8843 (07-02-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    DICTAMEN  PERICIAL/ VIOLACION INDIRECTA  DE LA LEY   

1.-El  juez  no  está  obligado a aceptar el  dictamen  pericial,  pues ostenta la facultad de admitirlo total o parcialmente,  o de rechazarlo como ocurre en cualquier otra prueba.   

2.-Lo  demandable  en  casación por la vía  escogida  (violación indirecta de la ley) es la existencia de errores cometidos  en  la  apreciación  probatoria  que  afecten  la legalidad de la sentencia, no  simplemente  el  querer  imponer  la  visión  que  la parte actora tenga de las  pruebas,  pues  si  ello  fuere  aceptado comportaría el desconocimiento por el  juez  de casación de la facultad que le asiste a las instancias para valorar de  acuerdo  con  las reglas de la sana crítica los elementos de juicio allegados a  la investigación.      

Proceso No.  8843  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    Dr.  RICARDO CALVETE  RANGEL   

                                                   Aprobado Acta No. 16   

Santafé  de Bogotá D.C., febrero siete de  mil novecientos noventa y seis.   

         V I S T O S   

Procede  la  Sala  a resolver el recurso de  casación  interpuesto  por  la  Procuradora  Doce Judicial en lo Penal y por el  defensor  de  la  procesada  MARLENE  GONZALEZ  ZARTA,  contra  la sentencia del  Tribunal  Superior  de  Santa  Fe de Bogotá, confirmatoria de la dictada por el  Juzgado  Cuarenta  y  Cinco  Penal  del Circuito de la misma ciudad, mediante la  cual  se  condenó  a  la  acusada  a  la  pena  principal de cinco (5) años de  prisión     y    la    accesoria    de    interdicción    de    de­re­chos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  negándole  el beneficio de la condena de ejecución condicional,  por el delito de homicidio preterintencional.   

         I. H E C H O S   

Han  sido  sintetizados  por las instancias  así:   

         “Tuvieron  ocurrencia  en  la  mañana  del  diez de octubre de mil  novecientos  noventa  y  uno,  dentro  de  la habitación número 30 del ‘Mesón  Coconito’,  ubicado  en  la  transversal  93  No.52-21  de esta ciudad, donde el  señor  CARLOS  ALBERTO CARDONA ROA perdió la vida a causa de embolismo gaseoso  secundario  a  herida  de  vena yugular izquierda con arma cortopunzante. Siendo  pertinente  agregar,  que dicho apartamento lo compartía con la señora MARLENE  GONZALEZ   ZARTA  quien  también  presentaba  algunas  heridas  en  el  cuerpo,  ocasionadas igualmente con arma blanca”.   

El  Juzgado Ochenta y Nueve de Instrucción  Criminal   Permanente   de   la  época  adelantó  la  indagación  preliminar.  Posteriormente  avocó  el  conocimiento  el Juzgado Treinta y Dos, despacho que  ordenó   la   apertura  de  la  investigación  a  la  cual  vinculó  mediante  indagatoria  a  MARLENE  GONZALEZ  ZARTA, resolviéndole la situación jurídica  con   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  el  delito  de  homicidio.   

Mediante oficio No.669-92 PAT, el Instituto  de   Medicina  Legal  -Sección  Patología  Forense-  remitió  al  juzgado  la  respuesta  al cuestionario que previamente le fue formulado. Entre los conceptos  obtenidos,  los peritos estimaron que la presencia de las heridas de vacilación  que   presentaba  el  cadáver,  resultaban  “altamente  sugestivas  de  que  el  individuo  se autoinfligió” las mismas, como también que “La muerte se produjo  muy   seguramente   de   manera  accidental”  por  el  tipo  de  heridas  en  el  cuerpo.   

El  Juzgado  Treinta  y Dos de Instrucción  Criminal  calificó  el  mérito  del  sumario  el  22  de  mayo  de  1992,  con  resolución  de  acusación  contra  MARLENE  GONZALEZ  ZARTA  por  el delito de  homicidio  simple. Apelada esta decisión fue confirmada en su integridad por la  Fiscalía   Delegada   ante   los   Tribunales   de   Santa   Fe  de  Bogotá  y  Cundinamarca.   

