13772b1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 13772  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                  Aprobado acta No. 191       

                                                  Magistrado Ponente:   

                                                  Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe  de  Bogotá,  D.  C.,  treinta de  noviembre  de mil novecientos noventa y nueve.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  JUAN CARLOS CASTRO.   

          Antecedentes.-   

A  eso  de  las  ocho y quince minutos de la  noche  del  quince  de  marzo de mil novecientos noventa y cinco, por cercanías  del  granero  “La  Amistad”  localizado  en  la  carrera  73  No.  22-  4 de  Medellín,  se  encontraba reunido  un grupo de personas, cuando de repente  hizo  aparición  un  automóvil de color claro desde donde, utilizando armas de  fuego,  se  disparó  indiscriminadamente contra los presentes resultando muerto  JOHN  ALEXANDER CORREA CORREA  a consecuencia de las heridas producidas por  las  balas,   graves  lesiones  ocasionadas  a  la  niña  de doce años de  edad,   CINDY TATIANA HINCAPIE quien recibió el impacto de un proyectil en  la  región  fronto-temporal  derecha;  y  heridos  de  menor consideración LUZ  MARINA  CASTAÑEDA  DE  SERNA,  LUZ  STELLA ZAPATA RIOS, DIANA ARTEAGA PALACIO y  BEATRIZ HINCAPIE RAMIREZ.   

Abierta  la  investigación por la Fiscalía  Ciento  Veintinueve  de  la Unidad Tercera Seccional de Delitos Contra la Vida e  Integridad  Personal   (fl.  29),  se vinculó mediante indagatoria a ELKIN  ENRIQUE  NIÑO  ALVAREZ  (fl.  115),  y  JUAN  CARLOS CASTRO (fls. 165),  a  quienes  se  les definió la situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención preventiva (fls. 137  ss. y 169 ss.) .   

A  solicitud  escrita  del  procesado  NIÑO  ALVAREZ  (fl.  232),   se  llevó  a  cabo la diligencia de formulación de  cargos  para  sentencia  anticipada,  en  la  cual  se le acusó del concurso de  delitos  de  homicidio,  tentativa  de  homicidio,  lesiones personales, y porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa personal, lo que determinó la ruptura de  la  unidad  procesal y la continuación del trámite ordinario respecto del otro  procesado.     

Previa  clausura  del ciclo instructivo (fl.  236),  el  cinco  de  julio  de  mil  novecientos noventa y seis se calificó el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución acusatoria en contra de JUAN  CARLOS   CASTRO  por  el  concurso  homogéneo  y  heterogéneo  de  delitos  de  homicidio,  tentativa  de homicidio, lesiones personales y porte ilegal de armas  de  fuego  de  defensa  personal, en determinación que cobró ejecutoria en esa  instancia al no haber sido objeto de impugnación (fls. 270 y ss.).   

El   juicio   correspondió   tramitarlo  inicialmente  al  Juzgado  Décimo  Quinto  Penal  del  Circuito,  autoridad que  advirtió  que  ante  el Juzgado Décimo Sexto de igual especialidad y contra el  mismo  sindicado,  hacía  trámite  otro  proceso con resolución de acusación  ejecutoriada  por  el  delito  de  falsedad  material de particular en documento  público,  razón  por  la cual dispuso la remisión del diligenciamiento a este  último  Despacho  para su acumulación con aquél, como en efecto fue decretado  (fl. 320)   

Los  hechos  por  el  delito  contra  la  fe  pública  se  relacionan  con la retención de JUAN CARLOS CASTRO ocurrida el 28  de  abril  de  1995  en  la  carrera  71 con calle 28 A  en momentos en que  portaba  como  suya  la cédula de ciudadanía número 98.321.276 de Medellín a  nombre de JOHN JAIRO ZULUAGA CASTRO.   

La  investigación por este hecho la inició  el  Fiscal 158 Seccional de la Unidad de Fiscalía Permanente ante la Sijin (fl.  4),   vinculando  mediante  indagatoria  al sindicado (fl. 9 y ss.), contra  quien  posteriormente la Fiscalía 19 Delegada de la Unidad Primera Seccional de  Delitos  contra  el  Patrimonio Económico, profirió medida de aseguramiento de  detención preventiva (fl. 20y ss).   

Días  más  tarde, previa la clausura de la  etapa  instructiva (fl. 34), el siete de marzo de mil novecientos noventa y seis  se  calificó  el  mérito  probatorio del sumario con resolución acusatoria en  contra  de  JUAN CARLOS CASTRO, por el delito de falsedad material de particular  en  documento  público  (fls. 73 y ss), en determinación que cobró ejecutoria  en esa instancia al no haber sido impugnada.    

Rituados  los  juicios  acumulados  por  el  Juzgado  Décimo Sexto Penal del Circuito,  previa realización de la vista  pública  (fls.  341  y ss.), culminó la instancia condenando al procesado a la  pena  principal  de  treinta  y  seis  (36)  años de prisión y la accesoria de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por un período de diez años,  al  encontrarlo  penalmente  responsable  del  concurso  de delitos de homicidio  agotado  en  la  persona de JOHN ALEXANDER CORREA CORREA, tentativa de homicidio  en  la  menor CINDY TATIANA HINCAPIE RAMIREZ, falsedad material de particular en  documento  público  y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal, al  tiempo  que declaró la nulidad parcial de la actuación a partir de la clausura  de  la  investigación,  en  lo relativo a las lesiones personales ocasionadas a  Luz  Marina  Castañeda,  Luz  Stella  Zapata,  Diana  Arteaga Palacio y Beatriz  Hincapié  Ramírez  (fls.  353  y  ss.),  mediante  decisión  que  el Tribunal  Superior  de  Medellín  confirmó  íntegramente  (fls.  385  y  ss.),  al  conocer  en  segunda  instancia  por  vía  de  la apelación interpuesta por el  procesado y su defensor.   

Contra el fallo de segundo grado el procesado  oportunamente  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual  fue  concedido  por el ad quem (fls. 395),  presentándose por el abogado, en el  término  legal,  el  respectivo  escrito  con  el  cual  persigue  sustentar la  impugnación  (fls.  398  y  ss.),  y  sobre  cuya admisibilidad se pronuncia la  Corte.     

             La demanda.-   

Comenzando por referirse al fallo de primera  instancia,  del  cual  toma algunos apartes, y destacar incidencias parciales de  la   actuación,   bajo   el   capítulo   que    denomina  “del  recurso  extraordinario  de casación”, el casacionista dice apoyarse en el numeral 1º  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal  para  denunciar  la  violación  de  una norma de derecho sustancial, “nada menos que la consagrada  en el artículo 29 de la Constitución Nacional”, según expone.   

Alude  que  el  fallo  se  soporta  en  los  testimonios  de Diana Arteaga Restrepo y Adolfo Restrepo Casas. Respecto de esos  medios,  afirma,  JUAN CARLOS CASTRO ha sostenido a lo largo del informativo que  dichas  personas  indudablemente lo confundieron con otro sujeto conocido con el  Alias  de  “Pichi”.  Por esto, prosigue el impugnante, en plurales ocasiones  solicitó  ante  el  funcionario  de  instrucción  y  posteriormente  ante  los  funcionarios  de  conocimiento,  la aplicación de lo dispuesto por el artículo  367  del  C.  de  P.  P.  y,  en  consecuencia,  se  sometiera  al  procesado al  reconocimiento  de  personas  de  que  habla la referida disposición, sin haber  sido escuchado.       

Sostiene   que   si   en   más  de  cinco  oportunidades   solicitó   la  práctica  de  “tan  importantes  diligencias,  sin   que  llegaren a materializarse”, tal circunstancia, no imputable al  sindicado  o  su  defensor  “está  pregonando  que  la condena de 36 años de  prisión  para  Juan  Carlos  Castro  se  produjo con evidente violación de los  derechos  fundamentales  consagrados  en la Carta y concretamente los señalados  en el articulo 29 de la misma.”   

Concluye  su  argumentación  anunciando que  “en  la  oportunidad legal” ante la Corte ampliará sus argumentaciones, por  lo  cual  ruega  se  le conceda el recurso extraordinario que invoca (fls. 398 y  ss.).   

          SE CONSIDERA:   

La doctrina de esta Corte persistentemente ha  sostenido  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  no se equipara a una  instancia  adicional  en  la  que puedan presentarse informalmente argumentos de  inconformidad  contra  las  sentencias  de  segunda  instancia,  ni comporta una  prolongación  del  juicio  que  dé  lugar  a  continuar  el  debate fáctico y  jurídico llevado a cabo durante el trámite ordinario.   

En  ese  sentido  ha  sido  dicho   que  “contrario   al   corriente   pensamiento   que  se  tiene  sobre  este  medio  impugnatorio,   su  postulación  ha  de  obedecer  a  la  denuncia  de  haberse  transgredido  la  voluntad  de  la ley con la que es declarada en el fallo, y el  escrito  a  través  del  cual  se  ejerce, debe cumplir rigurosos requisitos de  forma y contenido, a fin de que logre ser admitido por la Corte”.   

Esto  por  cuanto  “de  olvidarse  que  el  recurso  extraordinario  está  gobernado  por principios de técnica que le dan  vida  autónoma  y  distinta  del  juicio  de  responsabilidad,  los  cuales  lo  convierten  en  juicio  lógico  y  jurídico  contra  la  sentencia, y permiten  diferenciar  la  casación  de  los  instrumentos de controversia ordinarios, se  corre  el  riesgo  de  incumplir  los presupuestos que para la admisibilidad del  libelo  la  ley  prevé,  dando  al  traste  con  las  expectativas  que  de  su  formulación  crean  los sujetos intervinientes en el proceso, al tener la Corte  que  decretar  el rechazo de la demanda y declarar desierta la impugnación, sin  alcanzar a considerar el fondo del asunto”.   

Es   de   recordarse,  además,   que  “tratándose  la  casación,  pues,  de un medio de impugnación rogado, en el  cual  la puerta de entrada para la resolución del juicio de legalidad de que se  viene  hablando,  es  la  adecuada  elaboración  de  la  demanda acorde con los  parámetros   legalmente   establecidos,   ampliamente   desarrollados   por  la  jurisprudencia,  el  principal  deber  del  actor ha de consistir en la correcta  selección  de  la  causal  que persiga aducir, el desarrollo y demostración de  cada  uno  de  los  cargos  que  a  su  amparo  proponga,  y concluir la censura  demandando  de  la  corte  una  solución que se compadezca con la causal que le  sirve  de  fundamento,  puesto que ellas, en los términos previstos por la ley,  son   autonómas   y   traen   consecuencias   de   distinta   índole  para  el  proceso”.   

“  De  ahí  que  no  sea posible plantear  argumentos  indemostrados  en  el  mismo  libelo  sustentatorio,  ni  acudir  al  expediente  del reenvío a otros alegatos o conceptos que hayan sido presentados  durante  el  proceso,  pues  es el examen de la demanda, y solamente de ella, el  que  permite  establecer  si  se  ajusta  a  los  cánones  que  dan cabida a su  admisión  para  el  estudio  y  pronunciamiento  de mérito”  (Cfr. Auto  Cas.  febrero 11/99. M. P. Dr. ARBOLEDA RIPOLL. Rad. 13297).   

En este caso observa la Corte, que la demanda  de   casación   presentada   a   nombre   del  procesado  JUAN  CARLOS  CASTRO,  manifiestamente  incumple  los presupuestos de admisibilidad establecidos por el  artículo  225 del Código de Procedimiento Penal, pues si bien en ella se logra  identificar   algunos   de  los  sujetos  procesales  que  intervinieron  en  la  actuación,  y  la  sentencia  materia  de  impugnación, nada se dice sobre los  hechos  objeto  de juzgamiento y apenas se refieren algunos apartes del trámite  llevado  a  cabo,  lo  cual patentiza la particular concepción que se tiene del  instituto al cual se acude.   

Tampoco se cumple con la carga de seleccionar  adecuadamente  la  causal en que se funda la pretensión por la infirmación del  fallo,  y  en  tal   medida  menos podría ser satisfecha la obligación de  indicar  clara  y precisamente los fundamentos fácticos y jurídicos del motivo  de    casación   que   se   persigue   denunciar   como   configurado   en   el  proceso.   

A  pesar  de aducirse la causal primera como  motivo  de  casación,  en  la  demanda  no  se concreta ninguna de las formas y  sentidos  de  transgresión  a la ley en que puede incurrir el juzgador, pues no  se  indica si a la violación de la ley sustancial arribó por la vía directa o  a  través  de cometer errores en la apreciación probatoria; nada se dice sobre  si  lo  denunciado  es  la  falta  de  aplicación, la aplicación indebida o la  interpretación  errónea de algún precepto sustancial, ni se precisa alguna de  las  diversas hipótesis de desacierto posibles de realizar en la contemplación  de los medios de convicción.   

Perdiéndose  de  vista  que cada uno de los  motivos   susceptibles   de    invocarse   en  sede  extraordinaria,  traen  consecuencias  diversas  para  el  proceso,  siendo por tanto imprescindible que  cuando  sean  varias  las causales aducidas, cada cual se presente en capítulos  separados,  en  este caso el casacionista no solamente enuncia que la censura se  apoya  en  la  causal primera, cuyo desarrollo omite, sino que, además, incurre  en  el  insalvable  defecto  técnico  de  proponer  argumentación propia de la  tercera  o  de  nulidad,  dando  lugar  a  la  incertidumbre  sobre el verdadero  propósito que persigue con el recurso.   

Y  aunque  pareciera  que  en  últimas  la  pretensión   es    la    de   denunciar  omisión  de   los  funcionarios    de    instrucción    y    juzgamiento   en   realizar diligencia de  reconocimiento en fila de personas con la  intervención   de  los dos testigos que dice incriminan al procesado,  y  que,  según expone, constituyeron la piedra angular del fallo de condena, lo  que  daría  lugar  a  pensar  que  la  censura  se  orienta  por  denunciar  la  transgresión  del  derecho de defensa, no se demuestra ésta, ni se acredita la  definitiva  incidencia  que  la  práctica de una tal prueba habría tenido para  modificar     el     sentido     de     la    decisión    contenida    en    la  sentencia.                      

Se observa así por la Corte que en lugar de  ajustarse  a  los  presupuestos  de  admisibilidad  legalmente  establecidos, el  libelista  acude  a  este  instrumento extraordinario como forma de prolongar el  debate   para lograr una revaloración probatoria por fuera de la realizada  por   el   sentenciador,   desconociendo   que   el  proceso  concluyó  con  el  proferimiento  del  fallo de segundo grado, hallándose a estas alturas amparado  por  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  la cual era de su carga  desvirtuar.   

En  estas  condiciones,  como por virtud del  principio  de  limitación  le  está vedado a la Corte corregir la demanda para  ajustarla   a   los   presupuestos   que   la   hagan  admisible,  la  decisión  correspondiente  es  su  rechazo y, en consecuencia, tener que declarar desierto  el  recurso  en  obedecimiento  a  lo previsto por el artículo 226 del C. de P.  P.   

Dado que esta decisión cobra ejecutoria con  sus  suscripción  por  el  órgano  que  la  produce, según previsiones que al  respecto  traen  los  artículos 1996 y 226 ejusdem, se ordenará la devolución  inmediata  del  expediente  al  Tribunal  de  origen, previa comunicación a los  sujetos procesales.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E:   

RECHAZAR   la  demanda  de  casación  presentada a nombre del procesado JUAN CARLOS CASTRO por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este proveído. En consecuencia SE DECLARA  DESIERTO el recurso.    

Comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen.   

Cúmplase.  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL    JORGE CORDOBA POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE            EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES             CARLOS  E.  MEJIA ESCOBAR   

ALVARO        O.      PEREZ  PINZON                YESID RAMIREZ BASTIDAS   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria.  

    

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