22823(20-10-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22823  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado  Acta No. 90  

Bogotá  D.C., octubre veinte (20) de dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS:  

Decide  la Sala lo que en derecho corresponda  acerca  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  SALOMÓN  PARRA  MURILLO   contra  la  sentencia proferida el 19 de mayo de  2004  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Quibdó, que lo condenó  como    autor    responsable    de    la   conducta   de   abuso   de   función  pública.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  José  Abigail  Murillo  Arboleda  contactó al agente de tránsito Magno Emilio Martínez Mayo,  con  el  fin  de  obtener  ayuda  para  transformar en estaca el vehículo de su  propiedad  marca  Nissan  de placas LWC 616 matriculado en Envigado (Antioquia),  quien  se ofreció a conseguirle el permiso con SALOMÓN PARRA MURILLO, Director  de  Tránsito del Departamento de Chocó, a cambio de $180.000.oo. El interesado  entregó  el  dinero  el  5 de noviembre de 1996 y en la tarde recibió de manos  del  agente  de  tránsito  un  permiso  expedido  por  el  citado director para  “transformar  el  vagón  del  vehículo campero de servicio particular, placa  LWC   –  616,  color  rojo  marfil, válido hasta el 5 de febrero de 1997”.   

          Un  mes  después  de  la  expedición  del  referido  permiso,  las  autoridades  del  Tránsito  Municipal  de  Quibdó  le  hicieron  ver a Murillo  Arboleda  que  no era válido porque la matrícula del vehículo era de Envigado  (A)  y  por  tanto  le  correspondía  expedirlo al Director de Tránsito de esa  localidad,  razón  por  la cual solicitó la devolución del dinero a Martínez  Mayo  y  a  PARRA  MURILLO,  y  ante  la  evasiva de éstos decidió formular la  correspondiente denuncia.   

2.  La  Fiscalía  Especializada  en  delitos  contra la Administración Pública acusó a SALOMÓN  PARRA  MURILLO  por  la  conducta  punible  de  abuso  de  función pública, en  providencia    del    24    de    mayo    de   19991.   

3.  El  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Quibdo avocó el conocimiento de la causa y el 23  de  agosto  siguiente  decretó  la  nulidad  de  todo lo actuado a partir de la  providencia  calificatoria,  pero  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  esa  ciudad revocó la decisión y dispuso que se continuara con el trámite del  juicio2.   

El   despacho  en  cuestión  celebró  la  correspondiente   diligencia   de   audiencia   pública   y   dictó  sentencia  condenatoria  de  primer grado el 2 de abril de 2004, imponiéndole al procesado  pena  de  prisión  de doce (12) meses y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas por igual término.   

4.  El  Tribunal  Superior  de Quibdó, al decidir la apelación interpuesta contra esa decisión,  la  confirmó  en  su  integridad  mediante  providencia  que  fue  recurrida en  casación  y  que la citada corporación concedió mediante auto del 23 de junio  del          año          en          curso3.   

          5. Con miras a que se case la sentencia de  segunda  instancia y en su lugar se absuelva al procesado, el recurrente formula  un  solo cargo contra la sentencia de segunda instancia por la vía del error de  hecho  derivado  de  un  falso  juicio de existencia porque el Tribunal dejó de  apreciar  y  valorar  pruebas  obrantes dentro del proceso, lo cual condujo a la  aplicación  indebida  del  artículo  232-2 del Código de Procedimiento Penal,  acerca de la certeza de responsabilidad del procesado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA:   

I. Cuestiones Previas:  

Visto quedó que en este proceso se juzgaron  hechos  ocurridos  en  noviembre  de  1996,  en  sentencia  de segunda instancia  proferida  el  19  de  mayo  de 2004 por la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Quibdó  que  le  impuso condena al  procesado  SALOMÓN  PARRA  MURILLO  por  la conducta punible de abuso de función pública  cuya  pena  máxima legislativamente determinada era de dos (2) años (artículo  162  del  Código  Penal  derogado),  situación que debe analizarse frente a la  legislación  vigente  desde el año 2000 que incrementó de 6 a más de 8 años  el  quántum  punitivo el requisito de procedibilidad para acudir a la casación  ordinaria,  en  el propósito de determinar si hay o no lugar a la admisión del  recurso interpuesto:   

1.  El precedente de la Sala:  

1.1. El Estatuto de  Procedimiento  Penal  de  1971  requería para acceder al recurso extraordinario  una  cantidad de pena igual o superior a 5 años (artículo 569), que se mantuvo  en  los  Códigos  de  1987  (artículo  218)  y   de 1991 (artículo 218),  y   se   elevó  a  6 años a través del artículo 35 de la ley 81 de  1993, época en que la Suprema decidió:   

“El  punto  fundamental  y  que es preciso  definir,  es  el  relacionado  con  el  momento en el cual surge el derecho para  impugnar una sentencia.   

