9704 (08-04-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    PODER SANCIONATORIO DEL JUEZ  

Bien  hizo entonces el funcionario acusado en  volver  en  la   diligencia  de  audiencia pública sobre la manera como se  sucedieron  los  hechos y las preguntas que formuló en tal sentido, eran apenas  las  que  habían  de  esperarse de quien ciertamente buscaba claridad sobre los  acontecimientos,  fundado  para  hacerlo en la ya obrante prueba testimonial que  permitía  pensar  en  la  existencia  de una tentativa de homicidio. Ese era su  deber   legal.    Las   incógnitas   que   aún   perduraban   en  materia  investigativa,  que, además,  no le eran imputables porque el Juez acusado  no  había  tenido  a su cargo la etapa instructiva, fueron las que, sanamente y  con  buen  criterio,  buscó  esclarecer.  Las  preguntas  fueron  directas, con  respaldo  en  la  prueba  testimonial,  y  no capciosas -como se asegura- dizque  porque  no  permitían  sino una respuesta comprometedora de la acusada. Ello es  inexacto.  Pero  encontraron  la oposición indebida de la defensora y bien hizo  el  acusado  al  sancionarla  porque  de  su  comportamiento  no  puede menos de  predicarse  que  buscaba  evitar  que él cumpliera con su deber, y de lo que se  seguiría  un comprometimiento mayor en derecho para su representada. La doctora  Contreras  Bernal entorpeció, alteró, pues, el desarrollo de la audiencia y de  ahí   que   se   hiciera  merecedora  al  correctivo  que  -habiéndosele  dado  oportunidad  de  controvertir  la medida- se le impuso, conforme al inciso final  del artículo 453 del Código de Procedimiento Penal.   

PROCESO                                    : 9704   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

Aprobado Acta No.32 (03-IV-97)  

Santafé de Bogotá, D.C., ocho (8) de abril  de mil novecientos noventa y siete (1997)   

VISTOS:  

                      Decide la  Corte  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el Fiscal Delegado ante el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Neiva, contra la sentencia proferida  por  esa  Corporación el 13 de julio de 1994, por medio de la cual absolvió al  Dr.  FABIO  JAIME ROJAS CABRERA de los cargos que por los delitos de prevaricato  y   detención  arbitraria  en  concurso  real   le  formuló  aquél,  por  Resolución  de  acusación  de  agosto  19 de 1993, confirmada por la Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante  la  Corte,  según  hechos  acaecidos cuando aquel se  desempeñaba  como  Juez  Primero  Promiscuo  Municipal  de  San Agustín (Huila  ).   

HECHOS:  

                         Unos,  tuvieron  ocurrencia  en  la  tarde  del  25 de septiembre de 1992 en el Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  San  Agustín  –  Huila-, en el proceso seguido por el  delito  de  lesiones  personales  contra  María  Nancy  Bravo  Díaz, cuando se  desarrollaba  la audiencia pública presidida  por el doctor ROJAS CABRERA,  actuando  la  doctora Ana Ceneth Contreras Bernal en calidad de defensora y como  Agente del Ministerio Público, Nelson Enrique Martínez González.   

                     Abierto el  debate  público,  el  juez acusado le preguntó a la procesada: “Explíquenos  qué  era  lo que usted pensaba hacer con Nury Salamanca Chates desde el viernes  anterior  al  día  de los hechos como dijo en su indagatoria al folio 11?”, a  lo  cual  contestó:  “Yo digo lo que me acuerdo porque casi no me acuerdo; yo  ya  había  lesionado  con  el  cuchillo,  no…  -la  sindicada piensa sobre la  pregunta  o  para  responder  a  la  misma- …”. En este momento intervino la  defensora  para  hacer  constar  su  inconformidad  por  el  interrogatorio pues  consideró  -y  así  lo  dijo-  que  el  Juez estaba tratando de confundir a la  incriminada  para hacerla variar su confesión y no reconocerle la ira e intenso  dolor  con  que  manifestó  en  la  indagatoria había actuado. A ésto el Juez  respondió  que  sólo  estaba cumpliendo con la ley (art. 449, inc. 2o.) que lo  autorizaba  para  indagar  a  la  acusada  acerca del hecho punible y sobre todo  aquello que conduzca a revelar su personalidad.   

                     La abogada  manifestó  que  no  se  podía averiguar sobre los indicados aspectos porque ya  sobre  eso  se había preguntado en la indagatoria. El Juez continuó indagando,  y  la  defensora  insistiendo  en  su  oposición,  por lo que el funcionario la  amonestó.   

                     Se siguió  con  el  interrogatorio  pero como  -según la defensora- el mismo atentaba  contra  los  derechos  de la acusada, constituyendo una atrocidad y un abuso del  Juez,  renunció  a  su  encargo,  solicitando  que se nombrara, de oficio, otro  profesional  del  derecho en su reemplazo. El funcionario optó por disponer que  se  remitiera  copia  de la diligencia a la Sala Disciplinaria del Tribunal para  que  se  investigara  la  posible infracción al artículo 50 del Decreto 196 de  1971.  El  Personero  Municipal  intervino  solicitando  la  suspensión  de  la  diligencia.  Y  como la defensora comentara que “ésto no parece una audiencia  sino  un  circo”,  el  Juez  se  sintió  irrespetado  y, con fundamento en la  preceptiva  del  artículo  453  del  C.P.P.,   la  sancionó  con  arresto  inconmutable  hasta  por  doce (12) horas, de las cuales solo dos estuvo privada  de  la  libertad en  el Cuartel de la Policía, por prosperar la acción de  habeas  corpus  que  se  presentara   ante  el  Juzgado  Segundo  Promiscuo  Municipal de San Agustín.   

                     

                      Los otros  acontecimientos  denunciados  como presuntamente delictivos consistieron en que,  4  días  después de la audiencia, esto es, el 29 de septiembre de 1992, el Dr.  ROJAS  CABRERA   profirió  un  auto  en  el que modificó la calificación  jurídica  de  lesiones personales que se le había dado a la conducta realizada  por  María  Nancy  Bravo  Díaz. Esto, por cuanto el funcionario entendió que,  con  la  respuesta  de la procesada al interrogatorio cumplido en la audiencia y  en  el sentido de que sí corrió detrás de la víctima, a la que había herido  antes,  “para  acabarla  de  chuzar  o  matar”,  se estaba ante el delito de  tentativa de homicidio (fl. 83 C.O.)   

