10444 (17-06-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    PARTE   CIVIL/   PERJUICIOS/  INTERES  PARA  RECURRIR   

En  la  referida sustentación del recurso el  impugnante  primero  se  dedica  a  sostener  que el delito de hurto materia del  proceso  no  tiene  el  grado de tentativa,  como  lo  decidió la sentencia que recurre, sino que el mismo se  consumó,    tal    como   lo   consideró   el   Tribunal   en   el   proveído  calificatorio.   

En  consecuencia,  solicita  al  Tribunal que  procediera  de  conformidad,  aumentando la pena, revocando el subrogado penal y  “además,  debe  condenársele  al  pago de los perjuicios morales que tan grave  delito  ocasionó  a los deudos del occiso,  señor  (…),  pues  todos  los  perjuicios  se originaron en la  planeación  y ejecución del delito por parte del autor intelectual, perjuicios  que  deben  ser  estimados por el juzgador, ya que es injusto no condenar a este  pago  a  quien  fue  el  cerebro,  el instigador y el contratante de los autores  materiales” (fl.321).   

En este caso concreto la parte civil carecía  de  interés  para impugnar la mencionada sentencia que  fue  favorable  a  sus  pretensiones,  pues que por medio de ella se condenó al  procesado penal y civilmente.   

Se   replicará   que   tal  aserto  no  es  estrictamente  cierto  porque  al  final  de  la  sustentación  del  recurso el  impugnante  se  refirió  a  los  perjuicios,  pero no: si se repasa el párrafo  respectivo  y  que  arriba se transcribió, es fácil constatar que la sostenida  tesis   del   hurto   consumado  no  guarda  relación  ninguna con la mencionada referencia a los perjuicios,  pues  a  éstos  aludió  el  recurrente  pero relacionándolos con el delito de  homicidio    cometido   en   la   misma   víctima   del   hurto,   delito   contra   la   vida   éste   que  no  era  objeto  de  este  proceso    ni,    por   tanto,   de   la   sentencia  apelada.   

RAD. 10444  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                                  Magistrado Ponente   

                                                                  Dr. DIDIMO PAEZ VELANDIA   

                                                                  Aprobado                          Acta                          No.  67.                   

Santafé de Bogotá, D.C., diecisiete (17) de  junio de mil novecientos noventa y siete (1997).   

          Conoce  la Corte del recurso de casación impetrado contra el fallo  proferido  el  28  de noviembre de 1994 por el Tribunal Superior de Popayán, en  el  que  se  modificó  el  de  primera  instancia  del Juzgado Noveno Penal del  Circuito  de  la misma ciudad, para condenar a ARNALDO  DELGADO  ORTEGA a la pena privativa de la libertad de  cuarenta  y  siete  (47) meses de prisión, como autor responsable del delito de  hurto  calificado  y  agravado;  a  la  accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  un término de diez (10) años; al pago de 500 gramos  oro  por  concepto  del daño moral y 300 gramos oro por perjuicios materiales a  favor  de  los  damnificados  con  la  infracción y le negó el subrogado de la  condena de ejecución condicional.   

         HECHOS Y ACTUACION PROCESAL:   

          Dan   cuenta  los  autos  que  el  27  de  julio  de  1989,  siendo  aproximadamente  las  ocho  de la noche, en los alrededores del sector urbano de  la  localidad  de  El  Bordo, en la vía que conduce hacia la plaza de ferias de  dicho  municipio,  fue ultimado el señor Nilo Nevardo  Rodríguez  Muñoz  cuando  en  el  vehículo  de  su  propiedad,  un  campero  Trooper modelo 1989 distinguido con las placas PYk-148,  color  azul  oscuro  y  beige,  hacía  un  recorrido  por ese lugar. Hechas las  averiguaciones  iniciales por parte de la Policía, se tuvo conocimiento que uno  de  los  responsables  era  el sujeto Eiver Enrique Angulo Pabón, quien una vez  capturado  manifestó  que  el  propósito  era  el de apoderarse del automotor,  contando  con  la  colaboración  de Javier Agredo Morales y Harold Nixon Ortíz  Ortíz, siendo el autor del plan ARNALDO DELGADO ORTEGA.   

