10331(29-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 10331  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.  98  

          Bogotá,   D.C.,   veintinueve  (29)  de  agosto  de  dos  mil  dos  (2002).   

         Decide  la Sala el recurso de casación  interpuesto   en   defensa   de   GUILLERMO  BAUTISTA  FORERO  contra  el  fallo  de  fecha septiembre 27 de  1994,  mediante  el  cual  el  Tribunal Superior de Cundinamarca confirmó el de  primera  instancia  dictado  por  el Juzgado 3º Penal del Circuito de Girardot,  que  condenó  al  mencionado  procesado  a la pena principal de dieciséis (16)  años   y   ocho   (8)   meses   de   prisión,   como   autor   del  delito  de  homicidio.   

  HECHOS  

          Dan   cuenta  los  autos,  que  entre  GUILLERMO BAUTISTA FORERO y  José  Alirio Morales Tique se habían presentado desavenencias personales desde  hacía  diez  u  once  años atrás, que sin embargo no habían generado mayores  consecuencias,  por el contrario, parecían haber quedado superadas, a punto que  en  el  día   de  los acontecimientos estuvieron tomando tinto, negociando  unos  cítricos  e  ingiriendo licor. Después, ya en la tarde del 12 de mayo de  1994,  coincidieron  en el paraje denominado “Tienda Nueva”, en la vereda El  Recreo  de  la  comprensión  municipal  de  Tocaima  (Cundinamarca),  donde  se  suscitó  un  altercado  entre  los  dos  citados  concluido  cuando  el primero  disparó    contra    Morales    Tique   el   arma   de   fuego   que   portaba,  ocasionán­dole   las  lesiones  que  determinaron  su  fallecimiento  en  el Hospital San Rafael de la  mencionada localidad.   

  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.   El  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  de Tocaima abrió la investigación en auto de mayo 13 de 1994, en el  que   ordenó   la   captura  del  imputado  BAUTISTA  FORERO,  quien a través de su apoderado solicitó el  señalamiento  de  fecha  y  hora  para  la  indagatoria,  de manera que una vez  fijada,   compareció   en   forma   voluntaria   a  rendir  sus  explicaciones.   

         Posteriormente,  la Fiscalía Seccional  de  Girardot  asumió  la dirección de las diligencias y en providencia de mayo  25  de  1994,  resolvió  la situación jurídica del sindicado afectándolo con  detención     preventiva     por     el     delito     de    homici­dio.   

         En  la etapa del sumario, atendiendo la  petición  elevada  por  el procesado BAUTISTA FORERO,  el instructor le elevó cargos con fines de sentencia  anticipada,  actuación  celebrada  el  8  de  julio  del mismo año y en la que  asistido  por  la  defensora  convencional aceptó la responsabilidad como autor  del  delito  de  homicidio  investigado. En la diligencia fue advertido sobre el  beneficio  consistido  en  la  rebaja  de  un  tercio  de la pena derivada de la  terminación  del  proceso  sin  agotamiento  de  sus fases regulares; asimismo,  sobre  “…  la posibilidad de reducción de otra 1/3  parte  por  concepto  de  confesión del hecho punible, previsto en el artículo  299     del     C.     de     P.    Penal,    diminuente    este    (sic), la Fiscalía sería partidaria de  su  reconocimiento pero que el mismo será de exclusiva potestad del funcionario  fallador”  (f.  156,  cd.  1).   

          2.    El  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Girardot  encontró  cumplidas  las  formalidades  del aludido instituto y satisfechos los  requisitos  probatorios  para  el fallo de condena.  En consecuencia,   dictó  el  fechado julio 28 de 1994, en el que impuso al procesado BAUTISTA  FORERO  la  pena  principal de  dieciséis  (16)  años y ocho (8) meses de prisión, fijó la indemnización de  perjuicios,  y  le  dedujo  la sanción accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  un  período  igual al fijado para la privativa de la  libertad.   El  juzgador a quo negó la rebaja de pena de confesión porque  el procesado adujo una legítima defensa.   

