9245 (15-05-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    PERJUICIOS/  NULIDAD   

Las consecuencias jurídicas de que trata el  artículo  39  del  Código de Procedimiento Penal actual no podían darse hasta  tanto  no  se  cancelara  la  obligación;  para ello es necesario recordar que,  precisamente  la  razón  de  ser  de la indemnización de perjuicios se orienta  constitucionalmente  a  que  las  autoridades amparen y garanticen el derecho al  restablecimiento  de  los  afectados  directamente  con  el  hecho  punible. Tal  objetivo  jamás  tendría  razón  de ser sin que efectivamente se verifique su  cumplimiento.   

Proceso No. 9245  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                                  Magistrado Ponente   

                                                                  Dr. CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

                                                                  Aprobado       Acta      No.      70  (08-05-96)   

                                                                  Santafé   de   Bogotá,   D.  C.,   quince (15) de mayo de mil novecientos noventa y seis  (1996).   

VISTOS  

                                  Procede  la Corte a resolver el  recurso  de  casación interpuesto contra la sentencia proferida por el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Cartagena el 7 de octubre de 1993, por medio  de  la cual confirmó el fallo emitido por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  dicha  ciudad el 23 de junio del mismo año,  que impuso a MANUEL  SEGUNDO  GOMEZ  MARTINEZ la pena  principal  de  dos  años  y  seis  meses  de prisión, como autor del delito de  homicidio culposo.   

                                  La  impugnación fue admitida y  luego  la demanda se declaró ajustada a los requisitos formales exigidos por el  artículo  225  del  C.  de  P.P.,  el  quince  de abril del año inmediatamente  anterior.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

                                   Aquellos  se  refieren  a  los  ocurridos  el  día  siete  (7)  de  abril de 1990, cuando en la carretera de la  Cordialidad,   a   la   altura   del  corregimiento  de  Clemencia  (Cartagena),  aproximadamente  a  las cinco y treinta de la tarde, resultó arrollado el menor  José  David  Orozco Beleño por un camión marca Chevrolet, modelo 82 de placas  EL  5479,  el  cual   conducía  MANUEL GOMEZ MARTINEZ a una velocidad  superior  a la legalmente permitida, ocasionando el fallecimiento de la víctima  a consecuencia de los múltiples traumas recibidos.   

                                  La  investigación fue iniciada  por  el Juzgado 18 de Instrucción Criminal radicado en Cartagena el 10 de abril  de  1990,  con  base  en  el  informe  sobre  accidentes  de tránsito y croquis  elaborado   por   funcionarios   de   la   policía  vial  del  Departamento  de  Bolívar.   

                                    El  mismo  despacho  vinculó  mediante  indagatoria  al  Señor  GOMEZ MARTINEZ a quien le profirió medida de  aseguramiento  de detención preventiva, y a la vez  admitió la demanda de  parte  civil  presentada  por el apoderado del Señor Alcides Orozco Barrios; el  profesional  del  derecho,  luego  de  presentar  los  respectivos  alegatos  de  conclusión   con   solicitud  de  resolución  acusatoria  para  el  procesado,  presentó  memorial  en el que desistía de la acción civil “de resarcimiento  de  perjuicios” , por cuanto la empresa Alpina Productos Alimenticios S.A., se  había  comprometido  a  pagar el monto de los perjuicios causados con la muerte  del menor.   

                                      Una    vez   cerrada   la  investigación,  se  calificó el mérito del sumario el siete (7) de septiembre  de  mil  novecientos  noventa y dos (1992), con resolución acusatoria en contra  del  procesado  MANUEL SEGUNDO GOMEZ MARTINEZ, providencia en la que también se  aceptó  el desistimiento de la parte civil, pero sin lugar a la declaratoria de  extinción  de la acción penal, por cuanto no existía constancia en el proceso  de  que  el  daño  hubiera sido resarcido, de conformidad con el artículo  39 del Código de Procedimiento Penal.   

