14334j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 14334  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente:   

          Dr. JORGE E. CORDOBA POVEDA   

         Aprobado acta N° 117   

Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  diez  (10) de  agosto de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  JOSÉ MANUEL MIRAMON ZAPATA.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-   El  Juzgador de segunda instancia  sintetizó los hechos así:   

         “Historian   los  autos  que  el  11  de  junio  de  1.991,  varios  individuos  vestidos  con  prendas  de  uso  exclusivo  de  la  fuerza pública,  portando  armas  de  defensa  personal,  tales  como  escopetas  y  revólveres,  penetraron  a  la  finca ‘Brucelas’, ubicada en la jurisdicción territorial del  municipio  de  Aracataca  (Magdalena),  procediendo  a  privar de la libertad al  señor  José  Luis  Martínez  Miranda,  para  luego sustraer algunos bienes de  valor que se encontraban en el interior del inmueble.   

         “Martínez  Miranda  estuvo  en poder de los plagiarios por espacio  de  diecisiete  días,  al cabo de los cuales fue liberado, luego de cancelar la  suma de diez millones de pesos.   

         “Tras  labores  de  inteligencia  desplegadas  por  el Departamento  Administrativo  de  Seguridad,  se  retuvo  en  diversas  circunstancias a Julio  Rodríguez  Varela,  Julio  Enrique  Rodríguez Mercado, Alfonso Enrique Mercado  Ortíz,  Amado  José  Rodríguez  Mercado,  Miguel  Angel  Polo Buelvas, Eliced  Guzmán  Páez,  José Manuel Miramón Zapata, Orlando Alberto Jiménez Alvarez,  Leyla  Beatriz  González  Salcedo y Lizandro de la Rosa Segovia, lográndose la  incautación   de   las  armas  y  uniformes  utilizados  en  el  plagio”.    

2.-    Un   Juzgado   Regional   de  Barranquilla,  mediante  sentencia  del  30  de octubre de 1.996, condenó a los  procesados  Julio  Varela  Rodríguez, Julio Rodríguez Mercado, Alfonso Mercado  Ortíz,  Amado  José  Mercado  Ortíz,  Eliced  Guzmán  Páez  y  José Manuel  Miramón  Zapata, a la pena principal de 25 años de prisión, como coautores de  los  delitos  de  secuestro extorsivo, hurto calificado y agravado, utilización  ilegal de uniformes y porte ilegal de armas de defensa personal.   

Inconformes  con  la anterior decisión, los  defensores  de  los   procesados   José Miramón Zapata, Julio Varela  Rodríguez  y  Alfonso Mercado Ortiz, interpusieron el recurso de apelación, el  cual  al  ser  desatado  por  el  Tribunal  Nacional,  el  11 de marzo de 1.997,  la  confirmó en lo fundamental.   

Contra  dicha sentencia, el representante de  Manuel  Miramón  Zapata  interpuso  el  recurso  extraordinario  de casación y  dentro del término de ley presentó la respectiva demanda.   

         LA  DEMANDA  DE  CASACION   

El  defensor  del  acusado,  al amparo de la  causal  primera  de  casación, presenta un único cargo contra la sentencia del  Tribunal.   

Afirma  que  la  transgresión  a  la  norma  sustancial  fue  de  manera  “indirecta”  generada  por  yerros cometidos por el  instructor  y  el  fallador,  “quienes  erraron  en la aplicabilidad de la norma  infringida  al  encuadrar  la  conducta  de mi defendido en el artículo 6° del  decreto  2790  de  1.990,  cuando  la  norma  a  aplicar  era la contenida en el  artículo 268 del decreto 100 de 1980..”   

Dice  que  a  la luz de la sana crítica, la  lógica  racional, el sentido común “y el devenir normal”, no existen criterios  unificados  respecto  a  la  aplicabilidad  de la norma del punible de secuestro  extorsivo.   

Luego  de  citar  una  decisión  de  esta  Corporación  y de exponer las razones que tuvo el legislador de excepción para  proferir  “la  legislación  antiterrorista”,  sostiene que existen dos tipos de  secuestro,  los  que deben estudiarse de acuerdo con la finalidad perseguida por  el sujeto activo de la infracción.   

