9349 (10-10-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    COMPETENCIA-Cuantía/   DELITOS  CONTRA  EL  PATRIMONIO ECONOMICO   

PROCESO                                    : 9349   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

  SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente Doctor  

CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

Aprobado Acta No. 123 (22-08-96)  

          Santa  Fe de Bogotá, D.C., diez (10) de octubre de mil novecientos  noventa y seis  (1996).   

VISTOS  

          Decide     la    Corte    sobre  el  recurso  de  casación  interpuesto  por el defensor del  procesado   Hernando  Cucanchón  López  contra  la  sentencia  proferida en su  contra  por  el  Tribunal  Superior  de Santa Fe de Bogotá, confirmatoria en lo  fundamental  de  la  dictada  por  el  Juzgado 54 Penal del Circuito de la misma  ciudad, que lo halló responsable de un delito de estafa.   

            La  Corporación  varió  la sanción principal impuesta, la cual  redujo  de  dieciséis (16) a doce (12) meses de prisión. Lo propio hizo con la  pena  de  multa  disminuyéndola  de un mil cuatrocientos pesos ($1.400.oo) a un  mil  pesos ($1.000.oo). Dejó en firme la condena a pagar trescientos dieciséis  (316)  gramos  oro  por  los  perjuicios  material  y  morales  causados  con la  infracción     y    la    concesión    de    la    condena    de    ejecución  condicional.   

HECHOS  

          Tuvieron  ocurrencia  en esta ciudad el 19 de julio de 1990 día en  que   HERNANDO  CUCANCHON  LOPEZ   suscribió  promesa  de compraventa  con   Rodrigo  Bernal  López   en la que el primero se comprometió a  transferir  al  segundo  el  derecho  de  dominio sobre el apartamento 411 de la  calle  82 B # 96-14 del barrio Bachué,  por valor de $3.500.000, acordando  como  fecha  para  la  entrega  de  dicho inmueble el 16 de noviembre del citado  año.  Para  tal  efecto el señor Bernal López entregó al vendedor la suma de  $900.000,oo,  de  los  cuales  dió  $500.000 al firmar la promesa, a título de  arras,  dos contados de $100.000, cada uno y otro por $200.000, dinero que   éste  último  que se entregó como  adelanto con el “pretendido “ fin  de  cubrir  unas  cuotas  que  se adeudaban al Instituto de Crédito Territorial  (hoy  Inurbe),  lo  cual  jamás  ocurrió  .  Todo ello se produjo no empece el  procesado  en  ningún  momento  tuvo propiedad sobre el inmueble, aunque sí lo  ocupó  durante  catorce  meses  al  cabo  de  los  cuales  fué despojado de su  tenencia  por  prosperar  proceso  de  lanzamiento en su contra, trámite que se  adelantaba precisamente cuando prometió vender a Bernal.   

          Los  propietarios  del  inmueble  eran  en realidad JORGE ALEJANDRO  AGAMEZ  ROBLES  y  YUBI  LUCIA PANNESO ROBLEDO, quienes lo habían adquirido del  Inscredial  y  lo  enajenaron  finalmente   a  RAUL CANO . En la promesa de  venta  respectiva  (cuyas  firmas  se  autenticaron  en  Noviembre  11  de   1989)   se había hecho constar la  anulación de una promesa de venta  anterior,  hecha  en favor de un JAIRO VICENTE CASTILLO. De éste Jairo Castillo  dijo haber adquirido el condenado Cucanchón López.   

          Para   demostrarlo   aportó  un  “contrato  de  permuta”  en  fotocopia  autenticada  de  fotocopia, donde no  aparece  acreditada  la  genuinidad  de  la  firma  del  supuesto “promitiente  vendedor”   Castillo,   y  al  que  los  falladores  de  grado  restaron  toda  importancia.    

         

ACTUACION PROCESAL  

          La Sala acoge la síntesis realizada por la Delegada :   

         “Con    base    en   la   denuncia   formulada   por   Rodrigo  Bernal  ante la Unidad Judicial  de  San  Fernando, el Juzgado 123 de Instrucción Criminal de Bogotá dispuso la  práctica  de  diligencias  preliminares,  para  posteriormente  iniciar  formal  investigación  penal,  a  la  cual  fue  vinculado  mediante  indagatoria   HERNANDO  CUCANCHON  LOPEZ,  contra  quien  el  Fiscal  173  de esta ciudad dictó medida de aseguramiento de  caución  prendaria por el delito de estafa, mediante resolución de fecha 23 de  febrero  de  1993  y  luego  de  clausurada  la  investigación lo acusó por el  referido delito.   

