10110 (22-10-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    REFORMATIO IN PEJUS/ CONSULTA  

4         Como   reiteradamente  lo  ha  sostenido  la  Sala,  cuando  opera  el  grado  jurisdiccional de la consulta el  superior  funcional  puede  revisar  en  su  integridad  el fallo así haya sido  impugnado,  pudiendo  incluso  agravar  la  situación  del procesado recurrente  único.   

PROCESO No. 10110  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE:  

DR. RICARDO CALVETE RANGEL  

APROBADO ACTA No. 128  

Santa Fe de Bogotá, D.C., octubre veintidós  de mil novecientos noventa y siete.   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  sobre  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  Teniente  retirado de la Policía  Nacional  CARLOS HUGO LEON SUAREZ, contra la sentencia proferida por el Tribunal  Superior  Militar,  que  confirmó  la  dictada por la Inspección General de la  Policía  Nacional, en cuanto condenó al aquí recurrente como autor del delito  de  concusión, a la pena principal de dos (2) años de prisión e interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un (1) año, y a los agentes Martín  Tapias,  Harry  Perlaza, Salvador Arias y Jorge Ardila como cómplices del mismo  delito,  a  la  pena  principal  de  un  (1) año de prisión e interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por seis (6) meses, imponiéndoles a todos la  pena  accesoria  de  separación  absoluta  de  la Policía Nacional. Revocó la  concesión  del  subrogado  de  la  condena de ejecucion condicional, para en su  lugar   ordenar   el   efectivo  cumplimiento  de  la  pena  por  parte  de  los  sentenciados.   

     

I. HECHOS     

El   Procurador  Delegado los resumió  así:   

“Ocurrieron  en la ciudad de Medellín el  cinco  de  octubre  de mil novecientos ochenta y nueve, fecha cuando el teniente  CARLOS  HUGO  LEON SUAREZ y  los  agentes  de  la  Policía  Martín  Gonzalo  Tapias  Cardona, Harry Antonio  Perlaza  Villada,  Salvador  Arias  Rodríguez  y Hugo Ardila Hoyos prestaban el  turno  de  vigilancia  en  la patrulla Nissan 1- 02 y recogieron a un particular  que  en  actuaciones  posteriores  ante terceros se identificó como miembro del  B-2 u oficial del grupo élite.   

“El  grupo  de  individuos se dirigió al  Restaurante   Bella   Villa  y  allí  retuvieron  a  tres  personas  a  quienes  trasladaron  a  la  Sub-estación  de  Policía  “La  Floresta”, en donde el  particular los interrogó.   

“Posteriormente,  con  las  informaciones  obtenidas,  los  autores del hecho retuvieron al señor Jorge Iván Navarro Mora  a  quien  informaron  que  lo  estaban  siguiendo por tener informaciones de que  traficaba  con  automóviles  robados y le exigieron la entrega de un millón de  pesos  para  ‘arreglarle  los    papeles   y   dejarlo   limpio’.   

“Navarro Mora accedió a las pretensiones  del  grupo  de  individuos  y  se  trasladó  con  ellos  hasta  el  Banco Anglo  Colombiano  en  donde  obtuvo  trescientos mil pesos en efectivo que entregó al  particular  por  instrucciones  del  subteniente  LEON  SUAREZ,  con  la  promesa  de  que  al día siguiente  entregaría el resto del dinero exigido.   

“Como   el   sometido  no  cumplió  lo  prometido,  la  familia  de  Navarro Mora fue objeto de presiones, por lo que el  ofendido  decidió  denunciar  la anómala situación ante la Dirección General  de  la  Policía,  la que dispuso una investigación que culminó con la captura  de los responsables”.   

     

I. ACTUACION PROCESAL     

El  Juzgado  Noventa y Tres de Instrucción  Penal  Militar  ordenó  la apertura de la investigación; oídos en indagatoria  el  teniente  CARLOS HUGO LEON SUAREZ  y  los  demás inculpados,  al    primero    se    le    resolvió    la    situación   jurídica  con  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva por el presunto delito de  concusión.   