         

LA ACTUACION PROCESAL:  

                      1.-  Las  presentes  diligencias  tuvieron  origen  en  las  fotocopias  de  apartes de la  referida  audiencia  pública  y  de  otros documentos del proceso adelantado en  contra  de  Bravo Díaz, que ordenó expedir el Dr. ROJAS CABRERA, por solicitud  del  abogado  designado  por  la  Dra.  Contreras para que la representara en la  actuación  relacionada  con  la  sanción  de  arresto que aquel le impuso, por  considerar  que  pudo  tipificarse  un delito de prevaricato por acción. El Dr.  ROJAS,  a  su  turno,  también  dispuso  que  se  compulsaran  copias para  investigar  el  posible  delito  de  calumnia,  en  el  que él era la víctima.   

                    Con base en  la   referida  documentación   la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Neiva, dispuso la consiguiente indagación preliminar, acreditando  la  calidad del Dr. ROJAS CABRERA  como Juez 1o. Promiscuo Municipal de San  Agustín, para cuando sucedieron los hechos.   

                    Así mismo,  se  escucharon los testimonios de la abogada Contreras Bernal (fl. 37 C. O.), de  Pablo  Emilio  Cabrera  Solarte (fl. 42 C.O), Secretario del Juzgado Promiscuo y  del  Personero  Municipal  de  San  Agustín, Nelson Enrique Martínez González  (fl.48 C.O).   

                      Según la  declaración  de  la  Dra.  Contreras  Bernal,  nunca  antes  hasta la audiencia  pública  había  tenido altercado alguno con el Dr. ROJAS CABRERA; no obstante,  el  día  de  los  hechos  se  incomodó por la tardanza en la iniciación de la  referida      diligencia      y      por      las     preguntas     ‘asertivas’  que  el  Juez  le  formuló  a  la  procesada,  viéndose  en la necesidad de objetarlas, por cuanto su defendida en  el  afán  de  salir  pronto  de  la cárcel, a todo contestaba que ‘si’,   perjudicándose,   y   como   el  funcionario  no  le permitía hablar con la detenida, para explicarle las cosas,  se  sintió  impotente  como  defensora,  percatándose  de  ello  el  Personero  Municipal.  Intervino,  entonces,  éste,  entrando  en discusión con el Juez y  ahí  fue  cuando  ella  comentó que “esto no parece una audiencia, parece un  circo”.  Nunca  injurió  ni  le faltó al respeto al funcionario, no pudiendo  entender  cómo  éste  no  comprendía que ella no vivía en San Agustín y los  perjuicios  que  con  la  lentitud en el desarrollo de la diligencia le causaba.  Agrega  que, como defensora, tenía que preservar lo afirmado por Bravo Díaz en  su  injurada porque la beneficiaba, razón por la cual “Objetaba las preguntas  con  el  fin  de  que  la  procesada  entendiera  cuál era su situación en esa  diligencia  y  a  dónde  era  que  la  quería  llevar  el señor Juez con esas  preguntas”.   

                       Cabrera  Solarte,  a  su  turno,  declara  que,  después  de  leída  la  resolución de  acusación,  el   Juez  procedió  a  interrogar  a  la  implicada, pero la  doctora  Contreras  Bernal  intervino, asegurando que ella no iba a permitir que  se  le  formularan  a  la  procesada  preguntas asertivas. El Juez no aceptó la  objeción,  prosiguió  con  el  interrogatorio, pero la defensora se opuso a la  continuación  de  la  diligencia  por  falta  de  garantías. El funcionario la  amonestó  para  que  ‘no  alterara  el  curso’  de  ésta.  Medió, entonces, el agente del Ministerio Público, aseverando que ante  la  eventual  renuncia de la defensora la actuación debía  interrumpirse.  Mientras,  el Juez y la abogada discutían, y, en esas, “la doctora Ana Ceneth  manifestó  que  eso no parecía una audiencia sino un circo, a lo cual -sic- el  señor  Juez  procedió  a  sancionar  a  la  citada  abogada  por doce horas de  arresto”.   

                      Como  la  doctora  Contreras  Bernal  había  designado al Dr. Rojas Sánchez, para que la  representara  en lo referente a la mencionada sanción correctiva, éste, dentro  de   una   constancia   que  el  Secretario  elaboraba,  solicitó  que  aquella  determinación  se  revocara, pero el Dr. ROJAS CABRERA, mediante auto, rechazó  tal  petición.  Y  como  el  Personero  le demandó al Juez que, por razones de  seguridad,  permitiera  que la abogada no permaneciera en la cárcel, sino en el  cuartel de la policía, así lo aceptó el funcionario.   

                    Al final el  Secretario  declarante  concreta  que  las  expresiones  de  la  doctora  que le  merecieron  la  sanción,  fueron  “Que  eso no parecía una audiencia sino un  circo,  que  el  señor  Juez  debía  de  tener  consideración que ella estaba  nombrada  como  apoderada  de  oficio  y  que  iba  de  Pitalito  a  cumplir esa  diligencia  y  sin  ninguna  remuneración  y  que la audiencia ya llevaba mucho  tiempo.  Que  ella  tenía  que estar aquí en Pitalito (lugar de recepción del  testimonio  del  empleado judicial) ese mismo día  en otra diligencia. Que  no  debía  el  señor  Juez  tratar de cambiar la versión de la implicada, que  para  eso  ya  se  había  escuchado  en diligencia de indagatoria. Que por qué  trataba  él  o  pretendía  que la sindicada diera otra versión de los hechos,  él  le respondía que como él tenía la dirección de la audiencia, que la ley  lo  facultaba  para  interrogar, que él lo podía hacer, ésto se hacía en voz  alta de parte y parte.”.   