                                  El conocimiento del asunto pasó  al  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Cartagena, el cual, luego de celebrar  la  respectiva  diligencia  de  audiencia  pública,  dictó sentencia de primer  grado  el junio veinticinco (25) de mil  novecientos noventa y tres (1993),  imponiéndole  al  procesado  como pena principal la de dos (2) años y seis (6)  meses  de  prisión,  como  autor responsable del delito de homicidio culposo, y  como   accesorias   la   interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  y  suspensión  de  la  licencia  de  conducción  por  tiempo  igual al de la pena  principal,   y   el   pago   de   una   multa   por  valor  de  diez  mil  pesos  MCte.($10.000.oo);  se  abstuvo  de condenarlo al pago de perjuicios ocasionados  por  cuanto se aceptó el desistimiento de la acción civil , advirtiéndose que  al  perjudicado  le queda la opción para acudir a la vía civil. Allí mismo se  aceptó la condena de ejecución condicional.   

                                  Apelado  el  fallo, el Tribunal  Superior  de  Cartagena,  lo  confirmó  en todas sus partes, en providencia del  siete  de  octubre  de mil novecientos noventa y tres, la cual es motivo de este  recurso extraordinario.   

LA DEMANDA  

                                 Invoca el censor tres cargos, uno  principal  y  dos subsidiarios, contra la sentencia de segundo grado, los cuales  fundamenta así:   

                                      PRIMER   CARGO:   

                                 Según el libelista, la sentencia  fue  dictada  en  un juicio viciado de nulidad por existencia de irregularidades  sustanciales  que  afectan  el  debido proceso, al no haberse dado aplicación a  los  artículos  35, 36 y 39 del Código de Procedimiento Penal y a consecuencia  de lo cual se desconoció el artículo 29 de la Carta Política.   

                                  Afirma  que en la actuación se  dejaron  de aplicar los citados artículos los cuales permiten la extinción por  indemnización  integral,  y   se  continuó  con  un proceso que ha debido  terminar  en  el momento en que entró en vigencia el Decreto 2700 de 1991, pues  con  anterioridad  se  había  efectuado  un  acuerdo  entre la parte civil y la  Empresa  Alpina  Productos  Alimenticios  S.A.,  en  virtud  del  cual  ésta se  comprometió  a  pagar  el  monto  de  los perjuicios causados con la muerte del  menor.   

                                  Según él, no se podía dictar  en  contra  de  su  representado  sentencia  condenatoria, por cuanto las normas  citadas  permitían  la extinción por indemnización integral, lo cual implicó  la violación al debido proceso.   

                                  Agrega  mas  adelante,  que las  causales  objetivas de preclusión de la investigación estaban dadas en el caso  sub  exámen  en  el  momento en que se calificó el mérito del sumario; que al  presentarse  el escrito de desistimiento de la acción civil, en septiembre 4 de  1990,  en  cuantía  que  si  bien  no se determinó en el proceso debió quedar  fijada  en  el  acuerdo,  no  determinaba, conforme a los efectos que produce el  desistimiento,  la  renuncia  a  las  pretensiones  de  la demanda de acuerdo al  artículo  342 del Código de Procedimiento Civil, cuya remisión la autoriza el  artículo 21 del Código de Procedimiento Penal.   

                                    Según  él,  la decisión no  podía  quedar limitada a las consecuencias del hecho punible que se investigaba  y  por  el  cual  se dictó en su momento resolución de acusación, sino que ha  debido  declararse  la  extinción  de  la  acción penal y la preclusión de la  investigación,  porque  para  ese  entonces  ya  había  entrado en vigencia el  Decreto  2700  de  1991; estando demostrada la existencia de un acuerdo entre la  parte  demandante  y  la Empresa Alpina Productos Alimenticios S.A. se daban los  presupuestos  que  para  el  efecto  exige  el  artículo  39  de  la  comentada  normatividad.   

