8864 (23-08-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    EXTORSION/  CONSTREÑIMIENTO/  TENTATIVA   

Cuando el legislador dice  “El  que  constriña  a  otro  a  hacer,  tolerar  u  omitir alguna cosa, con el  propósito  de  obtener  provecho  ilícito  para  sí o para un tercero”, está  exigiendo  una conducta con propósito definido capaz de doblegar la voluntad de  una  persona  para  hacer,  tolerar u omitir aquello que el sujeto activo de esa  conducta  quiere,  es  decir,  provecho  que  ha  de ser necesariamente de orden  económico,  a juzgar por la ubicación de este tipo penal dentro de los delitos  que      protege      el      bien      jurídico     patrimonial     de     esa  naturaleza.   

Debe tenerse muy presente  que  el  ingrediente  subjetivo  señalado  en la norma (Art. 355 del C.P) lo es  fundamentalmente  para diferenciarla del tipo penal referido en el artículo 276  del  C.P.  -que  vulnera también la libertad de autodeterminación o autonomía  personal   con   el  constreñimiento  mediante  iguales  conductas-,  pero  con  cualquiera  finalidad,  menos  la económica. Razón para que la Corte sostenga,  frente  al  delito  de  extorsión:  “Si  solo  se  atenta contra la libertad de  determinación  fulminando una amenaza y no se logra el hacer, omitir o tolerar,  nos  encontraríamos  cuando  hay  finalidad  económica,  en  el  terreno de la  tentativa”.             

Proceso No. 8864  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

         SALA DE CASACION PENAL   

                                              Magistrado  Ponente:   

                                            DR.DIDIMO PAEZ VELANDIA   

                                          Aprobado   Acta  N°112-VIII/9/95   

                                                       Santafé    de    Bogotá,  D.C.,agosto veintitres de mil novecientos noventa y cinco.   

                                  Decide la Corte el recurso  extraordinario   de   casación   interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  DAVID      ARREGOCES      NUÑEZ     contra  la sentencia de mayo 17 de 1993 proferida por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  de Cartagena, confirmatoria de la que dictó el Juzgado  8o  Penal del Circuito de esa misma ciudad, condenando al referido procesado y a  Ricardo Saravia, por el delito de Extorsión.   

                                   Entre los días 9 y 14 de  Septiembre  de  1991,  a  casa  de  Yolanda Isabel Carballo Diaz llegaron varias  notas  anónimas  exigiendo  a  ésta  y  a cambio de no revelar intimidades del  comportamiento  de  su  hija  Liliana,  la  suma  de  cuatrocientos  mil  pesos,  concertando  para  el  pago una cita nocturna para el día 17 de ese mismo mes y  año  en  el Parque La Virgen del barrio Blas de Lezo de la ciudad de Cartagena.  Como  la  ofendida  avisara  del injusto a las autoridades locales, se montó un  operativo  de inteligencia que culminó con la aprehensión del individuo Nelson  Julio  Sanmartín en momentos en que recibía de manos de aquella un paquete que  aparentaba  contener  la  suma  de dinero exigida. La versión inicial que sobre  estos  episodios  rindió  el  capturado,  comprometió  en  el  ilícito  a los  individuos David Arregoces Núñez y Ricardo Saravia.   

                    

                                            ACTUACION PROCESAL   

                                   Con  base  en  el  informe de  captura  de Nelsón Julio San Martín y la denuncia formulada por Yolanda Isabel  Carballo  Díaz,  se  inició la investigación por parte del Juzgado Segundo de  Instrucción  Criminal  de  Cartagena,  que  tras  el  recaudo  de los iniciales  elementos  de convicción y la recepción de la indagatoria del aprehendido y la  posterior   ampliación   de   la   misma,  resolvió  su  situación  jurídica  provisional  decretando  en  su  contra  medida  de  aseguramiento de detención  preventiva  por  el  delito de extorsión, a la vez que disponía su juzgamiento  por  el  procedimiento  abreviado  previsto en el título VII del Decreto 050 de  1987  y  la  compulsa  pertinente  de  copias, para averiguación separada de la  conducta   de  DAVID  ARREGOCES  NUñEZ  y     RICARDO     SARAVIA,  a  quienes  refirió  el  inicial capturado como partícipes del  delito.      

                                    Al  segundo  proceso se  vinculó  en  injurada  a Arregoces Nuñez y mediante declaratoria de ausencia a  Saravia.   Respecto  del  primero  se  decretó  su  detención  preventiva  mediante  auto  de  diciembre 4 de 1991 como autor intelectual de la extorsión,  mientras  que en relación con el segundo se adoptó idéntica determinación al  momento  de  calificar  el mérito sumarial (providencia de Febrero 25 de 1992),  en  la  que se concretó para ambos el cargo de coautoría en el delito previsto  en  el  Decreto  1895  de  1989,  adoptado  como  legislación permanente por el  Decreto 2266 de 1991.   

