10783 (08-05-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEMANDA   DE   CASACION/   LEGITIMACION  EN  CAUSA   

Cuando  dentro del marco de la causal primera  de  casación  se  invoca, como en el presente caso, infracción de una norma de  derecho  sustancial,  se  impone para el censor el deber de precisar su forma de  violación,  si  directa o indirecta, o lo que es igual, si el reproche se funda  en  el  cuerpo primero o segundo de la citada causal. Es directa o inmediata, si  el   equivocado   entendimiento  que  determina  su  violación  se  origina  en  disquisiciones  puramente  jurídicas,  e  indirecta o mediata si proviene de la  apreciación  de la prueba. Por eso, cuando se invoca la primera de estas formas  de  violación,  al  casacionista  no  le es permitido introducir en el discurso  argumentativo críticas de carácter probatorio.   

El derecho a recibir alimentos no  surge  per  se  del  vínculo  matrimonial,  de  consanguinidad,  civil  o contractual,  precisados  en  el  artículo  411  del  Código  Civil,  sino  de  la necesidad  alimentaria  de  quien  tiene  vocación  legal,  porque carece de los medios de  subsistencia  indispensables  para  sustentar  la  vida, o para vivir de un modo  acorde  con  la posición social, y solo en la parte en que sus propios recursos  no le alcancen (art. 420 ejusdem).   

Por tanto, se equivoca el casacionista cuando  afirma  que la dependencia económica de la señora (…) emana de su condición  de titular del derecho a recibir alimentos.   

RAD.10783             

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                Aprobado acta No.47   

                                Magistrado Ponente:   

                                    Dr.   FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL   

Santa  Fe  de Bogotá D. C., ocho de mayo de  mil novecientos noventa y siete.   

                    Resuelve la  Corte  el recurso extraordinario de casación interpuesto por el apoderado de la  parte  civil  contra  la  sentencia  de  9 de marzo de 1995, mediante la cual el  Tribunal   Superior   del  Distrito  Judicial  de  Cali  condenó  al  procesado  ROMIR  CUERO  VASQUEZ a la  pena  principal  de  26 meses de prisión, multa de tres mil pesos y suspensión  en  el  oficio  de  conductor de vehículos automotores por 15 meses, como autor  responsable    de    los    delitos   de   homicidio   y   lesiones   personales  culposos.   

Hechos  y  actuación  procesal.-   

                      El 28 de  mayo  de  1990,  aproximadamente  a las 9:30 de la noche, en la carrera 5a Norte  con  calle  56 Norte de la ciudad de Cali, Romir Cuero Vásquez, quien conducía  el  bus  de  placas  VA-5591,  colisionó  con  la  motocicleta  en  la  que  se  movilizaban  los  agentes  de la policía nacional Guillermo Henao Ríos y Henry  Gustavo  Amado Villalba, causando la muerte del primero y heridas al segundo que  ameritaron  una  incapacidad  definitiva  de  45  días,  sin secuelas (fls.121,  159-1).   

                    Iniciada la  investigación   y   vinculado  al  proceso  mediante  indagatoria  Romir  Cuero  Vásquez,  el  Juzgado  7º de Instrucción Criminal de Cali dictó en su contra  medida  de aseguramiento de detención preventiva por los delitos de homicidio y  lesiones  personales  culposos (fls.15, 37 vto. y 93). Por los mismos ilícitos,  profirió  luego  resolución de acusación, mediante providencia de 12 de julio  de  1991,  confirmada  el 13 de agosto de 1992 por la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal Superior (fls.188 y 238-1).   

                          Los  perjuicios  materiales  por razón del delito de homicidio, fueron pericialmente  tasados   dentro   de   la   causa   de   la   siguiente   forma:   Daño   emergente:   Gastos   Sala   de  velación  y ataúd $77.000.oo; Gastos adquisición lote: $189.000.oo; y, gastos  por  transporte  $100.000.oo,  para  un  subtotal  de  $366.000.oo. Lucro  cesante: $30’953.238.oo, teniendo  en   cuenta   los  ingresos  mensuales  del  occiso  al  momento  de  su  muerte  ($69.714.50)  y  un  período  de  vida  laboral útil de 37 años. Total:   $31’319.238.oo   (fls.321-1  y  72-2).   

