no puede dejar de destacar cómo la  sustentación  del  cargo, se asienta en una premisa que no corresponde al texto  de la sentencia atacada, pues en ésta se afirma claramente:   

“…   En  consecuencia,  en  cuanto  tiene  que  ver con las dos abogadas hay que hacer el  ajuste  de  la  sanción con sujeción a los parámetros legales, lo cual daría  un  total  de  cuarenta  y  ocho  meses;  y  de dicho  término,  con idéntico criterio de proporcionalidad, se deducirá un mes más,  extensiva  esta  modificación  a  Hernando Becerra Orozco, en razón de que del  concurso  de  delitos  de  estafa,  se  eliminan  los  cuatros hechos de entidad  contravencional…”  (C.  Tribunal, fs. 40.  Subrayas fuera de texto).   

         2.3    Adicionalmente,  grave  dilema  enfrenta  el  impugnante  cuando  acude a la violación indirecta, pues no podría indicar cuál sería la  prueba  soporte  de la sentencia que contiene el “hecho jurídico nuevo”, ni  mucho  menos  relievar  los  errores de hecho o de derecho que justificarían la  impugnación,    pues    estos    últimos    tienen    exclusiva    denotación  probatoria.   

         2.4   En relación con el presunto desconocimiento de la prueba  demostrativa  de  una  supuesta indemnización parcial, no pueden soslayarse dos  señalamientos  de  los  fallos de instancia:  el primero, en el sentido de  que  después  de seis meses de haber reclamado los dineros de sus poderdantes y  cuando  se  enteró del curso de la acción penal, la procesada entregó ciertas  sumas  de  dinero  a algunos de los perjudicados que, por su ínfima cuantía en  relación  con lo que realmente les pertenecía, ni siquiera podía considerarse  como  indemnización  parcial; y el segundo, que la entrega o dación en pago de  una   oficina   al   abogado   Daza  Daza,  profesional  que  había  recibido  poder  de  los damnificados y  apenas  denunció  los hechos para después desistir de una acción civil que ni  siquiera  había  intentado,  alcanzó  escasamente  para cubrir sus honorarios,  razón  por  la  cual  en  su  momento  fue  instada  una  investigación  en su  contra.   

         En  efecto,  por  prescripción hecha en la calificación de primera  instancia,  apoyada por la de segunda y también en el fallo de primer grado, se  manifiesta lo siguiente:   

“…   Se  dispondrá  la  compulsación  de  copias de las piezas procesales pertinentes a  fin  de  investigar  la  conducta  en  que pudieron incurrir PIEDAD BECERRA y el  abogado  EVELIO  DAZA,  este  último, apoderado de varios pensionados quien tan  sólo   se   preocupó   de  sus  honorarios  (diez  millones),  presentando  un  desistimiento  de  la  acción  de  resarcimiento  de  los  perjuicios cuando en  realidad  ello  no  había  acontecido”  (C.  4, fs.  26).   

         Y en la sentencia de segundo grado se sostuvo:   

“La devolución  parcial  de  sumas  irrisorias  frente  a  lo  que  realmente les correspondía,  cumplida  respecto  de  algunos  de  los  pensionados,  con  posterioridad  a la  iniciación  de  la investigación, como lo demuestran los llamados ‘paz      y     salvos’  que  las  procesadas  aportaron  en  procurar   de  mejorar  su  situación  jurídica,  concurre  a  corroborar  que  efectivamente  la cuantiosa suma fue recibida por las profesionales del derecho,  éstas  la  invirtieron  en  su  propio  beneficio  como  está acreditado en el  diligenciamiento,  olvidándose  por  completo  de  la  suerte  de  sus humildes  poderdantes,  a quienes, hay que repetirlo, solo trataron de localizar cuando se  vieron  expuestas  a  la  acción de la justicia” (C.  Tribunal, fs. 36).   

         Se  concluye,  de  esta  manera, que no fueron ignoradas las pruebas  resaltadas  por  el  actor,  sino  que  jamás  se infirió de sus contenidos la  existencia  de  una  indemnización parcial que justificara la configuración de  la  atenuante  genérica.   Es  más,  admitida  en gracia de discusión la  atenuación,  el  demandante  no  explica  cuál sería su real influencia en la  dosificación  de  la pena, porque un factor de  tal índole implicaría la  imposición   del   mínimo   previsto   en   la   ley,   siempre  que  concurra  exclusivamente,  pero  ocurre que en este caso los juzgadores también derivaron  ingredientes  de  agravación  genérica y otras circunstancias señaladas en el  artículo   61   del   Código   Penal   para   no   partir   de  dicho  límite  inferior.   

         La   conclusión   es   obvia:    no   prosperan   los   cargos  examinados.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

         No casar el fallo impugnado.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE      ENRIQUE      CÓRDOBA  POVEDA           

HERMAN            GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                        

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                     EDGAR               LOMBANA  TRUJILLO              

ALVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                        NILSON                     PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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