                                 Al momento de la calificación no  se  tuvo  en cuenta la facultad otorgada para transigir al apoderado de la parte  civil,  independientemente  de  que  no  se presentara escrito contentivo de los  términos  exactos  del  acuerdo,  porque  al  aceptar  la Fiscalía el acuerdo,  tácitamente   aceptó   la   transacción,   lo  cual  producía  consecuencias  jurídicas respecto de las pretensiones indemnizatorias.   

                                  Agrega  que  tampoco se tuvo en  cuenta  el  artículo  62  del Código de Procedimiento Penal, según el cual la  acción  civil proveniente del hecho punible se extingue en todo o en parte, por  cualquiera  de los modos consagrados en el Código Civil, lo que llevó a que su  representado  resultara  condenado  en  un proceso en el que no se podían hacer  pronunciamientos  de  fondo  sobre la existencia del delito, al estar acreditado  el  acuerdo  para el pago de la indemnización integral; según él, una de  las  formas  de  terminación  de  las  obligaciones  civiles,  consagrada en el  artículo  1625  numeral  tercero del Código Civil, es la transacción, la cual  se dejó de reconocer.   

                                  Afirma  que  hubo  transacción  según  las voces del artículo 2469 del Código Civil, y que aún existiendo la  noticia  del  acuerdo  se  dejó  de aplicar  el artículo 2483 ibídem que  regula  los  efectos  de  la  forma  de terminación de las obligaciones, que se  debió  tener  en  cuenta  por expresa remisión del artículo 62 del Código de  Procedimiento Penal.   

                                  Por  lo tanto, la irregularidad  sustancial  afectó  la  garantía  constitucional del debido proceso que exigen  tanto  la  Constitución  como el Código de Procedimiento Penal cuando señalan  la observancia de la plenitud de las formas propias del juicio.   

                                     SEGUNDO   CARGO (subsidiario del primero).   

                                  También al amparo de la causal  tercera,  indica  el censor que la sentencia fue dictada en un juicio viciado de  nulidad  por  existencia  de  irregularidad originada en la misma sentencia, que  afecta  el  debido  proceso  por no haber aplicado los artículos 35,36 y 39 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y como consecuencia de ello, haber violado el  artículo  29  de la Constitución Nacional, por inobservancia de la plenitud de  las formas propias del juicio.   

                                  El  fundamento de este cargo lo  hace  consistir  en  los  mismos  argumentos  del  anterior,  esto  es,  que  el  desconocimiento  del  acuerdo entre las partes condujo a la inaplicación de las  citadas  normas,  así  como  de las civiles que regulan la transacción, lo que  conllevó  al  quebrantamiento  del debido proceso, cuyo efecto anulatorio recae  sobre  la  sentencia  impugnada,  en  lugar  de  la  cual  debió  producirse la  cesación  de  procedimiento  o  preclusión  de la instrucción por reparación  integral  de  los  daños, conforme al artículo 39 del Código de Procedimiento  Penal.   

                                      TERCER   CARGO (Subsidiario del primero y el segundo).   

                                  En  esta  oportunidad  acusa la  sentencia  por  violación  directa  de  la  ley sustancial, por interpretación  errónea  de los artículos 61 y 67 del Código Penal, a consecuencia de lo cual  se  produjo  un  exceso  en la pena impuesta al procesado, la cual debió ser la  mínima  de dos (2) años de prisión que establece el artículo 329 del Código  Penal,   al  no  confluir  circunstancias  de  agravación  y  por  concurrencia  exclusiva de atenuantes.   