                      Martínez  González   declaró que el Juez comenzó el interrogatorio de la procesada  y  la  defensora   se  opuso  expresando que no se indagara sobre lo que ya  obraba  en  el  expediente.  Que,  como  el  Juez  hacía preguntas asertivas la  abogada  las  objetó, respondiéndole aquél que su obligación era aclarar los  hechos.  La  profesional  del  derecho dijo entonces que se retiraba del recinto  porque  “eso  no  era una audiencia sino un circo”, derivándose de allí la  sanción  de  arresto.  Que  él  le  solicitó  al Juez que la abogada no fuera  conducida  a  la  cárcel, sino al cuartel de  la policía, a lo que aquél  accedió.   

                         El  Comandante  de la Estación de Policía de esa localidad, certificó que la Dra.  Contreras  permaneció  privada  de la libertad entre las 5:00 de la tarde y las  7:05  de  la  noche  del 25 de septiembre de 1992. También se trajo a los autos  copia  del  trámite  de la acción de habeas corpus que se interpusiera ante el  Juez   Segundo    Promiscuo   Municipal   de   San   Agustín   y  de  cuya  prosperidad   derivó  su libertad, con cumplimiento parcial de la sanción  impuesta.   

                    Con base  en   estas   pruebas,   se  dispuso  la  apertura   de  la  investigación,  vinculándose  a  la misma, mediante injurada, al Dr. FABIO JAIME ROJAS CABRERA,  a  quien  se  le resolvió su situación jurídica  -auto de febrero 4/93-,  imponiéndole  medida  de  aseguramiento de detención preventiva y otorgándole  libertad  provisional  caucionada,  como  presunto  autor  responsable del   delito  de  prevaricato  por  acción al violar ostensiblemente el artículo 290  del  C.  de  P.  P.  que  prohibe  la  formulación de preguntas capciosas a los  testigos  y  al  proferir  providencia  manifiestamente  contraria  a la ley, al  variar  la  calificación jurídica del delito que se le imputaba a María Nancy  Bravo,  fundamentándose  en un interrogatorio totalmente arbitrario y no contar  con  prueba  para  desprender  la intención homicida,  y, también, por el  ilícito  de  privación  ilegal  de la libertad dada la sanción caprichosa que  impuso  a  la doctora Ana Ceneth Contreras . Inconforme con la determinación el  procesado  interpuso recurso de apelación, el que fue resuelto por la Fiscalía  Delegada  ante  la  Corte el 19 de abril del mismo año, revocando la detención  preventiva  por el delito de prevaricato derivado del cambio de la denominación  jurídica,  y  confirmándola  por  los  de  privación  ilegal de la libertad y  prevaricato por la sanción a la abogada defensora.   

                  Se allegó  al  expediente  copia  de  las  declaraciones  recepcionadas  dentro del proceso  adelantado  contra María Nancy Bravo Díaz y se dispuso que se trajera también  fotocopia  de  los  autos  que se hubieran allí dictado hasta el 2 de diciembre  cuando se verificó la vista pública, lo que así se hizo.   

                  Clausurada  la  etapa  instructiva  y  previa  alegación del Procurador 140 en lo Judicial,  quien  solicitó la preclusión por atipicidad de las conductas imputadas al Dr.  ROJAS   CABRERA,  se  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  mediante  resolución  acusatoria  de  agosto  19  de 1994, por “los delitos en concurso  real  de  tipos  de  prevaricato  y  detención arbitraria”, contra la cual se  interpuso,  por  el  procesado,  recurso de apelación, el que se desató por la  Fiscalía  Delegada  ante  la  Corte, 15 de septiembre del año próximo pasado,  impartiéndole confirmación.   

                    La etapa  de  la causa se adelantó por el Tribunal Superior de Neiva. En el desarrollo de  la  audiencia  pública  fue  la  primera  vez  en  que  se habló -y lo hizo el  procesado-  de  trastorno  psiquiátrico  por  él  padecido  que le significó,  incluso,  reclusión  en  el  Hospital  General  de  Neiva.  Por  esta razón se  solicitó  por  parte  del  Procurador  Judicial 140 que se allegara la historia  clínica  respectiva.  Obtenida  ésta se sometió a ROJAS CABRERA a evaluación  psiquiátrica,   con   los   resultados  que  -más  adelante-  se  precisarán.   

                   Culminada  la  audiencia  pública  se profirió la sentencia absolutoria de marras, la que  apelada  por  el  Fiscal  Delegado  ante el Tribunal, se desata -ahora- por esta  Colegiatura.   

         2.-   Para   una  mejor  comprensión  del  asunto,  es  del  caso  transcribir  el resumen que del trámite del expediente adelantado contra María  Nancy   Bravo  Díaz,  realizó  el Fiscal Delegado ante el Tribunal, en la  resolución de acusación contra ROJAS CABRERA,  así:   

         “El  12  de  mayo/89 rindió indagatoria María Nancy Bravo Díaz,  sindicada  de haber lesionada con arma blanca (cuchillo) a Nury Salamanca, donde  confiesa  el  delito  aduciendo  que  su  actuar obedeció a los comentarios que  contra  su  honra venía haciendo desde tiempo atrás Nury, pues a varias de sus  amigas  les  había  dicho  que  ella  era una ‘ramera’, llegando a oídos de su  señora  madre  tales murmuraciones. Por esta razón cuando vio a Nury dirigirse  hacia  el  colegio  la  alcanzó  y  con  un  cuchillo  que  tomó de su casa le  ocasionó  dos heridas, una en el seno derecho y otra en el costado. La indagada  aportó  los  nombres  de quienes presenciaron los hechos al igual de las amigas  que sabían de la enemistad que existía entre ellas.   

                     “Omaira  Chilito  Paz  testigo  presencial cuenta que caminaba acompañada de la ofendida  Nury  Salamanca  cuando repentinamente María Nancy Bravo sorprendió a su amiga  propinándole  primero  unos  puños por la espalda e inmediatamente se trabaron  en  riña  no  pudiendo  precisar el instante en que recibió las heridas porque  cuando  Nury  salió  corriendo  pidiendo auxilio y ya se le notaba la sangre en  sus  vestiduras,  la  agresora  persiguió  a la lesionada según cree ella para  acabarla  ‘de  chuzar  o  matar’,  pero  unos  vecinos la refugiaron en su casa.  Comenta  que cuando María Nancy se alejaba del lugar la vio esconder el arma en  un bolso.   