El  Juzgado  Cuarenta  y  Cinco  Penal  del  Circuito  tramitó la etapa del juicio y dictó sentencia condenatoria contra la  procesada  por  el  delito  de  homicidio preterintencional, fallo que recurrido  confirmó el Tribunal Superior.   

         III. L A S   D E M A N D A S   

A-   Demanda  presentada por la Procuradora Doce Judicial  Penal.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera de  casación,  cuerpo  segundo  contemplada  en  el  art.220  del  C.  de  P.P.  la  Procuradora  formula  un  único  cargo  en  el  que  acusa  el fallo de segunda  instancia  por  considerarlo “violatorio en forma indirecta de la ley sustancial  a   causa   de   manifiesto   error   de   hecho   en  la  apreciación  de  una  prueba”.   

Afirma  que el error mencionado originó la  falta  de  aplicación  del  art.248  del C. de P.P. anterior -artículo 445 del  Decreto  2700  de 1991- y la consiguiente aplicación indebida del artículo 325  del C.P.   

En el desarrollo de la censura, comienza la  recurrente   por   advertir   cuando  se  estructura  el  error  de  hecho  como  consecuencia   de  un  falso  juicio  de  identidad,  porque  la  prueba  se  ha  tergiversado  o  distorsionado, para decir que esta es la modalidad y naturaleza  del  yerro  que  acusa  y  que  motivó  la  afirmación  de  responsabilidad  y  consecuencialmente  la  sentencia  condenatoria  contra  la  procesada  GONZALEZ  ZARTA.   

En  relación  a  la  autoría  del  hecho  juzgado,  sostiene que “la incertidumbre es el común denominador en el proceso”  lo  que  además  se  infiere,  en su criterio, por la manera en que el Tribunal  describe los hechos en la sentencia impugnada.   

Respecto  a las afirmaciones exculpativas”  que  la  procesada rindió, entiende la libelista que esta versión no puede ser  objeto  de  cuestionamiento  en  punto  de que deba o nó dársele credibilidad,  toda  vez  que  ello implicaría desviar el camino de acusación que se  ha  escogido.  Sin embargo sostiene que ellas “permanecerán incólumes” en tanto se  admita  “la  existencia  del  yerro en que incurrió el juzgador” al analizar el  dictamen pericial visto al folio 351 y ss. del expediente.   

Recuerda  la  recurrente  que  la  inicial  experticia  médico legal contenida en el protocolo de necropsia, fue ampliada a  petición  de  la  parte  civil  en  lo  atinente  a dilucidar si conforme a las  descripciones  de  las  heridas pudo causárselas el mismo Cardona Roa, y aunque  estima  que  con  “las  nuevas  conclusiones  del  perito nada se esclareció al  respecto”,  de  dicha prueba entiende que se deriva y fortalece la duda sobre la  autoría del hecho investigado.   

Si  acorde con la peritación referida, la  presencia  de  las  heridas que Cardona Roa presentó “es altamente sugestiva de  que  el  individuo  se  autoinfligió”  las mismas y que por todo el conjunto de  factores  que las desencadenaron, se afirma además “que el evento más probable  en  este  caso  es  que  el mismo individuo se causara las heridas con el fin de  estimularse   sexualmente   y  la  intención  de  obtener  placer”,  coligiendo  finalmente    que   “la   muerte  se  produjo  muy  seguramente  de  manera  accidental,  pues  por  el  tipo  de  heridas  es poco probable que el individuo  intentara  suicidarse,  aunque no puede descartarse tal eventualidad”, dentro de  la  transcripción que hace la demandante, entra a considerar que en el presente  caso  “no  se  han respetado las decisiones objetivas que revela el contenido de  este   medio   de   convicción”   que   es   el   que   demanda  por  error  de  hecho.   

Agrega  que  si el propio forense destaca,  que  lo  más  probable  es que el hoy occiso se autoinfligiera las heridas “mal  hizo”  el  fallador  en deducir de tal experticia que aquellas fueron obra de la  procesada,  cuando  antes  bien  ella misma manifestó desde un principio que su  amante   era  el  artífice  de  las  mismas,  circunstancia  que  al  no  poder  descartarse  por  otra prueba, debe favorecer a GONZALEZ ZARTA en aplicación de  los principios de presunción de inocencia e in dubio pro reo.   