“Ya  la Sala, en una de las providencias que  cita  el recurrente, había expresado su inclinación por la tesis pregonada por  el  tratadista  Jiménez  de  Asúa,  quien  brevemente  la  consigna  en  estos  términos:   

´La posibilidad de apelar o recurrir contra  una  sentencia, puesto que es consecuencia de la sentencia misma, debe regularse  según  la  ley bajo cuyo imperio fue pronunciada. Por tanto, las disposiciones  de  la  ley  vigente  en  el  tiempo  en  que fue dada la sentencia, son las que  determinan  si  cabe  contra  ella  oposición,  apelación, reforma, recurso de  casación,  etc. De  este  principio  se  deriva la consecuencia de que una ley  posterior  no puede suprimir a la parte el ejercicio de pedir y lograr remedio o  casación  de  las  sentencias, cuando este derecho estaba reconocido por la ley  vigente  en  el  tiempo  en que el fallo fue dictado´(Tratado de Derecho Penal,  Ed. Losada S.A., 1964, Tomo II, Pág. 671).   

“Para la Sala, ésta es la tesis que debe ser  acogida,  porque  de  un  lado  afirma la aplicación inmediata de las normas de  procedimiento,  que  es  la  tendencia  mayoritaria  de  la doctrina, y de otro,  protege  los  derechos  ya  adquiridos  por los sujetos procesales, dándole una  aplicación   ultraactiva   a   la   norma   que   los   consagraba”4.   

          1.2.   Esa   línea  jurisprudencial  fue  perpetuada:   

“La  primera  decisión  que  contiene  la  providencia  impugnada  es  la  relativa  a  la  improcedencia  del  recurso  de  casación  en  la  acción  adelantada  contra la doctora (…) por el delito de  prevaricato  por  acción, en razón de que el quantum máximo de pena privativa  de  la  libertad, establecido para esa infracción, no alcanza a los seis años,  siendo  ésta  la  exigencia  impuesta  por el artículo 35 de la Ley 81 de 1993  (art. 218 del C.P.P.).   

“El   impugnante   no  disiente  de  que  actualmente  el  delito  de  prevaricato  carece  del  recurso extraordinario de  casación  por  el factor indicado; a pesar de ello, invoca la aplicación   del  principio  de  favorabilidad,  teniendo en cuenta que los hechos ocurrieron  cuando  sí  era  posible recurrir por la vía extraordinaria en infracciones de  esa índole.   

                                          (…)   

“Tal  planteamiento  sería acertado si el  tránsito  normativo versara sobre la adecuación típica de la conducta o sobre  las  modalidades  punitivas.  Pero  ello  no  resulta  válido  cuando el cambio  legislativo  no ha recaído en esos aspectos sino en uno muy específico, el que  se    concreta    a    establecer    las    exigencias    para    impugnar   una  sentencia.   

“Bajo  estas  circunstancias, el tránsito  legislativo  que  conduce  a reflexionar, en este caso, sobre la aplicación del  principio  de  favorabilidad  no  es  el relacionado con el “hecho punible”,  sino  el  que  alude  al  enfrentamiento normativo que se ha podido producir con  respecto   a   las   disposiciones   que   regulan   la  impugnación  de  “la  sentencia”.   

“Luego,  el punto de partida es establecer  cuál  era  la  legislación vigente al momento de interponer el recurso y cuál  la  introducida  para  la fecha en que se resuelve a ese respecto; puesto que si  un  procesado  o  su  defensor  interpone  en  oportunidad  un  recurso bajo las  condiciones  que en ese  momento consagra la ley y luego ésta modifica las  exigencias   para   hacerlas   más   rigurosas,   sería  desleal,  además  de  desfavorable,  denegarle  el  trámite  a  esa  impugnación.  En  cambio, si la  sentencia  se  profiere  después de que la ley ha modificado las condiciones de  procedibilidad  de  un  recurso, no es posible invocar y aplicar el principio de  favorabilidad   por  la  sencilla  razón  de  que  no  surge  una  concurrencia  legislativa con relación al acto de impugnación.   

