9041 (30-05-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEMANDA     DE  CASACION   

Cuando se procura controvertir el análisis de  la  prueba  indiciaria  en casación, un tal propósito debe cumplirse según se  trate  de  cuestionar  la prueba de los hechos indicadores que permiten efectuar  la   construcción  lógica,  o  de  atacar  la  inferencia  indiciaria.  Ha  de  agregarse,  que  igual  precaución  debe  tenerse cuando se controvierte por el  actor    la    valoración    individual    o    articulada    de    su   fuerza  probatoria.   

En  la  primera fase, los errores judiciales  pueden  ser  de  hecho o de derecho, en cualquiera de sus modalidades, es decir,  de  existencia o identidad en el primer caso, y de legalidad o convicción en el  segundo.  Si  la  prueba  del  hecho  indicador, por ejemplo, fue incorporada al  proceso  en  indebida  forma, se estará en presencia de un error de derecho por  falso juicio de legalidad.   

En la segunda fase, el error siempre será de  identidad,  y  se  presenta si el fallador desvía o tergiversa el curso lógico  de  la  inferencia.  Es  la  disconformidad  del  hecho  indicador  con el hecho  indicado,  atendidos  los  principios  científicos y las reglas generales de la  experiencia.  La alegación de este error presupone la aceptación por parte del  casacionista de la prueba del hecho indicador.   

En  la  fase  de la valoración de la fuerza  probatoria  de  los  indicios,  los  errores  pueden  ser de hecho o de derecho,  según  su estimación deba hacerse de cara al sistema probatorio de persuasión  racional,  o  de  la tarifa legal. En nuestro sistema penal, por estar la prueba  indiciaria  sujeta en su valoración a las reglas de la sana crítica, solamente  tienen  cabida,  en  este  campo,  los  errores  de hecho. La alegación de este  desacierto,  presupone,  por  razones de lógica, la aceptación de que el hecho  indicador  se  encuentre  demostrado y que es correcta la inferencia indiciaria.   

El primer paso, entonces, cuando de atacar la  prueba  indiciaria  se  trata,  es  determinar  el  origen  del  error, teniendo  presente  que  si  se  objeta  la  prueba del hecho indicador, no es posible, al  mismo  tiempo,  atacar  la  inferencia lógica, o su fuerza probatoria, pues, de  hacerse,  el  cargo  se torna contradictorio y por tanto inexaminable en sede de  casación.                   

Proceso No. 9041  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.82   

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr.      FERNANDO     E.     ARBOLEDA  RIPOLL.   

Santa  Fe de Bogotá, D. C., treinta de mayo  de mil novecientos noventa y seis.   

                      Conoce la  Sala  del recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia de  29  de  julio  de  1993,  por medio de la cual el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de Ibagué condenó al procesado JUAN CARLOS  CARDOZO  SUAREZ  a  la  pena principal de 10 años de  prisión, al declararlo responsable del delito de homicidio.   

                                             Antecedentes.-   

                        Jesús  María  Oviedo,  socorrista de la Cruz Roja de El Espinal, visitó el domingo 15  de  diciembre de 1991, en las primeras horas de la noche, la sede de la entidad,  en  donde  se encontró con algunos compañeros, entre ellos Juan Carlos Cardozo  Suárez,  Jesús  Alberto  Peralta  Pérez,  Jorge Alberto Avila Cubides y José  Gustavo   Valdez   Vargas,  y  con  la  auxiliar  de  enfermería  Leyla  María  Lozano.   

                   De allí, se  dirigió  a su residencia, de donde salió minutos después, llevando puesta una  sudadera  verde tono lama. Sus familiares sostienen que se retiró porque debía  prestar  turno  esa noche en la sede de la Cruz Roja y que de ellos se despidió  alrededor  de  las  10  de  la  noche.  Hasta  esa hora, se tiene noticia de sus  actividades.   

                      El lunes,  entre  las  8  y  8:30  de la mañana, Luis José Ortiz Clavijo, propietario del  taller  “Servi  Aceite La Trece” de El Espinal, y Luis Ernesto Polanía Perdomo,  hallaron  en  la  quebrada que pasa por la parte de atrás de dicho inmueble, en  una  bolsa  plástica, los documentos personales de Jesús María, y la sudadera  que  vestía  la  noche  anterior.  Luis  José  decidió buscar a Jesús María  guiado  por  los  documentos encontrados, pero como no logró ubicarlo, le dejó  razón  de  que  pasara por su negocio a recogerlos. Al enterarse los familiares  de  este  hallazgo,  procedieron  a  formular  la  correspondiente  denuncia por  desaparecimiento.   

                     El martes,  en  las  primeras  horas  de  la  mañana,  Agentes  de  la  Policía del vecino  Municipio  de  El  Guamo, alertados por una llamada anónima recibida a las 7:30  horas,  localizaron  en  el  perímetro urbano de esa localidad, abandonada, con  las  llaves  puestas  en  el  encendido,  la  motocicleta en la cual Jesús  María se movilizaba la noche del domingo (fls.12, 13 y 14-2).   

                     Este mismo  día,  en  las  horas  de  la  tarde,  empleados  y socorristas de la Cruz Roja,  movidos  por  la  presencia  de  moscas y malos olores que emanaban de un aljibe  localizado  en  sus  instalaciones, procedieron a destaparlo, descubriendo en el  fondo  del  mismo,  mezclado  con  basura,  el  cuerpo sin vida de Jesús María  Oviedo,    semidesnudo,  junto  con  una  colchoneta  perteneciente al  Voluntariado.  En  la  región  fronto  parieto  temporal  derecha,  el cadáver  presentaba  una  herida  de  20  ctms., con fractura de cráneo y exposición de  masa  encefálica,  de  naturaleza mortal, causada por objeto corto contundente.  El  diagnóstico  probable  del  tiempo  de  muerte al momento de practicarse la  necropsia  (dic.17/91  10  p.  m.), fue de 48 horas (fls.1, 266 y 490 cd.1, 77 y  vto. cd.2).   

                          Las  instalaciones  de  la  Cruz  Roja  de  El  Espinal se integran por dos secciones  independientes,  pero  comunicadas  entre  sí:  la parte médica y la parte del  Voluntariado.   En   esta  segunda  sección,  están  los  dormitorios  de  los  socorristas  y la parte administrativa de la entidad. Aquí, en el corredor y en  la  puerta  de la entrada principal, la aseadora y auxiliar de enfermería Leyla  María  Lozano  advirtió  el  lunes  en  la  mañana algunas huellas de sangre,  recientes,  que  le  llamaron  la  atención  y  por  lo cual preguntó a varias  personas,  entre  ellas  al procesado Juan Carlos Cardozo Suárez, sin que nadie  le  diera explicación alguna (fls.13, 48). El martes, después del hallazgo del  cadáver,  fueron  advertidas  y  fotografiadas  otras,  de las cuales da amplia  cuenta el expediente.   