Como  consecuencia  de  lo  anterior,  en  criterio  de  la  recurrente,  la Corte debe “otorgarle el sentido objetivo a la  prueba  pericial”,  solicitando  que se case la sentencia y se profiera el fallo  de sustitución, absolviendo a la procesada.   

B-   Demanda  presentada   por   el   defensor   de  la  procesada    GONZALEZ   ZARTA.   

Al  amparo  de  la  causal primera, cuerpo  primero,  consagrada  en  el  art.220  del  C.  de  P.P., el demandante acusa la  sentencia  de  segunda instancia en un único cargo por violación directa de la  ley sustancial.   

Recuerda  el  censor  que su defendida fue  condenada  por  el delito de homicidio preterintencional, y con el propósito de  predicar  de  qué  manera  se  estructura  este  punible  hace referencia a las  diversas  teorías  que sobre este tema se han debatido en la doctrina nacional,  citando  al  profesor  Reyes  Echandía,  que  precisa que cualquiera que sea la  escogida  “todas  demandan  que  el primer resultado  debe    imputarse    a   título   de   dolo”   .   

En  cuanto  a  la  tesis que admite que el  segundo  evento  pueda  imputarse  a  título  de  dolo eventual, señala que es  criticable,  porque  el  dolo  eventual  además  de la previsión del resultado  supone  su  anticipada  aceptación “lo que no ocurre  en  el  delito preterintencional”, pues si así fuera  sobraría  la figura, ya que de los delitos con dolo eventual el agente responde  de   la   misma  forma  que  de  los  cometidos  con  cualquier  otra  clase  de  dolo.   

Como  consecuencia  de lo anterior, afirma  que  en  el  caso que nos ocupa no se puede predicar que las lesiones personales  que  se  atribuyeron  a  la  procesada  se hubieren ocasionado a título de dolo  eventual,   de  donde  se  descarta  jurídicamente  la  comisión  del  punible  ultraintencional por el que se le condenó.   

Del  anterior  planteamiento  colige  el  censor,  que  si  la  conducta desplegada por su patrocinada era digna de algún  reproche  debía  haber sido a título culposo, toda vez que pudiendo prever las  consecuencias  nocivas de su comportamiento no las previó, o, aún habiéndolas  previsto confió indebidamente en poder evitarlas.   

En síntesis, “se equivocó tan ampliamente  el  juzgador  que  se predicó de la conducta  de la procesada que respecto  de  las  lesiones  actuó a título de dolo eventual y del resultado también se  le aplica esta figura”.   

Agrega  a  lo  anterior,  “que en ningún  estadio  procesal  aparece  probado  que las lesiones hubiesen sido efectuadas a  título  de  dolo,  de  donde  se desprende que necesariamente tendrían que ser  culposas  y,  si  el  resultado  (muerte)  también se produjo sin el querer del  agente,  resulta  injurídico  sumar  dos  culpas  en cuanto hace relación a un  comportamiento humano”.   

Precisa   como   normas   violadas  por  aplicación   indebida   el  art.325  del  C.P.,  señalando  que  conforman  la  proposición  lo  preceptuado  por  los  artículos  36,  37,  38  y  39  de  la  codificación   en   comento,   habiéndose   dejado   de   aplicar  el  art.329  ibidem.   

Finalmente  solicita a la Corte, que case  el fallo impugnado y dicte el que deba reemplazarlo.   

       IV. CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  en lo  Penal  (E),  sugiere  a  la  Corte  no  casar  la  sentencia  impugnada  por las  siguientes razones:   

a.-  Primera  Demanda   

Califica  la  censura  presentada  por la  Procuradora  Doce  en  lo judicial como “inconsistente”, toda vez que no resulta  cierto  que  el  Tribunal  haya  desconocido la objetividad de la prueba médico  legal,  ni  en cuanto se refiere a la característica de la “vacilación” que el  forense  le otorgó a las lesiones y específicamente a la mortal, ni respecto a  la  consecuencia  de  esta  apreciación,  esto  es,  a  la  posibilidad  de  la  autocausación   de   las   mismas   por   parte   de   Carlos  Alberto  Cardona  Roa.   

Para  el  efecto transcribe el aparte del  fallo  recurrido en el que el Tribunal se refiere a la valoración probatoria de  la  pericia  médica, de la cual se desprende que no se desconoció el contenido  material  del  dictamen  y  el  punto  de  ataque de la recurrente fue tenido en  cuenta  en  los  exactos  términos  expuestos por el legista, “solo que para el  ad-quem  esa probabilidad no alcanzó a ser suficiente para la certeza, debido a  que,  en  su  criterio,  la  dirección  de  las  heridas  y ‘la característica  masoquista’   de   la  víctima, permitían desvirtuarla”.   

Concluye  la  Delegada  que  no se trata,  entonces,  de una distorsión probatoria, sino de una divergencia valorativa, en  la  medida  en  que  mientras para el Tribunal la probabilidad de suicidio está  desvirtuada,  para  la  demandante  quedó  en  el  estado  de  duda,  “lo  cual  imposibilita  la  censura al trasladarse al error de derecho por falso juicio de  convicción,  ataque  que  como es sabido, no  procede cuando de cuestionar  el  valor  probatorio  del  juzgador  se trata, ya que esta clase de ataque solo  sería  posible  en  los  sistemas  tarifados  de  prueba,  que  no  es  el caso  nuestro”.   

Estima  que  “si  bien  es imprescindible  poner  en evidencia la inconcusa afirmación que hizo el Tribunal en el párrafo  transcrito,  cuando  para desechar la probabilidad del suicidio afirma que, esto  no  es posible si se tiene en cuenta ‘la dirección de las heridas, incluída la  mortal’,  pues  ‘tienen  orientación  de izquierda a derecho (sic), no obstante  que  el occiso era diestro’, ya que esta consideración tomada en forma insular,  en  lugar  de  desvirtuar  la hipótesis de legista lo que haría es darle mayor  fuerza  corroborativa,  toda  vez que, precisamente si la víctima era diestra y  la  dirección  de  las  heridas  tienen orientación de izquierda a derecha, es  éste  el  sentido  normal de la dirección para los que no son siniestros. Debe  por  tanto,  entenderse  esta  afirmación  dentro  del  contexto  que impone la  remisión  argumentativa  que  la  precede,  esto  es, la inferencia que hizo el  funcionario  instructor cuando resolvió la situación jurídica de la procesada  a  folio  155,  a  integrar  esta conclusión excluyente con el hecho de haberse  encontrado  el cuchillo en la mano izquierda  del occiso, pues es bajo esta  unidad    que    procede    la    negación    de   la   referida   probabilidad  suicida”.   

Agrega  que  no  cabe duda que este es el  argumento  del  Tribunal,  ya  que la remisión expresa que se hizo, en cuanto a  reafirmar  la  inferencia  del  instructor,  inclusive  con  la  cita  del folio  pertinente, así lo indica.   

Concluye que, contrayéndose la censura a  una  discrepancia  valorativa,  aunada a lo trunco del ataque en cuanto a que la  supuesta  distorsión  probatoria  carece  de demostración, pues se queda en la  simple  afirmación que apoya la censora en la transcripción de los apartes del  dictamen  en  los  cuales  el  legista señaló la referida probabilidad, fuerza  colegir,  que el cargo no está llamado a prosperar, habida cuenta que cualquier  intento  por  contestar  el  fondo  de  la inconformidad, implicaría el estudio  oficioso  de la prueba y la consiguiente fijación de una determinada inferencia  indiciaria,   lo   cual   desbordaría   los   límites   de  la  casación  que  jurisprudencialmente  han  permitido  afirmar  las  presunciones  de legalidad y  acierto que amparan las valoraciones del juzgador.   

b.-  Segunda  Demanda   

La  Delegada empieza por señalar que “el  casacionista  fundamenta  el ataque en la discrepancia de su criterio con el del  Tribunal,  en el sentido de que el primer resultado típico, es decir, el delito  de  lesiones  personales no es doloso sino culposo y para ello, si bien, primero  trata  de ahondar en la naturaleza jurídica de la preterintención para inferir  que  el  segundo  resultado  no  puede  ser atribuido con dolo eventual sino por  culpa,  es lo cierto que, sin aclaración alguna, pasa a cuestionar lo referente  al  primer  delito  insistiendo  en  que  éste  solo es atribuíble a titulo de  culpa.   

