9132 (23-10-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    RESOLUCION    DE  ACUSACION   

La  resolución  de  acusación  es  la  que  delimita  provisionalmente  la  adecuación  típica  de  las  conductas por las  cuales  se  le llama a responder en juicio criminal al procesado. Y, con base en  ella  luego  de transcurrir la etapa de la causa con su período probatorio y el  debate  público  consiguiente,  el  fallador  se encuentra obligado a dictar su  sentencia  dentro  de dichos lineamientos aunque realizando ya en forma concreta  el  proceso  de  adecuación  típica, señalando con exactitud en que normas se  subsumen los supuestos de hecho investigados y probados.   

Si el sentenciador se sale de estos límites  que  le  impone  la resolución acusatoria, se produce el yerro que encuentra un  eficaz  correctivo  en  la  causal segunda de casación.       

Proceso No. 9132  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                      Magistrado  Ponente   

                                                                    Dr. Carlos Augusto Gálvez Argote   

                                                       Aprobado  Acta                 No151           

Santa  Fe de Bogotá, D.C., veintitrés (23)  de octubre de mil novecientos noventa y cinco (1995).   

VISTOS  

Decide       la       Corte  sobre  la  demanda  de  casación  presentada   por  el  defensor  del  procesado  Jaime  Orlando   Corredor   Sánchez   contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Santa Fe de Bogotá, por medio de la  cual,  confirmó la dictada por el Juez 2O  Penal  del Circuito de la misma ciudad, en cuanto se refiere a la  declaratoria  de  responsabilidad  penal  del  procesado como autor de delito de  estafa,  modificándola  respecto  de  la  pena  principal que redujo en dos (2)  meses,  quedando  en  definitiva  en  cincuenta  y  ocho  meses  de  prisión, y  aplicándole  una  multa de doscientos cincuenta mil pesos ($250.000.oo), en vez  de  la  de trescientos mil pesos ($300.000.oo) deducida en la primera instancia.  En  lo  atinente a la imposición de la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  un  tiempo igual, así como al pago de los perjuicios  causados  con  el  punible  y  la  no  concesión del subrogado de la condena de  ejecución   condicional,   quedó   inmodificada   de   decisión   de  primera  instancia.   

HECHOS  

          El    Tribunal,    siguiendo    las   palabras   del   a  quo  los  resume  en  los  siguientes  términos :   

          “Los  señores  ALFREDO  GUIO  MESA,  EDGAR ABRIL ESPITIA  y  JAIME   ORLANDO   CORREDOR   SANCHEZ,   constituyeron   la  sociedad  denominada  CREDINACIONAL  DE VEHICULOS LTDA, mediante escritura pública número 474 del 18  de  marzo  de  1.985,  corrida  en  la  Notaria  12  de  Bogotá, cuya principal  actividad  era  la compra y venta de vehículos automotores, instalando oficinas  en Bogotá, Cali y Bucaramanga.   

         “Se  inició  entonces  una campaña publicitaria,  mediante  avisos   de  prensa,  para  atraer  al  público  con  ofrecimiento  de  grandes  facilidades  de  pago para la adquisición de carros, especialmente taxis de los  que  se garantizaba que por cuenta de la firma vendedora correría la matrícula  y    la   asignación   del   cupo   respectivo,   así   como   el   taxímetro  correspondiente.   

         “Así,  muchas personas, atraídas por la propaganda se acercaron  a  las instalaciones , lujosamente presentadas, de la firma en cada una de   las  ciudades  mencionadas   y  después  de  escuchar  a  los  habilidosos  vendedores  y  en  muchas  oportunidades  a  los propios dueños de la sociedad,  abonaron  dinero a cuenta de  la futura negociación , bien para apartar el  vehículo  o  cancelando  la cuota inicial completa,  escuchando la promesa  de que en pocos días les sería entregado el rodante.   

         “Pero  ocurrió que, en el año 1986, los potenciales compradores  se  acercaban  a  las  oficinas  de  la concesionaria con el fin de reclamar los  vehículos  y se encontraban con evasivas: que estaban tramitando los documentos  de  traspaso  ,  que no había llegado el carro, que regresaran en 5,10,15 días  etc.,  para  al  final  hallarse  con  la  ingrata  sorpresa de ver cerradas las  instalaciones.  En algunas oportunidades, ante los reclamos de los clientes, los  directivos  optaron por devolver el dinero en cheques que a la postre resultaron  impagados  por  cuenta  cancelada  o  por  insuficiencia  en  fondos.  Todas las  denuncias  instauradas  por  razón  de estos hechos fueron acumuladas, en total  188  quejosos,  y sometidos a indagatoria los directivos y algunos vendedores de  la firma.   

         Otro  acontecer  se  llevó  a  cabo,  ulteriormente  a  los hechos  narrados  en  precedencia,  pues  a los despachos judiciales comenzaron a llegar  gran  número  de denuncias contra JUAN PABLO RODRIGUEZ PAYARES, quien con otros  dos  hombres,  mediante  escritura  pública número 4162 del 18 de noviembre de  188,  constituyeron  la  sociedad  denominada  88  CAR  ANDINA  LTDA.,  que  funcionaba  en  la  Avenida  Boyacá  No.  63-A-15 de esta ciudad, dedicada a la  compra  y venta de vehículos automotores y una vez iniciadas las averiguaciones  del  caso  se  logró  establecer  que  quien  se  identificaba  como JUAN PABLO  RODRIGUEZ  PAYARES,  en  verdad  era  EDGAR  ABRIL ESPITIA, uno de los socios de  Credinacional de Vehículos Ltda.   

