12057 (14-05-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    DEMANDA  DE  CASACION-Causal  primera, causal  tercera   

Ha  señalado  la Corte “que si la equivocada  calificación  no  afecta  el nombre genérico de la infracción, el ataque debe  encauzarse  por  la  causal  primera”; pero si el error implica cambio del nomen  iuris,  e.  g.   si  se  ha endilgado como secuestro extorsivo una conducta  constitutiva  de  encubrimiento  por favorecimiento, la causal aducible será la  tercera,  entre  otras  razones puesto que si se plantea la primera, por expreso  mandato  del  artículo  229.1  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  la Sala  tendría  que  entrar  a  dictar fallo de sustitución, que implicaría proferir  una sentencia en desarmonía con la resolución de acusación.   

Pero asi mismo ha agregado esta corporación,  para  la  eventualidad  invalidante,  que  la  sustentación  del  recurso  debe  efectuarse  de  acuerdo  con  las reglas de la causal primera, ya que para poder  afirmar  la  nulidad de la actuación el actor debe demostrar previamente que el  juzgador  equivocó  la  calificación  jurídica  de  los  hechos,  bien porque  incurrió  en  errores de apreciación probatoria, que lo llevaron a aplicar una  determinada  norma  de  derecho  sustancial en lugar de otra, o porque falló al  desentrañar  el  sentido  o  alcance  de  los  preceptos aplicados o dejados de  aplicar”.  (octubre  24  de  1995,  rechazo  in  límine,  rad.  10986, M.P. Dr.  Fernando E. Arboleda Ripoll).   

RAD. 12057  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr. NILSON PINILLA PINILLA   

                                                                  Aprobado Acta N° 50   

Santafé de Bogotá, D.C.,  mayo catorce  (14) de mil novecientos noventa y siete (1997).   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado RODRIGO  LOPEZ BEDOYA.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

El  18 de diciembre de 1992, LISANDRO OSPINA  BARAYA  fue secuestrado cuando asistía a un establecimiento de comercio ubicado  en la calle 82 de Santafé de Bogotá.   

Iniciada  la correspondiente investigación,  miembros  del  denominado  “bloque de búsqueda” recibieron información que  condujo  a  la  captura  de RODRIGO LOPEZ BEDOYA y al señalamiento del inmueble  ubicado  en  la  carrera 75 N° 48-43, barrio Normandía de esta ciudad, como el  lugar donde era retenido el señor OSPINA BARAYA.   

Integrantes de la Policía Nacional acudieron  a  ese  sitio  el  31  de  marzo  de  1993,  presentándose una refriega con los  ocupantes  del  referido  inmueble,  quienes  perdieron la vida, al igual que el  secuestrado.   

RODRIGO LOPEZ BEDOYA fue legalmente vinculado  al  proceso  y contra él la Fiscalía Regional de Santafé de Bogotá profirió  medida  de  aseguramiento  el  8  de  abril  de  1993, consistente en detención  preventiva  sin derecho a excarcelación, por los delitos de secuestro extorsivo  y homicidio, “ambos con circunstancias de agravación”.   

Decretado   el   cierre   parcial   de  la  instrucción  con  respecto  a  LOPEZ  BEDOYA,  el  24  de  junio  de  1994  fue  calificada,  dictándosele  resolución  de  acusación  por  el delito agravado  contra  la libertad individual y preclusión en lo relacionado con el homicidio,  decisión  que,  al  ser apelada por la defensa en lo gravoso y parcialmente por  consulta,  obtuvo  confirmación  de  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal  Nacional, en providencia del 19 de septiembre del mismo año.   

El 15 de agosto de 1995, un Juez Regional de  Santafé  de  Bogotá  condenó  a  LOPEZ BEDOYA a pena de prisión de 28 años,  entre  otras  decisiones,   al  encontrarlo autor responsable del delito de  secuestro  extorsivo,  sanción  modificada  por  el  Tribunal Nacional mediante  sentencia  de  9  de noviembre siguiente, para fijarla en 33 años, pues estimó  que  al  haber  persistido el cautiverio hasta el 31 de marzo de 1993, fecha del  mortal  intento  de liberación, posterior a la entrada en vigencia de la ley 40  de  1993,  la pena debe ser ajustada “a las previsiones de la norma que regía  en el último de los momentos históricos enunciados…”   

LA DEMANDA  

Después  de especificar la sentencia contra  la  cual  va  dirigido  el  recurso  extraordinario,  mencionar  a  los  sujetos  procesales  y  sintetizar  desde  su  perspectiva  los  hechos  y  la actuación  procesal,  el  impugnante demanda con fundamento en la “CAUSAL PRIMERA (sic).-  Consagrada  en  el art. 220 numeral 3 del C. de P. P. … en concordancia con el  art. 306…”.   

Anota  que  la  decisión  recurrida  “se  originó       por       la       ‘inmodificable   posición’   de   los  funcionarios  en  aceptar  que  para  el  caso  de  mi  defendido…  el presunto delito por el cual se le podría condenar sería el de  Encubrimiento  por Favorecimiento que define el art. 176 del C. P., y jamás por  el  de  quebrantamiento  del  art.  268,  con  las circunstancias de agravación  consagradas  en  el  art. 270, ambos del mismo código y que define el SECUESTRO  EXTORSIVO AGRAVADO.”   

En  los  renglones  siguientes,  que  hace  preceder  del  título  “FUNDAMENTACION  DE  LAS  CAUSALES  O  CAUSA ALEGADA Y  CITACION  DE NORMAS INFRINGIDAS”, se remonta a las incidencias procesales para  aducir  que  el  sindicado  “fue sometido a toda clase de vejámenes, torturas  físicas  y  psíquicas  que  le  condujeron  a  rendir una versión bajo claras  afectaciones  emocionales, permitiendo que se le introdujera de manera exagerada  por  parte  del  Estado,  en unos delitos que jamás cometió…” (f. 50 cdno.  Trib. Nal.).   

Hace  referencia a que la Fiscalía Regional  no  posibilitó  el  trámite  previsto  por  el artículo 37 A del C. de P. P.,  porque  si  bien  invitó a audiencia, hizo constar que la diligencia no se pudo  realizar  por no haberse presentado el apoderado del señor LOPEZ BEDOYA, cuando  lo  cierto  es  que  la  comunicación fue remitida a una oficina diferente a la  suya  (fs. 53 y 54 ib.).   

Critica  que  la providencia por medio de la  cual  fue  calificada la instrucción hubiere sido notificada a un incidentante,  dando  lugar  a  que  se  le tratara como “otro apelante en las decisiones del  punible  en  estudio”,  lo  cual constituyó “otro acto que afecta el debido  proceso”  (f.  51  ib.),  como  también  lo  es que a su defendido se le haya  imputado  “el  delito  de  secuestro extorsivo agravado, bajo las adecuaciones  que  hace  la  Ley  40”,  situación  advertida  por  el  fallador  de primera  instancia,  quien  “trató  de  subsanar  el  vicio  anotado,  retornando a la  calificación   que   diera   el   Fiscal   Instructor,  pero  exagerándose  la  dosificación  de  la pena, que al sentir de la defensa, no podía exceder de 15  años,  aunándose  a  este  hecho  el  de no compartir la responsabilidad en el  delito imputado; …” (fs. 54 y 55 ib.).   

Invita  “a  leer  todos  y cada uno de mis  memoriales  obrantes  en  el  proceso”  y señala que “una causal de NULIDAD  tiene   que  ver  irremediablemente  con  el  debido  proceso  y  para  ello  la  institucionalización  de  los  recursos ordinarios y extraordinarios.” (f. 57  ib.).   

En el capítulo final sostiene que “si bien  es  cierto  que el delito de secuestro extorsivo tiene en su aspecto objetivo un  carácter  accesorio  frente  al  delito que se pretende encubrir, puesto que la  reprochabilidad  de esta conducta sólo puede explicarse a partir de la ilicitud  del  acto  que  pretende  ocultar, …ello no quiere decir que el favorecimiento  dependa    en    su   estructura   jurídica   del   delito   que   se   intenta  encubrir.”   

Mientras  no  está  demostrada  con  prueba  alguna  en  el  proceso  la responsabilidad de su acudido en el delito que le ha  sido  imputado,  sí  obran  “claras  demostraciones  de  los quebrantos a los  normativos  citados,  fundamento  de  los  motivos  de  inconformidad, previo el  cumplimiento de otros recursos pretéritos.” (fs. 56 y 57 ib.).   

Finalmente, la sentencia impugnada es además  “violatoria  de  los  artículos: 247 y del 219 del C. de P. P., este último,  nos  describe  los FINES DE LA CASACION, circunstancia que dejo a la probidad de  los  Honorables  Magistrados  de  tan  excelsa  Sala,  para  que con su ejemplar  determinación  se  siente  una  jurisprudencia  que  constituya legado para las  futuras generaciones.” (f. 58 ib.).   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  demanda de casación no es un escrito de  libre  elaboración,  pues  siendo  el  recurso extraordinario un enjuiciamiento  técnico  que  se  hace  sobre  la  sentencia impugnada y no una instancia, debe  sujetarse a una serie de reglas determinadas al efecto.   

En  relación  con  los requisitos formales,  enseña  el  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento Penal que el libelo  deberá  contener,  entre  otros,  “3.  La  causal que se aduzca para pedir la  revocación  del  fallo,  indicando  en forma clara y precisa los fundamentos de  ella  y  citando  las  normas  que el recurrente estime infringidas”, y el 226  ibídem  determina que el recurso se declarará desierto si la demanda no reúne  tales requisitos formales.   

Que la causal que se estima procedente sea la  tercera,   en   nada   reduce   estos   requisitos  ni  la  consecuencia  de  su  incumplimiento.  Esta corporación ha reiterado, por ejemplo en sus providencias  de  fecha marzo  8 de 1996, radicación 9095, M.P. Dr. Carlos  Augusto  Gálvez  Argote  y  octubre 24 del mismo año, radicación 9755, M.P. Dr. Carlos  Eduardo  Mejía  Escobar,  que la formulación de cargos con base en esta causal  no  es  libre  ni  caprichosa,  pues acá existe la obligación de fundamentar y  demostrar,  también  de  manera precisa y clara, cómo los errores improcedendo  trascendieron  contra las garantías fundamentales o en el desconocimiento grave  de  la  estructura  básica  del  procedimiento,  indicando  desde  qué momento  procesal se debe invalidar el proceso.   

