12684 (30-05-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    FAVORECIMIENTO A NARCOTRAFICANTES  

Cómo no entender que el funcionario judicial  que,  mediante  providencia  manifiestamente  contraria  a  la  ley, disponga la  reapertura  de  la  investigación,  existiendo  prueba  para acusar y, al mismo  tiempo,  conceda  la libertad provisional sin concurrir causal legal que así lo  permita,  respecto  de  hechos  ilícitos relacionados con la Ley 30 de 1986, no  está   ejecutando   actos   tendientes   a   la   impunidad   de   uno  de  sus  autores.   

RAD.  12684            

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                   Magistrado Ponente   

                                                   Dr.  JORGE E. CORDOBA  POVEDA   

                                                   Aprobado        acta        N� 60   

         (mayo 29/97)   

Santafé  de Bogotá, D.C., treinta (30) de  mayo de mil novecientos noventa y siete (1997).   

         V I S T O S   

Resuelve  la Corte el recurso de apelación  que   el   Fiscal  Delegado  ante  el  Tribunal  Nacional  interpuso  contra  la  providencia  del  28  de  octubre  de  1996,  por  medio  de  la cual la Sala de  Decisión  Penal de esa Corporación declaró la nulidad de lo actuado a partir,  inclusive, de la resolución de acusación.   

         H E C H O S   

El   Tribunal   Nacional  los  sintetizó  así:   

         “Hallándose  el  doctor MALDONADO MESTRE en ejercicio del cargo de  Juez  de Instrucción de Orden Público de Medellín, el 23 de diciembre de 1991  produjo  la  providencia  mediante  la  cual profirió resolución de acusación  contra   HAMED   NASMIR  COLMENARES  FIERRO,  y  ordenó  la  reapertura  de  la  investigación  respecto  de los procesados NELSON MARIN CASTAÑO, JAIRO ALBERTO  ESTRADA   RESTREPO,  JOSE  CASTAÑO  TRUJILLO,  JESUS  EVELIO  ROJAS  ALVAREZ  y  FRANCISCO  LUIS  JARAMILLO  VEGA,  ordenando  la  libertad  del  último  de los  nombrados   con   base   en   lo   dispuesto   en   el   numeral   9�  del  artículo  349  del  C.  de P.P.   

         “Recurrida  en  apelación  la segunda determinación, es decir, la  relacionada  con  la  reapertura de la investigación y la libertad de JARAMILLO  VEGA,  una de las Salas de Decisión del Tribunal Nacional la revocó, ordenando  la  expedición de copias para que se investigara la actuación del funcionario,  averiguación  que  condujo  a  la  decisión  que  hoy ocupa nuestra atención.   

         “Conviene  hacer  un  recuento  de  los  motivos  que condujeron al  procesamiento  de  las  personas que resultaron favorecidas con el acto del juez  por el cual se dispuso la expedición de las copias.   

         “En  el  municipio  de  Amalfi  (Ant.) se tuvo la noticia que en el  aeropuerto   allí   instalado,   aterrizaban   avionetas   en   las  cuales  se  transportaban  drogas  prohibidas,  pero  como  los  traficantes contaban con la  colaboración  de  algunas  autoridades  de Policía, los casos no trascendían,  por  lo  cual  se pidió la intervención del Ejército, cuyas unidades montaron  una  vigilancia  sobre  el  aeropuerto.  El 26 de octubre de 1990, los militares  vieron  que  al  lugar  vigilado  llegaron  dos  camperos  de  color  rojo,  que  comenzaron  a  dar vueltas. Y, aproximadamente a las 2:00 de la tarde, aterrizó  una  avioneta,  de  la cual se bajaron unas cajas que se introdujeron en los dos  automotores  mencionados.  Por  la  distancia,  calcularon  los militares que no  podrían  llegar  hasta  el  sitio donde estaba la aeronave, por lo cual optaron  por  interceptarlos en la carretera que conduce al sector urbano. Efectivamente,  al  inspeccionarse  los  dos vehículos en ellos se hallaron seis cajas con base  de  cocaína  con  un  peso neto total de 174.5 kilos y cinco millones de pesos,  por  lo que decidieron capturar a los ocupantes, cinco hombres, o sea los mismos  vinculados  al  proceso,  excepto  Jesús  Evelio  Rojas,  quien fue aprehendido  después”.    

         ACTUACION  PROCESAL   

Después  de  la indagación preliminar, el  Tribunal  Superior  de  Orden  Público,  mediante  auto del 8 de junio de 1992,  declaró  abierta  la  investigación,  disponiendo  vincular  a la misma al Dr.  Arnaldo Antonio Maldonado Mestre.   

Escuchado  en  indagatoria,  la  situación  jurídica  le  fue resuelta por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Nacional,  que  ya  conocía  de  la  actuación, el día 5 de enero de 1994, con medida de  aseguramiento   de  detención  domiciliaria,  como  posible  autor  del  delito  tipificado  en  el  artículo  149  del Código Penal (prevaricato por acción),  decisión  que  fue  confirmada  por un Fiscal Delegado ante la Corte Suprema de  Justicia, en providencia que lleva fecha del 25 de mayo siguiente.   

Cerrada  la  instrucción,  el  mérito del  sumario  fue  calificado el 8 de marzo de 1995, con resolución de acusación en  contra del procesado, por el delito citado en precedencia.   

El  expediente  pasó al Tribunal Nacional,  que  luego  de  dar cumplimiento a lo normado en el artículo 446 del Código de  Procedimiento  Penal,  celebró la audiencia de juzgamiento y al cabo de ella se  abstuvo  de dictar sentencia, mediante interlocutorio del 28 de octubre de 1996,  por  cuanto  se estimó que la calificación dada a los hechos en la resolución  de acusación fue errada. Sus argumentos son los siguientes:   

1.-  Que  la  conducta  imputada  al doctor  Maldonado  Mestre  se adecua al punible contemplado en el artículo 39 de la ley  30  de  1986 y no en el artículo 149 del Código Penal, tal como erradamente lo  adujo la Fiscalía.   

2.-  Que como quiera que el procesado en su  condición  de  juez de orden público, “al tomar las determinaciones citadas se  apartó  de  la realidad que arrojaba el informativo, dando un valor acomodado a  las  pruebas  y  desconociendo  los  mandamientos  legales  relacionados  con la  libertad,  favoreciendo  de  tal  manera  a  las personas inculpadas que no cabe  consideración    diferente    a   la   procuración   de   la   impunidad   del  delito”.   

3.-  En  consecuencia,  para  enmendar  el  mencionado  yerro  declaró  la  nulidad  de  todo  lo  actuado  a  partir de la  resolución de acusación.   

         LA  IMPUGNACION   

Inconforme  con  la  anterior decisión, la  Fiscal  Delegada  ante  el Tribunal Nacional interpuso el recurso de apelación,  ya  que  considera  que  no  existe  errónea  calificación de los hechos en la  resolución de acusación.   

Estima que cuando el procesado calificó el  sumario  adelantado  en  contra de Jaramillo Vega, “por infracción al artículo  33  del  Estatuto  Nacional  de  Estupefacientes,  se apartó de las pruebas que  nutrían  la pesquisa y de la normatividad vigente para la época de los hechos,  estos  es,  se colocó de espaldas a la realidad procesal y de manera arbitraria  y  deliberada valoró las probanzas acomodándolas en favor de Jaramillo, contra  quien  existían suficientes indicios que comprometían su responsabilidad y por  lo mismo obligaban afectarlo con resolución de acusación”.   

Sostiene  que  la  conducta  ilícita  del  procesado  se  adecua a lo plasmado en el artículo 149 del C.P., por cuanto que  el  bien  jurídico  que se afectó no fue la salubridad sino la Administración  de  Justicia  y  que,  de  igual manera, cuando se expidió la Ley 30 de 1986 el  titular  de  la  acción penal era el juez tanto en la etapa del sumario como en  la  del  juicio, por lo que el artículo 39 de la citada ley refiere el término  juzgar,  “con lo que evidentemente no se trata de sancionar el comportamiento de  quien  a través de un proceso adopta una determinación manifiestamente ilegal,  sino  del  encargado  de  las  diligencias que no hace nada por determinar a los  responsables  del hecho o facilita que éste quede impune o que oculte, altere o  sustraiga los elementos o sustancias decomisadas”.   

Como  sustento de sus afirmaciones, cita la  sentencia  del  21  de  febrero de 1996 dictada por esta Corporación, decisión  que  a su juicio es aplicable a este caso, por lo que solicita la revocatoria de  la providencia impugnada.    

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Encuentra  la  Corte  que  no le asiste la  razón  a  la impugnante, toda vez que revisado el caudal probatorio allegado al  proceso,  se  concluye  que el delito de prevaricato por acción de que trata el  artículo  149  del  Código  Penal  imputado en la resolución de acusación en  contra  del ex Juez de Orden Público, doctor Arnaldo Maldonado Mestre, contiene  una errónea adecuación típica.   

En  efecto,  en  este  momento procesal se  evidencia  que  la  conducta  presuntamente cometida por el funcionario judicial  sindicado  se  refiere  a  hechos  relacionados con la violación a la Ley 30 de  1986,  lo  que,  como acertadamente concluyó el Tribunal Nacional, imponía una  calificación  del  sumario  atinente  con  el  tipo especial que abstractamente  contempla y sanciona el artículo 39 ibidem.   

Si bien es cierto que la recurrente estima  que  “el  Juez  de  Orden  público  no  realizó actos tendientes a procurar la  impunidad  del  incriminado en el sumario de su competencia”, también lo es que  no  ofrece  a  la  Corte las razones lógicas y jurídicas de su conclusión, es  decir,  no  explica  cómo  la  conducta  prevaricadora imputada al procesado no  estuvo  dirigida  a  esos  efectos sino a otros muy distintos que conllevan a la  tipificación hecha en la resolución calificatoria.   

Así,  entonces,  cómo no entender que el  funcionario  judicial  que,  mediante providencia manifiestamente contraria a la  ley,  disponga la reapertura de la investigación, existiendo prueba para acusar  y,  al  mismo tiempo, conceda la libertad provisional sin concurrir causal legal  que  así lo permita, respecto de hechos ilícitos relacionados con la Ley 30 de  1986,  no  está  ejecutando  actos  tendientes  a  la  impunidad  de uno de sus  autores.   

En   fin,  valorados  conjuntamente  los  actuales  elementos  de  juicio,  permiten  inferir que el comportamiento del ex  Juez  procesado,  además  de  ser contrario a la ley, se inclinó a procurar la  impunidad   de   los   hechos  que  por  competencia  le  habían  correspondido  conocer.   

De otra parte, vale la pena aclarar que no  sólo   atentan  contra  la  salubridad  pública  y  demás  bienes  jurídicos  tutelados  en  el  Estatuto  Nacional  de  Estupefacientes  (como  la  seguridad  pública,  la  moral  social  y el orden económico), los narcotraficantes, sino  quienes  realizan  las demás conductas allí tipificadas, como los que procuran  la impunidad de los responsables, facilitan su evasión, etc.   

También dice la recurrente que dentro del  mencionado  artículo  39  no  queda  incluida  la  conducta de quien adopta una  determinación ilegal.   

