12495j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 12495  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                      Magistrado  ponente:   

                      Dr.  EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

                    Aprobado Acta  No. 118   

Santafé de Bogotá D.C., once (11) de agosto  de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  defensor  de  JUAN  DE JESUS CONTRERAS BOHORQUEZ contra la sentencia de  marzo  27  de  1.996,  mediante  la  cual  el Tribunal Nacional condenó a dicho  procesado  a 8 años y 6 meses de prisión por infracción al artículo 30 de la  ley 30 de 1.986.   

ANTECEDENTES  

    

1. – El primero de febrero de 1.991 una  patrulla  de la Policía Nacional halló en la finca “El Edén “, ubicada en  la  vereda “Hoya Grande”, compresión municipal de Santamaría, Departamento  de  Boyacá, un laboratorio para procesar pasta de cocaína y 6.750 gramos de la  “base” respectiva.     

          De  dicha  finca  resultó  ser propietario Juan de Jesús Contreras  Bohórquez,  quien  durante  todo  el  proceso  estuvo  ausente  y fue juzgado y  condenado como tal.   

    

1. –  Un  Juzgado  de  Orden Público  abrió  investigación  (fl.74),  se  practicaron  varias pruebas, se ordenó la  captura  del  imputado y éste dio poder a un abogado (fl.56, quien cumple aquí  de casacionista).     

          Declarado   persona   ausente  (fl.157)  y  decidida  su  detención  preventiva   por   un  fiscal  regional  (fl.160),  se  llevaron  a  cabo  otras  diligencias,  la  investigación  fue clausurada y calificada con acusación por  el  delito  tipificado  en  el  artículo  33  de  la  ley  30  de 1.986, según  providencia de agosto 5 de 1.993 (fl.213).   

    

1. – El Juzgado Regional de Santafé de  Bogotá  al  cual  le  correspondió  conocer  de la causa, citó para sentencia  (fl.251)  y  la  profirió  el  17  de  octubre de 1.995, absolviendo al acusado  (fl.269).     

Consultada  dicha  decisión, el Tribunal la  revocó  y  condenó  a Contreras Bohórquez a 8 años y 6 meses de prisión por  el  delito materia de acusación, agravado por la cantidad de estupefaciente que  superó  los  5  kilos,  conforme  al artículo 38-3 de dicha ley 30 (fl.9 cdno.  Tribunal),   siendo   ahora  este  último  fallo  materia  de  la  impugnación  extraordinaria.   

LA DEMANDA  

          Cargo Primero.   

          Dice  el  censor  que  la sentencia es violatoria “de una norma de  derecho  sustancial.   En  este  caso  del  artículo 2º del  Código  Penal,  en  concordancia con el artículo 247 del C.P.P.”, (fl.38 infra., cdno  Tribunal),  normas que transcribe, y concreta que la violación es indirecta por  yerros de hecho manifiestos.   

          Afirma  que  el  “anciano” procesado fue condenado sólo por ser  el   propietario   de   la  finca  “El  Edén”  y  reproduce  parte  de  las  consideraciones  hechas  por  el  fallador,  a  las cuales replica que el único  indicio   existente   es   la   titularidad  del  inmueble,  recordando  que  la  responsabilidad  objetiva  está  proscrita  en  la ley y que los testimonios de  José  del Carmen Franco y Joaquín Mahecha Leguizamón “nada dicen en torno a  la  autoría ni a la culpabilidad de CONTRERAS BOHORQUEZ “ (fl.41), y concluye  que  “condenarlo  a  semejante pena, cuando la culpabilidad del reo ausente no  apareció,  constituye  una falta de síntesis jurídica aplicación indebida”  (id. infra.).   

          Segundo Cargo.   

          Sostiene  que  la sentencia no esta en consonancia con la acusación  (art.220-2  C.P.P.)  pues  en segunda instancia se condenó con la circunstancia  de  agravación  prevista  en  el  artículo 38-3 de la ley 30 de 1.986 y “ la  resolución  acusatoria  sólo  se  refiere  a  la infracción del art. 33” de  dicha ley (fl.42).   

          Tercer Cargo.   

          Afirma  la  nulidad  a  tenor del artículo 220-3 mencionado, ya que  “indiscutiblemente  el autor o los autores del ilícito investigado tienen que  ser  distintos a mi defendido “, quien – prosigue – sólo fue un arrendador de  buena  fe,  y  varios  testigos indicaron a la Policía que los propietarios del  laboratorio  para  procesar el alcaloide “eran unos señores VEGAS” (fl.43),  pero  “la  investigación  falló”  y  no  se  hizo nada para vincular a las  personas señaladas como los verdaderos responsables.   

          No  obstante, arguye que “la nulidad que aparece de bulto” es la  concerniente a la agravación de la pena por parte del superior.   

          Pide  entonces  casar el fallo y reemplazarlo por el que corresponda  (fl.44).   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

          Primer Cargo.   

          En  primer  término  el  señor  Procurador  Primero Delegado en lo  Penal  dice  primeramente  que  el  cargo  no  procede  por  los  “desaciertos  técnicos”  en que incurre la casacionista, y señala como el primero de ellos  no decir qué clase de error atribuye al fallador.   

          En  segundo  lugar  anota  que  en el fondo lo que hace el censor es  oponer  su criterio al del fallador con respecto a la evaluación probatoria que  este  último  hizo  en  la  sentencia atacada, y agrega que no es cierto que en  ésta  se  haya  ignorado las declaraciones de Carlos Julio Salamanca y Humberto  Leguizamón,  y  transcribe  en seguida el aparte pertinente (fl.9 cdno. Corte),  precisando  que, contrario a lo que afirma el demandante, el Tribunal no tuvo en  cuenta  únicamente  que el procesado era el dueño del predio donde fue hallado  el  laboratorio  para  procesar  estupefacientes,  “sino  que  del análisis y  valoración  conjunta  del  acopio  probatorio”  concluyó que si era ajeno al  ilícito  objeto  de  investigación  debió  comparecer  ante las autoridades a  exponer  sus  posibles  justificaciones  y  el no hacerlo da origen a un indicio  incriminatorio  por  la  contumacia  en  que  se encuentra hasta la fecha.   Además  consideró el Tribunal que según las declaraciones de José del Carmen  Gamba  Franco y Joaquín Machecha (sic) Leguizamón, el procesado frecuentaba el  inmueble.   

          Por  consiguiente  estaba  el  procesado  enterado  de  la actividad  ilícita que en él se desarrollaba”(fl.10).   

          Conceptúa, pues, que el cargo no prospera.   

          Segundo Cargo.   

          Dice  que  le  asiste  razón  al  censor,  pues se acusó a Juan de  Jesús  Contreras Bohórquez por la infracción prevista en el artículo 33-1 de  la  ley  30 de 1.986, sin la agravante del artículo 38 ibídem que se le dedujo  en    la   sentencia,   por   lo   cual   existe   desajuste   entre   ésta   y  aquélla.   

          Cita  dos  decisiones  de  esta Sala sobre dicha causal de casación  (art.  220-2  C.P.P.),  de  fechas mayo 20 y septiembre 25 de 1.997, (M.P. Dres.  Arboleda  Ripoll  y  Córdoba Poveda) y anota que para que el derecho de defensa  “tenga  cabal  operancia, el acusado debe tener certeza sobre las imputaciones  hechas,  motivo  por  el cual no se le puede responsabilizar en la sentencia por  agravantes no deducidas en el calificatorio” (fl.11).   

          En  su  sentir, “la incongruencia se presenta en forma diáfana”  (fl.12),  razón  que  debe  llevar  a  casar el fallo, a fin de que se profiera  conforme a la acusación.   

          Tercer Cargo.   

          Opina  que  en  lo  atinente  a  la no práctica de unas pruebas que  reclama   el  casacionista  “no  le  asiste  razón,  pues  los  testigos  que  mencionaron  al  posible  arrendatario  del  acusado no dieron informe alguno de  identidad  o  ubicación del mismo.  Y como quiera que Contreras Bohórquez  ha  sido  renuente a colaborar con la justicia existe imposibilidad no imputable  al  funcionario  judicial de averiguar y vincular al proceso a un desconocido”  (fl.13).   

          Pide,  pues,  que,  en lo términos expuesto al contestar el segundo  cargo, se case el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Primer Cargo.   

          1.-  En  casación  (art.218 C.P.P.) la norma sustancial susceptible  de  violación (por falta de aplicación, aplicación indebida o interpretación  errónea)  es  la que tipifica el delito o consagra el respectivo derecho objeto  de  transgresión.   Aquí,  como  el demandante sostiene que el acusado es  inocente,  ha debido alegar la aplicación indebida del artículo 33-1 de la ley  30  de  1.986,  que  es  la  norma en la cual el Tribunal ancló la conducta del  señor Contreras Bohórquez.   

          Pero  el censor aduce como norma sustancial violada el artículo 2º  del  Código  Penal,  la  cual no reviste tal carácter en el sentido acabado de  explicar,  sino que, por así decirlo, sería norma que resultaría violada como  consecuencia  de  la  transgresión  del  artículo 33-1 de la ley 30 de 1986 y,  así,  su  mención  devendría pertinente sólo para integrar lo que doctrina y  jurisprudencia  han denominado “la proposición jurídica completa”, pues el  invocado   artículo  2º.  sólo  dice  en  qué  consiste  el  hecho  punible.   

          2.  Resulta además inexacta la afirmación  del  censor  en  el  sentido  de  que el procesado fue  condenado  “únicamente”  por  ser  el  propietario de la finca ‘El           Edén’,  pues también consideró el fallador  que,  según  las  declaraciones  de  los vecinos Carmen Gamba Franco y Joaquín  Mahecha  Leguizamón,  aquél estuvo en dicho predio pocos días antes de que la  Policía  ocupara el mismo, haciendo ver, además, sobre el arriendo de la finca  que  arguye  el demandante que  “nadie alquila una propiedad suya sin por  lo  menos saber donde ubicar a su cliente y ciertamente los testigos presentados  no  son  muy  claros  pues  simplemente  se  enteraron  acerca  de  una  posible  negociación,  pero  en  manera  alguna  ello  permite  inferir  que  se hubiera  celebrado   convención   con  un  tal  ARMANDO  MARIN  respecto  del  indicado inmueble, quedando sin asidero  probatorio la coartada.” (fls.22 infra y 23).   

          Finalmente  el sentenciador adujo como indicio de responsabilidad el  hecho  de  que  el acusado, no obstante estar enterado de la referida ocupación  policial   y  de  que  contra  él se había iniciado la respectiva acción  penal  (a  poco de este procedimiento dio poder a un abogado), no compareció al  proceso.   

          El   casacionista,  pues,  falta  a  la  técnica  de  este  recurso  extraordinario,  pues  incumple con la obligación de combatir toda la prueba en  que  se sustenta el fallo que impugna, ataque parcelado  o incompleto que de suyo lleva al fracaso de su reparo.   

          Ahora  bien: es cierto que el fallador no tuvo en consideración las  declaraciones   rendidas  por  Julio  Salamanca  y  Humberto  Leguizamón,  pero  también  lo  es  que  las  mismas  (recibidas por petición del defensor, quien  acompañó  la  solicitud  con  el respectivo cuestionario, fl.163) se limitan a  revelar  que  “una  vez”  escucharon  al  procesado  proponer  a  “Armando  Marín” que tomara en arriendo “El Edén “.   

          Frente  a  la  restante  y  referida prueba de cargo, las precitadas  declaraciones  resultan  insuficientes  para  siquiera  morigerar      en      algo     el     compromiso  penal  del  procesado.  En  consecuencia,  el  Tribunal  no incurrió en yerro alguno cuando hizo caso omiso  de dichas pruebas.   

          La censura no prospera.   

          Segundo Cargo.   

          Atina  el  casacionista  al  hacer ver que al sindicado se le acusó  por  infracción  al  artículo 33-1 de la ley 30 de 1.986, sin la agravante que  por  la  cantidad  de  la  base  de  cocaína  trae  el  artículo 38-3 ibídem,  agravante que se le dedujo en la sentencia.   

          Cuando  se  citó  para sentencia, el agente del Ministerio Público  demandó  la  nulidad  de  la  calificación,  al  considerar  evidente  que  la  agravante  concurría, petición que despachó negativamente el Tribunal bajo la  consideración  de que de todas maneras la providencia de calificación precisó  que  en  “El  Edén “ habían sido hallados 6.750.oo gramos de cocaína base  (fl.17  infra.), de donde la no mención por su nomenclatura legal no afectó el  derecho  de  defensa  del  acusado,  quien  habían quedado bien enterado de esa  modalidad específica.   

          Se  apoyó  al  efecto  en sentencia de casación de noviembre 23 de  1.989,  de  la  cual  fue  ponente el doctor Gustavo Gómez Velázquez y en cuya  parte pertinente reza:   

          “…no  es  dable admitir que se dificultó la defensa y que ésta  se  hizo  inoperante  e  ineficaz,  en  cuanto  a las agravaciones, por falta de  enteramiento  de  las  mismas,  por  haber fallado la mención de los artículos  350-4;  351-6,  10  y  372-1  del  C.  Penal,  menos  invocar  una  ausencia  de  específico  análisis de estos factores de intensificación particularizante de  la  pena,  porque la jurisprudencia ha entendido que ésta es deficiencia que no  transciende  el  terreno  de la irregularidad imposible de llevar a los extremos  de  la  anulación,  pues  cuando la afirmación escueta, (v.gr. de noche, a las  21:  50  horas; dos o más personas, en el caso de autos, etc.) corresponde a un  hecho evidente, o al menos protuberante” (fl.17 cit.).   

          Este  cargo  lo  hace consistir el censor únicamente en “no estar  la  sentencia  en  consonancia  con  los  cargos formulados en la resolución de  acusación (num.2 del art.220 del C.P.P.” fl.42).   

          Se  observa  al respecto, recogiendo la evidencia que existía desde  el  inicio del proceso, en resolución de acusación se precisó que en la finca  “El  Eden”  se  hallaron “6.750 kilogramos de carbón activo con trazas de  cocaína          8fl.214),          cantidad          que,         objetivamente   conforme   la   referida  agravante  que  se  le  dedujo  al  procesado  en  la  sentencia,  sin  que,  en  consecuencia,  resultara imprescindible identificarla por su nomenclatura legal,  como  lo  viene  sosteniendo  esta  Sala  con las demás agravantes así   de  naturalísticamente  enunciadas  (parentesco en el homicidio, la cuantía de lo hurtado, etc.).   

          Tuvo,  pues, el acusado “certeza sobre las imputaciones hechas”,  certeza  que  en  la  transcrita  frase  la  Delegada halla ausente (fl.11) y la  conduce  a sostener una violación al derecho de defensa que ni siquiera aparece  mencionada  en  la  demanda y que, por las razones dadas líneas arriba sobre el  no desajuste entre la acusación y la sentencia.   

                          Tercer  Cargo.   

          De  entrada  el  censor  desvirtúa  la  nulidad  alegada,  pues  la  encabeza  diciendo  que  “indiscutiblemente  el  autor  o autores del ilícito  investigado  tienen  que  ser  distintos  a mi defendido JUAN DE JESUS CONTRERAS  BOHORQUEZ.   Este  simplemente  fue  un arrendador de buena fe…” (fl.42  infra.).   

         

Es  decir  que  vuelve  a dar argumentos del  primer  cargo y tendientes a afirmar la inocencia del acusado, alegación que se  sale   del   ámbito   propio   de   la   nulidad   materia   de   este   tercer  reproche.   

          Considera    que   “los   verdaderos   responsables”   son   los  arrendatarios  del  predio,  y  que  no  se practicó prueba alguna encaminada a  descubrirlos,   sin  reparar  el  casacionista  que  en  momento  alguno  fueron  identificados  dichos  presuntos  arrendatarios,  como  dijo el fiscal acusador:  “Se   desconoce  la  identidad  del  resto  de  participantes”  (fl.220),  y  desoyendo  también  que  incluso la vinculación de esas otras personas de suyo  no  conduciría  a  siquiera  debilitar  la  ya  vista prueba que pesa contra el  acusado,  de  quien  reitérase  que  se  estimó conocía del laboratorio y del  estupefaciente hallado en su finca.   

          Recuérdese  que  el  aquí casacionista es el abogado que ha tenido  el  acusado  durante  todo el proceso, y bien ha podido entonces suministrar por  lo  menos  los  nombres  y  ubicación de los referidos arrendatarios, si es que  este  aspecto  era  real  y  cierto,  hipótesis  que  pierde fuerza frente a la  pasividad que en tal sentido exhibió el mencionado defensor.   

         

En tales términos, con la no prosperidad de  este  cargo  igualmente en impróspera deviene la de la demanda toda, por lo que  el fallo atacado no se casará.   

En  mérito de lo expuesto, La Corte Suprema  de  Justicia  Sala de Casación Penal, en desacuerdo parcial con el concepto del  Ministerio  Público,  Administrando  Justicia  en nombre de la República y por  autoridad de la Ley.   

RESUELVE  

          NO  CASAR  la sentencia impugnada. En firme  devuélvase al Tribunal de origen.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

JORGE  ANIBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUÉS                                          CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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