12983 (17-07-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    DERECHO     DE    PETICION/    CASACION  DISCRECIONAL-Desarrollo de la jurisprudencia   

El artículo 28 del C. de P. P. es una arista  legal  del  derecho  de  petición,  establecido  como  fundamental  en el   artículo  23  de  la  Constitución  Política,  como  también  resulta ser la  concreción  de  uno  de  los  fines  esenciales  del  Estado  bajo  la forma de  “facilitar  la  participación de todos en las decisiones que los afectan” (art.  2°  de  la  Carta),  preceptivas  estas desarrolladas ampliamente en su sentido  teleológico  no  sólo  por  la  jurisprudencia constitucional sino también, y  profusamente,   por   la  penal;  sin  que  de  otro  lado  se  advierta  en  el  requerimiento   del  impugnante  cuáles  podrían  ser  los  alcances  aún  no  escrutados  por  la  Corte  en punto a la limitada facultad de la víctima o del  perjudicado  con  el  delito  de  aportar  pruebas  al  proceso, carencias estas  suficientes  para crear un vacío sobre la materia remediable tan sólo por vía  de  interpretación  de  la Sala; como tampoco atina a destacar el libelista las  incoherencias  o contradicciones de la jurisprudencia en esta temática, que sea  ahora necesario dilucidar “con criterio de autoridad”.   

Es  más,  la  supuesta   ausencia de un  pronunciamiento  de  esta Corporación sobre el punto concreto que echa de menos  el  recurrente,  no  sería  per  se  motivo  válido para concitar la casación  excepcional  si  no  va  acompañada  al  menos  de un argumento que haga ver el  interés  por  un  desarrollo jurisprudencial sobre esa especifica prerrogativa.   

Al respecto tiene dicho la Sala:  

“En  tratándose de la Casación discrecional  por  la necesidad del desarrollo jurisprudencial, cuando no existan fallos de la  Corte  al  respecto,  la  concesión  del recurso no puede surgir únicamente de  comprobada   inexistencia   de   pronunciamientos  de  esta  Corporación  sobre  determinados  tipos  penales,  sino de la demostración que el peticionario haga  respecto  de  la  norma,  de  la  que  solicita  el desarrollo hermenéutico, de  que   ella  posee  vacíos o contradicciones intrínsecas o extrínsecas, o  en   general  que  su  contenido  no  es  claro,  advirtiendo  y  fundando,  con  precisión,  cada  uno  de  estos  hechos,  o cualesquiera otro que sea capaz de  demostrar  con  seriedad necesaria como para que la Corte pueda fundar en él la  decisión   de   aceptar   la   Casación   discrecional   para  desarrollar  la  jurisprudencia”.   (Auto   de   24-04-96,   Casación  No.11.219, M. P. Dr. Carlos E. Mejía Escobar).   

Ahora  bien,  una  cosa  es  la  aducción   de  la  prueba  y  otra  bien  distinta       su      valoración.   

La primera, en su faceta de simple aporte de  medios  de  prueba,  se integra al artículo 28 del C. de P. P. como una opción  para  la víctima o el perjudicado con el hecho punible para  colaborar con  la  justicia, prerrogativa que como viene de verse, por su escueto enunciado, no  amerita  la  exposición  de  tesis hermenéuticas de la Corte al amparo de  la casación excepcional.   

Y  la segunda, convertida evidentemente en el  telón  de  fondo  del  recurso,  en  la  medida  en  que  fue  el  axial  de la  controversia  en  las instancias, si bien no halla ubicación en la postulación  del  derecho  de  petición  implementado  en  aquella  norma  adjetiva,  si  se  relaciona  con  un  asunto  que  prácticamente  es  rutinario en la labor de la  Corte,  como  es  el  tema  de la estimación de la prueba, venero inagotable de  pacífica  jurisprudencia,  cuya  enésima  reiteración  tampoco  justifica  la  preterición  de  los  requisitos  ordinarios para acceder a este extraordinario  recurso.   

Proceso No. 12983  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                      Magistrado Ponente   

                      Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                      Aprobado Acta No.  83   

Santafé de Bogotá, D.C., julio diecisiete  de mil novecientos noventa y siete.   

VISTOS  

Discrecionalmente  decide  la Sala sobre la  admisibilidad   del  recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado      GREGORIO      ANTONIO     VELANDIA  RINCON  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida    por    el    Juzgado    2º   Penal   del   Circuito   de   Duitama  (Boyacá).   

ANTECEDENTES   

El  Juzgado Penal Municipal de Paipa, el 29  de  marzo  de  1996,  condenó  a  Gregorio  Antonio  Velandia Rincón a la pena  principal  de  12  meses de prisión y multa de cinco mil pesos, otorgándole el  sustituto   penal   de  la  condena  de  ejecución  condicional,  por  hallarlo  penalmente  responsable  del  delito de lesiones personales culposas (artículos  331,  334,  inciso  2º  y  340  del  C.P.),   cometido en detrimento de la  integridad  física  de  José Alfonso Cantor Avendaño, según hechos ocurridos  el  18  de  octubre  de 1992 en la vereda Romita, sector Montecillos de la   jurisdicción  territorial del Municipio de Paipa, cuando la víctima se hallaba  en  su  bicicleta estacionado a la orilla de la vía en espera de sus hijos para  dirigirse  hacia  su  residencia,  momento  en  el  cual  fue atropellado por el  vehículo automotor que en forma imprudente conducía el acusado.   

