11322 (05-09-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    RECURSO DE HECHO  

Tesis:  

Reiteradamente se ha venido señalando por la  Corte,  que  la  omisión del impugnante en sustentar el recurso de hecho dentro  de  los  tres  días siguientes al recibo de las copias respectivas, tal como lo  ordena  el  artículo  209 del Código de Procedimiento Penal, no necesariamente  entraña  la  deserción  del  recurso,  si  la  sustentación se ha hecho en el  escrito  de  interposición  o  en todo caso, antes de dicho traslado. Exigir al  impugnante  que  sustentó  el  recurso  al momento de interponerlo, o antes del  envío  de  las  copias,  que  lo  sustente  nuevamente  ante el Superior, es un  requerimiento  no  sólo innecesario sino excesivamente formalista, contraventor  del  principio  rector de toda actuación judicial de la efectividad del derecho  sustancial  (arts.  228  de  la  C.  N.,  1°  de la Ley 270/96 y 9 del C. de P.  P.).   

De  aceptarse  la procedencia del recurso de  casación  contra  sentencias  que,  por  no  haber sido objeto de la alzada por  parte  del  presunto  afectado,  no  fueron  revisadas  en  segunda instancia ni  comportan  pronunciamiento  alguno  sobre su particular situación, -amén de la  limitación  a  la  competencia  del  superior  y  de la prohibición de reforma  peyorativa,  traídas  por  el  artículo 217 del C. de P. P., modificado por el  art.  34  de  la  Ley  81/93-,  el  Estado y concretamente la Administración de  Justicia,  desconocería  el  principio  de  seguridad jurídica, que predica la  inamovilidad  de  las  decisiones  de  mérito,  no  pudiendo  ser  revocadas  o  modificadas  sino a instancias del ataque que en el momento oportuno y a través  de los recursos le formulen las partes.   

PROCESO                              : 11322   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Magistrado Ponente :   

                                                                  Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

                                                                  Aprobado acta No. 131.     

Santa  Fe  de  Bogotá  D.C.,  cinco  (5) de  septiembre de mil novecientos noventa y seis (1996).   

1. ASUNTO  

Resolver el recurso de hecho interpuesto por  el  defensor  de  los  procesados  JAIRO  LINARES  LUNA y RAFAEL ORLANDO GALEANO  BECERRA  contra  el  auto  mediante  el  cual  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Santa  Fe de Bogotá, negó el recurso extraordinario de casación  interpuesto  contra  la  sentencia  dictada  por  esa  Corporación  en  segunda  instancia.   

2. ANTECEDENTES  

Por  los  delitos  de  estafa  en  concurso  homogéneo,  agravados  por  la  cuantía,  el  Juzgado Sesenta y Seis Penal del  Circuito  de  esta  capital,  condenó  a  las  siguientes  personas  a  pena de  prisión:  ISRAEL  BOHORQUEZ,  JAIRO  LINARES LUNA Y RAFAEL ORLANDO GALEANO a 84  meses,  ARMANDO  DURAN  VILLALBA a 56 meses, NELSON ARANGO GIRALDO, HUGO ORLANDO  DIAZ  MENDOZA  y  LUIS ENRIQUE COMBA CEBALLOS a 48 meses, JULIO AVENDAÑO CRUZ Y  WILSON  JIMENEZ  AMAYA  a  20  meses,  VICTOR MANUEL ARGUELLO  a 12 meses y  WOLMAR GOMEZ SANCHEZ a 30 meses.   

Contra  esta  sentencia  sólo interpusieron  recurso  de  apelación,  los  defensores  de  HUGO  ORLANDO DIAZ, ARMANDO DURAN  VILLALBA  y WOLMAR GOMEZ SANCHEZ. El Tribunal Superior, mediante fallo del trece  de octubre de 1995, confirmó la condena de primer grado.   

El  defensor de los procesados JAIRO LINARES  LUNA  y  RAFAEL  ORLANDO GALEANO BECERRA, interpuso el recurso extraordinario de  casación  contra la sentencia de segunda instancia, el cual le fue denegado, en  consideración  a  que  el  recurrente  “no  tiene  interés,  pues la sentencia  respecto  de  ellos  no fue impugnada, lo que demuestra que estuvieron conformes  con  ella”  y  “de aceptarse el recurso de casación invocado, sin haber apelado  ante  la  segunda  instancia, sería permitir una especie de acción per-saltum,  la que no existe en el proceso penal”.   