         “A   través   de   esta   nueva   firma  y  siguiendo  el  mismo  procedimiento  que  el anterior, se captaron dineros del público, se recibieron  carros  en  consignación , se emitieron cheques sin aprovisionamiento de fondos  o  contra  cuentas canceladas, etc.,  para luego cerrar el establecimiento,  viéndose perjudicadas 42 personas ( fls. 70. a 72 C. Trib.).   

SINOPSIS PROCESAL  

El  compendio  lo  realizó  con acierto la  Delegada:   

         “Instauradas  múltiples denuncias por parte de quienes se vieron  afectados  con los hechos, se iniciaron las correspondientes investigaciones por  parte  de  los  despachos  judiciales respectivos tanto en la ciudad de Bogotá,  como  en  Cali y Bucaramanga y fueron vinculados mediante indagatoria algunas de  las  personas que conformaban la sociedad denominada Credinacional de Vehículos  Limitada.   

         Practicadas     numerosas    diligencias,    como    declaraciones,  inspecciones  judiciales  y  careos, entre otras, l a investigación se declaró  cerrada  por  auto  de  marzo  dieciséis  por auto de mil novecientos ochenta y  siete  y  el  mérito  del sumario se calificó el veintiocho de abril del mismo  año  por  parte  del  Juzgado  Tercero Penal del Circuito que decidió llamar a  responder  en  juicio  criminal  como  coautores  del  delito  de estafa a JAIME  ORLANDO  CORREDOR   y OTROS  decretándole en el mismo proveído   medidas   de   aseguramiento   de   detención   preventiva   y   ordenando   su  captura.   

         Al  procesado  en  mención se le sobreseyó definitivamente de los  cargos  formulados por el delito de concierto para delinquir y temporalmente por  el de emisión ilegal de cheque.   

         El  seis  de  octubre  de  mil novecientos ochenta y siete el mismo  despacho  declaró  reo  ausente  a  JAIME ORLANDO CORREDOR SANCHEZ, entre otros  procesados, y le designó defensor de oficio.   

         Apelado  que  fuera  el auto calificatorio, el Tribunal Superior de  Bogotá,  en  providencia  calendada  febrero  veinticuatro  de  mil novecientos  ochenta y nueve la confirmó con algunas modificaciones.   

         Más  adelante,  el  diecisiete  de mayo del mismo año, el Juzgado  Segundo  Penal del Circuito decretó la acumulación de los procesos adelantados  por  los juzgados 33 y 3o. Penales del Circuito y ordenó la suspensión del que  cursaba  en  el  33 y el de esa oficina judicial, para que el del 3o. igualara y  se pudiera continuar el trámite unificado.   

         Agotado  el término de pruebas en la etapa del juicio, se celebró  la  diligencia  de  audiencia pública, al cabo de la cual se dictó el fallo de  primer grado con los resultados ya conocidos.   

         Apelada  la  decisión  en  cuestión,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  la  confirmó  con  algunas modificaciones, en  sentencia  que  ahora  es  motivo  de  este  recurso  extraordinario  (Fls. 34 y  35).   

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en  las  tres causales de casación, el recurrente  propone    tres    reproches,    dos    principales    y    uno   de   carácter  subsidiario.   

          causal tercera   

          Lo  eleva  en  el  ámbito  de  la causal  tercera  de casación, por  incompetencia  de  los sentenciadores para fallar lo que hoy son contravenciones  de  policía. Aunque el Tribunal las excluyó en la segunda instancia -advierte-  de  todas  maneras  fueron objeto de la acusación, de debate y del juzgamiento,  constituyendo  un “…cúmulo de soporte probatorio para hacer más gravosa la  conducta de cada uno de los enjuiciados…”.   

          Luego  se  dedica  a explicar las razones jurídicas por las cuales  han   debido   excluirse   desde   antes  de  iniciarse  la  audiencia  pública  (punibilidad  menor,  competencia  en  cabeza  de  los  inspectores de policía,  procedimiento   breve   y  sumario,  audiencia  de  conciliación  antes  de  la  indagatoria, y prescripción).   

          Como  quiera  que  se  quebrantó  el  artículo 29 de la Carta, el  censor  solicita  decretar  la  nulidad  de todo lo actuado a partir del auto de  proceder  con  el  fin  de  que  se  excluyan  las  conductas  consideradas como  contravencionales  y,  por  ende, se precisen las que hayan de considerarse como  constitutivas de delitos.   

          En  apoyo  a  su  pretensión  trae  un salvamento presentado en la  segunda  instancia  por  la  Magistrada  Ponente  quien  advierte que la Sala no  tenía  competencia  para  proferir fallo condenatorio contra los procesados por  los   punibles   de  estafa  en  cuantía  inferior  a  diez  salarios  mínimos  ($815.100.oo)  por  constituir  contravenciones  de  policía,  por  lo  que  la  consecuencia   obligada  era  la  de  revocar  la  sentencia  de  primer  grado,  reduciendo la pena impuesta en sus justas proporciones.   

