12307 (19-06-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEMANDA  DE CASACION/ VIOLACION DIRECTA DE LA  LEY/ VIOLACION INDIRECTA DE LA LEY   

La  causal primera de casación contempla dos  modalidades  de  vulneración  de  la  norma de derecho sustancial:  una, a  causa    de    su    violación   directa,  en donde el actor, evitando cualquier debate probatorio, endereza  el  razonamiento  jurídico  a  mostrar  la  aplicación  indebida  de  la regla  jurídica  a  los  hechos  ya  definidos  por  el  sentenciador,  o  la falta de  aplicación  de  la  misma,  o  su  interpretación  errónea, para que la Sala,  probada  la causal, dicte el fallo de reemplazo; y la otra, que también resulta  de  la  conculcación  de  la ley sustancial pero mediatizada por una incorrecta  apreciación  de  la  prueba,  por  lo  que  se  conoce  como  violación  indirecta, modalidad esta en la  que  se debe demostrar la equivocación en que incurrió el fallador,  bien  que  se  trate  de un error de hecho por la deformación del alcance fáctico de  la  prueba,  como cuando se ignora estando incorporada en el proceso o se supone  sin  que  obre  allí  (falso  juicio  de  existencia)  o cuando se tergiversa o  distorsiona  su  sentido (falso juicio de identidad);  ora que se ubique en  el  campo  del  error  de derecho, que ab-initio será posible frente a un falso  juicio  de legalidad proveniente de un vicio en la incorporación de la prueba o  porque  a  pesar de no estar afectada de ninguna irregularidad se le repudie por  ello,  toda  vez  que  el  falso juicio de convicción por regla general deviene  improcedente  al  haber  desaparecido  de  nuestro  sistema  la  tarifa legal de  pruebas.   

En múltiples ocasiones la Corte ha reiterado  que   tratar   de   interpretar   las  palabras  del  recurrente,  resolver  sus  contradicciones  o  suplir  sus vacíos sería abandonar su papel de Tribunal de  Casación  para  convertirse  en  asesor ilegítimo en asuntos que luego estará  obligado  a  decidir,  razón  por  la cual todo esfuerzo dialéctico  para  adivinar  la intención del opugnador o mejorar su propuesta resulte extraño al  recurso  extraordinario, a fuer de quebrantar el principio de limitación que lo  rige.   

RAD. 12307  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                                                              Magistrado Ponente:   

                                         Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                                         Aprobado Acta Nro. 68   

          Santafé   de  Bogotá,  D.C.,  junio  diecinueve de mil novecientos noventa y siete.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  sobre  la  admisibilidad de la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado OCTAVIO ARBOLEDA GONZALEZ  contra  la sentencia proferida el 13 de mayo de 1996 por el Tribunal Superior de  Santiago  de Cali, que confirmó la dictada por el Juzgado 20 Penal del Circuito  de  la  misma ciudad, mediante la cual se impuso al acusado la pena principal de  veinticinco  años de prisión, la accesoria de interdicción en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por un período de diez años y la obligación  de   cancelar   los   perjuicios   morales,   como  responsable  del  delito  de  Homicidio.   

ANTECEDENTES  

          El  15  de  mayo  de  1993,  en inmediaciones de la calle 85 con la  carrera  1B del barrio Petecuy del municipio de Cali, la Fiscalía 116 Seccional  practicó  el  levantamiento  del  cadáver  de Carlos Nacianceno España Rojas,  quien   murió   a   consecuencia   de   las  heridas  producidas  por  arma  de  fuego.   

Como autor material del hecho se identificó  a  Octavio Arboleda González, a quien sólo se pudo capturar el 4 de agosto del  año  siguiente  y,  una  vez  oído  en  indagatoria, se profirió en su contra  medida de aseguramiento de detención por el delito de homicidio.   

Una  vez perfeccionada la investigación, el  Fiscal  Octavo  de  la  Unidad de delitos contra la vida, la libertad y el pudor  sexuales  de Cali, el 2 de diciembre de 1994, calificó el mérito del sumario y  formuló   acusación  contra  Octavio  Arboleda  González  por  el  delito  de  homicidio  simple,  previsto  en el artículo 323 del Código Penal y modificado  por la ley  40 de 1.993.   

Cumplido  el rito del juicio, mediante fallo  del  31  de  enero  de 1996, el Juzgado 20 Penal del Circuito de Cali condenó a  Arboleda  González  por  el  delito  señalado en la resolución de acusación,  imponiéndole  como  pena  principal  25  años  de  prisión,  la  accesoria de  interdicción  de derechos y funciones públicas por un período de diez años y  el  pago  del  equivalente  a  600  gramos  oro,  únicamente  por  concepto  de  perjuicios   morales   pues   consideró   que   no   se   habían  causado  los  materiales.   

          Al  desatar  el recurso de apelación interpuesto por el procesado,  mediante  fallo  del  13  de  mayo  de 1996 el Tribunal Superior de ese Distrito  Judicial  confirmó  íntegramente  la decisión, contra la cual el acusado y su  defensor  plasmaron  su disenso con la interposición del recurso extraordinario  de  casación,  cuya  demanda  revisa  ahora  la  Corte en orden a establecer su  admisibilidad.   

LA DEMANDA   

          Luego   de  identificar  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  impugnada,  el casacionista hace una síntesis de los hechos y un recuento de la  actuación  procesal.   A  continuación  y bajo el título de “CAUSAL DE  CASACIÓN INVOCADA”, textualmente escribe:   

“La prevista en el art. 220+1 del C.P.P.,  inciso  1°,  la cual se enuncia cuando la sentencia sea violatoria de una norma  de  derecho sustancial 9 C.N., 228 ibidem, si la violación proviene de la norma  sustancial,  proviene  de  error  en  la  apreciación de determinada prueba, es  necesario  que  así  lo alegue el recurrente. En este caso el error proviene de  un  error  de  derecho  en  la  apreciación  de  determinada  prueba como es la  violación de las normas sustantivas como son los autos”.   

Seguidamente,  bajo  el  título  “CAUSAL  ALEGADA  O  VIOLADA”,  aduce  el  demandante  que  es el desconocimiento de la  legítima  defensa  que consagra el artículo 29 del Código Penal, y transcribe  el inciso primero del ordinal 4° de dicha norma.   

En  lo que llama “FUNDAMENTO DEL PRESENTE  CARGO”,  el  recurrente afirma que tanto el Juzgado 20 Penal del Circuito como  el  Tribunal “de manera explícita violan en forma indirecta la ley sustancial  por  error  de  hecho,  al  no  contemplar en los medios de prueba que la causal  existió”,  y  agrega:  “es que su falso juicio de existencia recae en la no  cotejación  de  los  testimonios de la señora MARIA LUISA AGRONO LUCUMI, quien  nos  relata  que  entre  la  compañera  del  occiso y el condenado existía una  rivalidad,  esta afirmación en concordancia con la versión de la señora MARIA  AMPARO   RAMIREZ  MUÑOZ,  quien  relata que tuvo enfrentamiento con el hoy  condenado  y tuvieron mutuas peleas de agresiones, concadenada a los hechos como  ocurren  se puede establecer indiciariamente que el dia de los hechos la señora  MARIA  AMPARO RAMIREZ MUÑOZ, al saber que su esposo estaba alicorado lo lleva a  la  casa  de  su  hija,  a sabiendas que en el camino se iban a encontrar con el  señor  OCTAVIO  ARBOLEDA GONZALEZ y de esta manera provocar un hostigamiento en  el  que  podía  cobrarle  los  agravios  al  hoy  condenado  y  de  esta manera  desquitarse  y  así  solucionar su problema personal, pero la vida le jugó una  mala  pasada y colocó a estos dos hombres en infortunio, llevando la peor parte  el   señor   CARLOS   NACIANCENO   ESPAÑA   ROJAS   debido   al   disparo  que  recibió.”   

Explica  luego  el  impugnante  que en este  proceso  la  falla  está  en  “no  apreciar  la  funcionaria  a-quo  el hecho  indicador  que  es la provocación por parte de la compañera del occiso señora  MARIA  AMPARO  RAMIREZ  MUÑOZ”, pues fue ella la que provocó al acusado y lo  puso  a  la  defensiva  “al  creer  en  forma sicológica que hiba (sic) a ser  atacado  y  por  lo  cual  agrede  al señor CARLOS NACIANCENO ESPAÑA ROJAS, al  verlo  embriagado  y  en  su  dirección  o  casa y acompañado de su enemiga de  marras;  por  lo  cual  nace  aquí  lo  que la jurisprudencia y la doctrina han  denominado legitima defensa putativa”.   

Bajo  el  epígrafe  de  “PLANTEAMIENTOS  JURIDICOS  LEGALES”,  afirma  el  recurrente  que “se vulneró la causal del  art.  29+4 del C.P. en concordancia con la jurisprudencia y la doctrina: como la  defensa  putativa,  ya que se encuadra dentro del ordenamiento penal como causal  justificativa  del  hecho  punible. (…) Por lo cual se vulneró el debio (sic)  proceso  en  el  trámite  del  presente  proceso  y  compete  a  esta instancia  reconocerle.”   

Como  petición  final,  solicita se case la  sentencia  “por ser violatoria de la causal de una norma sustancial de derecho  art. 220 numeral 1°,inciso 1 del C.P.P.”   

LA  CORTE  CONSIDERA  

                                                                                           

          Expedito  resulta  concluir  que  en el remedo de demanda no existe  siquiera  aproximación  a los requisitos  formales que para su confección  consagra  el   artículo  225  del  C.  de P. Penal, en procura de su curso  legal  con  miras  a un pronunciamiento de fondo, pues el actor apenas si cumple  de  manera  deficitaria  con  los  numerales  primero  y segundo de dicha norma,  constituyéndose  el resto del farragoso escrito en prueba palmaria del absoluto  desconocimiento   de   lo   que   es   la   técnica   de   este  extraordinario  recurso.   

Es que el hirsuto pliego ni siquiera permite  establecer  por  ministerio de cuál de las causales de casación consagradas en  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento Penal pretende el impugnante  desquiciar  la  sentencia  de  segunda  instancia,  porque si bien en forma poco  menos  que  ininteligible  en  el  acápite  que  titula  “Causal de Casación  Invocada”  inicialmente  cita  la  norma  pertinente  a la primera, o sea a la  violación  directa,  posteriormente, en el mismo párrafo acude a la indirecta,  en  la  medida  en  que  luego  de  copiar descuidadamente el inciso segundo del  ordinal  primero  de  la mencionada preceptiva, consigna este galimatías: “en  este  caso  el  error  proviene  de  un  error  de derecho en la apreciación de  determinada  prueba como es la violación de las normas sustantivas como son los  autos”.   

Pero  la  proverbial  inconsistencia  de la  demanda  llega  a  extremos  inconcebibles,  en  cuanto  a la vía del ataque se  refiere,  cuando  inesperadamente  al  final  de  la misma se concluye que “se  vulneró  el debido proceso en el trámite del presente proceso y compete a esta  instancia  (sic)  reconocerle”,  planteamiento que por lo perfunctorio no deja  de  ser  propio  de  la  causal  tercera;  todo  lo  cual  conduce a afirmar que  definitivamente  el  libelo se convierte en el súmmum  de la indefinición  y  la  perplejidad,  defectos estos perfectamente antípodas a los predicados de  claridad  y  precisión  que  deben caracterizar los postulados de la demanda en  forma,   según   el  categórico  mandato  del  artículo  225  del  C.  de  P.  P.   

Es  que este cúmulo de confusos enunciados  en  lo  que  el  censor  ha  denominado  “la  causal invocada”  impiden  desentrañar  si  lo  que  éste pretende es citar el contenido integral de  la  causal primera  bajo sus formas de  violación directa e indirecta  de  la  ley  sustancial como introducción, o en verdad se apresta a censurar la  sentencia  por  el  cuerpo  segundo de dicho canon frente a un error  en la  contemplación  material  de  la  prueba,  que  correctamente  planteado  daría  pábulo  para el ajuste legal;  empero, semejante laxitud interpretativa no  es  admisible cuando se trata de un recurso rogado, como es el extraordinario de  casación,  que  exige  de claros y precisos planteamientos para modificar   una  decisión  judicial  que  goza  de  la  doble  presunción  de  legalidad y  acierto.   

Pero si en un exceso de permisividad, que no  tolera  el rígido esquema de la casación, se abonara como elegida la causal de  violación  indirecta,  ninguna  claridad habría en lo concerniente al reproche  que  al  desgaire  se  había  anunciado  como  constitutivo  de un error  de  derecho en la apreciación de  la  prueba,  pues  en  el  apartado  que  con  optimismo  el  censor titula como  “fundamento  del  cargo”,  habla ya de un error de  hecho “al no contemplar en los medios de prueba que  la  causal  existió”,  y  hasta  intenta  precisarlo  como un falso juicio de  existencia  que  “recae  en la no cotejación de los testimonios de la señora  María  Luisa Agrono Lucumí”, pero para colmo de la confusión luego abandona  este  reproche para afirmar que “se falla al no apreciar la funcionaria a-quo,  el  hecho  indicador  que  es la provocación por parte de la señora del occiso  María Amparo Ramírez Muñoz”.   

