13140 (16-10-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    VIOLACION  DIRECTA  DE  LA  LEY/  VIOLACION  INDIRECTA DE LA LEY/ CULPABILIDAD/ IN DUBIO PRO REO   

4  Aducir o sugerir  que  se  atribuyó  delito  o  se dedujo responsabilidad penal sin culpabilidad,  abre  el  camino  bien por la violación directa de normas tan sustanciales como  los  artículos  2°, 5°, 329 y 340 del Código Penal, por falta de aplicación  de  las  dos  primeras  y  aplicación  indebida de las dos últimas, ora por la  violación  indirecta de los mismos preceptos fundamentales, debido a errores de  hecho  o  de  derecho  que  es preciso individualizar.  De igual manera, la  capitalización   de   la   regla   de   solución   procesal  del  in  dubio  pro  reo,  según  que  se haya  estimado   positivamente   por   el   juzgador   o   se  haya  menospreciado  su  configuración,  delinea  los  dos sentidos indicados de la causal de violación  de  dispositivos  sustanciales, razón por la cual, aquí y allá, el demandante  tenía  el  deber  formal  de precisar su inconformidad, tanto desde el punto de  vista fáctico como jurídico.   

PROCESO No. 13140  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 125  

Santafé  de  Bogotá,  D. C., dieciséis de  octubre de mil novecientos noventa y siete.   

VISTOS:  

          Examina  la Sala el cumplimiento de las formalidades básicas de la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado BENJAMÍN ANTONIO  LADINO  CATAÑO,  en  relación  con la sentencia de segunda instancia proferida  por  el  Tribunal Superior de Cali, de acuerdo con la cual el procesado es autor  de  un  concurso  de hechos punibles de homicidio y lesiones personales culposos  y,  en  consecuencia,  se  confirma  la  sanción principal de tres (3) años de  prisión,  dos  mil  pesos ($ 2.000.oo) de multa y un (1) año de suspensión en  el  ejercicio  de  la conducción de vehículos automotores, medidas que habían  sido adoptadas en el fallo de primer grado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

         El  infausto  episodio  ocurrió  el  día  17  de  agosto de 1993,  aproximadamente  a  las  5:30  horas  de la madrugada, hora en la cual el bus de  servicio  público afiliado a la Empresa de Transporte Pradera, conducido por el  ciudadano  BENJAMÍN  ANTONIO  LADINO  CATAÑO,  se  desplazaba por la carretera  central  del  Valle del Cauca (conocida como vía panamericana), en su recorrido  usual  entre  el  municipio de Pradera y la ciudad de Cali, y precisamente en el  tramo  conocido como recta Cali-Palmira, a la altura del Centro Internacional de  Agricultura  Tropical  (CIAT),  el  automotor se precipitó de un momento a otro  sobre  una  hondonada  que  funciona  como  separador  central  del carreteable,  produciéndose  un  aparatoso  volcamiento  en  el  cual  perdieron  la vida los  pasajeros  HERNANDO  MEJÍA  QUINTERO y MARÍA LUZ GAVIRIA DE MEJÍA y otros, en  cantidad superior a diez (10), resultaron lesionados.   

         La  Fiscalía  General  de  la  Nación  adelantó la averiguación  formal  de  los hechos y acusó al procesado ante los jueces, por el concurso de  delitos  de homicidio y lesiones personales culposos, según resolución fechada  el 28 de abril de 1995.   

         Agotada  debidamente  la  fase  del juzgamiento, el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de  Palmira dictó sentencia condenatoria el 30 de mayo de  1996,  por  medio  de  la  cual  impuso  al  procesado  las  consecuencias antes  indicadas,  fallo  que  fue íntegramente confirmado por la decisión de segunda  instancia  del  Tribunal Superior de Cali, adoptada el 3 de septiembre del mismo  año.   

EXAMEN PRELIMINAR DE LA DEMANDA:  

         Después  de  individualizar  las  partes  en el proceso y el fallo  controvertido,  y  hacer  una síntesis de los hechos que fundamentan el decurso  procesal,  el  recurrente  cita  textualmente  algunos párrafos de la sentencia  impugnada,  haciendo énfasis en las expresiones que estima pertinentes para sus  apreciaciones,  y  en  el  capítulo  tercero  del  libelo  ofrece  el siguiente  enunciado:   

“Para  solicitar  se  case  el  fallo  ya  identificado  aduzco  la  causal  primera  del  artículo  220 del C. P. P., por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, al haber incurrido el ad quem en  error  de  hecho  al  suponer  la  existencia  de  una  prueba que no obra en el  proceso”.   

         Como  explicación  del  cargo, el demandante advierte que, si bien  el  ad  quem  descartó el  exceso  de  velocidad  imprimida  al  bus,  dato  que  infundadamente la primera  instancia  había  situado  como  causa del siniestro, de todas maneras “en su  afán  de  endilgar  la  responsabilidad  por  los hechos ocurridos incurrió en  error  de  hecho  manifiesto al dar por demostrado, sin que obrara en el proceso  prueba  alguna  que  lo  sustente,  de  que  Benjamín Antonio Ladino Cataño se  quedó  dormido  conduciendo  el  vehículo  al  momento de la ocurrencia de los  hechos,  cuando  por el contrario, de la injurada rendida por mi defendido, y de  las  declaraciones  allegadas  al  proceso,  se  pudo  establecer  que  éste se  encontraba en plenitud de sus facultades físicas y mentales”.   

         Ese  que  es  el  argumento  central  y  único de la impugnación,  prácticamente    se    reitera    por    el    censor    en    los   siguientes  términos:   

“Pues  bien,  el ad quem, al no encontrar  una  razón  lógica  de  la  ocurrencia  del  accidente,  y  entendiendo que se  encontraba  demostrado  que  el motorista no conducía a exceso de velocidad, se  imaginó  que  Cataño  Ladino  se  quedó dormido con el único argumento de la  hora  tempranera en que conducía, sin que obre en el proceso prueba que indique  que  mi prohijado en esos momentos no se encontraba en condiciones aptas para la  conducción   del   vehículo,   y   mucho   menos   que   se   hubiese  quedado  dormido”.   

         En   cuanto   a   la   trascendencia  del  error,  se  dice  en  la  sustentación   del   recurso  que  éste  tiene  carácter  “manifiesto”  y  “determinante”,  de  tal  manera  que  si  se  hace  abstracción de él, la  decisión  sin  duda  hubiese  sido  absolutoria,  merced a “la aplicación de  principios  tales  como  el de la proscripción de la responsabilidad objetiva y  el  in  dubio pro reo, los cuales no fueron observados al imaginarse el juzgador  de  segunda  instancia  que mi defendido, en forma imprudente se quedó dormido,  sin  que,  como  vuelvo  y  lo  digo,  haya  un solo medio probatorio dentro del  proceso  que  permita  llegar a esa conclusión, de lo cual se concluye en forma  clara, que el ad quem se imaginó la existencia de tal prueba”.   

         La  Sala  vuelve ahora sobre las conocidas observaciones en torno a  la  estructura  de  la demanda de casación, escrito que el legislador, en lugar  de  abandonarlo  al talante y la libre composición del actor, razonablemente lo  ha  sujetado  a  unos  mínimos  formales  que  derivan  de  la  lectura  de los  artículos  220 y 225 del Código de Procedimiento Penal, precisamente porque se  quiere  resaltar  la  nota  de  lo  extraordinario  en el recurso de casación y  precaver  la  conversión  de  dicha  sede en una instancia adicional, dado que,  salvo  motivos  elocuentemente  canalizados  en  la respectiva demanda, la Corte  periódicamente   cumple   los   cometidos   de   unificación  jurisprudencial,  realización  de los derechos fundamentales de las partes y resarcimiento de los  agravios  particulares,  pero  sin  la  pretensión  mesiánica  de  absorber  o  suplantar  de cualquier manera el debate amplio, el trabajo y los resultados con  impronta jurisdiccional de cumplida vigencia en las instancias.   

         Si  la controversia se sitúa en el falso  juicio   de   existencia,  ámbito  sugerido  en  el  señalamiento  de  que  el tribunal incurrió en error de hecho “al suponer la  existencia  de  una  prueba  que no obra en el proceso”, queda la inquietud de  saber  cuáles  fueron los medios probatorios imaginados para soportar el juicio  conclusivo  de  que  el conductor del autobus se quedó dormido a la hora de los  hechos y que por ello se produjo la tragedia.   

         En  este  sentido,  la  demanda  es equívoca, porque no es posible  precisar  en  su  contenido  si el dato en cuestión fue completamente inventado  gracias  a  la  imaginación  del  juzgador,  sin sustrato probatorio o con base  informativa  inopinadamente  mencionada  en  el  fallo  pero  inexistente  en el  proceso,  o  si  atañe a una inferencia lógica que se hace después de evaluar  críticamente  la  prueba y descartar otras hipótesis de ocurrencia.  Esto  último,   y   no   lo   primero,   es   lo   que  se  entrega  inconsistente  y  contradictoriamente  en  el cuerpo de la misma demanda, cuando el actor reprocha  la  conclusión  judicial del sueño en el conductor dizque por haberse asentado  en    “el    único    argumento    de    la    hora    tempranera    en   que  conducía…”   

         La   dilogía   en   esta   materia  es  intolerable  porque  torna  inescrutable  el  lenguaje  de la demanda, hasta el punto que se corre el riesgo  de  mezclar  indebidamente  los  motivos  de  casación,  pues  no  es  igual la  trascendencia  de  un  yerro  tan  material como el del fingimiento de la prueba  sobre  asunto  tan definitivo como la hipótesis de culpa (imprudencia), o si la  equivocación  se  sitúa  por  la  discrepancia  sobre  un  juicio  de valor de  conclusión,  en  relación  con el mismo tema, que se deriva de la apreciación  racional  de la prueba.  Este último matiz, ordinariamente está exento de  discusión  en  sede  de  casación,  porque  el recurso extraordinario no puede  alentar  la  confrontación  entre dos silogismos probatorios (el del tribunal y  el  del  censor),  uno  de los cuales está ungido por la soberanía reglada del  juez  en  la materia (art. 254 C. P. P.), salvo que se perfile inequívocamente,  por  demostración  clara  del  demandante,  la  carencia  del  buen sentido, la  negación  de  la  lógica elemental o del ordinario discurrir de las cosas o la  fulminación    de    los   dictados   de   la   ciencia   en   la   valoración  probatoria.   

         Ello  sin  contar con el intento de discusión de lo que se perfila  como  una  deducción  lógica  del sentenciador (la somnolencia del conductor),  pues  con  tal actitud se entra en los terrenos de la prueba indiciaria, caso en  el  cual,  por  principio  de  razón  suficiente  y  por  medio de las rutas de  casación  adecuadas,  debería  señalarse  si  la  falencia  se advierte en la  prueba  que  sirve  de  fuente  al  indicio,  o  si  el hecho indicador no está  probado,   o   si   el  disgusto  solamente  se  circunscribe  a  la  operación  lógico-deductiva    que    arrojó    un    hecho    indicado    imposible   de  concebir.   

         

         Ahora  bien,  alegar  que  el  conductor  se  hallaba  en  óptimas  condiciones  físicas  y mentales, según se deduce de su injurada “y de otras  declaraciones  allegadas al proceso”, además de que genera para el recurrente  la  carga  de  exhibir  concretamente la información de tales piezas procesales  que  conduce  a esa convicción, para no quedarse en el mero enunciado abierto y  caprichoso,  produce a la vez un desvío conceptual en las reclamaciones, porque  tal  pauta  sugiere  otra modalidad de falso juicio de  existencia,  ya  no  por  la  simulación  de  datos  probatorios  ausentes  del  proceso,  sino,  contrario  sensu,  por  la  ignorancia  de  algunos  medios  de  información válidos que existen en el proceso.   

         Se  detecta  una  carencia  adicional en el libelo.  ¿Cuáles  las  razones  por  las  cuales  se  afirma, sin las distinciones o formulaciones  subsidiarias  exigidas  por  la  ley,  que  el tribunal violó los principios de  culpabilidad   (o   proscripción  de  la  responsabilidad  objetiva)  y  el  de  in  dubio  pro  reo?.   Aducir  o  sugerir que se atribuyó delito o se dedujo responsabilidad penal sin  culpabilidad,  abre  el  camino  bien  por  la  violación directa de normas tan  sustanciales  como  los  artículos  2°,  5°, 329 y 340 del Código Penal, por  falta  de  aplicación  de  las  dos  primeras y aplicación indebida de las dos  últimas,   ora   por   la   violación   indirecta   de  los  mismos  preceptos  fundamentales,   debido  a  errores  de  hecho  o  de  derecho  que  es  preciso  individualizar.   De  igual  manera,  la  capitalización  de  la  regla de  solución  procesal  del  in dubio pro reo,  según  que  se haya estimado positivamente por el juzgador o se  haya  menospreciado  su configuración, delinea los dos sentidos indicados de la  causal  de  violación de dispositivos sustanciales, razón por la cual, aquí y  allá,  el demandante tenía el deber formal de precisar su inconformidad, tanto  desde el punto de vista fáctico como jurídico.   

         Tan   significativas  como  abundantes  perplejidades  y  carencias  técnicas  en  el pedimento, sólo pueden conducir a que de entrada se desestime  por  vicios  de  forma  y,  consecuentemente,  a declarar desierto el recurso de  casación concedido por el tribunal.   

         En  mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

         Rechazar   in   limine  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del procesado BENJAMÍN ANTONIO LADINO  CATAÑO  y, por consecuencia, declarar desierto el recurso de tal naturaleza que  concedió el Tribunal Superior de Cali.   

         En  atención  a  las  previsiones  de  los artículos197 y 226 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en relación con esta providencia no procede  recurso alguno.   

         Cópiese, comuníquese y cúmplase.   

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

NO FIRMO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          RICARDO CALVETE RANGEL   

                                                                                                            NO FIRMO   

JORGE    CÓRDOBA    POVEDA                          JORGE ANÍBAL GÓMEZ  GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                            DÍDIMO PÁEZ  VELANDIA   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                JUAN MANUEL  TORRES FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

                                                                    Secretaria.   

   

    

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