         Ejecutoriada   la   resolución  de  acusación,  fue  remitido  el  expediente  a los Juzgados Penales del Circuito, correspondiendo su conocimiento  al  cincuenta  y  cuatro.  Este despacho adelantó todo el trámite del juicio y  mediante  fallo  del once de octubre de 1993, condenó al acusado en la forma ya  expuesta  con  antelación,  decisión  ésta  que  oportunamente  apelada,  fue  reformada  por  el  Tribunal Superior de Distrito en los términos señalados en  precedencia,   por   medio   de   la   sentencia   del   30   de   noviembre  de  1993″.   

La resolución de acusación fué proferida  el  27 de mayo de 1993. Durante el juicio, la defensa solicitó algunas pruebas,  oportunamente denegadas por el juez de la instancia.   

LA DEMANDA  

          Con      fundamento      en      las      causales     primera       y       tercera   de  casación el recurrente eleva los siguientes reproches:   

          Primero:   

          Considera  que  la  sentencia  es  violatoria  de normas de derecho  sustancial  proveniente  de  un error en la apreciación de pruebas, dado que no  existe   probanza  suficiente  que  permita  predicar  la  inducción  en  error  producida  por  el  procesado  en  detrimento  de  los intereses de la víctima.  Coloca  como  fundamento de su aserto similares planteamientos a los presentados  en  las  instancias  cuya  base  primordial  es  calificar  el asunto materia de  estudio como de índole civil exclusivamente.   

          Se  refiere,  entonces,  al  incumplimiento  de  la  víctima en lo  atinente  al  precio  -ya que sólo sufragó una parte de él ($900.000.oo) y de  la  validez del contrato celebrado entre su patrocinado y el sujeto pasivo de la  infracción  por  haberse  plasmado  en  un modelo predefinido que no reúne los  requisitos  legales.  Su  alcance  -asevera-  es  el  de una cesión de derechos  surgidos  en el litigio dado que su objetivo era la venta del evento incierto de  una litis, acción perfectamente legal.   

          También  alude a la buena fe del imputado. Como ella no sólo debe  presumirse  por  ley,  de igual manera surge diáfana del contrato pues allí se  encuentran  plasmadas  la totalidad de las características y atributos del bien  objeto  de  él. Incluso, aún suponiendo que el contrato fuere perfecto, lo que  prometió  vender  el  implicado  fue  “…una calidad litigiosa, la cual no fue  simulada  ni  ocultada, y, por el contrario, las partes del negocio jurídico, a  su  manera,  y  de  acuerdo  con  sus conocimientos, la dejaron consignada en el  respectivo documento.”.   

          Por  consiguiente,  respecto  de  un  contrato viciado de nulidad y  objeto  de  incumplimiento,  no  puede  existir  estafa  alguna.  Menos  aún se  encuentra  prueba  que señale a su defendido elaborando trampas para obtener el  aprovechamiento.   

          Además,  resulta  un  desacierto  de  la sentencia considerar como  materialización  del  engaño  y,  por  ende,  de  la  inducción  en error, el  contrato  nulo  o  la  tenencia del bien por el encartado. Ello no fue provocado  por  su  poderdante pues se había producido con anterioridad a la negociación.  Tampoco  es  de este tenor pactar la fecha para firmar la escritura dentro de un  contrato  nulo,  así  como  asegurar,  sin  respaldo  probatorio alguno, que la  víctima        entregó       dinero       adicional       a       Cucanchón.   

          Finaliza  su escrito llamando la atención respecto de su defendido  no  sólo  por  no  poseer  las  características  propias  del  estafador  sino  también   por carecer sus actos de una finalidad ilícita pues su negativa  a  pagar  cuotas  atrasadas al Instituto de Crédito Territorial son indicativas  de  su  incapacidad  económica,  de  su  buena  fe y de un hecho por el cual no  tenía obligación alguna por no haber sido objeto de contrato.   

          Causal tercera:   

         La  sentencia  se dictó en un juicio viciado de nulidad ya que la  cuantía  de  lo  defraudado,  esto  es,  el dinero entregado por la víctima al  procesado  señalan  como funcionarios competentes a los jueces municipales y no  a  los  del  Circuito,  pues los novecientos mil pesos ($900.000.oo) implican la  asignación  a  los  primeros  del  conocimiento  del  asunto  merced  al factor  funcional.   

         De   otro   lado,  el  relato  de  los  hechos  que  proporcionara  Cucanchón  al   proceso   debe  tenerse  como  confesión  y,  por  ende,  es  manifiesta  su  indivisibilidad. De allí se colige que solamente la buena fe de  su  patrocinado  le  impidió el saldo de las arras pactadas, “…actuación que  suspende  la ejecución del pretendido ilícito hasta el momento en que recibió  el  segundo abono de las arras convenidas y no terminadas de pagar. Esta suma de  dinero  no  alcanza a ser suficiente para atribuir la competencia a los Juzgados  Penales del Circuito.”.   

         Luego,  después  de  advertir  que  los  documentos  aportados al  proceso son plena prueba, asegura que en ellos se establece que:   

        “…Castillo   prometió  a  CUCANCHON;     que     CUCANCHON  prometió vender a Bernal;   que   Yubby   Panesso    y    Jorge    Agamez,  prometieron  vender a un tercero pero (como se desprende de esa  promesa     de     venta)     ya     habían    negociado    con    Castillo,  el  mismo  que  vendió  a  CUCANCHON,    según  constancia   que   reposa   en  la  parte  final  del  documento  firmado  entre  Agamez  y  Cano,  ya comentado. Es decir señores  Magistrados:     HERNANDO    CUCANCHON  sí  tenía el derecho sobre su apartamento; no engañó a nadie  y  si  no  ha  resarcido los daños, bien lo dijo, es porque cuando localizaba a  Bernal,  éste  no quiso  recibir   el  reintegro  en  la  misma  forma  y  plazos  en  que  entregó  los  dineros.”.   

         Por  todo  lo  anterior  solicita se declare la nulidad de todo lo  actuado  desde  el  momento  en  que  se  produjo la irregularidad; en subsidio,  dictar     la    sentencia    de    absolución,    revocando    la    sentencia  impugnada.   

CONCEPTO  DEL  PROCURADOR  DELEGADO  EN LO  PENAL   

         Examina  en  primer  término  y  de  manera  exclusiva  el  cargo  presentado  al amparo de la causal tercera de casación, atendiendo a la lógica  del    recurso   y   porque,   como   se   verá,   encuentra   que   el   mismo  prospera.   

         Pese  a  destacar  imprecisiones  del actor – como la de acudir al  concepto  de  competencia  funcional para identificar un problema de competencia  por  el  factor  de  la  cuantía  – encuentra que la nulidad invocada indica de  manera  comprensible  el  hecho  en  que se fundamenta pues se alega que dado el  monto  de  la  defraudación  (900.000 pesos) era un Juez Municipal y no uno del  Circuito quien debió conocer del proceso.   

         Luego   de   señalar  que  la  cuantía,  en  delitos  contra  el  patrimonio  económico,  reviste singular importancia porque con base en ella no  solo  se determina la competencia sino además la indemnización de perjuicios y  la  dosificación de la pena. Expresa que el examen del expediente evidencia que  denunciante  y procesado celebraron un contrato de promesa de venta por valor de  tres   millones   quinientos  mil  pesos,  de  los  cuales  el  comprador  pagó  novecientos  mil  únicamente  “  antes  de  descubrirse sumido en el error de  creer  que le cumpliría con la tradición del dominio y la entrega de inmueble,  pues  comprobó que en verdad el procesado no era su titular y que sobre el bien  recaía    gravamen    (patrimonio    de   familia)   que   imposibilitaban   su  trasferencia”.   

         Que  como  de  los  aludidos  valores  fueron  los  900.000  pesos  aquellos  correspondientes  a  la  prestación o disposición patrimonial que la  víctima  realizó  en  favor  del  implicado, quien correlativamente los obtuvo  como  provecho  ilícito,  dicha  suma  constituye el elemento estructurante del  delito  y  el  factor para establecer la cuantía de la estafa. No así los tres  millones  quinientos  mil  pesos “porque esta suma no fué de la que se lucró  ilícitamente   el  autor  del  delito  con  detrimento  del  patrimonio  de  la  víctima”.   

         Agrega   la  Procuraduría  Delegada  que  un  criterio  diferente  propendería  a  cuantificar  el monto de la defraudación con base en supuestos  inexistentes  y,  por  lo  mismo, “fomentadores de decisiones injustas, ya que  una  adecuada  tasación  de la cuantía en los casos en que el perjudicado bajo  la  gravedad  del  juramento no lo haya hecho, o cuando el valor que él exprese  suscite  confusión y el perito no la clarifique (art.295 C.P.P.), debe reflejar  el  daño  patrimonial  que  sufre la víctima y que, en igual medida, beneficia  ilícitamente al estafador “.   

         Como  la  denuncia ante la Policía Judicial señala como cuantía  de  la  estafa  la  suma  de  900.000 pesos, a dicha cantidad se circunscribe la  cuantía,  siendo  el  mismo el valor que debe tenerse en cuenta para establecer  cuál  es  el  funcionario  competente  para adelantar el juzgamiento. Y como el  valor  del  salario  mínimo  legal  para  1990  – época de los hechos – era de  41.025  pesos,  los  20  salarios  mínimos de ese entonces arrojaban la suma de  820.500  pesos,  tope  hasta  el  cual  llegaba  la  competencia  de  los jueces  municipales.   

         Sin  embargo  con  la entrada en vigor del C.P.P. de 1991 (Decreto  2700,  que  entró  a  regir  el  primero  de  julio  de 1992) dicha cuantía se  incrementó   hasta   50   salarios   mínimos   mensuales,   con   lo   que  la  competencia   de  los  jueces municipales llegaba, para hechos cometidos en  dicha  época,  hasta  2.050.250 pesos, evidentemente superior a la suma materia  del  ilícito  acá  juzgado,  siendo  evidente, entonces, el vicio de actividad  señalado  por  el impugnante y la sanción de nulidad prevista en el art. 304.1  del  C.P.P.,  por lo que debe declararse ella “dejando en firme la resolución  de  acusación  “ excepto en el numeral que ordena remitir la actuación a los  Jueces  Penales  del  Circuito  para  que,  en  su lugar, se envíe a los Jueces  Penales Municipales de esta ciudad   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

    

1. Frente a la causal tercera de casación.     

         No  considera  la  Corte  que  las  peticiones  del censor y de la  Procuraduría  Delegada  en  lo  Penal  estén  llamadas a prosperar frente a la  presunta incompetencia del fallador.   

         Es  un  hecho  que la conducta investigada se realizó antes de la  vigencia  del  Decreto 2700 de 1991 y que para esa época los Jueces Municipales  conocían  de  delitos  contra el patrimonio económico hasta por cuantía de 20  salarios  mínimos  legales,  como  también  es  cierto  que  a partir de dicho  decreto  la aludida cuantía se incrementó frente a hechos que no excedieran de  50  salarios mínimos mensuales, todo ello sin perjuicio de lo que en su momento  dispuso la ley 23 de 1991 frente a las contravenciones especiales.   

         Según  lo  anterior,  si  la  cuantía  del  delito por el que se  enjuició  y condenó al señor Cucanchón López hubiese sido de 900.000 pesos,  habría  sido  evidente que con la puesta en vigencia del C. de P. Penal – Julio  1  de  1992  –  el  Fiscal  Seccional  habría  perdido  facultad  para proferir  resolución  acusatoria  o preclusión y el respectivo Juez del Circuito habría  carecido de competencia para adelantar y culminar el juicio.   

         Sin  embargo la imputación formulada en el pliego acusatorio, con  todo  y no ser un modelo de detalle frente a todos los pormenores normativos que  regían el proceso de subsunción, señaló :   

“Se tiene entonces, con fundamento en la  prueba  documental  traída,  –  escritura  pública y contrato de permuta – que  CUCANCHON  LOPEZ  prometió  en  venta un bien que al parecer no le pertenecía,  utilizando  para  ello  maniobras engañosas que surtieron efecto en la voluntad  de  Bernal López, por lo que se desprendió de la suma de NOVECIENTOS MIL PESOS  M/CTE  ($  900.000.oo) , obligándose con antelación  como  resultado del efecto de la conducta reprochable del sindicado,  a  pagar  la  suma  de  TRES MILLONES QUINIENTOS MIL PESOS M/CTE  ($3.500.000)  como  precio  de  la  venta  del  bien  que fraudulentamente se le  ofrecía.  Es  criterio del despacho, que la conducta se adecúa plenamente a la  tipificada por el legislador en el art. 356 del C. Penal.”   

         No  hay  por  qué  considerar  pues  que el cargo se formuló por  Estafa   en  suma  de  novecientos  mil  pesos,  ni  que  esa  sea  la  cuantía  determinante  de  la  competencia  cuando  se  tiene sabido que el señor Bernal  López  se  obligó por la  suma  de  tres  millones  quinientos mil pesos al suscribir la promesa de venta,  incorporando  con  ello  un  débito por dicha cantidad a su patrimonio, de modo  que  así  no  se  estaba  ni  ante  un  daño  potencial  ,  ni ante una simple  expectativa,  concepto  éste  que en general doctrina y jurisprudencia aceptan.  Así, por ejemplo, MEZGER:   

“(el  perjuicio)  es  lógicamente,  la  disminución  del conjunto de valores económicos correspondientes a la persona,  lo  cual  puede  producirse  tanto  mediante  una  disminución del activo, como  mediante  un aumento del pasivo. Más brevemente: el perjuicio patrimonial es la  disminución  del patrimonio en conjunto” (Cita de Barrera Domínguez; Delitos  contra los intereses económicos particulares)   

         De  la  misma manera ha de entenderse el concepto del verbo rector  del  tipo  penal,  obtener provecho ilícito, frente al bien jurídico tutelado.  La  incorporación  del crédito por la suma aludida al patrimonio del procesado  Cucanchón  López,  es decir, del derecho a que el obligado dé, haga o deje de  hacer  la prestación jurídica de dicho valor, consuma el delito y determina su  monto.  Cosa  distinta  es  que  el  agotamiento del ilícito se haya verificado  sobre  toda  la  prestación  o  sólo  sobre parte de ella, como aquí ocurrió  frente  a  los  novecientos  mil pesos. Pero, se repite, ello ya tendrá que ver  con  otros  fenómenos  como  los  relativos  a  la  etapa  del  agotamiento, al  restablecimiento  del  derecho  y a la obligación de indemnizar, que son puntos  no    identificables   ni   coincidentes   siempre   con   la   consumación   o  perfeccionamiento  del  hecho punible y con su cuantificación. No tiene cabida,  entonces,  la  aspiración  de  que  se  anule  el proceso por incompetencia del  juzgador.   

     

1. Frente a la causal primera de casación.     

         Abundante en argumentos y raciocinios,  la  demanda  en éste tópico no está llamada a prosperar como quiera  que  no  cumple  con  las  exigencias  técnicas  que  se  imponen en su alegación y  demostración.   

         Básicamente  el  casacionista  retoma  los  alegatos  que  en las  instancias  produjo,  reconduciendo  la discusión hacia la naturaleza meramente  civil  del  negocio jurídico, a lo que considera los “errores doctrinarios”  de  la  sentencia,  a  su  personal  interpretación  de que lo sucedido fué el  simple  incumplimiento  de  una  obligación  por  parte  de  su defendido, a la  ausencia  de  dolo y la diferenciación entre el denominado dolo civil y el dolo  penal,  a la validez del acto jurídico de venta de cosa ajena, a la nulidad del  contrato  celebrado  entre  los sujetos de la relación jurídica sustancial y a  la ausencia de engaño o de mise en scene.   

         Lo  que  no  encuentra la Sala, frente a esa carga de argumentos y  consideraciones,  es  que  el libelo haya precisado, detallado y demostrado , el  haber  incurrido  el  sentenciador en uno o varios errores de hecho o de derecho  sobre  las  probanzas  que  construyen la sentencia y cómo, prescindiéndose de  esos  elementos  probatorios,  el  juicio  de  valor inequívocamente habría de  desembocar  en  un  fallo diferente al emitido por cuanto el factum subsumido en  la  norma  que  consagra  la tipicidad de estafa, era otro y no el efectivamente  considerado por las instancias.   

         Alejado  así  de  la  técnica  que  rige el recurso, y no siendo  posible  a la Corte reemplazar al actor para depurar su impugnación, corregirla  o  complementarla,  el  fracaso  de  la  demanda  se  impone  y  así  habrá de  declararse.   

         Consecuencia   de   lo  anterior,  la  Sala  Penal  de  la  Corte,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE  

         NO       CASAR       EL      FALLO  IMPUGNADO.   

         CUMPLASE Y DEVUELVASE.   

         

FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL  

RICARDO   CALVETE   RANGEL                             JORGE  CORDOBA  POVEDA   

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO          CARLOS E.  MEJIA     ESCOBAR                                      

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                         NILSON PINILLA PINILLA   

                                                                                   NO FIRMO   

                                           

JUAN        MANUEL       TORRES  FRESNEDA    WHANDA FERNANDEZ LEON   

                                                                                         Conjuez   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

   

    

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