10787b1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 10787  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADOS PONENTES:  

DRS. ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON Y FERNANDO E.  ARBOLEDA     RIPOLL                       

APROBADO ACTA No. 182  

Santa   Fe   de  Bogotá,  D.C.,  Noviembre  diecisiete de mil novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

          El  14  de diciembre de 1994, el Juzgado Penal del Circuito de Bello  -Antioquia-  dictó  sentencia  anticipada  contra Yamil Hernando Osorno Ospina,  tras  hallarlo  responsable  de homicidio simple en concurso con porte ilegal de  arma  de  fuego  de  defensa personal. Le impuso 10 años y 4 meses de prisión,  interdicción   durante  10  años  y  el  pago  de  los  daños  y  perjuicios.   

          Apelado  el  fallo  por  el  procesado,  el  7  de  marzo de 1995 el  Tribunal  de  Medellín  lo  confirmó,  modificando  la  cantidad  punitiva que  quedó,    finalmente,   en   7   años   y   4   meses   de   prisión   y   de  interdicción.   

          Como  Osorno  Ospina  “apeló”, el Tribunal concedió el recurso  de  casación, y como  el defensor presentó la demanda correspondiente, la  colegiatura continuó el trámite propio de la casación.   

         

Ahora,  la  Corte  se  ocupa  del fondo de la  impugnación.   

HECHOS  

          1.  El   3  de  septiembre  de  1994,  Alfredo  de  Jesús Toro  Franco   estaba  en  la  vía  pública  que conduce a la vereda La Veta, a  pocos  metros  de  la autopista norte en el Municipio de Copacabana (Antioquia),  cuando  llegaron  Henry  Monsalve Zapata y Yamil Hernando Osorno Ospina  en  una  moto.  Este  disparó en varias ocasiones contra Toro Franco y le causó la  muerte.  Dos  agentes  de  la  Sijin  que  se  percataron  de  los  hechos   persiguieron a los agresores  hasta conseguir su captura.   

ACTUACION PROCESAL  

          El  5  de septiembre de 1994 se dictó resolución de apertura de la  instrucción,  y  se  escuchó  en  indagatoria a Yamil Hernando Osorno Ospina y  Henry Monsalve Zapata.   

          El  9  de septiembre de 1994 se resolvió la situación jurídica de  los   procesados,   con   medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva,  por el delito de homicidio.   

          En  ampliación  de  indagatoria,  el 9 de noviembre de 1994, Osorno  Ospina   confesó  la  comisión  del  hecho  e  invocó un estado de ira e  intenso  dolor,  que  atribuyó  al  recuerdo  de las acciones de Toro Franco, a  quien  sindicó  de haber ocasionado la muerte de por lo menos seis (6) miembros  de su familia.   

         

El  30  de  noviembre  de 1994 se realizó la  diligencia  de  formulación  y  aceptación  de cargos. La fiscalía los hizo a  Osorno   Ospina  como  responsable  del  delito  de  homicidio  simple,  con  el  reconocimiento  de  la modificante de la ira,  en concurso con el delito de  porte  ilegal  de  arma  de  defensa personal, y le reconoció la rebaja de pena  establecida  en  el  artículo  37  del  C.  de.  P.  P.  Los cargos fueron  aceptados  por el procesado. En la misma diligencia se formularon cargos a Henry  Monsalve   Zapata  como  cómplice  del  homicidio  simple,  los  cuales  fueron  aceptados por éste.   

          Mediante  providencia  del 30 de noviembre de 1994,  se dispuso  remitir   el  proceso  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Reparto  de  Bello  (Antioquia)  y  le  correspondió  el  asunto  al  Juzgado  2o. Este despacho se  abstuvo  de  proferir sentencia contra Monsalve Zapata, luego de concluir que el  procesado  no había comprendido el alcance de aquello que se le atribuía en el  pliego  de cargos, según se desprendía de las peticiones que presentaba,   en   las   cuales   enseñaba  su  inconformidad  con  los  cargos  imputados  y  admitidos.    

          Al   proferir  la  sentencia,  el  Juez  declaró  a  Osorno  Ospina  responsable  del  homicidio y del porte de arma y le fijó la pena en 10 años y  4  meses. Al dosificar tuvo en cuenta la pena prevista para el homicidio simple,  la  atenuación  por  el  estado  de  ira  e  intenso dolor pero añadió que el  procesado  había  preparado ponderadamente el hecho punible, había actuado por  motivos innobles y en complicidad de otro.   

          Al  conocer  de la alzada, el ad-quem redujo la sanción, como ya se  dijo,  previa  revocación  de  la  circunstancia genérica consistente en haber  obrado por motivos innobles o fútiles. Hizo esta operación:   

          a)     25    años    de    prisión    por    el   delito   de  homicidio.   

         

b)  Disminución  de  la  tercera  parte  del  mínimo,  esto  es,    8  años  y  4  meses de prisión,  por el  estado de ira e intenso dolor.   

          c)    2   años   más,    por   la  concurrencia  de  las  circunstancias  genéricas  de  agravación  de preparación ponderada del hecho  punible  y  obrar con complicidad de otro, para un resultado parcial de 10 años  y 4 meses de prisión.   

          d)   Adición de 6 meses por el delito de porte ilegal de armas  de defensa personal, pata una sanción de 11 años.   

          e)  Y  reducción  de  una  tercera  parte,   en  virtud  de la  sentencia  anticipada,  para  un  total  definitivo  de  7  años  y  4 meses de  prisión.    

LA DEMANDA  

          El  defensor  del  señor  Osorno  Ospina formuló un reproche   contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Medellín: causal segunda de  casación,  esto es,  incongruencia entre la sentencia y la formulación de  cargos  hecha por la fiscalía.   

          Indicó   que   en  la  formulación  de  cargos,  la  fiscalía  no  imputó    la   preparación   ponderada  del  hecho  punible,  luego  esta  circunstancia  no  debió  ser tenida en cuenta en la sentencia para aumentar en  dos   (2)   años  la  pena.  Agrega  que  la  sentencia  debió  ser  proferida  únicamente   por  el  delito de homicidio, con la disminución de la ira e  intenso  dolor y aun con la causal objetiva de obrar con la complicidad de otro.  Luego, concreta y amplía su censura, con estas palabras:   

“Al deducirse en la sentencia circunstancias  de  agravación  de las previstas en el artículo 66 del C. P., de las cuales no  se  hizo  mención en el pliego de cargos formulado,  se vulnera el derecho  de  defensa  y  desde  luego  el  debido  proceso,  consagrado  constitucional y  legalmente  en  los  artículos 29 de la C. N., 1º. de la ley 100 de 1980, 1º.  del  decreto  2700  de  1991  y  8º.  de  la  convención Americana de Derechos  Humanos”.   

