12792a

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.05   

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa Fe de Bogotá D. C., veinte de enero de  mil novecientos noventa y nueve.   

                    Resuelve la  Corte  el  recurso  extraordinario  de casación interpuesto contra la sentencia  proferida  el  18  de  abril de 1996 dentro de las causas acumuladas Nos.12470 y  027,  mediante la cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Fe de  Bogotá  condenó a los procesados JUAN CARLOS VELASCO  SANCHEZ  y SERGIO MATALLANA  RODRIGUEZ  a  las penas principales de 24 años, y 25  años  y  6 meses de prisión, respectivamente, como autores responsables de los  delitos  de  homicidio  agravado,  tentativa  de  homicidio  y  hurto calificado  agravado.   

                      Hechos y  actuación procesal.   

                         Causa  No.12.470:   

                     El viernes  18  de  diciembre de 1992, alrededor de las 6 de la mañana, Juan Carlos Velasco  Sánchez  y  Sergio  Matallana Rodríguez, quienes habían pasado la noche en el  apartamento  No.402  de  propiedad de Luis Child Vélez, ubicado en la calle 18A  No.1-11  de  Santa  Fe  de  Bogotá, pretendieron abandonar el edificio llevando  consigo  varias  maletas  de  viaje,  siendo sorprendidos por Ana Fabiola Cortes  Monroy  (celadora  del  edificio)  y  su esposo José Martín Salamanca, quienes  procedieron  a  cerrar  la  puerta manifestándoles que sin la autorización del  propietario  del inmueble no podían dejar salir el equipaje. Al visitar Martín  Salamanca  el  apartamento  del  doctor  Child  Vélez,  y entrar a su alcoba en  compañía  de  la  empleada  del  servicio  doméstico  María  Elisa de Jesús  Aguirre,  hallaron  su cuerpo sin vida, con heridas causadas al parecer con arma  cortopunzante.  Esto  motivó  un  enfrentamiento  con  los victimarios, en cuyo  desarrollo  Martín  Salamanca  recibió  una  herida  penetrante con un arma de  igual  naturaleza  en  la zona II del cuello, que interesó la vena yugular y le  determinó  una  incapacidad  provisional  de  15  días con deformidad física.  También  recibieron  lesiones  con arma cortopunzante, de menor entidad, María  Elisa  de  Jesús  Aguirre  (fls.99-1),  y  Ana  Fabiola Cortés Monroy (fls. 92  ibidem).  Velasco  Sánchez  y Matallana Rodríguez fueron capturados dentro del  edificio por agentes de la policía nacional.   

                     El sábado  19  de  diciembre,  en  las horas de la tarde, la Fiscal Catorce de la Unidad de  Investigación  Previa  y  Permanente escuchó en declaración indagatoria a los  imputados,  para  cuyos  efectos  procedió a designarles defensores de oficio a  personas  honorables,  ante  la imposibilidad de poder contar con un profesional  del   derecho,   según   constancia   dejada   en   dicho   sentido  (fls.31  y  42-1).        

                    Resuelta la  situación  jurídica  de los procesados y clausurado el ciclo investigativo, se  lo  calificó el 1º de abril de 1993 con resolución acusatoria por los delitos  de  homicidio  agravado, lesiones personales en José Martín Salamanca, y hurto  calificado  agravado,  conforme  a  lo establecido en los artículos 323, 324.2,  331,  350 y 351 del Código Penal, y se dispuso expedir copias con destino a las  autoridades  de policía para investigar las lesiones de que fue víctima María  Elisa  Aguirre,  y  que  le  ameritaron  una  incapacidad  de  diez  (10)  días  (fls.283-1).  Impugnada  esta decisión, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal,  mediante  proveído  de  junio  9  de  1993,  revocó la orden de expedición de  copias  y  modificó el llamamiento a juicio por lesiones personales, para en su  lugar  acusar  a  los  procesados  por el delito de homicidio en la modalidad de  tentativa  respecto  de  José  Martín  Salamanca y María Elisa Aguirre. En lo  demás, la decisión se mantuvo incólume (fls. 105-4).   