                   Recurrie­ron  contra  esta  determinación  el  Fiscal  25  Seccional  de   Girardot y la defensora del acusado, pero sólo  fue  concedida  la  impugnación  propuesta  por  esta última ante el carácter  manifiestamente    extemporáneo    de    la    presentada    por    el   citado  funcionario.      La   Sala   Penal   del  Tribunal  Superior  de  Cundina­marca  desató la  alzada  mediante  la sentencia atacada en casación, confirmatoria de la dictada  por  el a quo con la modificación en el sentido de reducir la pena accesoria al  término  máximo  legal  de  diez  (10) años, así como de revocar el plazo de  seis  (6)  meses  concedido  para el pago de la indemnización de los perjuicios  causados.   

         LA DEMANDA   

          La  demandante  plantea  un  solo  cargo  dentro  del ámbito de la  causal   primera  de  casación  del  artículo  220  del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal,  esto  es,  por  violación indirecta de la ley sustancial  como  consecuencia  de  un  error  de  derecho,  consistido según indica, en no  habérsele  concedido  a  la  ”confesión  el valor  probatorio”     a    pesar    de    ”encontrarse   suficientemente   demostrada   y  aceptada  en  el  plenario”.   

          En  el  desarrollo del reparo la censora aduce que la Fiscalía, el  juzgador   a   quo   y   el   Tribunal   admitieron   que  el  procesado  había  confesado.   No  obstante,  este  último  en  la  sentencia impugnada, sin  referir  la  fuente, toma la decisión de esta Sala de fecha 1º de diciembre de  1987,  pero omite mencionar que fue complementada en providencia de noviembre 17  de  1988, pasando por alto entonces, que para la configuración de la flagrancia  es  necesaria  la  captura  del incriminado al momento de la comisión del hecho  punible  o  en  los  momentos posteriores al mismo, como también, que en manera  alguna  se  estructura tal situación de evidencia cuando la víctima o terceros  no perciben el carácter delictivo de la conducta.   

          Añade   que   el   fallador   ad   quem  prescindió  “de  lo  estipulado  por la Corte en su sentencia de agosto 13 de  1987,   en   donde   expresa   que   es   necesario   que   el   actor  no  haya  huido”.   Tampoco  atendió  el  principio  de  favorabilidad,  afirma  la  libelista, al relegar las consideraciones favorables  en  torno  al  instituto  de  la  flagrancia,  vertidas  en  el  fallo  de  esta  Corporación   de   fecha  septiembre  9  de  1993  y  en  sus  correspondientes  aclaraciones  de voto, a través de las cuales se indicó que la identificación  o  individualización del autor del hecho no es elemento integrante del concepto  de  flagrancia,  pues  lo que se exige es el sorprendimiento del autor del hecho  punible  en  el  momento  de  su  realización  y  la consecuente captura.    

          Más  adelante  transcribe  en  forma  recortada  el  pronunciamiento  y  las  aclaraciones  aludidas  en lo que estima  pertinente para sustentar las afirmaciones precedentes.   

          En  el  aparte conclusivo del reproche, a partir de las decisiones  atrás  referidas,  la  impugnante  endilga  al  fallador  ad  quem “la  aplicación desfavorable por interpretación errónea…del  concepto  de flagrancia”, que a su vez “lo    indujo    de    contera    a    desconocer    el    valor  procesal”  de  la  confesión  efectuada  por  el  sindicado     BAUTISTA     FORERO    con  satisfacción cabal de los requisitos otrora señalados en el  artículo  296  del anterior estatuto procesal penal, negándole en consecuencia  el beneficio consagrado en el artículo 299 ibídem.   

         Cita  como  normas  violadas  los  artículos 370, 296 y 299 de la  aludida  codificación procedimental, 29 y 32 de la Constitución Política y 45  de  la Ley 153 de 1887, para solicitar a la Sala, en últimas, que case el fallo  impugnado     y    conceda    al    acusado   la   rebaja   de   pena   por  confesión.   

        CONCEPTO  DEL MINISTERIO PÚBLICO   

            El    Procurador    3�  Delegado  advierte que el artículo  32  de  la  Constitución  Política  establece la reserva judicial frente a las  órdenes  de  detención,  y  exige además la existencia de una conducta que la  ley   considere  como  atentatoria  de  bienes  jurídicamente  protegidos  para  autorizar  la  privación de la libertad.  De igual modo, tratándose de la  hipótesis  de  flagrancia,  la  norma  comentada  permite  la  aprehensión del  delincuente  por  “cualquier persona”  sin requerir para este evento concreto el mandamiento escrito de  autoridad  judicial  competente,  expedido  con las formalidades previstas en la  ley.   

