15602i

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No.15602  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                      Magistrado Ponente:   

                                                      DR.MARIO MANTILLA NOUGUES   

                                                      Aprobado Acta No. 098   

                                                       Santafé  de Bogotá, D.C., seis (6) de  julio de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Dirime  la  Corte  el  conflicto de competencia que se ha suscitado  entre  el  Juzgado  Primero  Promiscuo del Circuito de Arauca  y un Juzgado  Regional  de Cúcuta para conocer de este juicio, que por el delito de homicidio  se    adelanta    contra    WILLIAM    TORRES   JAIMES.   

          A N T E C E D E N T E S   

          1.- El 15 de febrero de 1991 en horas de  la   tarde   la   señora   Blanca  Cecilia  Camargo  Hernández  al  viajar en un bus de servicio público  que  cubría la ruta entre el municipio de Arauca y la Inspección de Panamá de  Arauca,  fue  obligada  a  descender  en  un  paraje  solitario  por un grupo de  individuos  que subieron al vehículo, momento a partir del cual no se volvió a  tener  noticia  de ella. Las pesquisas adelantadas por sus parientes indican que  fue  víctima  de homicidio por parte de un grupo del llamado Ejército  de  Liberación  Nacional, al cual pertenecía como cabecilla el sujeto WILLIAM   TORRES   JAIMES,   quien  fue  señalado  por  testigos  bajo  reserva  como copartícipe del delito, motivo no  distinto  a  la  calidad  de  informante  del  Ejército Nacional que alguien le  atribuyó a la víctima.   

          2.- La investigación penal abierta para  establecer  los  hechos  fue  calificada  por  una Fiscalía Regional de Cúcuta  con  resolución  de  acusación  proferida  el  7 de  octubre  de  1998  por el delito de homicidio – artículo 323  C. P.-   agravado  por  las circunstancias 4a. y 7a. del artículo 324 ibíd. (fls. 273-292 cd. ppl.).   

          3.-  El  proceso  fue  remitido  a  los  Juzgados  Regionales  para  la  tramitación  del juicio, pero uno de estos  Despachos  con  sede  en  Cúcuta,  mediante auto del 30 de noviembre de 1998 se  declaró  carente  de  competencia  y ordenó la remisión del asunto al Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Arauca  en  reparto,  proponiendo colisión, en el  evento  de  desestimarse  su  argumento,  en  consideración  a que el delito de  homicidio  imputado  al  acusado  en  la  resolución calificatoria no  es  el agravado por la circunstancia  señalada  en   el  numeral  8o.  del  artículo 324 del C.P., que confiere  competencia   a la justicia regional de conformidad con el artículo 9o. de  la  Ley  81  de 1993; además para la fecha de los hechos el delito de homicidio  así  calificado no se hallaba sujeto a la competencia de los entonces jueces de  orden  público,  de acuerdo a lo establecido en el artículo 29 del Decreto 180  de   1988,  adoptado  como  legislación  permanente  por  el  Decreto  2266  de  1991.    

          4.-  También  el  Juzgado 1o. Promiscuo  del  Circuito  de Arauca al recibir el proceso declaró su falta de competencia,  aduciendo  que  si  bien la calificación impartida en la resolución acusatoria  al  delito  de  homicidio  imputado no mencionó la causal 8a. del artículo 324  del  C.P.,  el hecho punible tuvo como motivo determinante la creencia por parte  del  procesado,  cuya  pertenencia  a  un  grupo  subversivo se acreditó con la  sentencia  dictada  en  su  contra  por el delito de rebelión, de que la occisa  servía  de informante al Ejército Nacional; así, dice el funcionario, aparece  demostrado  con  los  testimonios  de  Víctor  Manuel  Sánchez, Miguel Antonio  Camargo,  “el  testigo  que  rindió  bajo reserva y la clave ANA”, Iván Darío  Osorio y María Elsa Camargo.   

          Trátase entonces, dice, de un homicidio:    

                      “… con  connotaciones  terrorista, dado que el propósito  perseguido por  los  agentes  del  delito  ,  o  mejor  por los grupos subversivos, es causar temor y  zozobra  en  la  población  a  fin  de  evitar  que  los  demás miembros de la  comunidad  imiten  este  tipo  de  conductas y con ello lograr asestar con mejor  éxito   sus   propósitos   delictivo   cuyo  destino  va  encaminado  finalmente a desestabilizar las instituciones democráticas”.   

