13982 (18-02-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    ABUSO     DE     CONFIANZA-Elementos,  consumación   

La  doctrina  suele  descomponer  el  hecho  punible  en  sus  distintos  ingredientes típicos, para  indicar  que  se  requiere la concurrencia, en primer lugar, de una apropiación  de  cosa  mueble  ajena;  en  segundo  orden,  que  el  objeto apropiado lo haya  recibido  el  sujeto  por obra de la confianza en él depositada o por razón de  un  título  no  traslaticio  de  dominio;  y  en  tercer  lugar, se exige dicha  actividad  le  produzca  un  lucro  personal  al  agente  o  a un tercero.    

Sin  ocultar  el  grado  de  seguridad  en la  decisión  que tributa el método de identificación de elementos típicos de la  figura    en    cuestión,   es   necesario   destacar   que   la   tenencia  fiduciaria  o  recepción  de la  cosa  por  un acto de confianza o título no traslativo de propiedad, más allá  de  la  configuración  de  un  componente  de tipicidad del abuso de confianza,  lógicamente  constituye  más intensamente un presupuesto de la misma.  La  entrega  del  objeto por parte del dueño al tenedor, por ser voluntaria y estar  mediada  por  un  acto  de  confianza lícitamente acordado entre las partes, no  puede  tener  aún  trazas  de  infracción  punible, razón por la cual resulta  absurdo  también  sostener  en  este  caso  que  la  contravención de abuso de  confianza   se   haya   consumado   en   el   lugar   donde   se   recibió   la  motosierra.   

No, la ilicitud asoma en el momento en que se  hace  una  manifestación de conducta posterior a dicha tenencia fiduciaria, que  consiste    en    no    devolver    la    cosa    confiada    y    apropiársela  consecuentemente.     Claro   que   el   ánimo   de   apropiación   puede  exteriorizarse  en  el  mismo  lugar donde se entregó o recibió el objeto o en  otro  diferente,  solo  que se exige una materialización de comportamientos que  inequívocamente así lo demuestren.   

PROCESO No. 13982  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 20  

Santafé  de  Bogotá,  D.  C., dieciocho de  febrero de mil novecientos noventa y ocho.   

VISTOS:  

          La   señora   Maria   Norely   Vergara  Valencia   denunció   ante   el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Puerto  Salgar  (Cundinamarca),  que  el  individuo  LUIS RUIZ se  apropió  de  una  motosierra  marca STIHL, modelo 070, motor número 110895192,  avaluada  en  la  suma  de  ochocientos mil pesos ($ 800.000.oo), aparato que su  padre    Rubén    Alonso    Vergara   le  había  confiado a aquél, con el fin de que lo trabajara en la  vereda   San   Pedro   de   la   Paz,  jurisdicción  del  municipio  de  Puerto  Boyacá.   

         Ocurre  que  el  señor Ruiz trabajó  durante  cinco (5) semanas en el lugar indicado, después  lo   abandonó   y  se  trasladó  con  la  herramienta  a  la  hacienda  Barú,  comprensión  territorial  del  municipio  de  Puerto  Salgar,  sitio en el cual  comenzó  a  ofrecer  en  venta  el instrumento ajeno.            

         En   el  escueto  y  completamente  informal  auto  del  31 de  octubre  de  1997,  el  Juez Segundo Penal Municipal de Puerto Boyacá (Boyacá)  advierte   que  no  es  el  órgano  competente  para  conocer  de  la  presunta  apropiación  denunciada,  debido  a  que  los  hechos  acaecieron  en el paraje  San Pedro de la Paz, que en  todo  caso  no  está dentro de su jurisdicción territorial, razón por la cual  regresa  las  diligencias por la contravención de abuso de confianza al Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Puerto  Salgar,  autoridad  que  antes  se  las había  enviado,  y  de  una  vez  le  propone  colisión  negativa  de competencia (fs.  14).   

         Por  medio  de  auto fechado el 18 de noviembre de 1997, el juez de  Puerto  Salgar  acepta  el  conflicto y, en orden a su solución, decide remitir  las  diligencias  a  esta Corporación.  Argumenta que inexplicablemente el  Juzgado  Segundo Penal Municipal de Puerto Boyacá le ha devuelto la actuación,  cuando  claramente  la  denunciante  ha  dicho  que los hechos sucedieron en San  Pedro  de  la  Paz, jurisdicción del último municipio mencionado, y además su  despacho  intervino  sólo por colaboración para recibir la denuncia respectiva  y  ordenar  el  decomiso de la motosierra que estaba dentro del territorio de su  ejercicio (fs. 16-18).   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

         Antes  de  definir  la  competencia  por  razón del territorio, se  precisa  una  aproximación  al  hecho  punible que se perfila, conforme con los  precarios y escasos datos de la denuncia.   