En  estas condiciones, para el Ministerio  Público  es  evidente  que  el  cargo debió dirigirse por la vía indirecta de  violación  a  la ley sustancial y no por la directa como lo propone, “ya que al  deducir  el  Tribunal la imputación dolosa para el primer resultado típico, lo  hizo  como  consecuencia  de  la  valoración  probatoria  que en su criterio le  permitió  llegar  a  ese  concepto, lo cual indica que si se discrepa de él es  porque  se difiere de la referida apreciación respecto de las pruebas aportadas  al  proceso,  y  una  tal  censura  solo  es posible con fundamento en el cuerpo  segundo de la causal primera de casación”.   

Agrega que lo anterior es cierto, conforme  se  desprende  de  lo  consignado en el acápite dedicado a las conclusiones del  libelo.   

Advierte que la demanda carece no solo de  claridad  y  precisión  como  lo  exige  la  ley  procesal,  “sino  también de  seriedad”,  pues  la labor del demandante se remite a reproducir sintéticamente  las  teorías  expuestas  por  la  doctrina  sobre la naturaleza jurídica de la  preterintención  y con fundamento en este marco teórico” pasa a señalar   sus  conclusiones,  sin  ninguna  demostración  que las preceda, “y de haberla,  tendría  que  ser de índole probatoria, con lo que se refuerza más la aludida  equivocación de la vía casacional escogida por el demandante.   

Añade,  que  como  si  lo anterior fuera  poco,  entra  a  cuestionar  la decisión del Tribunal por haberle imputado a la  procesada  el  segundo  resultado  delictivo  a título de dolo eventual, cuando  carece  de  verdad,  ya  que  por  contrario,  lo  que afirmó el ad-quem previo  razonado  análisis,  fue  “que  este  segundo  delito  se imputaba a título de  culpa. Así el cargo, no esta llamado a prosperar”.   

       V. CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

A.-   Demanda    presentada    por    la    Procuradora    Doce   Judicial    Penal.   

La  actora,  dejando  de  lado las reglas  propias  de  este  recurso  estraordinario,  en  el libelo se limita a consignar  apreciaciones   que  desconocen  el  análisis  probatorio  adelantado  por  los  falladores  de instancia, sin lograr demostrar los errores que permitan pregonar  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial que invoca, porque simplemente  traducen  su  pensamiento  sobre  el particular, pretendiendo hacerlo prevalecer  sobre  el  de  los sentenciadores, vertido éste -como lo reflejan los fallos de  primero  y  segundo  grado- tras racional y ponderado estudio de la prueba, como  correspondía,    para    descartar    la    duda    cuyo    reconocimiento   se  reclama.   

La   demandante   sostiene  que  en  la  evaluación  probatoria el Tribunal incurrió en error de hecho por falso juicio  de  identidad,  al  tergiversar el contenido material del dictamen médico legal  que  obra  a  folio  351  y ss. del expediente, por cuanto a pesar de afirmar el  legista  que  el  hoy  occiso  “presentaba heridas de vacilación”, que el mismo  explica  como  “heridas  superficiales  paralelas,  cuya  presencia es altamente  sugestiva   de   que   el   individuo   se  inflingió  las  heridas,  pues  sus  características  indican  la ‘duda’ que el mismo tiene para producírselas”, no  respetó  “las  dicciones  objetivas  que  revela  el contenido de este medio de  convicción”.   

El yerro que plantea se queda simplemente  en  el  enunciado,  careciendo  totalmente  de demostración, pues la censora se  limita  a  transcribir los apartes pertinentes del dictamen de Medicina Legal, y  sin  confrontarlo  con  lo consignado al respecto en los fallos de instancia, ni  hacer  referencia alguna al análisis probatorio allí efectuado, afirma que mal  hizo  el  sentenciador  en  dar  por establecido con apoyo en esta prueba que la  autora  de  las  lesiones haya sido MARLENE GONZALEZ ZARTA, cuando ella misma en  sus  descargos atribuye a su amante ser el causante, sin que en el presente caso  obre prueba suficiente para descartarlo.   