                          “…   

                      “… nos  hallamos  ante  una  acción con repercusiones políticas dado que por una parte  la  causa  por  la  cual  se  le  segó  la vida  a la señora … persigue  desmantelar  los grupos u organizaciones subversivas, … siendo ello así   como  en  efecto  lo  es,  el delito consumado en la susodicha víctima tiene un  tinte político”.   

          Luego  de  transcribir pronunciamiento jurisprudencial de esta Sala  en  respaldo de su posición y reiterar la agravante bajo la cual en su criterio  se   cometió   el   delito,  traba  el  conflicto  de  competencia  sometido  a  solución.   

          CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

          De  acuerdo  a  lo  previsto  en  el artículo 68-5 del C. de P.P.,  corresponde  a  la  Corte  desatar  este  conflicto  de  competencia,  por   pertenecer   uno   de   los   Juzgados   involucrados   en  él  a  la  justicia  regional.   

          En  ocasión anterior al dirimir un conflicto de competencia   de   características   similares   al   que  es  materia  de  estudio  se   puntualizó:   “Necesario  resulta  recordar  que  esta Sala, en guarda del  principio  de  prevalencia del derecho sustancial sobre la forma y por economía  procesal,  cambió,  mediante auto del 18 de noviembre de 1998, con ponencia del  Magistrado  Dr.Lombana  Trujillo  (Rad.  14968),   el  criterio  que venía  asumiendo  al  desatar  los  conflictos  de  competencia en casos como el que se  examina,  y  terminó  decantando como única posición sobre el particular que,  ´cuando  existe  error en la calificación jurídica provisional, que varíe la  competencia   de   la   justicia   ordinaria  a  la  regional,  debe  proponerse  inmediatamente   la   colisión   de   competencia,   pudiendo  la  Corporación  pronunciarse   sobre   la  adecuación  típica  del  hecho  frente  al  recaudo  probatorio,   facultad  de  la  que  carece  para  hacer  reflexiones  sobre  la  materialidad  del  hecho  y responsabilidad del procesado, porque de así actuar  invadiría   la   órbita   de   competencia  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación´.   De esta suerte, se abandonó la rigidez del pensamiento frente  a   la   intangibiliad   de   la  resolución  de  acusación  que  imponía  la  adjudicación   de   la   competencia  al  juez  competente  por  razón  de  la  calificación  contenida en el acto acusatorio dejándole como única opción la  de  anular la actuación surtida por el funcionario carente de competencia, y se  abrió  paso  a  una  solución  más  expedita  dentro de la legalidad del rito  procesal  sin desconocer el principio del juez natural.”. (Auto de 25 de febrero  de 1999, M.P. Dr.Páez Velandia).   

         Para   trabar   el   conflicto  que  se  dirime  los  funcionarios  involucrados  dieron  cumplimiento  a las previsiones del artículo 99 del C. de  P.P.  al  exponer  cada  uno  sus  razones  para declinar la competencia, siendo  significativo,  tal  como aparece en sus respectivas providencias, que éstas se  refieren  a la naturaleza del delito a juzgar, de la cual depende la competencia  en  discusión.   En  orden  a  su  asignación  se procede al examen de la  calificación  impartida  en  la  resolución de acusación, dejando de lado los  aspectos que de la misma son vedados al juez de la colisión.   

         A  lo  largo  de la investigación un hecho circunstancial vertido  en  algunas de las pruebas allegadas venía caracterizando el delito imputado al  procesado,  aunque de manera extraña la Fiscalía instructora y calificadora se  abstuvo  de  deducirlo expresa y normativamente tanto en la resolución mediante  la  cual  definió  la  situación jurídica del imputado, como en la misma  resolución  acusatoria,  y  es  la  creencia por parte del grupo guerrillero al  cual   aquél  pertenecía,  de  que  la  ofendida  se había convertido en  informante del Ejército Nacional.   

         El  declarante  Víctor  Manuel  Sánchez refirió que él, siendo  informante  del Ejército Nacional le sugirió a la señora  Blanca Cecilia  Camargo  desempeñar  esa actividad aprovechando que ella  “conocía a  ciertas  personas”,  comentándole  que por ello se recibía remuneración (fls.  42,  43  cd.  ppl.)  el hijo de ésta,  Miguel Antonio Camargo relató  haber  sabido  que el motivo por el cual sacaron a su progenitora del bus,   es  que  la  habían acusado de trabajar con el Ejército Nacional por un sueldo  de  quinientos  mil pesos   y que al otro día de los hechos inquirió  por  el  paradero de su mamá a uno de los sujetos que participó en los hechos,  apodado  “Bladimir” y éste le replicó que ya era tarde y “ya lo que fue,   fue  y  váyase  y cierre el pico si no quiere que le pase lo mismo”;   que  otros  copartícipes  del hecho fueron los sujetos “Pocho N.”  y “Tío  N.”,  todos  del  frente  “Domingo Laín”  del E. L. N. (fls. 53-55);   María   Elsa   Arévalo, madre de la menor en cuya compañía viajaba  la  occisa  y nuera de ésta,  expuso que al entrevistarse con el procesado  inquiriendo  por  su  suegra  éste  le comentó que tenía que investigar   “porque  el  informe  es  que  ella trabajaba con el Ejército”;  que   posteriormente se enteró de que   

Alberto  Alzate fue quien informó al E. L.  N.   que   la  occisa  trabajaba para el Ejército (fl. 138 y ss). Con  prueba  trasladada de otro proceso se estableció que el  acusado ostentaba  una  posición  de mando en el grupo subversivo y fue condenado por el delito de  rebelión (fls. 222).   

         El  rumor,  cierto  o no,  sobre  la  calidad   de   informante  del  Ejército  Nacional  atribuida  a  la procesada   ante    personas   integrantes   del   grupo   rebelde    al   parecer  comandado   por  el  procesado  permitía  calificar   para  los   fines      subversivos     de     altamente     riesgosa     esa   colaboración   con el Ejército Nacional, y se enseñorea  como   motivo    determinante    de   la   agresión   contra   la    ciudadana   víctima.    Castigándola   de   la   manera   cruel  y defintitiva como se hizo, se ejemplarizaba ante  todo  aquel  que  por su credo político prefiriera el orden institucional,  conminándolo  de   manera  pavorosa  y muy eficiente a abstenerse de   ayudar   a   la  autoridad legítima suministrando datos sobre su  ilícita  actividad  y  sobre  los  participantes  y  simpatizantes  de la causa  rebelde.     

         De  no  existir  la  convicción en los alzados en armas, sobre la  encubierta  actividad  de  la occisa en pro de la autoridad legítima,  que  aparentaba  ser  una indefensa comerciante, no habría sido atacada como lo fue,  característica  de  su  manera  violenta  de cobrar esta clase de afrentas a su  ideología.   

         El  homicidio  pues, independientemente de otras circunstancias de  agravación,     tuvo    como    una    de    sus   determinantes   la   causal  específica   del  numeral  8o.  del  artículo  324  del  C.  P.,  es decir, se perpetró  con fines terroristas  porque  con  él  se  buscó  infundir  una enervante emoción en la comunidad a  fuerza  del  miedo  supremo  y, sobre una habitante del territorio nacional  por   sus   creencias   políticas.  Por  ende,  es competente la  justicia Regional, en efecto:   

         Aunque   para  la  época  en que se cometió el delito en la  modalidad   precisada -1991- los jueces entonces llamados de Orden Público  no  tenían adjudicada la competencia para conocerlo, ésta comenzó a regir con  la  Ley 81 de 1993, que en su artículo 9o.-5, modificatorio del 71 del C. de P.  P.  así  lo  dispuso,  al otorgársela  a los ahora Jueces Regionales para  algunas  formas  de  secuestro contempladas  en  la  Ley  40  de   1993   y    de   esa   específica   forma   de   homicidio   agravado,   ello   independientemente   de   la época de su  comisión,   pues   por   ser  de  orden  público  las normas de  procedimiento, su vigencia es inmediata.   

         Fuerza  es  entonces  convenir que asiste la razón al Juzgado 1o.  Promiscuo  del  Circuito  de  Arauca  al declinar la competencia.   Se  definirá en este sentido el diferendo.   

         En  mérito,  la  Corte  Suprema  de Justicia en Sala de Casación  Penal,   

        R E S U E L V E   

         DIRIMIR   este   conflicto   asignando  la  competencia  al  Juzgado  Regional con sede en Cúcuta, al que se  remitirá  el  proceso.    Con  copia  de  este  proveído  infórmese  al  Juzgado 1o. Promiscuo del Circuito de Arauca.   

COPIESE, NOTIFÍQUESE, CÚMPLASE.  

                                                 JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                        RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                                     CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                                     MARIO MANTILLA NOUGUES   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                                     NILSON PINILLA PINILLA   

                                                 PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

                                                              Secretaria     

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