         En  este  orden  de  ideas  y a partir de la comparación de dicho  precepto  en  el  derecho  comparado,  el  Ministerio  Público  colige  que  la  flagrancia  es  una situación que se regula en las Constituciones Políticas no  para     definirla    “como    conjunción    de  sorprendimiento  y  captura, sino para conceder autorización a los particulares  y  a  las  autoridades  del estado para actuar por fuera de los recaudos propios  que  garanticen  los  derechos  a la libertad personal y a la inviolabilidad del  domicilio”.   

         

         Así  las  cosas,  en su opinión, el concepto de flagrancia está  desligado  de  la captura del delincuente.  De ahí también, que los   artículos  370  y  371  del  anterior Código de Procedimiento Penal la definan  para  efectos  procesales,  sin  precisar los que de ella pueden derivarse; pero  además,  que  flagrancia  y  captura  en  flagrancia  correspondan  a dos cosas  completamente  diferentes,  de  manera  que de la primera resulte viable derivar  consecuencias  diferentes  a  la aprehensión del delincuente, como acontece con  el beneficio contemplado en el artículo 299 ejusdem.   

         Con  apoyo en los anteriores argumentos encuentra que el procesado  fue   sorprendido  en  flagrancia  como  lo  declararon  en  forma  atinada  los  juzgadores  de  instancia  y  admite  la  recurrente, por lo tanto, no puede ser  reconocida  a  su  favor  la  rebaja de pena prevista en la última disposición  citada.   En  consecuencia,  el  cargo  contenido  en  la  demanda debe ser  desestimado.   

        CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Interés jurídico.   

         La   actuación  seguida  en  contra  del  procesado  BAUTISTA  FORERO  finalizó por la vía  de   la   sentencia   anticipada,  pues  en  la  etapa  instructiva  aceptó  la  responsabilidad  en el cargo que la Fiscalía le erigió atendiendo la petición  elevada  de  su  parte,  concretamente,  como  autor  del  delito  de  homicidio  consumado  en  José  Alirio Morales Tique. Esta circunstancia obliga entonces a  examinar  en primer término, si en la impugnación extraordinaria presentada se  estructura  el  interés  jurídico  como ineludible requisito de procedibilidad  del recurso incoado.   

          Lo   anterior   además,  porque  en  relación  con  los  fallos  dictados   en  desarrollo  de  las  formas  de  terminación  anticipada,  el  numeral 4º del artículo 37B de la codificación  procesal  bajo  la  cual  cursaron  las  presentes  diligencias,  coincidente en  sustancia  con  el  artículo 40 del estatuto actualmente imperante, tratándose  del  sindicado o su defensor, restringía el interés jurídico para apelar a la  temática  expresamente  contemplada  en  el  citado  precepto,  esto  es,  a la  dosificación  de  la pena, el subrogado de la condena de ejecución condicional  y la extinción del dominio sobre bienes.    

         Frente  a  esta limitación consagrada de manera explícita por el  legislador  para  la  alzada, la Sala de antaño ha interpretado que se extiende  también        a        la        casación1,  pues  un criterio distinto  “conllevaría    al   desconocimiento   de   las  finalidades  del  proceso  especial  –fundadas  en  razones  de  una  política  criminal  enderezada  a  brindar  el  doble  beneficio  de disminuir costos con la administración de una  justicia  pronta  y  eficaz,  que comporte al tiempo un resultado punitivo menos  gravoso  para  el  procesado-  mediante  la  introducción  a  destiempo  de  la  posibilidad  de  arrepentirse de la manifestación de conformidad con los cargos  y   la   prueba   de   ellos,   expresada   en   la   diligencia   previa  a  la  sentencia…”.   