                   Las primeras  averiguaciones  establecieron  que en la parte médica dormía diariamente Leyla  María  Lozano,  quien  en  las mañanas hacía el aseo del Voluntariado y en la  tarde  trabajaba  con  la  sección  de  salud  como auxiliar de enfermería. Se  determinó  así  mismo,  que  la  noche del 15 de diciembre, el socorrista Juan  Carlos  Cardozo  Suárez  hizo  turno  en  la  sede  del Voluntariado, quien, al  retirarse,  registró en el libro de guardia como hora de entrada las 7:30 de la  noche,  y  como  hora de salida las 6:30 de la mañana, sin novedades, según se  lee en el aparte correspondiente (fls.5, 175).   

                      Por  las  declaraciones  de  Leyla María Lozano se sabe que el lunes, cuando se levantó,  siendo  las cinco de la mañana, Juan Carlos Cardozo Suárez ya no se encontraba  en  la  sede, y que las llaves, de las cuales le hacía entrega personalmente al  terminar  los  turnos, las había dejado en las rejas de la parte médica, en un  lugar visible.   

                    Se tiene  también  conocimiento,  por  la  misma  fuente,  que  alrededor  de las 8 de la  mañana  de  este  mismo día, Cardozo Suárez se comunicó telefónicamente con  Leyla  María  para que le recogiera unas medias que se le habían quedado en la  sede.  Ella  buscó  y  las  encontró  en  el  piso  cerca  del  escritorio del  Secretario,  las  recogió  y  las echó dentro de unas botas. Minutos después,  Cardozo Suárez se haría presente en el lugar.   

                   Por estos  hechos,   fueron  capturados  Juan  Carlos  Cardozo  Suárez,  de  18  años  de  edad,   y  Jesús Alberto Peralta Pérez, de 15 años, ambos voluntarios de  la  Cruz Roja de El Espinal. Este último, por haber proferido amenazas la noche  del  Domingo contra la víctima, después de que no le permitiera quedarse en la  sede  guardando  turno. Respecto de él, se dispuso expedir copias con destino a  los Juzgados de Menores, por competencia (fls.47).   

                       Juan  Carlos  Cardozo  Suárez,  negó  cualquier  participación  suya en los hechos.  Explicó  que  la noche del domingo durmió solo en la sede del Voluntariado. Se  acostó  a  las  10:15  de  la noche y se levantó creyendo que eran las 6 de la  mañana,  porque  esa hora marcaba su reloj. Como había quedado de acompañar a  su  mamá  a  la  plaza  de  mercado a las 5 de la mañana, se vistió de prisa,  consignó  en  el  libro  de  guardia  la  hora que creía que era, y se retiró  dejando  las  llaves  en  la  reja de la parte médica para que Leyla las viera.  Cuando  llegó  a su residencia se dió cuenta que eran las 5:15 de la mañana y  echó  de  menos  las  medias. Fue entonces cuando se comunicó telefónicamente  con  Leyla  para  encargárselas.  La  llamada  la  hizo  a  las 8 de la mañana  aproximadamente (fls.26, 195, 485).   

                     Contra  Juan  Carlos  Cardozo  Suárez  el  Juzgado  19  de  Instrucción Criminal de El  Espinal,  profirió  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva, por el  delito  de  homicidio,  mediante proveído de 24 de diciembre de 1991 (fls.113 y  ss).   

                      Fabio  Navarro  Peña,  Presidente  del  Comité  de  la  Cruz Roja del Municipio de El  Espinal,  amplió  su  versión para señalar que el domingo 29 de diciembre, al  atender  un llamado del procesado Cardozo Suárez, fue enterado por éste, en la  cárcel,  que  Leyla  María  Lozano,  Auxiliar  de enfermería, y José Gustavo  Valdez  Vargas,  Socorrista  de  la  Cruz  Roja,  habían sido los autores de la  muerte  de  Jesús  María  Oviedo,  a raíz de una discusión que surgió entre  Valdez  y Cardozo, por los turnos. Que quien agredió a Jesús María fue Valdez  y  que cuando él vio que la víctima se desplomó, salió corriendo y deambuló  por  las  calles  de la ciudad hasta llegar a su casa (fls.159, 200). Idénticas  afirmaciones  hizo  el  procesado al médico Edilberto Navarro Narvaez, el 31 de  diciembre   de   1991,   al   momento   de   elaborarle   la  historia  clínica  (fls.235).   

                      Estas  manifestaciones  determinaron  la  captura  y  vinculación  al proceso de José  Gustavo  Valdez  Vargas  y  Leyla  María  Lozano, quienes, al igual que Cardozo  Suárez,  proclamaron  su  total inocencia. De Valdez Vargas se sabe que visitó  la  sede  en  las horas de la noche del domingo, pero que de allí se retiró en  compañía  del  socorrista  Jorge  Alberto  Avila  Cubides,  quien también fue  vinculado al proceso (fls.96-2).   

                         Al  interrogar  al  procesado  Juan Carlos Cardozo Suárez sobre los comentarios por  él  hechos  a  Fabio  Navarro Peña y Edilberto Navarro Narvaez, manifestó que  eso  no  era  cierto y que se había presentado un mal entendido, pues la verdad  era  que  a  la  cárcel  donde se contraba llegaron tres tipos para decirle que  debía  dar  esa versión a las autoridades y que lo ayudarían. Que este fue el  comentario   que  a  su  vez  transmitió  a  los  declarantes  (fls.195,  485).   

                         Al  resolver  el  Juzgado  la  situación  jurídica  de Leyla María Lozano y José  Gustavo  Valdez,  profirió  en  su contra medida de aseguramiento de detención  preventiva,  por  el delito de homicidio. Igual determinación tomó al resolver  la   situación   jurídica   de   Jorge  Alberto  Avila  Cubides  (fls.245-1  y  148-2).   

                                           Interrogados  Luis  José  Ortiz  Clavijo  y Luis Ernesto Polanía  Perdomo  sobre  las  circunstancias que rodearon el hallazgo de los documentos y  prendas  de vestir del occiso en la quebrada que pasa por la parte posterior del  taller  “Servi  Trece”,  manifestaron que el lunes 16 de diciembre, alrededor de  las  8  de la mañana, un joven alto, de camisa verde, cabello largo atado, como  con  una  cola,  llegó  al  taller a pedir permiso para buscar en el caño unos  documentos.  Al  autorizarsele,  Polanía  Perdomo  comentó  que  podía ser un  ladrón,  que  debía  ponersele  cuidado.  Luis  José lo siguió y después de  intercambiar  con  él  algunas  palabras,  lo invitó a abandonar el lugar. Tan  pronto  se  fue,  bajaron  a  la  quebrada  y  descubrieron  los documentos y la  sudadera  del  señor,  en  una  bolsa  plástica.  En  el sitio se encontraban,  además,  Fernando  Serrano  Barrero,  empleado,  y  Fanny  Leonarda Melo Rojas,  esposa   de   Ortiz   Clavijo   (fls.110,  111,  309-1  y  72-del  cuaderno  No.  2).   

                     Según  este  último, al preguntarle al visitante por el nombre y su dirección para el  evento  de  que  en  el lugar se hallaran los documentos, dijo llamarse Carlos y  estar  residenciado  en  el  barrio  Los  Balkanes, pero a su esposa le dio otro  nombre.  Agrega que el Jueves siguiente, unos agentes de la Policía Judicial de  Ibagué  le mostraron una foto, donde reconoció a la persona que había llegado  el  lunes  anterior  a pedir permiso, y que el sábado, en el perímetro urbano,  desde  una  moto  de  alto  cilindraje,  unos sujetos le gritaron “cuídese sapo  hijueputa  por  los  papeles  que encontró”. No pudo seguirlos porque tenía el  carro en sentido contrario (fls.112 vto.).   

                  El informe  del   Cuerpo   Técnico   de  Policía  Judicial,  Seccional  Tolima,  alude  al  reconocimiento   en   mención,  precisando  que  se  hizo  sobre  las  dos  fotografías  anexas  al  informe,  en las cuales aparecen varios miembros de la  Cruz  Roja  de  El Espinal, y que el señor Luis José Ortiz Clavijo señaló al  socorrista  Juan  Carlos Cardozo Suárez (fls.184 a 189). También informa sobre  este  hecho  Aldemar  Oviedo,  hermano  de  la  víctima,  quien  facilitó  los  documentos fotográficos (fls.170).   

                         En  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas,  con  la  presencia  del  procesado  Juan  Carlos  Cardozo  Suárez, los testigos que se encontraban en el  taller  “Servi  Aceite  La Trece” el 16 de diciembre en las horas de la mañana,  manifestaron  no  reconocer  a  la persona que ese día llegó al taller a pedir  permiso   para  bajar  a  la  quebrada  a  buscar  unos  documentos  (fls.315  y  395).   

                  Cerrada la  investigación,  se  la  calificó  mediante  auto  de  12 de junio de 1992, con  resolución  acusatoria  respecto  de Juan Carlos Cardozo Suárez y Leyla María  Lozano.  El  primero, por el delito de homicidio simple, y la segunda, por el de  encubrimiento.  En  relación  con  los procesados José Gustavo Valdez Vargas y  Jorge  Alberto  Avila  Cubides,  se dispuso reabrir la investigación (fls.271 y  ss-2).   

                         El  conocimiento  de  la causa correspondió al Juzgado Cuarto Penal del Circuito de  El  Espinal,  que  dictó  sentencia  el  20  de abril de 1993, mediante la cual  condenó  al  procesado  Juan  Carlos  Cardozo Suárez a la pena principal de 12  años  de  prisión, y a las accesorias de interdicción de derechos y funciones  públicas  y  de  suspensión  de  la  patria potestad, por igual término, como  autor  responsable  del  delito  de  homicidio simple. A la acusada Leyla María  Lozano,  la  absolvió  de  los  cargos  por  los  cuales se le había formulado  resolución acusatoria (fls.121 y ss-3).   

                     Apelado  este  fallo,  el  Tribunal  Superior de Ibagué, mediante el que ahora es objeto  del  recurso  de  casación,  lo  confirmó,  rebajando  la pena privativa de la  libertad  a  10  años  de  prisión e introduciendo algunas modificaciones a la  condena por perjuicios (fls.66 y ss.del cuaderno No.4).   

                         La  demanda.-   

                   Al amparo  de  las  causales  primera  y  tercera  de casación, varios ataques presenta el  actor contra la sentencia impugnada.   

                     Causal  primera:   

                    Sostiene  que  el  fallo  violó indirectamente la ley sustancial, por errores de hecho en  la  apreciación  de  las  pruebas. Anuncia que examinará, por separado, falsos  juicios  de  identidad  y falsos juicios de existencia, para, al final, hacerlos  coincidir   en  la  conclusión,  en  donde  proclamará  la  inaplicación  del  principio  del  in  dubio pro reo. En esta línea de ataque, presenta, en total,  cinco cargos:   

                      Cargo  primero:   Cuestiona  las  conclusiones  de los  fallos  en  relación  con la presencia de Jesús María Oviedo en la sede de la  Cruz Roja la noche del domingo y el lugar de su muerte.   

                    Dice que  la  afirmación  relativa  a  que  la  víctima durmió o estuvo esa noche en el  interior  de  las  instalaciones de la Cruz Roja, no es más que una conjetura o  acaso  una creencia de las instancias. Jesús María Oviedo sí estuvo esa noche  en  la  sede,  pero  se  alejó  a  las  10 de la noche y nadie asegura que haya  regresado.   

                   Argumenta  que  no  es una prueba encontrar muestras de sangre en un centro médico, porque  además  de su razón social, el proceso da cuenta de la presencia de heridos en  accidentes  de  tránsito  acaecidos  ese 15 de diciembre y en días anteriores.   

                    Luego se  refiere  a la colchoneta hallada en el aljibe, para recordar que es de propiedad  de  la entidad y que su presencia junto al cadáver nada prueba. Y, en cuanto al  reciente  descubrimiento  del  aljibe, referencia a su juicio incierta, dice que  tampoco  es  hecho  indicador  de  que  Jesús  María haya regresado a dormir o  estuviera esa noche en la multicitada sede.   

                    Sostiene  el  actor  que  estos  mismos  hechos  indicadores sirvieron para inferir que la  muerte  ocurrió  dentro  de  la  Cruz  Roja y que el homicida tenía que ser un  socorrista.  Tales conclusiones, no son atendibles, pues las muestras de sangre,  la  colchoneta  y  el  aljibe, no sirven para afirmar que Jesús María regresó  esa  noche, ni que murió en el interior de la sede. Es tan simple, dice, que no  amerita ningún agregado (fls.12 y 13 del cuaderno No.5).   

                      Cargo  segundo:  Se  incurre  por  el  fallador  en  falsos  juicios  de  identidad  al  analizar  la participación de su representado en el  hecho.  No  puede  considerarse  como  hecho indicador de su responsabilidad, la  conjetura  de  que debió darse cuenta de lo acontecido esa noche, porque es una  elucubración  de la instancia sin apoyo probatorio alguno. Primero, no está la  prueba  de  que  Oviedo  estuvo y/o murió en la Cruz Roja, ni está el elemento  con  que  se  habría  causado  su  muerte. Segundo, si se aceptara lo anterior,  quién  asegura  que  Cardozo  Suárez estaba despierto y que percibió el ruido  supuestamente  causado?  Porqué se acepta que Leyla no escuchó y no se hace lo  mismo con Cardozo Suárez?   

                         Al  entrelazar  el Tribunal este indicio, con el de oportunidad física, facilidad y  capacidad,  arma todo un galimatías que solo entiende quien lo escribió. No es  posible  hablar  de  indicio de capacidad cuando no se tiene una prueba veraz de  que  Oviedo  estuvo  vivo  en  la sede esa noche, si es que murió esa noche. No  existe  ningún  testimonio,  ni  dato  que  permita una base sólida para poder  afirmar  que  Oviedo  regresó  vivo a la Cruz Roja y sin este dato veraz no hay  hecho indicador que soporte nada (fls.14 y 15 ibidem).   

                      Cargo  tercero:  El  Tribunal  se  equivoca  al  tener como  indicios  de  responsabilidad  la circunstancia de haberse retirado el procesado  de  la sede a las 5 de la mañana, cuando debía hacerlo una hora después, y el  hallazgo en el lugar de una media de su propiedad.   

                         En  relación  con la hora de salida, el acusado explicó que se había comprometido  a  acompañar a su mamá a la plaza de mercado y que su reloj estaba defectuoso.  Esta  respuesta  tan  sencilla,  añade  el  casacionista,  es  refutada  por el  Tribunal   con   argumentos   tales,   como  que  otro  familiar  había  podido  acompañarla  y  que  los lunes no son días de mercado en El Espinal. Y agrega:  “alegar  que tal trabajo debía hacerlo otro pariente y no JUAN CARLOS, es punto  en  que  el  Juez  no puede, ni se debe meter… o que los lunes no son días de  mercado  en  El Espinal, sino que ello sólo se puede hacer el domingo, es dicho  por  un  funcionario  que  vive  en  Ibagué  y  que no sabe que en las ciudades  grandes  y  medias  -como  Espinal-  todos  los  días se puede hacer mercado de  plaza…” (fls.15).   

                        Afirma  que  la única verdad es que Juan Carlos Cardozo salió de la sede a las  seis  de  la  mañana, no a las cinco, y que tal verdad no constituye indicio de  nada  diferente  a su mismo predicado: “que salió a las cinco y creyó que eran  las   seis   a.m.”.   A   continuación   sostiene  que  sobre  las  actividades  desarrolladas  por  Cardozo  ese día nada dirá, por “ser inventos del ad quem”  (fls.15).   

                         Se  refiere  luego  al  hallazgo de las medias en la sede, para afirmar que elevar a  la  categoría  de  indicio  este  hecho,  es  asunto casi que ridículo. Sería  indicio  de  la  presencia de Cardozo Suárez en el lugar, si  el procesado  no  aceptara  que durmió en la sede, pero éste lo acepta. Es absurdo decir que  una  media  dejada  en el lugar donde durmió sea prueba de un delito. Esto solo  prueba que allí estuvo y esto no ha sido negado (fls.16).   

                      Cargo  cuarto:  Como  error  de  hecho  por falso juicio de  identidad,  califica  el censor la conclusión del Tribunal, atañedera a que el  procesado  sabía,  por  las  manifestaciones  que le hizo en la cárcel a Fabio  Navarro  y  Edilberto Navarro Narváez, que el golpe que segó la vida de Oviedo  había sido asestado en la cabeza.   

                    Sostiene  que  si  todo  el mundo sabía cuál había sido el golpe mortal, el que Cardozo  Suárez  lo  supiera no es indicio de responsabilidad, ni nada semejante (fls.16  y 17 ibidem).   

                      Cargo  quinto:  Bajo  el  enunciado  de  “otro  punto de la  demanda”,  el  casacionista  denuncia  un  error  de  hecho  por falso juicio de  existencia,   consistente   en   la   no   apreciación   de  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas,  donde  los  testigos  Luis  José Ortiz  Clavijo,  Luis Ernesto Polanía y Fanny Leonarda Melo, manifestaron no reconocer  a  la  persona que estuvo en el taller el día lunes pidiendo autorización para  buscar unos documentos.   

                     Asegura  que  el  Tribunal  relacionó  la  prueba,  pero  que  nada  dijo de ella, y que  relacionarla  y  no  admitirla, es desconocer su existencia. Se debe, por tanto,  aceptar  y  tener  este  medio  de  prueba  en  favor  de  Cardozo Suárez, pues  demuestra que no fue él quien estuvo merodeando por la quebrada.   

                    Reconoce  que  el  ad  quem  se  refirió  en  el  fallo al testimonio del propietario del  taller,  pero  argumenta  que si la prueba que le daba respaldo a esta versión,  resultó   fallida,   es   ésta,  no  aquélla,  la  que  se  debe  tener  como  existente.   

                    Advierte  que  no  hará  alusión  al  reconocimiento fotográfico, porque el Tribunal le  negó  todo valor tras considerar que se realizó sin el lleno de las exigencias  legales (fls.17 y 18).   

                                           Conclusión:  En  un  acápite  que el  censor  titula  “Segundo  Punto  Adicional de la Demanda”, afirma que al unir el  error  por  falso  juicio  de  existencia  con los errores por falsos juicios de  identidad,  se  llega  a  la  conclusión  de  que  los  falladores ignoraron la  presencia  de  la  duda razonable, debiéndose, por mandato legal, proceder a la  absolución.   

                       Como  normas   violadas  señala  los  artículos  2º,  247  y  445  del  Código  de  Procedimiento Penal, y 323 del Código Penal.   

                     Causal  Tercera.-   

                         En  subsidio,  el  recurrente  demanda  la  infirmación  de las penas accesorias de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas y de suspensión de la patria  potestad,  impuestas  al procesado. La primera, por desbordar el límite máximo  de  10  años señalado por el artículo 44 del Código Penal, y la segunda, por  absoluta falta de motivación.   

