21901(13-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21901  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL    

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado  acta número 55   

Bogotá,  D.C.,  trece  de  julio  de dos mil  cinco.   

          Decide  la Corte el recurso de casación interpuesto por el defensor  de    MIGUEL    ANGEL   SALGADO   BURGOS,  en  contra de la sentencia de segunda instancia proferida el 8 de  junio  de  2003 por la Sala de decisión penal del Tribunal superior de Bogotá,  mediante  la  cual  modificó  la  condena  impuesta  al recurrente, en el punto  relacionado con la indemnización de perjuicios.   

HECHOS  

                    Así fueron narrados en las  instancias:   

          “De  conformidad con el contenido de la denuncia instaurada por un  funcionario  de  la  Unidad  de  seguridad  de  Bancafé, el señor MIGUEL  ANGEL  SALGADO  BURGOS,  consultor  administrativo   o   Subgerente   administrativo  de  la  regional  Bogotá,  en  connivencia  con el jefe del centro administrativo de personal, Ernesto Cuéllar  Berbeo  y  otras  personas, cometieron irregularidades en unos documentos, tales  como  el  giro  de  cheques  de  gerencia  y viáticos de empleados que nunca se  pagaron   a   los  beneficiarios;  el  doble  pago  de  viáticos  a  empleados,  produciéndose  el  segundo  pago  con  cheques  de  gerencia  que  nunca fueron  cobrados  por  el empleado; el giro de cheques sin soporte; el giro de un cheque  de  gerencia semanal para cancelar una cuenta de cobro de transporte no causado;  el  giro  de cheques para gastos de promoción y divulgación, que fueron usados  en  gastos  diferentes  y  sobrefacturación en la compra de elementos de aseo y  cafetería.”   

         

ACTUACION PROCESAL  

          1.  Con  base en la denuncia formulada por  Oscar  Aristizabal González, funcionario del área de seguridad de Bancafé, la  Fiscalía  278  seccional  abrió  investigación  penal el 20 de junio de 2000,  ordenando  vincular  a  Miguel Angel Salgado Burgos y Ernesto Cuéllar Berbeo al  proceso   penal   (fs.,  178  cuaderno  3).   

2. Luego de escuchar  en  diligencia  de  indagatoria  a Salgado Burgos (fs.,  228   cuaderno   3),  la  fiscalía  le  resolvió  la  situación   jurídica   el  30  de  junio  de  2000,  imponiéndole  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva por la posible comisión de los delitos  de  peculado  por extensión en concurso con el de falsedad en documento privado  (fs.,       7       cuaderno       4).   

3.  En  firme  la  decisión,   el   procesado   solicitó   que  se  realizara  la  diligencia  de  formulación  de  cargos,  la  cual  se  llevó  a cabo el 2 de octubre de 2000,  propiciando  que el Juzgado 18 penal del circuito de Bogotá lo condenara, el 18  de  octubre  de 2000, a la pena de prisión de 16 meses como autor del delito de  peculado  por  apropiación  y  falsedad  en documento privado, y al pago de una  indemnización equivalente a 2000 gramos de oro fino.   

4.  La parte civil  apeló  la  decisión,  razón por la cual, mediante la sentencia del 8 de junio  de  2003,  el  Tribunal  superior  la  modificó,  en  el sentido de condenar al  sindicado  a  pagar  una  indemnización  equivalente  a 524.5 salarios mínimos  legales.   

5.  El defensor de  SALGADO   BURGOS  interpuso  contra    esta    última    determinación   el   recurso   extraordinario   de  casación.   

DEMANDA DE CASACION  

          Dos  cargos  formula  el  demandante  contra  la  sentencia: uno por  violación   directa  de  la  ley,  y  otro  por  infracción  indirecta  de  la  misma.   

          En   el  primero  cuestiona   la   legalidad   de   la   sentencia  por  “inaplicación  de  las  consecuencias  de  la figura de la sentencia anticipada, la ruptura de la unidad  procesal,  el  principio  de  culpabilidad  y  el  régimen  de  responsabilidad  civil.”   