                                  Según el censor, el Tribunal le  dió  a  la expresión “gravedad y modalidad del hecho punible” un contenido  y  alcance  que  no  tiene,  por  que  la muerte del menor es consecuencia de la  conducta  expuesta  en  el  tipo  penal y su ocurrencia no configura el referido  factor,  pues  tales  modalidades  son  las que guardan directa relación con el  mayor  o  menor  compromiso  del sujeto activo del comportamiento ilícito,  en  el  despliegue  de  actividad  conciente  para  lograr la realización de un  determinado  punible;  de  no  ser así, se llegaría al extremo de que nunca se  podría  aplicar  el  mínimo  en  tratándose  de  homicidio  culposo o incluso  doloso.   

                                 Para el libelista, en el caso sub  examen  no  se  da  ninguna de las circunstancias que autorizan a incrementar la  pena,  pues  su  grado de culpabilidad  por el atropellamiento de un menor,  se  produjo  en  circunstancias  normales  de  conducción  de  un  automotor en  carretera,  debido  tal  vez,  a la inobservancia momentánea de una norma sobre  velocidad  máxima  permitida,  que  de  manera  alguna  justifica un incremento  punitivo.   

                                  Ya  en cuanto a la personalidad  del  procesado,  quedó  aceptado  en  la sentencia su buena conducta anterior e  incluso  procesalmente  se  demostró  cómo  en  la  Empresa le tenían un mote  especial por su lentitud para conducir.   

                                  Dice que la pena impuesta de dos  años  y  seis meses afecta a MANUEL SEGUNDO GOMEZ MARTINEZ  y la accesoria  de  suspensión  de la licencia para conducir, vá en detrimento de su fuente de  sustento.   

                                    Solicita  entonces  casar  la  sentencia  impugnada  para  que, en su lugar, se dicte la que deba reemplazarla,  condenándolo a la pena de dos años únicamente.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

                                  En  cuanto tiene que ver con el  PRIMER  CARGO,  comenta  el  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo Penal, que en  desarrollo  del  debido  proceso que garantiza las formas propias del juicio, se  protege  al  procesado y al perjudicado, encontrándose su desarrollo en materia  penal, en el respectivo código de procedimiento.   

                                  Alude entonces al contenido del  artículo  39  de  la citada normatividad, y expresa que si allí se autoriza la  extinción  de  la  acción  penal,  la terminación del proceso a través de la  preclusión  o  la cesación de procedimiento son pertinentes, cuando dentro del  proceso  esté  demostrada  la  reparación integral previo avalúo pericial del  perjuicio  o  el acuerdo entre las partes sobre su monto, sin que sea suficiente  la  intención  o el compromiso de pagarlos sin acreditar en autos los términos  del  acuerdo  o  el  respectivo avalúo, porque en tal caso no se puede aseverar  que   se  ha  verificado  el  resarcimiento  del  daño,  sino  únicamente  una  expectativa del mismo.   

                                  La  naturaleza  y  alcance  del  artículo  en mención, agrega el Ministerio Público,  tiende a garantizar  el   derecho  a  la  víctima  o  los  perjudicados  a  ser  resarcidos  real  y  adecuadamente, y a tal finalidad apunta el peritaje o el acuerdo.   

                                 Por tanto, el memorial que obra a  folio  93  del  cuaderno  original  no  configura reparación integral del daño  ocasionado  con el perjuicio ya que está expresamente dirigido a desistir de la  acción   civil  de  resarcimiento  de  los  perjuicios  materiales  y  morales,  términos  estos  que  surgen  contrarios  a la acción de reparar lo que denota  incertidumbre e imprecisión en el pago.   

                                   Frente  al  artículo  62  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  que  menciona  el  recurrente,  el  referido  desistimiento  no  señala si la extinción de la acción civil se propone total  o  parcialmente  ni  tampoco  tiene la virtualidad de afectar el ejercicio de la  acción  penal  porque  el  artículo  2472  del  Código Civil establece que la  transacción  recae  sobre  la  acción  civil  que  nace de un delito, pero sin  perjuicio de la acción penal.   

                                  Finalmente expresa que el censor  señala  con  impropiedad  conceptual  como  violado el artículo 29 de la Carta  Política  desconociendo  la regulación propia del artículo 304 del Código de  Procedimiento  Penal,  pues  el  yerro  que  enuncia no constituye irregularidad  alguna  y  en  nada  afecta  los  derechos  sustanciales  del  procesado  ni  la  estructura misma del proceso.   

                                  Sobre el SEGUNDO CARGO afirma la  Procuraduría  que registra la misma impropiedad conceptual que el anterior y la  pretendida  nulidad  por  violación  al debido proceso, la fundamenta adaptando  argumentaciones  del primer cargo para señalar, en esta oportunidad, errores de  actividad  en  la  sentencia, pues propone que en lugar de condenar, el fallador  ha  debido  cesar  procedimiento, demostrando así su confusión pues en punto a  las  formas  propias  del  juicio  llegado  el  momento de la sentencia no puede  trocarse  por  decisión distinta a la absolución o la condena para terminar el  proceso.   

                                  Resalta  el  hecho que tanto la  Fiscalía  que calificó el mérito del sumario como el juez  que adelantó  la  causa,  no incurrieron en error in procedendo en el curso del proceso, a mas  que   la   sentencia   se  edificó  en  un  proceso  debidamente  estructurado.   

                                  En cuanto al TERCER CARGO   manifiesta   que    respecto   de  la  gravedad  y  modalidades  del  hecho  punible   referidas  por  el  fallador a las “circunstancias de comisión  del  delito”,  confunde  el  censor  la  ejecución  del  hecho, su ocurrencia  penalmente   relevante,   con   la   conducta   desplegada  por  el  autor  para  consumarla.   

                                  Aclara con posterioridad, cuál  fue  la interpretación que al respecto dió el juzgador, tanto para lo referido  a  la  gravedad y modalidades del hecho punible, como a lo que tiene que ver con  la  intensidad  de  la  culpa,  con lo cual concluye que el Tribunal interpretó  correctamente  los  preceptos  en  que  se  fundó  la  sentencia recurrida para  efectuar  la  tasación  de la pena, esto es, los artículos 61 y 67 del Código  Penal,  y  que  la  facultad  para  incrementar el quantum punitivo fue ejercida  razonablemente    y    sin    abuso,   conforme   a   la   situación   fáctica  comprobada.   

                                    Recuerda   también  que  la  circunstancias  atenuantes  no  obligan a realizar una tasación mínima por que  el  artículo  67  del Código Penal no es rígido y opera sin perjuicio de  lo dispuesto en el artículo 61 ibídem.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

                                PRIMER CARGO:   

                                  La  nulidad  planteada  por  el  libelista  carece  de todo fundamento, por cuanto se limitó a señalar la falta  de  aplicación de los artículos 35, 36 y 39 del Código de Procedimiento Penal  como  motivo  invalidante  del  proceso,  y sin entrar a demostrar  de qué  manera  se  vió  afectado  el  artículo  29  de  la  Carta  Política  por  la  inobservancia de las formas propias del juicio.   

                                  El argumento del yerro invocado  consiste  para  el censor, en el hecho de no haberse declarado la preclusión de  la  investigación  al  momento  de  calificarse  el  mérito  del sumario, o la  cesación  de  procedimiento  en la etapa del juicio, habida cuenta que la parte  civil  desistió de la acción para obtener el pago de los daños y perjuicios y  ello  imponía,  a  su  juicio,  la  aplicación del artículo 39 del Código de  Procedimiento Penal.   

                                 En efecto, el representante de la  parte  civil  presentó,  el  4 de septiembre de 1990, memorial  en el cual  desistía  de  la  acción  civil “de resarcimiento de perjuicios materiales y  morales  …  contra  el  sindicado  MANUEL  SEGUNDO GOMEZ MARTINEZ y la empresa  ALPINA  PRODUCTOS  ALIMENTICIOS S.A., por cuanto dicha empresa se comprometió a  pagar  el  monto  de los perjuicios causados con la muerte del menor…” (f 93  c.o).   

                                    Como  bien  se  dijo  en  la  resolución  acusatoria,  no  era  dable  en  ese momento declarar extinguida la  acción  penal,  como tampoco lo fue la cesación de procedimiento al momento de  dictar  sentencia  por  cuanto  no  existía  constancia en el proceso de que se  hubiera  dado  cumplimiento  al   artículo  39 del Estatuto Procesal Penal  vigente,  que establece para tal efecto que en los delitos de homicidio culposo,  entre  otros,  la acción penal se extinguirá para todos los sindicados, cuando  cualquiera     REPARE    INTEGRALMENTE el daño ocasionado.   

                                  La  misma norma determina en su  inciso  final  que  “  La  reparación  debe  efectuarse de conformidad con el  avalúo  que  del  perjuicio haga un perito, a menos que exista acuerdo sobre el  mismo.”   

                                  La  tesis  que ahora propone el  recurrente,  constituye  no  menos  que un absurdo, por cuanto se  estaría  desnaturalizando  la  estructura  del   instituto penal del desistimiento y  del  tipo  penal  que consagra la sanción por homicidio culposo. Si se aceptara  la  postura  del  libelista,  sería suficiente la intención o el compromiso de  resarcir  los daños causados  para que se extinga la acción penal  y  se  excluya  la  aplicación  de  las  sanciones establecidas en el ordenamiento  punitivo  con  vista  al  restablecimiento  del orden jurídico,  pero todo  ello  iría  en detrimento de la satisfacción del interés privado afectado por  el  delito,  el  cual  quedaría  sometido  a  una  mera  expectativa:  el  real  cumplimiento de la obligación.   

                                  De  otro lado no resulta cierto  que  se  le  estén  desconociendo  las  facultades  a  la  parte civil, como el  demandante   mismo   lo   afirma,  y  prueba  de  ello  es  la  aceptación  del  desistimiento  como  una forma de reconocer la transacción de la litis, pero no  se  puede  confundir  el  hecho  de  la  intención  del  resarcimiento  con  el  cumplimiento real del acuerdo.   

                                    Por  ello,  se  reitera,  las  consecuencias   jurídicas   de  que  trata  el  artículo  39  del  Código  de  Procedimiento  Penal  actual  no  podían  darse  hasta tanto no se cancelara la  obligación;  para ello es necesario recordar que, precisamente la razón de ser  de  la  indemnización  de  perjuicios  se orienta constitucionalmente a que las  autoridades   amparen  y  garanticen  el  derecho  al  restablecimiento  de  los  afectados  directamente  con  el  hecho  punible.  Tal  objetivo jamás tendría  razón de ser sin que efectivamente se verifique su cumplimiento.   

                                  De  otro  lado,  y  dado que el  recurrente  invoca las normas del Código Civil , ha de decirse, de un lado, que  dicha  normatividad  no excluye la acción penal que pueda adelantarse en razón  al  delito  cometido y de otro, que el trámite de los perjuicios debe ajustarse  a  lo  previsto  en  el  Código  de  Procedimiento  Penal, y en los aspectos no  regulados  se  integran  las  disposiciones  del Código de Procedimiento Civil,  pero  uno  y  otro  tema  están específicamente delimitados por la ley, por lo  que  es imperativo para el Juez someterse a sus precisiones.   

                                  El cargo en estas condiciones no  puede prosperar.   

                                     SEGUNDO   CARGO:   

                                    Como   bien  lo  señala  el  Procurador  Delegado,  los argumentos esbozados por el libelista son similares a  los  utilizados  en  el anterior reproche, por lo que también está destinado a  fracasar.  En  esta  oportunidad  el  recurrente  recae  en  una gran confusión  conceptual,  habida  cuenta  que  la  nulidad  propuesta se fundamenta en que se  socavaron  las  formas  propias  del  juicio,  y  luego,  de manera inexplicable  asegura  que  al  momento  de  dictarse sentencia debió proferirse cesación de  procedimiento.   

                                 La nulidad que se proponga porque  se  conculcaron las formas propias del juicio, tiene que ver con el hecho de que  se  desconocieron  las  ritualidades establecidas por la ley para estructurar el  proceso,  a  consecuencia  de  lo  cual  se  produjo  un perjuicio concreto. Una  situación  así, mal podría derivarse de que se haya tomado o nó una concreta  decisión  en  la sentencia, pues por simple lógica ninguna relación guarda la  inobservancia   de   los  actos  procesales,  con  la  decisión  que  sobre  la  responsabilidad del procesado se consigne en el fallo.   

                                 Además, el motivo para inaplicar  el  artículo  39  tantas  veces  citado,  fue motivo de expreso pronunciamiento  tanto  en  la  resolución  acusatoria  como  en los fallos de primero y segundo  grado,  en  los  que  reiteradamente  se  aclaró  que  no  se  procedía  a  la  declaración  de  la  extinción de la acción penal, por no obrar constancia en  el  proceso de que efectivamente se hubiera producido el pago por reparación de  daños y perjuicios.   

                                  Ante  la  falta  de  razón del  recurrente, el Cargo no prospera.   

                                      TERCER   CARGO:   

                                  Considera en esta oportunidad el  libelista    que  hubo  exceso  en  la  pena  impuesta  al  procesado,  por  interpretación  errónea  de los artículos 61 y 67 del Código Penal, cuando a  su  prohijado  se le debió imponer la mínima de dos años y no la de dos años  y  seis  meses, ya que a su juicio no concurrieron circunstancias de agravación  y solo se evidencian en este caso, atenuantes.   

                                  Ha  de decirse al respecto, que  para  efectos de dosificar la pena, no existen precisos parámetros que permitan  concretar  el  quantum  punitivo,  habida  cuenta que el juzgador goza de cierta  facultad   que   está   sometida   a   algunas   directrices   de   obligatoria  observancia.   

                                  Así  entonces,  dentro  de los  criterios  que se deben tener en cuenta para fijar la pena, es menester analizar  los  artículos  67  y 61 del Código Penal, pues lo relativo a las agravantes o  atenuantes  es  apenas  uno  de  los  varios  criterios establecidos en la ley ;  además,  es necesario mirar, como lo estipula el mismo artículo 61 del Código  Penal,  la  gravedad y modalidades del hecho punible, el grado de culpabilidad y  la personalidad del agente.   

                                 Si bien es cierto el artículo 67  enunciado  determina  que  solamente  se  aplican mínimos cuando exclusivamente  concurran  circunstancias  de atenuación punitiva, , ello procede sin perjuicio  de   lo  dispuesto  en  el  artículo  61,  esto  es,  cuando  no  se  presenten  circunstancias  de  las  que enuncia este artículo las cuales pueden conducir a  un incremento punitivo.   

                                 En el caso concreto del procesado  MANUEL  SEGUNDO  GOMEZ MARTINEZ, el juez al determinar que la pena a imponer era  la  definitiva  de  dos  años  y  seis  meses,  lo  hizo teniendo en cuenta los  parámetros  de  las  citadas  normatividades considerando la gravedad del hecho  punible,  las  modalidades  que  rodearon el suceso y la intensidad de culpa que  acompañó al acusado.   

Veámos  lo  que  al  respecto se dijo en la  sentencia de primer grado:   

“…En el presente caso el delito imputado es  el  de  Homicidio  Culposo  que  se  sanciona con prisión de dos (2) a seis (6)  años;  siguiendo  las  prescripciones  señaladas  en el artículo 67 del mismo  Código,   que   dispone  que  el  mínimo  sólo  se  impone  cuando  concurran  exclusivamente  circunstancias de atenuación y el máximo solo cuando concurren  de  agravación,  sin  perjuicio  de  lo  prescrito en el artículo 61 y como la  buena  conducta  anterior  es  circunstancia  genérica  de atenuación (Art. 64  numeral  1)  y en el proceso no le aparecen antecedentes, ni sindicación alguna  ni  prueba  que  diga  lo  contrario,  por  la  gravedad del hecho punible y las  modalidades  que  rodean el suceso y la intensidad de la culpa que acompañó al  acusado,  la  pena queda definitivamente en dos años mas seis meses de prisión  como  principal  ademas  de  las  accesorias  de  rigor multa de $10.000.oo y la  suspensión  de  la  licencia  de conducción por un periodo igual al de la pena  señalada…” (fól 186)    

                                  Por  otra  parte, dentro de los  argumentos  que  se  plasmaron  en  el fallo recurrido, para determinar la mayor  culpa  del  procesado,  se encuentra el hecho de haber pasado  por una zona  habitada,  de  cuyas  casas se encontraban cerca de la carretera, que el acusado  con  frecuencia  transitaba  por allí, e inclusive el día del insuceso, en las  horas  de  la  mañana,  ya  lo  había  hecho;  la conclusión fué que si  MANUEL  SEGUNDO  hubiera conducido con prudencia su vehículo se hubiera evitado  el  accidente  y además no existía la posibilidad de que a la distancia que se  encontraba   no   hubiera   visto   a   los  niños,  porque  la  carretera  era  recta.   

                                  La  imposición  de  la pena de  suspensión  en  el  ejercicio  de la conducción estuvo acompañada de válidos  razonamientos,  como el hecho de que el procesado desarrollaba una actividad que  implica  riesgos  y por lo tanto exige de su ejercicio el debido cuidado  y  atención  al medio social, obligación que al ser quebrantada por  éste ,  y  atendiendo a lo establecido en el artículo 58 del estatuto punitivo, condujo  a  que  se le privara del derecho a ejercerla  por un tiempo igual al de la  pena  privativa  de  la  libertad,  sin  embargo  para  proteger el principio de  legalidad  de la pena, la Corte casará el fallo, de oficio, para imponerla como  principal  como  que  así  viene  concebida  en  el  artículo  329 del Código  Penal.   

                                  La  Sala entonces, no encuentra  reparo   alguno  en  cuanto  a  la  dosificación  punitiva  efectuada  por  los  falladores  de  instancia,  y  antes  por  el  contrario  advierte equivocado el  criterio  del  censor  en  punto  de  la supuesta interpretación errónea de la  expresión  “gravedad  y  modalidad del hecho punible”, por que para él, la  muerte  del  menor  es  consecuencia expuesta en el tipo penal y no configura el  referido  factor;  pero, sabido es, que una cosa es la amenaza o lesión sufrida  por   el   bien   jurídico   y   otra   el   grado   y  modalidad  del  injusto  cometido.   

                                  Los anteriores razonamientos son  suficientes  para  concluir  con  la  improsperidad  del  cargo  formulado  y la  casación oficiosa.   

                                  En  mérito  de lo expuesto, la  Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia  en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

                                          Primero.- Desestimar la demanda   

                                          Segundo.-   Casar  oficiosamente  el  fallo  impugnado  y declarar que la suspensión en el ejercicio  de la conducción se impone como pena principal.   

                                    Devuélvase  el  proceso  al  Tribunal    de    origen.                                         

                                   

                                           Notifiquese      y  cumplase,   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             RICARDO   CALVETE   RANGEL                                  

JORGE    CORDOBA    POVEDA                              CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR                                                       

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                            NILSON PINILLA PINILLA   

JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA             JOSE IGNACIO TALERO LOZADA   

                                                                                               Conjuez   

                                                                                        No firmo   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretario  

     

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