         En   efecto,  el  señor  Rubén  Alonso  Vergara   le  entregó  la  motosierra  al  imputado  Luis  Ruiz  para  que  la  trabajara,  le  pagara  un  importe por el uso del aparato y, obviamente, con el  propósito   de   que   se   lo   devolviera   cuando  terminara  el  respectivo  contrato.        Sin       embargo,       el      tenedor      Ruiz,   en   lugar   de   restituir  la  herramienta  y  pagar  por  el usufructo de la misma, se trasladó con ella a la  finca  Barú,  comprensión  del  municipio  de  Puerto  Salgar,  y  comenzó  a  ofrecerla en venta.   

         Significa  entonces que provisionalmente, por medio de tales datos,  se  advierte  la  estructura  del  injusto de abuso de  confianza,  dado que el propietario de la motosierra,  de  manera  voluntaria  y  por  un  acto  de  fe  en  el  otro,  se  desprendió  transitoriamente  de  la tenencia del aparato en favor del imputado Luis   Ruiz,  quien,  a  partir  de  esa  relación  fiduciaria,  adquirió  independencia  para  manejar  y  preservar el  instrumento,  sin  estar  sujeto  a  la vigilancia de su dueño.  No existe  constancia  de que el denunciado fungiera como trabajador al servicio del señor  Vergara, o que éste, en la  condición   de  patrón,  le  hubiera  entregado  a  su  subordinado  una  mera  herramienta  para  desarrollar  el contrato de trabajo.  Todo lo contrario,  la  denunciante  se  duele  de  que  Ruiz  no  le  haya  pagado  a  su  progenitor el valor de las cinco (5)  semanas  durante  las  cuales usufructuó la máquina, expresión que sugiere la  preexistencia  de  un  acuerdo  de  arrendamiento,  título  jurídico que no es  traslativo de dominio y en cambio sí revela un acto de confianza.   

         Se  tiene  establecido que el bien jurídico protegido, tanto si la  conducta  constituye  el injusto de hurto agravado por  la  confianza como abuso de  confianza,      lo     es     el     patrimonio  económico, solo que para la  segunda   infracción   dicho  interés  se  concreta  en  una  afección  a  la  capacidad  de  disposición  que  el  dueño de la cosa pretende mantener a través de meros actos de cesión  de  la  tenencia  y  no  de  traslado del dominio.  Nótese que el actor en  estos  hechos  había adquirido la obligación de devolver la cosa, elemento que  configura  la  capacidad  de disposición  que  posteriormente se afecta con la apropiación característica  del  abuso  de  confianza;  mientras     que     una    posibilidad    de    tipificar    el    hurto comportaría el rompimiento de una  tenencia  que en este caso  ya   no   existía   porque   se   había   cedido   transitoriamente   por   el  dueño.   

         Así  entonces,  como juicio provisional, puede afirmarse que en el  evento  examinado,  salvo  cambios  en  el  curso  probatorio,  se  tipifica una  contravención  de abuso de confianza, cuya definición parte del numeral 16 del  artículo  1°  de  la  Ley 23 de 1991, según el cual incurre en la infracción  quien  se  apropie de cosa  mueble  ajena,  que se le haya confiado o entregado por un título no traslativo  de  dominio,  en provecho personal o de un tercero, cuando la cuantía no exceda  de diez (10) salarios mínimos mensuales.   

         La  doctrina  suele  descomponer  el hecho punible en sus distintos  ingredientes  típicos,  para indicar que se requiere la concurrencia, en primer  lugar,  de  una  apropiación  de  cosa  mueble  ajena; en segundo orden, que el  objeto  apropiado  lo  haya  recibido  el sujeto por obra de la confianza en él  depositada  o  por  razón  de un título no traslaticio de dominio; y en tercer  lugar,  se  exige dicha actividad le produzca un lucro personal al agente o a un  tercero.    

         Sin  ocultar  el  grado de seguridad en la decisión que tributa el  método  de  identificación de elementos típicos de la figura en cuestión, es  necesario     destacar     que     la     tenencia  fiduciaria  o  recepción  de  la cosa por un acto de  confianza  o título no traslativo de propiedad, más allá de la configuración  de  un  componente  de tipicidad del abuso de confianza, lógicamente constituye  más  intensamente  un  presupuesto de la misma.  La entrega del objeto por  parte  del  dueño al tenedor, por ser voluntaria y estar mediada por un acto de  confianza  lícitamente acordado entre las partes, no puede tener aún trazas de  infracción  punible,  razón  por  la cual resulta absurdo también sostener en  este  caso  que  la contravención de abuso de confianza se haya consumado en el  lugar donde se recibió la motosierra.   