A renglón seguido asevera:  

         “…para   asuntos   penales   referentes   a  este  comportamiento  delincuencial,  ocurrido  antes de la promulgación de la ley 40 citada, deberá  el  juzgador tener en cuenta, no tanto la fecha de la comisión del delito, como  forma  de  hacer  prevalecer  la  ley  preexistente  con la acción, para lograr  deslindar  la  adecuación típica en un secuestro con fines terroristas o en un  secuestro  que  persiga  intimidar a cualquiera de los habitantes del territorio  nacional  que  por  sus  creencias  u  opiniones  políticas  o partidistas o un  secuestro con fines publicitarios de carácter político…”   

En el acápite que denomina “Sustentación de  la  causal  alegada  contenida  en  el numeral 3° del art. 220 del C. de P.P.”,  manifiesta  que  al  procesado no se le respetaron las garantías judiciales que  contempla  la  Constitución  Política  y  la  ley,  “como  son el derecho a la  defensa y el debido proceso”.   

Luego de hacer un recuento de la actuación,  resaltando  que su defendido fue asistido en la diligencia de indagatoria por un  abogado  de  oficio,  dice  que  en la etapa de instrucción careció de defensa  técnica.   

Respecto  a  la etapa del juicio, insiste en  que  se  vulneró el debido proceso, por cuanto que el juez regional no respetó  lo  preceptuado  en los artículos 446 y 457 del Código de Procedimiento Penal.  Tales  irregularidades  las  encaja en lo normado en los numerales 2° y 3° del  artículo 304 de la misma obra.   

Por  lo  anterior,  solicita  a la Corte que  modifique  la  sentencia  y,  en  consecuencia,  se aplique el artículo 268 del  Código  Penal  y se le rebaje la sanción impuesta, “o en su defecto se decrete  la  nulidad  del  proceso  a partir del folio siguiente al auto que resolvió la  situación jurídica de mi defendido”.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Las  fallas  en  el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales  y  técnico  jurídicos  que ostenta el escrito de demanda,  imponen  su  rechazo,  de  conformidad  con  el  artículo  226  del  Código de  Procedimiento Penal.   

Sea  lo  primero  manifestar,  la  evidente  incoherencia  en  que  incurre  el  censor  al  pedir,  de  manera principal, la  aplicación  del  artículo 268 del C. Penal y la consiguiente rebaja de la pena  impuesta  o,  “en  su defecto”, la nulidad del proceso “a partir del folio  siguiente  al  auto  que  resolvió  la  situación jurídica”, cuando la más  elemental  lógica  indicaba que el cargo principal debe ser el que propende por  la invalidez de lo actuado.   

Así   mismo,   aunque   acusa  violación  “indirecta”  de la ley sustancial, en el desarrollo del reproche no se refiere a  ninguna  equivocación  cometida en la apreciación probatoria, sino que todo el  discurso,  carente  de  claridad,  lo  dirige  a  cuestionar  la aplicación del  artículo  6°  de  decreto  2790  de 1990 y la falta de aplicación del 268 del  decreto  100  de 1980, pero sin que hubiera  logrado demostrar el yerro que  imputa  a  las  instancias,  al  seleccionar  la  norma  sustancial a la cual se  adecuaba el comportamiento juzgado.   

Se debe insistir, una vez más, que a la vía  indirecta  se  debe  acudir cuando la vulneración de la ley sustancial proviene  de errores, de hecho o de derecho, en la apreciación probatoria.   

En   cambio,   en   la   vía  directa  el  cuestionamiento  es  puramente  jurídico  y se aceptan los hechos y las pruebas  tal como fueron presentados y apreciadas por el fallador.   

En  cuanto al segundo cargo, que enuncia con  fundamento  en  la  causal tercera y que, como ya se expresó, por respecto a la  lógica  y  al  principio  de  prioridad,  que  rige este recurso, ha debido ser  postulado  en  primer  lugar  y  como  principal,  además  de  que  no  aparece  nítidamente  deslindado  del  primero,  en  su  desarrollo  tampoco  acierta el  libelista,  pues se limita a hacer una serie de afirmaciones sobre la violación  del  derecho  de  defensa  y  el debido proceso, pero sin que aparezca claro que  hubo  irregularidades sustanciales y que éstas son constitutivas de un vicio de  estructura o de uno de garantía.   

Así  las  cosas,  frente  a  los  anotados  desatinos  de la demanda y dado que a la Corte no le es permitido, en virtud del  principio  de  limitación,  entrar  a  suplir sus inconsistencias, se impone su  rechazo.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

RECHAZAR IN LIMINE  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  JOSE   MANUEL   MIRAMON   ZAPATA.   En  consecuencia, se declara desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso (art.197 del Código de Procedimiento Penal).   

Devuélvase     al     Tribunal    de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

JORGE ANIBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                           JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE              EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZON                         NILSON  E.  PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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