         Partiendo  de  las  anteriores  premisas,  ninguna  duda ofrece el  interés  jurídico  del  demandante  en  el presente caso, pues el defensor del  acusado  propende  por  el  reconocimiento  de la rebaja de pena por confesión,  esto   es,  controvierte  la  dosificación  de  la  sanción  impuesta  en  las  sentencias de instancias, integradas aquí en unidad jurídica.   

         Cargo único.   

         Pero  si  el  comentado  requisito  de  procedibilidad  se  muestra  inobjetable,  lo  mismo  no acontece con la demanda  mediante  la  cual  fue  sustentada  la  impugnación  extraordinaria,  pues  la  formulación  del único cargo erigido por la defensora del acriminado contra el  fallo  del  juzgador  ad  quem y su desarrollo argumentativo, presentan serias e  insalvables  deficiencias  técnicas  que le restan todo atisbo de claridad a la  propuesta,  a  tal punto, que resulta difícil desentrañar su verdadero sentido  y alcance, como pasa a considerar la Sala.   

         1.   En  cumplimiento  de  dicho cometido, la Corte indica de  antemano,  que  al  amparo  de la causa primera de casación, cuerpo segundo, la  casacionista   acusa   la   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  como  consecuencia  de  un error de derecho recaído sobre la confesión del sindicado  BAUTISTA  FORERO, que en  el  planteamiento del reparo y a renglón seguido, no hizo consistir sin embargo  en alguna de la modalidades propias de tal desatino.   

En  efecto, de tiempo atrás ha discernido  la  Corte, que el error de derecho en la apreciación  de  la  prueba,  que  se  produce cuando en la  evaluación jurídica de la  misma  se  desconocen  las  normas  referidas  a   su  producción,  o  que  predeterminan  el  valor o la eficacia que le corresponde, es susceptible de dos  expresiones  bien  diversas,  concretamente, de los falsos juicio de legalidad y  de convicción.    

El   primero   de   tales  yerros  está  relacionado  con  el  proceso  de formación de la prueba, con las disposiciones  que  establecen la manera legítima de producirla e incorporarla al proceso, con  el   principio  de  legalidad  en  materia  probatoria,  al  igual  que  con  la  observancia  de  los  presupuestos  y  formalidades  exigidas para cada medio de  persuasión,  de donde se desprende que puede manifestarse entonces, bien cuando  el  juzgador  al  apreciar  una  determina  prueba le otorga validez jurídica a  pesar  de  no  satisfacer  las  formalidades previstas para su producción, o al  negársela   porque   estima   de   manera   equivocada  que  no  reúne  dichas  exigencias.     

En cambio, el falso juicio de convicción  se  estructura  cuando  el  juzgador le concede a un medio demostrativo un valor  que  la  ley  no  le asigna, o le niega el que expresamente se ha establecido en  ella.   Por lo tanto, presupone una tarifa legal de conformidad con la cual  las   pruebas  tienen  un  valor  predeterminado  que  en  manera  alguna  puede  desconocer  el fallador, y resulta ajeno en principio a sistemas como el nuestro  donde  los  medios  demostrativos deben ser estimados con sujeción a las reglas  de la sana crítica.   

En  el  caso  examinado,  a  pesar del enunciado referido la demandante finalmente no ubica el  dislate  de  apreciación probatoria que atribuye a los falladores en ninguna de  estas  dos  expresiones  del  error  de  derecho.   Por  el  contrario, con  ostensible  impropiedad  técnica  se  duele a renglón seguido, de que no se le  hubiese   tenido   en   cuenta   la   confesión   del   inculpado  BAUTISTA  FORERO  a pesar “de  encontrarse  suficientemente  demostrada  y  aceptada en el  plenario”,    sugiriendo   entonces   un   yerro  radicalmente  opuesto,  de supuesta configuración en la contemplación material  de  tal elemento demostrativo, esto es, el falso juicio de existencia, en cuanto  se  ignoró,  según  aduce,  tal  medio  demostrativo  no  obstante encontrarse  legalmente  producido  e  incorporado  a  las diligencias, de conformidad con el  artículo 296 del anterior estatuto de procedimiento penal.   

