16089j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 16089  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado   Acta   N°  125  (agosto  25  de  1999)   

          Santafé  de  Bogotá,  D.  C., treinta de agosto de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS:  

          El  Tribunal  Superior  de  Montería  dictó  el  fallo  de segunda  instancia  fechado  el  31  de  mayo  de  1999,  confirmatoria  de  la sentencia  condenatoria  de  primera  instancia  proferida por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  la misma ciudad, por medio de la cual se impuso al abogado REYNERO  MOLINA  VERGARA  la  pena  principal  de seis (6) meses de prisión, al hallarlo  responsable   del  delito  de  falsa  denuncia  contra  persona determinada.   

          El  defensor  del procesado ha interpuesto el recurso extraordinario  de  casación,  por  la  vía  discrecional,  con el señalamiento de que fueron  desconocidas    las    garantías    fundamentales    al   doctor   Molina  Vergara,  de  conformidad  con  el  inciso final del artículo 218 del Código de Procedimiento Penal.   

          Corresponde  a  la  Corte  decidir  sobre  la  admisibilidad  de  la  casación excepcional propuesta.   

ANTECEDENTES :  

          Gracias  a  la  información que suministran las instancias, se sabe  que  el  27  de  marzo  del  año  de  1992,  el  abogado REYNERO MOLINA VERGARA  denunció  al  señor  EBERTO  BURGOS  MENDOZA por un presunto delito de estafa,  hecho  del  cual  conoció el doctor GUSTAVO PADILLA CAFIEL, en su condición de  Juez    Once   de   Instrucción   Criminal,   quien   se   abstuvo   de   abrir  investigación.   El denunciante agotó los recursos para tratar de remover  la  decisión  inhibitoria y, tras el fracaso en dicha vía, optó por denunciar  penalmente  al  funcionario instructor, el día 20 de agosto del mismo año, por  una  hipótesis de prevaricato, denuncia que entonces fue atendida por la Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Sincelejo y culminó el  trámite  de la misma con una resolución inhibitoria, interlocutorio este que a  su  vez  fue  confirmado  por  la  Unidad  de Fiscalía ante la Corte Suprema de  Justicia.   

          Como  el  funcionario  instructor denunciado estimó que había sido  víctima   de   una  denuncia  temeraria  por  parte  del  abogado  Molina  Vergara,  puso en conocimiento los  hechos  de  la competente autoridad judicial, motivo por el cual la Fiscal Trece  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Montería,  después de  impulsar  la  investigación,  profirió  resolución  acusatoria  en contra del  procesado  REYNERO MOLINA VERGARA, fechada el 26 de marzo de 1997, como autor de  un   delito   de   falsa   denuncia   contra  persona  determinada,  previsto en el artículo 167 del Código  Penal,   y  cometido  en  perjuicio  de  la  administración  de  justicia  (fs.  104-109).   

          Adelantado  el  juzgamiento,  el  Juez Primero Penal del Circuito de  Montería  dictó  sentencia  condenatoria en contra del acusado, el 11 de marzo  de  1999, y congruentemente con el cargo expuesto en la acusación, le impuso la  pena  principal  de seis (6) meses de prisión 

(fs.  213-230).   Merced  al  trámite  de  un recurso de apelación, el Tribunal  Superior,  por  medio  de  la  decisión  ya  reseñada,  confirmó  el fallo de  instancia (cuaderno 2ª instancia, fs. 4-20).   

          El  término  de ejecutoria de la sentencia de segundo grado corrió  entre  el  10  de junio y el 1° de julio del año en curso (fs. 26), pero el 30  de  junio  el  defensor  del  acusado  manifestó  que interponía el recurso de  casación,  de  conformidad  con lo preceptuado en el inciso final del artículo  218 del Código de Procedimiento Penal (fs. 27).   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          De  acuerdo  con  la  norma  que se acaba de citar, corresponde a la  Corte  pronunciarse  sobre  la concesión o negación del recurso extraordinario  de   casación,   sólo   en  lo  que  se  refiere  a  la  denominada  modalidad  discrecional.    Pues  bien,  en  relación  con  las  exigencias  para  la  procedibilidad   de   la   mencionada   impugnación  excepcional,  la  Sala  ha  determinado  interpretativamente  que,  si  se  trata  de  fallos  proferidos en  segunda  instancia  por un tribunal superior, es indispensable que se actúe por  un  delito  al  cual  legalmente  no  corresponde pena privativa de la libertad,  o   que  ésta  sea inferior a seis (6) años, pues en caso diverso la vía  adecuada  sería  la  casación  común  prevista en el inciso 1° del artículo  218.    

          De  igual  manera,  la Corporación ha sostenido que dicha casación  discrecional  debe  intentarse  dentro  de los quince (15) días siguientes a la  última  notificación del fallo de segundo grado, conforme con el artículo 223  del  C. de P. P., plazo dentro del cual también debe sustentarse debidamente el  recurso,  supuesto  que  no  existe otro término legal de destinación especial  para  hacerlo.   Además,  la  opugnación  sólo  puede  hacerse  por  uno  cualquiera  de los sujetos procesales legitimados en el texto del inciso último  del  citado  artículo  218  (autos de 21 de febrero de 1996, M. P. Fernando  E.  Arboleda Ripoll y 30 de junio  de  1998,  M.  P., Carlos E. Mejía Escobar).   

          Como  quiera  que  la  sentencia impugnada es de segundo grado y fue  emitida  por  un  tribunal  de  distrito,  como  finalización de un rito por el  delito    de    falsa    denuncia   contra   persona  determinada, cuya pena máxima es apenas de cuatro (4)  años  de  prisión (art. 167), y además el recurso fue propuesto por un sujeto  procesal  habilitado  para hacerlo (defensor), se tiene que hasta dicho punto se  cumplen      los      requisitos      legales      y      doctrinarios     antes  individualizados.   

          Sin  embargo,  en  relación  con  el  ámbito  y  cobertura  de  la  sustentación  del recurso discrecional, en el grado de suficiente para provocar  la sustanciación del mismo, la Corporación también ha dicho:   

“El hecho de que la casación discrecional  se  desvincule  de  los  presupuestos  objetivos contenidos en el inciso 1° del  artículo  218,  no  le  quita el carácter de recurso  extraordinario,  pues  seguirá  siendo eminentemente  rogado   (no   una   actuación   oficiosa  de  la  jurisdicción)  y  sujeto  a  la  exposición  sumaria  inicial  de  una violación  manifiesta de la ley.   

“De modo que no  sólo  deben  invocarse los dos únicos propósitos de realización que apoya la  ley,  esto  es,  el desarrollo de la jurisprudencia y la protección de derechos  fundamentales,  sino  que también debe presentarse verosímilmente la necesidad  de  uno o de ambos fines.  Así, el actor deberá  argumentar  sobre  la  ausencia  de definiciones jurisprudenciales, en relación  con   uno  o  varios  de  los  temas  discutidos  en  el  proceso;  o  también  indicar  demostrativamente  que  en el curso del mismo  hubo   infracciones   graves   a   los   derechos   fundamentales  que  debieron  garantizarse,  desde  luego  con  la suficiente individualización de los que se  estiman   violados   y   las   conductas   que   la   judicatura   que   a  ello  contribuyeron.   

“Lógicamente,  la exigencia no puede ser  de  otro  modo,  porque  la  Corte no podría entrar a auscultar el proceso para  declarar  motu  proprio que  el  asunto  merece  un  tratamiento jurisprudencial aún no dispensado, o de que  los  jueces  de  instancia  menoscabaron  algunas garantías fundamentales, pues  ello  equivaldría  a  entrar  oficiosamente en el fondo de la cuestión, sin la  provocación  procesal  suficiente  y  propia de los recursos.  Recuérdese  que  esta  actuación  de  oficio  de  la  Sala  también es excepcional y sólo  procede  cuando todo se ha habilitado mediante un recurso bien interpuesto y una  demanda  en  forma (art. 228 C. P. P.)”  (auto 4  de  noviembre  de  1998,  M.  P.  Jorge Aníbal Gómez  Gallego).   

          En  el  caso  examinado,  el  recurrente simplemente ha dicho que le  fueron  desconocidas  las  garantías  de  los  derechos fundamentales al doctor  Reynero  Molina Vergara, pero  no  indica  cuáles fueron las garantías vulneradas, tampoco expone el concepto  de  violación  ni  mucho  menos  la  trascendencia de la transgresión (fs. 27,  cuaderno  tribunal).   Esta mínima argumentación, se repite, debe hacerse  sumariamente  para  aspirar  a  que  el  recurso quede sustentado, pues, una vez  aceptado  el  recurso,  si fuere el caso, ya lo que sigue es la presentación de  la  demanda por los cauces insoslayables de las causales de casación dispuestas  en el artículo 220 del Código de Procedimiento Penal.   

          No se concederá el recurso propuesto.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Negar  el recurso extraordinario de casación discrecional propuesto  por el defensor del procesado REYNERO MOLINA VERGARA.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

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