20943(04-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20943   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 099  

          Bogotá   D.C.,   cuatro   (4)   de   septiembre  de  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

La  Corte  se  pronuncia  de fondo sobre las  demandas  de  casación  interpuestas  contra  la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Bogotá el 24 de septiembre de 2002, por  cuyo  medio  modificó  el  fallo  de  primer  grado en el sentido de condenar a  MIRYAM EMMA RODRÍGUEZ TAVERA  y    JOSÉ   DOMINGO   RODRÍGUEZ   ROZO  a  la  pena principal de 43 meses de prisión y otorgarles la pena  sustitutiva  de  prisión domiciliaria, habida cuenta que el 11 de septiembre de  2000  el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, los había  condenado  a  la  pena  principal  de  51  meses de prisión y a la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso como  coautores  del concurso homogéneo de delitos de falsedad material de particular  en  documento público agravada por el uso, también los condenó al pago de los  perjuicios  ocasionados  y les negó la suspensión condicional de la ejecución  de la pena impuesta.   

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto  no casar la sentencia impugnada en  razón   de   las   fallas   técnicas   y   la   falta   de   razón   de   las  demandas.   

HECHOS  

Fueron  adecuadamente  sintetizados  por  el  ad  quem  en  el  fallo  de  segundo grado, así:   

“…el  señor  Alvaro  Puig  falleció  el  06  de  junio  de  1991, por lo cual se tramitó el  respectivo  proceso de sucesión ante el Juzgado Sexto de Familia de esta ciudad  a  donde  concurrieron  Míryam  Emma  Rodríguez  Tavera  en  su  condición de  cónyuge  supérstite  y  representante  de sus tres menores hijos, al igual que  Vilma   García   Celis,   en   defensa   de   los   intereses  del  menor  hijo  extramatrimonial  del causante Juan Carlos Puig García. Dentro de la partición  de  la sucesión se excluyeron bienes del fallecido, aportándolos como pasivos,  en  razón  de  una  supuesta  compraventa  entre  el causante y el señor José  Domingo  Rodríguez Rozo, en relación con el inmueble ubicado en la calle 125 A  #  35-51/61  de  Bogotá;  así  como  respecto  de las cuotas que poseía en la  sociedad   ‘Las  Vallas  Limitada’   que  fueron  cedidas  a  favor  de  José Domingo Rodríguez Rozo mediante Escritura Pública  1229  del  11  de  octubre/91 de la Notaría 28 de Bogotá, con base en el poder  conferido  a  Silvio  Alberto  Galindo  Parra  por parte de Alvaro Puig García,  estableciéndose  que  las  firmas que figuran en dichos documentos como de este  último  son apócrifas, al igual que los sellos y firmas notariales”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con  fundamento  en la denuncia presentada a  través    de    apoderada    por    Vilma   García  Celis,  madre  del menor Juan  Carlos   Puig   García,   la  Fiscalía  dispuso  la  correspondiente   investigación   previa   el   18   de   agosto   de  1994  y,  posteriormente,  el  6  de  octubre  del  mismo  año  profirió  resolución de  apertura  de  la  instrucción,  en  cuyo  marco vinculó mediante indagatoria a  JOSÉ DOMINGO RODRIGUEZ ROZO y a MYRIAM EMMA RODRIGUEZ  TAVERA, y a través de declaración de persona ausente  a    SILVIO    ALBERTO   GALINDO   PARRA.   

          La  demanda  de constitución de parte civil presentada a través de  apoderada   por   Vilma   García   Celis fue admitida el 16 de noviembre del mismo año.   

          El  25  de  agosto  de  1995 fue definida la situación jurídica de  JOSÉ    DOMINGO    RODRIGUEZ    y    MYRIAM    EMMA  RODRIGUEZ,  con  medida de aseguramiento de detención  preventiva  como presunto autor del delito de falsedad en documento privado para  el  primero,  y  caución  prendaria  como  posible autora del punible de fraude  procesal  para  la  segunda.  En la misma oportunidad la Fiscalía se abstuvo de  imponer    medida    de   aseguramiento   a   GALINDO  PARRA.  Contra  esta  providencia  el  defensor de los  afectados  con  la  medida  de  aseguramiento  interpuso  sin  éxito recurso de  reposición.   

El  9  de  octubre  de 1995 fue escuchado en  indagatoria  GALINDO  PARRA.  Cerrada  la  investigación  el  29 de enero de 1996, la defensa de JOSÉ   DOMINGO   RODRIGUEZ   y  MYRIAM  EMMA  RODRIGUEZ  interpuso  recurso de reposición que determinó la revocatoria de  la  providencia  atacada. El 16 de diciembre siguiente fue nuevamente cerrada la  instrucción,   los   defensores  interpusieron  recurso  de  reposición  y  la  Fiscalía revocó una vez más el cierre dispuesto.   

Posteriormente  se ordenó el cierre parcial  respecto  de  las  conductas abordadas en la definición de situación jurídica  el  25 de septiembre de 1997, providencia que fue impugnada sin éxito a través  del  recurso  de  reposición  por  el defensor de JOSE  DOMINGO RODRIGUEZ.   

El 15 de abril de 1998 la Fiscalía calificó  el  mérito  del  sumario  con  preclusión  de  la  investigación  en favor de  SILVIO ALBERTO GALINDO PARRA,  declaró  prescrita  la  acción penal derivada del delito de fraude procesal, y  profirió   resolución  de  acusación  contra  JOSÉ  DOMINGO   RODRÍGUEZ   ROZO   y   MYRIAM   EMMA  RODRIGUEZ  TAVERA  “como coautores de los delitos de estafa  –  art.  256 C.P. – y uso de documento público falso agravado por participar en  la  falsificación  – art.  222  C.P. – en la modalidad  de concurso heterogéneo y sucesivo”.   

Con  ocasión  del  pronunciamiento sobre el  recurso   de   apelación   interpuesto   por  los  defensores  de  MIRYAM   EMMA  RODRÍGUEZ  y  JOSÉ  DOMINGO  RODRÍGUEZ, el 2 de octubre  de  1998  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Bogotá  confirmó la  acusación  proferida  en  contra de los procesados por los delitos contra la fe  pública  y  declaró la nulidad parcial de lo actuado a partir del cierre de la  investigación respecto del punible de estafa.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Bogotá, despacho que negó una  solicitud  de  declaratoria  de  nulidad  presentada por la defensa. Contra esta  providencia  se  interpusieron  los  recursos  de  reposición  y apelación que  fueron   resueltos  de  manera  adversa.  Realizada  la  audiencia  pública  se  profirió  sentencia  el 11 de septiembre de 2000, por cuyo medio condenó a los  procesados  a  la  pena  principal  de  51 meses de prisión y a la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso como  coautores  del concurso homogéneo y sucesivo de delitos de falsedad material de  particular  en  documento  público  agravada  por  el  uso;  igualmente  se los  condenó  al  pago  de los perjuicios ocasionados y les fue negada la condena de  ejecución  condicional.  También se ordenó cancelar los títulos de propiedad  obtenidos mediante el uso de los documentos falsos.   

El fallo fue impugnado por los defensores de  MIRYAM  EMMA  RODRÍGUEZ  y  JOSÉ DOMINGO RODRÍGUEZ y el  Tribunal  Superior  de Bogotá decidió modificarlo el 24 de septiembre de 2002,  únicamente  en  el  sentido de condenar a los procesados a la pena principal de  43  meses de prisión y concederles la prisión domiciliaria, providencia que es  ahora objeto de impugnación extraordinaria.   

LAS DEMANDAS  

1.             Demanda   a   nombre  de  MIRYAM          EMMA          RODRÍGUEZ         TAVERA:   

El  defensor  plantea  cuatro  cargos  que  fundamenta y desarrolla así:   

1.1.          Primer cargo: Nulidad por violación del  derecho   a   la   defensa   determinada  por  variación  de  la  calificación  jurídica.   

El censor propone este cargo como principal,  al  amparo  de  la  causal  tercera de casación, por considerar que el fallo se  profirió  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  por violación del derecho a la  defensa,  dado que en la resolución de acusación su representada fue llamada a  responder     como     “determinadora”  de  la comisión del delito establecido en el artículo 222 del  derogado  estatuto  penal,  en  tanto  que  sorpresivamente  se le condenó como  “autora” de los punibles  consagrados   en   los   artículos   220   y   222   inciso   2º   del   mismo  ordenamiento.   

Como normas violadas indica los artículos 29  numeral  3º  de  la  Carta  Política,           14  del  Pacto Internacional de Derechos  Civiles  y  Políticos; 8º de la Convención Americana de Derechos Humanos; 7º  del Decreto 2700/91 y 13 de la Ley 600/00.   

Señala el defensor que en la resolución de  acusación  se  puntualizó  que  “se llamarán como  autores  determinadores  del  delito  mencionado en la modalidad concursal, pues  son  dos  las  falsedades,  cada  una  independiente: una en referencia al poder  otorgado  a  SILVIO  GALINDO  PARRA  y  otra  en  relación  con  la  promesa de  compraventa  del  inmueble  de  la calle 125 A”. A su  vez  en  el  fallo  de primer grado se condenó a los procesados “como  coautores  responsables de los delitos de FALSEDAD MATERIAL DE  PARTICULAR  EN  DOCUMENTO  PÚBLICO  AGRAVADOS POR EL USO, cometidos en concurso  homogéneo y sucesivo”.   

Destaca  que  a  partir  de la acusación la  defensa  enfocó  su  actividad  a  desvirtuar  el cargo por determinar a otro u  otros  para  la  realización de la falsedad, pero en la sentencia se la condena  por  vía  indiciaria  como  autora  directa  de  la  conducta falsaria, sin que  hubiera tenido oportunidad de defenderse de este cargo.   

          Igualmente  expone  que  la variación de la calificación jurídica  establecida  en  la  acusación  quebranta  su  función  de límite y garantía  democrática  en  cuanto  pieza  importante  de  introducción al juicio, habida  cuenta  que  se  erige en punto de referencia irrenunciable a partir del cual el  procesado  orienta  su  defensa  con la seguridad de que no va a ser sorprendido  con una condena por hechos o situaciones diversas.   