          Para  culminar,  pide:  “Con base en las  anteriores  razones,  considero  que la Honorable Corte Suprema de Justicia debe  CASAR   la   sentencia   demandada,   dictando   el   fallo   que   en   derecho  corresponda,   realizando la tasación de la pena conforme a los cargos que  se  le  formularon  al  señor  YAMIL HERNANDO OSORNO OSPINA no incrementando el  mínimo  previsto  por  la  norma sustantiva valor alguno por las circunstancias  genéricas  del  artículo  66 del Código Penal, habida consideración a que no  fueron   endilgadas  por  la  Fiscalía  en  la  audiencia  de  formualción  de  acusación,  teniendo  en  cuenta  desde luego el principio constitucional de no  agravación de la pena”.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

          El  Procurador  3º.  delegado  en  lo  penal  sugirió  a  la Corte  desestimar  la  demanda,  pues  no  halló  incongruencia  entre  los cargos que  formuló  la fiscalía y la sentencia; pero solicitó casarla oficiosamente para  que  se  declare nulidad parcial y se proceda a dictar fallo de remplazo, porque  tanto   el   a   quo  como  el  Tribunal   introdujeron  circunstancias  de  agravación  punitiva  que  no  fueron  incluidas  en  los  cargos hechos por la  fiscalía  y  sirvieron  para  aumentar  la  pena,  lo cual violó el derecho de  defensa del procesado. Sobre cada uno de los temas puntualizó:   

          1.   Frente   a  la  planteamiento  de  la  demanda,  es  decir,  la  incongruencia,  estima  que  el censor se equivocó en la selección, y explica:  (1)   La   consonancia  se  traduce  en  que  “…la  sentencia  debe  guardar  relación  con  las imputaciones que se hicieron en la  resolución  de  acusación  respecto  de  las condiciones que le son exigibles,  esto  es,  sobre  la calificación provisional del hecho que remita al título y  al  capítulo  dentro  de  los  cuales  está consagrado el hecho punible que es  objeto  de  la acusación…” (2) En el asunto que se  estudia   no   hay   incorrección   pues  los  delitos  materia  de  acusación  corresponden  a aquellos por los cuales se condenó al procesado. La divergencia  se  restringe  a  las  circunstancias  de agravación punitiva que figuran en la  sentencia  mas no en la formulación de los cargos. (3) Por lo tanto, la demanda  debe ser desestimada.   

2. En cuanto a la nulidad. La sustenta en las  siguientes  afirmaciones: (1) Las circunstancias genéricas de agravación deben  ser  incluidas  en  la  acusación  pues  si  no  se  hace,  y  se imponen en la  sentencia,  se  reducen  las  posibilidades materiales de defensa.  (2) Tal  violación  es  mas  palpable  cuando  se  trata de sentencia anticipada pues se  priva  al  acusado  de  oportunidades  de  oponerse  a  las  consideraciones del  funcionario  y  a  los  resultados  probatorios,  es  decir, ello constituye una  nítida  sorpresa  respecto de circunstancias que determinan una mayor sanción.  (3)  Como  lo sostuvo la Corte en decisión del 27 de febrero de 1996 (M. P. Dr.  Fernando  Arboleda  Ripoll), la formulación de cargos equivale a la resolución  acusatoria,      equivalencia      referida      exclusivamente     “…  a  los  efectos  procesales  que  la  resolución acusatoria  produce  como  decisión, verbigracia, limitar el marco  fáctico   y  jurídico  de  la  sentencia  servir  de  referente  para  efectos  de  la prescripción, o establecer la terminación del  sumario”.   En  el  caso concreto, los límites  fueron  quebrantados  por  la sentencia, pues mientras la formulación de cargos  no  incluyó  agravantes  genéricas, aquella sí lo hizo. (4) Al introducir los  juzgadores  de  1ª. y 2ª. instancia circunstancias de agravación no deducidas  en  los  cargos  hubo  reducción  en  la  defensa y, con el aumento de la pena,  detrimento  de  la  situación  del  procesado.  (5)  Lo anterior implica que la  sentencia  deba  ser casada parcialmente toda vez que la pena debe ser tasada de  acuerdo con lo que configura la acusación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  Corte  debe  casar  parcialmente  la sentencia objetada y, en su  lugar,  remplazar  lo  concerniente  a  la  pena impuesta,  con base en los  artículos  220-2  y  229-1 del C. de. P. P. Los motivos de la decisión son los  siguientes:   

          1.  El 30 de noviembre de 1994, la Fiscalía adelantó diligencia de  formulación  y  aceptación de cargos, respecto de Yamil Hernando Osorno Ospina  y  Henry  Monsalve  Zapata,  durante la cual aquél aceptó las imputaciones por  homicidio  simple, cometido en estado de ira y de intenso dolor, en concurso con  el  delito  de  porte  ilegal de arma de fuego para la defensa personal (Fl. 116  vto).   

          Recibido  el  expediente  por  el  Juzgado 2o. Penal del Circuito de  Bello  -Ant-,  el  14  de  diciembre  del  mismo  año  profirió  la  sentencia  correspondiente,  admitió  la  modificante  de  la  pena  con  fundamento en el  artículo  60  del  C.  P., pero al dosificar la sanción no partió del mínimo  sino  de 15 años, teniendo en cuenta tres circunstancias que no habían sido ni  siquiera   mencionadas   en   la   diligencia   celebrada   en   la   Fiscalía:  “premeditación  ponderada  del  delito”,  obrar  en  connivencia  con otras  personas  y  “…haber  actuado  por  motivos  innobles  como  fue  el  ánimo  vindicativo” (Fl. 158).   

          El  procesado  apeló la decisión y la sustentó hablando de muchas  cosas,  por  ejemplo,  de  ausencia de dolo, de culpa, de legítima defensa pero  haciendo  énfasis en que fuera redosificada la pena, se le impusiera el mínimo  y  se tuviera en cuenta que su comportamiento no se debía a un acto premeditado  (Fls. 162 a 164).   

          El  7  de marzo de 1995, el Tribunal de Medellín fijó la pena en 7  años  y  4  meses,  dando  los  pasos  que  fueron  señalados  en el capítulo  “Actuación  procesal” de esta sentencia. No obstante la reducción punitiva  que  hizo,  aumentó  la  pena  en dos años por la concurrencia de dos causales  genéricas   de   agravación:   comisión  ponderada  del  hecho,  y  obrar  en  complicidad de un tercero.    

          Como  se  observa con claridad, entonces, el acta de formulación de  cargos  hizo  imputaciones al procesado pero no mencionó, de ninguna manera, el  incremento    punitivo    por    circunstancias   genéricas   de   agravación.  Posteriormente,  en  1ª.  instancia  le  fueron deducidas tres de ellas y, más  adelante, en 2ª. instancia, dos.   

         

2.  La  jurisprudencia  de  la  Sala  ha sido  reiterada  en cuanto las denominadas  circunstancias   genéricas  “objetivas”,   o   no   necesitadas  de  “valoración”,    que  implican  agravación  punitiva,   pueden  ser  deducidas por el juez en la  sentencia,  así  no hayan sido señaladas de ninguna manera  por el fiscal  en  el  acta  de  formulación  y  aceptación  de  cargos,  mientras  las   “subjetivas”,     o     aquellas     que     requieren    “valoración”,  imprescindiblemente  han  debido  ser  expuestas  por el instructor en el pliego  pues  de  lo  contrario  no pueden constituir motivo de incremento punitivo  en  la sentencia. Así se desprende, por ejemplo, de las sentencias de casación  del  25  de  septiembre de 1997, 10 y 17 de junio  de 1998 , 27 de julio de  1998  (M. P. Dr. Jorge E. Córdoba Poveda), 29 de julio de 1998 y 22 de junio de  1999 (M. P. Dr. Ricardo Calvete Rangel).    

              En   síntesis,   para   que   las   circunstancias   genéricas  “subjetivas”   de  agravación  de  la  pena  puedan  servir  de  base  para  incrementarla,  han  debido  ser  plasmadas en la acusación, como sucede con la  preparación  ponderada  del  hecho punible, circunstancia que implica análisis  detallado  y  valorativo de lo sucedido en el psiquismo del autor. Al contrario,  la   sentencia   puede   aumentar   la   pena   por   circunstancias  genéricas  “objetivas”  aún  en  el  evento  de  que  no  hayan  sido  previstas en la  formulación  de  cargos,  como  ocurre  con  la  actuación en connviencia, que  resulta   de   la   simple   observación   del   desencadenamaiento  del  hecho  punible.   

3. En el proceso que se examina, la sentencia  de  2ª.  instancia  aumentó  la  pena  por  dos circunstancias genéricas; una  objetiva,  actuar  con  la complicidad de otro, y una subjetiva, la preparación  ponderada  del  hecho  punible. Como ninguna de ellas fue imputada en el acta de  formulación  de  cargos,  conclúyese   que  no  existe exacta congruencia  entre  acusación  y fallo y que, por lo tanto, se impone casar la sentencia con  fundamento  en  la  normatividad ya mencionada, aclarando que, de acuerdo con la  tesis  de  la Sala, se hace sólo en relación con la causal “subjetiva”, es  decir, con la segunda mencionada.   