         No,   la   ilicitud  asoma  en  el  momento  en  que  se  hace  una  manifestación  de  conducta posterior a dicha tenencia fiduciaria, que consiste  en  no  devolver  la cosa confiada y apropiársela consecuentemente.  Claro  que  el  ánimo  de apropiación puede exteriorizarse en el mismo lugar donde se  entregó  o  recibió  el  objeto  o  en  otro  diferente, solo que se exige una  materialización    de    comportamientos    que    inequívocamente   así   lo  demuestren.    En   el   sub  judice,   el  imputado  Luis  Ruiz,  según  los  datos  de la denuncia, conservaba legítimamente la  herramienta  y  sólo  la  ofreció  en venta, lo cual significaría comportarse  como  si  fuera su dueño y no un mero tenedor (animus  rei  sibi  habendi),  cuando  se  hallaba en la finca  Barú,  jurisdicción  del  municipio  de Puerto Salgar (Cundinamarca).  De  modo  que  el  ofrecimiento  del  aparato  en  venta,  que  se  cumplió  en  la  comprensión   territorial   mencionada,   es  el  único  acto  inequívoco  de  apropiación  que  se  conoce,  pues no se han revelado otras manifestaciones de  tal   jaez   en   la   jurisdicción   de   San  Pedro  de  la  Paz  o  en  otra  diferente.   

         En  vigencia  del  artículo  412  del  Código Penal de 1936, cuya  regulación  del  abuso  de confianza no difiere sustancialmente de la que ahora  se  examina,  la  Corte dictó el auto del 27 de noviembre de 1980, con ponencia  del  magistrado  Fabio  Calderón  Botero, y dijo sobre el tema lo siguiente:   

“Es  cierto que la jurisprudencia sostuvo  en  alguna  época que el conocimiento de los procesos por el delito de abuso de  confianza  correspondía  al juez del lugar donde se entregaba la cosa a título  no  traslaticio de dominio, o bien al del sitio donde ésta debía restituirse o  debía   rendirse   cuenta.    Entre   uno   y  otro  extremo  vacilaba  la  Corte.   

“Sin  embargo,  esos  criterios  fueron  desechados  frente  a  esta  verdad  jurídica  indiscutible:  el delito de  abuso  de  confianza  es  un  punible de comisión instantánea.  Luego, se  consuma  en  el  momento  mismo  en  que  el  agente efectúa un acto externo de  disposición  de la cosa o de incorporación de ella a su patrimonio, con ánimo  de  señor  o  dueño,  esto  es,  con animus rei sibi  habendi,  o  como  otros  expresan,  cuando  procede  uti domine.   

“Es  obvio que este criterio se encuentra  sujeto  a  la  prueba  de  la  ejecución,  en un determinado territorio, de ese  acto  externo.  Si se  logra  probatoriamente ubicar el sitio, al juez que allí tenga jurisdicción le  corresponde  su conocimiento (art. 41 del C. de P. P. -se refiere al art. 78 del  actual  estatuto-).   Si,  por  el  contrario,  el  lugar es desconocido la  competencia  se  fijará a prevención (art. 42 ibidem  -concuerda  con  el  vigente art. 80-)”.                           

         De  modo  que  por ahora, sin importar si el villorrio de San Pedro  de  la Paz se adscribe a la comprensión territorial del departamento de Boyacá  o  a  la de Santander (fs. 1, 10 y 11), lo único verosímil es que el inculpado  evidenció  el  ánimo  de distraer el bien en la jurisdicción del municipio de  Puerto  Salgar.   En  tal  virtud, conforme con la potestad dispuesta en el  numeral  5° del artículo 68 del C. de P. P., se adjudicará el conocimiento de  la infracción al juez promiscuo municipal de dicha localidad.   

         En  mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

         Asignar    el   conocimiento   de   estas   diligencias   al   señor   Juez   Promiscuo   Municipal   de   Puerto  Salgar  (Cundinamarca),  funcionario  competente  para conocer del asunto por razón del  territorio.   

         Envíese  copia  de  esta  decisión  al  señor Juez Segundo Penal  Municipal de Puerto Boyacá (Boyacá).   

         Cópiese y cúmplase.   

JORGE CÓRDOBA POVEDA  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL               RICARDO CALVETE RANGEL   

CARLOS  AUGUSTO  GÁLVEZ  ARGOTE    JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

CARLOS        E.        MEJÍA  ESCOBAR                   DÍDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON           PINILLA  PINILLA                         JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.  

   

    

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