Al   desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el defensor del convicto, el Juzgado 2º Penal del Circuito de  Duitama,  mediante  proveído  del  4  de octubre de 1996, confirmó el fallo de  primera  instancia  con  una  reducción  en la pena principal que en definitiva  quedó en 4 meses y 24 días de prisión.   

Al  momento  de la denuncia, con la cual se  dio  comienzo al diligenciamiento, se  aportaron dos fotografías del lugar  de los hechos, con la siguiente explicación:   

“Nosotros tomamos fotos al día siguiente,  en  vista  de que la policía no levantó ningún croquis, las cuales adjunto al  presente,  dos  fotos: donde lo cogió el carro y donde quedó la sangre.”(fl.  7).   

Los juzgadores de instancia admitieron ambas  secuencias  fotográficas   dentro  del  acervo probatorio que se completó  con  abundante  prueba  testimonial,  documental  y con una inspección judicial  realizada  en  el  lugar de los hechos, considerando todo este caudal probatorio  con  capacidad  suficiente  para  forjar  la certeza sobre el hecho punible y la  responsabilidad del acusado.   

EL RECURSO  

En  el  escrito  con el cual pretende se le  admita  la  impugnación,  el  defensor  del procesado Gregorio Antonio Velandia  Rincón  inicialmente reitera los argumentos de que se sirvió en las instancias  para  oponer  su  criterio  al del fallador en torno a la legalidad de la prueba  documental  aportada  en la denuncia y su consiguiente evaluación al momento de  examinar  los  presupuestos requeridos por el artículo 247 del C. de P. P. para  dictar   sentencia   de  condena,  para  finalmente  resumir  así  el  objetivo  propuesto:   

“Considero  de vital importancia para una  recta  administración  de justicia, que la Honorable Corte Suprema de Justicia,  por  intermedio  de  su  Sala  de Casación Penal que (sic) fije con criterio de  autoridad  hasta  donde  llega  la  facultad  que el artículo 28 del Código de  Procedimiento  Penal  le  otorga  al  perjudicado  o  a la víctima para aportar  pruebas  y así estas, según el mandato del artículo 246 ibidem puedan tenerse  como  legal,  regular  y  oportunamente  allegadas  a  la actuación” ( fl. 35  ).   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Sea   lo   primero  advertir  que,  tanto  por  el  marco  punitivo  correspondiente  al delito que motivó la condena (en su máximo inferior a seis  años)  como  por  el  Despacho  que profirió el fallo de segunda instancia (un  Juzgado  Penal  del  Circuito),  la  única  forma  de  acceder este asunto a la  casación  sería  por la vía discrecional que para este extraordinario recurso  disciplina  el  inciso final del artículo 218 del C. de P. Penal, la cual, para  decirlo  de  una  vez,  a  juicio  de  la  Sala  tampoco resulta viable, por las  siguientes consideraciones:   

Dos  son  los  argumentos  que  presenta el  impugnante  para  convencer  a  la  Corte  de  lo  trascendental  que resulta su  intervención  en  este  caso, no empece las insuperables barreras que le impone  la  casación  ordinaria,  ambos  relacionados con el desarrollo jurisprudencial  del  artículo  28  del  C.  de  P.  Penal:  el  primero,  porque es “de vital  importancia  para  una  recta  administración  de justicia” que la Sala fije,  “con  criterio  de  autoridad”,  hasta dónde llega la facultad que tiene el  perjudicado  o  la víctima para presentar pruebas; y el segundo, porque se debe  precisar  si  a  la  luz  del  artículo  246  del  C.  de P. Penal esas pruebas  “pueden   tenerse   como   legal,  regular  y  oportunamente  allegadas  a  la  actuación”.   

Frente al caso concreto, el primer motivo se  relaciona  con  el  cuestionamiento de la legalidad  en la aducción de una  prueba  documental  (fotografías  tomadas al lugar del hecho y aportadas por el  denunciante),  y  el segundo apunta a la controversia sobre el valor que le dió  el  sentenciador  como  elemento  de convicción idóneo para deducir, junto con  otros medios de prueba, la culpabilidad del procesado.   

El  artículo  28  del  C.  de P. P. es una  arista  legal del derecho de petición, establecido como fundamental en el   artículo  23  de  la  Constitución  Política,  como  también  resulta ser la  concreción  de  uno  de  los  fines  esenciales  del  Estado  bajo  la forma de  “facilitar  la  participación  de  todos en las decisiones que los afectan”  (art.  2°  de  la  Carta),  preceptivas  estas  desarrolladas ampliamente en su  sentido   teleológico  no  sólo  por  la  jurisprudencia  constitucional  sino  también,  y  profusamente, por la penal; sin que de otro lado se advierta en el  requerimiento   del  impugnante  cuáles  podrían  ser  los  alcances  aún  no  escrutados  por  la  Corte  en punto a la limitada facultad de la víctima o del  perjudicado  con  el  delito  de  aportar  pruebas  al  proceso, carencias estas  suficientes  para crear un vacío sobre la materia remediable tan sólo por vía  de  interpretación  de  la Sala; como tampoco atina a destacar el libelista las  incoherencias  o contradicciones de la jurisprudencia en esta temática, que sea  ahora necesario dilucidar “con criterio de autoridad”.   

Es  más,  la supuesta  ausencia de un  pronunciamiento  de  esta Corporación sobre el punto concreto que echa de menos  el   recurrente,   no   sería   per  se  motivo  válido  para  concitar la casación excepcional si no va  acompañada  al menos de un argumento que haga ver el interés por un desarrollo  jurisprudencial sobre esa especifica prerrogativa.   

Al respecto tiene dicho la Sala:  

“En   tratándose   de   la   Casación  discrecional  por la necesidad del desarrollo jurisprudencial, cuando no existan  fallos  de  la  Corte  al  respecto,  la  concesión del recurso no puede surgir  únicamente  de comprobada inexistencia de pronunciamientos de esta Corporación  sobre  determinados  tipos penales, sino de la demostración que el peticionario  haga  respecto  de  la norma, de la que solicita el desarrollo hermenéutico, de  que   ella  posee  vacíos o contradicciones intrínsecas o extrínsecas, o  en   general  que  su  contenido  no  es  claro,  advirtiendo  y  fundando,  con  precisión,  cada  uno  de  estos  hechos,  o cualesquiera otro que sea capaz de  demostrar  con  seriedad necesaria como para que la Corte pueda fundar en él la  decisión   de   aceptar   la   Casación   discrecional   para  desarrollar  la  jurisprudencia”.   (Auto  de  24-04-96,  Casación  No.11.219, M. P. Dr. Carlos E. Mejía Escobar).   

Ahora  bien,  una  cosa  es la aducción  de  la  prueba  y  otra  bien  distinta       su     valoración.   

La primera, en su faceta de simple aporte  de  medios  de  prueba,  se  integra  al  artículo  28 del C. de P. P. como una  opción  para  la  víctima  o  el  perjudicado  con el hecho punible para   colaborar  con la justicia, prerrogativa que como viene de verse, por su escueto  enunciado,  no  amerita la exposición de  tesis hermenéuticas de la Corte  al amparo de la casación excepcional.   

Y la segunda, convertida evidentemente en el  telón  de  fondo  del  recurso,  en  la  medida  en  que  fue  el  axial  de la  controversia  en  las instancias, si bien no halla ubicación en la postulación  del  derecho  de  petición  implementado  en  aquella  norma  adjetiva,  si  se  relaciona  con  un  asunto  que  prácticamente  es  rutinario en la labor de la  Corte,  como  es  el  tema  de la estimación de la prueba, venero inagotable de  pacífica  jurisprudencia,  cuya  enésima  reiteración  tampoco  justifica  la  preterición  de  los  requisitos  ordinarios para acceder a este extraordinario  recurso,  menos  aún  cuando  el petente no se toma la molestia de identificar,  así  sea  someramente,  el supuesto error que enerva la sentencia, guardándose  los  motivos  específicos que harían aconsejable la intervención de la Corte,  para   decidirse   a  demandar  de  ella  respuestas  precisas  a  interrogantes  genéricos  y  abstractos,  como  si  esta  Colegiatura  fuera  un  organismo de  consulta.   

En  síntesis,  no  es  viable la casación  discrecional  supuesto  que  se  desconoce  sobre  qué  punto  concreto  sería  necesario  desarrollar,  aclarar  o  unificar  la  jurisprudencia; sin perder de  vista  que  tampoco  se  tiene  noticia de que el fallo cuestionado haya causado  agravio  a  algún derecho fundamental, cuya garantía deba restablecerse por la  vía  de  impugnación  extraordinaria  no prevista para este caso; todo lo cual  pone  en  evidencia  que  la  solicitud  del  recurso  no  se aviene a los fines  específicos  trazados  por  el  inciso  final del artículo 218 del C. de P.P.,  haciéndose improcedente su excepcional admisión.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION PENAL,   

RESUELVE  

NO CONCEDER   el  recurso  de  casación  interpuesto  por  el defensor del procesado Gregorio  Antonio  Velandia Rincón contra la sentencia proferida por el  Juzgado 2º  Penal  del  Circuito  de  Duitama (Boyacá) a que se hizo referencia en la parte  orgánica de esta providencia.   

          Cópiese,  notifíquese y devuélvase el expediente a la oficina de  origen.   

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL       RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE            CORDOBA  POVEDA            JORGE  ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

CARLOS         E.        MEJIA  ESCOBAR            DIDIMO PAEZ  VELANDIA   

NILSON           PINILLA  PINILLA                JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

   

    

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