También aduce que si la imputación fáctica  es  intangible, su alteración sobreviniente compromete el derecho a la defensa,  pues  aún  de  conformidad con lo establecido en el artículo 404 de la Ley 600  de  2000,  la calificación jurídica señalada en la acusación sólo puede ser  variada   en   el   juicio  por  error  en  ella  o  por  prueba  sobreviniente,  disponiéndose  en  tal caso que el juez adopte el correspondiente trámite para  garantizar los derechos del acusado.   

          En  consecuencia,  plantea  el  casacionista  que  si tal como lo ha  señalado            esta            Sala1,  ni  aún  con la aplicación  del  procedimiento  señalado es posible variar la imputación fáctica, resulta  evidente  que  en este asunto se incurrió en tal variación proscrita, pues los  supuestos  de  hecho  para el coautor y para el determinador son sustancialmente  distintos,  dado que el primero instiga o induce a otro a realizar el tipo penal  a  través  de  un  mandato,  consejo,  convenio o coacción, en tanto que en la  coautoría  existe  celebración  de  un  acuerdo,  realización mancomunada del  hecho y contribución objetiva a su ocurrencia.   

En  punto  de  la  violación del derecho de  defensa,  el impugnante señala que la variación introducida en la sentencia de  primera  instancia  constituye un “monumental acto de  deslealtad”,  pues “ya no  se  trata, según la sentencia, de la participación en el acto de otro (como lo  dijera   la   Fiscalía)  a  través  de  una  determinación  eficaz,  sino  la  intervención    en    un    acto    propio,    mediante    una   falsificación  material”.   

Adicionalmente  expresa  que  no  hay  en la  actuación  prueba  grafológica  que  determine  la  procedencia  de las firmas  dubitadas,  toda  vez  que los medios probatorios solicitados con tal fin por el  defensor  que  actuó  en el juicio fueron negados en las instancias, y además,  en  el  curso del proceso no se realizó la correspondiente valoración técnica  tendiente  a  verificar  lo  expuesto  por  la  acusada  en punto de señalar la  responsabilidad  de  Gustavo García Celis  en  la  comisión  del  delito  imputado  a  ella,  pruebas que se  tornaban  irrelevantes  respecto  de  la acusación como determinadora, pero que  cobran   trascendencia   frente   al   cargo   imputado  en  la  sentencia  como  autora.   

          Dice  el  censor que el ad quem  avaló  la  condena  proferida  contra su asistida como autora del  delito  contra  la  fe  pública,  sin  pronunciarse  sobre  la variación de la  imputación fáctica atrás indicada.   

Con  base  en  lo  anotado,  el  impugnante  solicita  a  la  Corte  declarar  la  nulidad  de  la  actuación a partir de la  resolución  acusatoria,  con  el  propósito  de  restablecer  el derecho de la  procesada   a   controvertir   argumental  y  probatoriamente  la  modalidad  de  intervención  que  se  le  impute  respecto  de la forma de intervención en el  delito.   

          1.2.                      Segundo  cargo:  Falso  raciocinio  que  recayó  sobre  las  pruebas  que  demostraban  que  la  promesa  de venta y el poder sí  existieron.   

Planteado  como  subsidiario  con base en la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, por violación indirecta de la ley  sustancial  por  falta  de aplicación del artículo 228 del Decreto 100 de 1980  (falsedad  para  probar  hecho  verdadero),  derivada  de falsos raciocinios que  recayeron  sobre  la  valoración  de las pruebas que acreditan que los negocios  relacionados  en  la  promesa de compraventa y en el poder sí ocurrieron, y que  por  lo tanto la falsedad materializada en esos documentos configuraba el delito  establecido  en  el  precepto  inaplicado,  el  cual disponía una sanción de 3  meses a 2 años de arresto.   

1.2.1.                  Con  relación  a  los  medios de prueba sobre los cuales recayó el  error,  el  censor  señala que el segundo ejemplar de la promesa de compraventa  celebrada   entre   Alvaro  Puig  García     y    JOSÉ    DOMINGO    RODRÍGUEZ  ROZO,   que   fuera   entregado   por   MIRYAM  EMMA  RODRIGUEZ, demuestra que sí  existió  el referido contrato “que se plasmó en dos  ejemplares:   la  (sic)  que  estuvo  en  manos  del  prometiente  comprador,  sobre  la  cual  se realizó la  falsedad  del  reconocimiento  notarial  y  la  del prometiente vendedor que fue  aportada   al  proceso  sin  ninguna  alteración,  con  la  firma  de  los  dos  prometientes”.   

Entonces  manifiesta que de haber sido falso  el  mencionado  contrato  de promesa de venta su asistida no lo habría aportado  en  la  indagatoria,  pues  ello  habría agravado su situación procesal, y que  además, no se desvirtuó la autenticidad del documento.   

          Para  demostrar lo expuesto indica que de acuerdo a las reglas de la  experiencia,  las  personas  procesadas  no  aportan  al  proceso  pruebas en su  contra,  como  la promesa de venta a la que se ha aludido; también tales reglas  señalan  que  si  se  aportan  documentos  es  porque se tiene la certeza de su  autenticidad,   que  los  contratos  se  extienden  en  tantos  ejemplares  como  interesados  y  que  quienes  cometen  delitos  de  falsedad no los realizan por  duplicado.   

Puntualiza el impugnante que el fallo atacado  no  podía  tener  por falsa la firma de la promesa de venta, pues en el proceso  no  hay  prueba  de  ello, ya que se acreditó que lo falseado fue la actuación  notarial posterior.   

          1.2.2.                                    El  defensor  manifiesta  que con base en el dictamen de grafología  es  posible  concluir  la  uniprocedencia  de  la  firma dubitada plasmada en la  promesa    de   venta   y   las   indubitadas   provenientes   de   Alvaro  Puig  y  que,  en consecuencia, se  violaron  las reglas de la ciencia y de la técnica aplicables por mandato legal  a  los  estudios  grafológicos,  especialmente las establecidas en el artículo  257  del estatuto procesal penal, todo lo cual impidió que se procediera por el  delito  de  falsedad  para  obtener prueba de hecho verdadero, establecido en el  artículo 228 del anterior Código Penal.   

1.2.3.                  Destaca  que  el acta No. 6 del 17 de mayo de 1991, que da cuenta de  la  reunión  celebrada  por  los miembros de la sociedad Las Vallas Ltda., así  como  el  poder  otorgado  por  Alvaro Puig   a   Silvio  Galindo  Parra   para   que   en   su  nombre  y  representación  suscribiera  la  correspondiente  escritura pública de cesión de cuotas sociales en la referida  sociedad,   permite   acreditar   que   Alvaro   Puig  García tenía intención de vender o ceder sus cuotas  a   RODRIGUEZ  ROZO,  habida  cuenta  que no hay pruebas que infirmen su valor demostrativo ni que hagan dudar  de  su  “genuinidad”, en  especial  porque  los documentos de los comerciantes se encuentran amparados por  la presunción de veracidad.   

Indica  entonces que la mencionada acta y el  poder  acreditan  que  el  contrato  referido  a la venta o cesión de cuotas de  interés  de  la  sociedad Las Vallas Ltda fue un hecho verdadero y cierto, dado  que  las  firmas  que  en  ellos  aparecen no fueron cuestionadas ni tachadas de  falsas,  motivo  por  el cual, de acuerdo con lo establecido en el artículo 262  del  Código de Procedimiento Penal que establece la presunción de autenticidad  de  los  documentos  cuando  la  parte  contra  la  que  se aducen no manifiesta  inconformidad   alguna,   debió   tenerse   como   acreditado   “que    la    falsedad    se    cometió   para   probar   un   hecho  verdadero”   y   que  por  tanto  se  imponía  dar  aplicación  al  artículo  228 del estatuto penal derogado que resultó violado  por falta de aplicación.   

          También  considera  violado  el artículo 232 del estatuto procesal  penal,   pues  el  fallo  fue  proferido  sin  sujeción  a  lo  probado  en  el  expediente.   

          A  partir  de lo expuesto, el casacionista concluye que se demostró  en  el  proceso que las firmas que aparecen en la promesa de venta y en el poder  son  auténticas,  y que las falsedades acreditadas ocurrieron con posterioridad  para  probar  hechos verdaderos, esto es, para demostrar que existió la promesa  y  el  poder,  y por tanto, la norma aplicable era el artículo 228 del anterior  Código Penal.   

          Solicita  entonces el defensor a la Corte casar la sentencia atacada  para  que en su lugar se profiera fallo de reemplazo en el cual reconozca que se  cometió  el  delito  de  falsedad para probar hecho verdadero, y de conformidad  con ello se redosifique la pena.   

          1.3.                      Tercer cargo: Falso juicio de identidad sobre el  carácter público de los documentos.   

Postulado como subsidiario bajo la égida de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, por violación indirecta de la  ley  sustancial  que  determinó  la aplicación indebida del artículo 220 y el  inciso  2º  del  222  del  derogado  estatuto  penal,  así  como  la  falta de  aplicación del artículo 221 del mismo ordenamiento.   

El  defensor  manifiesta  que los falladores  incurrieron  en  falso  juicio de identidad al apreciar los documentos sobre los  que  tuvo  lugar  la  falsedad,  pues  les  otorgaron  una doble connotación de  documentos  privados  y  públicos  a  la  vez, sin detenerse a verificar que la  promesa  de  venta del lote ubicado en la calle 125 A con 35 de esta ciudad y el  poder  otorgado  por  Alvaro  Puig García   a   Silvio  Galindo  Parra  para  ceder  y  vender  a  JOSE  DOMINGO  RODRIGUEZ  las cuotas de participación en la sociedad  Vallas  Ltda,  son  documentos privados, pues fueron suscritos por particulares,  no  emanaron  de  servidor  público  en  ejercicio  de sus funciones, no fueron  producidos  con  su  concurso,  y  no  contienen  intervención documentadora de  ningún servidor público con ocasión de sus funciones.   

Por  tanto,  si  bien  se  probó  que  los  reconocimientos  notariales  que sobre tales documentos se realizaron resultaron  ser falsos, ello no desvirtúa su condición privada.   