          El  Tribunal sostuvo  –dice    el    demandante–,    que    SALGADO   BURGOS,  junto  a  otros  empleados,  logró  apoderarse, mediante el giro  irregular  de  cheques que endosaban y cobraban terceros, de 124. 473. 105   pesos,   equivalentes   a  526.4  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  la  época.   

          Desde  ese  punto  de  vista  y  si  las consecuencias del delito se  trasladan  al  campo  del  derecho civil en lo relacionado con los daños que se  causan   con   el   delito,   el   demandante   concluye   que  éstas  solo  se  “circunscriben  a  aquellas que se desprenden de los hechos por los cuales una  persona fue juzgada por la jurisdicción penal.”   

          Desde  ese  punto  de vista, el Tribunal desconoce las consecuencias  de  la  sentencia  anticipada,  pues  la  condena  debe  versar sobre los hechos  aceptados  y  en  materia de  perjuicios  circunscribirse  a  los  hechos materia de acusación (y no a los de  otros),   como   lo  ordena  el  principio  de  congruencia,  pues  el  acta  de  formulación de cargos se equipara a la resolución de acusación.   

Aduce  que  en el proceso penal el daño fue  reparado  y  la  indemnización  tasada  de  acuerdo  a esa situación, como con  acierto  lo  señaló  el juzgado de instancia. Sin embargo, el Tribunal no tuvo  en  cuenta  que  se decretó la ruptura de la unidad procesal para establecer la  responsabilidad  de  los  partícipes,  de  modo  que  no  se podía condenar al  sindicado  a  pagar  la totalidad de una defraudación de la cual también otros  debían responder.   

En conclusión, el Tribunal dejó de aplicar  los  artículos  37  y  90  del  decreto  2700 de 1991, para en su lugar aplicar  indebidamente  los  artículos  2341  y 2344 del código civil, pues lo condenó  civilmente  por  hechos  por los cuales no fue declarado penalmente responsable,  infringiendo  incluso  el postulado del artículo 5 del decreto 100 de 1980, que  proscribe toda forma de responsabilidad objetiva.   

En        el        segundo cargo, la infracción indirecta de  la  ley,  dice  el  demandante,  tiene  origen en la “falsa apreciación de la  prueba derivada de un falso juicio de suposición”.   

En  efecto, el Tribunal afirmó que el valor  de  los  perjuicios  por  los  cuales  fue  condenado  el  sindicado  en primera  instancia  es  inferior  al que se probó en el proceso, por cuanto el sindicado  “se  puso  de  acuerdo con el jefe del CAP regional de Bancafé para autorizar  el  giro y pago irregular de numerosos cheques de gerencia soportados en cuentas  ficticias.”   

Si  la sentencia anticipada debe fundarse en  los  hechos  aceptados,  entonces  claro  que  existe prueba de ellos, mas no de  supuestos  que  afirmen  o  demuestren  que SALGADO Burgos participó en los que  involucran  a Ernesto Cuellar, otro de los copartícipes, pues estos son tema de  otro  proceso  que  se  generó  como  consecuencia  de  la ruptura de la unidad  procesal.   

Lo único que aceptó el sindicado fue lo que  la  fiscalía  le  imputó en la diligencia de formulación de cargos, de manera  que  al  modificar  la  sentencia,  el  Tribunal  tuvo  en cuenta “pruebas que  presumiblemente  estén  en  el  proceso  penal que se sigue contra Cuellar, sin  precisar  cuáles  son”, sin “indicar de qué forma se determina la cuantía  de  la  indemnización,  mas  aún  cuando  es  probable  que  aún  no  se haya  sentenciado a Ernesto Cuellar.”   

De éste modo, el Tribunal supuso la prueba y  no  apreció  la  existente,  debiendo  cuando  menos  ratificar la decisión de  instancia.   

CONCEPTO   DE   LA   PROCURADORA   TERCERA  DELEGADA   

          Para  el  Ministerio Público el recurso no ha debido tramitarse. En  efecto,  tratándose de un tema relacionado exclusivamente con la indemnización  de  perjuicios, la cuantía y causales que se rigen por la legislación civil no  lo  permitían.  Claro, porque el artículo 1 de la ley 592 de 2000, dispone que  el  recurso  extraordinario  de  casación  procede  “cuando  el  valor  de la  resolución  desfavorable  al  recurrente  sea o exceda de 425 salarios mínimos  legales  mensuales,”  monto  que  no se ajusta al de la resolución adversa al  recurrente.   