                        “La  deponente  Luvinel Castañeda Ramos aunque dice no haber presenciado el instante  en  que  resultó  herida Nury, fue la persona que al verla herida la auxilió y  trasladó  hasta el hospital. Como dato importante afirma que la agresora estaba  frente  a  su casa guardaba el cuchillo en una bolsa pero cuando ella pretendió  trasladar  a  la  herida para que recibiera atención médica, María Nancy hizo  ademán  de  sacar  nuevamente  el arma y acercarse a la ofendida pero desistió  porque ésta se desmayó.   

                        “En  similares  términos  declaró  Nancy  Oliva  Castañeda  Ramos, corroborando el  hecho  de  que María Nancy Bravo persiguió a Nury, permaneció por un lapso de  tiempo  -sic-  frente  a  la  casa  donde se refugió ella y en forma desafiante  portaba el cuchillo oculto en una bolsa.   

                     “Carmen  Chates  de  Salamanca  (madre  de  la ofendida) se refiere a los acontecimientos  pero  por  comentarios que llegaron a sus oídos, pues no estaba presente cuando  el  ilícito  fue  cometido.  Por  su  parte  Juana  Martínez,  María  Rubiela  Martínez,  Felisa  Ramos  de  Castañeda,  Edgar Cajiboy Ome, Luz Nelly Cajiboy  Ome,   Ana  Cardeth  Marín  Trujillo  y  Teresa  Rosero  Córdoba  cuentan  que  únicamente  vieron  correr  ya  herida  a Nury Salamanca y a María Nancy Bravo  perseguirla  portando  un  cuchillo que camuflaba dentro de una bolsa plástica.  Dicen  no  haber  presenciado el instante mismo de la agresión, pero la última  relacionada  agrega  que cuando trató de prestarle auxilio a la ofendida María  Nancy  le  increpó  para que no se metiera porque si no le daba cuchillo a ella  también.   El  señor  Jorge  Eduardo  Hoyos Bahos atestigua que estando a  unos  30  metros  de  distancia  observó  el instante en que María Nancy Bravo  alcanzó  a  Nury  y la agredió con un arma cortopunzante que portaba escondida  en  una bolsa plástica; que la lesionada corrió pidiendo auxilio y su agresora  la persiguió; ignora los móviles que originaron tal ilícito.   

                     “En el  Hospital  Regional  de  Pitalito se le escuchó en declaración a Nury Salamanca  Chates  donde  relató que ha tenido enemistad con Rubiela Martínez  y sus  primas  Dora  y  María  Nancy  Bravo, que el día de autos se dirigía hacia el  colegio  cuando  repentinamente  fue  atacada  por su espalda y le asestaron una  puñalada  que la hirió en el seno, al voltear vio que la agresora era su prima  quien  inmediatamente  la hirió de nuevo en la cadera, emprendió la huida pero  ésta  la  perseguía,  por lo cual se refugió en la casa de una amiga. Comenta  que  la enemistad con sus consanguíneas surgió por una confidencia que le hizo  a  Nancy  quien  no  guardó  el  secreto  sino  que  lo  transmitió  a  Dora y  Rubiela.   

                      “El  Juzgado  Promiscuo Municipal de San Agustín emitió las siguientes providencias  interlocutorias  en  el  proceso contra María Nancy Bravo Díaz, así: el 17 de  mayo/89  resolvió  la situación jurídica de la vinculada imponiéndole medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  y  libró  la  orden  de  captura  pertinente.  En  julio  12  de  1989  negó la petición de libertad provisional  invocada  por  la  sindicada. El 27 de julio de 1989 se calificó el mérito del  sumario  y  se  profirió  resolución  de  acusación contra María Nancy Bravo  Díaz  por  un  delito  de  lesiones  personales  y  se le niega el beneficio de  libertad  provisional.  El 17 de agosto de ese mismo año se negó nuevamente la  petición  de  libertad a la enjuiciada. 15 de septiembre/89 el a-quo suspendió  la  detención  preventiva  de María Nancy  en virtud a lo dispuesto en el  art.  432  del  C.  de P. Penal toda vez que a la procesada le faltaban menos de  dos meses para dar a luz.   

                   “Con auto  del  5  de  junio  de  1992 el Juzgado revocó la providencia anterior y dispuso  nuevamente  la  captura  de María Nancy. Cuando se emite este interlocutorio ya  se   desempeñaba   como   titular   del   Juzgado  el  Dr.  FABIO  JAIME  ROJAS  CABRERA.    El  29  de  septiembre/92  el  Juez  resuelve modificar la  calificación  provisional  del  delito  porque  considera  que sobrevino prueba  durante  la  diligencia  de  audiencia pública realizada el 25 de septiembre de  ese  año  que  amerita  tomar  esa  decisión,  toda vez que al interrogar a la  procesada  ‘si  era cierto que cuando Nury salió corriendo herida usted corrió  detrás  de  ella  para acabarla de chuzar o matar, ésta contestó que SI’; por  lo  tanto  se  estaría  frente a un delito de Tentativa de Homicidio y  no  Lesiones  Personales.  Se  declara  sin  competencia  para seguir conociendo del  proceso  y  lo  remite  a  la Unidad Seccional de Fiscalías de Pitalito para su  asignación.   

                       “Con  resolución  calendada  en  octubre 2 de 1992 la Fiscalía Seccional Veinticinco  con  sede  en  Pitalito considera que por encontrarse el proceso en la etapa del  juicio,  le  corresponde  a los Juzgados Penales del Circuito pronunciarse sobre  la  determinación adoptada por el Juzgado Promiscuo, se declara sin competencia  y  devuelve el expediente a la oficina de origen. Recibido nuevamente el proceso  el  6  de octubre de 1992, el Dr. ROJAS CABRERA dicta auto de sustanciación que  dice:  `OBEDEZCASE Y ESTESE a lo resuelto por la Fiscalía Seccional Veinticinco  de  la  ciudad  de  Pitalito, Huila…’.El 8 de octubre siguiente en virtud a la  renuncia  que  hiciera  la Dra. Ana Ceneth como defensora de María Nancy Bravo,  le  asigna  otro defensor de oficio. Hasta aquí la actuación del sindicado dr.  FABIO  JAIME  ROJAS  CABRERA  como Juez Primero Promiscuo de San Agustín.”   

         

LA        SENTENCIA   IMPUGNADA:   

                   A ella se  referirá  en  detalle  la  Corte  en  el  acápite  considerativo  del presente  proveído.   Por   ahora   se  impone,  para  resaltar  los  fundamentos  de  la  absolución,  transcribir su apartado final, que dice:   

         “…  Podría  pensarse  que  tal  perturbación  le duró al juez  sólo  durante  esa  tarde  y que cuando dictó cuatro días después el auto en  donde  varió la calificación del hecho imputado a María Nancy Bravo Díaz, ya  el  juez  había  tenido  tiempo  de  serenarse  y con sindéresis, buen juicio,  analizar  la  petición y sí entonces observar allí su mala fe. Además, de si  en  esa  primera fecha 25 de septiembre actuó sin la capacidad de comprender su  ilicitud  o  determinarse  de  acuerdo con esa comprensión por trastorno mental  transitorio  y  el  29  siguiente  a  conciencia y voluntad. Al respecto hay que  tener en cuenta dos cosas:   

                     “1.- Si  bien  el Dr. FABIO JAIME ROJAS CABRERA padece una enfermedad `esquizoparanoide’,  en  donde  ‘su actividad aparentemente tranquila, se exaspera cuando se discrepa  o  se  hace  alguna insinuación de duda sobre su exposición’, como lo menciona  el  psiquiatra  en  el  examen  mental;  y  dada la forma como se desarrolló la  diligencia,  no  puede  tenérsele  como  un  trastornado mental transitorio, ni  menos  creerse  que  en tal estado duró hasta tres días después, no existe en  el  expediente  dato  que  lleve  a  pensar  que  entró  en  crisis y todas sus  actuaciones  subsiguientes  en  el  despacho  estuvieran enmarcadas dentro de la  misma.  Todo  lo  contrario,  al  motivar,  así fuera brevemente sus decisiones  señala  con  base  en  que norma las toma, tratando de ser coherente y lógico,  por tanto;   

                     “2. Se  concluye   que   dada  su  personalidad  con  delirios  de  orden  persecutorio,  megalomaníaco,  que  lo hace persistir en su terquedad, en su obstinación, con  la  inicial  y  desatinada intervención de la abogada, ésta hizo que su ánimo  se  alterara  e  incurriera  en  un  error,  en  este  caso es discutible si nos  encontramos  frente  al  error de tipo o el error de prohibición (numeral 3o. y  4o.  art.  40),  por  cuanto  el  procesado  considera que dictó sus decisiones  ajustadas  a  derecho  y así las motivó, claro que en la audiencia donde se le  juzga  acepta que se equivocó pues debió enviar al Juez del Circuito y no a la  Fiscalía  el proceso por lesiones personales y explica el porqué entendió que  podía  variar  la  calificación  jurídica,  al  igual  que  no haber oído en  descargos  a  la  abogada que sancionaba para así haber seguido el trámite del  art.  39  del C. de P. Civil para sancionarla, pero ya, tenía su ánimo sereno,  había  pasado más de un año y desde luego estudió su situación para poderse  defender,  argumentando  cierta  ignorancia, desconocimiento de las normas, pero  por  sobre  todo, su ausencia de dolo, e insistió en que así creyó que era su  correcta  interpretación cuando emitió las decisiones.  Siendo invencible  -dado  su  particular  estado mental- el error en el cual incurrió el Dr. FABIO  JAIME  ROJAS  CABRERA,  debe  concluírse  que  su actuar se adecua dentro de la  causal  de  inculpabilidad traída en el numeral 4o. del art. 40 del C.P., valga  decir,  en  la  modalidad  de  error de tipo, ante la equivocada interpretación  efectuada  por  el ex-juez a las normas que aplicó en el caso sub-exámine; por  consiguiente  se  absolverá  de  los  cargos  formulados  en  la resolución de  acusación.”   

LA IMPUGNACION:  

                  Empieza el  recurrente  por  señalar que tuvo oportunidad, en su  condición de Fiscal  Delegado  ante  el  Tribunal,  de  proferir  resolución acusatoria contra FABIO  JAIME  ROJAS  CABRERA,  por  dos delitos de prevaricato a más del de detención  arbitraria.  Sobre  los  primeros  ilícitos  concreta  que  uno se refiere a la  indebida  decisión  de  variación  de la calificación provisional y, el otro,  por  la  arbitraira  determinación de arresto para la abogada Contreras Bernal.  Comenta,  a  continuación,  que  bien  puede  concurrir  el  hecho  punible  de  prevaricato  por  la  sanción indebida impuesta, con el de privación ilegal de  la  libertad,  por  tratarse  de  conductas que “se harían divisibles”, que  afectan  bienes  jurídicos  distintos  y  por  la aplicación de la teoría del  delito medio y el delito fin.   

                         A  continuación  transcribe  el  primer  acápite  de  las  ‘consideraciones’  del  Tribunal,  en  el que se reconoce que no existe duda sobre la adecuación de los  tipos  penales  descritos  en los artículos 149 y 272 del C. P., y concluye que  esta  ‘premisa’  implica   una  perfecta  tipicidad  que  elimina cualquier  causal   de   inculpabilidad.   Pareciera   -sostiene-  que  se  acepta  por  el  sentenciador  la  contundente  responsabilidad  penal del acusado. Todo ésto se  expone   por   el   apelante,   buscando   hacer  ver  las  presuntas  o  reales  contradicciones     del     sentenciador    al    terminar    absolviendo    por  inculpabilidad.   

                      Luego  recuerda  el  impugnante  que  el  fallo  hace  referencia  a la experiencia del  funcionario  acusado,  lo  que  hacía  que  no  debieran  serle  desconocidas o  confusas  las  normas que debía aplicar. El sentenciador también acepta que en  la   audiencia   no   existieron  actos  perturbadores.  Pero,  incoherentemente  -precisa-,  acto  seguido  el  juzgador  afirma  que,  miradas  aisladamente las  actuaciones  del  Juez,  permiten  pensar en desconocimiento del derecho penal y  que   la  esquizofrenia paranoide del acusado, aunque no era crítica, hizo  que  se  alterara  ante   el comportamiento peculiar de la defensora, quien  tenía   afán,   por   razones   familiares,   de   regresar  al  municipio  de  Pitalito.   