“En  este  asunto, tanto las sentencias de  primera  como  de  segunda  instancia  se profirieron cuando ya se encontraba en  vigencia  la  Ley  81 de 1993, esto es, cuando el legislador ya había dispuesto  que  el  recurso  de  casación  procedía  contra las sentencias proferidas por  delitos  sancionados con pena privativa de la libertad cuyo máximo sea o exceda  de  seis  años. Así mismo, esa era la norma que regía en el momento en que se  interpuso  el  recurso.  Por  tanto,  frente  a  la  impugnación  de los fallos  proferidos   en  el  asunto  en  referencia  no  se  puede  predicar  un  cambio  legislativo     que     admita     la     aplicación     del    principio    de  favorabilidad.   

“Así   lo   ha  entendido  la  Sala  en  pronunciamientos  como los contenidos en autos proferidos el 19 de enero y el 17  de  marzo  de  1994,  que  contemplan  la  posibilidad  de admitir el recurso de  casación  frente  a  sentencias por delitos cuya pena máxima sólo llega hasta  los  cinco  años,  después  de  haber  entrado  a  regir  la Ley 81 de 1993, a  condición   de   que  haya  sido  interpuesto  antes  de  la  vigencia  de  esa  normatividad  y  cuando  el  recurrente  es  el  procesado,  en  aplicación del  principio de favorabilidad.   

“De lo anterior fuerza concluir que en este  específico  caso  no  hay  lugar  a aplicar el principio de favorabilidad y por  tanto,  no  es  procedente el recurso extraordinario de casación, por lo que la  decisión   que   se   ataca   es   acertada  y  que  el  recurso  de  hecho  no  prospera”5.   

          1.3.   Adelante   y   siempre  de  manera  pacífica, se reafirmó así:   

“3.-  En conclusión, el artículo 218 del  Decreto  2700  de 1991 nunca tuvo vida jurídica dentro de este proceso, pues el  supuesto  de hecho que el mismo exigía no existió durante su vigencia. De una  norma  de  procedimiento  que  establece  los  requisitos  de  procedencia de un  recurso,  el  supuesto  de hecho es la existencia del acto procesal sobre el que  puede  ejercerse  la  impugnación,  de  donde  resulta que las partes no pueden  reclamar  derecho alguno que se derive de una norma cuyo juicio de pertinencia y  validez  resulta  negativo dentro del proceso concreto en que la pretenden hacer  valer6.   

1.4.  Ese criterio  trascendió   en   el   tiempo  a  la  sentencia  C-252  de  2001  de  la  Corte  Constitucional  que  definió  la  constitucionalidad  de  la  Ley  553  de 2000  modificatoria del régimen de casación:    

“la  normatividad aplicable a la casación  es  la vigente para el momento en que, por razón del proferimiento del fallo de  segunda  instancia,    se ejercita el derecho de impugnación, el cual  se  vincula  inescindiblemente  a  la  naturaleza rogada del instrumento, y, por  ende,  a  la  facultad  dispositiva  atribuida  a  las  partes  de  perseguir el  desquiciamiento  del  fallo  de  segunda  instancia  con  ocasión  del  agravio  inferido,  pero  siempre  dentro  de  un marco de oportunidad… el objeto de la  impugnación  extraordinaria  no  es  otro  distinto que la sentencia de segunda  instancia,  calificada  por  la  parte como lesiva del ordenamiento jurídico y,  consecuentemente,  de  sus  intereses  particulares, siendo, por tanto, el fallo  proferido  por el ad quem, ´el hecho´ que da origen a la decisión del juez de  casación,   en  orden  a  que  se  restaure  la  vigencia del ordenamiento  jurídico,  y  se  corrija  el  agravio  inferido  a  la parte que a dicho   mecanismo   acude”   7   

.  

          2.             Permanencia del precedente de la Sala:   

2.1. En el numeral 7  de  la  recién  citada  sentencia  C-252  de 2001, expresamente se excluyó del  ordenamiento  jurídico  el artículo 18 transitorio de la Ley 553 de 2000, pero  sin  el  significado  de  “ratio  decidendi”  respecto  del  alcance  de  la  modificación   del   quantum  punitivo  que  esa  legislación  introdujo  como  requisito   de   procedibilidad  para  el  extraordinario  recurso   y,  en  consecuencia,  no  significa  doctrina  constitucional  obligatoria  que imponga  desvío del precedente de la Sala. En efecto:   

2.2.  La  norma en  referencia era de este tenor:   

“Esta ley sólo se aplicará a los procesos  en  que  se interponga la casación a partir de su vigencia, salvo lo relativo a  la  respuesta  inmediata  y  al  desistimiento, que se aplicarán también   para  los procesos que actualmente se encuentran en curso en la Sala Penal de la  Corte Suprema de Justicia”   

2.3.    El  contexto   de   la   sentencia   de   cara  al  precepto  en  mención,  fue  el  siguiente:   

     

1. El cargo de la demanda se identificó así:     

“El demandante considera que el artículo  18    transitorio    (…)   es   lesivo   del   principio   constitucional   de  favorabilidad.   En  su  criterio,  esta  ley  se  debería  aplicar  a los  procesos  penales  que  se inicien  por hechos posteriores  al momento  de   su   entrada   en   vigor,  y  no  a  aquéllos  en  los  que  se  interponga la casación a partir de su  vigencia,  puesto  que  en  ella  se consagran condiciones más gravosas que las  impuestas  por  el  anterior  ordenamiento,  que  no se pueden aplicar de manera  retroactiva    en    los    procesos    iniciados    con   anterioridad   a   su  promulgación”.   

2.3.2.  El  actor  había  fundado el ataque por violación al derecho fundamental de favorabilidad  debido  a  la  aplicación  inmediata   de la Ley 553 de 2000 (artículo 18  transitorio),  exclusivamente  en  lo  referente a que el objeto de la casación  serían las sentencias ejecutoriadas y por tanto   

“Dicho  principio  ha  sido violado por la  norma  acusada,  pues  si  ésta  se  aplica a quienes estaban siendo procesados  antes  de  su vigencia, tales personas dejan de ser simplemente sindicados sobre  los  que pesa la presunción de inocencia y se convierten en condenados, sin que  puedan esperar un fallo favorable en la decisión de casación”   

2.3.3   La  respuesta de la Corte Constitucional se dio en estos términos:   

“Considera la Corte que le asiste razón al  demandante,  pues  la  norma  acusada infringe el principio de favorabilidad, al  aumentar  el  quantum de la pena de los delitos por los que procede la casación  que hoy es de ocho (8) años…”.   

2.3.4.   Así  las  cosas,  resulta  claro  que  la  Corte Constitucional entendió el cargo de  manera  bastante  diversa  pues las supuestas consecuencias desfavorables no las  ligó   –como  alegó  el  demandante— a la firmeza de  la  sentencia  sino  al  incremento  del  quantum  punitivo  para  acceder  a la  casación  ordinaria,  inventándose  la  razón  de la demanda para incurrir en  manifiesta  infracción  de  las  reglas  del  control constitucional porque con  prescindencia   de   la   naturaleza   pública   y  rogada  de  la  acción  de  inconstitucionalidad,   terminó   asumiendo   una   competencia   oficiosa  que  únicamente  le  está atribuida en materia de decretos dictados bajo estados de  excepción  (artículos  212,  213  y 215 de la Constitución), proyectos de ley  estatutaria,  convocatorias  a  referendo o a Asamblea Constituyente, referendos  sobre  leyes,  consultas  populares  y  plebiscitos  del  orden nacional y leyes  aprobatorias de tratados internacionales:   