          Al  respecto  véase  que  el  recurrente  fue condenado, en segunda  instancia,   a   pagar   una  suma  igual  a  526.4  salarios  mínimos  legales  ($   174.764.800.00),  que  sería  superior  a  la  que se exige para concurrir a esta sede. Sin embargo, a  ese  monto  debe  restarse el monto reconocido en primera instancia ($  62.632.180.00), de modo que el “valor  de  la  resolución  desfavorable”,  que es el que debe tenerse en cuenta para  acceder  al recurso, no es superior a 425.4 salarios, tal y como lo ha entendido  la  Corte,  entre otras en la providencia del 12 de agosto de 2003, con Ponencia  del magistrado Alvaro Pérez Pinzón.   

          No  obstante,  la  procuraduría advierte que, en caso de asumir que  el  demandante  tiene  derecho  a  recurrir  en  casación, los cargos no están  llamados a prosperar.   

          Con  respecto  al  primer  cargo,  no está en duda que el pliego de  cargos  vincula  al juez. Por lo mismo, el acusado fue condenado por los delitos  de  peculado por extensión en la modalidad de apropiación en concurso sucesivo  y  homogéneo,  y  heterogéneo  con  el  de  falsedad en documento privado, los  cuales efectivamente se le imputaron.   

          El  hecho  de  que por la aceptación de cargos se hubiese decretado  la  ruptura  de  la  unidad  procesal, no impide que con base en el principio de  solidaridad,  el  Juez  pueda  condenar por la totalidad de los daños causados,  pues  ello  no implica desconocer los efectos de la responsabilidad que mediante  la sentencia anticipada se declara.   

          En  cuanto al segundo cargo, las conclusiones se elaboraron con base  en  las  pruebas documentales y testimoniales válida y oportunamente decretadas  en  el  proceso  antes  de  dictarse sentencia anticipada, y sobre las cuales el  Tribunal  reconstruyó  una  verdad  histórica  que le permitió deducir que el  sindicado   no   actuó   solo,   sino   en  coautoría  con  otros  personajes,  imponiéndole  por  lo  tanto  la  obligación  de  responder por los perjuicios  causados,  razón por la cual no es válido que se afirme que lo fue con pruebas  que obran en procesos diferentes.   

          La  demanda,  al  no  demostrar  los  cargos  que  se formulan, debe  desestimarse.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Interés de la parte civil.   

          Como  quiera  que la Procuradora delegada advierte que el recurrente  no  estaba  en  capacidad  de acceder al recuso de casación por la cuantía del  agravio,  la  Corte  debe  indicar el por qué le asiste la razón al Ministerio  Público.   

          En  ese orden es necesario resolver, con miras a lo que se habrá de  decidir,  tres  aspectos:  (i)  cuál  es  la  ley  que  regula  la  interposición  del recurso de casación en  materia  penal  cuando  se  discute  exclusivamente  temas  relacionados  con la  indemnización    de   perjuicios,   (ii)  cuál  es  la  ley  aplicable  teniendo  en  cuenta  la  fecha  de  ocurrencia  de  los  hechos  y  la  sucesión  de  leyes civiles, y (iii)  si  de  acuerdo a la opción que se  prefiera,  el  procesado estaba habilitado para recurrir la decisión atendiendo  la cuantía del agravio.   

          Es  preciso  recordar,  como  lo  ha  dicho  la  Corte  en  reciente  pronunciamiento,  que  en  materia  penal  la  ley  que rige la interposición y  trámite  del  recurso  de  casación  es  la  vigente para el momento cuando se  suscitan  los  hechos  que se juzgan, salvo que una norma favorable disponga una  situación             mejor.            1   

          De  acuerdo  con esa hermenéutica, si los hechos ocurrieron bajo la  vigencia  del  decreto  2700  de  1991 – como ocurre ahora -, la ley que rige el  recurso  es aquella, siempre y cuando, se reitera, se trate de materias penales,  y  las  condiciones  de  acceso  al  recurso  sean mas favorables que las nuevas  disposiciones      que      actualmente      gobiernan      la      impugnación  extraordinaria.   

         

          Ese  es  el  esquema  que  se  sigue  cuando  se  trata de problemas  penales.  Mas  cuando se discute únicamente lo referente a la indemnización de  perjuicios,  tanto  el artículo 221 del decreto 2700 de 1991, como el 208 de la  ley   600   de   2000,  disponen  que  en  ese  caso  la  demanda  deberá   fundamentarse   en   “las  causales  y  la  cuantía  establecidas  en  las normas que regulan la casación  civil,   sin   consideración   a   la   pena   señalada   para   el  delito  o  delitos.”      2   

          De  modo  que,  como  el  recurso  de  casación,  cuando  se  trata  exclusivamente  de  asuntos  civiles,  no  se  halla expresamente regulado en el  procedimiento  penal,  con base en los principios de remisión e integración se  debe  acudir a las normas del código de procedimiento civil que sistematizan la  materia.  De  acuerdo  con  ello,  véase  que  el  artículo 366 del código de  procedimiento  civil,  modificado  por  el  artículo  1  de la ley 592 de 2000,  dispone lo siguiente:   

                    “El recurso  de  casación  procede  contra  las  siguientes  sentencias  dictadas en segunda  instancia   por  los  Tribunales  superiores,  cuando  el  valor  actual  de  la  resolución  desfavorable  al  recurrente  sea o exceda de 425 salarios mínimos  legales mensuales vigentes, así:   

                    “Parágrafo  primero:   Estas   reglas   se   aplicarán     a   aquellos  recursos  interpuestos  a  partir  de  la  vigencia  de  la  presente  ley.”   

         

          La  Sala  de  Casación  Civil  al  interpretar  esa disposición ha  señalado al respecto lo siguiente:   

                         “Esta  Corporación,  en  aplicación  del  artículo  366 del código de procedimiento  civil,  tiene  definido  que la cuantía del interés para recurrir en casación  depende   del  valor  económico  del  agravio  inferido  por  la  sentencia  al  recurrente,  precisando  que  ese interés solo debe apreciarse para la fecha en  que  se  profirió la sentencia de segunda instancia, pues ese día es cuando se  produce  el  mentado  agravio  o lesión patrimonial, sin que por lo tanto pueda  válidamente  inferirse  su  valor  para  antes  o  después  de  la fecha de la  decisión.”  3   

Y la Sala Penal ha dicho frente a ese tema lo  que sigue:   

“De  acuerdo  con  el  artículo  366  del  código  de  procedimiento  civil,  la  cuantía  del  interés  jurídico  para  recurrir  en  casación, cuando se demanda por perjuicios, está determinada por  el  monto  económico  actual  del agravio causado al recurrente. Esto significa  que  la apreciación de la actualidad del interés para impugnar a nivel de este  recurso  extraordinario,  no  está  dada por el valor de la lesión patrimonial  que  se  fije  antes o después de la sentencia, sino en el momento mismo en que  se profirió la decisión.”   

          Como  se  comprende,  la  tesis  del  hecho  procesal relevante, que  incluso  la  Sala  defendió  hasta  fechas recientes en materia penal, no tiene  fisuras  en materia civil, pues ello obedece a que es en la decisión de segunda  instancia  en  donde  se  configura  y  se justiprecia el agravio, y a que en la  legislación  civil, tratándose de tránsito de legislaciones, las limitaciones  para  acceder  al  recurso  están  cifradas  en  el  respeto  por  los derechos  adquiridos,  es  decir,  frente a “situaciones jurídicas individuales que han  quedado  definidas  y  consolidadas  bajo  el  imperio  de una ley y que, en tal  virtud  pertenecen  al  patrimonio de una persona.” 4  En  lo  demás, el legislador  tiene  libertad  de  configuración.  En  conclusión:  si  en  materia penal la  libertad  de  configuración  está  limitada  por los principios de legalidad y  favorabilidad,  en  civil  lo  es  por  la  teoría  de los derechos adquiridos.   

          Sirve  lo  anterior  para decir que aun cuando los hechos penalmente  relevantes  se  ejecutaron  antes  de  haberse  expedido la ley 592 de 2000, que  elevó  a 425 salarios la cuantía mínima para recurrir en casación en materia  civil,  derogando  la  manera como se estimaba la cuantía en el decreto 2289 de  1989 5   

,  no se puede acudir a este último sistema,  en  teoría  mas  favorable,  para  estimar  la  cuantía que permite acceder al  recurso,  sino  al  vigente  para  cuando  se  profirió la sentencia de segunda  instancia que es en la cual se causa el agravio que se denuncia.   

          Lo  anteriormente  dicho demuestra la autonomía de esos institutos,  como  ha  sido  reconocido  de  vieja  data  por la Sala, pese a que los asuntos  civiles  de  los  cuales  se  ocupa  el proceso penal se definen a la par con la  responsabilidad   del  sindicado.  No  por  otra  razón,  por  ejemplo,  se  ha  considerado  que  tratándose  de  asuntos relacionados con la indemnización de  perjuicios,  la  casación  discrecional  es  improcedente, lo cual demuestra la  independencia  de las acciones civil y penal, los conflictos que de ellas surgen  y   la   forma   de   decidirlos  y  recurrirlos.  6   

          Vistas  así las cosas la conclusión se ofrece clara: el demandante  carece  de  interés  y  por  tanto  de  legitimidad para acceder al recurso. En  efecto,  el  sindicado  fue condenado a cancelar la suma de 2000 gramos oro, que  corresponden,  para  la  fecha  en  la  cual  se  dictó la sentencia de primera  instancia,  con  la  cual estuvo conforme, a 62.632.180 pesos.  Teniendo en  cuenta  lo anterior y si por virtud del recurso de apelación interpuesto por el  apoderado  de la parte civil, ese valor lo estimó el Tribunal en 526.4 salarios  mínimos   legales,   equivalentes   a   174.764.800         pesos        7  ,  ello  quiere  decir que el  agravio  inferido  es de 112.132.620 pesos, o lo que es igual, a 337.76 salarios  mínimos.  Por  lo  tanto,  como  la  cuantía  mínima  para recurrir es de 425  salarios  mínimos legales, el recurrente carece de interés para acudir en sede  de  casación.  8   

          A  tono  con  esa conclusión y teniendo en cuenta que es el momento  cuando  se  interpone  el  recurso  y  se decide sobre su concesión que se debe  analizar  esa  exigencia  que constituye un presupuesto procesal para decidir de  fondo,  podría  pensarse que la única salida formalmente posible, ya que se le  dio  trámite  al recurso, es la de decretar la nulidad del proceso a partir del  auto admisorio del recurso de casación.   

          Mas  ocurre  que, cuando el vicio no es detectado, lo que procede no  es  la  declaratoria  de  nulidad,  pues  que ese es un remedio extremo, sino la  desestimación  de  la  demanda,  que  es la manera como debe corregirse el acto  irregular   (numeral   5   del   artículo   310  del  C.P.P.)       9,  tal y como la Sala lo hará.   

DECISION  

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION  PENAL,   

RESUELVE  

         Desestimar  la demanda  de    casación    presentada    por    el   defensor   de   MIGUEL  ANGEL  SALGADO  BURGOS.   

                  Contra esta decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE    y  CUMPLASE   

MARINA  PULIDO  DE BARÓN   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ      HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO            GÓMEZ  QUINTERO       EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO         O.         PEREZ  PINZON                 JORGE         QUINTERO  MILANÉS   

YESID            RAMÍREZ  BASTIDAS                MAURO         SOLARTE  PORTILLA   

       Aclaración   de  voto   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

SALVAMENTO DE VOTO  

Procedo a consignar las razones que me   llevan  a            disentir   de  algunas  de  las  consideraciones  basilares  de  la  decisión de mayoría:   

                                            1.  Se  argumenta (pág. 10) que la Sala  de  Casación  Penal  ha optado desde el pasado 16 de febrero por descartar para  efectos  de  la  viabilidad  del  extraordinario  recurso,  la añeja figura del  hecho                 (acto)  procesal  relevante  –que tenía  arraigo  legal, artículo 6  inciso  1  del  cpp-2000:  “Nadie  podrá  ser  investigado,  ni  juzgado sino  conforme   a   la   ley   procesal   vigente   al   tiempo  de  la  actuación   procesal”,   y  respaldo  expreso   del   tribunal   constitucional10,   como  también   era   criterio   del   tribunal  constitucional  español11,  cambiándola  por  la  de  hecho  punible      al      amparo      de      criterios     de     favorabilidad.   

                                            2.        Esta        garantía integra la médula del derecho  fundamental     al    debido    proceso,    previsto    expresamente   por   el   artículo   29   superior   para   “toda  clase  de actuaciones judiciales y  administrativas”,   disposición  que  ha  llevado  al  interés  de  elaborar  estatutos      procesales     únicos  que  recojan  por lo menos un catálogo  axiológico general.   

                3.  Si  eso  es así, no aparece lógico  que  figuras  descartadas en materia de procedimiento penal, resulten jurídicas  en  asuntos  civiles,  mucho  menos  cuando esos asuntos civiles se resuelven en  sede de jurisdicción penal:   

Sirve  lo anterior  para decir que aun  cuando  los  hechos penalmente relevantes  se ejecutaron antes  de haberse expedido la ley 592 de 2000,  que  elevó a 425 salarios  la   cuantía  mínima  para  recurrir  en  casación   en  materia  civil,  derogando  la  manera  como  se estimaba la  cuantía en el decreto 2289 de  1989,  no  se  puede acudir a este último sistema, en teoría más favorable,  para estimar la cuantía   que   permite   acceder   al  recurso,    sino    al  vigente  para  cuando  se  profirió   la   sentencia   de  segunda  instancia  que  es en la cual se causa el agravio que se denuncia  (f. 13).   

Cordialmente,  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  auto  del  16  de  febrero de 2005, radicado 23006, M.P.  Alfredo  Gómez  Quintero.  Se  asume  que en materia penal no es la ley vigente  cuando   se   profiere   la  sentencia  de  segunda  instancia  (hecho  procesal  relevante),  sino  la  vigente  al  momento  de  los  hechos,  la  que  rige  la  interposición y trámite del recurso.   

2 Esta  disposición  reproduce  básicamente  lo que al respecto disponían el original  artículo  221 del decreto 2700 de 1991, que luego fue modificado por la ley 553  de 2000.   

3 Corte  Suprema  de Justicia, sala de casación civil, autos del 23 de noviembre de 1990  y 14 de septiembre de 1993 y 8 de marzo de 1999.   

4 Corte  Constitucional. Sentencia C 147 de 1997.   

5  Según  el decreto 2282 de 1989, la cuantía para recurrir era de 10 millones de  pesos,  que  según  el  decreto 522 de 1988, debía incrementarse en 40%,   cada dos años, a partir del 1 de enero de 1990.   

6  Cfr.,  auto del 22 de septiembre de 2004, radicación  22277, M.P. Mauro Solarte Portilla.   

7  El  valor  del  salario  mínimo  para  el  año 2003, fecha en la cual se dictó la  sentencia   de   segunda   instancia,   correspondía  a  $  331.982.010  pesos.   

8 Cfr,  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  casación civil, auto del 15 de mayo de  1991,  en  el  cual  se  indicó:  “viene  de lo dicho que, si la sentencia de  segundo  grado  revocó  la  determinación  del  a  quo, el agravio que de  dicho  pronunciamiento  deriva  la recurrente está constituido por aquello que,  reconocido  en  la sentencia del a quo, con la aquiescencia de la interesada, se  le desconoció en la del ad quem…”   

9 Cfr,  por  todas,  casación  13518,  enero 30 de 2003, M.P. Fernando Arboleda Ripoll.   

10  CORTE        CONSTITUCIONAL,       Sent.  C-601  de  2001,  Mag.  Pte., Dr.  MARCO  GERARDO  MONROY  CABRA  Repárese  con  provecho,  Aclaración  de voto a  Cas.   No.   23.597   de  2005.   

11  TRIBUNAL       CONSTITUCIONAL,      Auto   933   de   18  de  diciembre  de  1985.     

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