          Para  demostrarlo, el censor señala que según lo ha establecido la  doctrina,  en  Colombia los documentos se dividen en públicos y privados según  su  origen  o procedencia; el reconocimiento de firmas ante notario no cambia la  condición  del  documento  privado;  las  modalidades  del documento público y  privado  son  incompatibles,  es  decir,  un  documento  no puede tener al mismo  tiempo ambas condiciones.   

          En  consecuencia,  al  decirse  en  el  fallo de primer grado que se  trata   de   “documentos  formalmente  públicos  y  sustancialmente  privados”  de  manera equivocada se  asumieron  como  públicos documentos de índole privada, yerro que condujo a la  inaplicación del artículo 221 del anterior estatuto penal.   

          De  igual  manera,  al  diferenciar  el  ad  quem  entre  el  documento  privado  que  contiene  la  voluntad  de  los  particulares  y otro público que es el atestado del Notario,  persistió   en   el   error  de  hecho  denunciado,  dado  que  “la  firma  de  un  notario, el sello de una notaría, el membrete de  una  notaría  no  tienen  por  sí solos un valor documental alguno. Su sentido  deriva  de  un contenido y ese contenido no puede ser otro que la referencia, en  este  caso, a la manifestación de voluntad de particulares con trascendencia en  las relaciones jurídicas materiales”.   

Concluye  entonces  que  lo  anotado  en  la  sentencia  de  segundo  grado  acerca  de  la  autonomía  de los contenidos del  contrato  de  compraventa  y del poder para vender las acciones, “es  un  ejercicio  de  pura metafísica”,  que  no  se  compadece  con  la  noción  de  antijuridicidad  a  la  luz  de la  Constitución  Política,  habida  cuenta que nadie falsifica una autenticación  si  no  es  en  razón de mejorar la capacidad probatoria del documento, pues el  objeto  de  la  manipulación es conseguir que de prueba sumaria se convierta en  documento auténtico.   

Y  agrega que resulta absurdo darle valor de  documento  público a la constancia del Notario diferenciándola de lo señalado  por  los  particulares,  pues ello conduciría a afirmar que se han cometido dos  delitos:  uno  de falsedad en “documento público por  las  manifestaciones del notario”, y otro de falsedad  “en  documento  privado  por  el cambio de su fuerza  probatoria”.   

          Señala  como  normas  instrumentales  violadas los artículos 232 y  238  del estatuto procesa penal y 251 del Código de Procedimiento Civil, y como  preceptos  sustanciales,  los  artículos  220  y 222 inciso 2º por aplicación  indebida,       así      como      el      artículo      221      ejusdem       por       falta      de  aplicación.   

          Con  fundamento  en lo anterior, el censor solicita a la Corte casar  el  fallo  atacado  y  en su lugar proferir sentencia de reemplazo en la cual se  reconozca  que  la  falsedad  recayó sobre documento privado y por ello se debe  efectuar  una  nueva adecuación típica de conformidad con el artículo 221 del  Código Penal anterior dejado de aplicar.   

          1.4.                      Cuarto cargo: Violación directa por aplicación  indebida  de  los  artículos 220 y 222 inciso 2º del Código Penal, y falta de  aplicación del artículo 222 del mismo.   

Presentado  como  subsidiario,  el  actor lo  postula  al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación, cuerpo primero, por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  determinado  por  la  aplicación  indebida  del  artículo  220  del  anterior Código Penal, pues “se    debió    aplicar   solamente   el   artículo   222   segundo  inciso”.   

          Para  demostrarlo expone que “si se parte  de  la  situación  de hecho y probatoria aceptada por los sentenciadores, estos  se  equivocaron  en  la  selección  de  la  norma  aplicable.  Establecieron un  concurso  entre  el  artículo 220 y 222 del C.P. inciso 2º, cuando lo correcto  era    la   aplicación   del   inciso   2º   del   artículo   222”.   

          Por  tanto,  si  de  acuerdo  al artículo 222 del derogado estatuto  penal  se  sancionaba con pena de uno a ocho años de prisión a quien sin haber  concurrido  a  la  falsificación hiciere uso del documento público falso, y se  aumentaba  la  pena  hasta  en la mitad para quien además del uso del documento  público  fuera  el  mismo  que  lo  falsificó,  al  imputarse  a  MIRYAM  EMMA  RODRIGUEZ los comportamientos  de  usar el documento público espurio y ser autora de la falsedad, no resultaba  aplicable  el  artículo 220 que sólo se refiere a la conducta de falsificar el  instrumento público pero no a su utilización.   

          Destaca   el   censor   que   sobre   el   particular  existió  una  “mala práctica judicial”  que  pretendía  subsanar  la  incongruencia  punitiva, pues si la persona sólo  falsificaba  el documento se le imponía la pena de dos a ocho años de prisión  establecida   en   el  artículo  220  del  anterior  estatuto  penal,  pero  si  falsificaba  y  usaba  el  documento  público  la pena era de uno a ocho años,  aumentada  en  la  mitad,  según  lo establecido en el inciso 2º del artículo  222.  Por  tanto,  jurisprudencialmente  se  dijo que el inciso mencionado no se  refería  al primer aparte del artículo 222 sino al primer inciso del artículo  220,  posición con la cual se intentó por vía judicial legislar indebidamente  con   quebranto   de   los   principios   de   separación   de   poderes  y  de  legalidad.   

Con base en lo expuesto, el defensor solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  atacado,  y  en  su  lugar proferir sentencia de  reemplazo   dando   aplicación   al   artículo   222   del   anterior  Código  Penal.   

2.             Demanda   a   nombre  de  JOSE DOMINGO RODRIGUEZ ROZO:   

El defensor plantea dos cargos que fundamenta  y desarrolla así:   

2.1.          Primer cargo: Nulidad por violación del  derecho   a   la   defensa   determinada  por  variación  de  la  calificación  jurídica.   

Considera el actor que el fallo censurado fue  proferido  en  un juicio viciado de nulidad, habida cuenta que la resolución de  acusación  “presenta  una motivación anfibológica  en  la  formulación  de cargos” que generó un vicio  de   garantía,   pues  se  “presenta  una  evidente  indeterminación  en cuanto a la imputación objetiva, que impidió el ejercicio  del  derecho  a  la defensa, ante la ambigüedad e indefinición del vocatorio a  juicio en tal aspecto”.   

Como normas violadas indica los artículos 29  numeral  3º  de  la  Carta  Política,           14  del  Pacto Internacional de Derechos  Civiles  y  Políticos; 8º de la Convención Americana de Derechos Humanos; 7º  del Decreto 2700/91 y 13 de la Ley 600/00.   

          Para   demostrarlo   manifiesta  que  JOSE  DOMINGO    RODRIGUEZ    ROZO    fue   acusado   como  “autor  determinador” del  delito  de  uso  de documento público falso agravado por el uso en concurso, en  tanto  que  en  el  fallo  de  primer  grado  se lo condenó como coautor de los  referidos comportamientos.   

          Por  tanto, habida cuenta que la doctrina y la jurisprudencia tienen  sentado  que  la acusación constituye pieza transcendental en el juicio para el  ejercicio  pleno  del  derecho  de  la  defensa, es evidente que debe carecer de  imprecisión,  ambigüedad  o  contradicción.  En  este asunto, la Fiscalía no  señaló  el  fundamento  probatorio  de  la acusación, pues sólo se limitó a  formular   tres   interrogantes  acerca  de  RODRIGUEZ  ROZO     sin     acreditar    la    “realización  subjetiva  de  la  conducta  falsaria  respecto de los  mentados  atestados del Notario adulterados, elemento sobre el cual se hizo caso  omiso  por  parte  del  ente  acusador,  dando lugar a un vicio de garantía que  invalidó desde allí la actuación”.   

En  punto  de  la  violación del derecho de  defensa,  el  casacionista  indica  que  en  el juicio la labor probatoria de la  defensa,   su  argumentación  y  debate  se  circunscribieron  al  uso  de  los  documentos  señalados  como  falsos  y  se orientó a acreditar ante el juez la  inexistencia  de  tal  situación,  motivo por el cual no solicitó pruebas para  controvertir  propiamente  la  falsedad  por la cual finalmente se condenó a su  representado,  quedando  en  consecuencia  sin  oportunidad  de  confrontar  tal  aspecto.   

Con  fundamento  en  lo anterior solicita se  declare  la nulidad de lo actuado a partir de la resolución de acusación a fin  de  subsanar  el vicio, y de tal manera permitir al procesado el cabal ejercicio  de  su  derecho  de  defensa  por  vía  de  la argumentación, contradicción y  discusión   probatoria   acerca   de   la  autoría  de  la  falsedad  material  imputada.   

2.2.          Segundo cargo: Falso juicio de identidad  sobre el carácter público de los documentos.   

Presentado  como subsidiario al amparo de la  causal  primera  de casación cuerpo segundo, por violación indirecta de la ley  sustancial  por  aplicación  indebida del artículo 220 y el inciso 2º del 222  del  Decreto  100  de 1980, y correlativa falta de aplicación del artículo 221  ejusdem.   

Indica   que   los   falladores  valoraron  equivocadamente  la  prueba  documental,  a  partir  de lo cual asumieron que la  promesa  de  venta  y  el poder tenían la connotación de documentos públicos,  cuando en verdad se trata de instrumentos privados.   

Para  demostrarlo expresa que los documentos  sobre  los  cuales recayó la falsificación fueron la promesa de venta del lote  ubicado  en  la  calle  125  A  con  35  de  esta ciudad y el poder otorgado por  Alvaro   Puig   García  a  Silvio  Galindo  Parra  para  ceder  y  vender  a  JOSE DOMINGO RODRIGUEZ  las cuotas de participación en la sociedad Vallas Ltda, a los que  les   fue   impuesta   la  constancia  notarial  apócrifa  en  su  contenido  y  firmas.   

          Habida  cuenta  que  los  falladores  estimaron que tales documentos  eran  públicos,  el  demandante  indica  que  como  según el artículo 251 del  Código  de  Procedimiento Civil, la naturaleza pública de los documentos está  determinada  por  su otorgamiento por funcionario público, en los demás casos,  esto es, cuando ello no ocurre, el documento es de índole privada.   

Destaca  que  en el fallo de primer grado se  dijo  que  se  trataba  de documentos formalmente públicos pero sustancialmente  privados,  carácter  que  no  es  válido  en  el  derecho colombiano, pues los  documentos  no pueden tener simultáneamente ambas calidades. Aduce también que  en  el fallo de segundo grado simplemente se hizo una indebida separación entre  el  carácter  privado  de  la  declaraciones  de los contratantes, y la índole  pública  de  la  constancia  notarial,  sin  atender  que  esta “no  puede  tener existencia aparte independiente del documento sobre  el  cual  ha  sido  impuesto,  dado  que  su  significado  y razón de ser está  íntimamente  ligado  al  documento  sobre  el  cual,  se  imprimió”.   

          Concluye  el  censor que “se incurrió en  una  errónea  apreciación  fáctica  en  la  consideración  de los documentos  objeto  de  la acción de falsedad, tergiversando la naturaleza de los que obran  en  el  expediente  como  documentos privados, sin tener las características de  documentos  públicos,  a  pesar  de lo cual fueron considerados en la sentencia  como   tales”,   lo  que  condujo  a  la  falta  de  aplicación  del  artículo  221  de  derogado estatuto penal y a la aplicación  indebida  de  los  artículos  220 y 222 inciso 2º del mismo ordenamiento. Como  normas  procesales quebrantadas, el censor señala los artículos 232, 238 y 251  del anterior estatuto penal adjetivo.   

          Con   soporte   en   lo   expuesto,   el  defensor  de  RODRIGUEZ  ROZO  solicita a la Corte casar  el  fallo  atacado  y  en  su lugar proferir sentencia de reemplazo en la que se  adecue    el    comportamiento    al    delito    de   falsedad   en   documento  privado.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

Durante  el traslado a los no recurrentes la  apoderada  de  la parte civil allegó escrito en el cual se pronunció sobre los  cargos presentados así:   

          Dice  que a lo largo de la actuación la defensa contó con diversas  oportunidades  de  intervención  a  las  que  efectivamente  acudió,  y que en  especial   las   solicitudes   de   declaratoria  de  nulidad  fueron  resueltas  desfavorablemente  en  varias  ocasiones; además resalta que con los documentos  falsos  se  consiguió  sustraer  el  inmueble  de  la  calle  125  A de la masa  herencial  de  Alvaro Puig en  detrimento del hijo menor de este.   

          También  señala  que, contrario a lo expuesto por los impugnantes,  en   la   actuación  obra  un  dictamen  grafológico  rendido  por  el  perito  Arnulfo  Salinas Rodríguez a  petición   de   la   defensa,   en   el  cual  se  afirma  que  “las  firmas  que  como  de  ALVARO  PUIG  GARCIA  que figuran en las  diligencias   de   reconocimiento  notarial  son  apócrifas  y  corresponden  a  reproducciones por imitación”.   

Y  agrega  que  la  solicitud de nulidad que  ahora   se  intenta  en  este  recurso  ya  fue  resuelta  por  el  ad  quem,  motivo  por  el cual no resulta  procedente acceder a la pretensión invaliatoria.     

          En  punto  del  alegado  falso  raciocinio  sobre  las  pruebas  que  demostraban  que  la promesa de venta y el poder sí existieron, la apoderada de  la  parte civil replica que esta censura fue despachada desfavorablemente por el  Tribunal,  y  que  su nueva proposición sólo está dirigida a dilatar el curso  del proceso, en detrimento de los intereses de sus representados.   

          Acerca  del  carácter  privado  de  los documentos sobre los cuales  recayó  la  falsedad  señala  que  sobre  el  tema ya hubo pronunciamiento del  Tribunal  y  que  se  olvida  que  los  sellos  y  las firmas del notario fueron  falseadas,  dado que para la fecha en que aparecen suscritas las constancias, el  titular  de  la  Notaría  23  del  Círculo  de  Bogotá,  doctor  Aldo   Buenaventura,   se  encontraba  en  licencia,  según  se  acreditó  con las correspondientes constancias expedidas  por la Superintendencia de Notariado y Registro.   

          Por   tanto,   considera   que   no  hay  duda  que  los  documentos  falsificados  eran  de  naturaleza  pública,  pues  la  firma del Notario y los  sellos  notariales  otorgan  a  los documentos la condición de públicos por el  carácter  de  quien  los debe estampar, esto es, un Notario, guardián de la fe  pública.   

          Además,  destaca  que  en  la  primera  sesión de la diligencia de  indagatoria   de  JOSE  DOMINGO  RODRIGUEZ,  este  afirmó  que  para  autenticar las firmas del poder acudió  personalmente  con Alvaro Puig  a la notaría, pero posteriormente se retractó.   

Finalmente, acerca de la aplicación indebida  de  los  artículos  220  y  222  inciso  2º  del  Código  Penal,  y  falta de  aplicación  del  artículo  222  del  mismo, la no recurrente manifiesta que no  comparte    la    técnica   utilizada   por   el   defensor   de   MIRYAM  EMMA  RODRIGUEZ, pues presenta los  mismos  argumentos  en  procura  de  demostrar cargos opuestos. Adicional a ello  agrega,  que  quedó  demostrado  en  el  expediente  la  relación  del acto de  falsificar  con  la  utilización  del  documento, sin que ahora resulte válido  desligarlos.   

Con base en lo expuesto, solicita a la Corte  no acceder a las pretensiones de los impugnantes.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal solicita en su concepto no casar la sentencia impugnada por las  fallas  técnicas  de  los libelos y por  considerar que no asiste razón a  los  impugnantes,  con  base  en  los argumentos que a continuación se exponen,  para  lo  cual  procedió  a estudiar de manera conjunta al cargo primero de las  dos  demandas,  así  como  la  tercera  censura  de  la  presentada a nombre de  MIRYAM  EMMA  RODRIGUEZ y la  segunda  de  la  demanda  a  nombre  de  JOSÉ DOMINGO  RODRIGUEZ.   

1.            Respecto  del  primer cargo: Nulidad por  violación   del   derecho  a  la  defensa  determinada  por  variación  de  la  calificación  jurídica  (primer  cargo  de la demanda a nombre de MIRYAM  EMMA  RODRIGUEZ y primer cargo de  la   demanda  a  nombre  de  JOSE  DOMINGO  RODRIGUEZ  ROZO):   

Comienza  el  Delegado  por señalar que las  propuestas  de  invalidación  no  están  llamadas  a  prosperar,  dado que los  actores  incurren  en yerros que desconocen los principios de claridad y lógica  que  rigen esta impugnación extraordinaria, falencia que imposibilita acreditar  la irregularidad sustancial denunciada.   

Sobre   los  argumentos  del  defensor  de  MYRIAM EMMA RODRIGUEZ TAVERA,  el  Procurador Delegado expone que el actor “confunde  el  yerro  derivado  de  una  equivocada  calificación  jurídica, con el error  consistente   en   la   falta   de   congruencia   entre   la  acusación  y  el  fallo”,  pues  en  el  primer  caso  la  falencia se  produce     en     la     acusación    (error    in  iudicando o de mérito), que debía postular al amparo  de  la  causal  primera,  dado  que  podía  ser  corregido  dictando  fallo  de  sustitución,  siempre  que  la  modificación  no  implicara cambio del género  delictivo y no se agravara la situación del procesado.   

En  tanto que si el interés del defensor se  orienta  a  la calificación que de la conducta se realizó en las sentencias, y  a  partir  de  ello  alega  que se sorprendió a su asistida con una imputación  diversa  de  la  planteada en la acusación, y que por tanto no tuvo oportunidad  de  defenderse  en  el juicio, le correspondía solicitar la invalidez del fallo  por  incongruencia  con la resolución de acusación, cargo que debía presentar  al  amparo  de  la causal segunda de casación, o inclusive bajo la égida de la  causal  tercera,  según  lo ha señalado esta Sala, pues estaría aceptando que  la  calificación  impartida  en  la acusación es correcta, circunstancia en la  cual  no es viable el fallo de sustitución, si no la declaratoria de nulidad de  lo actuado.   

Precisa  el  Delegado  que  “la  incongruencia  entre  la  imputación  de  la  acusación  y  la  sentencia,  no  es  posible  alegarla  como  causa  de  nulidad  por error en la  denominación  jurídica de la infracción, y menos confundirla con el equívoco  en  el  grado  de participación”, además puntualiza  que  “el  hecho  de  condenar  como autor material a  quien  fue  acusado  como  determinador,  o  viceversa,  no origina un motivo de  nulidad  por  violación  al  derecho  de  defensa, como lo alega el recurrente,  porque  el  artículo  23  del  Código  Penal que rigió el asunto, le da igual  tratamiento  punitivo  a  ambas  categorías  de  intervención  en  la conducta  delictiva”    y    por    tanto    “con  una  decisión  en  tales  condiciones  no se atenta contra las  garantías  fundamentales  del  procesado,  ya  que en tal caso la situación de  éste      no     resulta     más     gravosa     o     desmejorada”.   

Además  de  las  señaladas  deficiencias  técnicas,  el  Delegado expresa que tampoco tuvo lugar la sorpresiva variación  de  la  calificación  jurídica  de  la  conducta  en  el fallo que denuncia el  censor,  pues  la  congruencia  entre  acusación  y  sentencia supone identidad  fáctica  y  correspondencia entre la calificación de los hechos plasmada en la  acusación  y la establecida en el fallo; la primera es una condición absoluta,  en  tanto  que  la  consonancia  jurídica es relativa, dado que es permitido al  fallador  condenar  por  una  especie  delictiva  distinta  de la imputada en el  pliego  de  cargos,  siempre  y  cuando  pertenezca  al mismo género (título y  capítulo),  y  no se desmejore la situación del procesado como consecuencia de  una sanción mayor.   

Por  tanto,  señala  que  en este asunto el  actor  no  demuestra  de  manera  alguna  la  incongruencia que postula, pues se  limita  a  decir  que en el fallo de segundo grado se desconoció la imputación  fáctica,  circunstancia  que  no  es  cierta, dado que en la sentencia no se le  atribuyeron  a su asistida hechos o actuaciones distintas de las incluidas en la  resolución  acusatoria,  al  punto  que  en  la  parte  considerativa  de  esta  providencia  se  indicó  que  los  procesados  debían  responder  por  uso  de  documento  público falso, agravado por haber participado en su adulteración, y  a   la   vez   que   se  les  acusó  como  “autores  determinadores”  del referido delito. Ya en la parte  resolutiva   del   pliego   de   cargos  fueron  acusados  como  “coautores”  de estafa y uso de documento  público agravado por participar en la falsificación.   

Destaca el Delegado que en ninguna parte del  fallo  de  primer  grado  se  dice  que la procesada hubiere actuado como autora  material  de  la  acción falsaria, como sin razón lo señala el demandante, ya  imitando  la  firma  del Notario o la de su cónyuge, o en la imposición de los  sellos falsos, o en el diligenciamiento de su contenido.   

También   aduce   que   el   a   quo   se   limitó  a  rectificar  la  subsunción  de  los  comportamientos verificada en la acusación, habida cuenta  que   si   MIRYAM  RODRIGUEZ  había  intervenido  en  la  falsificación  de  los  reconocimientos notariales  estampados  en la promesa de compraventa y en el poder para vender las cuotas de  interés,  al  menos  como determinadora, y posteriormente usó tales documentos  espurios,  tal  proceder  no  se  adecuaba  al  artículo  222  de  la  derogada  legislación  penal,  sino al artículo 220 del mismo ordenamiento, agravado por  la   circunstancia  establecida  en  el  inciso  segundo  del  222  ejusdem,   como   lo  ha  señalado  esta  Sala2.   

Y  agrega  que   tal  rectificación se  realizó  sin  desconocer los supuestos de hecho puntualizados en la acusación,  de  donde  se  concluye  la incolumnidad del derecho de defensa de la procesada,  dado  que  no  fue  sorprendida  con  la atribución de circunstancias fácticas  diferentes  o  desconocidas  por  ella  y  su defensor, y sólo se trató de una  corrección  hecha  por  el  fallador  que se encuentra facultado para hacer los  ajustes  necesarios  en  aras  de  salvaguardar  el  principio de legalidad y el  debido proceso.   

Respecto  de  los argumentos del defensor de  JOSE  DOMINGO RODRIGUEZ ROZO,  el  Delegado  señala que tampoco tienen vocación de prosperidad, pues faltan a  la  claridad  y  lógica de este recurso, dado que se desconoce si cuando emplea  el    término    “tipo   subjetivo”  se  refiere  a  la  clase  de  intervención  en el comportamiento  delictivo  -como  autor  material,  determinador o cómplice-, o si con el mismo  alude  a  las  formas  de  culpabilidad  o  modalidades  de  la conducta punible  -dolosa,  culposa,  o  preterintencional-,  destacando  que  en todo caso, en la  acusación  fueron  definidas  la  forma  de  participación  y  la modalidad de  culpabilidad con la cual obró el acusado.   

En efecto, afirma el Ministerio Público que  en  primer  término  no  hay  ambigüedad  o  indeterminación  en el pliego de  cargos,  pues  si el comportamiento atribuido al enjuiciado únicamente adquiere  connotación  penalmente  relevante si se realiza a título de dolo, se entiende  que  la  imputación del delito fue bajo esa concreta especie de culpabilidad, o  modalidad  de  la  conducta  punible,  como hoy se clasifica en el Código Penal  vigente.   

En  segundo  lugar,  en cuanto a la forma de  intervención  en  el  delito,  en  la  acusación se señaló de manera clara y  categórica     el     comportamiento     realizado     como     “coautor  determinador” de las falsedades,  aspecto  que  el  instructor  dedujo  por el manifiesto interés que le asistía  junto    con    EMMA   MIRYAM   RODRIGUEZ  en  sustraer  de  la  sucesión de Alvaro  Puig  García  el  bien inmueble de la calle 125 A con  carrera  35  y  las  acciones  que  aquel  tenía  en  la  Sociedad  Las  Vallas  Ltda.   

Concluye entonces, que si en la acusación se  definió  con  absoluta nitidez tanto la forma de intervención del procesado en  los  hechos  punibles, como la culpabilidad con la que desplegó su conducta, en  manera  alguna estuvo imposibilitada la defensa material o técnica para debatir  en  el  juicio  la  concreta  imputación hecha en la acusación, razón de más  para que el cargo no deba prosperar.   

2.             Respecto   del  segundo  cargo:  Falso  raciocinio  que  recayó  sobre  las  pruebas  que demostraban que la promesa de  venta  y  el  poder  sí  existieron  (segundo  cargo  de la demanda a nombre de  MIRYAM        EMMA        RODRIGUEZ).   

Expone el Ministerio Público que si bien el  actor  acierta  en  la  postulación  del  cargo  por  falta  de aplicación del  artículo  228  del  Decreto 100 de 1980, lo cierto es que no consigue acreditar  la  efectiva  ocurrencia del error de hecho por falso raciocinio que alega, pues  en  la  demostración del reproche el demandante se limita a exponer sus propias  conclusiones  sobre  ciertos  medios  de  prueba  documentales para concluir que  tanto  el negocio de compraventa del inmueble determinado en la promesa, como el  de  la venta de las cuotas de interés, en verdad ocurrieron y que por lo tanto,  si  el  fallador  hubiera  estimado tales pruebas conforme lo plantea el censor,  habría   aceptado   que  las  falsedades  documentales  aquí  investigadas  se  produjeron para probar un hecho verdadero.   

          El  Delegado resalta que al observar los fallos de primera y segunda  instancia,  que  integran  una unidad jurídica inescindible, se concluye que no  es  verdad  que  los  falladores  hubieran  incurrido en el vicio de valoración  probatoria  atribuido  por  el  demandante,  pues  lo  cierto es que si bien los  contratos  de  compraventa  del  inmueble  y  cesión  de las cuotas de interés  pudieron  haber  sido  acordados en vida de Alvaro Puig  García,  jamás se cristalizaron como hechos ciertos,  y  por  ello  los  procesados  recurrieron  a  las  falsedades,  “no  para  probar  que  las transacciones se dieron, sino para evitar  cualquier  cuestionamiento de los supuestos negocios al interior de la sucesión  de  Puig  García,  dándole a aquellos documentos, merced a los reconocimientos  espurios,  el  valor  de  plena  prueba  oponible  entre  las  partes  y  contra  terceros”.   

Dice  que  el demandante olvidó que en esta  impugnación  extraordinaria no basta la simple disparidad de criterios entre la  valoración  de  ad quem y la  del  demandante para acreditar un falso raciocinio, pues la doble presunción de  acierto y legalidad que ampara a los fallos judiciales lo impide.   

Por  lo  anotado manifiesta que el cargo no  debe prosperar.   

3.           Respecto  del tercer cargo: Falso juicio  de  identidad  sobre el carácter público de los documentos (tercer cargo de la  demanda  a nombre de MIRYAM EMMA RODRIGUEZ   y   segundo   cargo  de  la  demanda  a  nombre  de  JOSÉ DOMINGO RODRÍGUEZ).   

Comienza el Procurador Delegado por señalar  que   los   demandantes  incurren  en  un  “garrafal  desacierto”,  pues  si  censuran  que los documentos  privados  fueron  tenidos  como  públicos,  se apartan de la argumentación del  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad que es de carácter objetivo y  contemplativo   en  punto  de  la  distorsión  de  la  prueba,  “e  inopinadamente  invaden  la  órbita de la violación directa, ya  que  lo  alegado  por ellos no es más que un error de juicio jurídico frente a  los      presupuestos      de     hecho     debidamente     probados”.   

Destaca  entonces  que  tal  circunstancia  condena  la  censura al fracaso en virtud del carácter rogado de este trámite,  pues  la falla no puede ser corregida por la Corte, pese a lo cual considera que  tampoco  le  asiste  razón  a  los  actores  en  el  fondo  de  su pretensión,  “ya  que  no  es cierto que los documentos sobre los  que   recayó  la  conducta  falsaria  sean  de  naturaleza  privada”.   

En efecto, puntualiza que los falladores de  primero  y segundo grado dejaron en claro que “uno es  el  carácter  documental  de  la promesa de compraventa del bien inmueble y del  poder  para  la  venta de las acciones, y otro, autónomo y diferente, el de las  diligencia  de  reconocimiento de firmas que se estampo a estos. La promesa y el  poder  son  documentos  privados por esencia, en la medida que su elaboración y  contenido  corresponde  a  la expresión de voluntad de sujetos particulares; en  cambio,  las  diligencias de reconocimiento de firmas son también, por esencia,  documentos  públicos  porque  la  atestación de veracidad que en ellas se hace  sólo  puede  ser certificada por un funcionario investido de la facultad de dar  fe    pública,    quien    no    es    otro    que    el    Notario”.   

Precisa que si las referidas diligencias de  reconocimiento  de  firmas  fueron  falsificadas por creación integral, ello no  les  quita  la  naturaleza  de  documentos  públicos,  pues  tal  discusión se  encuentra    agotada    por    la   jurisprudencia3.   

Y  aduce que en las sentencias no se afirma  que  los  referidos  documentos  conformen  un solo contenido documental con las  respectivas  diligencias  de  reconocimiento  de  firmas, o que simultáneamente  deban  ser  tenidos  como  privados  y  públicos,  ni  que  por  virtud  de las  apócrifas  diligencias  de  reconocimiento  los  documentos  hayan adquirido la  connotación  de  públicos,  pues  claramente  el  ad  quem  señaló  el  carácter  documental autónomo de  ambos actos.   

Concluye  el  Delegado  que “el  acto notarial de reconocimiento o autenticación de firmas, como  actividad  exclusiva atribuida a un empleado oficial con potestad certificadora,  a  quien  la  ley  concede  la  labor  de  dar fe pública, indiscutiblemente se  materializa  como  un documento autónomo susceptible de falsificación en todas  sus modalidades.   

En  consecuencia,  expresa que los acusados  incurrieron  en  un  concurso  homogéneo  de  falsedad  en  documento  publico,  agravada   por   el  uso,  circunstancia  que  determina  la  improsperidad  del  cargo.   

4.           Respecto  del  cuarto  cargo: Violación  directa  por  aplicación  indebida  de  los artículos 220 y 222 inciso 2º del  Código  Penal, y falta de aplicación del artículo 222 del mismo (cuarto cargo  de    la   demanda   a   nombre   de   MIRYAM   EMMA  RODRIGUEZ).   

Estima  el  Delegado  que  si bien desde el  punto  de  vista  técnico  el  cargo  no  merece reproche pues no cuestiona los  hechos   declarados   y   probados   en  la  actuación,  su  argumentación  va  “en   contravía  de  contundentes  y  científicos  estudios  jurisprudenciales que desde hace ya cerca de veinte años se mantienen  incólumes  frente  al  problema  que  quiere revivir como motivo para casar las  decisiones  adoptadas  en  las  instancias”, dado que  desde  1984  esta  Sala  aclaró  y  desentrañó  el  alcance  de  la modalidad  delictiva   plasmada   en   el   artículo   222  de  la  derogada  legislación  penal.   

En   efecto,  indica  que  desde  aquella  oportunidad  se  precisó que el primer inciso del artículo 222 del Decreto 100  de  1980  sanciona  el  uso  del  documento  público  sin haber concurrido a su  falsificación,  mientras que en su inciso segundo el uso del documento público  falso  por  parte  de  quien  participó en la adulteración está previsto como  agravante  de  la acción falsificadora en general del documento público y, por  lo  tanto,  el  incremento  allí  consagrado  debe  hacerse  con remisión a lo  dispuesto     en    los    artículos    218,    219    y    220    ejusdem,  según  sea  el  caso,  y no con  referencia a la pena prevista en el apartado primero de esa norma.   

          Entonces,  el  Ministerio  Público  expresa que carece de razón el  argumento   del   demandante,   lo   cual  conduce  a  la  improsperidad  de  la  censura.   

Con  base  en  lo  expuesto,  el Procurador  Delegado  considera que los cargos formulados en las demandas no están llamados  a   prosperar   y  en  consecuencia  sugiere  a  la  Corte  no  casar  el  fallo  recurrido.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1.           Primer cargo: Nulidad por violación del  derecho  a  la  defensa determinada por variación de la calificación jurídica  (primer  cargo  de  la demanda a nombre de MIRYAM EMMA  RODRIGUEZ  y  primer  cargo  del  libelo  a  nombre de  JOSE        DOMINGO       RODRIGUEZ):   

          Por  existir  identidad en la enunciación, fundamentos y desarrollo  argumentativo   en  los  cargos  de  las  demandas  relacionadas,  la  Sala  los  resolverá de manera conjunta.   

Es oportuno señalar que de manera reiterada  ha  expuesto  la  Sala  que  si  bien  la  acreditación de la causal tercera de  casación  resulta  ser  más flexible que la requerida para demostrar las otras  causales,  es  imprescindible  que  el censor proceda con precisión, claridad y  nitidez  a  identificar  la  clase  de irregularidad sustancial que determina la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos, indicar los preceptos que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el  límite  de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la  nulidad, demostrar que procesalmente no existe manera diversa  de  restablecer  el  derecho  afectado,  y  lo más importante, acreditar que la  anomalía  denunciada  tuvo injerencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), dado  que  este  recurso  especial  no  puede fundarse en especulaciones, conjeturas o  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

En  punto  de  la  censura formulada por la  defensa    de   MYRIAM   EMMA   RODRIGUEZ  se  tiene,  tal  como  lo  destaca  el Ministerio Público, que el  impugnante  no  señala  con  precisión y nitidez si su queja está orientada a  deplorar  una  calificación  jurídica errada en la resolución de acusación o  la  falta  de  congruencia entre la providencia enjuiciatoria y el fallo por ser  variada  sorpresivamente  la  calificación en este, circunstancias diversas que  correspondía  plantear  al  amparo  de  causales  de casación distintas, y con  argumentos y fundamentación diferentes.   

En  efecto, en el primer caso, por tratarse  de  una  equivocada calificación en la acusación, debía el censor plantear su  reparo  a  la luz de la causal primera de casación con el propósito de que sea  casado  el  fallo  y se profiera sentencia sustitutiva, siempre que no se varíe  el    género    del   delito,   y   no   se   desmejore   la   situación   del  procesado.   

Si la corrección del yerro determina que se  proceda  por  un delito de diverso género (correspondiente a otro capítulo del  estatuto  penal)  o  que  la readecuación de la conducta vaya en detrimento del  incriminado,  el  reproche debe ser postulado en forma mixta, esto es, al amparo  de  la  causal  tercera  de  casación, pero desarrollado de conformidad con las  reglas  de  la  primera  causal,  dado  que  se  trata  de un vicio in iudicando.   

Ahora bien, si la pretensión del censor se  dirige  a  reprochar  que en el fallo se varió sorpresivamente la calificación  jurídica  por  la  cual  se  acusó,  y  que  en  virtud  de  ello no estuvo en  posibilidad  de  defenderse  de  tal imputación, le compete encausar su censura  por  falta  de  consonancia  entre  los  cargos  formulados  en  la acusación y  aquellos  por  los  cuales  se  le  condenó  en  el fallo, esto es, proponer el  reproche  al  amparo de la causal segunda de casación que se ocupa puntualmente  de   tal  circunstancia,  o  bien,  con  base  en  la  causal  tercera  de  esta  impugnación  extraordinaria  por  violación del derecho a la defensa, dado que  se  encuentra conforme con la imputación efectuada en la acusación, caso en el  cual  no  resulta  viable  el  fallo  de  sustitución  sino  la  nulidad  de la  actuación.   

Como fácilmente se advierte en este asunto,  el  actor no sujeta la formulación y desarrollo de su cargo a las exigencias de  técnica  propias  de  la  invocación  de  la causal tercera de casación, pues  aunque  señala  como irregularidad la sorpresiva variación de la calificación  jurídica   provisional   introducida  en  el  fallo  con  modificación  de  la  imputación   contenida   en   la   acusación,   solicita  la  declaratoria  de  invalidación   de   lo   actuado   a   fin   de  enmendar  los  “yerros   en   que,   según   la   sentencia,  se  incurrió  en  la  calificación   jurídica,   referida   a   la  forma  de  intervención  en  el  punible”  confusión  con  la  cual  viola de manera  ostensible  el  principio  de  nitidez  y  precisión  que rige este trámite, e  incurre  en  falencia  que la Corte no puede corregir en virtud del principio de  limitación  que  rige  su  competencia  en  este  trámite,  y  que  por tanto,  determina el fracaso del cargo.   

En  cuanto  se refiere a los argumentos del  defensor  de  JOSE  DOMINGO RODRIGUEZ ROZO  se  tiene  que  la Sala no advierte, ni el censor precisa, en qué  consistió   la  “motivación  anfibológica  en  la  formulación  de  cargos  en  contra  del  señor RODRIGUEZ ROZO, que generó un  vicio  de  garantía, traducido en el quebranto del derecho a la defensa para el  procesado”,  pues  no atina a puntualizar qué es lo  que   denomina  “una  evidente  indeterminación  en  cuanto  a  la  imputación subjetiva, que impidió el ejercicio del derecho a la  defensa,  ante  la  ambigüedad  e  indefinición  del vocatorio a juicio en tal  aspecto”.   

Como  puede  establecerse,  el casacionista  falta  ostensiblemente  a  su  deber de precisión y claridad en la formulación  del  cargo, que sólo se queda en el enunciado, pero no procede a desarrollar de  conformidad  con  las  reglas  atrás  señaladas,  y  tanto  menos  encamina su  esfuerzo  a demostrar la injerencia del reparo en el fallo atacado, todo lo cual  conduce a la improsperidad del reproche.   

          No  obstante  lo  anterior,  y  en  aras  de  verificar  la eventual  procedencia  de  la  facultad  oficiosa de la Corte en punto de la validez de la  actuación,  encuentra  la  Sala  que  los procesados fueron acusados en primera  instancia          “como         coautores de los delitos de estafa – art.  356  C.P.  –  y  uso  de  documento público falso agravado por participar en la  falsificación  –  art.  222  C.P.  – en la modalidad de concurso heterogéneo y  sucesivo”,  decisión  que fue confirmada en segundo  grado  “por  los punibles que atentan contra el bien  jurídico  de  la  fe  pública”  (subraya  fuera de  texto).   

          Es  pertinente  destacar que si bien en la parte considerativa de la  acusación  de primer grado se dijo que los incriminados debían “responder  por la comisión del punible de uso de documento público  falso  agravado  por  haber  participado  en  la adulteración, pues, como se ha  dicho,  son  las  únicas  personas  con  interés  jurídico  y económico para  realizar  tal conducta, son las personas que usaron los documentos apócrifos, y  quienes  al  final se beneficiaron de tal hecho” acto  seguido   se   les   acusó   impropiamente   en   calidad   de  “autores determinadores”.   

No obstante, es claro que la concreción de  la  imputación  figura  en  la  parte  resolutiva  de  la  decisión, donde sin  imprecisiones  como  la  reseñada  se  les  acusó  como coautores del referido  concurso  homogéneo  de  delitos,  circunstancia  que  denota  la  ausencia  de  sorpresa  sobre la imputación fáctica de la cual se quejan los defensores para  dar  soporte  a  su  solicitud  de  declaratoria de nulidad de la actuación por  violación del derecho de defensa de sus asistidos.   

          A    su   vez,   el   a   quo    los    condenó   “como   coautores  responsables  de  los  delitos  de  FALSEDAD MATERIAL DE PARTICULAR EN DOCUMENTO  PÚBLICO  AGRAVADOS  POR  EL USO, cometidos en concurso homogéneo y sucesivo de  hechos  punibles”; decisión que sobre el particular  fue confirmada por el Tribunal.   

Por tanto, de las anteriores transcripciones  puede  concluirse  que no es cierto que haya existido inconsonancia alguna entre  la   imputación  fáctica  que  determinó  la  resolución  acusatoria,  y  la  contenida  finalmente  en los fallos que conforman una unidad inescindible, pues  existe  coincidencia  entre  los hechos por los que se acusó y aquellos por los  que se les condenó.   