Inconforme con tal decisión, el defensor de  los  procesados en mención interpuso el recurso de hecho, para cuyo trámite se  expidieron  las copias pertinentes con destino a esta Corporación, ante la cual  omitió  presentar  sustentación  alguna,  aunque  las razones para sostener la  procedencia    del    recurso    denegado    aparecen    en    el   escrito   de  interposición.   

Argumenta  el  impugnante que de conformidad  con  el  art.  222  del C. de P. P., el recurso de casación es procedente en el  presente  caso,  por  cuanto “la norma en comento, cuyo título es ‘LEGITIMACION  PARA  RECURRIR’,  no  prescribe  como  requisito para acudir en casación que la  parte  interesada  haya  apelado una providencia previa; si así fuera, la norma  lo  diría  en  forma expresa y al juzgador no compete ir en sus requisitos más  allá de los impuestos por la ley”.   

3. CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Reiteradamente se ha venido señalando por la  Corte,  que  la  omisión del impugnante en sustentar el recurso de hecho dentro  de  los  tres  días siguientes al recibo de las copias respectivas, tal como lo  ordena  el  artículo  209 del Código de Procedimiento Penal, no necesariamente  entraña  la  deserción  del  recurso,  si  la  sustentación se ha hecho en el  escrito  de  interposición  o  en todo caso, antes de dicho traslado. Exigir al  impugnante  que  sustentó  el  recurso  al momento de interponerlo, o antes del  envío  de  las  copias,  que  lo  sustente  nuevamente  ante el Superior, es un  requerimiento  no  sólo innecesario sino excesivamente formalista, contraventor  del   principio   rector   de   toda  actuación  judicial  de  la  efectividad   del   derecho   sustancial  (arts. 228 de la C. N., 1° de la Ley 270/96 y 9 del C. de P. P.).   

El Tribunal Superior de Santa Fe de Bogotá,  para  negar  el  recurso  extraordinario  de  casación  en el caso sub-exámine,   se  fundamentó  en  el  siguiente  pronunciamiento  hecho  por la Sala al resolver un caso similar, el 9  de    agosto    de   1995,   con   ponencia   del   Magistrado   Dídimo   Páez  Velandia:   

          “La  competencia  del  superior para decidir, de conformidad con el  artículo  217  del  C. de P. P., se encuentra inequívocamente aquí señalada:  sin  limitación  alguna,  si  del  grado  de consulta se trata; únicamente los  aspectos   impugnados,   si   fue  apelada,  y  cuando  se  trate  de  sentencia  condenatoria  no  se  podrá  agravar la pena impuesta, salvo que el Fiscal o el  agente  del  Ministerio  Público o la Parte Civil, cuando tuviere interés para  ello, la hubieren recurrido”.   

          “De  lo  anterior  se  infiere lógicamente que el fallo de segunda  instancia  no  tiene,  en  principio,  poder  dispositivo  sobre  la  situación  jurídica  de  los  no  recurrentes,  salvo,  por  ejemplo,  que  se  imponga la  anulación  de  toda  la  actuación,  o que se les deba aplicar por extensión,  pues  su  competencia solamente alcanza a quienes, a través de ese instrumento,  muestran  su  inconformidad  con  lo decidido por la primera instancia, mas no a  los  que,  con  su  silencio,  demuestran  su  aprobación  con  lo resuelto. La  interposición  del recurso es señal evidente de que se pretende acceder a otra  instancia   en   busca   de  la  justicia  que  el  inferior  le  negó;  su  no  interposición,  demuestra  que no hay interés en que se revise por el superior  lo decidido, pues se considera justo”.   

          “El  recurso  extraordinario  de casación solamente procede contra  las  sentencias de SEGUNDA INSTANCIA, pronunciadas por el Tribunal Nacional, los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y el Tribunal Penal Militar, por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo sea o  exceda  de seis años, de conformidad con lo dispuesto por el inciso primero del  Artículo 218 del Estatuto Procesal Penal”.   

          “Si  esto  es  así, como en efecto lo es, síguese que, en el caso  del   condenado  JESUS  ALBERTO  GUTIERREZ  JULIOS  no  hay  legitimación  para  interponer  el  recurso  extraordinario  de  casación,  como  lo  entendió con  acierto  el  Tribunal  Superior de San José de Cúcuta, habida cuenta de que no  agotó  las  dos  instancias  al  omitirse  la  interposición  del  recurso  de  apelación   contra   la  sentencia  de  primera  instancia,  lo  cual  si  bien  facultativamente   podía   hacerse,   dado   que   es   un   derecho   del  que  discrecionalmente  se  puede hacer uso, para acudirse a la casación constituía  “conditio  sine  qua  non”  que  revisara  el  superior la sentencia del Juez de  primera instancia”   

En  el  presente caso también el recurrente  interpone  el  mecanismo  extraordinario de impugnación sin antes haber apelado  el  fallo de primera instancia, desconociendo que la casación, por el objeto de  que  se  ocupa,  cual  es  la  sentencia  de  segundo  grado,  es  de naturaleza  excepcional  y  rogada,  en  la medida en que la manifestación de inconformidad  con  un  fallo  que se presume certero y legal, debe emanar oportunamente de las  partes y no inferirse oficiosamente por el funcionario.   