                                                   Ejecutoriada  la  resolución de acusación, el  proceso  se remitió a reparto de los Juzgados Superiores, correspondiéndole al  primero  de  esa  especialidad  ante el cual acudió el defensor de ARREGOCES  NUÑEZ solicitando la libertad  provisional  de  su  cliente,  a  cuyo  efecto  argumentó  que  la  resolución  acusatoria  era equivocada en cuanto había concretado el cargo por el delito de  extorsión  consumado,  cuando el reato había quedado en el grado de tentativa,  pues   la   ofendida   no  hizo  entrega  del  dinero  exigido  vencida  por  el  constreñimiento  que  derivó de la amenaza de hacer público el comportamiento  íntimo  de  su  hija  Liliana,  sino  que  acudió  a  la  cita  con el inicial  capturado,  amparada  en  el  apoyo  de  las  autoridades  y llevando consigo un  ceñuelo   (paquete   que  aparentaba  contener  la  suma  de  dinero  exigida);  situación  ésta  que correspondía con el desarrollo que sobre el punto había  tenido  la  Jurisprudencia  Nacional, citando en apoyo de su aserto decisión de  la  Sala  Penal  de  ésta  Corporación  del mes de mayo de 1986 y ponencia del  H.Magistrado   Doctor   Lisandro  Martínez  Zúñiga.  El  Juez  superior,  sin  descartar  que  al  proponente le asistía razón en su planteamiento, despachó  adversamente  la  solicitud  de libertad, asumiendo que aún en el evento de que  el    delito    hubiese    quedado   en   grado   de   tentativa,   ARREGOCES   no   tenía  derecho  a  la  libertad  por  vías  del  numeral  2° del art.439 del Código de Procedimiento  Penal  anterior,  no solo porque el tiempo de detención física era inferior al  exigido  por  la  norma,  sino  porque  en la conducta del procesado concurrían  causales  de agravación punitiva que hacían inoperantes el beneficio; negativa  que  confirmó  luego  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena  aunque por razones  diferentes,   dado   que   en  sentir  de  esa  Colegiatura  debió  responderse  simplemente  que  en  razón  de  la  pena  mínima  prevista  para el delito de  extorsión  por  el cual se había acusado a Arregocés Núñez, no procedía la  excarcelación,  sin  entrar en debates alusivos al cargo y modalidad del mismo,  porque  ya  la  resolución  acusatoria  había  cobrado ejecutoria y era por lo  mismo ley del proceso.   

                                     Con  la  vigencia  del  Decreto  2700  de 1991, el Juzgado del conocimiento cambió de denominación (de  Superior  pasó  a  ser Circuito) y con él el trámite que debía imprimírsele  al  proceso,  dado  que  aún  no  se había celebrado la audiencia pública, en  forma  tal  que cuando el expediente regresó del Tribunal se impulsó el juicio  con  sujeción a la nueva preceptiva procesal penal, corriendo el traslado de 30  días  a  los  sujetos procesales para preparación de la audiencia, acto que se  celebró  el día 26 de enero de 1993 con la asistencia del Fiscal acusador, los  defensores  de  los procesados y la del detenido Arregocés Núñez, oportunidad  en  la  cual  el  Representante  de  la  Fiscalía, si bien demandó del Juez la  condena  de  los  procesados, lo hizo enarbolando la tesis de la tentativa sobre  la  base  de que la ofendida no entregó en últimas suma de dinero alguna a los  extorsionistas,  sino  que,  asesorada  por  los  investigadores del D.A.S. hizo  parte  del  plan  ideado para lograr su identificación y captura, es decir, que  su  voluntad  no  fue doblegada para atender las exigencias de sus ofensores. El  abogado  de ARREGOCES NUÑEZ  rechazó  por su parte la posibilidad de que su cliente llegase a ser condenado,  porque  según  su  criterio  del  material  probatorio  recaudado no surgía la  prueba  necesaria  para  decidir  en ese sentido.  Por el contrario y dadas  las  varias y serias dudas que sobre la responsabilidad de su cliente existían,  debía  optar  el  Juez  y  así  lo  pidió,  por  la sentencia de absolución,  posición  a  la  que  vino  a  sumarse  luego  el  defensor del ausente Ricardo  Saravia,  quien  en  subsidio  reclamó que el fallo se dictara por el conato de  extorsión,    evocando    en    apoyo   de   su   pedido   la   tesis   de   la  Fiscalía.   

                                                En  Marzo  4  de 1993, el Juzgado del Circuito  profirió  el fallo de primera instancia  condenando a ARREGOCES NUÑEZ y a  SARAVIA    como   coautores    del   delito   de   extorsión   -consumado-  imponiéndoles  la  pena  principal  de 85 meses de prisión y las accesorias de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas y la suspensión de la patria  potestad  por un período igual al de la pena principal. Civilmente se le impuso  la  obligación  de  resarcir el daño moral ocasionado con el delito, el que se  tasó  en el equivalente a 80 gramos oro, absteniéndose de condenar al pago por  daños  materiales  en  razón  de no haberse causado.  Negó por último a  los  rematados  el  subrogado de la condena de ejecución condicional, aclarando  sí  que  a  Arregoces  debía  abonársele  a  la  pena  impuesta el tiempo que  permaneció en detención preventiva.   