“11-  La  Corte no puede dejar de observar  que  en  la  presente  oportunidad  al  menos cinco de las acusaciones del actor  debieron  ser  desechadas  por  ineptitud de la demanda. La inhibición en estos  eventos  no es un capricho formalista de esta Corporación sino que deriva de la  naturaleza   de  la  acción  de  inconstitucionalidad  y  de  las  competencias  limitadas   de   esta   Corte.   Y   es   que  esta  Corporación  ha  señalado  insistentemente  que,  salvo las hipótesis de control automático, a ella no le  corresponde  examinar  oficiosamente  las  leyes  sino  únicamente estudiar las  demandas  presentadas  por  los  ciudadanos  (CP art. 241). Y para que realmente  exista  una  demanda,  es necesario que el actor formule un cargo susceptible de  activar  un  proceso  constitucional, pues no le corresponde a esta Corporación  imaginar  cargos inexistentes ya que ello equivaldría a una revisión oficiosa.  Además,  es  claro que este cargo debe estar suficientemente estructurado desde  la  presentación  misma  de la demanda, pues de no ser así, la demanda deberá  ser   inadmitida,   y  en  caso  de  ser  admitida,  la  sentencia  deberá  ser  inhibitoria,  pues  la  Corte  no  puede corregir, sin afectar el debido proceso  constitucional,  el  defecto  de ausencia de cargo”8.   

2.3.5.   Esa  errada   identificación   del  problema  jurídico  llevó  a  una  asociación  equivocada  que  termina  por ser su fundamento argumental, expresado así en la  conclusión:   

“En  consecuencia, se vulnera el principio  de  favorabilidad, cuando la norma demandada aumenta a ocho (8) años la pena de  los  delitos  en  los  que  procede  la  casación  penal  y dispone que ella se  aplicará  a  los  procesos en los que se interponga la casación a partir de la  vigencia  de  la  nueva  ley, pues ella tan sólo puede aplicarse a los procesos  por  los  delitos  que  se hubieran cometido con posterioridad a la fecha en que  entró  a  regir,  esto  es,  el  13  de  enero de 2000” (fundamento jurídico  6).   

2.3.6.  Además,  invoca   mal  el  bloque  de  constitucionalidad  puesto  que  los  Instrumentos  Internacionales  que  lo  componen  hacen  referencia  es  a la imposibilidad de  imponer  “pena  más  grave que la aplicable en el momento de la comisión del  delito”:   

“El Pacto de Derechos Humanos, aprobado por  la ley 74 de 1968, reproduce este principio así:   

“Artículo  15-1 Nadie será condenado por  actos  u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos según el  derecho  nacional  o  internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la  aplicable  en  el momento de la comisión del  delito. Si con posterioridad  a  la  comisión del delito la ley dispone la imposición de una pena más leve,  el delincuente se beneficiará de ello.”   

“La  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,   aprobada   por   la  ley  16/72,  lo  consagra  en  el  artículo  9,  así:   

“Principio    de    legalidad   y   de  retroactividad.  Nadie  puede  ser  condenado por acciones u omisiones que en el  momento  de   cometerse  no fueran delictivas, según el derecho aplicable.  Tampoco  puede imponerse pena más grave que la aplicable en  el momento de  la  comisión  del  delito.  Si con posterioridad  a la  comisión del  delito  la  ley  dispone la imposición de una pena más leve, el delincuente se  beneficiará de ello.”   

2.3.7.  Cita  el  artículo 40 (pero no el artículo 43) de la ley 153 de 1887:   

“Las    leyes   concernientes   a   la  sustanciación   y    ritualidad   de  los  juicios  prevalecen  sobre  las  anteriores  desde  el  momento  en que deban empezar a regir. Pero los términos  que  hubieren  empezado  a  correr,  y  las  actuaciones  y  diligencias  que ya  estuviesen  iniciadas,  se  regirán  por  la  ley  vigente al tiempo de su  iniciación”,   

que  distorsiona  al  utilizar  el  criterio  antiguo  de la división de esas normas en simplemente procesales y de contenido  sustancial,   y   decir   que   el  texto  atacado  “aparentemente”  podría  clasificarse  en  la  primera  categoría  porque  “la norma procesal penal de  efectos   desfavorables  es  sustancial”  y  “se  vulnera  el  principio  de  favorabilidad,  cuando  la  norma  demandada aumenta a ocho (8) años la pena de  los  delitos  en  los  que  procede  la casación penal…”, argumentos que se  manipulan  para  llegar  a  una conclusión falaz porque, en primer término, el  principio   aludido   no  dice  eso  y  la  doctrina9   y  la  jurisprudencia  más  entendidas  enseñan  que  las  normas procedimentales “propiamente dichas”,  que  determinan  lo  concerniente  a la sustanciación y ritualidad del proceso,  son  las  que se refieren a las  pruebas, las que regulan los recursos, las  notificaciones,   el   trámite   de   los   diversos   procesos,   y   son   de  aplicación     inmediata    regulando    actos    futuros10:   

“…se    tienen   como   instrumentales,  aquellas disposiciones de  derecho  procesal  relativas  a  las formas y al método de comprobación de los  elementos  que integran el delito y sus consecuencias, así como a las clases de  pronunciamientos  judiciales,  la manera de darlos a conocer, y los recursos que  proceden,    entre   otros   aspectos  (cfr.  Cas.   mayo  14/97  Rad.  12995).”11   

Y, en segundo lugar, no es cierto que   esa  norma  aumentara  la  pena  de  los  delitos  en  los  que  era viable este  recurso.   

2.3.8.  De  otro  extremo,  a  pesar de que para entonces ya había sido aprobado el nuevo Código  de  P.  Penal  (24  julio/00)  y  por  tanto  su artículo 205, no hizo la Corte  Constitucional  unidad normativa con él respecto al requisito de procedibilidad  dicho,  en  claro  desprecio  por  las  reglas  elementales  del  debido proceso  constitucional,  circunstancia  sui géneris que conduce a afirmar que declarado  inexequible  el  artículo  18  transitorio  de  la ley 553 de 2000, el régimen  temporal  del  recurso extraordinario no lo pueden suplir las consideraciones de  la  Sent.  C-252  de  2001 y entonces hay que buscar las normas correspondientes  que son:   

Artículo   43   de   la   Ley   153   de  1887:   

“La  ley  preexistente  prefiere a la ley  expost-facto  en  materia  penal. Nadie podrá ser juzgado o penado sino por ley  que  haya  sido  promulgada  antes  del hecho que da lugar al juicio. Esta regla  solo  se  refiere  a  las  leyes  que  definen  y  castigan  los  delitos,  pero  no a aquellas que establecen  los  Tribunales  y  determinan  el  procedimiento,  las cuales se aplicarán con  arreglo        al        artículo        40”12. Y,   

Artículo 205 Código de Procedimiento Penal  de 2000 (Ley 600):   

“Procedencia de la casación. La casación  procede  contra las sentencias ejecutoriadas proferidas en segunda instancia por  los  tribunales  superiores de distrito judicial y el Tribunal Penal Militar, en  los  procesos  que  se  hubieren adelantado por los delitos que tengan señalada  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo exceda de ocho años aun cuando la  sanción impuesta haya sido una medida de seguridad…”.   

2.3.9 . El Tribunal  Constitucional,  que ha precisado el término “doctrina constitucional” y ha  avalado  la  teoría  del  “precedente  judicial”13   

,   después de proferir la Sent.  C-252 de 2001, decidió:   

“Dado  que  el  proceso es una situación  jurídica  en  curso,  las  leyes  sobre ritualidad de los procedimientos son de  aplicación  general inmediata. Todo proceso debe ser considerado como una serie  de  actos  procesales  concatenados cuyo objetivo final es la definición de una  situación  jurídica  a  través de una sentencia. Por ello, en sí mismo no se  erige  como  una situación consolidada sino como una situación en curso.   Por  lo tanto, las nuevas disposiciones instrumentales se aplican a los procesos  en  trámite  tan pronto entran en vigencia, sin perjuicio de que aquellos actos  procesales  que  ya  se  han  cumplido  de  conformidad con la ley antigua, sean  respetados y queden en firme.   

“(…)  

“Las situaciones jurídicas extinguidas al  entrar  en  vigencia  una  nueva  ley, se rigen por la ley antigua. Cuando no se  trata  de  situaciones  jurídicas  consolidadas  bajo  la  vigencia  de  la ley  anterior,  sino  de  aquellas  que  están  en  curso en el momento de entrar en  vigencia  la  nueva  ley,  ni  de  derechos  adquiridos  en ese momento, sino de  simples  expectativas,  la nueva ley es de aplicación inmediata. La aplicación  o  efecto  general  inmediato de la ley es la proyección de sus disposiciones a  situaciones  jurídicas  que  están  en  curso  al  momento  de  su  entrada en  vigencia.  El  efecto  general  inmediato  de  la  nueva  ley  no  desconoce  la  Constitución,  pues  por  consistir  en su aplicación a situaciones jurídicas  que  aun  no  se  han  consolidado,  no  tiene el alcance de desconocer derechos  adquiridos”14.   

          2.3.10.   La   Corte   Constitucional  ha  reconocido  al  Legislador  la  libertad  de  configuración  que  en materia de  casación precisa en aspecto que la Ley 553 de 200 no ignoró:   

“…   el   examen   de   esta  última  disposición  (se  refiere  al  artículo  235-1  de  la  Carta)  admite  que el  Constituyente  al  señalar  la  función  de  la  Corte  Suprema de Justicia no  incorporó  un  concepto vacío, neutro o abierto que pudiera ser colmado por la  legislación   o   por   la   jurisprudencia  o  al  que  se   le  pudiesen  atribuir   notas,  ingredientes  o  elementos de naturaleza diferente a las  que  integran  dicho  instituto,  de  tal  manera que se alteraran completamente  sus    características,   como  por  ejemplo  convirtiéndose  en  recurso  ordinario   u  otra  instancia, o que pudiese ser adelantado de oficio; por  el  contrario,  en  juicio de la Corte Constitucional, si  el Constituyente  incorpora  dicha  noción,  debe  interpretarse que quiere que el legislador con  sus  regulaciones  no  altere  de  modo  sustancial  las  nociones  esenciales y  básicas    que   integran   dicho   instituto,   como   las   que   acaban   de  reseñarse”15.   

En   cambio,   ese   alto   tribunal  sí  desnaturaliza  en  esa  sentencia  la  esencia  del  recurso  al  convertirlo en  ordinario  cuando   encuentra  que el demandado artículo 18 transitorio de  la ley 553 de 200 no es norma meramente procesal porque   

“de su contenido se deduce una situación  desfavorable  para  los  procesados  que interpongan la casación, ya que ordena  que  se  aplique a las casaciones que se interpongan a partir de su vigencia sin  tener    en    cuenta    el   momento   en   que   el   hecho   delictivo   tuvo  ocurrencia”   

cuando  había afirmado de manera contundente  que   

“En el proceso de casación no se vuelve a  juzgar  al  procesado  cuya  situación  jurídica  ya fue definida mediante una  sentencia  sino  la  legalidad  del fallo, es decir, si la decisión fue dictada  con   la  estricta  observancia  del  ordenamiento  legal  y  constitucional”.   

2.3.11. El debido  proceso  público en Colombia sólo consta de dos instancias (artículos 29 y 31  superiores).  Excepcionalmente  hay  procesos de única instancia y otros en los  que   es   posible   la   interposición  del  recurso  “extraordinario”  de  casación16  y ha permitido la concepción de la figura jurídica del “debido  proceso  casacional”  integrado  con  las  especies o tonalidades de casación  ordinaria  y  excepcional  con  punto de inicio  en la sentencia de segundo  grado,  providencia  ésta  reputada como el “hecho procesal relevante” para  que  surja  a  la  vida jurídica en concreto y deje de ser mera expectativa, el  derecho a la casación.   

II. Del caso concreto.  

1. Si la casación  juzga  la  sentencia  y  ésta se dictó en vigencia de la Ley 600 de 2000, debe  aplicarse  como requisito de procedibilidad el quántum punitivo de la norma que  en  rigor correspondía frente al hecho hito para el efecto, que es la sentencia  de  segundo grado, pues no hay decisión que excluya o condicione desde el punto  de  vista  constitucional  y  menos  desde la racionalidad o razonabilidad de la  providencia    –fuente  principal      de      legitimación      del     Poder     Judicial—   la  vigencia  o interpretación  del  artículo  205  del Código de Procedimiento Penal, y no ha habido mientras  tanto  tránsito  de  legislación que señale como cierta la socorrida alusión  de  infracción  al  principio  de  favorabilidad,  cuando  además  ese quantum  punitivo no impedía el acceso a la casación excepcional.   

2.  En  el evento  subexámine  como el fallo de  segunda  instancia  fue proferido el 19 de mayo de 2004, el trámite atinente al  recurso  extraordinario se regula por el referido artículo 205 de la Ley 600 de  2000,  sin  que  se presente el requisito de procedibilidad aludido toda vez que  al  procesado  SALOMÓN  PARRA  MURILLO  se  le  impuso  condena por la conducta  punible  de  abuso  de  función  pública  tipificada  en  el artículo 162 del  Código  Penal  derogado  que, al igual que el actual (artículo 428), disponía  una pena máxima de dos (2) años.   

Y pudo acudirse en casación por la especie  excepcional  que  resultaba  viable en contra de sentencias de segunda instancia  dictadas  por  conductas punibles que no alcancen el requisito punitivo, pero el  actor  en  ningún  momento hizo referencia a esa forma del recurso, ni cumplió  con  la  carga  procesal que la naturaleza del medio impugnatorio le imponía de  acreditar  su  procedencia  frente  a los motivos específicos que la ley exige,  esto  es:  que  sea  necesario  para  el  desarrollo  de  la jurisprudencia o la  garantía de los derechos fundamentales.   

A   mérito  de lo expuesto, la  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  impugnación  interpuesta,  decisión  contra la cual no procede recurso alguno.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

CÚMPLASE  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                  ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

SECRETARIA   

    

1 Folio  160 C.2.   

2  Folios 176,181 y 235 íb.   

3  Folios 281 y 319.   

4.  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Recurso   de  hecho  del  12  de julio de 1994. M.P., Dr. GUILLERMO  DUQUE RUIZ.   

5  .  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Recurso   de  hecho  del  18  de  agosto  de 1994, M.P., Dr. ÉDGAR  SAAVEDRA  ROJAS.   

6.  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Cas.   29   de   abril   de  1997,  M.P.,  Dr.  CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR.   

7.  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Cas.  noviembre  1  de  2001,  M.P., Dr.  FERNANDO  ENRIQUE ARBOLEDA RIPOLL, perfilándose últimamente bajo la égida del  “hecho procesal relevante”. CORTE   

SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Cas.  17.815,  octubre 10 de 2002, M.P.,  Dr.   YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS  y  Cas.  11 agosto de 2004, M.P., Dra. MARINA PULIDO DE BARÓN.   

8.   CORTE  CONSTITUCIONAL, Sent.  C-918   del   29   de   octubre   de   2002,   M.P.   Dr.   EDUARDO  MONTEALEGRE  LYNETT.   

9  GILBERTO   MARTÍNEZ   RAVE,   Procedimiento   Penal  Colombiano,  Bogotá, Edit. Temis, 2002, pág. 53. Y,  HERNÁN  FABIO LÓPEZ BLANCO, Instituciones de Derecho  Procesal   Civil   Colombiano”,   Bogotá,   Dupre  Editores, 1997, pág. 33.   

10  Artículo  669  Código  de P. Civil: “…en los procesos iniciados antes, los  recursos  interpuestos,   la  práctica  de  las  pruebas  decretadas,  los  términos  que  hubieren  comenzado  a  correr,  los  incidentes  en curso y las  notificaciones  que  se  estén  surtiendo,  se  regirán por las leyes vigentes  cuando  se  interpuso el recurso, se decretaron las pruebas, empezó a correr el  término,   se   promovió   el   incidente   o  comenzó  a  surtirse   la  notificación”.   

11  CORTE    SUPREMA    DE   JUSTICIA,   Cas.   20.681,  agosto  4  de  2004,   M.P.,  Dr.  MAURO  SOLARTE  PORTILLA.   

12  “Declarar  EXEQUIBLE  la  frase  ´pero no  a aquellas que establecen los  Tribunales  y  determinan  el  procedimiento, las cuales se aplicarán  con  arreglo  al  artículo  40´,  contenida  en  el  artículo  43 de la Ley 153 de  1887”.   CORTE   CONSTITUCIONAL,   Sent. C-200/2002, M.P., Dr. ÁLVARO TAFUR GALVIS.   

13  CORTE      CONSTITUCIONAL,      Sents.  C-083  de  1995,  T-123  de  1995, T-260 de 1995, C-037 de 1996,  T-175  de  1997, C-447 de 1997, SU-640 de 1998, SU- 168 de 1999, SU-047 de 1999,  T-009 de 2000, T-068 de 2000 y C-252 de 2000.   

14  CORTE  CONSTITUCIONAL, Sent.  C-601/01, Mag. Pte., Dr. MARCO GERARDO MONROY CABRA.   

15 .  CORTE  CONSTITUCIONAL.  Sent.  C-586.  12  de noviembre de 1992. M.P., Dr. FABIO  MORÓN DÍAZ.   

16  Repárese     con     provecho,    Salvamento    de  voto  a  Sent.  C-252  de  2001,  Mags.  BELTRÁN  Y  TAFUR.     

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