                   Celebrada la  audiencia  pública,  el Juzgado 16 Penal del Circuito de Cali, condenó a Cuero  Vásquez  a  la  pena  principal  de  26 meses de prisión, multa de $3.000.oo y  suspensión  en el oficio de conductor de vehículos automotores por el término  de  15  meses,  y  a  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones  públicas  por  un período igual a la pena privativa de la libertad, como autor  responsable  de  los  delitos que le fueron imputados en el pliego de cargos. De  igual  manera,  al  pago en favor de la señora Rosalba Rios Castaño, madre del  occiso,  de  $31’381.326.29 por concepto de perjuicios materiales, discriminados  así:  Por  daño  emergente: $428.088.29. Por lucro cesante: $30’953.238.oo. Y,  al  equivalente  de 500 gramos oro en moneda nacional, por perjuicios de índole  moral.  En  relación con las lesiones personales, dedujo únicamente perjuicios  morales por valor igual a 50 gramos oro (fls.390-1).   

                     Impugnados  por  la  Procuradora  65  Judicial  los aspectos relativos al pago de perjuicios  materiales  por  concepto  de  lucro  cesante,  y  la  decisión  del Juez de no  desafectar  procesalmente  el  vehículo conducido por el procesado, el Tribunal  Superior  de Cali, mediante sentencia de 9 de marzo de 1995, dejó sin efecto la  condena  por  dichos  perjuicios,  por  considerar,  con  la  impugnante, que su  causación  no había sido establecida en el proceso, y ordenó el levantamiento  del  “pendiente”  que afectaba el vehículo automotor. Los perjuicios materiales  en  la  modalidad  de  daño  emergente  y  los  de  orden  moral,  no sufrieron  modificación alguna.      

La         demanda:   

                          Con  fundamento  en  el  artículo  220  del estatuto procesal penal, numeral 1º, el  actor  acusa  la  sentencia  impugnada  de violar los artículos 107 del Código  Penal,  56  del  Código  de Procedimiento Penal y 307 del procesal civil, norma  esta   última  aplicable  al  caso,  que  impone  al  juez  la  obligación  de  cuantificar  en  la  sentencia condenatoria el monto de los daños y perjuicios,  disponiendo  que  cuando  no  existan  pruebas  suficientes  para  la condena en  concreto,    debe    decretarlas    de    oficio    para    cumplir   con   esta  finalidad.   

                           La  jurisprudencia   ha   sido   del  criterio  que  el  Juez,  cuando  las  pruebas  incorporadas  al  proceso  no  permiten  establecer  el  monto de los perjuicios  derivados  del  delito, debe tasarlos siguiendo los parámetros de los artículo  106  y  107  del  Código  Penal,  que  “consagran  la  posibilidad  de fijar la  indemnización  por  perjuicios morales y materiales hasta por el equivalente de  un  mil  y cuatro mil gramos oro, respectivamente, criterio éste que no es más  que  la  concreción  de lo ordenado en el inciso 2º del artículo 55 del C. de  P.   P.,   en   concordancia   con  el  56  del  mismo  ordenamiento  jurídico”  (fls.472).   

                    Dice que la  afirmación  del  Tribunal  en  el sentido de que en el proceso no existe prueba  suficiente   sobre  la  dependencia  económica  de  la  señora  Rosalba  Ríos  Castaño,  no  es  de  recibo,  porque  “tal  dependencia está consagrada en el  artículo  411  del  Código  Civil, norma que nos indica las personas a quienes  por  ley  se les debe alimentos, encontrando en el cuarto orden los ascendientes  legítimos”  (fls.472).   

                        Si  se  analiza   el  material  probatorio,  se  hallará   el  registro  civil  de  nacimiento  del  occiso,  aducido  para  demostrar  la calidad de ofendida de la  señora  Rosalba  Ríos Castaño, y la propia versión de ésta, ordenada con el  fin  de establecer la cuantía de los perjuicios sufridos por causa de la muerte  de su hijo y que debió ser acogida por el ad quem.   

                           En  síntesis,  si  se  aceptara  hipotéticamente  que  existió  una  falla  en la  liquidación  de  los  perjuicios,  porque el perito solo tuvo en cuenta la vida  probable  del  occiso,  mas  no  la  de  la  ofendida, no debió eliminarse toda  posibilidad  de tasar el lucro cesante, desconociendo los artículos 55 y 56 del  estatuto  procesal,  sino  realizarse  su  liquidación  teniendo  en  cuenta el  promedio  de  vida de ésta, o acudiendo a los parámetros del artículo 107 del  Código  Penal,  o  decretar  pruebas  de  oficio,  siguiendo  lo ordenado en el  artículo 307 del Código de Procedimiento Civil.   

                     Apoyado en  estas  consideraciones  solicita a la Corte casar el fallo impugnado y dictar el  que en derecho corresponda.   

Concepto del Ministerio Público.-   

                         El  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo Penal (E) advierte que la censura no está  llamada  a  prosperar,  por  adolecer  de  serios reparos en su parte técnica y  porque al interior no posee arraigo alguno la exposición.   

                   En cuanto  a  lo  primero,  destaca  que el censor pretende suplir su deber de demostrar la  violación  de  la  ley  sustancial, acudiendo a la transcripción de las normas  supuestamente  infringidas, “pero sin determinar bajo qué órbita se produce su  vulneración,  así  como tampoco su trascendencia como era de esperarse” (fls.8  cd. Corte).   

                        Los  desatinos  de  orden  formal  continúan  cuando   afirma  que  el error se  originó  en  la  ausencia de valoración del testimonio de la madre del occiso,  en  cuanto  lo  que  sugiere  es  una  inconformidad  con  la valoración de las  pruebas,   de  prohibida  alegación  si  la  vía  de  ataque  escogida  es  la  directa.   

                    Sostiene  que  lo  expuesto  en el libelo, no es más que una manifiesta inconformidad del  actor  con la tacha que la segunda instancia hizo a la dosificación pecuniaria,  en  la  medida  que  pretende  que la vida probable del occiso sea la base de la  tasación  de  los perjuicios, desconociendo la corta probabilidad de existencia  de la beneficiaria.   

                    

                     Obliga  además  tener en cuenta que la condenación al pago de perjuicios debe conducir  al  restablecimiento  de  los  derechos  realmente vulnerados, los cuales, en el  caso  concreto,  no  era  posible  deducir  por  la sola existencia del vínculo  sanguíneo,   sino   por   la   certeza  de  la  dependencia  económica  de  la  reclamante.   

                         Al  referirse  al  interrogante  planteado por el actor, de por qué no se ajustaron  entonces  los  perjuicios  materiales,  afirma  que este cuestionamiento resulta  inane,  en  la  medida  que  la  condena  se  produce  por  los  perjuicios  que  adquirieron demostración plena en el proceso.   

                                           Consecuente  con sus apreciaciones solicita a la Corte rechazar el  cargo propuesto.   

SE        CONSIDERA:   

                        Una  primera  observación  que debe hacerse a la demanda es que a pesar de tener por  objeto  exclusivamente  la  indemnización  de  los  perjuicios decretados en el  fallo,  aduce  de  manera equivocada las causales establecidas en las normas que  regulan  la  casación penal, no las que reglan la civil, como ordena hacerlo el  artículo 221 del estatuto procesal penal.   