                                                La  tesis  de  la  tentativa  propuesta por la  Fiscalía  en  curso de la audiencia, no halló eco en el Juez del Circuito cuya  respuesta  adversa  se  fundó,  por  una  parte, en que no era tal la propuesta  coincidencia  fáctica  entre  el caso acá juzgado y aquel referido en el fallo  de  casación  de Abril 8 de 1986, así que si el argumento central y único del  Fiscal  había  sido aquella cita de Jurisprudencia, era clara su inconducencia;  y   por   otra  en  que  el  proceso  informaba  en  todo  caso  de  unos  actos  intimidatorios  que  no  quedaron  en  la  fase  inicial  de ejecución sino que  alcanzaron   su   agotamiento,  en  forma  tal  que  no  cabía  duda  sobre  la  consumación  del  delito  de  extorsión,  pues,  además,  el hecho de que los  procesados  no hubiesen alcanzado el provecho económico exigido, no desfiguraba  tal  proposición  en  la medida en que la consumación del delito no pendía de  que los ejecutantes alcanzaran ese postrero fin.   

                                                Para  la  segunda  Instancia  el  defensor  de  ARREGOCES    NUÑEZ  insistió  en  su  inicial  proposición  de  inexistencia  de  la  prueba legal  requerida  para  condenar, haciendo nuevamente eco y en respaldo de su petición  subsidiaria   de   confirmar   la  sentencia  del  Juzgado  del  Circuito,  pero  ajustándola  en  la  punición  al  dispositivo  amplificador  del  tipo  de la  tentativa,  tesis  del  Fiscal acusador, añadiendo a lo dicho que si el inicial  capturado   Nelson  Julio  San  Martín  resultó  condenado  por  tentativa  de  extorsión,  idéntica  suerte  debían  correr,  en caso tal, los copartícipes  Juzgados  en  éste  proceso, porque se trataba en últimas de la misma conducta  comportamental.   

                                                El  Tribunal  Superior de Cartagena, confirmó  la  sentencia  de primer grado, avalando el rechazo de la tesis de la tentativa,  aunque  por  razones  diversas  de  las del Juez del conocimiento, expresando la  Colegiatura  que  el  disenso con el proponente no lo era porque no coincidieran  en  rigor  los hechos por los cuales se juzgó a los acá procesados con los que  fueron  materia  del  proceso  llegado  a la Corte en el año 1986, sino, porque  para  esa  Sala  del  Tribunal  las razones que mejor se acomodaban al caso para  solucionarlo,  eran  aquellas  esgrimidas  por los H.Magistrados de la Corte que  salvaron  el  voto  al  fallo  de casación del que fué ponente el H.Magistrado  doctor  Martínez  Zúniga.  Por lo demás, agregó el Tribunal, el estudio  del  tipo  legal  de  la  extorsión  enseña que el delito se consuma cuando se  obtiene   el  constreñimiento  de  la  víctima,  actuando  el  agente  con  el  propósito  de  obtener un beneficio económico, independientemente de que dicho  beneficio  se  obtenga o nó, y como en el caso en estudio esa era la situación  que  revelaban  las  pruebas  aportadas,  bien estuvo entonces que la condena lo  fuera por el delito de extorsión consumada y no tentada.   

                                                LA DEMANDA   

   

                                                Al  amparo  de  la  causal  1a. cuerpo 1° del  artículo  220  del  C.P.P.  acusó  el censor la sentencia del Tribunal por ser  violatoria  de  la  ley  sustancial en forma directa. Como normas violadas citó  los  artículos  22  y 355 del Código Penal e indicó que la violación se dió  por aplicación indebida del artículo 355 en cita, …..   

                               “…pues el material probatorio  recogido  y  que  podemos  observar  en  el expediente nos dice a las claras que  estamos  en  presencia del delito tentado de extorsión que es en el peor de los  casos  de lo que se podría acusar a mi defendido, pues en realidad como se dijo  no  existían  pruebas  que comprometieran la responsabilidad de él, pero en el  peor  de  los  casos  y  de  acuerdo  a  la  interpretación  sobre  su  posible  responsabilidad,  se debió dictar sentencia como responsable del delito tentado  de  Extorsión  y  nunca  del  delito  consumado de Extorsión y aplicar la pena  prevista  en  el  Código  Sustantivo,  nunca  la  prevista  en  el  Art.355 del  C.P…..”   

                                                El  sustento  de  tal  aserto  lo  ubica en el  desarrollo  que  sobre  el  tema  ha tenido la Jurisprudencia Nacional, haciendo  énfasis  en el fallo de casación del año 86 donde se enarboló la tesis de la  tentativa  bajo  el  presupuesto de que en el delito de extorsión no se llega a  la  consumación  mientras  no  opere  para el agente el poder dispositivo sobre  aquello   que  constituye  el  beneficio  económico  que  se  persigue  con  el  injusto.   

                                                        CONCEPTO  DE LA DELEGADA   

                                                Rindió  concepto el Señor Procurador Segundo  Delegado  en lo Penal, para quien las ostensibles fallas técnicas de la demanda  dan  al  traste  con  la  pretensión  del  actor, quien no obstante predicar la  ausencia  de  pruebas  que  demuestren  la responsabilidad penal de ARREGOCES   NUÑEZ,  pretende  que  la  Corte  case  el  fallo  impugnado  para  sustituirlo por uno que acomode la pena  atendiendo  la  reducción  que se deriva de la aplicación del artículo 22 del  Código Penal.   

                                Pone de relieve el señor  Representante   del   Ministerio   Público,  que  en  razón  al  principio  de  limitación  que  rige  el  recurso  de casación, la Corte no puede ocuparse de  causal  distinta  a  la  propuesta  en  la demanda y menos aún, puede suplir al  censor  en  el  sentido de la violación cuando de la causal primera se trata, y  como  en  el caso de la especie no indicó el actor cuál había sido el sentido  de  la  violación  del  artículo 22 del Código Penal, al cual apenas refirió  para  decir  que  había  sido  violado  en  forma  directa  y  a  esa imprecisa  referencia  agregó un segundo yerro cual fué la de afirmar en relación con el  artículo  355  del  estatuto  punitivo que a su transgresión se llegó por una  indebida  aplicación,  cuando  en  una  u otra hipótesis (Extorsión tentada o  consumada),  era  en  todo caso el artículo 355 en cita el llamado a regular el  debate,    debe    proceder    la   Corte   para   contestar   adversamente   el  petitum.   

                                 Acudiendo a la facultad  oficiosa,  sugiere  a  la  Sala  casar parcialmente el fallo impugnado, sobre la  base  de  que la pena accesoria de suspensión de la patria potestad impuesta al  procesado  carece de motivación alguna en la sentencia del Tribunal, por lo que  debe dejarse sin valor tal decisión instancial.   

         

                                          CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                                          1.-  Si  se  mira  con detenimiento el  escrito-demanda,  forzoso  es  concluir que no le asiste la razón a la Delegada  en  su  petición  de  desestimación  del  libelo  por fallas de técnica pues,  auncuando  ciertamente  no  es  un modelo en claridad y precisión como debe ser  toda  demanda  que  pretenda el derrumbamiento de un fallo precedido de la doble  presunción  de  acierto  y  de  legalidad,  hay que convenir en que la vía del  ataque  a  un  error  como  el  planteado  es ciertamente la seleccionada por el  actor,  esto es, la directa por falta de aplicación de una norma sustantiva, el  artículo 22 del C. P.   

                                     La   Delegada  con  particular  celo  reprocha  al  casacionista  el haber destacado primeramente la  ausencia  de prueba para demostrar la comisión del delito por su defendido y al  mismo  tiempo  reclamar  de  la  Corte  casar  el fallo para ajustar la pena con  aplicación  del  dispositivo  amplificador  del  tipo  de la tentativa, lo cual  conlleva  una  contradicción  insalvable en una actuación signada por rigurosa  técnica  como  lo  es  la  exigida  en  el recurso extraordinario de casación.  Además,  le  enrostra  la afirmación de la violación del artículo 355 del C.  P.   por   aplicación  indebida,  cuando  en  cualquiera  de  los  eventos  (la  consumación  o  la  tentativa) la norma aplicable es el precepto en referencia.  El  actor,  en  sentir  de  la  Delegada, tenía que haber planteado la falta de  aplicación  del  artículo 22 del C. P. sin cuestionamiento alguno de la prueba  pero  no señalarlo solamente como infringido por el fallador, como lo hizo, sin  indicar  el sentido de esa violación, falencia que no puede ser suplida en sede  de casación.   

                                  La  demanda,  como  se  puntualizó   en  el  acápite  correspondiente,  acusa  la  sentencia  por  ser  violatoria  de  la  ley sustancial en forma directa, con mención expresa de los  artículos  22  y  355  del  C. P. como normas violadas al “imponer la pena como  delito  consumado  cuando  lo debía hacer como tentado”, pero al desarrollar el  ataque  considera  la violación “por indebida aplicación del artículo 355 del  C.  P.”  para  seguidamente  puntualizar  que no obstante estar convencido de la  inocencia  de  su  patrocinado  “en el peor de los casos de lo que se le podría  acusar”  es  del  delito  tentado de extorsión y “nunca del delito consumado de  extorsión  y  aplicar  la  pena  prevista  en  el  Código Sustantivo, nunca la  prevista en el artículo 355 del C. P.”   

                                     Como   se  ve,  la  sustentación  del  cargo  no  fue  precisa  ni lo suficientemente clara pero de  todas  maneras  permite  captar el sentido verdadero de su inconformidad, que no  es  otro  que  la  falta  de  aplicación  del  artículo  22  del C. P. sin que  realmente  discuta  o  cuestione  la  prueba existente en el proceso y tenida en  cuenta  por  el  fallador  de segunda instancia. Simplemente hizo una reflexión  reveladora  de su particular punto de vista al comenzar su discurso, innecesaria  ciertamente   en   el   argumento  central  de  su  ataque,  pero,  se  insiste,  insuficiente  para  descalificarla por cuanto seguidamente con base en la prueba  existente  deduce una responsabilidad exclusiva por el delito tentado jamás por  el  consumado por el que se procedió (de donde se infiere necesariamente que el  sentido  de  la  violación  de  este  dispositivo  amplificador  es la falta de  aplicación).  De  ahí  su  queja  de  haber  sido  indebidamente  aplicado  el  artículo  355  del  C.  P.  pues, en su sentir, la correcta aplicación de este  precepto  es  con  el dispositivo amplificador de la tentativa (por eso habla de  la  “pena prevista en el código sustantivo, nunca la prevista en el art.355 del  C.P.).  Además,  debe  recordarse que cuando empieza a desarrollar LA VIOLACION  DE  LA  LEY  SUSTANCIAL  dice  :  “El fallo reclamado en casación viola de modo  directo  los  artículos 22 y 355 del C. P., lo anterior al imponer la pena como  delito  consumado  cuando  lo  debía  hacer como tentado, por tanto se viola el  artículo  22  al  prescindir o dejar de aplicar lo ampliamente demostrado en el  proceso….es  de claridad meridiana que el delito que nos ocupa no se consumó,  sólo quedó en grado de tentativa…”   

                                    Despejada  así  la  inquietud  planteada  por la Delegada con relación a la técnica empleada en el  desarrollo del cargo, se impone el estudio de la demanda.   

                                          2.-  Para  resolver  la  impugnación  extraordinaria, se tiene:   

                                          a.-  Como  se  indicó, los hechos que  originaron  la  investigación  se  refieren  a  que la señora Yolanda Carballo  Díaz  recibió en su residencia el 9 y 14 de septiembre de 1991 unas misivas en  las  cuales  se  le  comunicaba que si no entregaba la suma de cuatrocientos mil  pesos  a  un  individuo  que  la  estaría  esperando  en  un lugar y hora allí  indicados,  se  harían  públicas las intimidades del comportamiento privado de  su  hija  Liliana  Padilla.  La  señora  comunicó  el  hecho  al  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  “DAS”  de  la  ciudad  de  Cartagena, entidad que  dispuso  un  operativo  consistente  en que dicha señora debía comparecer a la  cita  con  un  paquete o envoltorio con apariencia de contener la suma de dinero  exigida,  preparado  por  personal de dicha entidad oficial, lo cual cumplió la  quejosa  y  cuando  se  hizo  presente  el  sujeto  encargado de recibir la suma  exigida  fue  capturado y sometido a indagatoria; su versión permitió implicar  en  el  hecho a los sujetos que finalmente fueron condenados en ambas instancias  por el delito consumado de Extorsión.   

                                      Los   falladores,  particularmente  el  ad-quem,  analizaron  los  verbos rectores del tipo básico  aplicable  al  presente  caso  y los criterios asumidos al respecto tanto por la  jurisprudencia  (sents.de  abril  8/86  y  de  septiembre  29/87)  como  por los  salvamentos  de  voto  a  la  misma,  para finalmente mostrar su coincidencia de  pensamiento  con  la  postura  disidente:  “En  el modesto entender de esta Sala  -afirma  el  Tribunal-  y  sin  la pretensión de subestimar en ninguna forma la  profundidad  académica de los argumentos en los que se apoyaron los mencionados  fallos  de  la H. Corte, creemos que la tesis más apegada a la doctrina general  y  con  mejores  razones  para  solucionar  este  asunto  es  la expuesta en los  Salvamentos  de  voto…Llegamos  a  esta  conclusión  después  de  atender la  presencia  en el tipo de extorsión del ingrediente subjetivo ‘con el propósito  de  obtener  provecho  ilícito  para  sí  o  para  un  tercero’ (obviamente de  carácter   patrimonial),  indicativo  que  la  consumación  del  delito  sólo  requiere  el  logro  del  constreñimiento  y que el agente actúe con finalidad  económica, no que la logre efectivamente.”   

                                  “Ahora,  el  resultado  sicológico  (constreñimiento) de esos actos de violencia del agente pueden ser  de  diversa  naturaleza  (acceder  a  la  pretensión, avisar a las autoridades,  ocultarse,  etc.)  lo  que  interesa  es  que  logren  en  el  agente  un efecto  intimidante  que  lo  lleven a proceder inducido por ese temor, no que lo muevan  específicamente   a   concretar   la   prestación   patrimonial   que   se  le  exige”.   

                                 Consecuente el Tribunal  con  dichos  razonamientos descartó la aplicación del dispositivo amplificador  de  la  tentativa  que  se reclamaba como petición subsidiaria en la apelación  interpuesta.   

                                          b.-  El recurrente extraordinario, con  estricto  apego  al  antecedente  jurisprudencial  que  cita,  sostiene  que  el  Tribunal  violó  la  ley  sustancial  en  forma  directa,  al  condenar a DAVID  ARREGOCES  NUÑEZ  por  el  delito  de extorsión consumado cuando ha debido ser  condenado  en  el  peor  de  los  casos por un delito tentado de extorsión. Por  ende,  dice,  ‘debe  dictarse  sentencia  de  reemplazo y procederse a una nueva  graduación  de la pena’, pues el caso es exactamente igual al relacionado en la  jurisprudencia  que  cita  ya  que  ‘la señora YOLANDA ISABEL CARBALLO formuló  denuncia,  se  procedió  a  hacer el simulacro y se dio captura en flagrancia a  NELSON  JULIO  SANMARTIN  a  quien  se  condenó  en proceso abreviado solo como  responsable del delito tentado de extorsión’.   

                                          c.- El punto que concita a este debate  es   de   estricto   derecho  y  como  ya  la  Corte  lo  definió,  así  fuera  mayoritariamente,  con  un  estudio  preciso,  prolijo y completo del tipo penal  respectivo,  cabe  ahora  reiterar  la jurisprudencia al respecto por no existir  elemento   alguno  de  convicción  que  permita  su  variación,  puntualizando  solamente  algunos  comentarios breves adicionales referentes al aspecto central  que sirvió de fundamento a los falladores de las instancias.   

                                     Si   se   observan  cuidadosamente  los  argumentos  tanto de las decisiones de la Corte como de los  Salvamentos  de  voto,  se encontrará que el aspecto neurálgico que los separa  estriba  en  el  alcance  hermenéutico que una y otros hacen de la voluntad del  legislador  de  1980 al convertir el tipo cerrado de extorsión existente en uno  abierto  con  el  uso  de las expresiones “constreñir a otro a hacer, tolerar u  omitir  una  cosa”,  pues  mientras  que  para  los  Magistrados  disidentes tal  redacción  significa  “señalar  todas las exigencias posibles en relación con  la  conducta  que  otro puede asumir con voluntad sojuzgada” entre las que citan  “el  huir  del  país, traspasar los bienes o demandar auxilio de la autoridad”;  para  la  Corte,  con  estricto  apego  a  lo  discutido  por  los  comisionados  redactores   de   la  norma  y  los  precedentes  de  otras  legislaciones,  tal  modificación  “más que de sustancia es de forma y que el delito de extorsión,  continúa    siendo    entre   nosotros   un   delito   comisivo   por   acción  predominantemente  violenta,  que abarca no solamente la violencia física, sino  ‘cualquier  conducta ejercida por el agente que trae como resultado un menoscabo  de  la  libre  determinación  de  la víctima obligada a realizar lo que aquél  desea y no lo que ella quiere’.”   

                                  La Corte explicó este  aserto  en  la providencia que se cita (la de abril 8/86) en detalle y con apoyo  en  la autoridad de la Real Academia de la Lengua puntualizó el significado del  verbo  “constreñir”  que  coincide,  además,  con  el  alcance  que  le dio el  redactor  de  la  norma  según las Actas, luego pretender ir más allá de ello  es, por lo menos, una exageración.   

                                Por manera, que cuando el  legislador  dice  “El  que  constriña  a  otro a hacer, tolerar u omitir alguna  cosa,  con  el  propósito  de  obtener  provecho  ilícito  para  sí o para un  tercero”,  está  exigiendo  una  conducta  con  propósito  definido  capaz  de  doblegar  la voluntad de una persona para hacer, tolerar u omitir aquello que el  sujeto  activo  de  esa  conducta  quiere,  es  decir,  provecho  que  ha de ser  necesariamente  de  orden  económico,  a  juzgar por la ubicación de este tipo  penal  dentro  de  los delitos que protegen el bien jurídico patrimonial de esa  naturaleza.  De donde debe inferirse necesariamente que si el comportamiento del  sujeto  activo  no logra doblegar la voluntad de la víctima en la medida en que  ésta  hace, tolera u omite cosa distinta a lo exigido con la finalidad indicada  (como  acudir  a  la  autoridad,  simular la entrega, salir del país, etc.), el  delito  ha  quedado  en  la  fase  de  la  tentativa, porque es un hecho punible  pluriofensivo   de   resultado,  ya  que  menoscaba  principalmente  dos  bienes  jurídicos:  la  libertad  de  autodeterminación y el patrimonio económico sin  que  sea  menester  para este último evento que el provecho se obtenga. Ello se  refiere  al  agotamiento;  darle  otro  alcance  a esa expresión, es considerar  consumado  el  delito con la sola amenaza del mal futuro, lo cual ciertamente no  estuvo  en  la  mente  del  legislador,  ni  es  el  alcance  que  le  dan otras  legislaciones similares.   

                                                           

                                Además, debe tenerse muy  presente   que   el   ingrediente   subjetivo   señalado  en  la  norma  lo  es  fundamentalmente  para diferenciarla del tipo penal referido en el artículo 276  del  C.  P. -que vulnera también la libertad de autodeterminación o autonomía  personal   con   el  constreñimiento  mediante  iguales  conductas-,  pero  con  cualquiera  finalidad,  menos  la económica. Razón para que la Corte sostenga,  frente  al  delito  de  extorsión  :  “Si  solo se atenta contra la libertad de  determinación  fulminando una amenaza y no se logra el hacer, omitir o tolerar,  nos  encontraríamos  cuando  hay  finalidad  económica,  en  el  terreno de la  tentativa”.    