En  otras palabras: si a través del recurso  extraordinario  de  casación  se  cuestiona  la  legalidad del fallo de segunda  instancia,  que  como  tal  está amparado por la doble presunción de acierto y  legalidad,  quien  no  apeló  la sentencia de primer grado, ni su situación se  vió  modificada con el pronunciamiento del Tribunal, carece de legitimidad para  acudir  a la impugnación por vía extraordinaria; pues los recursos, entendidos  como  mecanismos  procesales otorgados por la Ley a las partes para controvertir  las  decisiones judiciales que consideren adversas o ilegales, deben provenir de  la  iniciativa  de  los  intervinientes,  quienes  han de agotar primero, en las  instancias  previas,  y  a  medida  que  se  vaya manifestando la voluntad de la  judicatura,  los instrumentos ordinarios de control que legitimen y hagan viable  el ulterior ejercicio del medio extraordinario de impugnación.   

Y habiendo sido concebida la casación como  un  instituto  jurídico  excepcional  para restaurar la legalidad del fallo, la  inconformidad  con  la decisión de mérito tiene que ser expresa y oportuna, de  tal  manera  que  mediante  la  impugnación  a la sentencia de primer grado, se  promueva  el proferimiento de la respectiva SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA, como  otro  control  regular  adicional  para  garantizar la justicia de la decisión.   

De  aceptarse la procedencia del recurso de  casación  contra  sentencias  que,  por  no  haber sido objeto de la alzada por  parte  del  presunto  afectado,  no  fueron  revisadas  en  segunda instancia ni  comportan  pronunciamiento  alguno  sobre su particular situación, -amén de la  limitación  a  la  competencia  del  superior  y  de la prohibición de reforma  peyorativa,  traídas  por  el  artículo 217 del C. de P. P., modificado por el  art.  34  de  la  Ley  81/93-,  el  Estado y concretamente la Administración de  Justicia,  desconocería  el  principio  de seguridad  jurídica,  que  predica  la  inamovilidad  de  las  decisiones   de  mérito,  no  pudiendo  ser  revocadas  o  modificadas  sino  a  instancias  del ataque que en el momento oportuno y a través de los recursos le  formulen las partes.   

Además, si la teleología central del nuevo  esquema  procesal  penal  colombiano,  -mixto  con  tendencia  acusatoria- es la  garantía  de  los  derechos fundamentales de las partes que en él intervienen,  los  sujetos  procesales deben desempeñar un dinámico papel en correspondencia  a  esa finalidad rectora propia de un proceso penal “entre partes”, que se surte  gradual  y  sistemáticamente  a  medida  que  se agotan las instancias, pues al  avanzar  el  proceso,  por  la  logicidad  del  sistema,  éste  se cierra en la  cúspide.   

Ese  dinamismo de las partes responde a los  principios    de    lealtad   procesal    y    de   preclusión  de  los  momentos  procesales,  y  se  exterioriza a través del  ejercicio  oportuno  de  sus derechos, con la unívoca controversia a medida que  se  van  profiriendo  las  decisiones  judiciales, de tal manera que se trabe el  contradictorio  y  se  legitime el carácter dialéctico de la actuación.    

De  ahí  que  la  pasividad manifiesta del  procesado  o  de  su  defensor,  al  omitir  ejercer  el  derecho  a impugnar la  sentencia  condenatoria de primer grado, descarte la posibilidad de controvertir  por  vía  extraordinaria  la de segunda instancia, -a menos que de este último  pronunciamiento  resulte desfavorecido el status adquirido en el fallo de primer  grado-,  no  sólo  porque  esta  actitud refleja conformidad con el mismo, sino  además  porque  la  ilegalidad de la sentencia de mérito no puede alegarse con  criterio  supletorio,  luego  de  haber  tenido a disposición la oportunidad de  cuestionar  la  decisión  dentro  de  la  misma instancia que ahora se pretende  deslegitimar.   