                         Causa  No.027:   

                      El 1º de  julio  de  1992,  siendo  aproximadamente   las  10  de  la  noche,  Sergio  Matallana  Rodríguez se comunicó telefónicamente con José Alirio Hernández,  a  su apartamento No. 701 de la carrera 7a No.33-29 de Santa Fe de Bogotá, para  anunciarle  visita,  oportunidad  que  fue  aprovechada  por  este  último para  encargarle  algo  de  comer.  José  Alirio  Hernández  recuerda  que Matallana  Rodríguez  se  presentó al inmueble con dos emparedados, uno para cada cual, y  se  sentaron  en la Sala a comer y charlar, pues entró en profundo sueño hasta  el  día siguiente en las horas de la tarde, cuando despertó en el hospital San  José  de  esta ciudad. Matallana Rodríguez abandonó el apartamento a las seis  de  la mañana, llevando un maletín, según cuenta el celador del edificio. Del  apartamento  desaparecieron elementos varios avaluados en un millón seiscientos  mil pesos.   

                      Por estos  hechos  la Fiscalía escuchó en declaración indagatoria a Matallana Rodríguez  (fls.50-1),  resolvió  su  situación  jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva por el delito de hurto calificado agravado (fls. 64-1), y  por  el  mismo  ilícito profirió el 10 de abril de 1995 resolución acusatoria  en su contra (fls. 100 ibidem).   

                    Por auto de  22  de  mayo siguiente, el Juzgado Doce Penal del Circuito de Bogotá dispuso la  acumulación  de las causas (fls.525-2), y mediante fallo de 24 de noviembre del  mismo  año  condenó  a  los  procesados Juan Carlos Velasco Sánchez a la pena  principal  de  24  años  de  prisión, como coautor de los delitos de homicidio  agravado,  tentativa  de  homicidio,  y  hurto  calificado  agravado,  a  que se  concreta  la  causa No.12.470, y Sergio Matallana Rodríguez a la pena principal  de  25  años  y  6 meses de prisión, como coautor de los mismos delitos, y del  hurto  calificado  agravado  sobre los bienes de José Alirio Hernández, de que  trata  la  causa No.027. Como pena accesoria se impuso interdicción de derechos  y funciones públicas por el término de 10 años (fls.653-2).   

                   Apelado este  fallo  por  los  defensores  de los procesados, el Tribunal Superior de Bogotá,  mediante  el  suyo  de  18  de  abril de 1996, que ahora recurre en casación el  procesado  Juan Carlos Velasco Sánchez y su defensor, lo confirmó en todas sus  partes (fls.106-3).   

                           La  demanda:   

                          Con  fundamento  en  la causal tercera de casación, el demandante acusa la sentencia  impugnada  de haber sido dictada en un juicio viciado de nulidad, por violación  del derecho de defensa.   

                    Sostiene  que  el  19  de  diciembre  de 1992, la Fiscal 14 de la Unidad de Investigación  Previa  y  Permanente  de  Bogotá  escuchó  al  procesado  Juan Carlos Velasco  Sánchez  en  indagatoria,  designándole al señor José Ever Herrán, empleado  de  una  empresa  de  servicio  privado  de  vigilancia, defensor de oficio, sin  constatar siquiera si sabía leer y escribir.   

                     Resulta  inentendible   que   la   Fiscal  procediera  a  recibir  indagatoria  en  estas  condiciones,  cuando  el  término  para  hacerlo,  según  lo  dispuesto  en el  artículo  386  del  Código de Procedimiento Penal, vencía el lunes siguiente,  pudiendo   para  entonces  contar  con  un  abogado  inscrito  que  le  brindara  orientación y consejo al imputado.   

                    No puede  ser  comprendido  que en una ciudad como Santa Fe de Bogotá, donde funcionan de  manera  centralizada  todas  las  instituciones gubernamentales y jurídicas, se  viole  el  derecho a la defensa. Tal vez en un municipio donde el único abogado  es  el Fiscal, sea viable delegar en el portero del palacio municipal o la gente  del  pueblo  la  asistencia  del  procesado,  pero  no  en  una  ciudad capital.   

                  Transcribe  apartes  de  la  decisión de esta Sala de 6 de junio de 1995, para sostener que  en  el presente caso la actuación procesal se cumplió en vigencia de la actual  carta  política,  siendo  imperioso  para la fiscal acatar lo establecido en su  artículo  29,  disponiendo  lo  necesario  para que el procesado contara con la  asistencia  de un abogado, pues no se daban las condiciones establecidas por ley  para  acudir  a  la  designación de una persona honorable e iletrada, ya que en  Bogotá  concurren  permanentemente abogados, y no existía peligro inminente de  vencimiento de términos.   

                     En las  anotadas  condiciones,  resulta  claro que en su indagatoria el procesado estuvo  totalmente  desamparado  frente  a  la  garantía de defensa que le aseguraba la  Carta  Fundamental,  situación  que  conduce  a  la  invalidación  de  toda la  actuación,  a partir de la referida diligencia, conforme a lo establecido en el  artículo 304-3 del estatuto procesal.      

                    Reconoce  que  para  la  fecha en que la fiscalía escuchó en indagatoria al procesado no  se  había declarado inexequible el artículo 355 del Código Penal, pero afirma  que  las condiciones establecidas en dicha norma, no se cumplían, puesto que no  puede  afirmarse  que en Bogotá haya ausencia de abogados, o que el vencimiento  de   los  términos  era  inminente,  pudiendo  la  Fiscal  haber  pospuesto  la  diligencia para el día lunes.   

                   Pide a la  Corte,  en  consecuencia, casar la sentencia impugnada, y decretar la nulidad de  toda  la  actuación  procesal,  a partir inclusive de la indagatoria de Velasco  Sánchez (fls.155-3).   

                    Concepto  del Ministerio Público.   

                         El  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo Penal solicita desestimar las pretensiones  del  impugnante,  pues  considera  que  la  situación  especial  descrita en el  artículo  148  del  estatuto  procesal,  se cumplía a cabalidad, puesto que no  había  abogado  inscrito  que  asistiera  al  imputado  en la indagatoria, y la  citada norma permitía la designación de un ciudadano honorable.   

                     Destaca  que   la   diligencia  se  cumplió  un  sábado,  día  de  vacancia  judicial,  circunstancia  que  dificultaba  la  consecución  de un profesional que pudiera  asumir  de  oficio  el  cargo  de  defensor,  y si bien es cierto la Fiscal pudo  haberla  aplazado  para  el día hábil siguiente, sin que se viera abocada a un  proceso  disciplinario  o  a  la necesidad de dejar en libertad al procesado por  vencimiento  de  términos,  no  por  ello  puede  afirmarse la vulneración del  derecho de defensa.    

                         La  gravedad  del  caso;  el  hecho que fueran dos los aprehendidos; la necesidad de  entregar  el  expediente  al  fiscal  que  debía  asumir  la  instrucción;  la  manifestación  del  imputado  en  el  sentido  de  que carecía de defensor; la  interposición  del  día  de  vacancia  judicial;  y,  las  necesidades  de  la  investigación  para que las pruebas no sufrieran alteración, ni los capturados  permanecieran  privados de la libertad más allá del término razonable, fueron  las  circunstancias  que determinaron la recepción de la indagatoria el día 19  de  diciembre,  concluye  la  Delegada.                                                                                                    

                    

                     Por las  precitadas razones, pide a la Corte no casar el fallo impugnado.   