          Retenidos  todos  los imputados la investigación la inició el 1º  de  agosto  de  1989 el Juzgado 30 de Instrucción Criminal de El Bordo – Patía  (fl.  14  –  Cuad.  Original  No.  1),  siendo  indagados  y  luego  resuelta su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva sin  beneficio  de  excarcelación  el 11 de los citados mes y año. A DELGADO ORTEGA  como  determinador  del  punible  de  hurto  calificado  y  agravado en grado de  tentativa;  a  EIVER  ENRIQUE ANGULO PABON, JAVIER AGREDO MORALES y HAROLD NIXON  ORTIZ  ORTIZ  como  coautores materiales de la misma infración, en concurso con  el  homicidio  y,  al último, adicionalmente por el de porte ilegal de armas de  uso privativo de las Fuerzas Militares (fl. 74 y ss.).   

          Cuatro  días  después, se admitió la demanda de constitución de  parte   civil   presentada   a  nombre  de  CELINA  ROSA  IBARRA  DE  RODRIGUEZ,  reconociéndose su apoderado (fl. 92 y ss.).   

          Conforme  al dictamen del Instituto de Medicina Legal, Departamento  de  Criminalística, Sección Balística, el Juzgado 30 de Instrucción Criminal  dispuso  el  envío  de  las  diligencias  a  los  Juzgados de Orden Público de  Popayán  (fl.  216),  correspondiendo  al  primero  (1º)  el  que avocó   conocimiento  del  proceso el 21 de noviembre de 1989, ordenando la práctica de  varias diligencias (fl. 219).   

          Solicitado  un  nuevo  dictamen sobre el arma homicida al Instituto  de  Medicina  Legal  de  Santafé de Bogotá, se concluyó que la pistola Walter  No.  258756  no  puede  ser  clasificada  como  de  uso exclusivo de las Fuerzas  Militares  y  de Policía sino de defensa personal (fl. 318), razón por la cual  el  Ministerio  Público  solicitó  la  devolución  del  asunto  al Juzgado de  Instrucción  Criminal  de  El  Bordo,  por  competencia (fl. 321), criterio que  fuera  acogido  por  el Juez de Orden Público por auto del 12 de marzo de 1990,  provocando  colisión negativa de competencia en el evento de no ser compartidos  los fundamentos expuestos (fl. 17 y ss. Cuad. original No. 2).   

          Por  auto  de  fecha  16  de  marzo de 1990, se declaró cerrada la  investigación,  empero,  ante  solicitud  de  Delgado  Ortega  para  que  se le  otorgara  el  beneficio  de libertad provisional, mediante interlocutorio del 23  siguiente,  el  Juzgado  30  de  Instrucción  Criminal  accedió  al pedimento,  decretando  la  excarcelación  provisional  de  todos  los  imputados  mediante  caución prendaria (fl. 32 a 35).   

          Por  haber sido radicado por el Tribunal Superior de Popayán en El  Bordo  el  Juzgado  13  de Instrucción Criminal (fl. 42), correspondió a éste  despacho  calificar  el  mérito  del  sumario  el  20  de  junio  de  1990, con  resolución  de  acusación para ARNALDO DELGADO ORTEGA (a. Alito) por el delito  de  Hurto  Agravado y calificado en grado de tentativa; a Javier Agredo Morales,  Eiver  Enrique  Angulo Pabón y Harold Nixon Ortíz Ortíz por el citado punible  y  homicidio,  y  para estos dos últimos, adicionalmente por el porte ilegal de  armas  de  defensa  personal (fl. 100 a 116 vto.), decisión que fuera declarada  nula   por   la   Sala   Penal   del  Tribunal  Superior  de  Popayán  mediante  interlocutorio  de  fecha  24  de  enero  de  1991,  pues encontró sustanciales  irregularidades  en  lo referente a la definición de la situación jurídica de  Delgado  Ortega  y  el  grado de participación y de culpabilidad de cada uno de  los imputados frente a los punibles investigados (fl. 178 a 187).   

          El  Juzgado  13  de  Instrucción  Criminal  de  El Bordo, mediante  interlocutorio  del  13 de marzo de 1991, decidió reabrir la investigación por  180  días  para  practicar  algunas  diligencias  (fl. 210 a 213) decisión que  fuera  impugnada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil, dando lugar a que el  Tribunal  Superior  de Popayán la revocara y en su lugar dictara Resolución de  Acusación el 23 de julio de 1991 (fl. 251 a 293).   

          Para  ARNALDO  DELGADO  ORTEGA,  la  concretó  al punible de hurto  calificado  y  agravado,  precisando  que  “En los terminos del artículo 23 del  Código  Penal,  aparece  como  el  actor  intelectual o determinador, en cuanto  mediante  acuerdo  previo  indujo a los autores materiales a la realización del  delito  patrimonial,  que  en  nuestro  planteamiento  es  definido  como delito  perfecto  o  agotado”  (fl.  288)  y  en  su  favor, cesó procedimiento por los  punibles de homicidio y porte ilegal de armas de defensa personal.   

          Cabe  destacar  que  con  relación a HAROLD NIXON ORTIZ ORTIZ, por  tratarse  de  un  menor  al  momento  de  la  comisión  de  los hechos, ordenó  compulsar  copias  con destino al Juzgado Promiscuo de Familia de El Bordo, para  que dicho funcionario resolviera su situación jurídica.   

Por  último,  JAVIER AGREDO MORALES y EIVER  ENRIQUE  ANGULO  PABON fueron acusados por los delitos de homicidio y hurto como  autores  materiales,  y  adicionalmente  para  el último por el porte ilegal de  armas de defensa personal.   

          Por  impedimento  del  Juez Superior de Patía (Cauca), el Tribunal  Superior  de Popayán asignó el conocimiento del asunto al Juez Superior (r) de  Popayán  (fl.  399),  correspondiéndole  al 3° que avocó el conocimiento del  proceso  el 21 de enero de 1992 (fl. 407), dándose inicio a la etapa del juicio  mediante auto del 30 de los citados mes y año.   

          Por  auto  de fecha 10 de marzo de 1992, se dispuso la acumulación  de  la  causa  adelantada  por  el Juzgado 3° Penal del Circuito de Cali contra  Eiver  Enrique  Agudelo Pabón por el delito de Hurto agravado y calificado (fl.  111  –  Cuad.  orignal  No.  3).  Entrado  en  vigencia  el Decreto 2700 de 1991  (Código  de  Procedimiento  Penal),  correspondió  al  Juzgado  9°  Penal del  Circuito de Popayán adelantar la etapa de juzgamiento.   

          Acreditada  la  muerte  de  JAVIER  AGREDO MORALES por ahorcamiento  (fl.  183),  mediante  interlocutorio  de  fecha 30 de junio de 1993 se declaró  extinguida  la  acción  penal  (fl.  190),  llevándose a cabo la diligencia de  audiencia  pública el 19 de mayo de 1994 con relación a los procesados ARNALDO  DELGADO ORTEGA y EIVER ENRIQUE ANGULO PABÓN ( FL. 236 a 249).   

          El  Juzgado  9°  Penal  del Circuito de Popayán, el 6 de julio de  1994  dictó  sentencia  condenatoria  exclusivamente con relación al procesado  ARNALDO  DELGADO  ORTEGA,  por  cuanto  se acreditó la muerte violenta de EIVER  ENRIQUE  ANGULO  PABON  ocurrida  el  12  de  mayo inmediatamente anterior en la  ciudad  de  Cali  (fl.  280), declarándose extinguida la acción penal y por lo  tanto, cesó el procedimiento en su favor.   

          Hechos  los cómputos respectivos, el Juzgador de primera instancia  dedujo  una  pena  privativa  de  la  libertad de cuarenta y siete (47) meses de  prisión  por  el delito de hurto agravado y calificado, solo que estimó que se  trataba  de  un  delito en grado de tentativa, motivo por el cual le impuso como  pena  principal la de veinticuatro (24) meses y quince  (15)   días   de   prisión;   como   accesoria  la  interdicción  de  derechos y funciones públicas por un término igual al de la  pena  privativa  de  la  libertad,  otorgándole  el  subrogado de la condena de  ejecución  condicional  y como perjuicios materiales, conforme a lo preceptuado  por   el   artículo   107  del  Código  Penal,  un  equivalente  a  10  gramos  oro.   

          Recurrido  el fallo por el apoderado de la parte civil, el Tribunal  Superior  de  Popayán  mediante  sentencia  de  fecha  28 de noviembre de 1994,  modificó  la  de  primera  instancia  en el sentido de imponer a DELGADO ORTEGA  como  pena  privativa  de la libertad la de cuarenta y  siete  (47)  meses  de  prisión  y  la  accesoria de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por diez (10) años; declaró  que  el  procesado  no  era  acreedor  al  subrogado de la condena de ejecución  condicional   en   atención   al  monto  de  la  pena  impuesta,  ordenando  su  captura.   

         Adicionó  el  fallo para condenar a DELGADO ORTEGA al pago de 500  gramos  oro  como  perjuicios  morales y lo modificó en cuanto a los materiales  para    tasarlos    en    300   gramos   oro   (fl.   329   a   356).   

        L   A    D  E  M  A  N  D  A  :   

         Un  único  cargo  presenta  el defensor de ARNALDO DELGADO ORTEGA  contra  la  sentencia  de  segundo  grado  con  apoyo  en  la  causal primera de  casación  prevista  en el artículo 220 del Código de Procedimiento Penal, por  violación  directa  de la ley “al haberse desconocido por el Honorable Tribunal  Superior  de  Popayán…  flagrantemente  el  artículo  31 de la Constitución  Nacional, al ser esta disposición una norma sustantiva”.   

         Estima  el  actor  que al superior no le está permitido “AUMENTAR  LA  PENA,  REVOCAR  SUBROGADOS PENALES, ADICIONAR, MODIFICAR o REFORMAR el fallo  condenatorio  de  PRIMERA  INSTANCIA cuando el apelante es el procesado o cuando  lo  es  la  PARTE  CIVIL,  salvo  que  de  ella dependa el reconocimiento de los  perjuicios ocasionados con la infracción”.   

         Sobre    el    punto    concreto,    cita   dos   pronunciamientos  jurisprudenciales  de esta Sala y de la Corte Constitucional, para concluír que  una  vez  declarada la responsabilidad penal del procesado, no le es permitido a  la  Parte  Civil  por prohibición constitucional, solicitar la modificación de  la  pena,  ni  la  revocatoria de la libertad como ocurrió en este caso, ya que  sus pretensiones quedan limitadas estrictamente a lo económico.   

         Dice  que  la censura la centra al hecho de que en la sentencia de  segundo  grado, el Tribunal Superior de Popayán desconoció el mandato superior  contenido  en  el  artículo 31 de la Carta Política, es decir el derecho de la  “REFORMATIO  IN PEJUS” que le asiste a su representado, pues no podía tomar las  determinaciones  que finalmente concretó en su fallo, ya que el Juez de primera  instancia  tasó los perjuicios materiales adecuadamente, negó por inexistentes  los  del  orden  moral,  no  obstante  lo  cual  sin fundamento jurídico-legal,  simplemente  por  ser  ella  la  pretensión  de  la  Parte  Civil,  la  aceptó  ciegamente sin miramientos de las disposiciones legales aplicables.   

         Afirma  que  el  ad-quem  desconoció  “el  único interés que le  asistía  a  la  Parte  Civil,  en  esas  condiciones, era la tasación en mayor  proporción  de  los  perjuicios que se hubieren ocasionado con el hecho punible  fijados   en   Primera   Instancia,   ya  que  al  haberse  proferido  sentencia  codenatoria,  no  tenía  interés  legítimo para solicitar se reformara en sus  otras determinaciones” (fl.378 y 379).   

         Considera  que  la  tasación de los perjuicios era la misma si la  calificación  del  ilícito  se concretaba como Hurto Calificado y Agravado, en  la  modalidad  de tentado o en la de consumado, luego no le asistía razón a la  parte  civil  para  demandar  la  modificación  de  la sentencia en cuanto a su  calificación  jurídica, con incidencia en un aumento de pena y revocatoria del  subrogado de la condena de ejecución condicional.   

         Afirma  que  se  equivocó  el  Tribunal una vez más al tratar de  acomodar  su  decisión  a  la  sentencia de esta Sala de fecha 25 de febrero de  1993  (Mag. ponente Dr. Guillermo Duque Ruíz), pues en este caso concreto no se  trataba  de  un concurso delincuencial, siendo claro que resulta impertinente la  afirmación  que  se  hace  en el fallo al folio 24, ya que su poderdante no fue  objeto  de  acusación  por los punibles de homicidio y porte ilegal de armas de  defensa personal.   

         Con  relación a los perjuicios, destaca que de manera ilógica el  Tribunal  une  íntimamente los perjuicios morales que se pudieron causar con el  punible  de  homicidio,  más aún descabellada al pretender la transmisibilidad  de  perjuicios  morales  de  un  delito por el cual no ha sido condenada ninguna  persona   y  menos  su  representado,  pues  ello  constituye  un  despropósito  jurídico.   

