13104 (12-02-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    TERMINACION ANTICIPADA DEL PROCESO/ SENTENCIA  ANTICIPADA/ AUDIENCIA ESPECIAL/ APELACION   

Por falta de interés  para  recurrir,  la impugnación en casación deviene improcedente, toda vez que  el  instituto  para  la  terminación anticipada del proceso a que se acogió el  justiciable  Calderón  Collazos,  a  fuerza  de  no  tolerar  la apelación por  motivos  diferentes  a  los previstos en el ordinal 4° del artículo 37B del C.  P.  P. (Ley 81/93, art. 5°), también excluye el recurso extraordinario cuando,  a  manera  de indebida retractación, se demanda en casación  por aquellas  mismas   hipótesis.    Así   lo   ha  reiterado  la  Corte,  entre  otros  pronunciamientos,  en  el  que  fue  ponente  quien  aquí  funge  en  la  misma  condición, oportunidad en la cual se dijo:   

“Pues bien, con el surgimiento de la audiencia  especial  y  de  la  sentencia  anticipada,  por  vez  primera  se produce en la  legislación  procesal  y  en  la  práctica judicial colombiana el hecho de que  puedan  dictarse  sentencias  basadas  en el acuerdo o en la aceptación de unos  cargos  por  parte  del  procesado,  acostumbrados  como  estamos  a  los fallos  unilateralmente  concebidos por el juzgador, aunque obviamente siempre expuestos  a  los  recursos  ordinarios  y  extraordinarios.   Esta  es  una dinámica  aproximada  a  la  estructura  del  proceso de partes, conforme con el principio  constitucional  de  que  los  ciudadanos  tienen  derecho  a  participar  en las  decisiones  que  los  afectan (art. 2°), pero que correlativamente exige de los  partícipes  que  no  se puedan retractar sin límites temporales o de cualquier  manera.   A  la luz de estas nuevas realidades jurídico-positivas, resulta  necesario  hacer una reinterpretación y una aplicación matizada del recurso de  casación.   

“Por ello resulta razonable que el legislador  prescriba  que,  en  tratándose de estas sentencias de  conformidad,  sólo  es  admisible  la  apelación del  procesado  y su defensor cuando el recurso se refiere exclusivamente a los temas  de  la  dosificación  de  la  pena,  el  subrogado  de la condena de ejecución  condicional,  la  obligación  del pago de perjuicios y la extinción de dominio  sobre  bienes  (C.  P.  P.,  art. 37B, num. 4°).  Implícitamente advierte  esta  norma  que  no  se  tolera  la  discusión  de  otros  temas,  porque ello  comportaría  una retractación inoportuna, sin perjuicio obviamente del control  de  legalidad  que  siempre concierne al fiscal y al juez.  Para guardar la  coherencia  en  la  aplicación  del  derecho en el curso de todo el proceso, la  Corte  ha  sostenido  y  reitera  que  tal restricción en los asuntos de debate  también  impera  en  el  ejercicio  del recurso de casación, pues alimentar la  controversia  de otras materias en esta sede sería propiciar la frustración de  la  legítima  prohibición  de  retractación  de  la aceptación voluntaria de  responsabilidad,  a través de otro medio legal (la burla de la ley por la misma  ley)  y  el desconocimiento de la naturaleza especial de estas formas prematuras  de  terminación  del  proceso”  (  Auto  6  de Mayo de 1997. M.P. Jorge Aníbal  Gómez Gallego).   

PROCESO No. 13104  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                Magistrado Ponente:   

                                    Dr.   JORGE   ANIBAL   GOMEZ  GALLEGO   

                                    Aprobado   Acta   Nro.   17   

          Santafé  de  Bogotá D.C., febrero doce de mil novecientos noventa  y ocho.   

VISTOS  

          De  conformidad  con  lo  previsto  en los artículos 225 y 226 del  Código  de  Procedimiento Penal, se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado Oscar  Eduardo  Calderón Collazos, a fin  de establecer si se ajusta a las formalidades mínimas de ley.   