    

                                   Como  el  proceso  da  cuenta,  y  así  lo  aceptaron los falladores de las instancias, que una vez la  señora  Carballo  Díaz  recibió las misivas en las que se le exigía una suma  apreciable  de  dinero  a cambio de no revelar secretos de la vida íntima de su  hija,  se  puso en contacto con el DAS, entidad que se le sugirió acudiera a la  cita  llevando  un  paquete  o envoltorio que simulaba el dinero ilegítimamente  pedido   para  que  pudiese  ser  capturado  el  encargado  de  recibirlo,  como  efectivamente  ocurrió,  mal  hicieron  los  falladores  de  las  instancias en  considerar  que  la  voluntad de la señora Carballo Díaz había sido doblegada  por  la  amenaza  consignada en los escritos. Lo que el proceso revela es que su  comportamiento  estuvo  encaminado  no a cumplir lo exigido ilegalmente, sino lo  dispuesto  por  la  autoridad  que  intervenía  a petición suya para lograr la  captura  de  quienes  con  el  propósito de lucrarse actuaban de esa manera; ni  acudió  a  dicha  autoridad  por  el  temor  de que los extorsionistas pudiesen  cumplir  su  amenaza futura, pues de haber padecido tal estado de ánimo habría  aceptado  simplemente  la  ilícita  exigencia.  Significa  ello  que en el caso  presente  ha  debido  aplicarse  el dispositivo amplificador de la tentativa que  demanda  el  casacionista.  Y  como  no  ocurrió  así,  el  cargo prospera. En  consecuencia,  se casará parcialmente la sentencia impugnada para reconocer que  el  procesado sentenciado lo es únicamente por un delito de Extorsión en grado  de  tentativa y ajustar la pena deducida en la forma indicada en el artículo 22  del C. P.   

                                 Las instancias teniendo  en  cuenta  lo  establecido en el artículo 7 del Decreto 2790 de 1990 (adoptado  como  legislación  permanente  por  el  Decreto 2266 de 1991), subrogatorio del  art.355  del  C.P.,  y  otros  factores  de punibilidad indicados en los fallos,  dedujeron  una  sanción  principal de 85 meses de prisión para cada uno de los  condenados,  sanción que de conformidad con lo señalado en el artículo 22 del  C.  P.  debe  quedar  en 45 meses de prisión que es algo más de la mitad de lo  fijado  (42  meses, 15 días) para el delito consumado, por no haber considerado  los    falladores    el    mínimo   señalado   en   la   ley   al   hacer   la  dosificación.   

                                No obstante haber sido el  procesado  ARREGOCES NUÑEZ único recurrente en casación, por disposición del  artículo  243  del  C.  de  P.  P.,  se aplicará extensivamente lo decidido al  procesado  RICARDO  SARAVIA condenado a igual pena en la sentencia impugnada. Se  mantendrá,  de  otra  parte,  la  libertad  que  esta Sala otorgó a Arregocés  Núñez  en auto de marzo 30 del año en curso, pero con la aclaración de serlo  definitivamente  por  pena  cumplida y se ordenará, en consecuencia, devolverle  la                      caución                      si                     fue  prestada.                     

                                  En  cuanto  a  la pena  accesoria  de  suspensión de la patria potestad impuesta a ambos procesados sin  motivación  alguna en las instancias, a la cual se refiere el señor Procurador  Delegado  para impetrar su revocación oficiosamente por haberse violado con tal  proceder  el  derecho  de  defensa,  al  hallar  la Corte cierto el quebranto al  derecho  fundamental  indicado  y,  además,  no guardar relación causal alguna  dicha  pena con la conducta delictiva sancionada, se revocará oficiosamente con  base  en  lo dispuesto en los artículos 228 y 229-1 del C. de P. P., por cuanto  no         fue         objeto         de        impugnación        en        la  demanda.                  

                                                                          

                                     La  restante  pena  accesoria  impuesta,  la de interdicción de derechos y funciones públicas, por  seguir  inexorablemente a la principal de prisión según el artículo 52 del C.  P.,  ha  de  entenderse  debidamente  motivada  como  lo fuera ésta. Dicha pena  accesoria  y  las  demás  determinaciones  tomadas  en  la sentencia de primera  instancia    quedarán    sin    modificación   alguna.       

                                                                    

                                    En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA en SALA DE  CASACION  PENAL,  en  nombre  de la República y por  autoridad de la ley,   

                                          R E S U E L V E :   

                                          1.-  CASAR  PARCIALMENTE  la sentencia  impugnada,  en  el  sentido  de  reconocer  para ambos condenados el dispositivo  amplificador  de  la  tentativa,  modificando  la  pena  privativa de libertad y  revocando  oficiosamente  la pena accesoria de suspensión de la patria potestad  impuesta a ambos procesados. En consecuencia,   

                                          2.-    CONDENAR    a    DAVID    ARREGOCES    NUÑEZ   y   a  RICARDO   SARAVIA,  el  primero  de  condiciones civiles y personales conocidas en el proceso, a la pena  principal  de  CUARENTA  Y CINCO (45) MESES DE PRISION para cada uno, en calidad  de  AUTORES  del  delito  de  Extorsión  en  grado  de  tentativa,  cometido en  circunstancias de modo, tiempo y lugar puntualizadas en el proceso.   

                                          3.-   REVOCAR  oficiosamente  la  pena  accesoria  de  SUSPENSION  DE  LA  PATRIA POTESTAD que le fuera impuesta a ambos  procesados mencionados.   

