22915(27-10-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22915  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 94.  

          Bogotá   D.C.,   octubre   veintisiete   (27)  de  dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por   la   defensora   del   procesado   JOSÉ   DANIEL  RUÍZ  CASTRO,  contra  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de Bucaramanga, de fecha mayo 31  de  2004,  por  cuyo medio confirmó la dictada por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Barrancabermeja  el  17  de  febrero  de 2003, mediante la cual lo  condenó  como  autor responsable del delito de homicidio agravado en la persona  de   ANTONIO   JOSÉ  CASTAÑO  HERRERA  en concurso con el de rebelión.   

  ANTECEDENTES     

Los  hechos tuvieron ocurrencia en la ciudad  de  Barrancabermeja  el  día 4 de agosto de 2000, hacia las 6:30 de la mañana,  cuando   Antonio  José  Castaño  Herrera  salió  de  su  residencia  ubicada en la calle 34 con carrera 50,  lote  51, con destino a una tienda cercana con la intención de comprar víveres  para  el  desayuno  de  sus hijas, momento en el cual fue sorprendido por varios  sujetos    que    descendieron   de   un   vehículo   de   servicio   público,  marca   Daewo,  quienes  le  propinaron  varios  disparos de arma de fuego que le produjeron su deceso.   Se  sindica  de  haber sido uno de los autores de dicha agresión a JOSÉ    DANIEL   RUÍZ   CASTRO,   alias  “Marlon   o   “el   flaco   Marlon”,  cuñado  del  occiso;   además,  se  le  imputa  pertenecer  a  una célula urbana de la  subversión           en          la          misma          ciudad.     

          Con  fundamento en los anteriores supuestos fácticos, se inició la  correspondiente  investigación  penal, dentro de la cual fue vinculado mediante  indagatoria   JOSÉ  DANIEL  RUÍZ  CASTRO,  a  quien  se  le  resolvió  situación  jurídica  con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como  presunto  autor  del  delito de  homicidio agravado en concurso con el de rebelión.   

         

Clausurada  la  instrucción,  se  profirió  resolución  de  acusación  en contra del sindicado el 7 de junio de 2002, como  presunto   autor   de   los   mismos   delitos   que   sustentaron   la   medida  detentiva.   

          Ejecutoriada  la  resolución de acusación, la etapa de juzgamiento  correspondió   al  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Barrancabermeja,  despacho  que profirió la sentencia de fecha febrero 17 de 2003, por cuyo medio  condenó   a   JOSÉ  DANIEL  RUIZ  CASTRO  a  la  pena  principal de 31 años de prisión y a la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso de 5 años, al  hallarlo     penalmente     responsable     de    los    delitos    objeto    de  acusación.   

Contra la anterior determinación, interpuso  recurso  de  apelación  la defensora del sindicado, sobre el cual se pronunció  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  confirmando  el  fallo  de primer grado  “con  la  ADICIÓN  consistente  en  señalar que el  procesado  JOSÉ  DANIEL RUIZ CASTRO no es merecedor de la prisión domiciliaria  como          sustitutiva          de         la         prisión”.        

          El   fallo   del   ad  quem  fue  objeto  del  recurso  de  casación por la defensa técnica del  procesado,  quien lo sustentó mediante demanda, sobre cuya admisibilidad formal  se pronuncia la Sala.   

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  legal  en  el  artículo  207 del estatuto procesal  penal,  la  defensora  de  JOSÉ  DANIEL  RUIZ  CASTRO  propone  un  cargo  contra  el  fallo  impugnado,  con  sustento  en  la  causal primera, cuerpo segundo, violación indirecta de la ley  sustancial  “por  error  de  hecho  derivado  de  la  trasgresión  ostensible  a  los  principios de la sana crítica incurriendo por  esta  vía  en  un  falso juicio de identidad. Por distorsión al darle un menor  alcance  al  testimonio  de  la  señora  LUZ  AURORA RUIZ CASTRO”.   

Tras realizar un extenso recuento de la forma  como  fueron  apreciados  algunos  medios  de  prueba,  fundamentalmente  por el  juzgador  de  primer  grado,  toda  vez  que  en  su  criterio  el  ad-quem   no  aportó  nada  al  respecto,  señala  la  censora  que “resulta necesario entrar a  demostrar  el  falso  raciocinio  que  se  produjo  en  torno  a la trasgresión  ostensible  de  los  principios  de  la  sana  crítica  de  tales  medios  como  fundamento  de  la  certeza  que  se  predica para construir la decisión que es  materia del recurso extraordinario”.   

En  esa  dirección  indica que “no  se  trata  de atacar en esta demanda el contenido estructural  de   la   prueba  tenida  en  cuenta  como  base  fundamental  de  la  sentencia  condenatoria  porque  si  ello  fuera  así  no  se  estaría  hablando de falso  raciocinio    sino    que    se    habría    acudido   al   falso   juicio   de  identidad”.   

Acto  seguido,  sostiene  que  el  ataque se  concentrará  en  el  testimonio  de  Luz  Aurora Ruiz  Castro,  al  que  los  juzgadores,  en  su  sentir, le  otorgaron total credibilidad, pero distorsionándolo.   

Sostiene específicamente que a dicha prueba  se  le dio un “menor valor probatorio” al  violarse  en su apreciación los principios de la sana crítica,  “porque  fue  analizado con desconocimiento completo  de  las  reglas  de  la  lógica,  del  sentido común y de los postulados de la  experiencia  para  crear sobre esa falacia la certeza y de esta manera llegar al  fallo condenatorio”.   

Alude,   igualmente,   que   si   bien  el  sentenciador  de primera instancia refirió a todas las circunstancias expuestas  por  la  testigo  en comento, dejó de lado su aseveración en el sentido de que  sus  hijas  tenían  dudas  en torno a los autores materiales de la muerte de su  padre  “y que se preguntaban que no serían sus tíos  que     lo    habían    matado    (sic)”.   

La  anterior  afirmación sobre las dudas de  las   menores,   agrega,   tiene  respaldo  probatorio  en  la  declaración  de  Sandra  Viviana  del  8  de  agosto   de   2000;    no   obstante   ello,  los  juzgadores  “solo  tuvieron en cuenta el testimonio de Aurora Ruiz Castro para  respaldar  la  segunda  versión  de Sandra Viviana”,  cuando  la primera fue rendida a los pocos minutos de ocurridos los hechos y por  esa  razón  está  libre  de  cualquier  apremio  o  de  amenazas, de allí que  “no  es  creíble  que  estuviera  bajo  amenaza  de  muerte,  que  le  hubiese impedido manifestar a los agentes del CTI quienes eran  los asesinos de su padre”.   

De  esta  forma,  colige  que  se  le dio un  “alcance  menor”  a  lo  declarado  por  Luz  Aurora¸  error  con  la  suficiente  trascendencia  puesto que condujo al pronunciamiento  condenatorio,  al  cual  no  ha  debido  llegarse si se hubieran considerado las  dudas  planteadas  por  la  deponente;   en  esa medida, precisa, se debió  absolver   a   su   defendido   en   aplicación   del   principio  in dubio pro reo.   

En  consecuencia,  solicita  que  se case el  fallo  impugnado  y  en  su  lugar  se  dicte  fallo  absolutorio  en  favor  de  JOSÉ      DANIEL     RUÍZ     CASTRO.      

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Aclaración previa:   

Dentro  del  término del traslado dispuesto  para  sustentar  el  recurso  extraordinario  que  ocupa  la  atención, el cual  corrió  entre  los  días  4 de agosto y 15 de septiembre del año en curso, se  presentaron  oportunamente  dos  demandas  de  casación  a nombre del procesado  JOSÉ      DANIEL     RUÍZ     CASTRO;   la  primera,  presentada  el 23 de agosto y, la segunda, el  último día de traslado, esto es, el referido 15 de septiembre.   

Los dos libelos, además, fueron presentados  por   defensores   de   confianza   de   RUÍZ  CASTRO  debidamente  facultados  para  ello,  puesto  que  al  defensor  que  aparece  representándolo  en  la primera demanda le fue otorgado  poder  por  el  sindicado  el 16 de junio anterior y a la abogada que allegó el  segundo  escrito  se  le  confirió  poder  el  mismo  día  en  que a la postre  presentó la demanda, también dentro del término legal.   

Tal situación, como es apenas obvio, apareja  el  problema  de  establecer  en  relación  con cuál de los dos escritos ha de  pronunciarse  la  Sala, en tanto que no podrá serlo respecto de los dos libelos  que      terminan      siendo      excluyentes,      en     la     medida     en  que       su introducción al proceso se explica por la  revocatoria  implícita  del  poder  con  el  que actuó el primer demandante, a  raíz   del   nuevo   otorgado   a  quien  en  tiempo  presentó  la  respectiva  demanda.   

A  efecto  de  adoptar  la  decisión que en  derecho  corresponda,  bien  está traer a colación lo que la Sala ha concluido  en   situación   que   mutatis  mutandi  se   corresponde   con   la   analizada,   a  partir  del  siguiente  razonamiento:   

“1.- Lo primero que se debe advertir es que  como  en  este  caso  se  presentaron  dos  demandas  de  casación a nombre del  procesado  JAVIER ANDRES HERNANDEZ PEREIRA, dentro del término legal consagrado  para  ello, la Sala abordará el estudio del libelo presentado por el abogado de  la  Defensoría  Pública, ya referido en el acápite respectivo, en atención a  que  el  procesado  le  otorgó  poder  a  dicho profesional cuando corrían los  términos  para la presentación del escrito que sustentaba el recurso. En estas  condiciones  se  entiende desplazado el defensor que venía actuando, conforme a  lo  normado  en  el  artículo  142 del Código de Procedimiento Penal anterior,  artículo  132 del actual estatuto procesal penal, y por ello ninguna referencia  se    hará   respecto   del   escrito   presentado   por   éste”1.   

Siguiendo   los   anteriores  parámetros,  entonces,  la  Sala  se ocupará exclusivamente de la segunda demanda presentada  en  tiempo,  bajo  la  comprensión  de  que  el último mandato otorgado por el  procesado      RUÍZ      CASTRO      desplaza   el   anterior.   Como  corolario  de  ello,  ningún  comentario  se  efectuará  con  respecto  al  primer  libelo.      

              

          Único  cargo  contenido  en  la demanda, causal primera, violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  originado en un falso  raciocinio:   

          Sea  lo  primero  subrayar  respecto  de  este  reproche,  que no se  evidencia  claridad  en  relación  con  la  modalidad  de  error  que  pretende  demostrar la casacionista.   

En efecto, fácil se advierte que no obstante  que  en el enunciado de la censura la actora señala que el yerro que endilga al  fallo  es  un  error  de  hecho  por falso raciocinio, dentro del mismo consigna  manifestaciones  contrarias  con  esa intención, al señalar en algunos pasajes  que  su  propósito  no  es  desarrollar  ese  error,  sino  un  falso juicio de  identidad.   

La  incertidumbre  llega a un punto todavía  más  alto,  lo  cual  permite  colegir  que  el desacierto no es exclusivamente  nominal,  cuando  la  censora alude simultáneamente que la prueba sobre la cual  focaliza  su  cuestionamiento,  esto es, la versión rendida por la cónyuge del  occiso,    Luz    Aurora   Ruiz   Castro,  fue apreciada en desatención de las reglas de la sana crítica y  a la par que su contenido fue distorsionado.   

Lo  anterior permite vislumbrar sin asomo de  duda  la  gran  confusión que tiene la casacionista en torno a la naturaleza de  estos  dos errores y los distintos desarrollos que se deben seguir en orden a su  demostración.       

Así,  cuando  de  demostrar  errores  en la  apreciación  probatoria  por  desatención de las reglas de la sana crítica se  trate   (falso   raciocinio)   el  demandante  está  compelido,  ante  todo,  a  identificar  la  prueba  sobre  la  cual  recae el yerro; luego, a establecer el  mérito  que se le otorgó al medio de convicción en la sentencia, a la vez que  debe  señalar  cuál es el postulado de la sana crítica que en su criterio fue  vulnerado,  esto  es,  el  principio  lógico, la máxima de la experiencia o la  regla científica quebrantada.   

Acto seguido, debe vincular esa apreciación  con  la  regla  aludida  demostrando  en dónde radica el desvío y, finalmente,  está  en  la obligación de precisar la trascendencia del error frente a la ley  sustancial,  lo  cual le impone exponer los argumentos que lo conducen a estimar  que  la  sentencia  impugnada  se  debe  modificar  en  favor  del  interés que  representa,      como      consecuencia      necesaria     del     error     que  alega.           

          Ahora,  si el propósito que se pretende es el de demostrar un error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, es necesario, igual que en el yerro  anterior,  pues  al  fin  y al cabo también es un desacierto que recae sobre la  prueba,  individualizar  el medio de convicción sobre el cual se concreta, para  luego  de  ello  establecer  de  qué  manera  se  tergiversó o distorsionó su  contenido   material,  y  es  precisamente  ahí  en  donde  radica  su  diversa  naturaleza  con  el falso raciocinio, pues en cumplimiento de dicho cometido, el  censor  está  obligado  a  mostrar  las  agregaciones  o  supresiones que se le  hicieron  por  parte del juzgador, porque a este respecto no puede olvidarse que  este  es  un  error  que atañe a la contemplación objetiva de la prueba.    

Claro  está que para su demostración, como  sucede  con  el  error precedente, no es suficiente con esa sola labor, toda vez  que   también  se  debe  precisar  su  trascendencia  frente  a  lo  contenidos  declarados  en  el  fallo, hasta el punto que tenga la entidad de modificarlo en  pro  del  interés  por  el  cual  se  aboga.   Asunto  que  necesariamente  involucra           la           violación          de          la          ley  sustancial.             

Como  se  puede  apreciar, entonces, existen  diametrales  diferencias  entre estos errores, pues mientras que el primero hace  relación  al  crédito que se le otorga al medio de prueba, al proceso racional  y  subjetivo de valoración del funcionario (falso raciocinio), por no partir de  los  parámetros  que  enseña  la ciencia, las máximas de la experiencia o los  principios  de la lógica, el segundo yerro es de carácter objetivo y tiene que  ver    con    lo   que   el   medio   expresa   fielmente   (falso   juicio   de  identidad).       

          En  consecuencia,  aunque  si bien la libelista pareciera comprender  que  son  diferentes,  no supo tratarlos de ese modo, pues se refiere a ellos de  manera indistinta y confusa.   

    

          Al  margen  de  la incorrección anterior, el caso es que ninguno de  los  anteriores  yerros  fue desarrollado debidamente por la casacionista, de lo  cual   se   infiere   que  la  demanda  no  satisface  los  requisitos  formales  establecidos en el artículo 212 del estatuto procesal penal.   

          Por  una  parte,  porque  si  bien  la demandante concreta la prueba  sobre  la cual recae su cuestionamiento, al hacer alusión, se insiste, a que el  vicio   se   configuró   en   relación   con  el  testimonio  de  Luz   Aurora   Ruiz   Castro,  cónyuge  del occiso y madre de la menor  Sandra  Viviana, esta última  testigo   presencial   de   los  hechos,  no  se  detiene  en  ningún  momento  de su disertación a precisar  cuál  es  la regla de la sana crítica que en su criterio se vulneró, para que  se  entienda estructurado el enunciado error de hecho por falso raciocinio, pues  refiere  en  forma generalizada que se violaron leyes de la lógica, del sentido  común y de la experiencia que no repara en precisar.   

          Algo  similar ocurre con la supuesta tergiversación del dicho de la  mencionada  testigo,  que tampoco acierta a precisar, máxime lo anterior cuando  lo  que  con facilidad logra advertirse es que la casacionista, en vez de asumir  la  cesura bajo uno cualquiera de las aristas señaladas, se dedica a exponer su  criterio   personal  acerca  de  la  valoración  de  la  prueba  referida,  sin  percatarse  que  todo  ese ejercicio se erige distante del objetivo que persigue  el  recurso extraordinario de casación, por no constituir una tercera instancia  dispuesta para encauzar ese tipo de discusión.   

Así  mismo,  es  apenas  obvio  que como la  casacionista  no  acierta  en  la selección de la regla de la sana crítica que  supuestamente  se desconoció por el fallador en la apreciación del testimonio,  ni  concreta  la  supuesta tergiversación de la prueba, no desarrolla en debida  forma  los  pasos  posteriores  indispensables a que se ha hecho referencia para  estructurar cualquiera de los dos errores a que hizo alusión.   

   

Las  falencias  indicadas impiden establecer  con  la  claridad  y precisión exigidas en el numeral 3° del artículo 212 del  estatuto  procesal  penal los motivos en los que se funda la prédica instaurada  al  amparo  de  la causal primera por violación indirecta de la ley sustancial,  razón  por  la  cual  se  impone  su inadmisión, conclusión a la que se llega  luego  de la confrontación de la demanda con el fallo de segundo grado y con el  proceso,       como      se      ha      venido      haciendo      por      esta  Sala.               

Así las cosas, es evidente que la decisión  que  corresponde  adoptar  es  la  de  inadmitir  la  demanda  presentada por el  defensor   del  procesado  RAMÍREZ  PRADA  y  devolver  el  expediente  al  despacho  de  origen, tal como lo  señala    el   artículo   213   ejusdem.  Además,  porque  no  se  advierte  que  dentro del presente trámite y en la sentencia se  haya  incurrido  en  violación  de  garantías fundamentales.      

         

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor  de  JOSÉ  DANIEL CRUZ  CASTRO,  por  las  razones  consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                          ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Radicación  15246,  auto  de  fecha  noviembre 26 de  2000;   M.P.  Dr.  Carlos Eduardo Mejía Escobar.     

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