4. Como consecuencia de lo anterior, la Corte  debe  proceder  a  redosificar  la pena, haciendo la reducción correspondiente,  como se establecerá adelante.   

          De  otra  parte,  ante  el  planteamiento  del  Procurador delegado,  dígase  que si bien la incongruencia por el motivo que se presenta en este caso  genera  violación  o restricción del derecho de defensa, la vía mas apropiada  para  remediar  la  situación  no  es  la  nulidad sino el reconocimiento de la  inconsonancia,  auncuando  se  sigue  estimando  que acudir a aquel mecanismo no  constituye  completo  desatino.  Así,  por  ejemplo,  en  sentencia  del  25 de  septiembre   de   1997   (M.   P.   Dr.   Jorge   Córdoba   Poveda),  la  Corte  dijo:   

          “No  comparte  la  Sala  la  opinión  del  Procurador Delegado en  cuanto  considera  que  la  causal  segunda solo procede cuando hay incoherencia  entre  el  delito  imputado  en  el  pliego  de  cargos  y el que fundamentó la  sentencia,  ya  que  aunque  éste es un caso de inconsonancia, no es el único,  pues  como  lo  ha  sostenido  la Sala ‘Esta  concreción  fáctico – jurídica (se refiere a la resolución  de  acusación)  determina  los  límites  del  juzgamiento  y  por  tanto de la  sentencia,  sea  o  no  anticipada,  no  pudiendo  el  juez,  sin  sacrificar la  consonancia  del fallo e incurrir en irregularidad susceptible de ser atacada al  amparo  de  la  causal segunda  de  casación,  incluir  nuevas  conductas delictivas o adicionar circunstancias  específicas  de  agravación punitiva, o genéricas no objetivas, ni desconocer  las  de  atenuación deducidas, ni modificar desfavorablemente el grado o formas  de  participación  y  de  culpabilidad,  como  cuando  se condena por un delito  consumado  a  quien ha sido acusado por uno tentado, o como autor a quien lo fue  en  calidad  de  cómplice,  o  por  un  delito doloso a quien se le imputó uno  preterintencional  o  culposo  (Casación  9845,  20  de  mayo de 1997, M.P. Dr.  Fernando    E.    Arboleda    Ripoll)’ “.   

          “En  consecuencia,  el  recurrente  no  faltó  a  la  técnica al  plantear  el  reproche  por  la  causal  segunda,  como lo afirmó el Ministerio  Público, que es la adecuada para tal clase de yerros”.   

          “Sin  embargo,  tampoco  resulta  desacertado acudir a la nulidad,  pues  es  evidente  que  se  violó el derecho de defensa, y como aquella afecta  exclusivamente  la sentencia, bastaría casarla, conforme a los artículos 228 y  229-1  del  C.  de. P. P. y dictar la de reemplazo, con las mismas consecuencias  jurídicas   de   la  falta  de  consonancia”.    

          Así,  se  impone casar la sentencia con fundamento en la causal 2a.  prevista  en  el  artículo  220  del  C.  de.  P. P.  y  dictar la de  remplazo,  en  lo  pertinente,  con  base  en el mandato del artículo 229-1 del  mismo estatuto.    

Siguiendo la ruta trazada por el juzgador de  segunda  instancia,  basta  hacer  la  reducción  correspondiente  a una causal  genérica de agravación, así:   

a)  En  virtud del artículo 323 del C. P. ,  relacionado  con  su artículo 60, es decir, disminuida la pena para aquel en la  tercera parte de su mínimo, quedan 8 años y 3 meses.   

b)  Incremento  de un (1) año por la causal  genérica   “objetiva”  de  actuar  con la complicidad de otro, 9 años  y  3  meses.   

c)  Aumento  de  seis  (6)  meses,  por  el  concurso, para un subtotal de 9 años y 9 meses.   

d) Reducción de la tercera parte por mandato  del  artículo  37-4  del  C.  de.  P. P., para un total de 6 años y 6 meses de  prisión,  cantidad que también se fija para la pena accesoria de interdicción  del ejercicio de derechos y funciones públicas.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          1.  Casar  parcialmente  la sentencia objeto del recurso e imponer a  Yamil  Hernando  Osorno  Ospina seis (6) años y seis (6) meses de prisión como  pena  principal  e interdicción del ejercicio de derechos y funciones públicas  por el mismo lapso.   

          2.   Mantener  las  demás  resoluciones  tomadas  en  la  sentencia  impugnada.   

          Cópiese,    notifíquese    y   devuélvase   a   la   oficina   de  origen.   

         

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

Salvamento de voto  

FERNANDO        E.       ARBOLEDA  RIPOLL                                JORGE.E.CORDOBA  POVEDA       

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                    EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                                      Salvamento parcial de voto   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                    CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR                                                      Salvamento de voto   

ALVARO   ORLANDO  PEREZ  PINZON         YESID RAMIREZ  BASTIDAS   

Salvamento   parcial  de  voto                                          Salvamento de voto   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

(Casación 10787)  

Señores Magistrados:  

Al   no  lograr  la  persuasión  de  los  Honorables  Señores Magistrados y, por supuesto, al ser inadmitida la propuesta  sometida  a consideración de la Sala, así como al no haber logrado el suscrito  llegar  al  estado  de  persuasión,  se le impone el deber de decir por qué no  está  de  acuerdo  con  la  decisión  mayoritaria.  Permítanme  hacerlo de la  siguiente manera.   

         La  convicción  que  me  acompaña  desde hace muchos años, desde  cuando  se  hablaba  de  “auto  de  proceder”,  en cuanto las circunstancias  genéricas  de  agravación  de la pena deben ser incluidas en la resolución de  acusación,  se  mantiene  aún,  en momentos en que la terminología ha variado  para  hablar  de  “resolución acusatoria” y hasta de su equivalente, el “  acta  de  formulación y aceptación de cargos” y la subsiguiente “sentencia  anticipada”.  No  obstante, volví sobre el tema y como conclusión hallé que  la  postura  no  podía cambiar por cuanto nada me indicaba – ni me indica – que  debía  declinar el pensamiento: ni la doctrina, ni la tradición, ni la ley, ni  la jurisprudencia.   

         El   proyecto   original   pretendía   casar   la   sentencia  por  inconsonancia,  con base en que mientras en la “acusación” no se mencionaba  ninguna  causal  genérica de agravación, la sentencia incrementaba la sanción  imponiendo,  a  espaldas  del  procesado,  y  en  contra de la estructura de las  decisiones  judiciales  miradas  en  conjunto y con lógica, una pena mayor a la  esperada  por  el  sujeto  pasivo  de  la acción penal pues se aumentaba en dos  años por dos circunstancias de tal naturaleza.   

         Los argumentos que soportan la afirmación son estos:   

         1.  De  acuerdo  con  el artículo 441 del C. de P.P., un requisito  sustancial    de    la  resolución   acusatoria   es   el   que   esté   demostrada   la  ocurrencia  del  hecho,  y en virtud del  artículo  442-1 es exigencia formal   de  la  misma  decisión  hacer  “…narración  sucinta de los  hechos  investigados,   con  todas  las  circunstancias  de  modo,   tiempo  y  lugar  que  los     especifiquen”.      La  resolución  de  acusación  implica, entonces, entre otras cosas, la prueba del  hecho  con  todas  sus  circunstancias. Desde el punto de vista legal impónese,  así,  la  necesidad de afirmar en la acusación cuál es el hecho imputado, con  carácter  de certeza, y cuáles son todas sus particularidades.   