                                          4.-    DISPONER   que   DAVID  ARREGOCES  NUÑEZ debe continuar  disfrutando  de la libertad otorgada, pero esta vez en forma definitiva por pena  cumplida,  y  ordenar   al  Juzgado  8° Penal del Circuito de Cartagena la  devolución de la caución prestada.   

                                                           

                                          5.- Las demás determinaciones tomadas  en    la    sentencia   de   primera   instancia,   quedan   sin   modificación  alguna.                                       

                                 En firme, devuélvase el  expediente al Tribunal de origen.   

                  Cópiese, notifíquese y cúmplase:   

NILSON   PINILLA  PINILLA,  FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL,  RICARDO  CALVETE  RANGEL,CARLOS E. MEJIA ESCOBAR Con  salvamento  de  Voto,DIDIMO  PAEZ  VELANDIA,   EDGAR  SAAVEDRA  ROJAS,JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA,JORGE  ENRIQUE  VALENCIA M.   

Carlos  Alberto  Gordillo  L.,SECRETARIO   

***************************   

EXTORSION   

(Salvamento   de  Voto)   

Proceso No. 8864  

Salvamento de Voto  

Para  la  época  de las sentencias que como  precedentes  jurisprudenciales  evoca  ahora  la Corte, el suscrito actuaba como  agente  del  Ministerio  Público  y  en  tal calidad sostuve que éstos eventos  debían  adecuarse  típicamente  como  hechos  punibles  consumados  y  no como  tentativas.  Hoy  sigo  convencido  de lo mismo. No me parecen determinantes los  argumentos  en contrario (como no  fueron los míos para la mayoría) y por  eso me veo precisado a disentir de la decisión.   

En realidad la discusión arriba a lo que se  denomina  el  punto muerto. A partir de acá es poco lo que hay para argumentar,  y  nada lo que hay para descubrir. Debería ser suficiente remitirme al concepto  que  en  su  momento  (para  la sentencia de Abril 8 de 1986 ) se rindió por la  Procuraduría  Delegada  .  O  a  la  tesis  de  la  Magistratura disidente. Sin  embargo, quiero insistir en unas pocas consideraciones :   

1.  El  verbo  rector  de  la  conducta  es  constreñir  y  ello  implica un resultado psicológico en el destinatario de la  acción,   que   no   el   ejercicio   efectivo   de   una   conducta   material  determinada.   

2.  Aunque la acción de constreñir aparece  complementada  por  el  hacer o no hacer, ello es consecuencia de que a nadie se  constriñe  a  nada,  y de que se buscaba una fórmula que recogiera un complejo  de  conductas  ,  antes incorporadas en el C. P. de 1936 (art 406) como eran las  entregar,  enviar,  depositar  o  poner a disposición cosas dinero o documentos  capaces de producir efectos jurídicos.   

3.  Como  el acto de constreñir consiste en  una  vis  compulsiva,  su  consumación  o  conato depende de que se produzca el  efecto  intimidatorio  sobre  la  víctima  y  no  la  desposesión  de la misma  respecto  de  sus bienes. Eso, de otro lado, es lo que caracteriza los elementos  subjetivos  del  tipo  y,  no  hay  razón  para dudarlo, el ingrediente “con el  propósito  de obtener provecho ilícito” responde a la fórmula clásica de los  elementos subjetivos.   

4.  El  hecho de que el delito de extorsión  que  se  comenta  (normas  posteriores  han  variado  su estructura) proteja los  derechos  patrimoniales  en  conjunto  con  la autonomía personal, no significa  necesariamente  que cuando la víctima hace, tolera u omite “cosa distinta” a lo  exigido  (como  acudir a la autoridad, simular la entrega, salir del país etc.)  es  porque  su  voluntad  no  alcanzó  a ser doblegada por el sujeto activo, y,  entonces,  se  está  frente al conato. No. Esa conducta revela es que la fuerza  moral  produjo  el  efecto  intimidante  y  que,  por tanto, la persona sí fué  constreñida.  Y  revela  que  la  conducta  puso  efectivamente  en  peligro su  patrimonio,  de  manera  determinante  y  categórica, porque era idónea y fué  suficiente  para  sojuzgar  su  voluntad.   Pero  esa  puesta en peligro no  supone  la  tentativa  sino que constituye el resultado sicológico que defina y  caracteriza  la  figura  porque  ella,  en  sí misma, es de peligro en  su  proyección   patrimonial   y   de   resultado   en   su  proyección  sobre  la  autonomía.   

5. Será que en la nueva estructura típica,  la  de la ley 40 de 1993 (art 32 inc. 3o) habrá que esperar a que el acto   teleológico   de   contenido  terrorista  se  consume  para  poder  aceptar  la  consumación  de  la  extorsión  ?   Es  que  la dinámica del delito y su  gravedad,  que  son  las que justifican su tipificación autónoma, muchas veces  resultan  produciendo  un  daño  más  intenso,  público y privado. Si no , el  legislador  no  se  molestaría  en  separar  las  conductas  a través de tipos  autónomos y en graduar su punibilidad.   

Con todo comedimiento,  

CARLOS E MEJIA ESCOBAR  

     

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