Los  fallos  de  primero  y segundo grado  integran  una  unidad  inescindible,  toda  vez  que el Tribunal en la sentencia  impugnada  consideró que “la realidad que evidencia el informativo, valorada en  conjunto,  permite  llegar  a  la  conclusión consignada en el fallo de primera  instancia,   que   la   Sala  comparte,  alejada  de  subjetividad,  carente  de  especulación    fundada    en    meras    hipótesis,    y    por    ende    en  conjeturas”.   

Al   referirse   el  Juez  a-quo  a  la  valoración de la pericia médica en cita, expuso:   

       “Medicina  Legal  al responder al cuestionario formulado da cuenta  que  las  heridas  de  bacilación  (sic)  son  altamente  sugestivas  de que el  individuo  se  autoinfligió las heridas, sus características indican la ‘duda’  que  el mismo tiene de producírselas, observándose que el occiso presentaba en  el  hemiabdómen  izquierdo  lesiones  antiguas…  Que  revisado  el proceso se  concluye  que  el  individuo  en  el  momento  de  su  muerte  se  encontraba en  circunstancias   particulares   de  las  cuales  se  puede  deducir  que  tenía  alteraciones  de  la  conducta  sexual  (sadomasoquista)  es  decir que obtenía  placer  sintiendo  y  produciendo dolor físico o sufrimiento moral, concluyendo  que  el mismo individuo se causó las heridas a fin de estimularse sexualmente y  …obtener   placer;  que  la  muerte  se  produjo  muy  seguramente  de  manera  accidental,  pues  por  el tipo de las heridas es poco probable que el individuo  tratara     de     suicidarse,     aunque     no     puede    descartarse    tal  eventualidad…”.   

       “Según  la  Academia  de  la  Lengua,  masoquismo  quiere  decir:  “Perversión  sexual  del  que goza con verse humillado o maltratado por persona  del  otro  sexo”.  y  sadismo:  “Perversión  sexual  del  que provoca su propia  excitación cometiendo actos crueles en otra persona”.   

Luego   de   hacer   referencia  a  las  explicaciones  dadas  al  respecto  por  Freud,  el  Juez  de  primera instancia  concluye:   

       “De  acuerdo  con esta expresión vemos que la conducta del occiso  está  bien  determinada  por  medicina  legal  cuando  dice  que  se  trata  de  sadomasoquista,  pues recibió lesiones y el mismo se las produjo a la mujer. No  está  de acuerdo el despacho cuando Medicina Legal dice que las lesiones se las  produjo  el  mismo occiso, teniendo en cuenta las heridas bacilantes (sic) vemos  claramente  que  las  lesiones las debe recibir de otra persona de sexo opuesto,  no por la misma persona”.   

La  conclusión  del  Tribunal  sobre  el  particular es del siguiente tenor:   

       “El  planteamiento  hipotético  que  hace  el  proceso acerca del  suicidio   de   la   víctima,  apoyado  en  las  conclusiones  de  probabilidad  que  formula  la pericia  forense  (fl.355  ib),  aparece  descartado  y  así  lo  preanunció  el  mismo  funcionario  instructor  desde  el momento en que dictó medida de aseguramiento  en  contra  de  la indiciada (f.149 ss., concretamente a página 155 ib), cuando  resaltó  la  dirección  de  las  heridas,  incluída  la  mortal,  que  tienen  orientación  de  izquierda a derecha, no obstante que el occiso era diestro, lo  cual,  ciertamente no deja de ser significativo; pero el argumento de mayor peso  y  entidad  probatoria  frente  a  este  extremo  de  la cuestión, lo arroja la  característica         masoquista   del   extinto,  patología  de  la  expresión  sexual  que  se  caracteriza  en  su  descripción  y  análisis  científico,  por  la tendencia  marcadamente  pasiva  de  quien  la padece y sufre, ya que encuentra la voluptuosidad  y el placer de  dicho  instinto, precisamente, en los golpes, humillaciones, vejámenes y demás  laceraciones,   ya  referidas  atrás  (cfr.  rgstro  Nos.  2  y  3)  a  que  se  somete”.   