ANTECEDENTES  

          Aproximadamente  a  las  2:30  de  la  tarde del 22 de diciembre de  1995,  tres  hombres  y una mujer hicieron su aparición en el aparcadero-taller  que  funciona  en  la calle 32 N° 84-33 de la nomenclatura urbana del Municipio  de    Medellín    y,    simulando    estar    cumpliendo   un   “operativo”  como  funcionarios  de  la  Fiscalía  General  de la Nación, hicieron que el administrador del local, Luis  Ovidio  Correa  Gómez,  y su hermano William que también se hallaba allí, les  franquearan  la  entrada. Ya en el interior del inmueble los intrusos anunciaron  que  el  propósito de la visita era la supuesta orden de captura librada contra  los   propietarios   del   establecimiento,   dizque  por  hacer  parte  de  las  “milicias    urbanas,  traficar   con   dinamita   y   realizar   actos  de  terrorismo”, al tiempo que uno de ellos exhibió la  presunta  boleta  de  aprehensión  en  la  que  aparecían  los  nombres de los  mentados  Ovidio  y  William,  además del de Leonidas Gómez. Simultáneamente,  otro  que  lucía  un  brazalete  con  las  siglas  del F-2 y del C.T.I., decía  pertenecer  a  la  Policía  Judicial, mientras que un tercero, esgrimiendo unas  “esposas” y un aparato  de  radio,  fingía estar en constante comunicación con sus superiores; a todas  estas,    la    mujer    aguardaba    expectante    el    desarrollo    de   los  acontecimientos.   

          El  atribulado ciudadano, consciente de no tener cuentas pendientes  con  la  justicia,  solicitó colaboración para no pasar la nochebuena fuera de  la  casa  y  para  ello  les  ofreció  presentarse  el  martes  siguiente  a la  navidad.   La respuesta fue la exigencia de quince millones de pesos, a fin  de  no  hacer efectiva la presunta orden de apresamiento, suma que por petición  del extorsionado se disminuyó a cinco millones.   

        La  oportuna  presencia  de  una  patrulla  de  la  Policía  puso  fin a la acción  delictuosa  aprehendiendo  a  los  impostores,  tres  de  los cuales se hallaban  provistos  de  arma  de  fuego  y  se  identificaron  como el policial en uso de  franquicia  Jorge  Luis  Durán  Juviano,  el ex agente de la misma institución  Oscar  Eduardo  Calderón  Collazos,  Walter  Arturo  Osorio  Quiceno  y Mónica  Patricia  Durán  Quiceno; contra quienes luego de la respectiva vinculación al  proceso  penal  se  les  fulminó  acusación  como  coautores  del  concurso de  extorsión  en  el  grado  de  tentativa,  falsedad  material  de  particular en  documento   público   y   porte   ilegal   de   arma   de   fuego   de  defensa  personal.   

Una  vez en la etapa del juicio, tres de los  acusados,  entre ellos el ahora impugnante en casación, Oscar Eduardo Calderón  Collazos,  se  acogieron al mecanismo de la terminación anticipada del proceso,  reclamando  la  aplicación  del  artículo  37 del C. de P. Penal, para lo cual  luego  aceptaron  paladinamente  todos  los  cargos  deducidos en la resolución  acusatoria.   

Fue  así  como  el  Juzgado  20  Penal del  Circuito  de  Medellín  profirió el fallo de condena imponiéndoles a cada uno  de  los  procesados  la  pena  principal de cincuenta (50) meses de prisión, la  accesoria  de  interdicción  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  término,  y  la  obligación  de  pagar  en  forma solidaria el  equivalente  a  setecientos  (700)  gramos  oro,  a título de indemnización de  perjuicios,  en  favor  del  ofendido.   Igualmente  les negó el sustituto  penal  de la condena de ejecución condicional, y en disfavor de Durán Juviano,  dispuso  la  pérdida  del  empleo  público que en ese instante ejercía.    