         

          causal segunda   

          Lo   presenta   en   el   ámbito   de   la   causal   segunda  de  casación, “…puesto que  las  exclusiones  que  hizo el Honorable Tribunal en las hojas 9, 10, 11 y 12 de  la  sentencia  impugnada (folios 78, 79, 80 y 81), fueron tenidas en cuenta para  sustentar  el  Auto  de  Proceder  dictado  por  el  Juzgado  Tercero  Penal del  Circuito…”,  sirviendo  también  de  sustento  a  la  sentencia  de primera  instancia.,  con  lo  cual  se  rompió  la unidad procesal en la “oportunidad  indebida”,  puesto  que las decisiones de acumulación o “desintegración”  de  los  procesos deben darle oportunidad a los sujetos procesales de tener a su  disposición las dos instancias. Y, agrega:   

         “Resulta  u  adefecio  (sic) jurídico  jamás  visto  en  la  Historia  Judicial,  que  para calificar el mérito de un  sumario  sirvan de soporte y de prueba fundamental unas denuncias, testimonios y  demás   conjunto   probatorio  y  como  consecuencia  de  base  para  sentencia  condenatoria  y  cuando  ya  han  servido  para  cuantificar la pena y agravarla  considerablemente  se  disponga en sentencia de segunda instancia su separación  para   iniciar   o   proseguir   procesos  separados  en  igual  número  a  las  denuncias.”.   

         Por  consiguiente,  a  su  modo  de  ver,  se  presenta  una  doble  violación  al  artículo  29  de  la Carta puesto que no sólo se quebrantó el  debido  proceso  sino  también  se  estaría juzgando dos o más veces un mismo  hecho.  Como quiera que esto constituye una irregularidad sustancial solicita se  declare  la nulidad con base en el numeral 2° del artículo 305 del C. de P.P.,  a partir del auto de proceder.   

         

          causal   primera               

          Lo   eleva  en  forma  subsidiaria  con  fundamento  en  la  causal  primera   de  casación,  cuerpo  inicial, por aplicación indebida de los artículos 356 y 26 del Código  Penal,   “…puesto   que,   para   cuantificar  la  pena,  partieron  de  una  acumulación   de   causales   genéricas   de  agravación  que  posteriormente  incrementaron      con      otra     causal     genérica     de     agravación  punitiva.”.   

          Según  su  parecer,  los  juzgadores han debido partir del mínimo  señalado  en  el artículo 356 del C. P., esto es, de un (1) año, dado que los  sentenciados  no tenían antecedentes penales ya que en el proceso no obra copia  de  sentencia  condenatoria  ejecutoriada,  para  luego efectuar los incrementos  correspondientes  al concurso (art. 26 del C.P.) y la tercera parte en razón de  la  cuantía  (art.  372  del  C.P.).  La  totalidad  de  la pena a imponer, por  consiguiente  y  según  sus cuentas, no habría pasado de los tres años, monto  que  les  aseguraba  la  concesión  del  beneficio  de la condena de ejecución  condicional.   

          Haber  partido  de  treinta  y  seis (36) meses hizo posible que el  quantum  fuese el producto  de  una suma aritmética de penas, resultando inane la acumulación de  los  procesos o el artículo 26 sobre el concurso.   

         “Es  que,  -afirma-  precisamente  el  concurso lo estableció el  Legislador  para  que mediante la aplicación debida de la Unidad de Proceso, la  unidad  de  prueba,  se forme de los varios hechos punibles una “unidad”, un  mismo  análisis  y  una  sola sentencia. De lo contrario podría investigarse y  juzgarse  cada  caso  por  separado  y sobrarían los principios de la economía  procesal, la unidad probatoria y demás fines del legislador.”.   

          Luego  se  dedica  a  desvirtuar  las  agravantes deducidas como la  preparación   ponderada  del  hecho  punible,  pues  quien  monta  una  empresa  necesariamente  ha de hacerle propaganda y no puede decirse que los sentenciados  no  cumplieron  con  el objeto social de la sociedad porque el proceso da cuenta  de  las numerosas entregas y cumplimiento de los contratos durante varios meses.  La   demora   en   las   entregas  la  justifica  por  los  complejos  trámites  burocráticos   lo   cual   generó   la  impaciencia  de  los  clientes  y  las  consiguientes  denuncias.  A  más  de  ello  la dicha preparación ponderada se  presenta  especialmente  en  los  hechos punibles contra la vida y la integridad  personal    y    no   en   los   que   tiene   que   ver   con   el   patrimonio  económico.   

          Lo  mismo,  a  su  juicio,  puede  predicarse de las circunstancias  previstas    en    los    numerales   7o  y 9o del art.  66  ibídem.  Niega  el  que  se  hubiese obrado con complicidad de otro pues la  empresa  se  montó como sociedad comercial, legalmente constituida y registrada  en  la  Cámara  de Comercio, “…es decir, en cierta forma con la complicidad  del  Estado,  porque  para  la  realización  del  objeto social para la cual se  constituyó,  ha  debido  exigirse  un capital muchas veces superior al pagado y  abusar  de  la credulidad pública o privada, viene a ser lo mismo que se anotó  anteriormente.”.   

          Considera,  por  tanto,  que  en  el  presente  asunto, el juzgador  partió   del  mínimo  multiplicado  por  tres,  para  luego  sumar  agravantes  genéricos  y  específicos,  en  forma  indebida, cuando lo razonable era tomar  como  base  el  mínimo,  como lo expresó anteriormente. A lo sumo se les puede  atribuir  la  comisión  de un delito de Estafa en concurso homogéneo sucesivo,  con  la  agravante  de la cuantía, resultando una sanción que no sobrepasa los  tres  (3)  años de prisión y, en consecuencia, surge meridiano el derecho a la  concesión del subrogado de la condena de ejecución condicional.   