Enseñan  las transcripciones precedentes  que  los  falladores  de  instancia  no  alteraron  el  contenido  material  del  dictamen,  pues  fue  consignado  en  los  exactos  términos  expuestos  por el  legista,  sólo  que para los sentenciadores la posibilidad que éste plantea no  puede  ser  aceptada  debido  principalmente  a “la característica masoquista” de la víctima que permite  desvirtuarla;   consideración   esta,   que  no  constituye  error  de  ninguna  naturaleza,  toda vez que es verdad conocida e indiscutible que el juez no está  obligado  a  aceptar el dictamen pericial, pues ostenta la facultad de admitirlo  total   o   parcialmente,   o  de  rechazarlo  como  ocurre  en  cualquier  otra  prueba.   

De  otro lado, la afirmación que hizo el  Tribunal  en  el parágrafo transcrito, cuando para descartar la probabilidad de  suicidio  sostiene  que  esto no es posible si se tiene en cuenta “la dirección  de  las  heridas, incluída la mortal”, pues “tienen orientación de izquierda a  derecha,  no  obstante  que  el  occiso  era  diestro”,  como bien lo destaca la  Procuradora  Delegada,  debe  entenderse  dicho  aserto  dentro del contexto que  impone  la  argumentación  que  la  precede, esto es, la inferencia que hizo el  funcionario  instructor cuando resolvió la situación jurídica de la procesada  -folio  155-,  al  integrar  esta  conclusión  excluyente con el hecho de haber  encontrado  el  cuchillo  en  la  mano  izquierda del occiso, “pues es bajo esta  unidad que procede la negación de la referida probabilidad”.   

La Sala, de acuerdo con el concepto de la  Delegada,  entiende que no se trata entonces de una distorsión probatoria, sino  de  una divergencia valorativa, en la medida en que mientras para el Tribunal la  posibilidad   que   plantea   el   legista   no   puede   aceptarse   por  estar  desvir­tua­da,   para   la   demandante  sigue  existiendo    el    estado    de    duda   que   en   su   criterio   debe   ser  reconocida.   

Olvida  la libelista que lo demandable en  casación  por  la  vía  escogida  es  la existencia de errores cometidos en la  apreciación   probatoria   que   afecten  la  legalidad  de  la  sentencia,  no  simplemente  el  querer  imponer  la  visión  que  la parte actora tenga de las  pruebas,  pues  si  ello  fuere  aceptado comportaría el desconocimiento por el  juez  de casación de la facultad que le asiste a las instancias para valorar de  acuerdo  con  las reglas de la sana crítica los elementos de juicio allegados a  la investigación.   

En  estas  condiciones no está llamada a  prosperar  la  censura  por  violación  indirecta de la ley sustancial, pues la  actora  no  demuestra  ningún  error  en  la  apreciación  de  los  medios  de  convicción,  y  su alegación se queda en enfrentar su personal apreciación de  la  prueba  con  la  del Tribunal que está amparada por la doble presunción de  acierto y legalidad.   

B.-              Demanda  presentada  por  el  defensor de MARLEN GONZALEZ ZARTA.   

Arguye el demandante violación directa de  la  ley  sustancial por falta de aplicación del artículo 329 del Código Penal  que  tipifica  y  sanciona  el  homicidio  culposo,  y  aplicación indebida del  artículo  325 ibidem que describe el delito de homicidio preterintencional, por  el que se condenó a la procesada.   

Las  objeciones  capitales  que son dable  hacerle  al  libelo,  puede  sintetizarlas  así la Sala en total acuerdo con la  Procuradora Delegada.   

Doctrina  y  jurisprudencia han señalado  que  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  presupone  respeto  a  la  situación  fáctica  considerada  por el Tribunal. Por consiguiente, se falta a  la  técnica de la casación, cuando invocándose  dicha causal y modalidad  se     desconoce     la     valoración    probatoria    reconocida    por    el  sentenciador.   

El  argumento  central  del  casacionista  radica  en  que el primer resultado típico, esto es, las lesiones personales no  es  doloso  sino culposo. Para llegar a esta conclusión afirma: “Ha de anotarse  que  en  ningún estadio procesal aparece probado que las lesiones hubieran sido  a  título  doloso;  de  donde se desprende que necesariamente tendrían que ser  culposas  y,  si  el  resultado  (muerte)  también se produjo sin el querer del  agente;  resulta  antijurídico  sumar  dos culpas en cuanto hace relación a un  solo comportamiento humano”.   