                    Concepto  del Ministerio Público.-   

                        1.-  Después  de transcribir algunos apartes de la demanda en estudio, el Procurador  Segundo  Delegado en lo Penal argumenta que los cargos expuestos bajo el título  de  causal  primera, resultan inadmisibles en esta sede extraordinaria, como que  el   casacionista,   pretendiendo   anteponer   a   toda  costa  sus  personales  deducciones,  deja  entrever que todo su interés radica en que se reconozca que  los  hechos  sucedieron  contradictoriamente  a  como  los  declaró probados el  sentenciador,  desconociendo  que  el  fallo  se encuentra amparado por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  y que al escoger como vía de ataque el  error  de  hecho,  le  era imperativo no anteponer su criterio probatorio al del  Tribunal,  sino  demostrar  los  yerros de identidad y de existencia anunciados,  teniendo   en  cuenta,  además,  que  en  el  estudio  técnico  de  la  prueba  indiciaria,  no  es  permitido  aislar  cada  uno  de  los  hechos  indicadores,  confundiéndolos con la inferencia.   

                     Afirma  que,  cuando  se  procura  controvertir el análisis de la prueba indiciaria, un  tal  propósito  debe  cumplirse  según  se  trate de censurar la prueba de los  hechos  indicadores que permiten efectuar la construcción lógica, evento en el  cual  corresponde  al  actor  demostrar  la  existencia de errores de hecho o de  derecho,  o  de  atacar  el indicio propiamente dicho, en cuyo caso solo resulta  viable  el  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, en la medida que se  impone  comprobar  la  equivocación  del  fallador  al  momento  de realizar el  proceso lógico.   

                   Dice que,  aquí,  el  ataque  simultáneo  por  las distintas posibilidades de error es la  característica,   privando   de   la   necesaria   claridad   y  precisión  la  demanda,   sin  lo  cual la Corte no puede proceder a su estudio, e insiste  en  que  el  censor  se  limita  a  la crítica aislada de algunos de los hechos  indicadores  e  inferencias  indiciarias,  olvidando  que  esta prueba impone su  examen en conjunto y que por ende su postura resulta equivocada.   

                    De estas  consideraciones  deduce  que  los  cargos  planteados  como  falsos  juicios  de  identidad, no están llamados a prosperar.   

                   En cuanto  al  error  de  hecho  por falso juicio de existencia, consistente en la falta de  apreciación  de  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas, la  Delegada,  después  de  transcribir  algunos apartes de la sentencia impugnada,  afirma  que  no  es  cierto  que  el  juzgador  la hubiera ignorado, sino que la  demeritó  conforme  a  la  sana crítica, atendiendo a circunstancias ajenas al  testigo,  como  las  amenazas  de  que  fue  objeto  y  que  lo  llevaron  a  su  retractación,  aparte  de  que  esta  diligencia se cumplió un mes después de  haber tenido los testigos contacto con el sentenciado (fls.22).   

                    Por esta  razón, el reproche está llamado al fracaso.   

                        2.-  Respecto  de  los cargos presentados al amparo de la causal tercera, la Delegada  comparte  los  planteamientos  de la demanda, en cuanto que la pena accesoria de  suspensión  de  la  patria  potestad debe invalidarse por falta de motivación.  Asegura  que su imposición “atenta contra el principio de legalidad de la pena,  por  cuanto  está  dirigida  hacia  una  relación inexistente proyectada a una  eventualidad  de  imposible  predicción,  ya  que  no  se  cuenta con elementos  probatorios que permitan deducir lo contrario” (fls.23).   

                         En  relación  con  la  interdicción de derechos y funciones públicas, explica que  como  la sentencia de segunda instancia rebajó la pena privativa de la libertad  de  12  a 10 años de prisión, y en la de primera las penas  accesorias se  impusieron  por  un  tiempo  igual  a  la  pena  principal, ha de entenderse que  aquélla  quedó  fijada  en  10 años, monto que no supera el límite señalado  por el artículo 44 del Código Penal.   

                         SE  CONSIDERA:   

                     La Sala  aprehenderá  el  estudio  de  la  demanda  en  el  mismo orden propuesto por el  casacionista,  esto  es,  empezando  por  la  causal  primera,  pues  la nulidad  invocada  al  amparo  de la tercera, de llegar a prosperar, afectaría solamente  las   penas  accesorias,  aspecto  cuyo  análisis  supone  la  declaración  de  responsabilidad  del procesado, puesta en duda por el censor en el primer cargo.   

                     Causal  primera.-   

                   Ante todo  debe  decirse  que los distintos cargos planteados por el casacionista con apoyo  en  este  primer  motivo  de  casación, conforman, en estricto sentido técnico  jurídico,  uno solo, dentro del cual se denuncian varios errores de hecho en la  apreciación  de  la  prueba indiciaria. Por esta razón, se los estudiará como  partes integrantes de una misma censura.   

                  Errores de  identidad:   

                                           Primero:          Las  muestras de sangre, la colchoneta y el aljibe, no sirven para  afirmar  que  Jesús María Oviedo regresó la noche del domingo a la sede de la  Cruz  Roja,  ni  que  murió  en  el interior de la misma. Tales conclusiones no  tienen  soporte  en hechos indicadores atendibles. No son más que conjeturas de  los falladores de instancia.   

                    Oportuno  es  precisar,  con  la Delegada, que cuando se procura controvertir el análisis  de  la  prueba  indiciaria en casación, un tal propósito debe cumplirse según  se  trate  de  cuestionar  la  prueba  de  los  hechos  indicadores que permiten  efectuar  la  construcción lógica, o de atacar la inferencia indiciaria. Ha de  agregarse,  que  igual  precaución  debe  tenerse cuando se controvierte por el  actor  la  valoración  individual  o  articulada de su fuerza probatoria.    

                     En  la  primera  fase,  los  errores  judiciales  pueden  ser  de hecho o de derecho, en  cualquiera  de sus modalidades, es decir, de existencia o identidad en el primer  caso,  y  de  legalidad  o  convicción  en  el  segundo. Si la prueba del hecho  indicador,  por  ejemplo,  fue  incorporada  al  proceso  en  indebida forma, se  estará  en  presencia  de  un  error  de derecho por falso juicio de legalidad.   

                     En  la  segunda  fase, el error siempre será de identidad, y se presenta si el fallador  desvía  o  tergiversa  el  curso lógico de la inferencia. Es la disconformidad  del   hecho   indicador   con   el  hecho  indicado,  atendidos  los  principios  científicos  y  las  reglas  generales de la experiencia. La alegación de este  error  presupone  la  aceptación  por  parte  del casacionista de la prueba del  hecho indicador.   

                  En la fase  de  la  valoración  de la fuerza probatoria de los indicios, los errores pueden  ser  de  hecho  o  de  derecho,  según  su  estimación deba hacerse de cara al  sistema  probatorio  de  persuasión  racional, o de la tarifa legal. En nuestro  sistema  penal,  por  estar  la prueba indiciaria sujeta en su valoración a las  reglas  de la sana crítica, solamente tienen cabida, en este campo, los errores  de  hecho.  La alegación de este desacierto, presupone, por razones de lógica,  la  aceptación  de  que  el  hecho  indicador  se encuentra demostrado y que es  correcta la inferencia indiciaria.   

                   El primer  paso,  entonces,  cuando  de atacar la prueba indiciaria se trata, es determinar  el  origen  del  error,  teniendo  presente que si se objeta la prueba del hecho  indicador,  no  es  posible, al mismo tiempo, atacar la inferencia lógica, o su  fuerza  probatoria,  pues,  de  hacerse,  el cargo se torna contradictorio y por  tanto inexaminable en sede de casación.   

                     En esta  falencia  incurre  el  impugnante  al  fundamentar  el  error  de  identidad que  enuncia,  pues  al  tiempo  que  descalifica  la inferencia indiciaria, ataca la  prueba  demostrativa  del  hecho indicador y pone en tela de juicio la fuerza de  convicción  del  sustrato fáctico, al tildar de conjeturas las conclusiones de  los  fallos  de instancia y señalar que los hechos indicadores en que se apoyan  tampoco son atendibles.   

            

                  Además de  esto,  sus  planteamientos  no  pasan  de ser simples críticas generalizadas al  análisis  que  de este tipo de prueba es hecho por los juzgadores, al punto que  en  ninguna  de  las  hipótesis antilógicamente planteadas dentro del contexto  del  mismo  reparo,  el censor logra siquiera identificar el error supuestamente  cometido en las instancias.   

                    Por eso,  no  deja  de  tener  razón  el  Ministerio  Público,  cuando  sostiene  que el  casacionista  no  hace  otra cosa que anteponer sus personales deducciones a las  de  los  fallos,  pretendiendo  que  la  Corte  reconozca  que  los hechos   sucedieron  de  manera  distinta  a  como se les declaró probados, sin entrar a  desvirtuarlos  y  sin  tener  en  cuenta  que  estas  conclusiones se encuentran  amparadas por la doble presunción de acierto y legalidad.   

                     La duda  que  el censor pretende introducir en torno a la real existencia y validez de la  prueba  circunstancial  relativa  al  conocimiento que el procesado tenía de la  existencia  del  aljibe  y de la presencia de manchas de sangre recientes en las  instalaciones  del  Voluntariado, no tiene razón de ser. La prueba demostrativa  de  tales  hechos  es  categórica. Son verdades procesales indiscutidas, que la  existencia  del  aljibe  en  cuestión  fue  descubierta la semana anterior a la  muerte  de  Jesús  María  por  los  propios  socorristas,  entre ellos Cardozo  Suárez;  que  éste  fue  visto cuando, sin ayuda, levantaba la tapa del aljibe  (fls.109-1  y  178-2);  y,  que  en el corredor del Voluntariado y en la entrada  principal  de  sus  instalaciones,  se hallaron manchas de sangre fresca, que no  correspondían  a  pacientes  de la entidad, puesto que la noche del domingo, ni  los días anteriores, atendieron en el lugar personas heridas.   

                       Otro  desacierto  en  el  que  incurre  el  actor,  y  que la Delegada de igual manera  destaca,  en postura que prohija la Corte, es limitarse a la crítica aislada de  algunos  hechos  indicadores  e inferencias lógicas, olvidándose que el examen  de  la  prueba  indiciaria  debe hacerse de manera conjunta y concatenada, en la  misma forma como se la analizó en los fallos de instancia.   

                     Típico  error  de esta clase, es el que contiene la afirmación del casacionista, cuando  señala  que  la  presencia de la colchoneta en el aljibe, nada prueba. Es obvio  que  si  este  hecho  se  mira aisladamente, nada en particular podría llegar a  significar,  pero si al mismo tiempo se tiene en cuenta que la citada colchoneta  se  encontraba  en  el  dormitorio  del  Voluntariado,  donde descansaba Cardozo  Suárez  la  noche  de  los  sucesos,  completamente  solo  según  su versión,  entonces   empieza   a   tener   sentido   en  orden  a  deducir  el  hecho  por  establecer.   

                               Igual acontece en relación con  el  lugar  en  donde  Jesús  María  Oviedo  fue ultimado. Cierto es, que en el  proceso  no  obra  prueba  directa  de que la víctima regresara a la sede de la  Cruz  Roja  la  noche del domingo. Pero si se concatenan las afirmaciones de sus  familiares,  en  el  sentido de que cuando se despidió lo hizo para dirigirse a  la  sede,  y  de  Leyla  María  Lozano,  en  cuanto  que  su propósito, según  comentarios  del  propio procesado Cardozo Suárez, era prestar turno esa noche,  con  la  presencia  de  huellas de sangre en distintos lugares del Voluntariado,  con  las  manchas  de  sangre  en  la  colchoneta  y  el  hallazgo  del cadáver  semidesnudo  en  el  aljibe,  tal  como  lo hacen los juzgadores, la conclusión  tiene  que  ser necesariamente que fue en este lugar donde se produjo su muerte.  Además,  porque se sabe, debido a la ausencia de manchas en la sudadera, que la  víctima  no  la  tenía  puesta cuando fue atacada, circunstancia de la cual el  Tribunal  deduce  que  debía  encontrarse  en un sitio seguro e íntimo, que no  podía ser otro que la sede del Voluntariado.      

     

                     Y si se  vinculan,  de  igual manera, la hora de salida de la víctima de su casa, con la  hora  en  que  Leyla  María  descubrió  las huellas de sangre en la sede, y el  tiempo  probable de muerte según el dictamen médico legal, inequívocamente se  concluye  que  los  hechos  tuvieron  ocurrencia  la  noche  del  domingo  15 de  diciembre.   

                     Aparte,  entonces,  de  la  incorrecta  formulación  de la censura, no se advierte error  alguno  de  apreciación  probatoria  en  la  postulación  de  estos  indicios.   

                                           Segundo: No  puede   considerarse  hecho  indicador  de  la  participación  del  acusado  la  conjetura  del Tribunal de que tuvo que darse cuenta de lo que sucedió la noche  del  15  de  diciembre, y no puede darse tal alcance porque es una elucubración  de      la     instancia     sin     apoyo     probatorio     alguno.   

                        Por  adolecer  este  reparo de los mismos desaciertos del anterior, se le desechará,  no  sin  hacer  dos  precisiones.  Primero:  Que cuando se predica del procesado  Cardozo  Suárez  indicio  de oportunidad, se hace para deducirle autoría en el  hecho, no otra clase de responsabilidad.   

                    Segundo:  Que  dicho  indicio,  está  referido  a su presencia la noche y en el lugar del  crimen,  y  a  su  vinculación  material con la víctima, aspectos que, como se  dejó  ya  dicho,  encuentran amplio respaldo probatorio. Junto con esta prueba,  surgen  desde  luego  otras,  que  el  demandante  naturalmente  se  cuida de no  interrelacionar.   

                                           Tercero: El  Tribunal  se  equivoca  al  tener como indicios de responsabilidad la hora en la  cual  el acusado se retiró de la sede y el hallazgo en el lugar de una media de  su propiedad.   

                   De nuevo,  el  casacionista  incurre  en  el  error  de analizar parcialmente los supuestos  fácticos   de   la  inferencia  indiciaria,  ignorando  las  consideraciones  y  conclusiones de los fallos de instancia.   

                  El indicio  de  responsabilidad  derivado  de la hora en que el procesado abandonó la sede,  no  se predica de ese simple hecho. Se apoya también en la circunstancia de que  Cardozo  Suárez  nunca  abandonaba las instalaciones  antes de las seis de  la  mañana; en la alteración del estado de las cosas, al consignar en el libro  de  guardia,  como  hora de salida, una distinta de la verdadera; en el hecho de  haber  mentido  en  su  primera  versión  sobre  este particular aspecto; en su  absurda  y  torpe justificación, al pretender hacer creer que salió de la sede  a  las cinco de la mañana creyendo que eran las seis; y, en la circunstancia de  haber  dejado  abandonadas  las llaves en la reja de la sección médica, en vez  de  entregarlas personalmente a Leyla María, como era usual. Todo, para relevar  el  cambio de actitud del procesado y su empeño en ocultar la verdadera hora de  salida  de  las  instalaciones  de  la  Cruz  Roja  el día de los hechos.    

                   Cierto es  que  el  Tribunal,  al  rechazar  las explicaciones del procesado en este punto,  sostiene,  adicionalmente,  que  los  mercados  en  El  Espinal tienen lugar los  domingos,  no los lunes, circunstancia que, como lo sostiene el censor, no surge  del  proceso  sino  que  es apreciación de la Sala, pero este eventual error de  hecho,  por  suposición  de  prueba, no desarrollado por el impugnante, ninguna  trascendencia  puede  tener  frente  a  los  abundantes argumentos que sirven de  soporte fáctico a este indicio de responsabilidad.   

                     Respeto  del  hallazgo  de  las  medias  en  la  sede, baste decir que este suceso no fue  esgrimido  en los fallos de instancia para afirmar la presencia del procesado en  el  lugar, como erróneamente lo sostiene el impugnante, sino para evidenciar el  inusual  afán  por  abandonar  sus  instalaciones,  y la natural extrañeza que  causaba   el   hecho  de  haber  sido  encontradas  en  un  sitio  distinto  del  dormitorio.   

                   De cara a  estas precisiones, se concluye que el error denunciado no existe.   

                                           Cuarto:  Si  todo  el  mundo sabía cuál había sido el golpe mortal, que Cardozo Suárez lo  supiera,   no  es  indicio  que  pudiera  predicarse  en  su  contra.   

                       Este  reparo,  carece  de  fundamento.  Es  verdad  que  el  Tribunal se refirió a la  versión  del  procesado,  en  la  cual involucró a Leyla María Lozano y José  Gustavo  Valdez  Vargas  en  la  comisión  del  delito,  pero  lo  hizo no para  deducirle  un nuevo indicio por tener conocimiento de la naturaleza y ubicación  del  golpe  que  determinó  la muerte de Jesús María Oviedo, lo cual, como el  actor  lo  afirma,  era  de  público  conocimiento,  sino  para reafirmar el de  actitudes  posteriores,  orientadas  a crear confusión procesal y a ocultar las  huellas del delito.       

                  Sobre este  particular aspecto, puntualizó el Tribunal:   

                     “Con el  comportamiento  anotado, el procesado está denotando que sabe muy bien cual fue  el  golpe  fatal  que acabó con la vida de Jesús María Oviedo, el dado por la  espalda  en  la  cabeza,  porque  así  está  registrado  tanto en la necropsia  (fls.266   cud.No.1),   como  en  el  acta  de  defunción  (fl.270  cd.  No.2);  y  busca  con  ello, como ya se advirtiera, crear el  caos   y   la   confusión   procesal,   lo   cual   en  cambio  de  favorecerlo  probatoriamente, lo perjudica.   

                      “Cabe  ahora  y  para  ganar tiempo hacia al futuro, citar la afirmación de Framarino,  en  el sentido de que las verdades no se contradicen, sino que se armonizan y se  complementan  entre  sí,  o  aquella  de que quien percibió la verdad y quiere  declararla,  no cambia su versión en las manifestaciones posteriores, ya que la  verdad  es  siempre la misma: en cambio, cuando miente, es natural que varíe su  dicho,  puesto  que  la  mentira  se  deja guiar por la imaginación, y ésta es  variable por naturaleza” (fls.96 y 97 cd.4).   

                         

                  Errores de  existencia:   

                      Haber  dejado  de  apreciar  el  Tribunal  la  diligencia  de reconocimiento en fila de  personas.  Si bien a la prueba se la relacionó, no se la tuvo en cuenta, y ello  equivale a ignorar su existencia.   

                    Para que  exista  error  de  hecho  por  preterición  de  la  prueba,  se requiere que el  fallador  desconozca  su  presencia material en el proceso. Es decir, que ignore  su  existencia  física. Si a la prueba no se la ignora, sino que se la rechaza,  porque  para  el  fallador  no ofrece crédito, o porque considera, por ejemplo,  que  no  cumple las exigencias legales mínimas de incorporación al proceso, el  error, de llegar a existir, ya no será de esta naturaleza.   

                  En el caso  sub  judice,  el  fallador  no  ignoró la citada prueba, sino que la desestimó  porque  consideró  que  el  principal testigo había sido amenazado, situación  que      descarta,      de      suyo,      la      existencia      del     error  denunciado.        