                       Para  el    Fiscal   el  afán  de  la  abogada  porque  la  audiencia  terminara  pronto,   era  apenas  natural  y no conduce a nada  relevante para la  mente del juez.   

                     Critica  igualmente  al Tribunal porque a  pesar de insistir en la enfermedad mental  del  procesado,  antecedente  a  los  hechos,   terminó  descartándola. Y  porque  apartes  de  su  proveído llevan a pensar que ni el error de tipo ni el  error   de   prohibición   es   aceptado,   al  no  hacerse  de  ellos  ninguna  argumentación   válida,  seria  y  sí  sostenerse  que  “en  este  caso  es  discutible   si  nos  encontramos  frente  el  error  de  tipo  o  el  error  de  prohibición (numeral 3o. y 4o. art. 40)”.   

                     Para el  recurrente  la  conclusión a que, finalmente, arriba la sentencia es censurable  porque   se  interroga:  “En  dónde  está  la  argumentación  jurídica  para  concluír  con  que  el  acusado  actuó  por  error  de tipo?.De qué evidencia  probatoria   y   de   qué   análisis   de   la   misma  dedujo  la  causal  de  inculpabilidad…?.   Por  qué  aduce  el  ´particular  estado  mental´  para  concluír  en  el error de tipo?. El error de tipo involucra los tres delitos de  que  se  le  acusó  al  doctor  FABIO  JAIME ROJAS CABRERA? .Se hizo un estudio  separado y concreto de cada inconducta imputada al procesado?.”   

         El  Fiscal  termina  solicitando  que se revoque la sentencia para  que, en su lugar, se profiera una condenatoria de reemplazo.   

CONSIDERACIONES:  

                     1.- Hay  que  convenir  con el recurrente que la sentencia de primera instancia está muy  lejos  de  ser un modelo de claridad expositiva o conceptual y que, ciertamente,  no  precisa  cómo  es  que  opera  el  error  de tipo, por el que finalmente se  inclina,  respecto a cada una de las ilicitudes por las que la Fiscalía emitió  resolución  de  acusación.  Pero  tampoco  es  verdad  todo  cuanto  apunta el  recurrente.   

         

                                           Así,          el         sentenciador   por   parte   alguna   admitió       que       se       estuviera       ante   comportamientos       típicos,       antijurídicos      y   culpables,      ésto      es,    que   concurrieran   a   plenitud   todos   los   elementos  integradores  del  hecho   punible.               Simplemente,        al       principio   de   su  providencia  y  en  el  aparte  de  las  ‘consideraciones’  señaló  que  no  existía  duda  sobre  la  tipicidad   de  las  conductas,  o  sea,  que   encuadraban   en   los   supuestos   de   hecho  de prevaricato  por   acción        y         detención        arbitraria,   concretamente,    privación   ilegal    de   la   libertad.  Indicó,  además,  que, con anterioridad a la audiencia, ni se vislumbró ni se  planteó  ninguna  causal de justificación o de inculpabilidad y que sólamente  en  el  debate  público  se  conocieron  los  antecedentes  de la esquizofrenia  paranoide  padecida  por  el  procesado FABIO JAIME ROJAS CABRERA, razón por la  cual  se  dispuso  que  se  trajera  a los autos la historia clinica referente a  cuando  fue  hospitalizado  a  mediados del año de 1991 y, obtenida ésta   se    le    sometiera   a   evaluación  psiquiátrica,  la  que   concluyó:  “Después  de  haber  presentado  en  el  año  de  1991 un cuadro  francamente  psicótico  que motivó su hospitalización en la Unidad Mental del  Hospital  General de Neiva, del cual obtuvo mejoría en forma parcial, continuó  evolucionando   a   nivel   de  su  pensamiento  con  una  ideación  temática,  intelectualizada,  racionalizada,  sobrevalorada  de contenido MISTICO DELIRANTE  QUE  PROYECTA  HASTA  EN  LA  ACTUALIDAD  REGULANDO  TODOS  LOS  ASPECTOS  DE SU  VIDA.”   

                     Para el  Tribunal,  dada la forma como se desarrolló la diligencia de audiencia pública  en  la  que se juzgaba a María Nancy Bravo Díaz, el procesado ROJAS CABRERA no  puede  tenerse  como  un  trastornado mental transitorio; pero, su personalidad,  “con  delirios de orden persecutorio, megalomaníaco, que lo hace persistir en  su  terquedad”,  ante el peculiar comportamiento de la abogada, se desquició,  por  lo  que  incurrió en error, el que al principio sostiene que es discutible  si  es  de  tipo  o de prohibición, para al final aseverar que es de la primera  categoría,  “ante  la  equivocada  interpretación efectuada por el ex-juez a  las normas que aplicó al caso sub-exámine”.   

                         Se  concreta,  además,  que  en  la primera indagatoria que se recepcionó a María  Nancy  Bravo  Díaz  se dejaron importantes preguntas por formular, las que bien  podía  hacer  el  juez  acusado  en  la  diligencia  de  audiencia  pública, a  términos  del  artículo  449  del  C.P.P. . Pero a continuación se añade que  falló   el   funcionario   en  cuanto  la  manera  antitécnica  como  hizo  el  interrogatorio,  lo  que  llevó  a que su poderdante, justamente, se opusiera a  esa   ‘arbitrariedad’,  para,  finalmente,  resultar  indebidamente  sancionada.  Refiere  también  la  sentencia  que  pocos  días  después  varió el Juez la  calificación  jurídica  (auto  motivado de septiembre 29/92), para entrar  a  sostener  que  se  trataba  de  una  tentativa  de homicidio, con base en las  respuestas  que  dio  la  allí  procesada  en  el interrogatorio cumplido en la  audiencia.  Todo  esto  dicho -así se impone entenderlo dentro del discurso del  proveído-   para  resaltar  la  objetividad  típica  de  los  comportamientos.   