         2.  Si sustancia es esencia, sustrato, base primera, invariable, si  es   aquello   que   está   abajo,   que  sustenta1;   y  forma  es  el  aspecto  dinámico,  organizativo del contenido de la sustancia, si es el conjunto de los  rasgos   exteriores   que   caracterizan           un           objeto2,   no   hay   duda  que  son  inescindibles     y,     por    consiguiente,    el    requisito    sustancial  del  artículo 441 del C. de  P.P.  y  la exigencia formal  del  artículo  442-1  del  mismo  estatuto  constituyen una unidad, un ser. Por  tanto,  la  resolución  de  acusación debe contener la demostración del hecho  con     todas    las  circunstancias  que  lo singularizan, que lo identifican, es decir, que permiten  diferenciarlo de otro u otros.   

         3.  Según  el  artículo  180 del mismo código, la sentencia debe  contener,    entre    varios   aspectos,   un   resumen   de   la   acusación  (No.3)  y  en  virtud  de su  artículo  220-2,  un motivo de casación surge cuando, como es apenas obvio, la  sentencia  no  se  encuentra  en  consonancia  con  los  cargos formulados en la  resolución  de  acusación. Dicho de otra manera, la resolución y la sentencia  se   deben  corresponder  con  respecto  a  la  demostración  del  hecho        y        todas  sus  circunstancias.  Y las otras  consecuencias  son  lógicas:  si  acusación  y  fallo  coinciden a plenitud en  cuanto  a  las  imputaciones,  éste  es  jurídico.  Y,  al  contrario,  si  no  coinciden, éste no es jurídico.   

         4.  Cuando  el artículo 442-1 del C. de P.P. pide que en el pliego  de  cargos  se  haga un relato de los hechos con todas  las  circunstancias  de  tiempo, modo y lugar que los  especifiquen,  no hace distinciones, no se refiere a una o a unas u otra u otras  categorías    de    ellas   y,   por   ende,   las   incluye   a   todas,  justamente como lo dice la norma  a la simple luz de la gramática.   

         5.  Del  estudio  contextual  del  C.P.  en  materia  de  penas  y,  concretamente,    de    su    artículo    61,    emanan    tres    clases    de  circunstancias:   

         En    primer    lugar,    las                     denominadas                    modificantes,  que aumentan o disminuyen  la  sanción.  Dentro  de las primeras, cuéntanse los concursos (artículo 26),  el  delito  contra  empleado oficial (artículo 62) y el incremento por el lugar  de  comisión  del  delito  (artículo  63ª). Dentro de las segundas, el delito  emocional   (artículo   60),  el  exceso  en  las  causales  de  justificación  (artículo  30),  la  tentativa  (artículo  22)  y  la  complicidad  (artículo  24).   

         En    segundo    lugar,   las                   circunstancias                   específicas    de  agravación  y  atenuación,  ubicadas  en  el  libro II del C.P. y en los estatutos especiales,  predicables  de  determinados  hechos  punibles, incluidas las llamadas causales  generales  referibles  a determinado grupo de delitos, como ocurre, por ejemplo,  con  las  agravantes comunes a varias infracciones sexuales (artículo 306), los  aumentos  en  los  hechos  punibles  contra  el  patrimonio  económico  privado  (artículo  372)  y  la intensificación del mínimo sancionatorio en materia de  algunos  delitos  relacionados con estupefacientes (artículo 38 de la ley 30 de  1986).   

         Y   en   tercer   lugar,   las  denominadas  causales genéricas de  atenuación   y   agravación  punitivas,  previstas  respectivamente  en  los artículos 64 y 66 del C.P.3   

         La  clasificación  no  es  caprichosa  pues  que  emana del propio  artículo  61 que, entre otros motivos, ordena, para dosificar la pena, tener en  cuenta  las  circunstancias  de  atenuación  y agravación en su inciso 1º., y  observar  también la tentativa, la complicidad y el fenómeno de los concursos,  en  su  inciso  2º.  Y  nótese  cómo  el inciso 1º., en lo que referimos, no  diferencia  entre  causales  “genéricas”  y  causales “específicas” de  atenuación y de agravación, con lo que incluye las dos formas.   

         Entonces,  cuando  el artículo 442-1 del estatuto procesal dispone  incluir    en    la   acusación   todas     las    circunstancias   que   especifiquen   los  hechos, ordena incrustar en el seno del pliego de cargos las  modificantes,  las  específicas y las genéricas, es decir, las contempla todas  y, por supuesto, no excluye ninguna.   

         6.   Frente   a   las   habitualmente   denominadas  circunstancias  genéricas  de  atenuación  y  de agravación, algunas legislaciones establecen  criterios  diferenciantes. Así, por ejemplo, el C.P. del Uruguay de 1934, exige  tener   en  cuenta  la  calidad  de  las  circunstancias  y  la  mayor  o  menor  peligrosidad  del  agente  (artículo  50);  el  de  1924  del  Perú, distingue  circunstancias   objetivas   y   subjetivas,   según   la  doctrina4   el  C.P.  federal  mexicano  de  1931  pide  atender  preferencialmente las circunstancias  exteriores  de  ejecución  y  las peculiares del delincuente (artículo 51); el  C.P.  de  Costa  Rica  de  1970  orienta  hacia  la  gravedad  del  hecho  y  la  personalidad  del partícipe (artículo 71); y el C.P. italiano (1930) distingue  entre  circunstancias  objetivas y subjetivas (artículo 70). El C.P. colombiano  en  parte  alguna  fija  distinciones ni categoriza las causales genéricas para  decir,  vrg., que unas son objetivas y otras subjetivas, o que unas requieran de  valoración  especial  y  otras  no.  Por  ello no es válido, como sí lo es en  otros  países,  extraer  diferencias que la ley no ha establecido para hacerlas  producir efectos dispares en el terreno procesal.   

         La  revisión  del  C.P.  colombiano  permite  observar  que  en su  artículo  25  alude  a  “circunstancias  personales”  y a “circunstancias  materiales”  que  agravan  la  punibilidad (inciso 1º.) y que la disminuyen o  excluyen  (inciso  2º.).  Ante  ello,  téngase en cuenta, de una parte, que lo  hace  exclusivamente  para separar las predicables del hombre de aquellas que no  le   pertenecen;   y,  de  otra,  que  las  divide  sólo  para  efectos  de  su  comunicabilidad entre los varios partícipes.   

         7.  De  la  ley  procesal  penal  surge  una  afirmación palpable:  durante  todo  el  proceso,  especialmente  durante la etapa de instrucción, es  necesario  mirar  en  detalle  el  tema  de  las circunstancias y de esa visión  detenida  se  concluye  que  en parte alguna hace distinciones entre ellas. Así  por  ejemplo, en materia de audiencia especial, el rito debe versar, entre otros  aspectos,     sobre    las    circunstancias    del  delito    (artículo   37ª);   el   principio   de  investigación  integral  ordena  al  instructor  averiguar  varios temas, entre  ellos      las     circunstancias     que  agraven o  atenúen  la  responsabilidad del imputado (artículos  249-1  y 333); y uno de los objetivos de la investigación está constituido por  la   práctica  de  pruebas  conducentes  a  la  detección  de  “Los  motivos  determinantes  y  demás  factores  que  influyeron  en  la violación de la ley  penal”,  la  búsqueda de “Las circunstancias de modo, tiempo y lugar en que  se   realizó   el   hecho”   y  “Las  condiciones  sociales,  familiares  o  individuales   que  caracterizan  la  personalidad  del  imputado,  su  conducta  anterior,  sus  antecedentes  judiciales, de policía sus condiciones de vida”  (artículo  334,  Nos.3, 4 y 5), propósitos que, en buena medida, coinciden con  las circunstancias señaladas en los artículos 64 y 66 del C.P.   