Al ser impugnada la sentencia, por haberles  parecido  a  los  acusados muy alta la condena, fue convalidada en su integridad  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín en decisión dividida del  23 de septiembre de 1996.   

LA DEMANDA  

          Con      el      extraño      epígrafe     de     “signosis”  el  libelo da cuenta de los  hechos  y  luego,  bajo el título de “actuación procesal”, con el aparente  ánimo  de  no poner en evidencia de una vez la falta de interés para recurrir,  el  casacionista omite cualquier referencia al trámite del proceso y de entrada  expresa   su   disentimiento   con   el   fallo   emitido  por  el  ad   quem,  toda  vez  que  la  defensa  “no comparte desde   ningún  punto  de  vista  jurídico-probatorio”  las  circunstancias  temporo-modales  tenidas en cuenta por la  mayoría  de  la  Sala  para  confirmar  la  sentencia  de condena de la primera  instancia  y,  con  base  en  el  salvamento  de  voto del Magistrado disidente,  sostiene  que si en la empresa criminal por la que se juzgó a su asistido éste  llevaba  consigo  un  arma de fuego de defensa personal con salvoconducto, no se  le  podía  imputar  el  porte  ilegal  en que incurrió otro de sus compañeros  porque  el  instrumento  que  carecía de amparo legal no lo tenía su defendido  físicamente a su disposición o alcance.   

          Manifiesta  luego el demandante que “en  algún  momento  se  pudo  haber  pensado en la aplicación del artículo 25 del  Código  Penal  encontra (sic) de estas personas que portaban armas de fuego con  salvoconducto  como  en  el caso de mi defendido Oscar  Eduardo  Calderón  Collazos,  pero  a criterio de la  defensa  dicho  artículo  no se puede aplicar desde  ninguna circunstancia  factica  probatoria  por  cuanto  no  se  llenan  los  requisitos  exigidos para  determinar  la  relación  o  nexo  causal entre el porte, tenencia física y su  supuesto  conocimiento  por  parte  de los demás integrantes de la banda…”.   

          Y  remata  con  esta  conclusión:  “En  términos  generales  y  categoricos,  la  conducta de mi aprohijado (sic) no se  adecúa  al  delito  de porte ilegal de armas de uso personal por las anteriores  consideraciones y al ubicarse su conducta” (sic).   

          Seguidamente  y bajo el título “CAUSAL  DE  CASACIÓN” afirma textualmente: “Son  los  cargos  que  formularé  contra  la sentencia del ad-quem  impugnada”.      (      )     “PRINCIPAL  Y  UNICO: Con fundamento en  el  artículo  23  del  Código Penal que no es aplicable la coautoría encontra  (sic)  de  mi  aprohijado (sic) por la imputación del delito de porte ilegal de  armas de uso personal” (sic).   

          En  lo  que  pareciera  ser  la fundamentación del cargo, luego de  reseñar   el   contenido  del  artículo  23  del  Código  Penal,  afirma  que  “El funcionario judicial está en la obligación de  investigar  tanto lo favorable como lo desfavorable a los interese del sindicado  en   el   desarrollo   del   proceso   investigativo,  teniendo  como  base  el objeto de la investigación,  cual  es  en el caso presente tres elementos como lo son: 1. si se ha infringido  la  ley  penal, 2. Quién o quiénes son los autores o partícipes del hecho, 3.  Circunstancias  de  modo,  (sic) tiempo en que se realizó el hecho; lo anterior  con  fundamento  en  lo  señalado  por  los artículos 333 y 334 del Código de  Procedimiento Penal”.   

          Y  continúa  afirmando  que “Dentro de  la  investigación  penal  se  ha  de  determinar  y  esclarecer  lo  que  se ha  denominado     “TEMA    PROBATORIO”,  que  es  todo  aquello  que  necesita ser probado para tomar una  decisión  judicial,  y  ello con base en el sistema de convencimiento que es la  operación   mental  que  corresponde  hacerla  al  funcionario  jurisdiccional,  conforme  a  unos  parámetros  preestablecidos  por  la  ley,  y  que tiene una  finalidad,   cual  es  la  DESENTRAÑAR  (sic)  el  merito  (sic)  de  la  prueba  aportada  y  del conjunto  probatorio  allegado  a  la  investigación  para efectos de la obtención de la  certeza.”   