          Con  todo,  estos  inescrutables  yerros se quedan en su imperfecto  enunciado,  sin  desarrollo ni fundamentación alguna, pues no  trascienden  más  allá  del  campo de un insuficiente alegato de instancia, en el que basta  oponer  el  particular  análisis  del censor al efectuado por el juez de grado,  cuando  la  obligación del casacionista es demostrarle a la Corte, con claridad  meridiana,   no  sólo  los vicios de actividad o de juicio en que  ha  incurrido  el  sentenciador sino también de qué manera  se conculcó  la   norma   de  derecho  sustantivo  con   grave  perjuicio  para  el  procesado,  aspecto  este tajantemente omitido por el opugnador, quien al efecto  se  limita  a  incurrir  en  el  desatino  de  afirmar  que los autos son normas  sustantivas,  exabrupto  que  por  contera  hace  imposible  conocer la norma de  derecho  sustancial  presuntamente  violada, más aún cuando la imprecisión se  matiza  con  el  mayúsculo  yerro  conceptual  de  confundir  las  causales  de  justificación  con las de inculpabilidad, imperdonable en  la formulación  de una demanda de casación.   

          Debería  saber  el  recurrente  que la causal primera de casación  contempla   dos   modalidades   de   vulneración   de   la   norma  de  derecho  sustancial:   una,  a  causa  de  su  violación  directa, en donde el actor, evitando cualquier debate  probatorio,   endereza  el  razonamiento  jurídico  a  mostrar  la  aplicación  indebida  de la regla jurídica a los hechos ya definidos por el sentenciador, o  la  falta de aplicación de la misma, o su interpretación errónea, para que la  Sala,  probada  la  causal, dicte el fallo de reemplazo; y la otra, que también  resulta  de  la  conculcación  de  la  ley  sustancial pero mediatizada por una  incorrecta    apreciación    de    la    prueba,   por   lo   que   se   conoce  como    violación  indirecta,  modalidad esta  en   la   que   se   debe   demostrar  la  equivocación  en  que  incurrió  el  fallador,   bien  que se trate de un error de hecho por la deformación del  alcance  fáctico  de la prueba, como cuando se ignora estando incorporada en el  proceso  o se supone sin que obre allí (falso juicio de existencia) o cuando se  tergiversa  o  distorsiona su sentido (falso juicio de identidad);  ora que  se  ubique  en el campo del error de derecho, que ab-initio será posible frente  a  un  falso juicio de legalidad proveniente de un vicio en la incorporación de  la  prueba  o porque a pesar de no estar afectada de ninguna irregularidad se le  repudie  por ello, toda vez que el falso juicio de convicción por regla general  deviene  improcedente  al  haber desaparecido de nuestro sistema la tarifa legal  de pruebas.   

En   múltiples  ocasiones  la  Corte  ha  reiterado  que  tratar  de interpretar las palabras del recurrente, resolver sus  contradicciones  o  suplir  sus vacíos sería abandonar su papel de Tribunal de  Casación  para  convertirse  en  asesor ilegítimo en asuntos que luego estará  obligado  a  decidir,  razón  por  la cual todo esfuerzo dialéctico  para  adivinar  la intención del opugnador o mejorar su propuesta resulte extraño al  recurso  extraordinario, a fuer de quebrantar el principio de limitación que lo  rige.   

          Así  pues,  el  discurrir  errático   del  actor  entre  las  distintas  causales  de  casación,  sin  poder  concretar  su pretensión, y el  confuso  señalamiento  de  la  norma  sustantiva  presuntamente avasallada son,  entre  otras  falencias  ya  reseñadas,  aspectos  elocuentes  de  la  indebida  formulación  de  la  demanda de casación  que hacen inevitable su rechazo  de  plano  y  la consecuente declaratoria de deserción del recurso (arts. 225 y  226 C. de P. Penal).    

          En  mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

          RESUELVE:   

          Rechazar   in   limine  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del sentenciado OCTAVIO ARBOLEDA GONZALEZ;  en    consecuencia,    se    declara    desierto    el   recurso   oportunamente  interpuesto.   

          De  acuerdo con los artículos 197 y 226 del C. de P. Penal, contra  esta decisión no cabe recurso alguno.   

          COPIESE, CUMPLASE Y DEVUELVASE.   

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL       RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE            CORDOBA  POVEDA               JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

CARLOS           E.MEJIA  ESCOBAR               DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON           PINILLA  PINILLA                     JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

   

    

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