         Los  ejemplos  indicados enseñan que la etapa instructiva también  se  debe  dirigir  a la preparación del calificatorio. Y no hay duda que con la  pretensión  de  éste,  se  impone  indagar  por  las “circunstancias”, por  todas,    vale    decir,    entre    otras,    por    las   genéricas   y   las  específicas.   

         8.  Es  normal encontrar que los tipos penales se clasifican, desde  un  ángulo,  en  básicos,  especiales  y subordinados y que todos ellos, en la  hipótesis  delictiva concreta, pueden estar acompañados de una o varias de las  denominadas  circunstancias genéricas atenuantes o agravantes. Por lo tanto, si  la  ley  procesal  incluye  en  su  decurso  normativo  la atención que se debe  prestar  también  a  estas últimas, es obvio que la imputación que se hace al  acusar  a  una  persona  debe  incluirlas. No tendría sentido que el legislador  ordenara  buscar  circunstancias  de  toda  índole y que “perfeccionada” la  investigación  que  conduce  al cierre de la misma, hiciera caso omiso de una o  de  varias  clases de ellas. Resulta imperativo, entonces, que tras la búsqueda  de  hechos y circunstancias, se deduzcan y se fijen en el pliego de cargos todas  las halladas durante las averiguaciones.   

         9.  La historia legislativa procesal penal de Colombia confirma que  en  la  acusación se deben precisar todas  las  circunstancias,  sin distinción alguna. Así, el C. de P.P.  de  1938 preveía en su artículo 431-3 que la parte motiva del auto de proceder  debía  contener  “la  calificación  genérica  del  hecho  que  se imputa al  procesado,    con   las   circunstancias           conocidas          que          lo          especifiquen”, fórmula seguida por el  artículo  471-1  del decreto 0050 de 1987 exigía que la resolución acusatoria  narrara        los       hechos       investigados,       con       todas las circunstancias de tiempo, modo  y   lugar   que   los   especificaran,   en   terminología  similar  a  la  hoy  utilizada.   

         No  hay  duda,  entonces,  en  que  desde  el  punto de vista legal  –  procesal la totalidad  de  las  circunstancias  deben ser incrustadas en la resolución acusatoria, sin  distinciones.  Sin embargo, si hubiera alguna, recobraría su fortaleza el viejo  principio  hermenéutico  ubi  lex non distinguit nec  nos  distinguere  debemus, o lo que es lo mismo: donde  la ley no distingue, nosotros tampoco debemos hacer distinciones.   

         10.   Desde   la   óptica   normativa,   es   decir,  mirando  los  comportamientos  a  partir  de las definiciones de la ley, suele decirse que una  conducta  es  típica cuando se adecua a un tipo penal básico o especial, y que  la  tipicidad  de  la acción u omisión no se predica de los tipos subordinados  porque  estos  tan solo se limitan a aumentar o disminuir las penas, dependiendo  siempre  de  un  tipo  penal  básico o especial. Por esta vía, entonces, menos  importancia   tendría  una  conducta  acompañada  de  causales  genéricas  de  agravación  o de atenuación, como que no van de la mano de ningún tipo, salvo  en   aquellos   casos  en  que  unas  causales  genéricas  coinciden  con  unas  específicas.   

         Desde  el  punto  de  vista del comportamiento humano la situación  varía  porque lo típico es la conducta global del hombre en el asunto concreto  y   si   éste   realiza   determinada   acción  central  pero  acompañada  de  circunstancias,  la  adecuación  se  debe  hacer a un tipo, básico o especial,  seguida  de  todas sus particularidades, sean específicas y/o genéricas. Dicho  con  otras palabras, la tipicidad predicable del hombre se refiere a aquello que  ha  hecho  en  su  integridad,  sin  que  sea  posible,  porque  es su conducta,  escindirla.   

         Por  eso,  con  base  en  una  concepción  imperativa –psicológica,   un   sector   de  la  doctrina  estima  que  “Nada,  entonces,  se  opone…  a la inclusión de las  circunstancias  en  el  ámbito  del  precepto primario y, consiguientemente, en  aquel  tipo  delineado por éste”, para distinguir entre tipos simples y tipos  circunstanciados5   

         En  síntesis,  por lo anterior, en la resolución acusatoria, y en  su  equivalente  dentro  del  proceso  abreviado,  deben ser incluidas todas las  circunstancias     determinadas     durante     la    instrucción,    llámense  “modificantes”,  “específicas”  o “genéricas”. Si no se hace, y en  contra  de  la  ley la sentencia aumenta la pena con fundamento en cualquiera de  ellas, surge nítida una causal de casación.   

                                                   Señores Magistrados   

                                                     Seguro Servidor   

                           Alvaro Orlando Pérez  Pinzón   

                                                    18-11-99   

SALVAMENTO    DE  VOTO   

La  Sala  mayoritariamente consideró, y en  eso  es  en  lo  que  no  estamos de acuerdo, que la circunstancia atinente a la  preparación  ponderada del hecho punible, no fue imputada al acusado en el acta  de  presentación  de  cargos,  y que por ello no existe congruencia entre dicha  acusación y la sentencia, lo que conduce a CASARLA.   

Nosotros,  por  el contrario, estimamos que  esa  circunstancia  no  solamente fue imputada sino que la condena no se explica  sino por su existencia. Explicaremos por qué:   

El acta de formulación de cargos, luego de  reseñar  que  el occiso Toro Franco recibió varias lesiones con arma de fuego,  que  en  ese  momento  unos  agentes  de  la  Sijin  pasaban  por  el lugar y lo  advirtieron,  que  dieron  captura  a  los  autores  y que éstos, en principio,  negaron  los  hechos,  recuerda  que  los  imputados posteriormente reconocieron  haber  dado  muerte  al  occiso  y que Yamil Hernando Osorno Ospina explicó que  Toro  Franco  había  atentado  contra la vida de varios miembros de su familia,  aportando su defensor 6 registros de defunción.   

Así mismo, se expresa allí que los motivos  que  existieron  para  disponer  la  medida asegurativa contra los procesados se  hallaban  “incólumes”  y  en  consecuencia  se  le  formulan  por homicidio  simple,  con  reconocimiento de la atenuante del artículo 60 del Código Penal,  en  concurso  con  el  delito  de  porte  ilegal  de  arma de fuego – para Osorno O..   

El  auto que resolvió situación jurídica  con      medida     de     aseguramiento,     cuyos     motivos     –según expresión de la Fiscalía- se  mantenían  incólumes, no deja duda sobre la imputación del hecho constitutivo  de  la  circunstancia  deducida  por  el  Tribunal,  y  sobre  la  prueba que la  respaldaba.   Así,  convierte  en  piedra  fundamental  de  la  imputación  el  testimonio  de  HECTOR  IGNACIO  TABARES  JARAMILLO,  trabajador al servicio del  occiso  y  quien  lo acompañaba al momento de ocurrir el homicidio, en tanto no  solamente  señaló a los retenidos como autores del hecho sino que “desde las  cuatro  y  media  de la mañana pudo ver que estos dos individuos merodeaban por  el lugar de los acontecimientos”. (fl. 40).   

También expresó la Fiscalía, al reseñar  la  prueba  en  el detentivo, cómo los agentes de la Sijin que capturaron a los  imputados   (fl.41.)   expresaron  que  luego  de  la   aprehensión  estos  reconocieron  el  homicidio  que  habían  cometidos,  “principalmente  el que  disparó  quien  informó que todo había sido por venganza personal porque este  señor había matado al papá y a unos hermanos suyos”.   

Ello es trascendente porque la construcción  del  cargo,  a fl. 6 del auto detentivo, se hace a partir de esas declaraciones,  cuyas  referencias  sobre  el  móvil y la circunstancia, fueron explícitamente  hechas  por  la Fiscalía al proferir la medida de aseguramiento (según la cita  que  se hizo) y por tanto, posteriormente y en cuanto remite a ella, al formular  el cargo o los cargos.   