Este  desleal proceder vulnera el principio  de  la inmaculación del proceso, -pues lo pervierte con otro mecanismo paralelo  de    impugnación-,    y    además    desconoce   su   carácter   gradual   y  preclusivo.   

Valga   precisarlo:   la   impugnación  extraordinaria  respecto  del  procesado deviene procedente sólo cuando éste o  su  defensor  hayan  interpuesto la alzada como paso previo para controvertir la  sentencia  de  mérito;  o,  cuando, sin haber apelado directamente, el fallo de  segundo  grado  afecte  su  situación  jurídica  y  le cause agravio, tal como  sucedería  en  el  evento  en que se transgreda la prohibición de reformatio  in  pejus. En este caso, se  impone  para el recurrente la carga procesal de acreditar, con la interposición  del  recurso,  el  interés que le asiste para impugnar en casación el fallo de  segundo   grado,   a   pesar   de   haber   omitido   incoar   el   recurso   de  apelación.   

Ahora  bien, no sobra advertir que respecto  de  sentencias  proferidas  por  vía  de  consulta  (art.  206 del C. de P. P.,  modificado  por el art. 29 Ley 81/93), procede el recurso de casación por parte  del  interesado,  así  éste  no haya apelado previamente, pues en este evento,  por  virtud  del  artículo  217  ejusdem  -modificado  por el art. 34 de la Ley  81/93-  puede  el  superior  “decidir sin limitación  sobre  la providencia o la parte pertinente de ella”,  lo  que, al habilitar la modificación de la situación jurídica del procesado,  lo  dota de interés para recurrir por vía extraordinaria el fallo que le cause  agravio.   

El comentado criterio de la Sala -utilizado  como  fundamento  por  el  Tribunal  de  instancia  para  denegar  el recurso de  casación-,   es   censurado   por   el   abogado  recurrente,  argumentando  la  imposibilidad  en  que  se  encuentra el intérprete para limitar la procedencia  del  recurso  extraordinario  con  exigencias adicionales a las contenidas en el  artículo  222  del  Código de Procedimiento Penal, modificado por el artículo  36 de la Ley 81 de 1993.   

Este  argumento del impugnante conlleva una  posición  deducida  a  través de una exégesis hermenéutica circunscrita a un  sólo  artículo  del  Código  de Procedimiento Penal, y no a una introyección  sistemática   de   las   instituciones  procesales,  pues  concibe  el  recurso  extraordinario  de  casación  al  margen de su objeto, de sus finalidades, y de  los principios rectores que regulan la dialéctica procesal.   

Según   el   planteamiento  del  abogado  recurrente  en  este caso concreto, la sentencia de primera instancia no les fue  notificada  a  sus  dos defendidos, lo que habilitaría el ejercicio del recurso  extraordinario;   situación  ésta  que  no  estaría  comprendida  dentro  del  tratamiento  exceptivo  al que se ha hecho referencia, pues este argumento no se  compadece  con  el  principio  de lealtad procesal antes destacado, ya que no se  entiende  porqué  o  con  qué  finalidad  el  defensor  habría  callado  esta  irregularidad,  de  llegar a serlo, durante el término de ejecutoria formal del  fallo  y  también  en el término de traslado a los no recurrentes, previsto en  los  artículos  196A y 196B del Código de Procedimiento Penal (adicionados por  la Ley 81 de 1993, arts. 26 y 27, respectivamente).   

En  este orden de ideas, se declarará bien  denegado  el  recurso de casación interpuesto por el defensor de los procesados  JAIRO  LINARES  LUNA  Y  RAFAEL  ORLANDO  GALEANO BECERRA contra la sentencia de  segunda   instancia   proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  este  Distrito  Judicial.   

De  conformidad  con  el  inciso  1°  del  artículo  210  del  C. de P. P., “se ordenará enviar la actuación al inferior  para que forme parte del expediente”.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

         RESUELVE   

1.  DECLARAR  correctamente  denegado  el  recurso   extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  los  procesados  JAIRO  LINARES  LUNA  y  RAFAEL  ORLANDO  GALEANO  BECERRA contra la  sentencia del Tribunal Superior de Santa Fe de Bogotá.   

2.  De  conformidad  con  el inciso 1° del  artículo  210 del C. de P. P., se ordena “enviar la actuación al inferior para  que forme parte del expediente”.   

        Notifíquese y cúmplase   

        FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

RICARDO   CALVETE   RANGEL                                           JORGE CORDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE             JORGE  ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                        DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON    PINILLA   PINILLA                           JUAN    MANUEL    TORRES  FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

   

    

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