                       Para  reafirmar  lo dicho, resulta suficiente, transcribir los apartes de la sentencia  de  segunda  instancia, correspondientes al análisis que el Tribunal hace de la  referida prueba:   

                        “Es  cierto,  como  lo  sostiene  la  defensa,  que  el  reconocimiento  a través de  fotografías  carece  de  valor  jurídico  sino  (sic)  cumple  las condiciones  impuestas  en el artículo 369 del C. de P. P.; esto es, que se lleve a cabo con  la  presencia  del  defensor  y  del  Ministerio Público, y sobre un número no  inferior  a  seis  retratos, cuestión que se realiza cuando la persona no está  capturada.   

                    “Pero en  este  caso,  no  se  trata  de  esa  clase  de  demostración,  sino  de  prueba  testimonial,   que  es  de  donde  se  deriva  el  indicio,  como  enseguida  lo  veremos:   

                        “El  testigo  Luis  José Ortiz Clavijo (fls.111), cuenta con claridad que a las 8:30  a.m.,  del  16  de  diciembre de 1991, se presentó en su taller o cambiadero de  aceite,  un  muchacho  en  son  de un permiso para entrar a la quebrada a buscar  unos  papeles  que  había  botado  esa  noche,  a  quien indagó por su nombre,  manifestando  que  se  llamaba Carlos y que vivía en los Balkanes…Después de  anotar  sus  rasgos  físicos, dice que el jueves siguiente lo reconoció en una  fotografía  que  le  llevó  la  policía  judicial  de  Ibagué.  Se refirió,  entonces,  a  Juan  Carlos  Cardozo  Suárez.  Finalmente,  pone  de presente el  deponente   que  fue  amenazado  por  una  persona  que  se  movilizaba  en  una  motocicleta…  Después,  en  fila  de  personas, el procesado de marras no fue  reconocido   por   el   nombrado   testigo   Ortiz   Clavijo   (fls.315   primer  cuad.).   

                    “Dejando  de  lado  lo  irregular del reconocimiento realizado por la policía judicial de  Ibagué,  a  través  de  fotografía,  el  que  en nuestro sentir ningún valor  probatorio  tiene,  relevamos por tener una relación evidente con el procesado,  que  éste  era voluntario de la Cruz Roja, lo cual está debidamente demostrado  en  el  expediente,  y que el joven que fuera en busca de los papeles a donde el  testigo  José  Ortiz  Clavijo,  le  expresó  que trabajaba en la Cruz Roja, le  contó  también que se llamaba Carlos, el procesado también se llama Carlos, y  dijo  ese  joven  que  residía  en  los  Balkanes, y ocurre que a la sazón, el  procesado  vivía  en el barrio de El Espinal llamado Balkanes, cuestión que se  deduce  de  su  indagatoria,  amén  de que ese día el procesado tenía el pelo  como  lo  reseña  la  testigo en cita, y los rasgos físicos dados por el mismo  declarante,  coinciden  con los del acusado. Por eso,  en  la  Sala existe la convicción de que Ortiz Clavijo entonces dijo la verdad,  y  que si después cambió la versión, ello se debió a las amenazas de que fue  víctima,  tal como consta en el proceso” (fls.90, 91  y 92-4).   

                    Frente a  este  análisis,  no  es  posible  afirmar,  sin  incurrir  en  grave desacierto  técnico,  que  el  Tribunal  ignoró  la  prueba  aludida. Por el contrario, la  analizó  a  la luz de la sana crítica, de la misma manera como lo hizo el Juez  de  primera instancia, para finalmente demeritarla, atendiendo, como lo anota la  Procuraduría, a circunstancias ajenas al testigo.   

                  Descartada  la  existencia  de  los errores de hecho invocados por el casacionista, el cargo  planteado  al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  se  queda sin  fundamento.   

                     Causal  tercera.-   

                      Cargo  primero:   

                  Superar la  pena  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones públicas, el límite  máximo  de  10 años previsto por el artículo 44 del Código Penal.   

                   Aparte de  que  la  vía  de ataque escogida es equivocada, puesto que técnicamente debió  plantearse  al  amparo  de  la  causal primera, por violación directa de la ley  sustancial,  es  lo  cierto  que el Tribunal, al rebajar la pena privativa de la  libertad  de  12 a 10 años de prisión, tasó implícitamente, también en diez  años,  la  duración  de  las  penas  accesorias,  descartándose,  por  tanto,  cualquier    transgresión    a    los   máximos   fijados   en   el   precepto  citado.   

                      Basta  examinar  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  de  primera  instancia, para  advertir  que  las  penas  accesorias  se  impusieron  por  un tiempo igual a la  principal  y  que, por ello, al rebajarse esta última a diez años, también se  reducían a este término las primeras.      

                    El cargo  no prospera.   

                                                                                                                                                    

                      Cargo  segundo:   

                    

                    

                    Absoluta  falta  de  motivación  de  la  pena  accesoria  de  suspensión  de  la  patria  potestad.   

                                           Insistemente  la  Corte  ha  sostenido  que  la  pena accesoria de  suspensión  de la patria potestad, por ser discrecional, debe ser fundamentada,  y  que  su  imposición  debe  guardar  relación  con  el  hecho que se imputa.  Además,  que  debe  tener  aptitud  de  concreción,  puesto  que  no  se puede  suspender lo que no existe.   

                      En el  presente  caso,  hay  que decir, con la Delegada, que la referida pena se impuso  sin  ninguna  motivación,  frente  a un caso que no la ameritaba y en relación  con una persona que manifestó en indagatoria no tener hijos.   

                   Por ello,  se   casará   parcialmente   el   fallo,   con   el   fin   de   invalidar   su  aplicación.   

                    El cargo  prospera.   

                  En mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA, SALA DE CASACION PENAL, oído el concepto del  Procurador  Segundo  Delegado, administrando justicia en nombre de la república  y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E:   

                             

                      CASAR  PARCIALMENTE  el  fallo  impugnado,  para  dejar sin  efecto  la  pena  accesoria  de  suspensión  de  la patria potestad impuesta al  procesado.    En    lo    demás,    la    sentencia   recurrida   conserva   su  validez.   

                                           Notifíquese    y    devuélvase    al    tribunal    de   origen.  CUMPLASE.   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL    RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE           CORDOBA  POVEDA            LUIS ARNOLDO  ZARAZO    OVIEDO                                                                                                                                                  Conjuez   

                                                                              No  firmo   

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                  DIDIMO          PAEZ  VELANDIA   

NILSON           PINILLA  PINILLA            JUAN     MANUEL     TORRES  FRESNEDA   

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                                 SECRETARIA       

     

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