Para que no quede duda, posteriormente y en  diligencia  de ampliación de indagatoria solicitada por la defensa y en la cual  Osorno  Ospina  confiesa  el hecho y el móvil, la Fiscalía de manera directa y  contundente  le  imputa  y  pregunta  “..  qué  razón  existe para que en el  proceso  haya  constancia  de  que  el taxi suyo o de su señora madre fue visto  mucho  antes de la muerte del Alfredo de Jesús Toro Franco y cerca del lugar de  lo acontecido, precisamente en horas de la mañana”.   

Esa diligencia de ampliación de indagatoria  será,  a  la  postre, la que lleva a la Fiscalía a enunciar como reconocida la  atenuante  del  artículo  60  del  Código Penal, no sin expresar el fundamento  objetivo  del  reconocimiento,  es  decir,  que  Osorno había afirmado que Toro  Franco  había  atentado  contra varios miembros de su familia, pero insistiendo  –repite-  que “los  motivos  que  existieron  para  disponer  la medida asegurativa en contra de los  procesados se halla (sic) incólume.”.   

Por  otra  parte,  la  sentencia de primera  instancia  retoma  la  prueba,  el  reconocimiento  del  móvil  y  –  aunque con un error de temporalidad  (lo    ubica    8   días   antes)   –  el dato de que los autores merodeaban desde las cuatro y media de  la  mañana.  Como de manera igual lo hace con la admisión que de autoría hizo  Osorno  ante  la  policía  y  de que “obraba así por vengaza toda vez que el  occiso   le  había  dado  muerte  a  su  padre  y  a  varios  hermanos”  (fl.  152).   

Para mayor claridad, y ante la necesidad de  descartar  alguna  tesis impropiamente planteada por la defensa y narrada por el  acusado  (en  cuanto a que disparó porque el occiso trató de sacar un arma del  cinto  cuando  lo  encontró)  expuso: “..pues ello no fue cierto y además el  acusado  Yamil  salió en su búsqueda, acompañado de Henry y otro sujeto, para  lo  cual  se  trasladó  en  un  taxi  en donde le era difícil al interfecto lo  reconociera  y  luego  para  huir  lo hizo en la moto que venía en pos de ellos  pues  este aparato es más propicio para huir y el que generalmente utilizan los  sicarios”.   

Dispuso   pues  el  Juzgador  de  primera  instancia  dosificar la pena atendiendo la “premeditación (sic) ponderada del  delito”  y  porque  obró  en connivencia con otras personas, además de haber  actuado   por   motivos   innobles  como  fue  el  ánimo  vindicativo”.  (fl.  158).   

Siendo la anterior una cerrada secuencia de  los  actos  procesales  de  imputación  y  desenvolvimiento  de la causa, a los  suscritos  Magistrados  no  nos queda duda alguna, ni la más mínima inquietud,  de   que   al   condenado  Yamil  Hernando  Ospina  se  le  imputó  durante  la  investigación,  en  el  auto detentivo y luego en la formulacion de cargos y en  la  sentencia,  haber  preparado  ponderadamente  el  hecho. Haberlo hecho así,  porque    ello   se   deducía   de   elementos   probatoriamente   reseñados   y  al  mismo  enrostrados,    tales   como   hacerse  acompañar  de  dos  personas, utilizando con una de ellas, para trasladarse, un  taxi  distinto  al  que de por sí él manejaba; apearse del mismo para disparar  contra  el  occiso  y  cambiar  de  vehículo  para  huir  en la motocicleta que  conducía  el  cocapturado  Monsalve  Zapata; haber estado merodeando desde  las  cuatro  y  media de la mañana en el lugar donde el occiso desarrollaba una  invariable  rutina;  y finalmente haber actuado movido por venganza, relacionada  con episodios que provenían de varios años atrás.   

Si  para  la  Sala  mayoritaria  ello  no  satisface   las   exigencias   de   la  ley  colombiana  en  cuanto  a  que  las  circunstancias  dosimétricas  valorativas  (o  subjetivas, como también se les  enuncia  a  veces)  deban imputase, es porque en su concepción de lo que abarca  la  obligación  de  deducirlas  ha  comenzado  a incorporar, como exigencia, la  utilización  de alguna fórmula sacramental, formularia, solemne o rígida, que  en  nuestro  entender  no  prevé  la ley positiva colombiana ni ha reclamado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  o  porque se entiende que incluso ella (y por esa  vía  cualquier dato que incida para valorar los demás criterios dosimétricos,  v.gr.  la  personalidad)  debe  estar acompañada de la mención del artículo y  del numeral en que se encuentre prevista o tipificada.   

Precisamente  la  Sala  en  decisión  de  noviembre  9  /94  (M.P.  Dr. Páez Velandia), adujo frente a las circunstancias  dosimétricas   que   conllevan   valoración   que  era  necesario  “señalar  claramente  los  presupuestos  fácticos que las contienen ó mencionarlas en la  forma  como  lo  hace  la ley, así no se indique ésta en concreto”, para que  pudiese     “el    procesado,    probatoriamente    defenderse   de   esa  imputación”.  Y  más recientemente, en octubre 15/98 (M.P. Dr. Páez V.) y a  propósito  de  la  misma circunstancia que aquí se discute, CASÓ parcialmente  un  fallo  porque  limitándose  el  Tribunal   a  “la conocida lacónica  alusión  a  su  ocurrencia”  no  explicó  “cuáles fueron los actos que la  consolidaron”, lo que entrañaba una ausencia de motivación.   

Si no fuere así, entonces, la actitud de la  Sala  se  explicaría  por  considerar  que el acta de formulación de cargos es  acto  completo,  cerrado  y  jurídicamente  hermético,  en  el  sentido de que  únicamente  el  texto  pertinente  en  que se condensan la tipicidad y el nomen  juris  de  los  hechos es el que se constituye en marco de la sentencia, lo cual  tampoco  compartimos.  Para  los suscritos la relación progresiva y concatenada  de  los  actos  procesales  que inciden en la imputación no solamente es obvia,  sino  que  prescindiendo  de  tales características mal podría comprenderse el  concepto  de  proceso.  La  indagatoria,  el  auto  que  resuelve  la situación  jurídica  y  luego  la  relación de cargos, tienen íntima conexión, ésta se  manifiesta  a  través  de  una  relación dinámica de antecedente –consecuente,  y  de su consideración  en  términos  de  correspondencia  es  de  donde  se  extrae  el  objeto  de la  imputación,  con  aquellas  excepciones explícitas de factores o elementos que  por  cualquier  juicio  posterior  excluya  la  propia  Fiscalía  en  el  acta.   

De  modo  que  la preparación ponderada de  éste  homicidio  fue  fácticamente  sustentada.  La prueba que la revelaba fue  explícitamente  considerada.  Por  los  hechos  de  las  que  se  derivaba, fue  interrogado  el  acusado. Y si no hubo una repetición del contenido de la norma  que   recoge   dicha   circunstancia,  o  una  fórmula  solemne  que  sobre  su  incorporación  al pliego acusatoria se hubiera utilizado , no por ello se puede  sostener  que  no  se imputó y que, consecuentemente la sentencia, en cuanto la  dedujo    para    graduar    la    pena,    resultó    incongruente    con   la  acusación.   

La ley no llega a ese extremo de exigencias.  Y  que  el  procesado  y  su  defensor  fueran  concientes de que de ello se les  acusaba,  no  puede ponerse en duda siempre que se analicen sus intervenciones y  esfuerzos:  todo  tratando  de  presentar una explicación que daba al encuentro  entre  víctima  y victimario el carácter de lo sorpresivo, de lo causal, de lo  inesperado.  Y ello no habría ocurrido si desconocieran que el cargo comportaba  un   crimen  preparado,  planificado;  una  venganza  preordenada,  ponderada  y  calculadamente.   