2.  Abundando en consideraciones, así  se  entendiera  que  la  casacionista  en la postulación del ataque simplemente  equivocó  la  nominación  del yerro de apreciación probatoria endilgado a los  falladores,  que afirmó recaído sobre la confesión obtenida del sindicado, no  por  ello  sale  bien  librado en materia de técnica porque se tendría en todo  caso  y  de otra parte, que su demostración tampoco estuvo dirigida a comprobar  la  hipótesis  de  error  de  hecho  en  últimas  alegada. Adversamente, en el  desarrollo  del  reparo  la  defensora  en  ostensible  contradicción  negó la  realidad  de  dicho desatino, pues asegura que la Fiscalía, el juzgador a quo y  el  Tribunal, este último precisamente en el fallo recurrido, admitieron que el  acusado      BAUTISTA     FORERO     había   confesado   la  comisión  del  ilícito,  lo  cual   presupone   entonces   que   la   prueba  que  se  arguyó  prescindida  si  fue  apreciada.   

Más  adelante,  la  libelista parte de la  anterior  premisa  para  abandonar  del  todo  la  acusación que por vía de la  violación  mediata de la ley sustancial había planteado y se perfila entonces,  con  evidente  impropiedad  técnica por el sendero de la transgresión directa,  toda  vez  que sin discutir los hechos que los juzgadores dieron por demostrados  ni  la  valoración  de  las  pruebas,  pretende esbozar un debate estrictamente  jurídico  sobre  la  noción  de  la flagrancia, pasando por alto que en manera  alguna  podía  impugnar la sentencia en un sentido pero sustentar el ataque por  uno  diferente, pues una tal dilogía impide desentrañar con claridad y nitidez  el sentido de la censura.   

De todas maneras, no sobra agregar, tampoco  desde  la  última  perspectiva  el  ataque  se  ofrece coherente, por cuanto se  desarrolló  a  través de un alegato insustancial distanciado de las exigencias  propias  de la impugnación extraordinaria, donde la censora desde su particular  punto  de vista, en implícita discrepancia con la valoración jurídica que los  juzgadores  realizaron  de  los  hechos  declarados en el fallo, y tergiversando  además  el criterio mayoritario de la Sala en torno a la flagrancia plasmado en  las  decisiones  que reseña, de fechas diciembre 1º de 1987, M. P. Dr. Rodolfo  Mantilla  Jácome, radicado 2,070, noviembre 17 de 1998, M. P. Dr. Jaime Giraldo  Ángel,  radicado  2.644, y septiembre 9 de 1993, M. P. Dres. Juan Manuel Torres  Fresneda  y  Edgar  Saavedra  Rojas,  radicado  7.142,  simplemente  postula los  elementos  que  estima  deben  concurrir  para  que  la  referida  situación de  evidencia  se  estructure, concretamente, el sorprendimiento del autor del hecho  punible en el momento de su realización y la consecuente captura.   

También   por   esta   vía   del  mero  enfrentamiento  de  su  personal e interesada comprensión de la flagrancia, con  una  imprecisa  y  ambigua  cita  de  una  decisión de esta Sala, la recurrente  afirma  que  el fallador ad quem prescindió “de lo  estipulado  por  la Corte en su sentencia de agosto 13 de 1987, en donde expresa  que  es  necesario  que  el actor no haya huido”; y  plantea  asimismo, un inexistente cambio de criterio de la Corporación respecto  de  las normas bajo cuya vigencia se adelantó el proceso, que intenta demostrar  confrontando  la  sentencia  de  septiembre  9  de 1993, M. P. Dres. Juan Manuel  Torres  Fresneda  y  Edgar Saavedra Rojas, con las aclaraciones de voto de   los  magistrados  Saavedra  Rojas y Calvete Rangel, no sólo para insistir en la  captura  como  requisito  integrador  de la noción de flagrancia, sino también  con  la  finalidad  de  predicar  la  violación  del principio de favorabilidad  porque  no  fue atendida la decisión de la Corte que acogió la interpretación  más  benigna  en  torno  a  dicho  instituto,  pasando  por alto que el aludido  postulado  presupone  una  sucesión  de  leyes  en  el tiempo por ninguna parte  siquiera  sugerida,   que al tiempo de los debates y de presentación de la  demanda, por lo menos, tampoco se había producido.   