Anexadas   las   copias  del  informativo  disciplinario  adelantado  contra  el  oficial  y  los agentes de la Policía, y  otras  diligencias,  el  Inspector  General  de  la  Policía Nacional avocó el  conocimiento  y luego de cerrada la investigación, en proveído de veinticuatro  (24)   de   diciembre  de  mil  novecientos  noventa  y  dos  (1.992)  profirió  resolución  de  convocatoria  a  consejo de guerra sin intervención de vocales  contra  el  Teniente  retirado  CARLOS  HUGO  LEON SUAREZ  por el delito de  concusión  en  calidad de autor, y los Agentes Tapias Cardona, Perlaza Villada,  Arias  Rodríguez  y  Ardila  Hoyos,  por  el  mismo hecho punible en calidad de  cómplices.   

Realizado  el consejo de guerra, el Juez de  primera   instancia   dictó  sentencia  condenatoria  en  los  términos  antes  reseñados.  Apelado  este  fallo,  el  Tribunal  revocó  lo relativo a la  condena de ejecución condicional.   

     

I. LA DEMANDA     

Al amparo de la causal primera de casación  cuerpo  primero,  el  recurrente  formula  un  solo cargo contra la sentencia de  segunda  instancia,  por  estimar  que violó en forma directa la ley sustancial  por  falta  de  aplicación  del  artículo  31 de la Constitución Nacional, en  tanto  que  el  Tribunal  Superior Militar revocó el subrogado de la condena de  ejecución  condicional  otorgado en la sentencia de primera instancia, haciendo  más  gravosa  la  situación  del  sentenciado,  a pesar de tener la calidad de  apelante único.   

De  conformidad  con  el artículo 31 de la  Constitución  Política  el  superior  no  puede  agravar  la  pena  cuando  el  condenado  sea  apelante único. La expresión “reformatio in pejus” traduce  “reformar  empeorando”,  con  lo  cual  no  se  puede  hacer más gravosa la  situación  del  procesado  cuando  se cumplan los requisitos de que quien apela  sea el condenado y que éste sea el apelante único.   

Trae  algunos extractos de pronunciamientos  de  la Corte con relación al tema, para sustentar la viabilidad jurídica de la  petición.  Así  mismo  refiere  que  la  Sala  ha  reiterado  que el principio  Constitucional  tiene  requisitos  y  limitantes:  en  cuanto a los primeros, la  necesidad  de  que  quien apela sea el condenado en forma directa o a través de  defensor,  y sea apelante único. Los segundos se concentran básicamente en que  aún  siendo  el  condenado  apelante  único, si la sentencia tiene grado   jurisdiccional  de  consulta, el superior puede hacer más gravosa la situación  del procesado.   

Esta  interpretación  a  la  luz  de  la  jurisdicción  ordinaria  en  forma  exclusiva, no tiene inconveniente, toda vez  que en ella no existen providencias consultables.   

Del  artículo  206  del  C.  de  P.  P. se  desprende  que  en  materia de jurisdicción ordinaria no se presenta la vía de  la  consulta  y  sólo  por  vía de excepción, se puede presentar dentro de la  Jurisdicción  regional,  pero  aún  más excepcionalmente opera únicamente en  caso   de   una   “sentencia   anticipada”;   pero   la   situación  varía  sustancialmente  cuando  esta problemática se traslada a la jurisdicción penal  militar,   teniendo   en   cuenta  que  conforme  al  artículo  434  todas  las  providencias  son  consultables,  y  si  tomamos  el criterio de la Corte, en el  sentido  de  que la consulta, faculta al superior para agravar la situación del  condenado  cuando  éste  sea apelante único, esto quiere decir que frente a la  jurisdicción  penal  militar  el  principio  y  derecho  constitucional  de  la  reformatio in pejus no tiene aplicabilidad.   

Este  principio en su condición de mandato  constitucional   no   puede  ser  solo  objeto  de  aplicabilidad  frente  a  la  jurisdicción  ordinaria  o  a  la  regional, sino que cobija también a la  penal  militar. No se puede pasar por alto que el Código Penal Militar (Decreto  2550  de  1.988)  entró  en  vigencia antes de la Constitución de 1.991, y por  ello  aquél  estatuto  no se ha acomodado al nuevo ordenamiento constitucional,  pero  a  la  vez  esto  exige  que  sea interpretado acorde con el nuevo mandato  constitucional,  máxime  cuando  la  ley fundamental una vez creada adquiere el  carácter  intemporal,  esto  es,  se  entiende  como  si siempre hubiese estado  rigiendo.   

Como  al  momento  de crearse el Código de  Justicia  Penal  Militar  no  existía el artículo 31 de la actual Carta, no se  hizo  ningún  reparo sobre el alcance que posteriormente podría tener la norma  de   la   consulta,   pero  ello  no  es  óbice  para  pensar  que  el  mandato  constitucional deba resultar afectado.     

Estima  que  el  artículo  31  tiene plena  aplicabilidad  frente  a  la  justicia  Castrense  y por lo mismo el Tribunal no  podía  hacer  más gravosa la situación de su defendido. La prohibición de la  reformatio  in  pejus  dentro  de  la  nueva  Carta  Fundamental  obedeció a la  necesidad  de garantizarle al condenado que en caso de controvertir la decisión  desfavorable,  el  superior  no lo pueda perjudicar, naturalmente ello obedece a  una  razón  de  justicia  y  si  se  quiere  de  humanidad; esta garantía solo  existirá  en  la  medida  en  que  se  le  de  plena  vigencia  a un mandato de  naturaleza   constitucional,   que   como  tal  prima  sobre  toda  otra  norma.   

Finalmente  solicita  a  la  Corte  casar  parcialmente  la  sentencia  recurrida y en consecuencia otorgar el subrogado de  la condena de ejecución condicional a su representado.   

     

I. CONCEPTO    DEL    MINISTERIO  PUBLICO     

El  Procurador Tercero Delegado en lo Penal  sugiere  a la Corte no casar la sentencia recurrida, por considerar que el cargo  formulado en la demanda no tiene vocación de éxito.   

De  tiempo  atrás  la  Delegada  ha venido  sosteniendo   que   la  infracción  al  artículo  31  de  la  Carta  Política  (violación  de  interdicción de la reforma peyorativa) es materia de la causal  tercera  de  casación. De la misma forma ha admitido que en los casos en que el  recurrente  invoque  la  infracción directa de la ley sustancial como causal de  casación  en  los eventos contemplados en la norma citada, debe entenderse como  adecuadamente  formulada la demanda en razón de las constantes decisiones de la  Corte.   

En  cuanto  a  los  planteamientos  de  la  demanda,  la  Delegada  luego  de  recordar  la  interpretación  de  la  Corte,  -aceptada  por  el  libelista-   que  fija  el  alcance  del  artículo  31  constitucional,  advierte  que encuentra adicionalmente respaldo en decisión de  la  Corte  Constitucional (Sentencia SU-327 de julio 27 de 1995) que en fallo de  unificación  sentó  el  criterio  de  que  el  precepto  en  cita  limita  las  facultades  del  juzgador  de  segundo grado, señalando en éste la competencia  que tiene para examinar la sentencia apelada.   

Se tiene, entonces, que según los criterios  autorizados  de  las  más altas corporaciones de las jurisdicciones ordinaria y  constitucional,  el  principio  de  la interdicción de la reforma peyorativa se  encuentra  íntimamente  ligado  con la competencia del superior, quien no puede  agravar  la  pena  impuesta  al  condenado  cuando éste sea apelante único, en  tanto  que  su  interés  (el  del condenado) no es el de transferir al Tribunal  Superior  la  revisión  de la pena en lo que le sea desfavorable, lo que quiere  decir  que  si  en  algunos casos (la consulta) la ley regula la competencia del  superior  de  manera  diversa  a  como  lo  hace frente al recurso de alzada, la  competencia  del superior ha de examinarse de conformidad con el contenido de la  ley que la rige.   

Para al caso bajo estudio, el Código Penal  Militar  establece  la consulta en algunas de las decisiones que se toman dentro  del  proceso  previsto  en  el Decreto 2550 de 1988, sin especificar si en tales  casos  la  competencia  del  superior  es  plena  o  se  encuentra  limitada por  condición  alguna.  Ello  significa  que  para  determinar  la  competencia del  superior  en  la  consulta  dentro  del  procedimiento penal militar, preciso es  recurrir  al  ordenamiento procesal ordinario (tal como lo autoriza el artículo  302  del  Código  Penal  Militar),  compilación  legislativa  en  la  cual  se  encuentra  el  artículo  217, según el cual “La consulta permite al superior  decidir  sin  limitaciones  sobre  la  providencia  o  la  parte  pertinente  de  ella”.        

La competencia del superior en la consulta,  entonces,  no admite limitación diversa a la competencia de la misma, es decir,  a  que se reúnan respecto de la decisión los requisitos procesales previamente  definidos  que,  en  lo  que  es  materia de este estudio, fueron fijados por el  numeral  1.  del  artículo  434  del  Decreto  2550  de  1988,  luego según la  legislación  legal  en  vigencia,  dentro  del  procedimiento  penal militar la  consulta  procede  en  todos  los casos de sentencia de primera instancia, en lo  cuales  el  superior  tiene  plena competencia (sin limitación) para revisar la  legalidad  de  la decisión, lo que significa de conformidad con las enseñanzas  jurisprudenciales  ya  reseñadas, que puede el ad quem, sin violar el contenido  del  artículo  31  de  la  Carta  Política, agravar la pena impuesta o decidir  adversamente  al  apelante, pues entonces no es éste quien fija los límites de  la   apelación,   sino   la  ley  la  que  determina  los  alcances  del  grado  jurisdiccional de consulta.   

La  pretendida  incompatibilidad  entre  la  Constitución  Política  y  el  Código  Penal Militar a que hace referencia el  censor  no  es  tal  ni  puede admitirse la necesidad de adecuar el ordenamiento  Penal  Militar  a  lo  previsto  en la Carta, en razón a que ésta no impone al  legislador  la  obligación  de consagrar en todo caso  la  apelación de las sentencias con prescindencia de  su grado de jurisdicción de consulta.   

Si el artículo 31 constitucional prevé la  apelación  y  simultáneamente ordena la consulta, no se advierte en esta doble  fuente  de  la  competencia  del juzgador contradicción alguna con la Carta, en  tanto  que  es atribución del legislador la de establecer cuáles son los casos  en  los  que  se  admite  el  recurso  y  cuáles  aquellos  en  los  que  opera  oficiosamente la revisión de la sentencia.   

Y  ello  por  lo  demás,  tiene sentido en  relación  con  la  administración  de justicia en el campo penal militar, pues  siendo  ella  la  manifestación de un fuero especial de juzgamiento encomendado  por  decisión  de  la Carta Fundamental a personas que no tienen -por su propio  origen-  formación judicial, es lógico que el propio Estado pretenda minimizar  los  riesgos  de  equivocaciones  judiciales, para lo cual prevé la consulta de  las  decisiones  ante  el  Tribunal Superior Militar, organismo éste conformado  sí  por  juristas especializados, como que ya no se trata de los comandantes de  la    fuerza    pública    que   ejercen   funciones   judiciales   de   manera  excepcional.   

Pero  además,  es  también  procedente la  consulta  en  función  de  la  naturaleza  misma de los hechos de que conoce la  jurisdicción  penal  militar,  delitos  que  el  estado considera como de mayor  incidencia  en  una de sus particulares funciones (fuerza pública) en razón de  las  posibles violaciones de los derechos ciudadanos mediante el uso coactivo de  la fuerza (en la mayoría de los casos).   

Los  argumentos  relativos  a  la necesaria  adecuación    del    procedimiento    penal   militar   a   las   disposiciones  constitucionales,   no   deja   de   ser   un   simple   planteamiento   de  una  “conveniente”   revisión   de   las   normas  que  rigen  en  esa  especial  jurisdicción,  pero  que  no  constituyen  a  la  luz  de  las  consideraciones  anteriores  sustento  suficiente  para predicar una contradicción de la ley con  las  normas superiores, que autorice el desconocimiento de las leyes que aún se  encuentran en vigencia.           

I. CONSIDERACIONES DE LA CORTE     

1.  Al  contraerse  la  inconformidad  a la  presunta  violación  del artículo 31 de la Constitución Nacional por falta de  aplicación,  el  ataque  por  la vía de la causal primera de casación resulta  acertado.   

Para  ilustrar este punto basta recordar un  pronunciamiento  de  la  Sala  con  ponencia  de  quien  ahora  cumple ese mismo  cometido:   

“La prohibición de la reformatio in pejus  es  una  garantía  que  se  instituye en favor del procesado, pero que tiene un  hondo  contenido sustancial en la medida en que protege al imputado frente a los  desmanes  que  se  presenten  en la aplicación de (la) normatividad sustancial,  como  es  toda  la  que  tiene  que  ver  con  la  punibilidad,  y si esta es su  naturaleza  necesariamente  se tiene que entender que el marco lógico del   ataque  es  el  que enmarca la causal primera que es la instituida para resolver  yerros  in iudicando.” (Sentencia de septiembre 14 de 1994, reiterada en fallo  de junio 14 de 1995, entre otros).   

2. Ahora bien, entrando a responder de fondo  el  tema  propuesto  se  advierte  que  no le asiste razón al recurrente cuando  reprocha  al sentenciador de segunda instancia la  falta de aplicación del  artículo  31 de la Carta política, bajo el entendido de que al procesado no le  podía  ser  desmejorada  su  situación  por  ser  apelante  único,  pues como  reiteradamente  lo ha sostenido la Sala, cuando opera el grado jurisdiccional de  la  consulta  el superior funcional puede revisar en su integridad el fallo así  haya  sido  impugnado,  pudiendo  incluso  agravar  la  situación del procesado  recurrente único.   

                                 Este criterio es compartido por  la  Corte  Constitucional,  y  en  ese  sentido  se  ha  pronunciado  en  varias  oportunidades,  entre  otras,  en  la  sentencia de tutela 289 de 1994, en donde  dijo:   

“Ha   sido   clara   y   enfática   la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  así  como la proveniente de la Sala de  Casación  Penal  de  la  H. Corte Suprema de Justicia, en cuanto a que no tiene  operancia  el  principio  constitucional de la no reformatio in pejus, cuando el  fallo   de  primera  instancia,  por  ministerio  de  la  ley,  tenga  el  grado  jurisdiccional   de   la  consulta,  así  haya  sido  recurrida  por  uno o varios procesados, ya que el superior adquiere competencia  plena   para   revisar   el   fallo  y  tomar  las  determinaciones  que  estime  pertinentes.”    

                                 La   explicación  es  muy  sencilla:  con  la  consagración  legal  del  grado  jurisdiccional  de  consulta  se  expresa  la  voluntad  del  legislador  de que  determinadas  decisiones  de primera instancia no cobren ejecutoria hasta que no  sean  revisadas  por  el superior funcional, y esa es precisamente la situación  de  las  sentencias  proferidas  en  la jurisdicción penal militar. Además, en  forma  clara  el artículo 217 del Código de Procedimiento Penal, aplicable por  integración,  dispone  que  “La  consulta  permite  al  superior  decidir sin  limitación   alguna   sobre   la   providencia   o   la   parte  pertinente  de  ella”.   

Como es lógico, la efectividad del mandato  legal  no  queda  al  arbitrio  de los sujetos procesales, de modo que baste que  alguno  apele para que la facultad del superior se reduzca a conocer únicamente  de  los aspectos impugnados. Por el contrario, con apelación o sin ella, siendo  consultable   la   providencia   el   superior   tiene  competencia  plena  para  revisarla.   

En  estas  condiciones,  es  claro  que  al  suprimir  el  Tribunal Superior Militar la condena de ejecución condicional que  le  había  otorgado  al  procesado  el  juez  de  instancia,  no  incurrió  en  violación  del  artículo  31  de  la  Constitución, por lo tanto la queja del  censor no tiene asidero jurídico.   

3.  Sobre la constitucionalidad de la norma  que  establece la  consulta en los procesos de que conoce la justicia penal  militar,  la  Corte  Constitucional en sentencia C-055 de febrero 18 de 1.993 se  pronunció favorablemente así:   

“Al   tenor  del  artículo  31  de  la  Constitución,  toda  sentencia  judicial  podrá ser apelada o consultada salvo  las excepciones que consagra la ley.   

“La consulta es un grado de jurisdicción  que  procede  sin necesidad de solicitud por ninguna de las partes comprometidas  en  el  proceso  y, en ese sentido es un mecanismo automático que lleva al juez  de  nivel  superior  a  establecer  la legalidad de la decisión adoptada por el  inferior,  generalmente con base en motivos de interés público o con el objeto  de  proteger  a  la  parte  más  débil  en  la  relación  jurídica de que se  trata.   

“La consulta es una figura distinta de la  apelación.  Se  surte  obligatoriamente en los casos y con las características  que  define la ley, sin contar con la voluntad de las partes. A diferencia de la  apelación,  no  es  un  recurso.  Por  eso  no  hay  apelante  y,  por ende, la  competencia  del  juez de segundo grado no depende de si una sola o ambas partes  aspiran  a  la  modificación de la sentencia proferida en primera instancia, de  tal  manera  que  goza  de  atribuciones  suficientes  para  reformar y aun para  revocar  el  proveído  que se somete a su conocimiento. Pero desde luego habrá  de  tenerse  en  cuenta  el motivo de la consulta, es decir, el interés que con  ella  se  busca  tutelar,  a  fin  de  establecer dentro de las características  propias  que  ofrece  en las distintas jurisdicciones, hasta donde podrá llegar  el   juzgador   en  el  momento  de  introducir  cambios  a  la  providencia  en  cuestión.   

“De lo dicho se concluye que el argumento  del  actor  en  cuanto a la posible contradicción del artículo 434 acusado con  el  31  de la Carta por hacer imposible la garantía que prohibe la ‘reformatio   in   pejus’     es     a     todas     luces  equivocada.   

“En   relación   con   la   supuesta  ‘violación  procesal al  principio  de integridad’,  alegado  por el demandante, cuyos perfiles son muy confusos en el contexto de la  demanda,   supone  la  Corte  que  el  cargo  hace  referencia  a  una  presunta  obligación  del  legislador  en  el  sentido  de  prever  la prohibición de la  ‘reformatio     in  pejus’ a propósito de la  consulta.   

“Por   una   parte,  la  Constitución  Política  no  hace  forzosa la consulta respecto de toda sentencia, como parece  entenderlo  el  demandante, sino que estatuye su procedencia como regla general,  dejando  al  legislador  la facultad de determinar las decisiones en las cuales,  por  excepción,  no  cabe  aquella.  De  otro  lado, en cuanto a la consulta ya  establecida  y  regulada  en un determinado ordenamiento legal, no tiene sentido  que      su     procedencia     se     relacione     con     la     ‘reformatio   in   pejus’  ya que, según lo dicho, este nivel  de  decisión  jurisdiccional  no equivale al recurso de apelación y, por ende,  no  tiene  lugar  respecto  de  ella  la garantía que específica y únicamente  busca favorecer al apelante único.   

“La  norma  cuestionada  no  hace  cosa  distinta  de desarrollar la previsión constitucional definiendo cuándo procede  y  cuándo  no  el  grado  de  consulta  en los procesos de los cuales conoce la  justicia penal militar”.   

En   consecuencia,   no   tiene  ningún  fundamento   aceptable  la  insinuación  del  censor  respecto  a  una  posible  incompatibilidad  entre la ley que ordena la consulta de las sentencias dictadas  en  la  justicia penal militar, y el artículo 31 de la Constitución Política,  pues  el  tema  ya fue dirimido mediante una decisión jurisprudencial que tiene  efectos erga omnes.   

                                  Lo  expuesto es suficiente para  concluir que el cargo debe ser desestimado.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA -SALA DE CASACIÓN PENAL- administrando  justicia  en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

NO CASAR  la  sentencia recurrida.   

Cópiese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

     

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                RICARDO     CALVETE  RANGEL                                NO    FIRMO                                        

JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA                               JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                        DIDIMO PAEZ VELANDIA                                                                                                                                 NO  FIRMO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                             JUAN    MANUEL    TORRES  FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

   

    

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