20924(04-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  20924   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                              DR.   JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nº: 99   

          Bogotá D.C., septiembre cuatro de dos mil tres.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  en  relación  con el aspecto formal de la  demanda    de    casación   formulada   por   el   defensor   de   RODOLFO  NELSON  ROSADO  HERNÁNDEZ, contra  el  fallo  del  12  de  diciembre  de 2002 proferido por el Tribunal Superior de  Valledupar,  Cesar,  confirmatoria  de  la  condena  de  30  años  de  prisión  que   el  Juzgado  4º  Penal  del  Circuito  de  dicha ciudad le impuso al  procesado  como  autor  responsable  de  la  conducta  punible  de homicidio con  circunstancias de agravación.   

LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la  causal  primera, cuerpo segundo, un único cargo  formula  el  censor  contra  la  sentencia  impugnada en sede del extraordinario  recurso,  por  violación indirecta de la ley sustancial proveniente de error de  hecho  en  la  apreciación del testimonio de María Eulogia Reglado García que  generó   transgresión   a   las   reglas   de  la  sana  crítica,  vicio  que  “entraña   tergiversación   o   suposición   del  fundamento  lógico  de la inferencia (…) error consistente en el falso juicio  de  convicción de existencia de la prueba testimonial, por la distorsión de la  prueba  única  cuando  se  prohíja  un  segmento  de  ella  sin analizar otros  factores     que     le    hacen    perder    poder    demostrativo.”   

          En  el  desarrollo de la censura, afirma el demandante que no empece  a  que  la  indagatoria  de  su  asistido no fue desmentida por ningún medio de  prueba  directo  o  indirecto,  el  juzgador  tuvo por sustento de la condena el  testimonio  único  de  María  Eulogia  Reglado  García,  sin  reparar  en los  contraindicios  de inocencia que muestran a su defendido como no responsable del  delito que se le endilga.   

          La      prueba      testimonial      dicha      fue     distorsionada  porque no se tuvo en cuenta  que  provenía  de  testificante  única,  parcializada  e  interesada,  dado su  parentesco  con la víctima; que rindió su deponencia tres años después de la  ocurrencia  de  los  hechos,  lapso  suficiente para colegir que su percepción,  fijación,  conservación  y  evocación  de  imágenes  no era la misma; que se  menospreciaron  datos  tales  como la deficiente visibilidad en razón de que el  atentado  se  perpetró  de  noche;  que  el  fallador tampoco se percató de la  discordancia  existente  entre  la  inicial  declaración  de  la  testigo  y su  posterior  ampliación, quien por demás no se presentó a las citaciones que se  le  hicieron  para  llevar  a  cabo  una diligencia de reconocimiento en fila de  personas,  y  menos colaboró en la localización de otros testigos que habrían  podido  dar  fe  de  la  veracidad  de  su  información;  que no se exploró lo  atinente  a  las  enemistades  que  pudo  haber tenido la víctima, ni el móvil  existente  para  que  el  día anterior a la producción del resultado fatal, se  hubiera atentado contra su vida causándole lesiones.   

          De  una  tal  manera  se  distorsionó la prueba por la presencia de  “fallas   ostensibles  en  la  aplicación  de  los  parámetros  legales  y  doctrinarios  de  la  sana  crítica (…) solo para no  incurrir  en  el  contrasentido  de  admitir  un  falso  juicio  de  convicción  (…)”, aduce el libelista, y como en este evento no  existe   multiplicidad   de  elementos  de  juicio  que  permitan  la  dosis  de  convencimiento  que  se requiere para arribar a la certeza, resulta viable casar  el  fallo  de  condena   impugnado,  por cuanto es lo cierto que la testigo  única  de  cargo  “exageró las circunstancias para  forzar      la      credibilidad      en      su     dicho     (…)”   

          Amén   de   que   la   sentencia   atenta   contra  las  garantías  fundamentales,  afirma  el demandante a manera de colofón, el juicio probatorio  en   que  se  finca  contiene  vacíos  de  lógica,  de  experiencia  común  y  científica,  como  quiera  que  se  sustenta “en una  valoración  diferente  de  la prueba única y de los datos objetivos que sirven  de  soporte  a  su crítica, con el fin de hacer inferencias que se ofrecen como  distintas  hipótesis  explicativas”, razones por las  cuales las conclusiones del fallador devienen absurdas.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Como  si  se  tratara de un escrito de libre  factura,  presenta el libelista el único reproche postulado contra la sentencia  recurrida,  en  cuya  fundamentación  no cumple siquiera en lo más mínimo con  los  elementales  presupuestos  de  claridad  y  precisión que se exige de toda  demanda de casación.   