La  anterior transcripción de la demanda  pone  en evidencia, que el censor discrepa de la valoración probatoria respecto  de  las  pruebas aportadas al proceso, que le permitieron al Tribunal deducir la  imputación  dolosa  para  el  primer  resultado  típico,  censura  que solo es  posible  con  fundamento  en  la violación indirecta de la ley y no por la vía  directa como se propone.   

Para   que  el  motivo  escogido  fuera  procedente,  se  necesitaba  que  el Tribunal hubiera reconocido que la conducta  que  se  atribuye  a la procesada se realizó a título de culpa, descartando la  comisión  del  punible  ultraintencional  y  predicando  el delito de homicidio  culposo,  y  no obstante ello, se hubiera dejado de aplicar el artículo 329 del  Código  Penal que reclama el libelista, lo cual en el presente caso no ocurrió  como pasa a demostrarse.   

El  Tribunal  en  la sentencia recurrida,  luego  de  descartar  el  dolo, precisó que “tampoco puede alegarse en estricto  derecho,  el  fenómeno  culposo,  el  cual  parte,  en  su fase inicial, de una  conducta  lícita o, al menos, indiferente jurídicamente, que viene a producir,  a  la  postre,  un  resultado  lesivo  no  buscado ni querido, pero previsible y  evitable, por consiguiente, que lo coloque por fuera del   

caso fortuito o la fuerza mayor, límites  naturales de la culpabilidad”.   

En  cambio  consideró,  que “la realidad  probatoria  acredita  y permite llegar a la inferencia que guió el razonamiento  del  juzgado  acerca  del  homicidio  preterintencional,  como  tercera forma de  expresión  de la culpabilidad. Es innegable que la acusada, en el desarrollo de  su  conducta  orientada  hacia  la  consecución  de  placer  erótico,  hubo de  utilizar  medios  lesivos de la integridad física de su  partner y de ella  misma,  como  lo  revela  el  reconocimiento  médico  a  que  fue sometida y lo  describe  el  informe  de policía judicial que conoció de los macabros hechos.  Luego  si tuvo conocimiento del acto, en su valor y alcance jurídico, contenido  en  la  prohibición  legal  tipificada  en  el artículo 331 del C.Penal. Puede  predicarse  entonces  la  ocurrencia  de  un  dolo menor, productor de un evento  mayor, no querido, ni buscado por la implicada…”   

En  síntesis,  el demandante se limita a  hacer  una  breve  presentación de las teorías expuestas por la doctrina sobre  la  naturaleza  jurídica  de  la preterintención y con fundamento en ese marco  teórico  concluye  sin  haber  realizado  ninguna  demostración,  que no puede  predicar  que  las  lesiones  personales  que  se  atribuyen  a  la procesada se  hubieran  ocasionado  a  título  de  dolo  eventual,  de  donde  se descarta la  comisión del punible ultraintencional por el cual fue condenada.   

Otra  falla  en  que incurre el libelista  radica  en  hacer una afirmación que no coincide con la realidad procesal, toda  vez  que  no  es  cierto  que  el  Tribunal haya imputado el segundo resultado a  título  de dolo eventual, ya que por el contrario, el fallador fue enfático en  expresar  que,  “no  es  dable  pregonar  la  ocurrencia del dolo eventual en la  connotación  jurídico-doctrinaria  ya  explicada”, y como consecuencia de ello  el segundo resultado fue imputado a título de culpa.   

En estas condiciones, el único cargo que  formula el casacionista será desestimada.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE CASACION PENAL, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la Ley,   

       R E S U E L V E   

NO     CASAR     la     sentencia  impugnada.   

Cópiese,  cúmplase y devuélvase al  Tribunal de origen.   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA RIPOLL            RICARDO  CALVETE RANGEL   

JORGE    CORDOBA   POVEDA                           CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE   

CARLOS   E.  MEJIA  ESCOBAR                      DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON   PINILLA   PINILLA              JUAN  MANUEL   TORRES   FRESNEDA                                     

                                     PATRICIA     SALAZAR  CUELLAR   

                                               Secretaria   

     

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