Con todo respeto,  

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                             JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Con mi acostumbrado respeto por la decisión  mayoritaria  de  la  Sala,  expreso  mi  disentimiento parcial, puesto que en mi  modesto  modo  de  entender,  los  efectos  de  la casación debieron extenderse  también  a  la  causal  genérica  “objetiva”  de  agravación  de  la pena  consistente  en  obrar  con complicidad de otro, es decir, debió declararse que  no  es  factible  aducir  en  la  sentencia anticipada ninguna circunstancia que  determine  mayor punibilidad, que no haya sido expresamente endilgada y aceptada  en la diligencia de formulación y aceptación de cargos.   

Comparto plenamente los argumentos que en su  salvamento  explicó con gran solvencia jurídica el Honorable Magistrado ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON,  y,  adicionalmente,  sustento  la  disidencia  con  las  siguientes razones:   

1-.  En  el  derecho  penal contemporáneo,  denominado  de  acto,  de  conducta  y  de  estricta  culpabilidad  las personas  imputables  están  llamadas  a  responder  única  y  exclusivamente por lo que  hacen,  en  tanto  y en cuanto, el Estado haya podido demostrar palmariamente en  el  grado  de  certeza  todas  y  cada una de las circunstancias que permitan la  construcción del juicio de reproche.   

La carga de la prueba en todo caso radica en  cabeza  del  Estado;  no obstante, tratándose de una de las manifestaciones del  derecho  penal consensual, como es la sentencia anticipada, en el que se otorgan  premios  o  dádivas  a cambio de la colaboración del sujeto activo del delito,  la  situación  adquiere  un  matiz  que  permite establecer algunas diferencias  puntuales:   

1.1-.  En  el  proceso  penal  corriente, o  completo,  por  llamarlo  de  alguna  manera, en el que se agotan a plenitud las  fases  de  instrucción  y  juzgamiento, corresponde exclusivamente al Estado, a  través  de la Fiscalía, el Ministerio Público, la gestión oficiosa del juez,  y  aún  con  la colaboración de la parte civil, a veces, demostrar a cabalidad  todos  y  cada uno de los elementos constitutivos de responsabilidad penal, para  llegar  a  una  sentencia  condenatoria. En este evento el Estado necesariamente  tendrá   que   ocuparse   de   las   circunstancias   de  agravación  punitiva  específicas,  genéricas,  “objetivas”  y subjetivas con base en las cuales  pretenda  incrementos  en  la sanción penal. Se desvanece así, a instancias de  la  gestión  de la administración de justicia la presunción de inocencia como  derecho fundamental del procesado.   

1.2.  Como  una  manifestación válida del  Estado  social,  democrático  y  de derecho se introdujo al procedimiento penal  colombiano  instituciones  jurídicas  como  la denominada sentencia anticipada,  por  la  cual  se  concede  una  significativa  rebaja de pena a quien admite la  comisión  de  un delito y accede a que en su caso se profiera sentencia, debido  a  que  renuncia  a varios derechos fundamentales suyos, entre ellos presunción  de   inocencia,   no   autoincriminación,   contradicción,   juicio  público,  favorabilidad  si  fuere pertinente, etc., para facilitar y allanar de este modo  el camino a la pretensión punitiva del Estado.   

1.3-.  La  renuncia  a  derechos de estirpe  constitucional,   verbi   gratia   el   de   no  autoincriminación,  consagrado  expresamente  en  el  artículo  33 de la Carta, en el marco de una audiencia de  formulación  y aceptación de cargos, presupone como mínimo que el titular del  derecho,  vale  decir  el  sindicado, haya sido informado plenamente e ilustrado  acerca   de   todas   y   cada  una  de  las  consecuencias  jurídicas  de  esa  manifestación de voluntad.   

Tan es así, que son aquellas explicaciones  precisas,  completas  y  previas, a cargo básicamente del Fiscal, el Ministerio  Público  y  el defensor técnico, las que persuaden al sujeto activo del delito  a renunciar a sus derechos y a someterse a la autoridad judicial.   

Cuando   el  Fiscal  omite  el  deber  de  suministrar  información  concreta,  de hecho y jurídica, acerca de una causal  de  agravación,  fuere  cual  fuere  su  naturaleza,  y  por  tal  motivo no se  contempla  en  los  cargos  ni  en  su  aceptación,  la renuncia a los derechos  fundamentales,  especialmente  al  de no autoincriminación, no la abarca, y por  tanto,  no  es  legítimo que en la sentencia subsiguiente el juez la asuma como  demostrada  y  admitida. Así, la mayor punibilidad que de ella surgiere deviene  en ilegal.   

Frente  a  este  excepcional mecanismo para  poner  fin  al  proceso  penal  la  renuncia a los derechos de rango Superior en  ningún   caso   puede   ser  tácita,  ni  suponerse,  ni  deducirse  de  otras  circunstancias  en  las  cuales el sindicado quizá ni siquiera haya pensado. La  renuncia  a tales derechos debe ser absolutamente expresa, diáfana, provenir de  la  voluntad  libre e inteligente del afectado, y de esta manera, detalladamente  dejar    constancia   de   ello   en   el   acta   que   firmarán   todos   los  intervinientes.   

Por  tal  motivo,  el  acta que contenga la  formulación  y  aceptación de cargos equivale a la resolución de acusación y  demarca  el  límite  a  la  actividad  punitiva  del  Estado.  Si  el  Juez  se  extralimita  y  condena  por  fuera  de ese marco preciso entonces transgrede el  principio de congruencia.   

1.4-. Se sorprende al sindicado y se afecta  el  derecho  de  defensa  cuando en la sentencia anticipada se hace referencia a  una  circunstancia  agravante  genérica,  “objetiva”  o  “subjetiva”, o  específica,  que  no haya sido expresamente imputada fáctica y jurídicamente,  y en esa amplia significación aceptada por él.   

Es   que   la  renuncia  a  los  derechos  fundamentales  no  puede  producir  efectos  jurídicos  viables  sino cuando el  titular  del  derecho  conoce y comprende a plenitud el alcance de esa renuncia.  Tal  comprensión y entendimiento no es real, material y efectiva sino cuando el  funcionario  judicial  formula  cargos  a  través  de  proposiciones completas,  silogísticas;   es   decir   cuando  el  Fiscal  presenta  los  hechos  en  sus  circunstancias  de  tiempo,  modo  y lugar, y les hace corresponder una a una el  derecho.   

1.5-. Como la mayoría de los sindicados no  son  expertos  en derecho penal, (independientemente de la destreza del defensor  o  la  diligencia  del  Ministerio Público), la formulación de cargos no puede  circunscribirse  ni  agotarse en la enunciación de la situación fáctica, sino  que  debe  trascender  hacia  las consecuencias jurídicas de las circunstancias  que  convergen.  Es  injusto  que  a  quien  no  conoce  el derecho penal en sus  complejas  edificaciones  dogmáticas se le sorprenda posteriormente con figuras  que  para el juez se sobreentienden, son obvias, u “objetivas”, pero para el  sindicado  completamente extrañas. En los términos de la última hipótesis no  es  válido  constitucionalmente  renunciar  a  los  derechos  de presunción de  inocencia y no autoincriminación.   

1.6-.  Cuando se formaliza en el acta a que  se  refiere  el artículo 37 del Código de Procedimiento Penal, la formulación  de  cargos  por el Fiscal y la aceptación de los mismos por el sindicado, surge  a  la  vida jurídica una pieza procesal autónoma, equivalente en sus efectos a  la     resolución     de    acusación,    pero    no    idéntica    en    sus  características.   

El  acta  que  contenga  la  formulación y  aceptación  de  cargos,  como presupuesto mínimo indispensable de validez para  renunciar  a  derechos  fundamentales, debe estructurarse completamente en doble  vía:  fáctica  y  jurídica,  por  la irrefutable razón de que no es lo mismo  aceptar  haber  participado en un hecho punible, que aceptar todas y cada una de  las consecuencias jurídicas de tal participación.   

En  lógica sencilla nadie puede aceptar lo  que no conoce, ni renunciar a lo que le es desconocido.   

Quizá,  en algunos casos muy excepcionales  la  resolución  de  acusación del proceso penal corriente, pudiera limitarse a  la  imputación fáctica, pues el sindicado goza de toda la gama de alternativas  de  impugnación.  La aceptación de cargos, en cambio, conlleva de suyo enormes  límites a la posibilidad de controvertir.   

1.7-.  Si  en  el  acta  de  formulación y  aceptación  de  cargos  no se contemplan todas y cada una de las circunstancias  que  afectan  la  punibilidad,  en  su descripción fáctica y en su estimación  jurídica,  la  sentencia  no  podrá  referirse  a ellas so pena de vulnerar el  principio  de  congruencia  y  abrir paso a la causal segunda de casación, como  ocurrió precisamente en este evento.   

2-.  La  decisión  mayoritaria  de la Sala  acude  sin  ninguna  reflexión adicional a la clásica división doctrinaria de  las   causales   genéricas   de   agravación   punitiva   en  “objetivas”  y  “subjetivas”,  para  concluir  que  no  estuvo  alejada  de  la legalidad la  decisión  del  juez  en  el  sentido  de  incrementar la sanción condigna a la  causal   objetiva,   consistente   en   haber  actuado  con  la  complicidad  de  otro.   

Frente  al derecho penal contemporáneo, de  estricta   culpabilidad,  endilgar  objetivamente  un  factor  constitutivo  del  ilícito,  significa  ni  más ni menos que aplicar en esa parte responsabilidad  objetiva,  a  pesar de que el artículo 5° del Código Penal, al desarrollar en  categoría   de   norma   rectora   el   principio  de  culpabilidad,  proscribe  toda     forma    de  responsabilidad  objetiva.  Un  principio  rector no admite excepciones, a menos  que un precepto de igual o superior jerarquía lo condicione.   

Las  agravantes  genéricas también forman  parte  del tipo penal; del tipo objetivo y del tipo de injusto; puesto que no es  lo  mismo  en materia de culpabilidad ser responsable de un ilícito simple, que  del  mismo  tipo  básico  pero  agravado.  En  otras  palabras el raciocinio de  tipicidad,  antijuridicidad  y  culpabilidad, debe extenderse a todas y cada una  de   las   causales   de   agravación   concomitantes,   fuere  cual  fuere  la  clasificación  que  la  doctrina o la jurisprudencia, para efectos académicos,  hicieren de ellas.   

Nunca  puede  ser  igual  el  ejercicio  de  adecuación  a  cargo  del  juzgador  frente  a  hechos  relatados,  a manera de  ejemplo, de las dos siguientes formas:   

“Juan disparó arma de fuego contra Pedro  y le causó la muerte.”   

“Juan, obrando con la complicidad de otro,  disparó arma de fuego contra Pedro y le causó la muerte.”   

Es  imprescindible  en  todo  caso  hacer  análisis  de contenido subjetivo. No es lo mismo, en materia de responsabilidad  penal  afirmar:  Juan  sabía que actuó en complicidad de otro, que decir: Juan  sabía  que obrar en complicidad de otro merece mayor reproche y a pesar de ello  así actuó.   

Cabe  preguntar  qué  es lo objetivo en la  causal  genérica  de  agravación  consistente  en  obrar con la complicidad de  otro,  cuando  desde  el  origen  la figura de la complicidad involucra serios y  sesudos  razonamientos  dogmáticos?.  Lo  objetivo  en  el  pensamiento  de  la  doctrina  se  debe  predicar  respecto  del juez, o respecto del sujeto activo?.  Para  quién debe ser objetivo el supuesto que involucra la causal, para el juez  o para el procesado?.   

Interrogantes  como  los  anteriores,  que  únicamente  se  proponen  en  calidad  de  ejemplo,  ya que en realidad afloran  muchos  más, surgen de la convicción de que en el derecho penal de hoy nada es  objetivo,  sino  que,  por el contrario, frente a todo elemento que incida en el  tipo  y  por  ende  en  la  punibilidad,  el  juez está obligado a realizar una  correcta   subsunción   de  tipicidad,  a  verificar  la  antijuridicidad  y  a  estructurar el merecido reproche de culpabilidad.   

3-.  En  el  proceso  penal colombiano, con  tendencia  acusatoria,  donde el Fiscal es o debe ser un funcionario calificado,  con  intervención  del Ministerio Público, y que garantiza la defensa material  y  técnica,  no  es admisible que en la práctica judicial cotidiana continúen  elaborándose   resoluciones   de   acusación   y/o  actas  de  formulación  y  aceptación     de    cargos    incompletas,    confusas,    anfibológicas    y  contradictorias.   

Quizá,  la jurisprudencia en todo nivel ha  contribuido  al mantenimiento de aquella odiosa realidad, puesto que, con el fin  de  no  dar al traste con el proceso penal por vía de nulidad, como se debiera,  veladamente  se  ingenian teorías a extremo discutibles, como aquella según la  cual   basta  la  imputación  ontológica  o  fáctica,  cuyo  fin  último  es  salvaguardar  la  integridad  del  proceso,  con  sacrificio, claro está de los  principales  derechos  de  los  intervinientes.  Aquí  el  fin no justifica los  medios.   

La mediocridad en los pliegos de cargos hace  surgir  no  pocas  veces un problema de iguales o mayores proporciones. Ante esa  realidad,  el juez se ve compelido a abandonar su papel de tercero imparcial, de  juzgador,  para  invadir por necesidad, los ámbitos inherentes a la función de  acusar,  a  través  del  arreglo  oficioso  de  las  irregularidades que suelen  presentar las acusaciones.   

Sería ideal, y en ello tiene buena parte de  responsabilidad  la  jurisprudencia de esta Sala, que de una vez por todas, para  garantizar  a  plenitud  los  derechos  Superiores de los sujetos procesales, se  exigiera   en  los  estrados  judiciales  que  en  cumplimiento  del  deber,  la  imputación  de  cargos penales se lleve a cabo en su doble dimensión: fáctica  y jurídica, so pena de generar invalidez por nulidad.   

En los anteriores términos dejo sustentado  mi salvamento.   

Cordialmente,  

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

                  Magistrado   

(fecha ut supra)  

         

           

1 Cfr.  Jaime  M.  Mans  Puigarnau, lógica para juristas, Barcelona, Bosch, 1978, p 50;  M.M.  Rosental  y P.F. ludin (directores), Diccionario  filosófico,  Bogotá,  ediciones  nacionales,  1994  p.441.   

2 Cfr.  Louis-Marie  Morfaux. Diccionario de ciencias humanas,  Barcelona,    Grijalbo,    1985,:    J.C.   García  B.,p.138   

3 Esta  tridivisión  es  la  que  se observa en la composición del C.P. y es la más o  menos  identificada  por  nuestra  doctrina,  ya con larga tradición. Cfr., por  ejemplo,  Alfonso  Reyes  Echandía,  La punibilidad,  Bogotá,  Universidad  Externado  de  Colombia, 1978;  Derecho    Penal.   Parte   General,   Bogotá,  Temis, 5ª. Reimpresión de la 11 edición, 1996, ps. 265  s.s.;  Emiro Sandoval Huertas, La pena privativa de la  libertad  en  Colombia y en Alemania Federal, Bogotá,  Temis, 1988, ps. 41 s.s.   

4 Así,  Angel   Gustavo   Cornejo,   según   Felipe   Villavicencio   T,   Código    Penal,    comentado,    con  jurisprudencia y doctrina, Lima, Grijley, 2ª. Edición, p. 199.   

5  Giuliano     Marini,     Le     circostanze    del  reato. Milano, Giuffre, 1965, ps. 42 s.s.     

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