          Y  aún  admitiendo  que se le hubiera aumentado el doble en razón  del   concurso,  el  mínimo  se  transformaría  en  veinticuatro  (24)  meses,  incrementándose  en  una  tercera parte en razón de la cuantía, lo que daría  al  final  un  total  de treinta y dos (32) meses de prisión. Por consiguiente,  solicita   casar   la   sentencia   impugnada  para  en  su  lugar  proferir  la  correspondiente  que  haga  una  tasación equitativa y justa de la punibilidad,  otorgándoles a sus defendidos el subrogado en comento.   

          Antes,  en  un  pequeño  aparte  titulado  “Aspecto no tenido en  cuenta  en  la  sentencia”,  asegura  que se impone aplicar en la sentencia la  sustitución  de la detención preventiva por la domiciliaria, establecida en el  artículo  53  de  la  Ley  81  de  1993,  a  todos los procesados que no fueron  beneficiados  con  la condena de ejecución condicional, haciendo la salvedad de  que  si  este  aspecto  no  se  tuvo  en  cuenta  en  la sentencia fue porque la  mencionada  ley  se  dictó  y  publicó  después  del  proferimiento del fallo  impugnado.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR TERCERO  

DELEGADO EN LO PENAL  

         

          causal tercera   

         Respecto  a  esta censura, comienza el representante del Ministerio  Público,  por resaltar la obligación que tiene el casacionista de precisar los  motivos  de  la  presunta  incompetencia,  acudiendo a las normas que la regulan  como  el  factor funcional, territorial, personal o de naturaleza del hecho para  demostrar  el  aserto. Pero, agrega, este vicio no puede servir de pretexto para  alegar  indebidas  apreciaciones probatorias o juicios inadecuados sobre algunos  de los elementos del hecho punible.   

         Estas  exigencias  técnicas  no las observó el censor poniendo de  relieve  el contrasentido en que incurre pues aunque acepta la incompetencia del  Tribunal  para  fallar  las  contravenciones  de  policía,  luego  cuestiona la  sentencia  por no haberse pronunciado sobre ellas, prefiriendo en cambio remitir  la actuación a las autoridades administrativas.   

         Para  enmendar  su  error plantea la conveniencia de que las copias  se  hubiesen  compulsado  antes  de  la  celebración  de la audiencia pública,  indicando   normas  de  derecho  positivo  que  no  relaciona  con  la  presunta  incompetencia  sino con criterios de tasación de la pena o con el procedimiento  que  gobierna  las  contravenciones,  “…como si en asunto subsistiera algún  enjuiciamiento  atinente  a  ellas  o  se hubieran infringido las normas de rito  aplicables ante las autoridades competentes.”.   

         Luego  critica  el  que derive de la falta de competencia, en forma  nada  clara,  una infracción al debido proceso, pues el análisis al que estaba  obligado  el  actor  era  el  relativo  al  rompimiento  de  la  estructura  del  procedimiento  ordinario  para el juzgamiento de delitos y no el contravencional  seguido  en  debida forma ante las autoridades de policía. Incluso, destaca que  al   impugnante  le  parezca  más  importante  la  prescripción,  lo  que  parecería  indicar  el  reclamo  para  que  dicha  declaratoria se haga en este  proceso.   

         Por  consiguiente, a su modo de ver, la demanda se torna en confusa  e  incoherente, aunque de todas maneras ; sólo para satisfacer la inconformidad  del  recurrente,  la  Delegada hace un análisis de lo ocurrido. Pasa entonces a  comentar  lo  relativo  a la Ley 23 de 1991 aclarando que entró en vigencia con  posterioridad  a  la  ejecutoria del auto de proceder y aunque es cierto que las  contravenciones  debieron  excluirse  en  la  sentencia  de  primera  instancia,  “…No  se  ve  cómo  esa  omisión por parte del a  quo  incide en el fallo acusado, pues si bien podría  tratarse  de  una  irregularidad, ésta fue subsanada por el Tribunal al ordenar  la  expedición  de  copias a las Inspecciones de Policía; situación diferente  sería  que  el ad quem no hubiera compulsado las copias, caso en el cual sí se  podría hablar de nulidad por incompetencia.”.   

         No  obstante, prosigue el Delegado, el censor se queda en el simple  enunciado   sin   señalar   las  razones  por  las  cuales  considera  que  las  contravenciones  debieron excluirse con anterioridad. Ahora en lo que respecta a  que   también   debieron   eliminarse  los  punibles  de  estafa  inferiores  a  $815.100.oo,  antes  que configurar una causal de nulidad simplemente muestra la  intención  del  libelista  de que se acepten los planteamientos plasmados en el  salvamento de voto.   

         Sin  embargo, de conformidad con el artículo 73 del C. de P.P. que  establece  la  competencia teniendo en cuenta el valor del salario mínimo legal  vigente  al  momento  de  la  comisión del hecho, la cuantía a tener en cuenta  para  determinar  la  competencia  de  las  inspecciones  de  policía era la de  $517.200.oo  como quiera que el valor del salario mínimo legal en aquel momento  era de $51.720.oo. Para llegar a este resultado la Delegada aclara:   

         “…como  las  conductas constitutivas de estafa se realizaron en  el  año  de  1986,  no  otro  era  el  camino  a seguir que el de determinar la  cuantía  conforme  al salario mínimo legal vigente para la fecha en que entró  a regir la mencionada ley, esto es, 27 de marzo de 1991.”.   