                      Entra  luego  el  juzgador  a  referirse  a  la  experiencia del funcionario, la que no  permite  pensar que ignorara las normas pertinentes sobre la manera de practicar  un  interrogatorio  y lo concerniente al artículo 453 del C.P.P.; pero,  a  continuación  expresa  que  si se equivocó en su aplicación no fue por ánimo  torcido,  pues  no  tenía  ninguna  animadversión  con  la procesada ni con su  defensora,  sino  más  bien dada su esquizofrenia, la que se desencadenó desde  cuando  la  abogada  le  objetó  la  primera pregunta que formuló y al decirle  prácticamente  que  no  podía interrogar a la allí acusada. La alteración de  su  personalidad  fue  tan  grave  -se  sostiene-  que sólo así se explica que  termine  solicitándole  la  palabra  a  su  secretario  para  intervenir en una  constancia que éste sentaba.   

                         Es  incuestionable  que  en  la determinación en alzada se mencionan algunos hechos  que  no  tienen ninguna repercusión sobre la inculpabilidad que, finalmente, se  reconoce,  así  que el expediente se remitió por el procesado a la Fiscalía y  no  a  los  Jueces del Circuito. También es verdad que, cuando se decide por el  error  de  tipo, no presenta ninguna argumentación válida para haber preferido  tal  opción;  en  fin,  es cierto que se incurre en las incoherencias que se ha  tenido   ocasión   de   precisar;   pero,   exactamente,  por  eso  es  que  se  sostiene,   que  no  se  trata  de  una providencia excepcional, mas, en lo  esencial   y   analizando   con  detenimiento  la  sentencia,  se  encuentra  el  pensamiento  del Tribunal que lo llevó a absolver a ROJAS CABRERA: inexistencia  de  dolo  y  error  en  las decisiones a lo que fue llevado por su esquizofrenia  paranoica.   

                    2.- Para  la  Corte, la presente actuación tuvo desde sus comienzos un equivocado enfoque  por  parte  de  la  Fiscalía,  pues era obstensible la existencia de prueba que  apuntaba  a  la  comisión  de  un delito de tentativa de homicidio por parte de  María  Nancy  Bravo  Díaz.  Así  lo  demuestra,  sin  vacilaciones, lo que se  desprende  de  los  testimonios de Omaira Chilito Paz, Luvinel Castañeda Ramos,  Nancy  Oliva  Castañeda  Ramos, Teresa Rosero Córdoba, Juana Martínez; María  Rubiela  Martínez,  Felisa  Ramos  de  Castañeda, Edgar Cajiboy Ome, Luz Nelly  Cajiboy  Ome  y  Ana  Cardeth  Marín  Trujillo,  a  los  mismos que la Corte se  refirió ampliamente en anterior capítulo.   

                  En efecto,  se  probó  que Nury Salamanca fue herida gravemente por la mujer Bravo Díaz de  manera  sorpresiva,  viniendo  por  detrás,  y  que  ya  sangrando  aquélla  y  huyéndole,  la  persiguió llevando consigo el arma vulneradora, en actitud que  fue  calificada  por  los  testigos  de querer así acabarla de chuzar o matar y  que,  cuando  alguien  quiso  ayudarla, ofreció también darle cuchillo a quien  exhibía  esa  conducta  solidaria,  con  todo lo cual  daba a entender que  buscaba que su víctima se desangrara o incluso rematarla.    

                   Bien hizo  entonces  el  funcionario  acusado en volver en la  diligencia de audiencia  pública  sobre  la  manera  como  se  sucedieron los hechos y las preguntas que  formuló  en  tal  sentido,  eran  apenas  las que habían de esperarse de quien  ciertamente  buscaba claridad sobre los acontecimientos, fundado para hacerlo en  la  ya  obrante  prueba testimonial que permitía pensar en la existencia de una  tentativa  de  homicidio. Ese era su deber legal.  Las incógnitas que aún  perduraban  en  materia investigativa, que, además,  no le eran imputables  porque  el Juez acusado no había tenido a su cargo la etapa instructiva, fueron  las  que, sanamente y con buen criterio, buscó esclarecer. Las preguntas fueron  directas,  con  respaldo  en  la  prueba  testimonial,  y  no capciosas -como se  asegura-  dizque  porque  no  permitían sino una respuesta comprometedora de la  acusada.  Ello  es  inexacto.  Pero  encontraron  la  oposición  indebida de la  defensora  y  bien hizo el acusado al sancionarla porque de su comportamiento no  puede  menos  de predicarse que buscaba evitar que él cumpliera con su deber, y  de   lo   que  se  seguiría  un  comprometimiento  mayor  en  derecho  para  su  representada.  La  doctora  Contreras  Bernal  entorpeció,  alteró,  pues,  el  desarrollo  de  la  audiencia  y de ahí que se hiciera merecedora al correctivo  que  -habiéndosele  dado  oportunidad  de controvertir la medida- se le impuso,  conforme  al  inciso  final  del  artículo  453  del  Código  de Procedimiento  Penal.   

De  la  conducta  -pues- cumplida por ROJAS  CABRERA y acabada de analizar se impone predicar que es atípica.   

                        3.-  Cuando    se  lee   a   folios   82   y   83   del    primer    cuaderno   original   el    auto    de    septiembre   29   1992,  se  aprecia  que  el   Juez   acusado,   luego   de   señalar   la   respuesta   “SI”   que  la  procesada  Bravo Díaz dio a su pregunta  de  “si  era  cierto  que  cuando  Nury  salió corriendo herida usted corrió  detrás  de  ella  para  acabarla  de  chuzar  o  matar”  y de referirse a los  fenómenos  jurídicos  de  la tentativa, la intención y el riesgo  y a la  tipificación  que  nuestro estatuto penal trae sobre el homicidio, concluye que  “En  el caso que nos ocupa el riesgo consistió en que la procesada María Nancy  Bravo  Díaz   le  asestó sorprendiéndola por la espalda a Nury Salamanca  Chates  una puñalada en el seno derecho y posteriormente otra herida en el lado  derecho  de la cadera y en correr detrás de ella ya herida para matarla como lo  dejamos  visto.  El  dictamen  médico  arroja  para la ofendida al folio 47 una  incapacidad  definitiva  de  32  días  y  como  consecuencia deformidad física  permanente.  Como vemos de lo anterior surge la clara convicción de que el acto  realizado  por  la  encartada  era  suficiente  para  crear  un riesgo contra su  vida.”.   