Así  las  cosas,  por  las  impropiedades  acotadas,  el  único  cargo  formulado  contra el fallo de segunda instancia no  prospera.   

3.  Finalmente,  la  Sala  reitera  que la  discusión  antitécnicamente planteada por la censora respecto de la flagrancia  ha           perdido           actualidad2,   pues   el   Código   de  Procedimiento  Penal  de  reciente  vigencia  reformó  de  manera sustancial su  noción,  a  tal  punto, que hoy en día no resulta posible la distinción entre  la  flagrancia entendida como situación de evidencia procesal y la captura como  su  correlativa  consecuencia, en la medida que al tenor del artículo 345 de la  Ley  600  de  2000  la flagrancia se vincula indefectiblemente a la aprehensión  “al    momento    de   cometer”   la         conducta         punible,         o        “inmediatamente  después por persecución o voces de auxilio de  quien presencie el hecho”.   

Sin  embargo,  la  consideración  de esta  norma   en  modo  alguno  lleva  en  el  presente  caso  al  reconocimiento  por  favorabilidad  del  beneficio  pretendido  en  la  demanda.   En efecto, el  requisito     de     que    la    confesión    constituya    el    “fundamento          de         la         sentencia’,            jurisprudencialmente  reivindicado  frente  al  artículo  299 del  anterior  Código  de Procedimiento Penal, aparece ahora de manera explícita en  el  artículo  283  del actual estatuto, presupuesto que al haber sido echado de  menos  al  lado  de  la  flagrancia  predicada  como  situación de evidencia en  detrimento    de    la   situación   jurídica   del   sindicado   BAUTISTA       FORERO,  determinó en los fallos de instancia  la  negación  de  la  rebaja  de  pena por la actitud asumida de su parte en la  diligencia de indagatoria.   

Ciertamente,  en  la  sentencia  de primer  grado  que  con  la  recurrida  integra  unidad  jurídica,  sobre el mencionado  beneficio y sustento en la jurisprudencia de esta Sala se precisó:   

“…Ha  planteado  pues  el  sindicado  Guillermo  Bautista  Forero  una causal de justificación, como se anotó antes,  en  el desarrollo de su actividad delictiva, relativa a la legítima defensa, lo  cual  le quita la naturaleza de confesión simple y la relega a la de confesión  calificada,  caso  en  el  cual no prospera ni procede la reducción de pena por  confesión   prevista   en   el  artículo  299  del  Código  de  Procedimiento  Penal…” (f 174, cd. 1).   

En la decisión confirmatoria del ad quem,  luego  de  excluirse la rebaja punitiva ante el estado de flagrancia del delito,  el  Tribunal   tras  aludir  a la prueba testimonial de cargo acopiada, con  idéntica orientación argumentativa se concluyó:   

“En otras palabras, su confesión no fue  útil     para    establecer    autoría,    ni    tampoco,    para    demostrar  responsabilidad”       (f.       10,      cd.  Tribunal).   

4.   Resta  agregar,  finalmente, que  como  la  providencia  impugnada  se  mantiene,  la aplicación retroactiva  favorable  de  las  disposiciones  contenidas  en  el  actual  estatuto punitivo  (Ley 599 de 2000), frente  a  las  normas  preexistentes  a  los  hechos investigados y con sujeción a las  cuales  se  profirió la condena, si hubiere lugar a ella, le compete al Juez de  Ejecución  de  Penas  y Medidas de Seguridad de conformidad con las previsiones  del artículo 79-7º del actual estatuto procesal penal.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         En  mérito  de  lo  expuesto la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la Ley,   

         

RESUELVE  

         NO CASAR la  sentencia impugnada.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                           JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN    GALÁN    CASTELLANOS                                     CARLOS           A.           GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                  ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS      E.       MEJÍA  ESCOBAR                                                                   NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  Secretaria   

    

1  autos  de  julio  3  de  1997 y marzo 4 de 2000, M.P. Dr. Arboleda Ripoll, entre  otros   

2 En  este  sentido  los  fallos  de  enero  31 de 2002 y febrero 14 de 2002, M.P. Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego,  radicado  12.073;  abril  18 de 2002, M.P. Dr.  Carlos A. Gálvez Argote, radicado 10.194.     

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