22640(06-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22640  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 054.  

          Bogotá D.C., julio seis (6) de dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación   presentada   por   la   defensora   de   la  procesada  LUZ   DARY   OBANDO   TABORDA,  contra  la  sentencia  del Tribunal Superior de Pereira de fecha febrero 9 de 2004, por cuyo  medio  confirmó la dictada por el Juzgado Promiscuo del Circuito de La Virginia  (Risaralda),  que la condenó como autora de los delitos de homicidio agravado y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  25  de  julio  de  2002,  en  la  calle  6ª con carrera 8ª del  municipio  de  La  Virginia,  hacia  las 10:30 de la mañana, en momentos en que  Luis  Ángel Querubín Gómez  reciclaba  basuras  en  el  sector,  fue  ultimado mediante arma de fuego por un  individuo  que  se  desplazaba  en una bicicleta. Por tales hechos se inculpó a  Alexander  Obando  Taborda  y  como  autora  intelectual  a su hermana LUZ DARY OBANDO  TABORDA.   

         

          Por  razón de lo anterior, la Fiscalía 28 Seccional de La Virginia  inicialmente  abrió  investigación  previa y luego decretó la apertura formal  de  instrucción,  en  cuyo  marco  dictó medida de aseguramiento de detención  preventiva  contra LUZ DARY OBANDO TABORDA por el delito de homicidio.   

          Clausurada  la instrucción, el 20 de diciembre de 2002 se profirió  resolución  de  acusación  en  contra  de la sindicada, en calidad de presunta  autora  de los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de armas de fuego de  defensa  personal,  determinación  que  confirmó  posteriormente  la Fiscalía  Delegada   ante   el   Tribunal   Superior  de  Pereira,  el  6  de  febrero  de  2003.   

          La  etapa  de  juzgamiento  correspondió  al  Juzgado Promiscuo del  Circuito  de  La  Virginia, despacho que una vez  surtió el trámite legal  pertinente,  dictó  sentencia  el  21 de octubre siguiente, por cuyo medio  condenó   a   LUZ  DARY  OBANDO  TABORDA  como  autora  intelectual de los mismos delitos comprendidos en la  resolución  de  acusación,  a  la  pena  principal de veinticinco (25) años y  cinco  (5)  meses de prisión, a la accesoria de inhabilitación en el ejercicio  de  derechos y funciones pública por el término de veinte (20) años y al pago  de   perjuicios   morales   por   la  suma  de  200  salarios  mínimos  legales  mensuales.   

          Impugnada  la  anterior decisión por la defensa de la procesada, se  confirmó  por  el  Tribunal  Superior  de Pereira mediante providencia de fecha  febrero  9  de  2004,  contra  la  cual  se  interpuso recurso extraordinario de  casación.   En  orden  a  sustentarlo,  se  allegó  al proceso la demanda  objeto de estudio para su admisibilidad formal.    

LA DEMANDA  

          Un  cargo  formula la defensora de LUZ DARY  OBANDO  TABORDA  contra el fallo de segundo grado, con  sustento  en  la  causal primera de casación prevista en el artículo 207 de la  Ley  600  de 2000, por violación directa de la ley sustancial, pues a su juicio  vulnera  los  artículos 29 de la Constitución Política, numeral 2° ordinal g  y  numeral  3° del 7 de la Convención Americana de Derechos Humanos, referidos  a  las garantías judiciales y;  artículos 7 (presunción de inocencia), 8  (derecho  de  defensa),  280  y  siguientes  (requisitos  de la confesión), 337  (reglas  para  la  recepción  de  indagatoria), 232 (principios generales de la  prueba),  5  (principio  de  igualdad),  238  (apreciación  de  la  prueba),  7  (presunción  de  inocencia), 234 (imparcialidad del funcionario en la búsqueda  de  la  prueba),  20  (principio de investigación integral) y 170 (principio de  motivación)            de           la           Ley           600           de  2000.              

          Señala   que   a   consecuencia   de   lo   anterior   “es  evidente  que  el Tribunal lesionó garantías fundaméntales  (sic) de rango constitucional  y  legal  como  es  el  debido  proceso  establecido  por  el artículo 29 de la  Constitución Nacional”.   

En cuanto a las normas citadas que establecen  garantías  procesales,  advierte  su trasgresión porque el Tribunal tomó como  hecho   indicador  de  responsabilidad  la  imputación  del  único  declarante  Juan  Carlos  Ortiz  Romero,  “y  esto  se valora como una prueba dentro el cuerpo  probatorio     de    la    sentencia”.   

          Respecto  de  la violación de los principios generales de la prueba  contenidos  en el artículo 232 del estatuto procesal penal indica que se genera  porque  no obstante en la sentencia se reconoce la existencia de inconsistencias  “persiste    en    la    acusación”.   Tan es así, que a lo expuesto por el declarante mencionado  se  le concedió credibilidad, a pesar de las contradicciones en las que incurre  en sus diferentes salidas en el proceso.   

          A  continuación, estima que se vulneró el principio de igualdad al  no  dar el mismo tratamiento valorativo a las pruebas, pues a partir de una cita  doctrinal  en la que se insiste sobre la dificultad de una persona para percibir  simultáneamente  varios  acontecimientos, termina por otorgar pleno crédito al  dicho  de  Juan  Carlos Ortiz  “quien  se presenta al proceso haciendo un relato en  extremo  detallado  sobre la percepción que logró”,  no  obstante haber estado a más de una cuadra del sitio en donde ocurrieron los  hechos.   

          En   general,   considera  que  la  sentencia  desconoce  todos  los  preceptos  indicados  al  conferir  credibilidad a lo dicho por el testigo   señalado,  como  sucede con el principio de investigación integral, puesto que  se  trataba  de un “testigo sospechoso” que, a más de no haber estado en el  lugar  de  los  hechos,  tenía  enemistad  con  el  occiso  a  raíz  de que el  compañero     de     LUZ     DARY     declaró  en  su  contra  dentro  de otro proceso por el asalto a un  ganadero  en  la región y en retaliación contra su defendida por haber avisado  a   su  patrón  Sebastián  Posada  Niño que lo iba a atracar.   

Adicionalmente,  sostiene  que  también  se  violó  el  principio  de  presunción  de inocencia al acusar a la sindicada de  mentir   “cuando  es  principio  fundamental  de  la  diligencia  de  indagatoria  artículo  337  del  CPP, el no declarar contra sí  mismo”   y  el  de  motivación  de  la  sentencia,  contenido  a  su  vez en el 170 del mismo ordenamiento, en tanto no se saben los  motivos  específicos  y  concretos  por  los  cuales  se  agrava  el  homicidio  establecidos  en  el  artículo 104 del estatuto sustantivo penal y en razón de  que  se  desconocen  las  características  y  el tipo de arma que se le endilga  portó ilegalmente.   

De  conformidad con lo expuesto, solicita se  case  el fallo impugnado “y en su lugar se reforme la  sentencia  porque  se  han  vulnerado  numerosas  disposiciones   legales y  constitucionales”.            

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  demanda  objeto  de  examen, en el único reproche que contiene,  desconoce  los  presupuestos  de técnica que regentan este extraordinario medio  de impugnación y por ello se impone su inadmisión.   

          De  acuerdo  con  la Ley 600 de 2000, vigente para el momento en que  se  produjeron  las  conductas por las cuales se procede (25 de julio de 2002) y  para  cuando se profirió la sentencia de segunda instancia (febrero 9 de 2004),  y  específicamente  en  consideración a lo que indican los numerales 3° y 4°  del artículo 212, la demanda de casación deberá contener:   

“3.  La  enunciación  de  la  causal y la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las normas que el demandante estime infringidas.   

4°   Si  fueran  varios  los  cargos,  se  sustentarán en capítulos separados.   

Es  permitido formular cargos excluyentes de  manera subsidiaria”.   

          En    procura   de   la   “claridad   y  precisión”  que  debe  ostentar el libelo a través  del  cual  se  sustenta  el  recurso  y  por  la  misma naturaleza de este medio  extraordinario  de  impugnación,  en tanto debe constituir un juicio técnico a  la  sentencia  que  llega  precedida  de  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  se han dispuesto una serie de principios para que el ataque dirigido  en  su contra  sea presentado de una manera ordenada, coherente y lógica y  así  evitar  confusiones  o  contradicciones  que  se  traduzcan  en un escrito  ininteligible y contradictorio.   

          En  ese sentido, opera el principio de autonomía en la formulación  de  los  cargos,  según  el  cual  las diversas propuestas que apunten hacia el  resquebrajamiento     del     fallo     deben    ser    esbozadas    en    forma  independiente.   

Significa  lo anterior que con el propósito  de  evitar  entremezclas  argumentativas y conceptuales que puedan entorpecer la  comprensión  del  planteamiento,  máxime cuando se trata de asuntos que tienen  fundamento  en  diversas causales de casación, las censuras deben ser abordadas  por  separado y, en el caso de que sean excluyentes, no basta con ello sino que,  además, debe indicarse cuáles son las subsidiarias.   

Otro  principio  que  de acuerdo con la Sala  regula  el  medio extraordinario de impugnación es el de prioridad, consecuente  con  el  anterior, el cual consiste en que en caso de ser varias las propuestas,  éstas  deben  ser formuladas en consideración a su incidencia procesal, por lo  que,  en  principio,  los  cargos  con apego en la causal tercera, que entrañan  afectación  de  la actuación o de la sentencia, deben ser presentados en forma  prevalente  respecto  de  los  demás y si todos tienen sustento en este motivo,  también  deben  ser  esgrimidos  con  sujeción  a  su cobertura nociva para el  proceso.   

La  anterior  exigencia se justifica porque,  dado  el  caso,  la  Corte  puede omitir pronunciarse sobre reproches que tienen  menor  repercusión  frente  a  la  actuación procesal si prospera uno de mayor  incidencia,  lo  cual  haría inoficioso el estudio de los que son secundarios o  subsidiarios a  éste.                  

Relacionado  con  los  anteriores,  también  adquiere  vital  importancia  en esta sede el denominado principio lógico de no  contradicción,  de  conformidad  con  el  cual  resulta  inadmisible que con el  objetivo  de  demostrar  un  aserto  se  expongan  de forma simultánea premisas  excluyentes.       

El anterior marco referencial permite colegir  que  la  demanda   que  concita  la  atención de la Sala, no satisface los  principios referidos, según pasa a verse:   

La  casacionista  propone  una  censura  con  fundamento  en  la causal primera de casación, por violación directa de la ley  sustancial;   sin  embargo,  involucra  varios aspectos incompatibles entre  sí.   En  primer  lugar, señala que se incurrió en violación directa de  la  ley sustancial; luego, atribuye al fallador errores en la apreciación de la  prueba,    específicamente    respecto    del    testimonio   de   Juan  Carlos Ortiz Romero y a la par indica  que  se  trasgredieron  una  serie  de garantías como el derecho de defensa, el  principio  de  investigación integral, el de igualdad, presunción de inocencia  y  la  obligación de motivar la sentencia de segunda instancia, aspectos que en  virtud  de  su  evidente  disimilitud ha debido postular en forma independiente,  como  lo  exigen  los principios señalados, en correspondencia con el artículo  212                    del                   estatuto                   procesal  penal.                 

Es   claro  que  los  diferentes  tópicos  abordados  de  manera  indistinta  y  simultánea  por  la demandante no guardan  relación  conceptual,  ni  tienen  los  mismos  efectos,  por  lo  que  le  era  imperativo  desarrollarlos  en  forma  separada, esto es, en distintos cargos, a  fin  de  conjurar  los  efectos  nocivos a que se ha hecho alusión.     

La incorrección anterior se torna más grave  aun,  cuando  se  establece  que  en  el único cargo formulado en la demanda se  inmiscuyen  aspectos  que  tienen  sustento  en  diversas  causales de casación  (primera  y  tercera),  en  cuyo  caso  la  propuesta  no sólo abarca conceptos  sustancialmente  diferentes sino que, además, resultan antagónicos, por cuanto  es  bien  sabido  que  sus  fundamentos son excluyentes entre sí, motivo por el  cual   se  hacía  todavía  más  imperativo  cumplir  con  la  obligación  de  presentarlos por separado.       

En efecto, el cargo se propone con fundamento  en  la  causal  primera  de  casación  por  violación  “directa” de la ley  sustancial,  pero  en  su mayor parte se dirige a cuestionar la apreciación del  testimonio  del  aludido  testigo  Juan  Carlos  Ortiz  Romero, lo que ya de por sí abriga una contradicción  absoluta,  por  cuanto  la selección del motivo anunciado impide cuestionar los  fundamentos probatorios y fácticos del fallo impugnado.    

Más diciente se torna lo anterior cuando la  casacionista  también  refiere a la violación de las garantías del derecho de  defensa,  investigación  integral  y  motivación  del fallo, habida cuenta que  tales  incorrecciones  entrañan  vicios  que  afectan  la  actuación procesal,  también      conocidos      como     yerros     in  procedendo,   cuya  única  forma  de  enmienda es a través de la declaratoria de  invalidez  a partir del momento en que se generó la irregularidad y, en sede de  casación,  invocando  la  causal  tercera,  contrario  sensu   a   los  errores  de  juicio  o  in  iudicando  inherentes  a la causal que  eligió  para  emprender  el  ataque  y  al vicio de apreciación probatoria que  desarrolla  en  la  mayor parte de la censura, los cuales no comportan invalidez  de  la  actuación  procesal y obligan, en caso de verificarse, al proferimiento  de un fallo de reemplazo.   

Así las cosas, fácil se  advierte que  el   interior   de  la  única  censura  propuesta  por  la  demandante  existen  pretensiones  totalmente  contrapuestas  que,  en procura de su comprensión, ha  debido proponer en cargos independientes.    

Por otro lado, conviene precisar que también  se  desconoció  el  principio  de prioridad, porque no solo bastaba con que los  motivos  tendientes  a  demostrar la ilegalidad del fallo se plantearan en forma  separada  y  con  indicación de subsidiariedad en caso de ser excluyentes, sino  que,  adicionalmente,  tal  propuesta  debía  presentarse  de  acuerdo  con  la  cobertura  procesal  que  generaban.   Era  claro, en consecuencia, que los  reproches  que  la casacionista aduce en relación con la violación del derecho  del  defensa,  el principio de investigación integral y la falta de motivación  del  fallo,  tenían  carácter  prevalente  frente  a las demás temáticas que  abordó               en              el              único              reparo  propuesto.           

En todo caso, lo que importa resaltar para el  caso  objeto  de estudio es que por haber la demanda transgredido los principios  en  comento,  atentó  contra  la claridad y precisión a que refiere el numeral  3° del artículo 212 de la Ley 600 de 2000.   

A  lo  anterior  se  suma que ninguna de las  propuestas  que  se postulan dentro del reproche encuentra sustento en la causal  que  seleccionó.   En  efecto,  si  bien la demandante invoca en la única  censura     la     causal     primera     de    casación    por    “violación    directa   de   la   ley   sustancial”,  en el contenido del cargo no desarrolla una propuesta consecuente  con  tal  motivo,  pues  casi  que  en  su  totalidad se enfocó a cuestionar el  mérito  probatorio  otorgado a la declaración de Juan  Carlos   Ortiz   Romero   y,   de   otra,  a  exponer  superficialmente  eventuales vulneraciones de garantía que tampoco son afines a  dicha causal.   

Sobre lo primero oportuno se ofrece precisar  que  cuando  de  desarrollar  violación  directa  de la ley sustancial, como en  forma  reiterada lo ha manifestado esta Corporación, el actor está compelido a  respetar  los fundamentos fácticos y probatorios de la decisión impugnada para  así  concentrar  su  atención  exclusivamente  en  el  error de juicio que sin  mediación  alguna  recae  sobre  la norma sustancial, pues si pretende ventilar  discusiones  en  derredor  de  la  apreciación  de la prueba o de los supuestos  fácticos,  para  ello cuenta con la causal que por  antonomasia se prevé,  como lo es la violación indirecta de la ley sustancial.    

Pues  bien,  la  censora  con  el  objeto de  estructurar  su  pretensión  se aparta de un aspecto probatorio declarado en el  fallo,  al encaminar la propuesta, como ya se señaló, a discutir en torno a la  apreciación    del   testimonio   de   Juan   Carlos  Ortiz;  en  consecuencia  el  reproche,  tal  como  se  desarrolla,  por  manera  alguna  resultaba  viable  bajo los lineamientos de la  violación directa de la ley sustancial.   

También  se  aúna  a  lo  expuesto  que el  cuestionamiento  elaborado  en la demanda en relación con la referida probanza,  tampoco  se  amolda  a las alternativas existentes en esa materia para demostrar  la  ilegalidad  del  fallo  (errores de hecho, de derecho, por falsos juicios de  existencia,  identidad,  raciocinio,  legalidad  o  convicción),  por cuanto lo  único  que  se  evidencia  es su disparidad personal y subjetiva con el mérito  que  el  Tribunal  concedió  al  referido medio probatorio, debate que, como en  forma  pacífica  y  reiterada lo ha sostenido esta Sala, dista totalmente de la  esencia  del  recurso  extraordinario  y  tiene  arraigo  exclusivamente  en las  instancias ordinarias de la actuación.      

En consideración a lo expuesto, se concluye  que  la  demanda  objeto  de examen no se ajusta a los principios enunciados que  gobiernan  este recurso extraordinario, al proponer de manera simultánea dentro  de  un  mismo cargo aspectos que entrañan diversidad conceptual y que, incluso,  tienen  asidero  en  causales  de casación distintas. Por otro lado, ninguno de  los  aspectos  que  en  forma  atropellada  se proponen, tienen relación con la  causal  que  invoca  la  demandante  por  supuesta  violación directa de la ley  sustancial,  al  discutir  en  torno  de los fundamentos fácticos y probatorios  declarados   en  el  fallo,  discusión  que  además  emprende  desde  su  mera  perspectiva  personal,  y  al  aludir  a  errores de procedimiento, todo lo cual  repercute  en  menoscabo  de  los presupuestos contenidos en los numerales 3° y  4°       del       artículo      212      de      la      Ley      600      de  2000.           

Como el principio de limitación que regenta  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  que  por  vía  legal  encuentra  consagración  en  el artículo 216 ibídem,  impide  a la Sala subsanar las incorrecciones anotadas en las que  incurre  la  casacionista, las cuales atentan contra la fundamentación en forma  clara  y  precisa  del  cargo  que formula, se colige que el cargo no reúne los  requisitos formales exigidos legalmente.   

          Lo  anterior  constituye razón suficiente para inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por la defensora de LUZ DARY  OBANDO  TABORDA y devolver el expediente al despacho de  origen,     como     lo     indica     el     artículo     213     ejusdem.   Además, porque no se advierte que  se  haya  incurrido  en  violación  de  garantías fundamentales que reclame la  intervención oficiosa de la Sala.      

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  la  defensora  de  LUZ  DARY  OBANDO  TABORDA,  por  las  razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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