En  el  asunto  examinado,  que  el  censor  erradamente  intitula  “CAUSAL PRIMERA” pero cita el “art. 220 numeral 3°  del  C. de P. P. … Cuando la sentencia se haya dictado en un juicio viciado de  nulidad”,  antes que sustentar con claridad y precisión, según exige la ley,  se  desvía  por  varios estadios de la actuación procesal, formulando diversos  reparos,  muchos de los cuales nada tienen que ver con el proceso de adecuación  típica   que,   según  se  colige,  constituiría  el  punto  cardinal  de  la  inconformidad.   

La  indicación  de  las  normas  que estima  infringidas  es  muy  abigarrada,  como que a lo largo del libelo van emergiendo  diversas  referencias  de  variada extracción, pero que deja sin sustentar, del  estilo  de  “desviar el curso del proceso y torpedear lo predicado por el art.  4°  de la Ley 81 de 1993”, sin que se especifique en dónde, cómo y con qué  efectos   trascendentes   se   consumó   la   desviación,   ni  cuál  fue  el  torpedeamiento,     quedando    el    alegato    como    un    mero    enunciado  insustancial.   

En  cuanto  a la forma como el aludido yerro  debe  plantearse  en  casación,  también  ha  señalado  la Corte “que si la  equivocada  calificación  no  afecta  el nombre genérico de la infracción, el  ataque  debe  encauzarse  por  la  causal  primera”;  pero si el error implica  cambio  del nomen iuris, e. g.  si se ha endilgado como secuestro extorsivo  una  conducta  constitutiva  de  encubrimiento  por  favorecimiento,  la  causal  aducible  será  la  tercera,  entre  otras  razones puesto que si se plantea la  primera,  por  expreso  mandato del artículo 229.1 del Código de Procedimiento  Penal,  la  Sala  tendría  que  entrar  a  dictar  fallo  de  sustitución, que  implicaría  proferir  una  sentencia  en  desarmonía  con  la  resolución  de  acusación.   

Pero asi mismo ha agregado esta corporación,  para  la  eventualidad  invalidante,  que  la  sustentación  del  recurso  debe  efectuarse  de  acuerdo  con  las reglas de la causal primera, ya que para poder  afirmar  la  nulidad de la actuación el actor debe demostrar previamente que el  juzgador  equivocó  la  calificación  jurídica  de  los  hechos,  bien porque  incurrió  en  errores de apreciación probatoria, que lo llevaron a aplicar una  determinada  norma  de  derecho  sustancial en lugar de otra, o porque falló al  desentrañar  el  sentido  o  alcance  de  los  preceptos aplicados o dejados de  aplicar”.  (octubre  24  de  1995,  rechazo  in  límine, rad. 10986, M.P. Dr.  Fernando E. Arboleda Ripoll).   

Según  resulta  palmario,  la forma como el  censor  encara el supuesto error de subsunción que anuncia, no guarda relación  con  los  presupuestos  que  gobiernan esta clase de impugnación, puesto que en  lugar  de  demostrar las hipotéticas falencias probatorias que habrían llevado  a  los  juzgadores  de  instancia  a  aplicar  la norma sustancial que regula el  delito  de  secuestro  extorsivo  en  lugar  de  otra,  dedicó  su  esfuerzo  a  cuestionar  variadas  actuaciones  procesales  con  presunta  repercusión en el  debido   proceso,  pero  que  ningún  efecto  tienen  sobre  la  calificación.   

Más  aún:  si  el censor atribuye error de  subsunción,   resulta   inconsecuente  que  aduzca  como  norma  infringida  el  artículo  247  del  Código  de  Procedimiento Penal, proponiendo que no existe  dentro  del  proceso  prueba  que  demuestre  la  responsabilidad de su acudido,  falencia que hace indescifrable la fundamentación de su demanda.   

De  esta  manera,  en  obedecimiento  a  lo  previsto  por  el  artículo 226 ejusdem, la Corte debe rechazar la demanda, por  los   requisitos   formales   que  incumple,  y  declarar  desierto  el  recurso  interpuesto.  Contra  esta  determinación,  que adquiere ejecutoria en la misma  fecha de su suscripción (art. 197 ib.), no cabe recurso alguno.   

En  mérito de la expuesto, la Corte Suprema  de Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

RECHAZAR  IN  LIMINE   la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del procesado RODRIGO LOPEZ BEDOYA y, en  consecuencia, declarar DESIERTO el recurso interpuesto.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE        E.        CORDOBA  POVEDA                  JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

CARLOS         E.        MEJIA  ESCOBAR                    DIDIMO PAEZ  VELANDIA   

                                                                                        NO FIRMO   

NILSON           PINILLA  PINILLA                JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria       

     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *