18378(18-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18378  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 11  

Bogotá, D. C. dieciocho (18) de febrero del  dos mil cuatro (2004).   

  ASUNTO  

El  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito de  Cúcuta,  el 18 de octubre del 2000, condenó a Édgar  Raúl  Cerón  Guerrero, quien había sido acusado por  la  Fiscalía   Primera Seccional de esa ciudad de incurrir en el delito de  tráfico   de  influencias  para  obtener  favor  de  servidor público.   

La   sentencia   fue   impugnada  por  el  sentenciado  y  su  defensor.  La  Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cúcuta,  el  19  de  diciembre  del  2000, al desatar el recurso,  decidió  confirmarla, pero aclaró que la interdicción de derechos y funciones  públicas,   impuesta   por   el   A  quo     como     accesoria,    tendría    la    calidad    de    pena  principal.        

Inconforme  con  el  sentido  del fallo, la  nueva   defensora   del   procesado   interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación.    

HECHOS  

          1.  A  Juan  Carlos  Duarte  Rolón,  patrullero  al servicio del Departamento de Policía de  Santander,   se   le  adelantaba,  ante  la  jurisdicción  penal  militar,  una  investigación    por    el   delito   de   lesiones  personales.   

2.  Dentro  del  proceso,  se  le  había  dictado  medida  de  aseguramiento  en la modalidad de  detención  preventiva  sin  derecho  a  excarcelación,  aunque  luego  le  fue  sustituida   por   detención   domiciliaria,   garantizada   mediante  caución  juratoria.     

3. Días después,  Duarte  Rolón  se  presentó  al  Juzgado  70 Penal Militar y el secretario del  despacho,  Édgar  Raúl  Cerón Guerrero,  le  insinuó  que  el asunto podía arreglarse definitivamente a  cambio  de  una suma de dinero. En concreto, le dijo que el Auditor de Guerra, a  cuyo  cargo  estaba  el proceso, dictaría una resolución a su favor si le daba  quinientos mil pesos ($500.000.oo).   

4.  En  principio,  Duarte  Rolón  se  mostró remiso a acceder a la  propuesta  del secretario. Pero luego se decidió, cuando el empleado le hizo la  advertencia  de  que  si  no  lo  hacía  el  funcionario  le podía empeorar su  situación y ordenar su destitución.   

5.  El  21  de  septiembre  de 1998, se concretó la ilícita negociación. Luego de preparar un  operativo  con  sus  superiores,  Duarte Rolón se presentó a la oficina e hizo  entrega    al   secretario   Édgar   Raúl   Cerón  Guerrero  de  la  suma  de  cuatrocientos  mil  pesos  ($400.000.oo).   

      

ANTECEDENTES PROCESALES  

   Las  siguientes  fueron  las etapas  principales del desarrollo del proceso:   

1. Adelantadas la  mayoría  de las diligencias de instrucción, la investigación fue cerrada el 5  de noviembre de 1999.   

2.  El  3  de  diciembre   de   1999,   se  calificó  el  mérito  del  sumario.  Édgar  Raúl Cerón Guerrero fue acusado  de  incurrir  en  el delito de tráfico de influencias  para   obtener   favor   de   servidor  público.  La  providencia  fue  impugnada  y   la  Fiscalía  Tercera  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta, la confirmó el 19 de  enero del 2000.       

3.  El  18  de  octubre  del  2000,  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito de Cúcuta profirió  fallo  condenatorio contra Cerón Guerrero  por  el  delito  que  se  le  había  imputado  en la resolución  acusatoria,  es  decir,  tráfico de influencias para  obtener  favor  de servidor público, concretamente la  conducta  definida  en  el  artículo  147  del  Código  Penal  de 1980, con la  modificación hecha por el artículo 25 de la Ley 190 de 1995.   

4. La decisión  fue  impugnada  por  el  sentenciado  y su defensor. Las Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Cúcuta,  el  19 de diciembre del 2000, la confirmó. Cerón   Guerrero,   entonces,   quedó  condenado  a  cuatro  (4)  años  de prisión y multa de cincuenta (50) salarios  mínimos  mensuales  por  el  delito  de  tráfico de  influencias para obtener favor de terceros.   

LA DEMANDA  

Primer cargo. Nulidad.  

Lo  formula de  acuerdo con   la    causal    tercera   de  casación    (  artículo  207,         numeral        3°,        del    Código   de   

Procedimiento Penal).  

La  sentencia,  dice la  recurrente,    está    viciada    de    nulidad.   La   conducta   imputada   a  Cerón  Guerrero,    fue    mal  calificada.  Ella  no  corresponde, como lo sostuvieron el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  y  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de Cúcuta, al delito de  tráfico de influencias para  obtener  el  favor  de  servidor  público.  En  realidad,  su  comportamiento  se  adecua  al  tipo penal de  estafa,  en cuantía que le confiere competencia a los  juzgados penales municipales y no a los del circuito.   

Así     lo  sustenta:   

1.  El sentenciador, al apreciar el testimonio del  patrullero  Duarte Rolón, incurrió en un error  de  hecho  por  falso juicio de identidad.  De  su  testimonio,  no  se  desprende que el  sentenciado  lo  haya coaccionado para que le entregara el dinero y, menos aún,  que  haya  antepuesto  su  condición  de secretario judicial para lograr el fin  propuesto.   

Lo  que  el denunciante  dijo   fue   que   Cerón  Guerrero se le ofreció como  intermediario,  a    cambio    de   una  dádiva,  para  que  el  Auditor de Guerra, a cuyo cargo  estaba  el  proceso, dictara una decisión favorable. Pero como ni el secretario  ni  el  auditor  tenían  competencia  para  decidir sobre la libertad de Duarte  Rolón,    no    podía   estructurarse   el   delito   de   tráfico   de   influencias.   

2. La conducta que se configuró, fue el delito de  estafa,  dado  que  el  secretario,  mediante  engaños,  afectó  el patrimonio  económico   del   ofendido   y   no   el   de   la   administración  pública.   

Esa tergiversación a que  fue  sometida  la  declaración de Duarte Rolón, en el sentido de hacerle decir  que  el  sentenciado  le  había solicitado una suma de dinero, cuando lo que en  realidad  expresó fue que iba a servir de intermediario  entre  el denunciante y el Auditor de Guerra, dio lugar a un error   de   hecho   por   falso   juicio   de  identidad que condujo a los  sentenciadores    a    una    errónea    calificación    jurídica    de    la  conducta.   

La demandante, por cuanto  considera  violados  los  artículos  3°, 11 y 356 del Código Penal y 1°, 73,  180,  numeral  5°,  y  304,  numeral  3°,  del Código de Procedimiento Penal,  solicita   declarar   la   nulidad   de  lo  actuado  a  partir  del  cierre  de  investigación.   

Segundo    cargo.  Nulidad.   

Lo plantea apoyada en la  causal  tercera  de  casación.  En  su  criterio, la sentencia está viciada de  nulidad,  ocasionada  por  una incorrecta calificación jurídica de la conducta  atribuida    a    Cerón  Guerrero.  Esa  causal  de  nulidad,   agrega,   proviene   de   un   error  de  hecho  por  falso juicio de identidad,  al  sostener  que su conducta, consistente en  solicitarle  una  dádiva  al  agraviado  para  incidir en el Auditor de Guerra,  constituye       delito       de      tráfico   de   influencias   para   obtener   favor   de  servidor  público   y   no   concusión.   

Así     lo  sustenta.   

1.  Édgar Raúl Cerón  Guerrero no cometió delito  de  tráfico de influencias  para  obtener  favor  de  servidor público.  Si él solicitó dinero al ofendido para influir, por ese medio,  sobre  la  voluntad  del  auditor, lo que hizo fue inducirlo para que procediera  como lo hizo.   

Pero como ni él ni el  Auditor  de  Guerra  tenían competencia para decidir la suerte del ofendido, la  falta  de  este  elemento  estructurante del tipo penal descrito en el artículo  147  del  Código Penal (Tráfico de influencias) hace atípica la acción y por  tanto   se   imponía   condenarlo   por  concusión.   

2.  Por  eso  pide  declarar  la  nulidad desde el  momento  en  que  se  ordenó  cerrar la investigación, con el fin de que se lo  escuche  en  indagatoria  y,  con  base en lo que allí exponga, se califique la  conducta           como           concusión y no  como  tráfico de influencias  para  obtener  favor  de  servidor público.   

              

El MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Tercero  Delegado  para  la  Casación  Penal, considera que los dos reproches formulados, por fundarse ambos  en  un  error  en  la  calificación  jurídica  de la conducta imputada, pueden  fusionarse  en  uno solo. Por eso los engloba, al emitir su concepto favorable a  que  se  case  la sentencia, en un único apartado. Estos son, en síntesis, sus  argumentos:   

1.   En   las  providencias      acusatorias      –la  de primera y la de segunda instancia-, se consideraron probados  los siguientes hechos:   

a.  Édgar  Raúl Cerón Guerrero, durante el  curso  de una conversación, le solicitó al denunciante una determinada suma de  dinero.   

b.   En   esa  petición,    y    frente   al   agraviado,   Cerón  Guerrero  comprometió al Auditor de Guerra, quien no  estaba   enterado   de  lo  que  estaba  tramando  el  secretario  para  hacerse  ilícitamente con algún dinero.   

c. La solicitud de  la  dádiva,  tenía  por  fin  provocar  una  decisión  judicial  favorable al  denunciante.   

          2.  En  la  sentencia, se estimaron probados los siguientes hechos:   

a.    Que,  efectivamente,   el   procesado   le   exigió  cierta  cantidad  de  dinero  al  denunciante.   

b. A cambio de esa  suma,  le  prometió  tratar  de  obtener  un  resultado  favorable en un asunto  judicial  que  tenía  bajo  su  cuidado,  no  él,  sino  el Auditor de Guerra.   

c.  Édgar  Raúl Cerón no se comprometió a  que  directa  y  personalmente  iba  a  proferir  la  providencia  favorable  al  denunciante.  Lo  que hizo fue ofrecerse para interponer sus influencias ante el  Auditor  de  Guerra, quien aparentemente era el funcionario facultado para tomar  la decisión.   

3. De lo dicho por  el denunciante, surge con claridad lo siguiente:   

a. Carlos Duarte  Rolón  no  dice  haber  entregado  la  suma  de  dinero  para  que Cerón    Guerrero,   el   secretario,  influyera  sobre  el  auditor.  En  estricto rigor, relata que el sentenciado le  prometió  consultar  con  el  auditor  para  ver  cuánto  valía  la decisión  favorable.  Y  agrega  que luego fue a la oficina del auditor, quien lo remitió  donde   Édgar   Cerón.   

b. Cuando fue a su  despacho,  Édgar Cerón le  refirió  que el auditor se había mostrado dispuesto a arreglar el problema por  quinientos  mil  ($500.000.oo)  pesos.  Pero  le  advirtió  que  debía decidir  rápidamente  porque  si  lo  hacía después de haber recibido el sueldo, ya no  iba  a  necesitar  el  dinero. Además, a la pregunta formulada por Cerón,  en el sentido de cerciorarse de  si  el  auditor  estaba enterado de este pacto, él le contesto que sí y que si  quería   le   entregara   la   plata   directamente   a   él,   es  decir,  al  auditor.   

4. De las palabras  de Duarte Rolón, se deduce lo siguiente:   

a.   Que   el  denunciante  no  pagó para que el secretario interpusiera sus influencias sobre  el auditor.   

b.  Que  lo hizo  porque   ambos,   secretario   y   auditor,   se   comprometieron  a  desligarlo  definitivamente de la investigación de que estaba siendo objeto.   

5.  Lo  anterior  indica  que  tanto en la resolución acusatoria como en la sentencia, se falseó  el  contenido  de  la denuncia de Duarte Rolón. Los funcionarios le otorgaron a  sus palabras un sentido que objetivamente no tiene.   

6.  En  estas  condiciones,  es  dable predicar que se dio el motivo de nulidad invocado por la  casacionista.  Si  el  secretario  no ofreció influir  sobre   el   auditor   para  obtener  una  decisión  favorable,   como   lo   dicen  el  acusador  y  el  sentenciador,  sino   que  el  origen  de  la  solicitud de dinero provino de ambos,  por  acuerdo  previo,  surge  con  toda  claridad  que  en  la exigencia estaban  involucrados, de modo directo, los dos.   

7.  Por  eso  la  conducta        debió        ser       calificada       como       concusión   y   no  como  tráfico   de   influencias   para   obtener   favor   de  servidor  público.   

El  error,  entonces,  se  produjo desde la  resolución  acusatoria. Pero la nulidad no puede afectar la actuación desde el  cierre  de  la  investigación.  Debe  hacerse, y así se lo solicita a la Sala,  desde el momento en que se fijó fecha para audiencia.   

La  razón  de  ello  es  que es procedente  modificar  la  calificación jurídica en la etapa del juicio, de acuerdo con el  artículo  404  de  la  Ley  600 del 2000. Por tanto, resulta admisible, como lo  solicita,  invalidar  la  actuación  a partir del momento en que se fijó fecha  para realizar la audiencia pública.   

Una  vez  declarada  la nulidad, finaliza,  debe  devolverse  el expediente al Juzgado Tercero Penal del Circuito de Cúcuta  para   que   allí,   en  una  nueva  audiencia  pública,  el  fiscal  encuadre  correctamente     la    conducta    –calificándola                   como                  concusión-  y  el juez proceda a dictar  sentencia de acuerdo con esa calificación.   

8. La Delegada,  sin  embargo,  prevé  que  de  llegarse  a  casar  la sentencia en este sentido  –declarando  la  nulidad  para      que     se     califique     la     conducta     como     concusión,   y  no  como  tráfico   de   influencias   para   obtener   favor   de  servidor  público-,  la  falta  de  interés  de  la demandante para recurrir -por cuanto  para  el  último  delito  se  tiene  prevista  una pena más severa que para el  primero-   puede  dar  lugar,  de  acuerdo  con  la  técnica  de  este  recurso  extraordinario, a declarar inconducentes sus pretensiones.   

9.  Con  todo y  eso,  el  Procurador  Tercero  Delegado considera que esa falta de interés para  recurrir carece de asidero jurídico.   

Dada la fecha en que ocurrieron los hechos  investigados   –21  de  septiembre  de 1998-, Édgar Raúl Cerón debe  ser  juzgado,  por  cuanto  comparativamente  con  las  penas  establecidas  en  esa  legislación  le  resultan favorables a sus intereses, de  acuerdo con la Ley 190 de 1995.   

En  esa  ley, Estatuto Anticorrupción, es  cierto,  dice  la demandante, el delito de tráfico de  influencias  para  obtener favor de servidor público,  según  su  artículo  25, tiene prevista una pena que oscila entre cuatro (4) y  seis  (6)  años  de  prisión,  inferior  a  la  que  en ese mismo reglamento, en su artículo 21, se tiene  fijada  para  la concusión,  que  es  de un mínimo de cuatro (4) y un máximo de ocho (8) años de prisión.   

Si  se opta por declarar la nulidad con el  fin   de   que   se   juzgue  a  Cerón  por         concusión,     y    no    por    tráfico    de  influencias,  desde  el punto de vista punitivo se le  causaría  un  agravio,  dado  que,  de resultar condenado, se le aplicaría una  pena más grave de la que se le impuso en la sentencia impugnada.   

10.  Pero  la  causación  de este perjuicio al sentenciado, según el criterio de la Delegada,  es  sólo  aparente.  Para  probar  que  el  hecho  de  casar  la  sentencia  no  produciría  los  efectos  lesivos que en principio se advierten, basta observar  que  la  nulidad  del  proceso,  si  se  ordena   desde  el  cierre  de  la  investigación,  como  lo  solicita  la  demandante, puede resultar favorable al  sentenciado.   

Esa situación favorable, surgiría de las  siguientes  posibilidades:  de  que  al  calificar  de  nuevo  el  mérito de la  investigación,  se haya operado la prescripción de la acción penal; de que se  decrete  la  preclusión  de la investigación; o, finalmente, de que el posible  aporte  de pruebas nuevas pongan a salvo de toda responsabilidad al sentenciado.   

Por  eso,  concluye, si se examina de esta  forma   el   problema,  la  mayor  punibilidad  prevista  para  la  concusión  no  sería obstáculo, desde  el  punto  de  mira  del  principio  de  favorabilidad, para proceder a casar la  sentencia.   

Sobre la base de estas consideraciones,  la  Delegada   sugiere   casar   la  sentencia.   

CONSIDERACIONES   

La  Sala no proveerá de fondo respecto de  los  cargos  formulados contra la sentencia impugnada. En su lugar, desestimará  la demanda, por las siguientes razones:   

1.   La   sentencia  de  segunda  instancia  fue  proferida  el  19  de  diciembre  del 2000. En ese momento,  la Ley 553 del  2000,  por  medio  de la cual se había reformado el Decreto 2700 de 1991, y que  rigió  entre el 15 de enero del 2000 y el 16 de marzo del 2001, estaba vigente.  A  las  exigencias  procesales  estipuladas  en  esta ley, debía ceñirse quien  pretendiera  impugnar  por la vía de la casación ordinaria el fallo de segunda  instancia.   

2.   La  ley 553 del 2000, en su  articulo  1°,  establecía  que la casación común procedía contra sentencias  de  segunda  instancia  siempre y cuando el proceso se hubiera adelantado “Por  los  delitos  que  tengan  señalada  pena privativa de la libertad cuyo máximo  exceda de ocho años”.   

3.  La  sentencia recurrida versó sobre el delito  de  tráfico de influencias  para    obtener    favor    de   terceros.  Dado el momento en que sucedieron los hechos –21  de  septiembre  de  1998-,  la  judicatura,  para efectos de la  tipificación  de  la  conducta  y  la  graduación  de la pena, se apoyó en el  artículo  147  del  Decreto  100  de 1980, reformado por la Ley 190 de 1995. En  esta  norma,  la pena privativa de la libertad prevista para el delito atribuido  al   sentenciado   oscilaba   entre   cuatro   (4)   y   seis   (6)   años   de  prisión.   

4.  En  estas  condiciones,  resulta  claro que el delito por el cual se adelantó el proceso y  se   profirió   la   sentencia   emanada   del   Ad  quem,   no   tenía   señalada   una  pena  máxima  superior  a  los  ocho (8)  años   de   prisión.   Por   tanto,   por   inobservancia   del  requisito  de  procedibilidad   fijado  en  el  artículo  1°  de la Ley 553 del 2000, la  demanda no podía ser admitida.   

5. En su momento,  la  Corte  comparó  las  formalidades técnicas mínimas de la demanda, con las  exigencias  legales  del  mismo  orden y concluyó que se reunían. Sin embargo,  revisada  más  allá  la  actuación,  se establece que si bien antes de la Ley  553  de  1999  podía   

ser viable el recurso de casación ordinario,  lo  mismo  no  sucedía  ya  frente al contenido de esta ley, que, como se dijo,  regía  para  los  días  en  que fue producido el fallo de 2ª instancia y, por  tanto,  de  allí  en  adelante  el  trámite  se  debía  guiar  por  la  nueva  normatividad.   

Ante tal circunstancia, se impone a la Sala  desestimar  la  demanda,  tal como lo ha dicho en situaciones similares, pues no  podría  ahora,  ante la ausencia del presupuesto mencionado, ocuparse del fondo  del asunto pues si se pronunciara lo haría sin competencia.   

A  esta conclusión ha  llegado  la Corte en varias oportunidades, por razones similares, por ejemplo en  decisión  del  20  de  febrero  del  2003  (M.  P.  Fernando  Arboleda  Ripoll,  radicación número 13.177), en la cual dijo:   

“Precisó   la  jurisprudencia,  no  obstante,  que  si  admitida  la  demanda  el  vicio no fue  detectado,  lo  que procede no es la declaratoria de nulidad como lo solicita la  Delegada,  sino  su  desestimación  oficiosa, pues en tratándose la nulidad de  remedio  extremo cuando no haya otra forma procesal de subsanar la irregularidad  (artículo  308-5  del  Decreto  2700  de  1991;  artículo 310-5 del Código de  Procedimiento  Penal  actual),  el  yerro  puede  verse  corregido al momento de  adoptar  la  decisión  de  fondo,  de  manera  que  lo  que  antes era causa de  deserción  por  el  Tribunal  y  posteriormente de rechazo o inadmisión por la  Sala,  continúa  produciendo  efectos,  al  punto  de  convertirse en motivo de  desestimación  que impide proveer de fondo al estudiar los reparos  hechos  a  la  sentencia  del  Tribunal,  como  en  tal sentido ha sido reiterado por la  Sala”.   

Actuando    en  consecuencia, la Corte reitera su posición al respecto.   

6.  Dadas  las características de la sentencia de  segunda          instancia         –delito cuya  pena  máxima  no  supera los ocho (8) años de prisión-, lo adecuado era optar  por  la  vía de la casación  discrecional,  previa  la  satisfacción  de  los  requisitos propios de esta excepcional forma de demandar  la legalidad de una sentencia de segunda instancia.   

Pero como la recurrente  ninguna  referencia  hizo  al  respecto,  no  puede  la  Corte,  en virtud de la  naturaleza  rogada  de este recurso, suponer que los planteamientos de la actora  estaban dirigidos en esa dirección.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,      

     

                                                     RESUELVE   

Desestimar  la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   Édgar          Raúl          Cerón          Guerrero.   

Contra esta providencia, no procede ningún  recurso.   

         NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE   

   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO               ALFREDO GÓMEZ QUINTERO                        

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                                  ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                         JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS                                         MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

            

         

                                      TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                               Secretaria   

    

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