                         SE  CONSIDERA:   

                         En  repetidos  pronunciamientos  esta  Sala  ha  sostenido  que  la  declaración de  inexequibilidad  del  artículo  148  del  estatuto  procesal Penal solo produce  efectos  hacia  el  futuro,  no  siendo  posible  pretender, so pretexto de esta  circunstancia  sobreviniente,  la invalidación de un proceso cuya ritualidad ha  sido  adelantada de acuerdo con lo establecido en los cánones legales vigentes.   

                     Esto no  significa,  como acertadamente lo destaca el Procurador Delegado en su concepto,  que  el  procesado,  con  anterioridad  al  fallo de inexequibilidad de la Corte  Constitucional,  careciera  del  derecho a ser asistido en su indagatoria por un  abogado  titulado,  o que esta garantía fundamental pudiera ser desconocida por  los  funcionarios  judiciales.  Lo  que  ocurre  es  que el intérprete no puede  ignorar  la  existencia  de  la  precitada  norma legal, que habilitaba en casos  especiales  a  personas honorables para que asumieran la defensa del imputado en  la  indagatoria,  ni desconocer que la ineficacia de los actos procesales deriva  de  la  violación  de  la  ley,  que  no  de  su  acatamiento o conformidad con  ella.                                                                   

                    La Corte  ha  sido  clara  en  sostener  que  el  derecho a la defensa es una prerrogativa  intangible,  debiendo  su  ejercicio  ser  real,  continuo  y unitario, y que es  obligación  del  funcionario  judicial asegurar su concreción en todo momento,  atendiendo,  desde  luego, las especiales circunstancias en que se desarrolla el  proceso,  y  los  instrumentos  legales  de  que dispone para hacerlo (Cfr. Cas.  septiembre     22/98,     Mag.     Pte.     Dr.     Arboleda    Ripoll,    entre  otras).      

                         La  indagatoria  de Juan Carlos Velasco Sánchez se llevó a cabo el 19 de diciembre  de  1992,  cuando  todavía  se  encontraba  vigente el citado artículo 148 del  Código  de  Procedimiento  Penal, pues su exclusión del ordenamiento jurídico  solo  vino  a  ser  declarada  mediante  Sentencia No. C-049 del 8 de febrero de  1996.  De  suerte que, por este concreto aspecto, ningún reproche podría caber  contra el fallo impugnado.   

                   En cuanto  dice  relación  con  el  cumplimiento  de las condiciones establecidas en dicho  precepto  para  que pudiera procederse por vía excepcional a la designación de  una  persona  honorable  como  defensora  del  imputado, es de precisarse que la  norma  solo  autorizaba esta habilitación cuando en el lugar no hubiera abogado  inscrito,  condición  que  ha  venido  siendo  entendida por la Corte, no en el  sentido  de  ausencia  material de profesionales en la ciudad sede del despacho,  sino  desde  una  perspectiva de disponibilidad, atendidas las circunstancias en  las cuales debe ser recibida la injurada.   

                     De  la  lectura   de   las  indagatorias  rendidas  por  Velasco  Sánchez  y  Matallana  Rodríguez  en  el  proceso No. 12470, se establece que fueron recibidas un día  sábado,  en  las  horas de la tarde, y que la funcionaria instructora, ante las  manifestaciones  de los imputados en el sentido de que no tenía abogado que los  asistiera  en  la diligencia, y la imposibilidad de ubicar uno que asumiera este  encargo,  según  constancia  dejada en el acta correspondiente a la indagatoria  de  Matallana  Rodríguez  (fls.42-1),  procedió a nombrar a José Ever Herrán  (sustituido  luego  por  Francisco  Correa  Velandia)  y  Rubén Darío Alvarado  Neira,  empleados  de  una empresa de seguridad privada, defensores de oficio de  Velasco   Sánchez   y  Matallana  Rodríguez,  respectivamente  (fls.31,  40  y  42-1).      

                         La  anotación  dejada  por la Fiscal, en el sentido de que, por tratarse de un día  no  laborable  (sábado)  “se  hizo  imposible ubicar a un abogado titulado”, no  puede  ser desatendida por la Sala, pues además de ser cierto que se trataba de  un  día  de  descanso,  lo  cual  dificultaba  de  suyo  la  consecución de un  profesional   del   derecho,  no  existe  motivo  alguno  para  suponer  que  la  funcionaria  hubiera omitido adelantar las gestiones necesarias en el propósito  de proveer a los imputados de defensa técnica.   

                    En estas  condiciones,  es  dable  afirmar  la  no  concurrencia  de  abogado inscrito que  asistiera   a   los   procesados   en   sus   indagatorias,  y  por  contera  la  materialización  del  supuesto  de  hecho  previsto  en  el  artículo  148 del  estatuto  procesal,  como  condición  habilitante  de  la  designación  de una  persona  honorable  en  el  cargo  de defensor de oficio para el cumplimiento de  esta diligencia.   

                    Respecto  de  las  calidades  que  debe  reunir  la  persona  designada, la norma no exige  ninguna  en  especial,  salvo  la de ser honorable, y no por la circunstancia de  tener  bajos  niveles  de  educación,  puede afirmarse que sea incapaz o inepta  para  ejercerlo,  pues  esta sola circunstancia no indica, como acertadamente lo  sostiene  el Procurador en su concepto, que no esté en condiciones de velar por  la preservación de los derechos ajenos o los suyos propios.   

                     Por lo  demás,  no  deja  de  tener razón la Delegada cuando afirma que la ausencia de  ilustración  de  la persona designada para desempeñar el cargo de defensor del  procesado  Velasco  Sánchez  es  una  condición  que  supone el casacionista a  partir  de  la  genérica  consideración de que los vigilantes de seguridad son  personas   con   poca   educación,   que   resulta  inaceptable  en  esta  sede  extraordinaria.                              

                     El otro  argumento  expuesto  por  el  demandante,  consistente  en  que  la  funcionaria  instructora  debió  haber pospuesto la diligencia para el lunes siguiente, día  en  el  cual podía haber contado con un abogado que asistiera al imputado en la  indagatoria,  teniendo  en cuenta que los términos para hacerlo vencían apenas  ese  día,  y  que  para  la  Fiscal  Permanente no existía ningún apremio, no  resulta  literalmente  cierto,  pues  olvida  que  las diligencias debían pasar  previamente  por  la  oficina  de asignaciones (reparto), trámite que por regla  general  toma  un  día,  como  ocurrió  en  el  presente caso (fls. 1 y 58-1),  corriéndose  el riesgo de que los términos vencieran antes de poder escuchar a  los procesados en injurada.   

                       Para  evitar  estas  contingencias  y  asegurar la oportuna recepción de las pruebas,  fueron  precisamente  creadas  las  Unidades  de Investigación Permanente, como  entes  encargados  de  aprehender  el  conocimiento  de  asuntos  urgentes, y de  practicar  las  diligencias inaplazables mientras su instrucción es asumida por  el  funcionario competente. Luego no es cierto que en el presente caso la Fiscal  instructora  haya  desbordado  sus  funciones  con menoscabo de los derechos del  procesado.   

                     Es  de  precisarse,  finalmente,  que  el  mismo  día  que  el  funcionario  competente  aprehendió  el  conocimiento  del  asunto  (diciembre 22), el procesado otorgó  poder  a  un  abogado  para  que  asumiera  su  defensa (fls.58, 60 y 62), y que  durante toda la actuación procesal contó con asistencia técnica.   

                    El cargo  no prospera.   

                  En mérito  de  lo  expuesto  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL, oído el  concepto  del  Procurador  Tercero Delegado, administrando justicia en nombre de  la república y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E:   

                         NO  CASAR la sentencia impugnada.   

                                           Devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

                        JORGE   ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                                    

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

JORGE           CORDOBA  POVEDA             CARLOS   A.  GALVEZ ARGOTE          

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             CARLOS      E.     MEJIA  ESCOBAR                                

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA            NILSON  PINILLA  PINILLA   

                         

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                                 SECRETARIA       

                                       

          

                    

                           

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