Como   lo   señala  el  Delegado  de  la  Procuraduría,  es  evidente  que  el a quo  procedió a corregir la adecuación que de las conductas imputadas  a   los   procesados   se  realizó  en  la  acusación,  pues  si  MIRYAM    RODRIGUEZ   intervino   en   la  falsificación  de  los  reconocimientos  notariales  impresos  en la promesa de  compraventa  del inmueble de la calle 125 A, así como en el poder otorgado para  ceder  las  cuotas  de interés en la sociedad Vallas Ltda y posteriormente usó  tales  documentos,  dicho  comportamiento  no  se  adecuaba al artículo 222 del  anterior  estatuto  penal,  sino  al  artículo  220  del mismo, agravado por la  circunstancia   indicada   en   el   inciso   segundo   del   222   ejusdem,  como  de  manera reiterada lo ha  expuesto esta Sala.   

En consecuencia, se advierte que la referida  corrección  no desconoció de manera alguna la imputación fáctica establecida  en  la  acusación, no se quebrantó de manera alguna el derecho a la defensa de  los   procesados,   pues   no   fueron   sorprendidos   con  la  atribución  de  circunstancias  fácticas  diferentes o desconocidas por ellos y sus defensores,  y  sólo  se  trató  de  una  corrección  realizada por el fallador para dejar  incólume  los  principios  de  legalidad  y  el  debido  proceso  que  rigen la  actuación.   

          Y  aún  más,  corrobora  la  ausencia  de sorpresa alguna para los  procesados  en  punto  de  los  hechos  por los que se les acusó y condenó, el  hecho  de  que,  como  lo  señala  la  apoderada  de la parte civil, obra en la  actuación   dictamen   pericial  de  Arnulfo  Salinas  Rodríguez     solicitado     por     Carlos  Abondano, apoderado de los actores  en  los  trámites civiles y ante la Dirección Nacional de Impuestos Nacionales  (DIAN),   en  el  cual  se  concluye  que  la  firma  y  los dígitos que de Alvaro  Puig  aparecen  en  la diligencia de autenticación de  firmas  ante  la  notaría  23  de  Bogotá  que figura al dorso del contrato de  compraventa  del  inmueble  de  la  calle  125  A “es  producto  de  una  imitación”,  y  que  los  sellos  notariales,    así    como   la   firma   del   Notario   son   “producto     de     una    reproducción    generalizada”,   circunstancia  que  denota  la  total  ausencia  de  sorpresa  respecto  de  los  delitos  y de las imputaciones fácticas y jurídicas por las  que se procedió a lo largo del trámite.   

          Adicional  a  lo  expuesto, en la audiencia pública puntualmente se  le   preguntó  a  MYRIAM  EMMA  RODRIGUEZ   por   parte   de   la   titular   del  despacho:  “Se  elevó  acusación  en  su contra en virtud de la coautoría que  del  delito  de  falsedad  en documento público agravada por el uso, coautoría  puesto  que  también  fue  acusado  su  señor  padre.  Qué puede ud. decir al  respecto?”;    sobre   lo   cual   contestó   que  “…si  una  promesa es cierta, si puedo acreditarla  en   cualquier   parte   paraque  (sic)  teníamos  que  deslegitimar  poniendo  un  sello  falso  sobre algo  cierto?  Precisamente  esto  es  lo  que se está investigando quien  (sic)  fue  la  persona que realizó ese  sello  y  la  persona  que  realizó ese sello no puede ser otra distinta de una  persona    que   le   interese   deslegitimar   la   bondad   de   una   promesa  cierta”.   

          A  su  vez,  en  la  vista pública la Fiscal 75 Seccional expresó:  “En  ejercicio de las funciones propias de mi cargo,  me  permito  solicitar  que se profiera sentencia condenatoria en contra de JOSE  DOMINGO  RODRIGUEZ ROZO y MYRIEM EMMA RODRIGUEZ TAVERA , para que respondan como  coautores  del  delito  de  uso  de  documento  público  falso  agravado en los  términos  del  2º  inciso  del  artículo  222  en  cuanto  se  ha  demostrado  plenamente   la   materialidad   del   delito   y   la  responsabilidad  de  los  procesados”.   

Y   finalmente   concluyó   la   Fiscal:  “Existe  certeza  de  la  comisión  del  delito  de  falsedad,     del     uso    de    los    documentos    espureos    (sic)  y  de  la  responsabilidad  de  los  procesados,   en   ytanto  que  indicios  necesarios  y  gravísimos  apuntan  a  señalarlo  así.  Siendo  ellos  para  enumerar  solo unos: el de móvil, el de  capacidad  y  la  de ser los únicos beneficiados con la acción falsaria, el de  manifestaciones  posteriores a la comisión y uso de la falsedad, el de mentira,  el       de       falsa       explicación       entre      otros…”.   

          Sobre  el  particular  el  defensor de JOSE  DOMINGO   RODRIGUEZ   señaló   que  “si  bien  es  cierto el delito de falsedad conlleva intrínsecamente  el  mutar  o  cambiar  la verdad dentro de estas diligencias que hoy ocupan esta  causa  nunca  por el ente acusador se estableció que JOSE DOMNGO RODRIGUEZ ROZO  hubiera  alterado  la  verdad  documentada en la promesa de venta…”.   

          Adicional    a    lo   expuesto,   el   defensor   de   MYRIAM   EMMA   RODRIGUEZ   encaminó  su  esfuerzo  en  la  audiencia  pública  a  acreditar  que la promesa de venta del  inmueble,  así  como  el poder otorgado para la venta de las aciones sí fueron  hechos  ciertos,  y  que  por tanto el comportamiento se adecuaría al delito de  falsedad  para  obtener  prueba  de  hecho  verdadero,  sin  que en forma alguna  formulara reparo a que su asistida fuera acusada como coautora.   

          También  es  pertinente  destacar,  que no se vislumbra ambigüedad  alguna  en  el pliego de cargos, pues allí se anotó con claridad el delito por  el  que  se  procedía, así como la forma de intervención de los procesados en  su  comisión  como  coautores, delito y condición por la que fueron finalmente  condenados.   

Para   abundar   en   la  argumentación,  pertinente  resulta  señalar  que la Sala al ocuparse de una situación similar  expuso  que  “al  haberse acusado y condenado a M.M.  como                  ‘determinador’,  este  error  en  el  término utilizado para precisar el grado de participación  (que        es        de        ‘coautoria’,  como  se  dijo)  no  entraña materialmente irregularidad ninguna, pues de todos  modos  dicho  acusado  conoció enteramente y se defendió de los cargos por los  cuales  fue sentenciado, siendo entonces el referido yerro conceptual un aspecto  meramente  nominal  que  en  nada  incidió  en  el  derecho de defensa de dicho  procesado”4.   

          Por las razones expuestas, el reproche no prospera.   

          2.        Segundo  cargo:  Falso  raciocinio que recayó sobre las pruebas que  demostraban  que la promesa de venta y el poder sí existieron (segundo cargo de  la    demanda    a    nombre    de    MIRYAM   EMMA  RODRIGUEZ).   

Para  comenzar  está  bien puntualizar que  cuando  el  cargo se sustenta en un error de hecho por falso raciocinio, compete  al  demandante indicar qué dice de manera objetiva el medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  la  proposición  lógica,  la  regla  científica,  o  el  supuesto de  experiencia    que   debió   considerarse,    identificar    la   norma      de       derecho      sustancial    que   

indirectamente   resultó   excluida   o  indebidamente  aplicada,  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error  expresando  con claridad cuál debe ser la correcta inferencia de la prueba, con  la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro da lugar a  un fallo esencialmente diverso y opuesto al censurado.   

Advertido  lo  anterior  se tiene que en el  asunto  que  determina el estudio de la Sala, el impugnante no atina a demostrar  la  ocurrencia  del  yerro  denunciado,  pues  la  fundamentación  del cargo la  circunscribe  a  plantear  su  particular  valoración  de  las  pruebas  y  sus  personales  deducciones, para concluir, sin más, que el contrato de compraventa  del  inmueble  ubicado  en  la  calle  125  A de esta ciudad, así como el poder  otorgado   para   vender   las   cuotas  partes  de  interés  que  Alvaro  Puig  tenía en la sociedad Vallas  Ltda  en  realidad ocurrieron, y que por ello, las falsificaciones se orientaron  a demostrar un hecho verdadero.   

Entonces,  es evidente que el demandante no  dirige  su  actividad  a  demostrar  que  al  valorar las referidas pruebas, los  falladores  incurrieron en violación de las reglas de la sana critica, sino que  pretende,  en  manifiesto desconocimiento de la dual presunción de acierto y de  legalidad  de  la  que  está revestido el fallo, simple y llanamente cotejar su  apreciación  probatoria  con  la  de  los  sentenciadores,  proceder  que no se  compadece   con   las  reglas  de  la  técnica  casacional  propias  del  yerro  postulado.   

En  efecto, lo anterior se evidencia cuando  señala   que  “en  sana  crítica  esto  (que  la  promesa de compraventa del inmueble estaba al alcance de  MIRYAM    RODRIGUEZ,   se  aclara)  era  suficiente  para probar que sí existió  una  promesa  de  compraventa  entre ALVARO PUIG GARCIA y JOSE DOMINGO RODRIGUEZ  ROZO”,   o   al   manifestar   que  “no  haber  valorado  esa  prueba  pericial  de  esa  manera  (el dictamen  pericial  del  cual concluye el censor la uniprocedencia de las firmas dubitadas  e  indubitadas de Alvaro Puig,  se  precisa)  es  violación  de las reglas de la sana  crítica”,  o  también,  entre  otros  apartes,  al  destacar  que  “la  sentencia  le  negó  valor para  demostrar  que  sí  fue  un  hecho  verdadero,  que  este poder fue conferido y  aceptado por lo intervinientes”.   

          Además,  al  analizar  los  fallos  de  primero y segundo grado que  conforman  una  unidad,  pronto se advierte que no se configura de manera alguna  el   error  por  falso  raciocinio  que  señala  el  casacionista,  pues,  como  acertadamente  lo señaló el Delegado, el acervo probatorio conduce a concluir,  como  en  efecto  lo hicieron los falladores, que el contrato de compraventa del  inmueble,  así  como  la  cesión  de  las  cuotas  de interés de Alvaro  Puig  García en la sociedad Vallas  Ltda  no  consiguieron  consolidarse  en  vida  de este, motivo por el cual, los  procesados  procedieron  a  falsear  los  documentos  a fin de dotarlos de mayor  valía   probatoria   dentro   del   proceso   de   sucesión   de  Puig  García con las espurias constancias  notariales,  circunstancia  que  denota  la ausencia de razón en la censura del  defensor.   