         Agrega  que  no  es  de  recibo  la  tesis  de  la  presunción de  perjuicios  expuesta  por  la  Parte Civil y aceptada por el Tribunal, pues ello  está   en  contravía  de  la  preceptiva  del  artículo  55  del  Código  de  Procedimiento  Penal  que  ordena  el pago de perjuicios cuya existencia se haya  demostrado  en  el proceso, y del artículo 106 que ordena tener en cuenta, para  la  condena  de  perjuicios  morales  los hechos probados, lo que en criterio de  actor  no  fueron  probados,  tal  como  lo  reconoció  el  Juzgador de Primera  Instancia.   

         Finalmente  presenta  censura  al  fallo en cuanto que el Tribunal  por  interpretación  errónea,  dió aplicación discrecionalmente al artículo  107  del  Código  Penal,  ya  que a pesar de la declaratoria de responsabilidad  penal  en  cabeza  de su representado, “el juez solo podrá condenar civilmente,  EN  TANTO  Y EN CUANTO se demuestre la existencia de los daños, sean MATERIALES  O  MORALES”  (fl.  383),  limitándose  a afirmar que el monto de los perjuicios  fijado  por  el  a-quo era irrisorio, pretextando que se habían pasado por alto  factores  previstos  en  la  ley  para  realizar  una  adecuada  tasación,  sin  mencionarlos,  es  decir,  no  consignó  fundamentación  alguna,  dejando  sin  opción  a  la  defensa para controvertirlos o refutarlos en oportunidad, con lo  cual  se pone de presente un desbordamiento de poder del Tribunal, razón por la  cual  solicita  que  “OFICIOSAMENTE  se debe ajustar dicho fallo condenatorio de  SEGUNDA  INSTANCIA  a  los  nuevos  dictados  de la ley, como ya ocurrió en los  pronunciamientos de fechas 22 de octubre y 3 de diciembre de 1991.   

        LA PARTE CIVIL:   

         Como  sujeto  procesal  no  recurrente,  el  apoderado de la parte  civil  presentó  escrito  de  oposición  en el que afirma que el planteamiento  expuesto  por  la  defensa en la demanda de casación es infundado, porque no se  está  frente  a  una  agravación  de  las  penas señaladas en la sentencia de  primera   instancia,  cuando  el  procesado  tiene  la  condición  de  apelante  único.   

         Indica  que  la  norma  constitucional  cuya  violación  alega el  recurrente,  ni  ninguna otra preceptiva legal, prohiben al ad-quem reformar una  sentencia  en  virtud  del recurso de apelación interpuesto por la parte civil,  menos  modificarla  para  realizar  una  legal ubicación del delito imputado al  condenado,  es  decir,  acorde  con  el  delito  de  hurto calificado y agravado  consumado   que   difiere   de   aquella  que  corresponde  a  la  modalidad  de  tentado.   

         Destaca  que  las  razones  que tuvo el Tribunal para modificar el  fallo  de  primera  instancia  son claras, todas ellas ajustadas a derecho, pues  resulta  incomprensible  que el a-quo sin que exista prueba legalmente producida  en  el  proceso, en contra del razonamiento del Fiscal y del Ministerio Público  expuestos  en  la  audiencia  pública,  resuelva apartarse del pliego de cargos  formulados  contra el imputado en la Resolución de Acusación, en donde clara y  ampliamente  se determinó la modalidad del delito imputado y las circunstancias  agravantes  tanto  en  la  conducta  del  autor  intelectual como de los autores  materiales.   

         Destaca  que  el  fallo  impugnado  en casación presenta en forma  razonada  y  apoyado  en  jurisprudencias  muy respetables, su criterio sobre la  legalidad  de  la  actuación  de  la  parte  civil,  pues  la  pretensión  del  recurrente  es  la  que  dicha  actuación se concrete exclusivamente a aspectos  económicos,  con  lo cual se le limitaría su intervención en todo el trámite  del  proceso, donde por ministerio de la ley puede aportar pruebas, solicitar la  práctica  de  otras,  formular  alegatos, interponer recursos, discutir el tema  central  como  lo  es  la  formulación  de  cargos  y  en  fin  todas  aquellas  actuaciones   en  busca  de  que  la  sentencia  sea  la  expresión  justa  del  proceso.   

         Advierte  así  mismo  que  cuando  impugnó  el  fallo de primera  instancia,  no  solicitó  el aumento de penas sino su modificación para que se  ajustara  al  pliego  de  cargos  formulados,  razón por la cual el Tribunal no  incurrió  en  violación  de  ninguna  disposición sustancial, siendo por ello  improcedente el recurso extraordinario.   

        EL MINISTERIO PUBLICO :   

         El  señor  Procurador Primero Delegado en lo Penal, considera que  no  resulta  de recibo la acusación del censor relativa a la violación directa  de  la  ley  sustancial  (artículo  31 de la Carta Política), “toda vez que su  argumentación,  la  cual  compartimos  a  cabalidad,  demuestra  ante  todo  la  irregular  tramitación  de la segunda instancia al haberse concedido el recurso  de  apelación incoado por la Parte Civil, estando ésta desprovista de interés  jurídico  para  recurrir.  Irregularidades  que,  a nuestro juicio, amerita por  parte  de  la  H. Sala de Casación Penal su declaración de oficio, conforme lo  permite  el  art.  228 del C. de P.P., en concordancia con el art. 304-1 ibidem”  (fl. 14 y 15 -Cuaderno de la Corte).   

         Agrega  que en el escrito sustentatorio de la apelación, la parte  civil  centra  su inconformidad con la adecuación típica que de la conducta de  Delgado  Ortega  realizó  el juez a-quo, solicitando al Tribunal una condena no  por  el  hurto  tentado  sino  por  hurto  calificado y agravado, por considerar  acertada  la  adecuación  realizada  por dicha colegiatura en la resolución de  acusación,  para  lo  cual  demandó  se  impusiera  la pena correspondiente al  delito   consumado,   denegando   el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  se ordenara el pago de perjuicios morales, teniendo en cuenta la  gravedad del delito cometido por el procesado.   

         Estima  la  Delegada  que  el  interés primordial que movió a la  parte  civil  para  demandar  la variación de la adecuación típica dada en la  sentencia,  fue  el  aumento  de  la  pena  corporal y la negativa del beneficio  concedido  por  el  a-quo,  siendo  claro  que  solo  al final del escrito y sin  sustentación  de  ninguna  índole,  depreca  la  condena al pago de perjuicios  morales,  guardando  silencio frente a los materiales con lo cual los aceptó en  forma tácita.   

         En  el  presente  caso  -agrega  el  Delegado-,  no  se  desprende  argumento   lógico   jurídico   que  legitime  el  ejercicio  de  la  facultad  impugnatoria  que de manera restrictiva, el ordenamiento jurídico reconoce a la  parte  civil  dentro  del  proceso  penal,  como tiene establecido la Corte, “la  parte  civil justifica su presencia como parte en el proceso penal únicamente a  través  de  su  pretensión  resarcitoria y garantizada ésta, cesa su interés  procesal  para  cualquier  actividad  que estuviere dirigida a fines diversos de  aquellos”  (Sen.  junio 5/91 M.P. Dr. EDGAR SAAVEDRA ROJAS). En igual sentido se  pronunció  la  Sala  el  14  de  diciembre  de  1992,  oportunidad  en  la cual  puntualizó  que la potestad de la parte civil no puede llegar al punto de estar  legitimada  para oponerse al reconocimiento de la rebaja de pena por confesión,  pues  “la  verdad es que el reconocimiento de tal rebaja no tiene afectación de  ninguna  naturaleza  con  respecto  a  sus pretensiones resarcitorias y en tales  condiciones  le está completamente vedado utilizar el recurso extraordinario de  casación  como  un  instrumento  de  venganza  privada,  que  busca  ante  todo  perseguir  un  castigo  mayor  para el procesado, antes que obtener un resultado  económico  superior que es en realidad lo único que justifica la existencia de  la parte civil dentro del proceso penal” (fl. 17).   

         Sin  embargo, considera el Delegado que no le está prohibido a la  parte  civil  solicitar  la  modificación  de  la pena como consecuencia de una  posible  calificación  errónea  de  la conducta enjuiciada, si con ello y solo  por  ello,  se  pretende  lograr  una  mayor  cuantificación  de los perjuicios  ocasionados  por  el sujeto agente, empero en el caso concreto, la variación de  la  denominación jurídica de la conducta ilícita, en nada cambiaría el monto  de  los  perjuicios  materiales  tasados  en  primera instancia, toda vez que se  trató  del  apoderamiento  fugaz  de un automotor que, en últimas, no pudieron  llevarse  los  delincuentes. “Consumado o no el hurto iguales efectos representa  desde  el punto de vista de sus consecuencias materiales. Esto implica el que no  se   hubiera   atacado   el   fallo   de  primer  grado  en  tal  aspecto”  (fl.  18).   

         En   cuanto  a  los  perjuicios  del  orden  moral,  considera  el  Ministerio  Público  que con el hurto del vehículo no presentan configuración  alguna,  pues  no  obra  elemento  de  juicio  de ninguna índole que permita su  inferencia,  pues  solo  en  casos  excepcionales,  y este no lo es, los delitos  contra el patrimonio económico generan daños de dicha naturaleza.   

         Estima  que  la sentencia de segunda instancia resulta ciertamente  desconcertante,  pues  además  de  no  advertir la falta de legitimación de la  parte  civil  en  la apelación del fallo de primer grado, “procedió a condenar  en  perjuicios morales a ARNALDO DELGADO ORTEGA, imponiéndole la obligación de  sufragar  la  indemnización  correspondiente  a  los  daños ocasionados por el  homicidio,  delito  éste por el cual no fuera llamado a responder en juicio, ni  mucho menos condenado” (fl. 18).   

         Finalmente  destaca  que   la confusión del Tribunal se hace  aún  más  notoria,  al  revocar  la  suma  indemnizatoria  que  por perjuicios  materiales  señaló  el  Juez de primera instancia, procediendo a incrementarla  en  forma  considerable,  sin  reparar  que la impugnación solo involucraba los  perjuicios  morales,  lo  que  evidencia  la falta de interés de la parte civil  para  recurrir  el  fallo,  resultando  imperiosa la declaración oficiosa de la  nulidad  parcial  del  proceso  a  partir del auto de fecha 25 de julio de 1994,  inclusive  por  el  cual  se  concedió  el  recurso,  quedando así en firme la  sentencia de primer grado.   

        CONSIDERACIONES    DE    LA    CORTE  :   

         “Cargo único”   

         El  casacionista  acierta al considerar que el desconocimiento del  artículo  31  de  la Carta Política, debe plantearse en casación al amparo de  la  causal  1ª,  pues  tal  hipótesis  entraña  la falta de aplicación de la  referida norma sustancial de rango supralegal.   

         También  tiene razón el censor cuando afirma que al apoderado de  la  parte  civil  le  estaba vedado por ley pretender mediante la apelación que  hizo  del  fallo  de  primer  grado,  el  aumento  de  pena  al procesado y/o la  revocación  de  la  condena  de  ejecución  condicional  que  se le otorgó en  primera instancia.   

         Hasta  ahí  son  atinadas  las  aserciones  del  demandante, pero  luego,  cuando  se adentra en el tema de los perjuicios, no demuestra a la Corte  que  el  Tribunal  de Popayán haya violado la ley -directa o indirectamente- al  incrementar  los  mismos,  pues  limitarse a sostener que tal incremento se hizo  “sin  fundamento  alguno” (fl.382, cdno. Tribunal) no es probarle a la Corte  el  error  que  se  le  enrostra  al  sentenciador,  cuyo  criterio,  repítese,  prevalece  en  principio  sobre el del casacionista, ya que está amparado   por la doble presunción de acierto y legalidad.   

         Sin  perjuicio  de lo dicho, el demandante vuelve a acertar cuando  combate  las  consideraciones  efectuadas  por  el  Tribunal  atañederas  a los  perjuicios  ocasionados por el delito de homicidio cometido en la misma víctima  del  hurto,  delito  contra  la  vida  juzgado en otro proceso (fls.380 y s.s.).  Empero,  como  este  argumento va a ser la base para  que  la  Sala  decrete  oficiosamente  la  nulidad del fallo atacado,  por  falta  de  interés  de  la  parte  civil  para  apelar la  sentencia  de  primera  instancia,  debe  colegirse  que el cargo que por causal  primera  (art.220  C.P.P.)  hace  el casacionista, no  prospera.   

                        El  interés   de   la   parte   civil   para   impugnar   el   fallo   de   primera  instancia.   

        En  escrito que obra a folios 320 y 321 del cuaderno número 2, el  apoderado  de  la  parte  civil  sustentó  la  apelación interpuesta contra la  sentencia  de  julio  6  de 1994 (fl.282), mediante la cual el Juzgado 9º Penal  del  Circuito de Popayán condenó al procesado Arnaldo Delgado Ortega a la pena  principal  de  24 meses de prisión por el delito de hurto calificado y agravado  en  su  modalidad  de  tentativa. También lo condenó al pago de los perjuicios  materiales  en cuantía de 10 gramos oro y le concedió la condena de ejecución  condicional (f. 315).   

        En  la referida sustentación del recurso el impugnante primero se  dedica  a  sostener  que  el  delito  de  hurto materia del proceso no  tiene  el  grado de tentativa, como  lo  decidió  la  sentencia que recurre, sino que el mismo se consumó, tal como  lo consideró el Tribunal en el proveído calificatorio.   

        En   consecuencia,   solicita   al   Tribunal  que  procediera  de  conformidad,  aumentando  la  pena,  revocando  el subrogado penal y “además,  debe  condenársele  al  pago  de  los  perjuicios  morales que tan grave delito  ocasionó   a  los  deudos  del  occiso,  señor Nilo Rodríguez, pues todos los perjuicios se originaron  en  la  planeación  y  ejecución  del  delito por parte del autor intelectual,  perjuicios  que  deben  ser  estimados  por  el  juzgador,  ya que es injusto no  condenar  a  este pago a quien fue el cerebro, el instigador y el contratante de  los autores materiales” (fl.321).   

        En  este  caso  concreto  la  parte  civil  carecía de interés para impugnar la mencionada  sentencia que fue favorable a sus pretensiones, pues  que por medio de ella se condenó al procesado penal y civilmente.   

        Se  replicará que tal aserto no es estrictamente cierto porque al  final  de  la  sustentación  del  recurso  el  impugnante  se  refirió  a  los  perjuicios,  pero  no:  si  se  repasa  el  párrafo  respectivo y que arriba se  transcribió,  es  fácil  constatar  que la sostenida tesis del hurto consumado  no     guarda    relación    ninguna  con  la  mencionada  referencia  a los perjuicios, pues a éstos  aludió  el recurrente pero relacionándolos con el delito de homicidio cometido  en  la  misma  víctima  del  hurto, delito contra la  vida  éste que no era objeto de este proceso ni, por  tanto,  de  la  sentencia  apelada:  OBVIO que no porque el Tribunal de Popayán  haya  acogido  las  referidas  y  equivocadas  pretensiones  de  la  parte civil  apelante  y,  en  consecuencia,  haya aumentado los perjuicios en consideración  exclusiva  al  delito  de  homicidio  (fls.353  y  ss.)),  se genera el referido  interés  para  recurrir,  y  por  supuesto  que tiene razón la Delegada cuando  califica   de  “desconcertante”  (fl.18  cdno.  Corte)  esta  decisión  del  Tribunal  con  respecto  al  nombrado  delito  de  homicidio  que,  se  reitera,  es ajeno a este proceso a  partir  del  auto  de julio 23 de 1991, mediante el cual el Tribunal, al revisar  por  apelación el proveído calificatorio (fls.251 y ss.-2) en juicio a Arnaldo  Delgado  Ortega  por  el delito de hurto y justamente  cesó  procedimiento  a  su  respecto  por  el  delito  de homicidio (fl.293).   

        En  esas condiciones, se exhibe igualmente nítido que el Tribunal  carecía  de  competencia  para  revisar  la  sentencia  en cuestión, causal de  nulidad  consagrada  en  el artículo 304-1 del Código de Procedimiento Penal y  que    en    sede    de   casación   también   prevé   el   artículo   220-3  ibídem.   

        Así  las  cosas,  la  Sala  casará  la sentencia y decretará la  nulidad  de  la  sentencia recurrida, quedando de este modo en firme el fallo de  primera instancia (arts.228 y 229-1 C.P.P.).   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

        R    E    S   U   E   L   V   E  :   

1.- DESESTIMAR la  demanda.   

2.-   CASAR  oficiosamente  la  sentencia  impugnada, en el sentido de DECRETAR LA NULIDAD de  ésta, quedando así en firme el fallo de primera instancia.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

CARLOS       AUGUSTO      GALVEZ  ARGOTE        

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL              RICARDO   CALVETE   RANGEL            

JORGE        E.        CORDOBA  POVEDA                                  JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                                          DIDIMO      PAEZ  VELANDIA          

NILSON           PINILLA  PINILLA                                            JUAN    MANUEL  TORRES     FRESNEDA                             

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

     

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