                       Esta  inexactitud,  desde luego, no enerva de suyo el examen del escrito impugnatorio,  sobre  todo  si  se  tiene  en  cuenta  que  la  causal  aducida al amparo de la  normatividad  penal es sustancialmente idéntica a la prevista en materia civil.  Sin  embargo,  ha  de  decirse,  con la Delegada, que la referida falla no es la  única que el libelo presenta.   

                     Cuando  dentro  del  marco  de  la  causal  primera  de  casación se invoca, como en el  presente  caso,  infracción  de una norma de derecho sustancial, se impone para  el  censor  el deber de precisar su forma de violación, si directa o indirecta,  o  lo que es igual, si el reproche se funda en el cuerpo primero o segundo de la  citada  causal.  Es  directa  o  inmediata,  si  el equivocado entendimiento que  determina  su  violación  se  origina en disquisiciones puramente jurídicas, e  indirecta  o  mediata  si  proviene  de  la  apreciación de la prueba. Por eso,  cuando  se  invoca  la primera de estas formas de violación, al casacionista no  le  es  permitido introducir en el discurso argumentativo críticas de carácter  probatorio.   

                     En  el  presente  caso,  el  impugnante,  al  aducir el motivo de casación, menciona de  manera  general  la  causal primera, sin precisar la forma de violación, con lo  cual  pareciera  que  acude  a la infracción directa, como creyó entenderlo el  Procurador  Delegado,  pero  pronto  acomete contra las conclusiones probatorias  del  fallo,  desviando  el reproche hacia una eventual violación indirecta, que  en  modo alguno concreta.       

                  Ya se dijo  que  a  esta  forma  de transgresión de la ley sustancial se llega a través de  equivocaciones  en  la  apreciación  del  material  probatorio. Dichos errores,  pueden  ser  de  existencia, identidad, legalidad o convicción, según recaigan  sobre  la  presencia  material  de  la  prueba  en  el  proceso,  o su contenido  fáctico,  o sobre su forma de incorporación, o su valor y aptitud probatorias,  siendo  por  tanto  obligación  del  demandante precisar, en cada caso, para la  correcta  formulación  de  la  censura  y la idoneidad formal de la demanda, la  naturaleza  del  error  cometido, con indicación de la prueba o pruebas dejadas  de  apreciar  o  indebidamente  evaluadas,  y la incidencia del desacierto en la  parte  dispositiva  del  fallo.                                 

           

                        Las  afirmaciones  genéricas  sobre  la  concurrencia  de  errores  de  apreciación  probatoria,  no  solo nada dicen, sino que desconocen el principio de precisión  o  concreción  que  debe guiar la fundamentación de la censura, necesario para  poder  proceder  a  su  estudio,  por  simples  razones de lógica y además por  exigencia legal (art.225, numeral 3º C. P. P).    

                      Lejos  está,  pues, de erigirse en demostración del cargo en el presente caso, según  los  parámetros  enunciados,  la  aislada  afirmación  que el actor hace en el  sentido  de  que  en  el  proceso  aparecen  pruebas  que  permiten  afirmar  la  concurrencia  de  perjuicios  materiales  por  concepto  de  lucro cesante; como  distante  está  de  cumplir  igual  objetivo el llamado que formula para que se  estudie  la  declaración  de  la señora Rosalba Ríos Castaño, sin precisar a  cuál  de  los  dos  testimonios  rendidos por ella se refiere (fls.293 vto.-1 y  38-2), ni aludir a su contenido.     

                     Atenta  así  mismo,  ya  no contra el requisito formal de precisión sino de claridad y  coherencia  que  deben  también  caracterizar  el  libelo,  y  el  principio de  autonomía  de  las causales, la categórica afirmación que la demanda contiene  en  cuanto  que  era  obligación  del  Tribunal decretar pruebas de oficio para  establecer  el  monto  de  los  daños  materiales  por  lucro  cesante, pues un  planteamiento   de  esta  naturaleza  desvía  la  censura  hacia  un  error  in  procedendo,  susceptible de ser planteado solo por la vía de la causal tercera.  Esto,  independientemente  de  la  absoluta  ausencia  de fundamento del reparo,  deducida  del  hecho  de que en materia penal el período probatorio se agota en  la primera instancia.    

                       Aún  cuando  estas  consideraciones  serían  de  suyo suficientes para desestimar el  cargo,  no  puede  la Corte dejar de precisar que el derecho a recibir alimentos  no   surge  per  se  del  vínculo  matrimonial, de consanguinidad, civil o  contractual,  precisados  en  el  artículo  411  del  Código Civil, sino de la  necesidad  alimentaria  de  quien  tiene  vocación  legal, porque carece de los  medios  de  subsistencia  indispensables para sustentar la vida, o para vivir de  un  modo  acorde  con la posición social, y solo en la parte en que sus propios  recursos no le alcancen (art. 420 ejusdem).   

                  Por tanto,  se  equivoca  el  casacionista cuando afirma que la dependencia económica de la  señora  Rosalba  Ríos Castaño emana de su condición de titular del derecho a  recibir  alimentos, y que, por consiguiente, al morir su hijo perdió el ingreso  que  por mandato legal percibía, pues, que procesalmente se sepa, la mencionada  señora  no  recibía  ayudas  alimentarias  de  naturaleza  legal. Es más, del  contenido   de   sus   propias   declaraciones  se  concluye  que  no  dependía  económicamente  de  su  hijo  y que las ayudas voluntarias que de él percibía  eran indeterminadas y ocasionales.   

                       Esta  ausencia  de  demostración  patentiza  la  razón  por  la  cual el Tribunal no  redujo,  sino  que  excluyó  de  la  condena al pago de perjuicios, los valores  liquidados  por  concepto  de lucro cesante, y muestra, adicionalmente, por qué  no  hizo  uso  de  la  opción consagrada en el artículo 107 del Código Penal,  norma  a  la  que  solo  puede  acudirse  cuando  existiendo  certeza  sobre  la  causación  del  daño,  no  ha  sido  posible determinarlo por medio de perito.   

                  Para mayor  claridad, veamos lo dicho al respecto por el ad quem:   

                  “Advierte  la  Sala  además  que  dentro  del  plenario  no  existe prueba idónea que nos  conduzca  a dejar establecido con plena certeza la dependencia económica que la  señora  ROSALBA  RÍOS  CASTAÑO  madre  del  occiso  tenía respecto de éste,  elemento  de consideración que no permite por este otro aspecto tener en cuenta  la  liquidación  de  perjuicios  que  a  título  de lucro cesante estipuló el  perito  y  acogió  la  sentencia  sin  reparo  alguno.  Por esta razón la Sala  encuentra  viable  la solicitud de la Procuradora 65 en lo Judicial para Asuntos  Penales,  al demandar la revocatoria del punto tercero de la parte resolutiva de  la sentencia, pedimento que la Sala acoge.   

                       “En  consecuencia,  los  perjuicios  materiales  se reducen a aquellos que resultaron  comprobados   en   autos,   es   decir   la   suma   de  $428.088.29,  suma  que  indiscutiblemente  debe  reconocerse en favor de la señora madre del occiso por  razón     del     daño     emergente     causado     con    la    infracción”  (fls.448).          

                    El cargo  no prospera.   

                  En mérito  de  lo  expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACION  PENAL, oído el concepto del Procurador  Segundo  Delegado  (E),  administrando justicia en nombre de la república y por  autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E:   

                         NO  CASAR la sentencia impugnada.   

                                           Devuélvase     al     tribunal     de     origen.    CUMPLASE.   

                                      CARLOS    A.    GALVEZ  ARGOTE                                      

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

JORGE           CORDOBA  POVEDA            JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                            DIDIMO   PAEZ   VELANDIA   

                         

NILSON    PINILLA   PINILLA                              JUAN   MANUEL   TORRES  FRESNEDA   

Patricia Salazar Cuéllar  

Secretaria       

                                                

     

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