Lo primero que se echa de menos en el libelo  es  la  revelación de los errores supuestamente cometidos por el Tribunal en el  texto  mismo  del  fallo  atacado,  pues  lo  determinante en casación no es la  presentación  de otra faceta en la estimación de las pruebas, reitera la Sala,  sino  el  señalamiento concreto de las equivocaciones cometidas por el juzgador  en el examen probatorio que realiza.   

Ciertamente, acusa el demandante al fallador  de  haber  desconocido  las  reglas de la sana crítica, sin embargo omite citar  los  argumentos  del  Tribunal  para demostrar que los mismos fueron el fruto de  una  libertad sin cortapisa en su evaluación, y no el ejercicio de una libertad  razonada,  como  debe  ser.  A  renglón  seguido,  sostiene  que  el  yerro  se  configuró  a través de un falso juicio de convicción por la distorsión de la  prueba  única  de  cargo dada la valoración de apenas un segmento de la misma,  planteamiento  que  lleva a la perplejidad en cuanto se desconoce si su denuncia  apunta  a  señalar la estructuración del error de derecho argüido, o al error  de hecho por falso juicio de identidad por cercenamiento.    

Es evidente que el falso juicio de identidad  y  el  falso  raciocinio  así  planteados,  los refunde en uno solo, no parando  mientes  el censor en que si bien se trata de errores de hecho, se configuran de  diversa  manera;  en  aquél,  que es de carácter objetivo y contemplativo, hay  una  tergiversación  de la prueba, para hacerle decir algo que no aparece en su  contenido;  en el falso raciocinio, que es apreciativo, se da un desconocimiento  manifiesto  de  la  sana  crítica,  debiendo  demostrarse  que la inferencia no  corresponde  a  la  dictada  por  las reglas de la lógica, los principios de la  ciencia,  o  las máximas de la experiencia; en tanto que si del falso juicio de  convicción  se  trata,  que es un error de derecho, es menester insistir que en  atención  al  sistema  de  la  libre  apreciación  racional  que  rige nuestro  ordenamiento,  un  tal yerro es de improbable configuración ante la ausencia de  norma  legal  que  previamente  determine el valor que ha de asignársele a cada  prueba -tarifa legal-.    

Pero con independencia de ser contradictorio  el  enunciado  del cargo, observa la Sala que el censor decide alegar como si se  presentase  a  las  instancias,  debatiendo no sobre la legalidad del fallo sino  sobre  el  mérito  persuasivo  que  el  juzgador  le  otorgó al testimonio que  enarbola  como  sustento  del  reproche,  con  la vana aspiración de imponer su  criterio   al  plasmado  con  autoridad  por  el  Tribunal  en  su  fallo.    

Una actitud errada como ésta torna inidóneo  el   reparo,  puesto  que  las  premisas  de  la  decisión  judicial  demandada  prevalecen  sobre  los criterios opuestos de los sujetos procesales, en tanto la  presunción  de  acierto  y legalidad que las ampara no sea desvirtuada merced a  la  demostración  fehaciente  de  ostensibles  errores  de  juicio, que en este  evento  no  logra  el  recurrente  descubrir.  Nunca  superó el escenario de la  simple  discusión  sobre  el  mérito  otorgado al medio de prueba censurado en  tanto  el juzgador desestimó las disculpas del acriminado, por lo que el ataque  en  tales  condiciones  reviste  las  características  propias de un alegato de  instancia,    lo    cual    resulta    ajeno    al   extraordinario   medio   de  impugnación.   

          Y  como  si  lo  anterior  no  bastara  para la desestimación de la  censura,  al  interior  de  la  misma  se  duele de afectaciones al principio de  investigación  integral  en cuanto dice echar de menos pruebas que, según deja  entrever,   hubieran  resultado  benéficas  para  su  asistido,  reclamando  al  finalizar   su   escrito   porque   la   sentencia   recurrida   “atenta     contra     las    garantías    fundamentales”,  sin  llegar  a concretar cómo, y cuáles de éstas resultaron  menoscabadas;  genérico enunciado que amén de hallarse ayuno de demostración,  se  erige  en  reparo  que  por  obedecer  a fundamentos diversos y por producir  consecuencias  jurídicas  distintas  a  los  errores de apreciación probatoria  inicialmente  denunciados, ameritaba que su postulación y desarrollo se hiciera  de  manera autónoma a través de la causal que para el efecto tiene prevista la  ley, la tercera.   

Por  modo  que,  la  falta  de  claridad  y  precisión  en  la exposición de los fundamentos de la censura, es una falencia  de orden técnico que de suyo basta para inadmitir la demanda   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada a nombre de RODOLFO  NELSON  ROSADO  HERNÁNDEZ  por su defensor.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso,  conforme  a las motivaciones  plasmadas  en el cuerpo de este proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

                

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

            

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO           ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN           MARINA  PULIDO DE  BARÓN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS               MAURO SOLARTE PORTILLA    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *