11562b

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.  JORGE CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado Acta N° 22  

(febrero 18/99)  

Santafé de Bogotá, D.C., veintitrés (23 )  de febrero de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

         V I S T O S   

Sería  del  caso  que la Corte pronunciara  sentencia  de  mérito  dentro del trámite del recurso de casación interpuesto  por  los  defensores  de GLORIA STELLA CORREA JAIMES y  JAIRO  PINEDA  BARBOSA,  contra  el  fallo de segunda  instancia  proferido  por  el Tribunal Nacional, el 13 de febrero de 1995, en el  cual  condenó  a los citados procesados a las penas principales de 226 meses de  prisión  y  multa de 927 salarios mínimos legales mensuales, como coautores de  los  delitos  de  secuestro  extorsivo  (art.  22  del  Decreto  180  de 1988) e  infracción  al  artículo 2° del Decreto 3664 de 1986, si no observara que los  impugnantes  carecían   de interés jurídico para recurrir, motivo por el  cual  se abstendrá de proferir decisión de fondo y, en su lugar, adoptará las  decisiones a que haya lugar.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el Tribunal Nacional de la siguiente manera:   

         ”  El  8  de  noviembre  de  1991,  cuando  el  señor Jorge  Mogollón Ballestero transitaba en  su  vehículo  particular  por  la  vía que de Bochalema conduce a la carretera  central  de Pamplona (N. Santander), fue interceptado por un grupo de individuos  provistos  de  armas de fuego, quienes lo trasladaron hacia una finca situada en  zona  rural  de la vereda de Volcanes jurisdicción del municipio de Lourdes (N.  Santander),  donde permaneció cautivo durante varios días, siendo vigilado por  varios   hombres,   entre   ellos   Dioselid  Serrano  Pérez.   

         “Tras  varias  llamadas  recibidas  por  la  esposa  del  plagiado,  mediante  las  cuales  se  le  exigió  una fuerte suma de dinero a cambio de su  liberación,   aquella  decidió  alertar  las  autoridades,  que  de  inmediato  desplegaron   el   operativo   de   rigor,   que   comprendió  inicialmente  la  interceptación  de  varias líneas telefónicas; así se dio con el paradero de  Jairo Pineda Barbosa, quien  fue  capturado  en  momentos  en  que  de  un  teléfono  público reiteraba las  exigencias dinerarias a la compañera de la víctima.   

         “Con  base  en  las  manifestaciones  del  antes mencionado, se dio  posterior   aprehensión   a   Gloria  Stella  Correa  Jaimes,  quien  según aquél conocía el sitio donde  permanecía    cautivo    el    señor    Mogollón  Ballesteros. La aludida dama, en efecto, llevó a las  autoridades  hasta  la  finca  donde  se  encontraba  éste,  produciéndose  su  liberación  y  la  también  captura  de  uno  de  los vigías que resultó ser  Dioselid Serrano Pérez. En  dicho  lugar,  se  efectuó  además  de  la  incautación  de  dos  granadas de  fragmentación  TNT de fabricación nacional, dos revólveres Smith & Wesson  calibre  32  y  38 largo, con 8 cartuchos cada uno, una escopeta hechiza calibre  20    y   un   radio   portátil   para   comunicaciones   marca   ICOM   de   6  canales.   

         “Por  los  anteriores  hechos  también  fueron  capturados  Rubén  Peñaloza Ortíz y Carmen David Villalba Quintero.”   

2.   Mediante  resolución  del  27 de  julio  de  1993,  un  fiscal  regional  de  Santafé  de  Bogotá,  acusó a los  procesados  JAIRO PINEDA BARBOSA, GLORIA STELLA CORREA  JAIMES,  DIOSELID  SERRANO PÉREZ, RUBÉN PEÑALOSA ORTIZ, CARMEN DAVID VILLALBA  QUINTERO  y  OMAR  ENRIQUE  CORREA  JAIMES,  por el delito de secuestro extorsivo  (art.  22  del  Decreto  180 de 1988) e infracción al artículo 2° del Decreto  3664 de 1986.   