Finalmente    concluye   que,   en   su  “criterio,   el   acervo  probatorio  allegado  al  proceso  no ilustra de una  forma   clara,   conducente   y   pertinentes   (sic)   al   establecersele  una  responsabilidad  penal  a  mi  aprohijado  (sic)  por  el delito de PORTE  ILEGAL  DE  ARMA  DE  FUEGO  DE  USO  PERSONAL  (sic)  QUE POSEIA OTRO DE LOS COMPAÑEROS  EN  EL  MENCIONADO  HECHO  DELICTIVO, en los términos  que se señalan por el ad-quem en la sentencia”.   

Y   termina   pidiendo   a  la  Sala  que  “modifique  la  sentencia proferida por el Tribunal  Superior  de Medellín -Sala Penal, a favor de mi aprohijado (sic) Oscar Eduardo  Calderón  Collazos, por no ser coautor del delito de porte ilegal de arma   de uso personal” (sic).   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         El  farragoso  escrito que con la ilusa pretensión de sustentar el  extraordinario  recurso interpuesto contra la sentencia del Tribunal Superior de  Medellín  que  condenó  a  Oscar  Eduardo  Calderón Collazos por tentativa de  extorsión,  falsedad  material  de  particular  en  documento  público y porte  ilegal  de  arma  de  fuego,  es  el  claro paradigma de lo que no puede ser una  demanda de casación.   

         Es  que  el  libelo  ni  siquiera  se  aproxima  en mínima parte a  satisfacer  los requisitos formales que al efecto prescribe el artículo 225 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  pues en su difícil lectura se echa de menos  desde  la  identificación  de  los  sujetos procesales hasta la mención de una  cualquiera  de  las  causales que el artículo 220 ibídem consagra como motivos  para intentar derruir un fallo en esta sede.   

         Empero,  la  Sala  no  se  ocupara  en  detalle  de  confrontar los  innumerables  atropellos  a la técnica de casación toda vez que de bulto está  que   el   impugnante   ni   siquiera   estaba  legitimado  para  interponer  el  extraordinario    recurso    si    se   para   mientes   en   lo   que   es   su  pretensión.   

         En  efecto,  en  lo  que  se  alcanza a entender de la inextricable  alegación  que  bajo  el epígrafe de “Unico Cargo” presenta el impugnante,  surge  evidente  su  inconformidad  con  la  condena  que  en  las instancias se  profirió  contra  el  acusado Calderón Collazos por el punible de Porte Ilegal  de   Arma   de  Fuego  de  Defensa  Personal,  olvidando  el  defensor  que  fue  precisamente  a  petición  del  mismo  procesado  que  el  Juzgado anticipó la  sentencia  condenatoria  por  los  tres  hechos  punibles, incluido el que ahora  mueve  a  la protesta, en consonancia con la paladina y pacífica aceptación de  todos  los  cargos  contenidos  en la resolución de acusación formulada por la  Fiscalía,  limitándose  el  Tribunal  a revisar el fallo por la apelación del  reo que no quedó satisfecho con la dosificación punitiva.   

         En  estas  condiciones,  por  falta  de  interés para recurrir, la  impugnación  en  casación deviene improcedente, toda vez que el instituto para  la  terminación  anticipada  del  proceso  a  que  se  acogió  el  justiciable  Calderón  Collazos, a fuerza de no tolerar la apelación por motivos diferentes  a  los  previstos  en  el ordinal 4° del artículo 37B del C. P. P. (Ley 81/93,  art.  5°),  también  excluye  el  recurso  extraordinario  cuando, a manera de  indebida  retractación,  se  demanda  en  casación   por  aquellas mismas  hipótesis.   Así  lo ha reiterado la Corte, entre otros pronunciamientos,  en  el  que fue ponente quien aquí funge en la misma condición, oportunidad en  la cual se dijo:   

                                            “Pues  bien,  con el surgimiento de la  audiencia  especial  y de la sentencia anticipada, por vez primera se produce en  la  legislación  procesal y en la práctica judicial colombiana el hecho de que  puedan  dictarse  sentencias  basadas  en el acuerdo o en la aceptación de unos  cargos  por  parte  del  procesado,  acostumbrados  como  estamos  a  los fallos  unilateralmente  concebidos por el juzgador, aunque obviamente siempre expuestos  a  los  recursos  ordinarios  y  extraordinarios.   Esta  es  una dinámica  aproximada  a  la  estructura  del  proceso de partes, conforme con el principio  constitucional  de  que  los  ciudadanos  tienen  derecho  a  participar  en las  decisiones  que  los  afectan (art. 2°), pero que correlativamente exige de los  partícipes  que  no  se puedan retractar sin límites temporales o de cualquier  manera.   A  la luz de estas nuevas realidades jurídico-positivas, resulta  necesario  hacer una reinterpretación y una aplicación matizada del recurso de  casación.   

         “Por  ello  resulta razonable que el legislador prescriba que, en  tratándose     de     estas     sentencias     de  conformidad,  sólo  es  admisible  la apelación del  procesado  y su defensor cuando el recurso se refiere exclusivamente a los temas  de  la  dosificación  de  la  pena,  el  subrogado  de la condena de ejecución  condicional,  la  obligación  del pago de perjuicios y la extinción de dominio  sobre  bienes  (C.  P.  P.,  art. 37B, num. 4°).  Implícitamente advierte  esta  norma  que  no  se  tolera  la  discusión  de  otros  temas,  porque ello  comportaría  una retractación inoportuna, sin perjuicio obviamente del control  de  legalidad  que  siempre concierne al fiscal y al juez.  Para guardar la  coherencia  en  la  aplicación  del  derecho en el curso de todo el proceso, la  Corte  ha  sostenido  y  reitera  que  tal restricción en los asuntos de debate  también  impera  en  el  ejercicio  del recurso de casación, pues alimentar la  controversia  de otras materias en esta sede sería propiciar la frustración de  la  legítima  prohibición  de  retractación  de  la aceptación voluntaria de  responsabilidad,  a través de otro medio legal (la burla de la ley por la misma  ley)  y  el desconocimiento de la naturaleza especial de estas formas prematuras  de  terminación  del  proceso” ( Auto 6 de Mayo de  1997. M.P. Jorge Aníbal Gómez Gallego).   

En este orden de ideas, atendiendo a que la  existencia  o  la  falta  del  interés  para  recurrir  se  manifiesta como una  condición  lógica  e insoslayable, previa a cualquier examen formal o material  de  la  demanda,  resulta imperativo rechazar la que ahora ocupa la atención de  la Sala, declarando de paso la deserción del recurso.   

          En  razón  y mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          RECHAZAR  IN  LIMINE   la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   Oscar  Eduardo Calderón Collazos, contra  la   sentencia   proferida   por   la   Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Medellín.       En      consecuencia,      se     declara     DESIERTO   el   recurso  extraordinario  interpuesto.   

          Por  alcanzar ejecutoria al momento de su firma, de conformidad con  lo  previsto  en  los  artículos  197 y 226 del Código de Procedimiento Penal,  esta decisión es inimpugnable.   

CÓPIESE, CÚMPLASE Y DEVUÉLVASE  

   

         

JORGE ENRIQUE CÓRDOBA POVEDA  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL             RICARDO   CALVETE   RANGEL                                       

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                                             JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                            DÍDIMO PAEZ  VELANDIA                                                  

NILSON    PINILLA    PINILLA                                              JUAN     MANUEL     TORRES  FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

   

    

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