Por tanto, el cargo no prospera.   

3.           Tercer  cargo: Falso juicio de identidad  sobre  el  carácter  público  de  los  documentos (tercercargo de la demanda a  nombre    de   MIRYAM   EMMA   RODRIGUEZ   y   segundo   cargo  de  la  demanda  a  nombre  de  JOSÉ DOMINGO RODRÍGUEZ).   

Habida  cuenta que se advierte similitud en  la  postulación,  desarrollo  y  exposición argumental de los reproches en los  referidos libelos, procede la Sala a resolverlos conjuntamente.   

Suficientemente tiene dilucidado la Sala que  el  error  de hecho por falso juicio de identidad tiene lugar cuando el juzgador  al  considerar  el  medio  de  prueba  distorsiona  su  contenido cercenándolo,  adicionándolo  o  tergiversándolo,  caso  en  el  cual  corresponde  al actor,  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en  el  fallo,  expresar sin ambages qué aparte fue omitido o añadido a la prueba,  qué  efectos  se produjeron a partir de ello, y lo más importante, cuál es la  trascendencia  del  yerro  en  la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva  de  la sentencia atacada, tópico que no puede ser demostrado con la  mera  exposición  subjetiva  del criterio del impugnante, pues menester resulta  que  materialmente  acredite  que el error condujo a la falta de aplicación o a  la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial  en  el  fallo,  esto es, que  corregido  el  yerro,  la prueba debidamente valorada en conjunto con las demás  modifica sustancialmente el sentido de la decisión reprochada.   

En el desarrollo de este reparo es evidente  que  los  demandantes  quebrantan  las reglas técnicas de la casación, pues no  dirigen  su  actividad  a señalar qué apartes de la promesa de compraventa del  inmueble  o  del poder otorgado para la cesión de las cuotas de interés fueron  cercenados,  adicionados o distorsionados indebidamente por los falladores, sino  que  su  reprobación  se  orienta a indicar que los referidos documentos son de  naturaleza   privada,   y  no  pública,  como  lo  asumieron  los  funcionarios  judiciales.   

Como  fácil puede vislumbrarse, si bien el  cargo  es  formulado  por  violación indirecta de la ley sustancial determinada  por  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  su  desarrollo  y  fundamentación  se  adelantó  conforme  a  la  violación  directa  de  la ley  sustancial  por  falta  de  aplicación,  dado  que  los censores no orientan el  reproche  hacia  la  apreciación de las pruebas, sino que aceptan íntegramente  los  hechos que se estiman acreditados en el fallo atacado, así como la validez  de  las  pruebas  y la valoración que de ellas se plasmó en la sentencia, pero  centran  la censura en un asunto exclusiva y rigurosamente jurídico-conceptual,  en  punto  de la naturaleza pública o privada de los referidos documentos sobre  los que recayó la falsedad.   

          Tal  incorrección  técnica,  que  no  puede  ser suplida de manera  alguna  por  la  Corte  en  virtud  del  principio  de  limitación  que rige su  competencia  en  este  trámite,  es suficiente para desestimar la censura, pero  además  se  evidencia,  que  tampoco  asiste  razón a los demandantes pues los  documentos  sobre  los  cuales  recayó  el  comportamiento  falsario sí son de  naturaleza pública, por las siguientes razones:   

No se trata de que los varias veces citados  instrumentos  tengan  simultáneamente  la doble calidad de públicos y privados  como  lo  señalan  los  casacionistas,  sino  que la falsedad consiste en hacer  aparecer    a    Alvaro   Puig   García  en  la  Notaría 23 del Círculo de Bogotá el 22 de marzo de 1991  autenticando   su   firma   ante   el   Notario   Aldo  Buenaventura,  declarando que el contenido del escrito  es  cierto  y  que las firmas que allí aparecen son suyas, todo ello ratificado  con  su  rúbrica por el funcionario notarial, cuando en verdad se acreditó que  Puig  García no compareció  al  mencionado  despacho  público,  y  que  para aquella fecha el titular de la  Notaría 23 se encontraba en licencia.   

En  consecuencia,  no  hay  duda  que  la  constancia  notarial, en cuanto emanada de un servidor público que en ejercicio  de  sus  funciones  otorga  fe  pública  de un acto, corresponde a un documento  público,  independiente  de  la privada declaración de voluntades contenida en  el documento.   

Sobre lo expuesto, de tiempo atrás ha dicho  la  Sala  que  “cuando  el  notario manifiesta en el  escrito  que  las  firmas  que  allí  aparecen  junto con las huellas digitales  corresponde  a  las  identidades que los mismos manifiestan, no está avalando o  modificando  el  documento  del cual hacen parte. Simplemente le está otorgando  credibilidad  a  sus  firmas,  con  independencia del contenido del escrito. Por  ello,  este  texto  notarial conserva su total autonomía y por ser suscrito por  un  funcionario  público,  adquiere  tal  carácter  pues  lo está haciendo en  ejercicio  de  su  cargo”5.   

En  consecuencia, en evidente que acertaron  los  falladores al proceder por el delito de falsedad de particular en documento  público  agravada por el uso, pues sin duda alguna, tal es la naturaleza de las  conductas objeto del proceso.   

El cargo no prospera.  

          4.        Cuarto  cargo:  Violación  directa  por aplicación indebida de los  artículos  220  y  222 inciso 2º del Código Penal, y falta de aplicación del  artículo  222  del  mismo  (cuarto cargo de la demanda a nombre de MIRYAM EMMA RODRIGUEZ).   

Como acertadamente lo señala el Procurador  Delegado,  es  evidente  que  la  censura se encuentra adecuadamente postulada y  desarrollada,  pues  asume los hechos declarados y probados en la actuación; no  obstante,  su  falencia  es  de raigambre conceptual, habida cuenta que sobre el  punto  jurídico  que  plantea  el  demandante,  ya  la  Sala  se ha pronunciado  reiteradamente en un sentido diverso al propuesto.   

En  efecto,  no  acierta  el  impugnante al  atribuir   a   los  juzgadores  de  instancia  la  indebida  aplicación  de  la  circunstancia  agravante de la falsedad, prevista en el inciso 2º del artículo  222  del  anterior  estatuto  penal, pues el entendimiento que de ella asumieron  los  falladores para deducirla en este asunto, coincide con lo expuesto sobre el  punto  de  tiempo atrás por esta Sala, esto es, que no se encuentra referida al  uso  del  documento  público  falso  tipificado  en  el inciso 1º ibídem,  sino  a las diversas modalidades  de falsedad contenidas en los preceptos precedentes.   

Sobre  el  tema  ha  dicho  que  si  bien  “la   redacción  definitiva  del  inciso  2º  del  artículo  222  no  fue  tan  clara  en  este punto como la del inciso final del  artículo  246  del Anteproyecto de 1974; no obstante, la solución jurídica se  mantuvo;    la    referencia    que    allí    se    hace    al    ‘inciso       anterior’,  apunta  al documento público falso  como  objeto  material  de  la conducta, no a la pena allí consagrada, pues que  ella  se  refiere  a  la  bien  distinta  hipótesis del simple uso de documento  público  falseado  por  otro;  por  manera  que  la  pena  base  a la que ha de  agregarse  el  incremento punitivo señalado en el inciso 2º del artículo 222,  no  puede  ser  otra  que  la  prevista  para  la  concreta  especie de falsedad  documental  en  que  haya  incurrido el que ahora usa el documento por él mismo  falsificado    (arts.   218   a   220)”.   

“Esta  interpretación  histórico-sistemática,  por  lo  demás,  resulta  mucho más  coherente  en  el  ámbito  de la punibilidad, que la que se desprendería de la  mera  literalidad del texto examinado, pues si remitimos la agravación punitiva  del  inciso  2º  del  artículo  222  a la pena señalada en su inciso primero,  tendríase  que  quien  solamente falsifica documento público sería sancionado  con  pena de 3 a 10 años de prisión si fuere empleado oficial o de 2 a 8 años  si  actuase  como  particular,  al  tiempo  que  quien  además de falsificar el  documento  público lo usa, resultaría penado con prisión mínima de un año y  un  día  hasta  8  años  y un día, y máxima de 18 meses a 12 años, sanción  esta,  en  promedio,  menor  de  la  prevista  para  el  solo delito de falsedad  documental,      lo     que     resulta     ciertamente     ilógico”6.   

De  conformidad con lo anotado, el cargo no  prospera.   

        En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                   ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Auto  de febrero 14 de 2002. Rad. 18457.   

2  Sentencia  del  10  de  junio de 1993. M. P. Dr. Gustavo Gómez Velázquez. Rad.  7669.   

3  Sentencia  del  6 de mayo de 1997. M. P. Dr. Carlos Eduardo Mejía Escobar. Rad.  Nº  9478.  Sentencia  del 4 de agosto de 2000. M. P. Dr. Jorge Enrique Córdoba  Poveda. Rad. Nº 13668.   

4  Sentencia  del  15  de  diciembre  de  1999. M.P. Dr. Edgar Lombana Trujillo. En  sentido  similar  sentencia  del  1º de agosto de 2002. M.P. Dr. Jorge Córdoba  Poveda   

5  Sentencias  del 3 de octubre de 1994. M.P. Dr. Jorge Enrique Valencia; del 13 de  marzo  de  1997.  M.P. Dr. Ricardo Calvete Rangel; y del 8 de noviembre de 2000.  M.P. Dr. Alvaro Pérez Pinzón, entre otras.   

6  Sentencia  del  15  de  diciembre de 1999, M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll; en  sentido  similar  sentencias  del  21 de febrero de 1984. M.P. Dr. Alfonso Reyes  Echandía,  del 23 de julio de 2001. M.P. Dr. Edgar Lombana Trujillo y del 23 de  mayo de 2002. M.P. Dr. Herman Galán Castellanos, entre otras.     

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