3.   Apelada la anterior decisión, la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Nacional, por resolución del 23 de mayo de  1994, la confirmó en lo fundamental.   

4.   Iniciado el juicio, se solicitó,  por  parte  de  GLORIA  STELLA  CORREA  JAIMES, JAIRO  PINEDA  BARBOSA  y DIOSELID  SERRANO   PÉREZ,  la  terminación  anticipada  del  proceso,   al  tenor  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  37  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

5.   En el transcurso de la diligencia  de  formulación  y  aceptación  de  cargos,  el  juez  regional de Santafé de  Bogotá, dejó la siguiente constancia:   

         “El  JUZGADO REGIONAL teniendo en cuenta que el fiscal delegado que  calificó  el  mérito sumarial no incurrió en error, respecto de la selección  del  tipo  fáctico  imputable  a  los  procesados  por  el  delito de secuestro  extorsivo,  cometido  bajo  las circunstancias previstas en el artículo 270 del  C.P.,  en su literales c) y f), no genera nulidad al hacer la atribución de las  mismas  disposiciones  que  consideró  subrogadas  por  el Decreto 180 de 1998,  puesto  que el juez al momento de dictar sentencia es el encargado de determinar  la  pena  imponible  por  el  delito  cometido al momento de realizar el proceso  mediante  el  cual se fija el quantum punitivo, tendrá en cuenta la ley vigente  al  momento  de  la ocurrencia de los hechos, que para el caso presente no es la  pena  prevista  en  el  decreto  180  de  1988,  al  que alude la resolución de  acusación,  sino  la prevista en el Decreto 2790 de 1990 que empezó a regir el  16  de  enero  de  1991, por tanto se reitera que para el día 8 de noviembre de  1991,  fecha en que se cometió el delito de secuestro extorsivo, la ley vigente  que  impone  una  pena  mayor  es  el artículo 6° del Decreto 2790 de 1990 que  tiene  consagrada  una  pena de prisión de 20 a 25 años y multa de 1000 a 2000  salarios mínimos legales”   

Hecha   la   anterior   aclaración,   lo  procesados,     asistidos    de    su    defensor,    aceptaron    los    cargos  imputados.   

6.    El   juez  regional,  mediante  sentencia  del 29 de agosto de 1994, condenó a los citados procesados a la pena  principal  de  250  meses  de prisión y multa de 1000 salarios mínimos legales  mensuales  y  a  las  accesorias  de  rigor,  como  coautores  de los delitos de  secuestro  extorsivo  agravado  (art. 6 del Decreto 2790 de 1990) y el contenido  en  el  artículo  2°  del  decreto  3664  de 1986, adoptados como legislación  permanente por el decreto 2266 de 1991.   

El anterior fallo, que era consultable, fue  recurrido  en  apelación por los tres procesados y la defensora de Jairo Pineda  Barbosa,  por  cuanto  estimaban  que  la  norma  aplicable  para  el  delito de  secuestro  era  la  contemplada  en  el  artículo 268 del Código Penal y no la  escogida por el juez regional.   

7.   El  Tribunal  Nacional,  mediante  sentencia    del    13    de    febrero    de   1995,   tomó   las   siguientes  decisiones:   

7.1.   Declaró  desierto  el  recurso  interpuesto  por  los  tres  procesados,  toda vez que las sustentaciones fueron  presentadas  extemporáneamente.  Sin  embargo  concedió  el de la defensora de  Pineda   Barbosa,   por   cuanto   consideró   que  “como  quiera  que  en  las  argumentaciones  de  la  impugnante  se  pregona  el posible desconocimiento del  principio  de  legalidad, garantía de estirpe constitucional que de resultar en  verdad  vulnerada  facultaría a la Sala para intervenir, incluso oficiosamente,  en orden de restaurar el orden legal”.   

    

1. Modificó  el  fallo  de  primera  instancia,  en  el  sentido  de imponer a Gloria Stella Correa Jaimes y Dioselid  Serrano  Pérez  la  pena  principal  de  226  meses  de prisión y multa de 927  salarios mínimos legales mensuales.     

7.3.  Con las aclaraciones respectivas,  confirmó la sentencia revisada.   

8.     Interpuesto    el   recurso  extraordinario  de casación por los defensores de Jairo Pineda Barbosa y Gloria  Stella  Correa  Jaimes, fueron concedidos, mediante autos del 23 de mayo y 28 de  septiembre de 1995.   

9.   En tiempo oportuno se presentaron  las  respectivas  demandas  en  las que se solicita que se cambie la adecuación  típica  aceptada  por  los  acusados,  respecto  al  delito de secuestro, en el  sentido  de  que  la  norma aplicable no es el artículo 6° del Decreto 2790 de  1990,  sino  el  268 del C.P., lo que conlleva la aplicación de una pena menor,  pues el móvil fue económico y no terrorista.   

10.  Los  libelos fueron admitidos el 26 de  marzo  de  1996,  por  ajustarse  a  las  exigencias legales y se dispuso correr  traslado  al  Procurador  Delegado  en  lo  Penal,  quien  emitió el pertinente  concepto,  estando, por ende, agotado el trámite procesal previo a la decisión  de mérito.   

         CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE    

Como lo ha reiterado la Sala y la doctrina,  para  que  procedan  los  recursos  tanto  ordinarios como el extraordinario, es  menester que se cumplan dos requisitos, a saber:   

1.  Que se trate de un sujeto procesal  al que la ley faculta para impugnar.   

2.    Que   exista  interés  en  el  recurrente,  el  cual  se  concreta en el perjuicio o agravio que la providencia  atacada le causa.   

Por lo anterior, resulta fácil concluir que  en  los  recurrentes no asiste interés para acudir al extraordinario recurso de  casación, tal como lo señala el Procurador Delegado en lo Penal.   

En  efecto,  en  cuanto atañe al procesado  Jairo  Pineda  Barbosa,  se avisora que la hipótesis escogida para sustentar la  demanda  de  casación  no  se  encuentra  dentro de las previsiones legales del  numeral  4°  del  artículo  37 B del Código de Procedimiento Penal, subrogado  por  el  5°  de  la  Ley  81 de 1993, vigente en el momento en que se dictó la  sentencia.   

La citada normatividad establece que para el  defensor  y  el  procesado  sólo  opera  el  interés  para atacar la sentencia  anticipada  respecto  de la dosificación de la pena, el subrogado de la condena  de  ejecución  condicional,  la  condena  para  el  pago  de  perjuicios  y  la  extinción del dominio sobre bienes.   

Con  providencia  de  quien hoy funge como  ponente, ha sostenido la Sala:   

        “La   sentencia   anticipada  del  artículo  37  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  la  sentencia  anticipada previa audiencia especial del  37A,  ibidem,  son parte de los mecanismos político-criminales tendientes a que  principios  como  los  de  celeridad, economía procesal y eficacia tengan cabal  operancia, a cambio de hacer menos gravosa la pena.   

        “Pero  esta  facultad  del  Estado  en  favor  del  acusado  no es  gratuita,  sino que exige de parte de éste una contraprestación consistente en  que  debe  reconocer  su responsabilidad penal con relación a los cargos que se  le  imputan  en  el  acta de presentación de los mismos y renunciar a parte del  trámite  procesal  optando  por  uno  abreviado,  previsto  en  la  ley,  y una  sentencia  inmediata,  que  sólo  podrá  impugnar  en  los casos taxativamente  señalados  en  ella.  Por los mismo, se extingue para él cualquier posibilidad  de    retractación    o    negación    de   su   responsabilidad,   libremente  aceptada.   

        “De  ahí  que  el  legislador  plasme,  consecuentemente  con  la  teleología  de  la  terminación anticipada del proceso, como regla general, la  imposibilidad de recurrir la sentencia, salvo en algunos eventos.   

        “En   efecto,   el  numeral  4°  del  artículo  37B,  intitulado  ‘Interés para recurrir’, señala:   

                     ‘4°)  Interés  para  recurrir.  La  sentencia  es  apelable  por  el  fiscal,  el  ministerio  público,  por el  procesado  y por su defensor, aunque por estos dos últimos sólo respecto de la  dosificación  de la pena, el subrogado de la condena de ejecución condicional,  la  condena  para  el  pago  de  perjuicios  y  la  extinción  de  domino sobre  bienes’.   

        “O  sea que la consagración normativa que se hace en precedencia,  es  producto  de  una  lógica  interrelación  de  los  principios orientadores  referidos,  pues no sería entendible y mucho menos razonable que aceptada libre  y  voluntariamente  la  responsabilidad penal, con sus consecuencias jurídicas,  posteriormente  sobrevenga  su  propia negación, lo que sin discusión no sólo  contraría   el   instituto  referido,  sino  que  al  mismo  tiempo  lo  haría  inoperante.   

        “Ahora  bien, ello no descarta que en desarrollo de este abreviado  trámite  queden eventualmente expuestos derechos y garantías fundamentales que  la  Carta  Política  contempla  por  encima  de  cualquier actuación judicial,  razón  por  la  cual  el  mismo  instituto  prevé  la posibilidad de no dictar  sentencia  cuando  el  juez  advierta  violación  de garantías fundamentales”.  (Auto del 8 de marzo de 1996).   

         

En  el  caso  concreto, el actor carece de  interés  para  recurrir, a la luz del numeral 4° del mencionado artículo 37B,  toda  vez  que  su inconformidad con la sentencia de segunda instancia radica en  la    tipificación   aceptada,   con   respecto   al   punible   de   secuestro  extorsivo.   

Debe  dejarse  en  claro  que  si  bien el  libelista,   hábilmente,   traduce   la  presunta  transgresión  del  precepto  sustancial  en una disminución punitiva, lo cierto es que la discusión central  de  su  argumento  la  funda  en  que  al  procesado  no se le debió aplicar el  contenido  del  artículo  6°  del  Decreto  2790,  sino el del 268 del Código  Penal.   

Sería  un  acto  de  deslealtad  con  la  justicia  venir  a esta sede a criticar la norma seleccionada, cuando en el acta  de  formulación  y  aceptación de cargos, se dejó expresa constancia sobre la  razón  de esa adecuación típica, la que no fue cuestionada por los procesados  ni sus defensores, sino, por el contrario, libremente aceptada.   

Al  respecto,  en  la  misma  providencia  citada, señaló la Sala:   

        “Fuera  de los casos previstos en el ordinal 4° del artículo 37B  y   del   desconocimiento   de   las  garantías  fudamentales,  cualquier  otra  inconformidad  de  la  parte  defensora resulta absolutamente impertinente, pues  será  violatoria  del  ordenamiento procesal que regula tal instituto y, por lo  mismo,  del  debido proceso. Tal ordenamiento nos indica que para que el acusado  se  haga acreedor a la rebaja concreta de la tercera parte de la pena, es decir,  para  que  el  Estado morigere su potestad sancionatoria, es menester que aquél  acepte  los  cargos  y  su  tipificación, tal como le fueron presentados por el  Fiscal.  Si  existe  divergencia  sobre  la  adecuación  típica  de los hechos  imputados,  como  lo  alega  el  recurrente  en el presente caso, simplemente el  procesado,  asesorado  por  su  defensor,  no  debe  acudir  al  mecanismo de la  sentencia anticipada.   

        “Por  tales  razones  resulta  inadmisible  que  se  consienta una  determinada  adecuación  típica,  se  suscriba  el  acta respectiva y luego se  alegue que estaba equivocada, retractándose de lo aceptado”.   

Siendo ello así, lógico es concluir que  no  le  asiste  interés al recurrente, por lo que se procederá a declarar, por  violación al debido proceso, la nulidad   

parcial  de  lo actuado, en lo atinente a  este  procesado,  a  partir del auto fechado el 26 de marzo de 1996, mediante el  cual  la  Sala  declaró  ajustada  la demanda a los presupuestos formales, pues  sólo    entonces    apareció    claro    que   carecía   de   interés   para  impugnar.   

En  cuanto  hace  relación  a la demanda  presentada  por  el  defensor  de  Gloria Stella Correa Jaimes, debe decirse que  ésta  también  carece  de interés, pues el Tribunal Nacional, en la sentencia  del  13  de  febrero  de  1995,  declaró  desierto  el  recurso  de  apelación  interpuesto   por   ella,   toda   vez  que  además  de  ser  extemporánea  la  sustentación del mismo, no suscribió el correspondiente memorial.   

Por  otra  parte,  ese  interés  tampoco  surgió   de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  pues  ésta  no  modificó  desfavorablemente  su  situación,  por  el  contrario,  disminuyó  el  quantum  punitivo que se le había impuesto en la de primera instancia.   

Al   respecto   ha  sostenido  la   Sala:   

       “En  otras  palabras:  si  a través del recurso extraordinario de  casación  se  cuestiona  la  legalidad del fallo de segunda instancia, que como  tal  está  amparado  por  la doble presunción de acierto y legalidad, quien no  apeló  la  sentencia de primer grado, ni su situación se vio modificada con el  pronunciamiento   del   tribunal,   carece  de  legitimidad  para  acudir  a  la  impugnación  por  vía  extraordinaria;  pues  los  recursos,  entendidos  como  mecanismos  procesales  otorgados  por la ley a las partes para controvertir las  decisiones  judiciales  que consideren adversas o ilegales, deben proceder de la  iniciativa  de  los  intervinientes,  quienes  han  de  agotar  primero,  en las  instancias  previas,  y  a  medida  que  se  vaya manifestando la voluntad de la  judicatura,  los instrumentos ordinarios de control que legitimen y hagan viable  el  ulterior  ejercicio  del medio extraordinario de impugnación…” (Casación  del 5 de Sep. de 1996, M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll).   

En  consecuencia,  la  falta  de interés  aparecía  manifiesta  desde  que  se  concedió  el  recurso  extraordinario de  casación,  por  lo  cual la Sala procederá a declarar la nulidad parcial de lo  actuado,  con  relación  a  esta  procesada, a partir del auto fechado el 28 de  septiembre  de  1995,  por  medio  del cual se concedió el recurso de casación  interpuesto,   quedando   comprendido  dentro  de  los  efectos  anulatorios  el  proveído  del  26  de  marzo  de  1996,  en el que la Sala declaró ajustada la  demanda a los presupuestos formales.   

Al  no  ser  procedentes  los recursos de  casación  interpuestos, cobra ejecutoria la sentencia proferida por el Tribunal  Nacional y así se declarará.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

       R E S U E L V E   

1.         DECRETAR  LA  NULIDAD  PARCIAL  de  lo  actuado  a  partir, inclusive, del auto fechado el 28 de septiembre de 1995, por  medio  del  cual  el  Tribunal  Nacional  concedió el recurso extraordinario de  casación   a  la  procesada  GLORIA  STELLA  CORREA  JAIMES.     En     consecuencia     se    declara  desierto.   

2.         DECRETAR  LA  NULIDAD  PARCIAL  de  lo  actuado  a  partir, inclusive, del auto fechado el 26 de marzo de 1996, mediante  el  cual  se declaró ajustada a las previsiones legales la demanda de casación  presentada    a    nombre    de    JAIRO    PINEDA  BARBOSA.     En     consecuencia,    SE   RECHAZA   IN   LIMINE  el  citado  libelo.   

3. Declárase ejecutoriada la sentencia de  segunda instancia.   

Cópiese,  notifíquese  y devuélvase al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JORGE ANIBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL              RICARDO  CALVETE RANGEL   

JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA                         CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO   PAEZ   VELANDIA                             NILSON   PINILLA   PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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