                                     

         Por  consiguiente,  dado  que  el  censor  se  limitó a relacionar  algunos  posibles  motivos  de  nulidad sin fundamentación ni razón alguna, el  cargo no puede prosperar.   

         causal   segunda               

         En  cuanto  a  esta  censura, descalifica el pensamiento del censor  por  no haber entendido a cabalidad la causal que aduce, pues la congruencia que  se  predica  entre  el  auto  de  proceder  y  la  sentencia  debe  versar sobre  idénticas   imputaciones.   Lo   que  sucede,   observa  el  Delegado,  es  que…   

         “…lo  que  el  recurrente  ve  como  una  incongruencia  no  es  precisamente   un   cambio   radical  en  la  calificación,  sino  su  personal  suposición  de que lo que se convirtió en contravención sirvió de bulto para  efectuar la dosificación punitiva por el fallador a quo…”.   

         A  su  juicio,  olvida  el  censor  que la función del superior es  precisamente   revisar   la  providencia  del  inferior,  acogiéndola  total  o  parcialmente,  colmando  sus  vacíos,  subsanando sus deficiencias, conformando  con  ello  una  unidad  inescindible en todo lo que no se contraponga entre sí.  Por  tanto,  la  orden  de  compulsar  copias  indica  que  confirmó en su gran  mayoría  la providencia consultada, efectuando la tasación de la pena después  de hacer dicho ajuste.   

         Luego  critica no solo al censor por abandonar su inicial argumento  para  presentar  el  que  se  refiere  al  rompimiento  inoportuno  de la unidad  procesal,  sino  también  por  no  desarrollarlo en debida forma demostrando su  trascendencia  o  la  manera  como  socavó  la estructura del proceso. De todas  maneras,  la  Delegada  no  encuentra  que  se  hayan desconocido las garantías  fundamentales  y  antes, por el contrario, observa que los procesados gozaron de  plena  asistencia  técnica  y  tuvieron  la  oportunidad  de  controvertir  las  decisiones de los jueces.   

         Finalmente  rechaza  las  afirmaciones del censor respecto a que se  está  juzgando varias veces el mismo hecho pues la cosa juzgada hace referencia  a  sentencia  debidamente  ejecutoriada,  lo  que  aún  no se había presentado  cuando  se  ordenó  la expedición de copias. Por tanto, considera improcedente  la censura.   

         causal primera   

         Así  mismo, solicita el Delegado, se deseche este cargo pues si lo  que  pretendía  discutir  el  censor  era  la  dosificación  de la pena debió  centrar  su  ataque  en torno a la aplicación indebida de las circunstancias de  agravación      contempladas      en      los      numerales      7o         y         9o  del  artículo 66 del Código Penal y  no los artículos 26 y 356 del estatuto represor,   

         “…porque  ello se traduciría en que la conducta desplegada por  su  prohijado  no  es  la contemplada en dicha norma y que además en el caso en  estudio    no    se    presenta    el   fenómeno   del   concurso   de   hechos  punibles.”.   

          De   todas  maneras,  como  también  hace  mención  a  cuestiones  fácticas  como  cuando  afirma  que  “Comercial de Vehículos” era una  empresa  Comercial  por  lo  que no podía deducirse el obrar con complicidad de  otro,  según la Delegada, ha debido acudir a la vía indirecta para realizar su  ataque  en  debida  forma  pues  es  presupuesto esencial del ataque por la vía  directa,  respetar  la forma como los hechos y las pruebas fueron apreciados por  el juzgador.   

          Pero  no  lo  hace  así.  Por el contrario critica al juzgador por  haber  partido  de  un  mínimo  de  36  meses pese a que su defendido no tenía  antecedentes  penales,  lo  cual  indica  su  intención  de  conseguir  que sus  apreciaciones  personales  prevalezcan  sobre las del fallador, olvidando que la  doble  presunción  de  acierto y legalidad que cobija a los fallos que llegan a  sede de casación conlleva el predominio del fallo.   

         A  renglón  seguido,  el  Ministerio Público transcribe el aparte  pertinente  de  la  sentencia  para demostrar que en los argumentos del fallador  concurren  circunstancias  que  el  demandante  no  tuvo  en cuenta como que los  procesados  fueron los promotores y organizadores de la empresa criminal, que la  defraudación  en su mayoría afectó a personas de escasos recursos, que fueron  numerosos  lo  delitos  y  que  se  demuestra  en  el  proceso  su  personalidad  proclive.   

         Por  tanto, concluye el Delegado, que el mínimo del que se partió  no  fue  el  resultado  de  una  suma aritmética sino del examen probatorio, de  acuerdo  con  las  preceptivas  de  los artículos 61 y 67 del Código Penal. Lo  mismo  afirma  sobre  las  demás  agravantes  deducidas  como  la  preparación  ponderada  del  hecho  punible   y el abuso de la credulidad, demostradas a  partir   del   cúmulo  de  actividades  desplegadas  por  los  procesados  cuya  demostración  se  encuentra  en  el  proceso  sin  que el recurrente se hubiese  preocupado por desvirtuarlas.   

          Luego  de  recordar  los  criterios  del  artículo  61 del Código  Penal,  advierte  el representante del Ministerio Público, que el ataque de uno  cualquiera  de ellos  no se puede hacer mediante hipótesis sino atendiendo  a  los  factores  que  rodearon  el  hecho  y  que  sirvieron de fundamento a la  decisión.   

         Finalmente,  y  antes  de  solicitar  que  no  se case la sentencia  impugnada,  se  refiere a la petición de sustituir la detención preventiva por  la   domiciliaria   advirtiendo   que   no   sólo  ella  es  ajena  al  recurso  extraordinario  sino  que,  además,  es  decisión  que  debe tomar el juez del  conocimiento   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          causal   tercera               

         Como  la  razón  de ser del reproche es la falta de competencia es  lo  pertinente  -como  lo  recuerda  el  Delegado-  que para demostrar su aserto  debió  precisar  el  censor  cuál  de  los  factores  que  la determinan es el  sustento   teórico  legal  pretermitido,  para  que  al  confrontarlo  con  las  circunstancias   específicas   del   proceso,   se  pudiere  extraer  el  vicio  alegado.   

          Sin  embargo,  lejos  de  cumplir  con  tan obvia premisa, el cargo  discurre  sin  precisión ni lógica, pues luego de afirmar, en primer lugar que  ni  el  juzgado del conocimiento ni el Tribunal eran competentes para fallar las  contravenciones  de  policía,  a renglón seguido, se limita a colegir que  éstas  fueron  excluidas  de  la  sentencia de segundo grado. ¿Entonces, si no  fueron  tenidas en cuenta por el Tribunal, en qué radica su incompetencia? ¿Si  el  Tribunal  al  excluirlas  corrigió el error como fallador de segundo grado,  dónde  se  encuentra  su  falencia?  ¿O es que la inconformidad del recurrente  estriba   precisamente   en   no   haber   tomado   una   determinación   sobre  ellas?.   

          Como  se  ve  el  comienzo  de  la  exposición es contradictorio e  ilógico,  acentuándose  en  los  párrafos  siguientes, pues asevera el censor  que,  de  todas  maneras,  las  referidas  contravenciones  fueron  objeto de la  acusación  y  del  debate  consiguiente  lo que redundó en una situación más  gravosa  para  su  defendido,  por  lo que se imponía su exclusión antes de la  audiencia pública.   

          Pero  como  quiera  que se aduce un perjuicio para el procesado, se  esperaría  que  en  los  siguientes  párrafos  que el demandante denomina como  “razones  de trascendencia jurídica”, hiciese las aclaraciones pertinentes.  No  obstante,  se  dedica  a  otras cuestiones ajenas al tema de la competencia,  como  el  de  la punibilidad y la diversidad de procedimiento, con lo que cambia  el  sentido  de  la  impugnación  pues ya es el debido proceso la materia de su  inconformidad.   

         De  otra  parte,  la  última  razón  tampoco  tiene  cabida en el  ámbito   que   propone  en  el  enunciado,  pues  ahora  pone  énfasis  en  la  prescripción  de  las  conductas,  como  si  pretendiera  que  la  Sala   hiciera  un  pronunciamiento  sobre  el  particular,  aunque  se  queda en la mera exposición sin profundizar  sobre su inquietud.   

         No  hace,  entonces, la menor referencia a la cuestión central del  debate.   Unicamente   considera   el   libelista   que   al  haberse  tramitado  conjuntamente  las  contravenciones  con  los  delitos hizo posible “…que el  proceso    apareciera   más   voluminoso   y   aparentemente   de   invaluables  perjuicios”.  El  razonamiento es tan poco serio que realmente no merece mayor  comentario.   

          Finaliza  su  intervención con una cita del salvamento de voto del  fallo  cuestionado  en  el  que  se  advierte  que el Tribunal   no tenía competencia para sentenciar a  los  procesados  por  los  hechos  punibles  de estafa en cuantía superior a 10  salarios  mínimos mensuales ($815.000.oo) lo que implicaba revocar la sentencia  de    primera    instancia    y    reducir    la    pena    en   sus   “justas  proporciones”.   

          Sin  embargo, aparte de esta transcripción el censor no da mayores  explicaciones  sobre  la  razón  de la cita, limitándose apenas a señalar que  con  ella  demuestra  que el Tribunal “…fue consciente de no estar aplicando  la    justicia   en   la  proporción  correspondiente  y  en  consecuencia se quebrantó el Art. 29 de la  Constitución  Nacional,  porque  se  profirió  sentencia  por  un Tribunal que  carecía       de       competencia.”.   

          Aunque    no   aclara   qué   entiende   por   la   “proporción  correspondiente”,  lo  que  daría la medida del agravio e insiste en la falta  de  competencia  para fallar las contravenciones, de todas maneras una mirada al  fallo  impugnado no encuentra otra cosa que apego a la normatividad vigente, sin  asomo de ilegalidad alguna.   

          En  lo que se refiere al tema de las contravenciones, con buen tino  el  Tribunal  tuvo  en cuenta el valor del salario mínimo legal mensual para la  fecha  en  que entró en vigencia la Ley 23 de 1991, esto es, $51.720.oo, por lo  que  consideró  como  contravención  las que no sobrepasaran los diez salarios  mínimos,  esto  es,  los  $517.200.oo. En consecuencia, revocó la sentencia de  primera  instancia  en lo relacionado con dichas conductas y ordenó al inferior  la  compulsación  de copias al reparto de las Inspecciones de Policía para que  acometieran  la  respectiva investigación, relacionándolas a continuación con  la prolijidad del caso (fls. 78 y ss).   

         De  otro  lado,  en lo que se refiere a la pena, el fallo tuvo buen  cuidado  de  tener en cuenta que al extraerse las conductas contravencionales se  imponía  una  reducción de la pena. Así lo manifestó (fl. 102) y por ello en  vez  de  los  60  meses  que  debía  purgar  Corredor  Sánchez,    en    compañía    de    Alfredo  Guío  Mesa, redujo la pena a 58  meses de prisión.   

         Inocultable   resulta  la falta de razón del impugnante en lo  relacionada  con  la  presunta  incompetencia.  Respecto de los demás temas que  expresa,  su  carencia  de  sustentación,  como  ya  se  vio,  impide cualquier  consideración de fondo.   

          El cargo no prospera.   

          causal segunda   

          Esta     vez     es     la     causal  segunda  la  que  le sirve de soporte a su objeción,  manifestando  desde  un  comienzo  el desconocimiento absoluto de su naturaleza.  Como  se  sabe, la resolución de acusación es la que delimita provisionalmente  la  adecuación  típica de las conductas por las cuales se le llama a responder  en  juicio criminal al procesado. Y, con base en ella luego de  transcurrir  la  etapa  de  la  causa  con  su  período  probatorio  y  el  debate  público  consiguiente,  el fallador se encuentra obligado a dictar su sentencia dentro de  dichos  lineamientos  aunque  realizando  ya  en  forma  concreta  el proceso de  adecuación  típica,  señalando  con  exactitud en qué normas se subsumen los  supuestos de hecho investigados y probados.   

          Si  el  sentenciador  se  sale  de  estos límites que le impone la  resolución  acusatoria  (o  auto  de  proceder  en la legislación vigente para  cuando  se  calificó  el  mérito  probatorio  del sumario en este proceso), se  produce  el  yerro  que  encuentra  un eficaz correctivo en la causal segunda de  casación.   

          El  actor  olvida  estas preceptivas. Se muestra inconforme con las  exclusiones  que  hiciera  el  Tribunal  de  las conductas contravencionales por  haber  servido  de  soporte  al  juzgamiento  y  a la sentencia de primer grado,  criticando  igualmente la poca disminución que hiciera de la pena el Tribunal y  el rompimiento de la unidad procesal en una oportunidad indebida.   

          Como  se ve, los temas que expone nada tienen que ver con la causal  que  invoca.  ¿Qué incongruencia puede haber en no haber hecho la disminución  punitiva  que  quiere  (y  no  precisa) el casacionista?. Tampoco se entiende en  qué  podría  radicar la falta de armonía entre la resolución de acusación y  la    sentencia   el   haber   roto   la   unidad   procesal   en   un   momento  inconveniente?.   

          Pareciera  que el censor objeta los cambios que hiciera el Tribunal  al  fallo  de  primer  grado,  como  si  su  condición  de  fallador de segunda  instancia  no  fuera  precisamente  esa,  la  de  revisar el pronunciamiento del  inferior y, si es el caso, hacerle los correctivos necesarios.   

          Y   esto   fue   lo   que   precisamente   hizo   el   ad  quem. Como quiera que el a   quo  había  dictado  la  sentencia  comprendiendo   en  ella  las  conductas  que  para  aquel  momento  se  habían  transformado  en contravencionales, hizo lo que su deber le imponía: revocar la  sentencia  en  esta  parte y ordenar que se compulsaran las copias con destino a  las autoridades de policía para que asumieran su conocimiento.   

          ¿El  haber  hecho  esto implicaba contradecir el pliego de cargos?  Por   supuesto   que   no.   A   Corredor,  junto con los demás procesados, se les acusó de un concurso de  delitos  de  estafa y esta adecuación típica fue respetada por el ad  quem.  Lo  que hizo fue pronunciarse  sobre  parte de las conductas que consideró eran de su competencia y revocar la  decisión  sobre las demás, ordenando compulsar las copias pertinentes para que  de  ellas  conociera  su juez natural que, en este caso, eran las autoridades de  policía.   

          Diferente  hubiera  sido el caso si a la estafa le hubiese agregado  otro  ilícito  o si hubiera condenado por uno distinto al del pliego de cargos.  La  incongruencia  se  estructuraría  y por fuerza ameritaba la casación de la  sentencia,  dictando en sustitución una que se acompasara a los términos de la  resolución de acusación.   

          Ahora,     la    Corte    no  entiende qué trata de demostrar el censor cuando se refiere al  quantum   punitivo.   Si  consideraba  que  éste  no  se compadecía con la realidad procesal así debió  haberlo  manifestado  elevando un reproche por la vía de la causal primera,  quizás  por  interpretación  errónea  de  las  normas  pertinentes,  descartando  cualquier  alusión  a  la  segunda, por completo ajena  al tema en discusión.   

          En  lo  referente  a  que  el rompimiento de la unidad procesal fue  hecho  en  un momento inoportuno, su crítica queda en el mero enunciado pues no  especifica  cuál  fue  el  perjuicio  causado  a los intereses de su cliente ni  cuáles  las  normas  que  estima infringidas con la actuación del Tribunal, ni  mucho menos, si con ello se afectó la estructura del proceso.   

          Pero,  más  aún,  como  tinosamente  lo  recuerda la Delegada, el  proceso  es un ejemplo de respeto a las garantías de los procesados. Durante su  desarrollo  éstos  tuvieron la oportunidad de controvertir las imputaciones que  se  les  hacían  y  estuvieron  representados  por  profesionales  del derecho.  Inclusive,   cuando   pudo   causárseles   un  quebranto  a  sus  intereses  al  encontrarlos  responsables  en  la  primera instancia de delitos que en realidad  eran  contravenciones,  el  entuerto lo corrigió con presteza el Tribunal, como  ya se vio.   

          Pero  los  desaciertos  no  culminan  ahí.  Una  muestra de que el  casacionista  se  presenta  ajeno  a  los  requisitos  de técnica que impone la  normatividad  al  recurso extraordinario es que, pese a enmarcar su tacha en los  predios    de    la    causal    segunda,   finaliza   este   aparte   de   su  intervención,  denunciando  violaciones  al  debido  proceso  y  al  non  bis  in  ídem,  temas que ha debido formular por aparte y con  fundamento    en   la   causal   tercera  de  casación y con la debida sustentación pues, como ya ha sido  reiterado  a  lo  largo  del  escrito, también aquí peca de escasez argumental  limitándose tan sólo al enunciado del presunto tropiezo judicial.   

          Tampoco prospera este ataque.   

          causal primera   

          Lo  eleva  como  subsidiario de los anteriores enmarcándolo dentro  de  la  causal  primera de  casación,  por violación directa proveniente de la indebida aplicación de los  arts.  356  y 26 del Código Penal, lo que indica que los comportamientos que se  le  endilgan  a  su  cliente  son  uno  solo  y  no  se  adecuan  al  delito  de  estafa.   

          Sin  embargo,  el motivo de su desacuerdo con el fallo se centra en  la  dosificación  punitiva  pues, a su juicio se partió de una acumulación de  causales  genéricas  de agravación punitiva para fijar la sanción. Si ello es  así  debió  dirigir  su  ataque a demostrar que la norma que las contempla fue  mal aplicada o, quizás, erróneamente interpretada.   

          No  obstante,  la  confusión  del  actor  al  respecto le impidió  clarificar  sus  ideas.  Al  punto  que  en el desarrollo de la objeción da por  sentado  que  sí  eran  los  artículos  356  y  26  del  estatuto punitivo los  aplicables  al  caso  sólo  que  debió  partirse del mínimo contemplado en el  primero,  luego  de lo cual se dedica a hacer sus propias cuentas sobre el monto  que,  a  su  juicio,  merecía su prohijado y sobre el alcance que debe tener la  figura del concurso.   

          La  contradicción  es  manifiesta y de por sí desquicia el cargo,  sin  que  ayuden a clarificar el exabrupto sus posteriores razonamientos pues en  seguida   critica  la  deducción  que  se  hiciera  de  haber  actuado  con  la  complicidad  de  otro, y de haber hecho la preparación ponderada del delito, lo  que pone de manifiesto su intención de controvertir la prueba.   

          Si  se  tiene en cuenta que premisa indispensable para intentar una  ataque  por  la vía de la violación directa es aceptar los hechos que declaró  demostrados  el  fallador  y  las  pruebas  tal como las entendió y valoró, no  tiene  razón  de  ser su crítica. Si alguna duda le cabía al respecto, debió  haberla planteado en forma independiente   

          Tal  cúmulo  de  impropiedades  demuestran  la  improcedencia  del  cargo,  aparte de que no tiene razón de ser el solicitar le sea sustituida a su  defendido  la  detención  preventiva por la domiciliaria. No sólo  no fue  motivo  de  ataque  en el recurso sino que, además, cualquier determinación al  respecto     no     le     corresponde     tomarla     a     la     Corte       sino       al      juez  competente.   

          Como   los   anteriores,  este  cargo  también  está  llamado  al  fracaso.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte    Suprema    de    Justicia   en  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE  

No  casar el fallo  impugnado   

Cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

NILSON   PINILLA   PINILLA   Con  aclaración  de  Voto,  FERNANDO E.  ARBOLEDA  RIPOLL,  RICARDO  CALVETE RANGEL, CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE, CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR Con aclaración de Voto,DIDIMO  PAEZ  VELANDIA,  EDGAR  SAAVEDRA  ROJAS,JUAN MANUEL TORRES  FRESNEDA.   

Patricia   Salazar   Cuellar,SECRETARIA   

*********************************   

UNIDAD  PROCESAL/  CONTRAVENCION/  CONEXIDAD/  PRIVACION DE LA  LIBERTAD   

(Aclaración    de  Voto)   

Proceso No. 9132  

Aclaración de Voto  

Como los suscritos hemos venido considerando  desde   hace   algún  tiempo  que  es  perfectamente  viable  y  jurídico,  en  tratándose  de  contravenciones  especiales  cuya  sanción  es privativa de la  libertad,  la  unidad  procesal en asuntos de que conoce la judicatura, para que  sean  investigadas  y  juzgadas  en conjunto con los delitos conexos, porque con  ello  se  realiza  el  principio  de  reserva  judicial  de la libertad, debemos  apartarnos  de  la  motivación del fallo en cuanto señala que el Tribunal, con  buen  tino,  revocó  la  sentencia  de  primera instancia en lo relacionado con  tales  contravenciones  y  dispuso  se  compulsaran  copias para su conocimiento  separado.   

Obviamente,  haberlo  hecho  no  afecta  la  validez  del  proceso  que  se examinó en Casación porque el rompimiento de la  Unidad Procesal no vicia el trámite con nulidad.   

De  allí  que  estando identificados con la  resolución  de  negar  la  pretensión  del  actor,  baste  hacer  la  anterior  aclaración.   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                          NILSON PINILLA PINILLA   

                                                                                                 Fecha ut supra   

     

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