                  Pues bien,  de  tales apuntamientos no es dable predicar que sean manifiestamente contrarios  a  la realidad procesal o al derecho. Desde luego, ha podido el Juez fundamentar  en  mejor  forma  su  determinación, trayendo a colación por ejemplo la prueba  testimonial   que  respaldaba  su  aserto  de  estarse  ante  una  tentativa  de  homicidio.   Pero, en fin, lo cierto es que la determinación no amerita el  calificativo de “prevaricadora”.   

                    

                         No  requerían,  pues, los funcionarios, para encontrar intrascendente penalmente la  actuación  del  acusado  de  acudir  a  ningún  tipo de malabarismo jurídico,  porque  si  era  patente  que  el  Dr.  FABIO JAIME ROJAS CABRERA, sin torcer la  prueba,  sin  espurias  motivaciones,  sin móvil distinto al de querer acertar,  arribó  a  las  decisiones  que  asumió y que se le critican, sin esfuerzos se  imponía  la  improcedencia  de derivarle cualquier eventualidad delictiva, aun,  desde luego, en la fase instructiva.   

                     4.- Con  respecto  al  delito  de  prevaricato  por  la  variación  de  la calificación  provisional,  es  del  caso  resaltar  el  hecho  de  que la Fiscalía profirió  resolución  acusatoria  por  el  mismo  en  cuanto  que,  con  base en  un  interrogatorio  infundado  cumplido  en  la  audiencia  pública, se predicó la  existencia  de  una  tentativa  de  homicidio,  sin  que  por ninguna otra parte  apareciera  prueba  que  permitiera  sostener  la intención homicida con que se  dijo  actuó  María Nancy Bravo Díaz.  No fue, pues, objeto de discusión  dentro  del  presente  proceso  la competencia o no del DR. ROJAS CABRERA, en su  condición  de  Juez  1o.  Promiscuo  Municipal  de San Agustín, para asumir la  determinación que se comenta.   

                       Para  cuando  se asumió la decisión del cambio de denominación jurídica, el actual  Código  de Procedimiento Penal ( Decreto 2700 de 1991) llevaba, prácticamente,  tres  meses  de  vigencia -del 1o. de julio al 29 de septiembre de 1992-, lo que  hace  evidente  que  se  trataba  de  normas  relativamente  nuevas, cuya debida  aplicación  se  hacía más difícil en lugares apartados del país, tales como  el  municipio  de  San  Agustín.   Esto,  sin  duda, llevó al funcionario  acusado  a considerar, equivocadamente,  que podía variar la calificación  jurídica  como  así  se  autorizaba  por  norma anterior. Precisamente, el Dr.  ROJAS  CABRERA,  especifica  que él entendió que podía hacerlo con fundamento  en  el  artículo  32 del Decreto 1861 de 1989 que lo permitía durante la etapa  de  juzgamiento  y  antes  de  que  se  concluyera  la  diligencia  de audiencia  pública,   “Cuando   la   calificación   provisional  o  cualquier  elemento  estructurante  del  hecho  punible  imputado en la resolución de acusación, no  corresponda  a  los  hechos  controvertidos  en  el  sumario,  o  exista  prueba  sobreviniente que los modifique”.   

                  Desatinó,  desde  luego,  el  funcionario,  al aplicar normas recientemente derogadas, pero  nada  más,  y en ello radica la razón para que la Fiscalía no hubiera entrado  a  predicar  la  existencia  de  prevaricato  por razón de la incompetencia del  funcionario  para  variar  la calificación, centrando su ataque -se reitera- en  el  desconocimiento  de  la  realidad  procesal  que  no  permitía  según ella  sostener  la  intención de matar y en la prueba ilegalmente recogida durante la  audiencia pública. Y,   

                     5.- Por  todo  lo  dicho  se  confirmará,  entonces,  la  decisión  impugnada, pero por  atipicidad  de la conducta y no por inculpabilidad como lo había determinado la  primera  instancia.  En  efecto, del Juez ROJAS CABRERA no es dable asegurar que  abusó  de  sus  funciones,  cuando privó de su libertad a la abogada Contreras  Bernal,  como  tampoco  es atinado afirmar que la determinación de cambio de la  denominación  jurídica del delito por el que se procesaba a María Nancy Bravo  Díaz,  comportó  resolución manifiestamente contraria a la ley. En uno y otro  evento  no  cabe  adverar  que  la  conducta  del  Juez  acusado  realizara  los  ingredientes  que  componen  el  injusto  típico  del prevaricato (art. 149 del  C.P.)  y  la  privación  ilegal  de la libertad (art. 272 ibídem), o, dicho de  otra     forma,     la     descripción    material    de    estos    prohibidos  comportamientos.   

                  Finalmente  dígase  que  si  -como  quedó  demostrado- la conducta resultó atípica, nada  tiene  que  señalar  la Corte en concreto sobre la evaluación psiquiática, ya  que,  pese  al trastorno mental que se le atribuyó a FABIO JAIME ROJAS CABRERA,  sus decisiones resultaron intrascendentes penalmente.   

                     Por lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA, -SALA DE CASACION PENAL- , administrando justicia  en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

                  CONFIRMAR,  aunque  por  razones  diferentes, integralmente la sentencia de julio trece (13)  de  mil  novecientos  noventa  y cuatro (1994), por medio de la cual el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Neiva,  absolvió  a  FABIO  JAIME  ROJAS  CABRERA.   

COPIESE,  CUMPLASE Y DEVUELVANSE los autos  al Tribunal de origen.   

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA                        JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO   

CARLOS E. MEJIA ESCOBAR                             DIDIMO   PAEZ   VELANDIA   

NILSON   PINILLA   PINILLA                             JUAN    MANUEL    TORRES  FRESNEDA   

Patricia Salazar Cuéllar  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *