9269 (05-09-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    IRA E INTENSO DOLOR/  PRETERINTENCION   

Tesis:  

Doctrina  y jurisprudencia han reconocido la  compatibilidad  de  la  atenuante  prevista en el artículo 60 del Código Penal  con  la  forma  de culpabilidad preterintencional. Pero para que dicha atenuante  alcance  vida  jurídica  es  preciso  que exista certeza sobre la gravedad y la  injusticia  de  la  provocación de parte de la víctima, así como la relación  de    causalidad    sicológica    entre    aquella    y    la   reacción   del  victimario.   

PROCESO                              : 9269   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

Dr. CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

APROBADO ACTA No. 130 (04-09-96)  

Santa  Fe  de  Bogotá, D. C., cinco (5) de  septiembre de mil novecientos noventa y seis (1996).   

VISTOS  

                                 Procede  la  Sala a resolver el  recurso   extraordinario   de   casación   interpuesto   por  el  defensor  del  procesado       LUIS     CARLOS     CORREDOR  NIETO,  contra la sentencia de 15 de octubre de 1993,  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Santafé de Bogotá, mediante la cual  confirmó  integralmente  la  decisión  dictada  por el Juzgado Sexto Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  condenándolo  a  sesenta y tres (63) meses de  prisión  e interdicción de derechos y funciones públicas por igual lapso y al  pago  de  los  perjuicios  ocasionados  con  la infracción, tras hallarlo autor  responsable del delito de homicidio preterintencional.   

                                  

HECHOS  

         El  31  de  diciembre  de  1992, en horas de la tarde, LUIS  CARLOS CORREDOR NIETO visitó en su  casa  a  Sandra  Patricia Ochoa Olivera con quien mantenía relaciones amorosas.  La  visita  se  prolongó  hasta  la  media  noche,  tiempo  durante el cual, en  compañía  de  algunos familiares de Sandra Patricia, se dedicaron a la ingesta  de  licor. En cierto momento los enamorados discutieron acaloradamente, como era  costumbre  entre  ellos,  llegando  a  agredirse físicamente. Corredor Nieto le  propinó  a  su  pareja  múltiples  golpes a consecuencia de lo cual horas más  tarde  debió  ser  trasladada al Hospital San José, donde falleció la mañana  del 1o. de Enero de 1993.   

ACTUACION PROCESAL  

                     Luego de  realizar  algunas diligencias preliminares, la  Fiscalía 27 Delegada de la  Unidad  Quinta  de  Investigación  Previa  y  Permanente  abrió investigación  disponiendo  la  vinculación  de LUIS CARLOS CORREDOR  NIETO,  quien  después  de  rendir  indagatoria  fue  afectado  con  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva como presunto  autor  responsable  del  delito  de  homicidio preterintencional, cometido en la  humanidad de Sandra Patricia Ochoa Olivera.   

                                  

                    Cerrada la  investigación,  su  calificación  estuvo  a  cargo  de  la Fiscalía 100 de la  Unidad  Segunda  de  Vida,  la  que  el  4 de mayo de 1993 profirió resolución  acusatoria  en  contra  de LUIS CARLOS CORREDOR NIETO por el delito de Homicidio  Preterintencional.   

                    El Juzgado  Sexto  Penal  del Circuito de Santafé de Bogotá avocó conocimiento del juicio  y  una  vez  concluida la audiencia pública dictó sentencia el 8 de septiembre  de  1993,  condenando  al procesado LUIS CARLOS CORREDOR NIETO, decisión que al  ser  apelada  por  la  defensa  fue  confirmada  en  su integridad por parte del  Tribunal Superior de esta ciudad.   

LA DEMANDA  

                    Dos cargos  le  hace  el censor a la sentencia del Tribunal, ambos por violación directa de  la  ley  sustancial  y  con la expresa advertencia de que el cuestionamiento del  fallo  “…..no  se  relaciona  ni con la materialidad de la conducta, ni con la  autoría   y   consiguiente   responsabilidad…pues   la   prueba  sobre  tales  aspectos  la admito tal y como fue referida por el fallador.”   

         PRIMER  CARGO.  Lo  hace  consistir  en la falta de aplicación del  artículo  60  del  Código  Penal, que prevé la disminución de la pena por el  estado  de  ira,  cuyo  desconocimiento  ocasionó  la negativa de la condena de  ejecución condicional al procesado.   

         

Sostiene  el  demandante  que  un cuidadoso  examen  de  los  hechos  y las pruebas recaudadas permite reconocer el estado de  ira  en que actuó el justiciable, por grave e injusta provocación de su amante  Sandra  Patricia,  quien  frecuentemente  le  hacía  escenas  de celos y peleas  porque  él  no  hacía  vida  marital con ella de forma permanente. Precisa que  hacia  la media noche del fatídico 31 de diciembre de 1992, cuando su prohijado  se  aprestaba  a  marcharse  para  su residencia, Sandra Patricia se opuso a que  saliera  de  la  habitación  en  la  que  estaban,  “…le rasgó su camisa, le  uñeteó  su  cuerpo..” lo que motivó la reacción de aquél transándose ambos  en  un  cruce de golpes con el resultado conocido, pero sin que Corredor hubiese  tenido  intención  de  herir a su pareja gravemente y menos aún de causarle la  muerte.   

         Critica  el razonamiento del Tribunal que lo llevó a desestimar la  configuración  de  la  circunstancia atenuante, pues a juicio del impugnante el  comportamiento  de  la  víctima constituye una provocación tan grave e injusta  que  por  más  fuerza  de  voluntad  del  procesado  desencadenó  su  ira. Por  consiguiente,  estima  que ha debido reconocerse la atenuante punitiva que ahora  reclama,  pero  como  no fue así se violó el artículo 60 del Código Penal, y  de  contera  se  le  hizo  más gravosa la situación al procesado ya que por la  elevada  pena  que  se le impuso quedó por fuera de la exigencia normativa para  acceder al subrogado de la condena de ejecución condicional.   

         SEGUNDO  CARGO. Radica en la aplicación indebida del artículo 324  del  Código  Penal  “…que rompió la congruencia del fallo con la resolución  de  acusación,  porque  el  pliego  de  cargos se hizo como autor del delito de  homicidio  preterintencional  que  describe  el  artículo  325 del ordenamiento  penal,   sin   hacer   referencia   expresa  a  circunstancias  específicas  de  agravación  punitiva,  pero  en  la  sentencia de primera instancia, el Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  tuvo  a  bien deducir la agravante del  numeral 7o. del artículo 324.”   

         Agrega  que la irregularidad anotada bien hubiera podido plantearla  al  amparo  de  la  causal  tercera  porque  entraña  nulidad  en la medida que  desconoce  el  debido proceso y vulnera el derecho de defensa. Sin embargo, dado  que  no se trata de un cambio sustancial en la calificación genérica del hecho  punible  que  afectara  la  adecuación típica, prefirió seleccionar la causal  primera,  cuerpo  primero, del artículo 220 del estatuto procesal, invocando la  aplicación indebida de una norma.   

         Sostiene  que  al  deducirle  al  procesado  en  la  sentencia  una  agravante  que  no  había  sido contemplada en la resolución acusatoria, se le  agravó  su  situación  jurídica porque ello sirvió de base para graduarle la  pena   en   63   meses    de  prisión,  circunstancia  que  sumada  al  no  reconocimiento  de  la  ira,  impidió la concesión de la condena de ejecución  condicional.   

         Dijo  además,  frente  a  la  agravante,  que  las  condiciones de  indefensión  e inferioridad debían aparecer demostradas en el proceso y que no  era  permitido  suponerlas  “con  base  en hipótesis alejadas de una realidad  social y procesal”.   

TRASLADO A LA PARTE CIVIL  

         Durante  el  término  de  traslado, el apoderado de la parte civil  presentó  un  memorial  solicitando  a la Corte NO CASAR la sentencia impugnada  con fundamento en las razones que seguidamente se sintetizan:   

         a)  Frente  al PRIMER CARGO: Desde el comienzo de la investigación  pudo  evidenciarse  que la conducta protagonizada por CORREDOR NIETO  no se  hacia  merecedora  a  la  degradante punitiva contemplada en el artículo 60 del  Código  Penal,  toda vez que la agresión que le propinó Sandra Patricia Ochoa  Olivera  a su victimario no fue injusta y además una escoriación en el pecho y  la  ruptura  de  una  prenda  de  vestir no justifican la muerte de una persona.   

         De  otra  parte,  se comprobó que las grescas entre el procesado y  la  víctima  eran  frecuentes  y que en ocasiones anteriores Sandra Patricia le  había  causado  a  su  amante  heridas  de mayor significación. Igualmente, se  estableció  que  el día de los hechos fue el procesado quien primero golpeó a  la   víctima   despertando   en   ella  la  ira  que  la  llevó  a  reaccionar  rasguñándole el pecho y rasgándole la camisa.   

         Afirma  que  CORREDOR  NIETO  le  ayudó a su víctima a lavarse la  boca  por  donde  manaba  sangre y según declaraciones de testigos abandonó la  casa  de  Sandra  Patricia  dejándola  tirada  en  el suelo, circunstancias que  contradicen  la  afirmación  del  defensor en el sentido de que su prohijado no  tuvo   intención   de   herirla   gravemente  y  mucho  menos  de  causarle  la  muerte.   

         Añade  que  el fatal desenlace de la discusión tuvo lugar bajo la  exaltación   de   ánimo  derivada  del  estado  de  alicoramiento  en  que  se  encontraban,  luego  no  puede  aceptarse  que  el  procesado hubiera actuado en  estado  de  ira  o intenso dolor. Además, no puede olvidarse que en condiciones  normales  el hombre es más fuerte que la mujer y, por tanto, Sandra Patricia se  encontraba en estado de indefensión frente a su victimario.   

        Concluye  que  las  consideraciones  plasmadas  en  los  fallos de  primer  y  segundo  grado  para  desestimar  la  justificación  planteda por la  defensa  se  ajustan  a  la  verdad de los hechos, motivo por el cual este cargo  está  llamado  a  fracasar porque no existió violación de la norma sustancial  acusada por el demandante.   

        b)  Frente  al  SEGUNDO  CARGO:  En  el  presente  caso  el Fiscal  investigador  al  calificar el sumario adecuó la conducta del procesado al tipo  consagrado  en el artículo 325 del Código Penal. El Juez de conocimiento, a su  turno,  consideró  que  además  de  darse  la violación plena del citado tipo  penal,  en  la  conducta  del  procesado  concurría la agravante prevista en el  artículo  324-7  ibídem,  y así lo declaró en el fallo, igual que lo hubiera  hecho  de  haber  avisorado  alguna  circunstancia  que hiciera menos gravosa su  situación.   

        De   ahí  que  este  cargo  tampoco  pueda  prosperar  “..por  la  individualidad  en  el  momento  del  análisis  probatorio, el que hace que las  decisiones  tomen  curso definido y porque el estado de indefensión se ha dado,  por  la  desigualdad  que  se  presenta entre la fuerza que tiene el hombre y la  fuerza  que  tiene  la  mujer y por el estado anímico y el carácter de los dos  intervinientes.”   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

        Para  el señor Procurador Primero Delegado en lo Penal la demanda  merece    ser   desestimada   por   las   razones   que   a   continuación   se  resumen:   

        PRIMER  CARGO.  Jurisprudencia y doctrina han determinado que para  tener  en cuenta la falta de aplicación del artículo 60 del C.P., en el ataque  por  la  vía  de  la  violación  directa,  se  debe  contar con los siguientes  presupuestos:   

        a)  Que  en  el  fallo impugnado se haya aceptado que el procesado  obró  en estado de ira o intenso dolor causado por comportamiento ajeno grave e  injusto; y   

        b)  Que  a  pesar  de lo anterior al fijar la pena se haya omitido  aplicar   la   rebaja   correspondiente   de   acuerdo   al   artículo  60  del  C.P.   

        En  el  caso  de  estudio  si  bien  es  cierto que los juzgadores  admitieron  que  Sandra  Patricia Ochoa actuó agresivamente, también lo es que  en  ningún momento admitieron que ese comportamiento tuviera la connotación de  grave e injusto que se exige en el artículo 60 del Código Penal.   

          Precisamente  por  no  haberse  aceptado  en  las  instancias el  significado  de  los  hechos  que  da  lugar  a  la  atenuante, es por lo que el  libelista  se dedica a criticar la apreciación probatoria, olvidando que esa es  una  argumentación  que  corresponde  a  la  violación  indirecta, no a la que  escogió para atacar el fallo.   

        Empero,  dejando  a  un lado esa falla, lo que las pruebas indican  es  que  con  frecuencia  la  pareja  de  amantes  discutía acaloradamente y se  agredían  de  palabra  y  hecho,  circunstancia que le resta trascendencia a la  agresión  de  ese día como fundamento de la atenuante prevista en el artículo  60  del  C.P..  Además,  no  debe olvidarse que la agresión no sólo ha de ser  grave  sino  injusta,  condición que no se da en este caso porque quien hiere u  ofende  a  una  persona con sus palabras o hechos, como lo hizo el procesado, no  puede   alegar   en  su  favor  la  injusticia  del  ataque  para  legitimar  su  reacción.   

        En conclusión, el cargo no puede prosperar.   

         

        SEGUNDO  CARGO.  Para la Procuraduría es ostensible el sofisma de  la  demanda  en  lo que respecta a este cargo, pues el libelo parte del supuesto  de  que  el fallador le dedujo al procesado la agravante del artículo 324-7 del  C.P.  por  ser  hombre, cuando en realidad no fue así, toda vez que el juzgador  expresamente  consideró  impropio  condenarlo por el tipo de homicidio agravado  teniendo  en  cuenta  que  la  acusación  se le había formulado por el tipo de  homicidio   simple.  Cuestión  distinta  es  que  al  analizar  las  agravantes  genéricas  del  artículo  66 del C.P. hubiera estimado que el procesado había  obrado  por  motivos fútiles y que dada su superioridad física la lucha con su  víctima  fue  desigual, circunstancias que ameritaron un incremento punitivo de  sólo 3 meses.   

        De   suerte  que  este  segundo  cargo  tampoco  está  llamado  a  prosperar.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Evidentemente   le   asiste   razón  al  Ministerio  Público  cuando  afirma que la demanda en estudio carece de aptitud  para  remover  la  sentencia  impugnada,  toda  vez  que  desconoce  las  reglas  técnicas   del   recurso   extraordinario   de   casación,   según   pasa   a  explicarse.   

        Primer Cargo:   

        1. Cuestión Previa. Fundamentos del Fallo acusado.   

          Para  el  Tribunal  fue  acertada  la  decisión  del  Juzgado  de  conocimiento  pues  se  encuentran  demostrados los  presupuestos  basilares que la Ley exige para condenar, es decir, la certeza del  hecho punible y la responsabilidad del acusado.    

        La  censura  se  centra  en  el no reconocimiento de la diminuente  punitiva  de  la  ira  en  favor  del procesado y, por contera, la negación del  subrogado de la condena de ejecución condicional.   

         Doctrina y jurisprudencia han reconocido la compatibilidad de la  atenuante  prevista  en  el  artículo  60  del  Código  Penal  con la forma de  culpabilidad  preterintencional.  Pero  para  que  dicha  atenuante alcance vida  jurídica  es preciso que exista certeza sobre la gravedad y la injusticia de la  provocación  de  parte  de  la  víctima,  así como la relación de causalidad  sicológica entre aquella y la reacción del victimario.   

       A  pesar  de que el acusado señala que su compañera fue grosera,  situación  que  lo  llevó  a  propinarle sendas cachetadas, en sentir del ad –  quem,  esa actitud agresiva de la víctima no traduce un comportamiento ofensivo  grave   e   injusto,   como   el   que   alude   el  artículo  60  del  Código  Penal.   

       Por  otra  parte, en sus diversas intervenciones ante la justicia,  el  procesado  jamás  hizo  mención  de haber obrado criminalmente bajo estado  emocional  de  ira, provocado por comportamiento ofensivo, grave e injusto de su  amante  Sandra  Patricia,  y  teniendo  en  cuenta  que la ira es un sentimiento  subjetivo   e  interno,  nadie  más  calificado  para  alegarla  que  quien  la  padece.   

       Además,  para que se de la atenuante en comento no interesa tanto  la  existencia  de la alteración anímica en el sujeto agente, como si la causa  misma,  esto es, la injusta y grave provocación que la hace surgir, atribuible,  por  supuesto,  a la víctima.  Y ha quedado visto que la actitud de Sandra  Patricia,  aunque  un  tanto  agresiva,  no  revistió tales características de  injusticia  y  gravedad, razón por la cual no hay lugar al reconocimiento de la  atenuante que se demanda.   

       No  siendo,  pues,  de  recibo la tesis de la defensa, tampoco hay  lugar  al  otorgamiento  de  la  condena de ejecución condicional por el factor  cuantitativo  de  la  pena  impuesta.   De  suerte  que  estando ajustada a  derecho  la  decisión  adoptada  por  el  sentenciador  de primera instancia, y  siendo  la condena fiel reflejo de la realidad fáctico probatoria vertida en el  proceso, se impone su confirmación.   

       2.  La formulación del primer cargo se  hizo  por  la  vía  equivocada, pues aunque en su enunciación el censor afirma  estar  de  acuerdo con la valoración probatoria efectuada en las instancias, al  desarrollarlo  muestra  todo  lo  contrario,  ya  que  en  vez  de  dirigir  sus  cuestionamientos   contra   el  derecho  aplicado,  como  correspondería  a  un  verdadero  ataque  por  violación  directa  de  la ley sustancial, se dedicó a  criticar  la  valoración  probatoria  realizada por el juzgador en virtud de la  cual  se  negó  a  admitir  que el procesado obró en estado de ira por grave e  injusta  provocación  de  la víctima, argumentación propia de una censura por  violación indirecta.   

       Semejante  desacierto  impide  a  la  Corte  penetrar al fondo del  asunto,  en  la  medida  que  su  actividad  como  Tribunal  de  Casación queda  restringida  al  marco  signado  por  la  demanda, y mal podría desconocerse la  realidad   fáctica   deducida  en  la  sentencia  impugnada  cuando  el  propio  demandante expresó su conformidad con ella.   

       Por  manera  que  si  el  Tribunal  se  negó  a  reconocer que el  procesado  cometió  el  hecho  debido  a  la grave e injusta provocación de su  víctima,  y  el  recurrente dice estar conforme con esa valoración probatoria,  ilógica  resulta  su pretensión de que se rebaje la pena impuesta al procesado  por la causal prevista en el artículo 60 del Código Penal.   

       Empero,  como  el  real  fundamento  de  la  censura  radica en la  negación  de dicha atenuante punitiva no obstante que, a juicio del demandante,  estaban   dadas   las   condiciones   exigidas  por  el  artículo  60  para  su  reconocimiento,  claro se advierte que el ataque se dirige contra la valoración  probatoria  y,  por  consiguiente,  el  cargo  ha  debido  plantearse dentro del  ámbito de la violación indirecta.   

       Segundo Cargo:   

       En  lo  que  respecta al segundo cargo, también resulta equívoca  la  vía  escogida  para  su  formulación,  toda  vez que existiendo una causal  específica  para  alegar en casación la incongruencia entre la acusación y el  fallo,  como  lo  es  la  consagrada  en  el  artículo 220-2 del C. de P.P., el  demandante   planteó   una  controversia  de  esa  índole  como  si  implicara  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  esto  es,  al amparo de la causal  primera.   

       De  otro  lado,  no  obstante  enunciar la violación directa, tal  como  se  vió  en  la  relación  hecha  de  la demanda, terminó criticando el  alcance  de  la  prueba  al  estimar  que  hechos   fundamentadores  de  la  agravante fueron supuestos en el fallo, mas no demostrados.   

       Por   último,   consideró   erróneamente  el  censor  como  una  cuestión  de  incongruencia  lo  que era un problema de dosificación punitiva,  dado  que  los  falladores  no dejaron agravantes específicos al homicidio sino  que   formularon   incremento   de   la   pena   con  base  en  las  razones  ya  aludidas.   

       Dichas  fallas de técnica, al igual que en el cargo anterior, dan  al  traste  con  la  censura,  lo  cual  no  obsta para advertir que en el fondo  también  carecería  de  fundamento  real,  según  lo  señaló  el Ministerio  Público,  pues  salta  a la vista que si la condena se hubiera producido por el  delito  de homicidio agravado la pena mínima no habría podido ser inferior a 8  años  de  prisión  conforme  a la normatividad preexistente al hecho, mientras  que la impuesta al procesado escasamente sobrepasó los 5 años.   

       Conforme  con  lo  dicho  la  sentencia  impugnada  se  mantendrá  incólume, tal como lo solicita el señor Procurador Delegado.   

         

       En  mérito  de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

        NO  CASAR  la  sentencia  impugnada, de naturaleza, fecha y orígen  señalados en la parte motiva.   

        CUMPLASE.   

FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL  

RICARDO   CALVETE   RANGEL                              JORGE  CORDOBA  POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE    JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR                             DIDIMO PAEZ  VELANDIA   

NILSON   PINILLA   PINILLA                               JUAN  MANUEL TORRES FRESNEDA   

Patricia Salazar Cuéllar  

Secretaria.-  

     

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