Al  respecto  debe  señalársele  que  el  entendimiento  que  le  da  a  la  multicitada  norma  no  sólo se aparta de la  finalidad  buscada  por  el legislador, como fue la de sancionar comportamientos  relacionados  con  el favorecimiento o protección del narcotráfico, sino de su  propia  letra  que  claramente  incluye  no  únicamente  al  servidor  público  encargado   de   “las  diligencias  que  no  hace  nada  por  determinar  a  los  responsables  del  hecho”  -como  lo dice la impugnante- sino también a quienes  deben  adoptar  decisiones.  En  efecto,  la  disposición  habla de investigar,  juzgar  y  custodiar  a las personas comprometidas en los hechos punibles de que  trata  ese  estatuto, y no se entiende cómo podrían cumplirse tales funciones,  particularmente  las  2  primeras,  sin  la  facultad  de tomar decisiones.  Además,  no  puede  caber  duda  de  que  una de las maneras de dejar impune el  reato,   es   precisamente   a  través  del  proferimiento  de  determinaciones  ilegales.   

Debe   decírsele   a   la   recurrente,  finalmente,  que  la  jurisprudencia en que se apoya contiene soportes fácticos  disímiles a los que son objeto de consideración en este caso.   

Por  último,  considera  la Sala oportuno  reiterar lo que sobre el tema ha dicho la jurisprudencia:   

        “La  Corte  considera, sin embargo, que no es del caso resolver el  problema  a  través  de  las  normas  propias  del  concurso  aparente de tipos  penales,  o  de  principios  como  el  de favorabilidad que es propio de eventos  relativos  al  tránsito  de  legislación,  sino  que  se trata de un conflicto  aparente  de  leyes  que  encuentra su solución en la especialidad de una norma  respecto de otra u otras.   

        “En  efecto  los  evidentes desarreglos sociales que se originan a  partir  del  narcotráfico,  que  van desde el inusitado poderío de las mafias,  pasando  por  la  aparición  de  fenómenos  delictivos  de especial crueldad y  nocividad  social,  hasta  los  desajustes del mercado y de las  políticas  macroeconómicas  del  Estado,  hicieron necesario que el Estado creara frente a  tan  especiales  formas  delincuenciales,  tipos penales también especiales que  permitieran   un   adecuado  enfrentamiento  de  problema  de  tan  superlativas  proporciones.   

        “Así,  aparecen  tipos  penales  de  contenido  especial, que aun  inspirados  en  conductas ya descritas en el Código Penal incluyen ingredientes  que  los  relacionan  con el favorecimiento, la preparación, la protección del  narcotráfico,  o  con  la  obtención de beneficios de tal actividad delictiva,  concretándolos  de  tal  manera que los convierte en tipos penales autónomos y  por  lo  tanto perfectamente diferenciables de los ordinarios”. (Providencia del  22   de   mayo   de   1996,   radicación  10684,  M.P.  Dr.  Carlos  E.  Mejía  E.)   

De lo anterior se concluye que el Tribunal  Nacional  no podía dictar sentencia por el reato tipificado en el artículo 149  del  C.  P., y que fue acertada su decisión de invalidar lo actuado a partir de  la  resolución  de  acusación,  para  que  se  subsane el yerro cometido en la  adecuación típica del hecho imputado.   

En  fin,  por  estar ajustada a derecho la  providencia    impugnada    será   confirmada   en   su   integridad   por   la  Corte.   

En  mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

CONFIRMAR  la  providencia  del  28  de  octubre  de  1996,  por  medio  de la cual el Tribunal  Nacional  decretó la nulidad del proceso a partir, inclusive, de la resolución  de  acusación,  en  la  actuación  adelantada contra el procesado ARNALDO MALDONADO MESTRE.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE            FERNANDO  E.    ARBOLEDA    RIPOLL                  

RICARDO   CALVETE   RANGEL                                        JORGE    E.    CORDOBA    POVEDA                        

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        NILSON PINILLA PINILLA   

JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA                              PATRICIA     SALAZAR  CUELLAR   

                                                                                                    Secretaria   

   

    

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