SP342-2023(64118)

AGOSTO

Asistente Jurídico Inteligente

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MYRIAM ÁVILA  ROLDÁN  

Magistrada  Ponente  

SP342-2023  

CUI  11001224600020115785301  

Radicación  64118  

Aprobado acta  n°. 156  

Bogotá,  D.C,   dieciséis (16) de agosto de dos mil veintitrés  (2023)  

OBJETO DE LA  DECISIÓN  

Decide la Sala la  impugnación especial interpuesta por la defensa del suboficial  de la Policía Nacional, ANDRÉS  FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ,  contra la Sentencia proferida el 17 de marzo de 2023, por el  Tribunal Superior Militar y Policial,  mediante la cual, por primera vez, condenó al acusado por el  delito de lesiones personales dolosas.            

I. HECHOS            

1. El          2 de enero de 2011, aproximadamente a las 10 de la noche, en vía          pública del barrio Nicolás de Federmán de esta          ciudad, el entonces Patrullero de la Policía Nacional, ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ          solicitó a Jorge Luis Velásquez Franco acceder a una          requisa. Mientras efectuaba el procedimiento, le requirió sus          documentos de identificación. Como no los portaba, le          advirtió que lo conduciría a la Unidad Permanente de          Justicia (U.P.J.) El ciudadano emprendió entonces la huida y          el policía comenzó a perseguirlo, persecución          que se prolongó aproximadamente 3 cuadras. Al alcanzarlo,          junto con su compañero, el también suboficial Javier          Enrique Cárdenas Restrepo, lo ingresaron a una patrulla de la          Institución y lo condujeron al CAI Nicolás de          Federmán. Allí lo hicieron descender del vehículo,          lo ingresaron a las instalaciones del CAI y ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ          lo golpeó con el mango de un bolillo en la cavidad abdominal.          El impacto le ocasionó una pancreatitis traumática,          con una incapacidad médico legal definitiva de 90 días.          Las secuelas consistieron en deformidad física de carácter          permanente y perturbación funcional de los órganos del          sistema digestivo y endocrino, también permanentes.  

II.  ANTECEDENTES PROCESALES  

            

2. El 24 de mayo de          2013, ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ          rindió          indagatoria y el 8 de octubre de 2013 el          Juzgado 143 de Instrucción Penal Militar, en providencia          mediante la cual le definió la situación jurídica,          se abstuvo          de imponerle medida de aseguramiento. Posteriormente, fueron          vinculados otros uniformados a la investigación. Sin embargo,          adelantado el trámite, la Fiscalía decretó a          favor de estos últimos cesación de procedimiento.  

            

3. Mediante          Resolución de 3 de octubre de 2018, la Fiscalía          Primera Delegada ante el Tribunal Superior Militar, al resolver el          recurso de apelación promovido contra la decisión de          primer grado, profirió resolución de acusación          contra el procesado, por el delito de lesiones personales dolosas.          La audiencia de corte marcial se llevó a cabo el 11          de mayo de 2021.  

            

4. A través          de Sentencia de 5 de octubre de 2021, el Juzgado de la Policía          Metropolitana de Bogotá absolvió al acusado. Apelado          el fallo, por medio de providencia de 17 de marzo de 2023, el          Tribunal Superior Militar y Policial lo revocó y condenó          al suboficial, por el delito objeto de acusación. En          consecuencia, le impuso 36 meses de prisión y de          inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones          públicas, separación del cargo y multa de 26 salarios          mínimos legales mensuales vigentes. No le concedió la          suspensión condicional de la ejecución de la pena, en          consideración a la gravedad y modalidad de la conducta.  

            

5. Contra la          anterior decisión, el apoderado del procesado interpuso          recurso de impugnación especial.  

            

II. LA          SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA  

6. En primera          instancia, el Juzgado          sostuvo          que existía una duda irresoluble sobre la responsabilidad del          procesado, la cual conducía a su absolución.  

            

7. Señaló          que las declaraciones incriminatorias de la víctima no eran          creíbles, en          tanto          refieren circunstancias no soportadas en otras pruebas, como el          hecho de que el acusado habría realizado disparos al aire          mientras lo perseguía. Al respecto, indicó que sus          relatos no eran espontáneos ni naturales, lo cual podía          deberse a su personalidad y condición de farmacodependiente,          pues          además, según lo reconoció, desde tres días          antes de los hechos no llegaba a la casa.           Planteó, también, que sus afirmaciones no eran          consistentes, en          la medida en que presentan disonancia entre sí respecto de          diversas situaciones de hecho. En cambio, consideró          genéricamente que los testimonios de los uniformados que          declararon coincidían con la versión del procesado, en          el sentido de que la noche de los hechos, en el CAI Nicolás          de Federmán, ninguna persona había sido objeto de          agresiones físicas.  

            

8. De          otro lado, el Juzgado cuestionó cómo el afectado, con          una lesión de las características a las que se refiere          el dictamen pericial, pudo haber permanecido varias horas en una          patrulla de la Policía y en la U.P.J., antes de recibir          atención médica. En el mismo sentido, expresó          que no había certeza de si las lesiones ocasionadas a la          víctima habían sido ejecutadas por el acusado en el          CAI Nicolás de Federmán o por otro uniformado en el          CAI San Luis, en el cual el ofendido dijo también haber          recibido malos tratos por parte otro policía. En igual          dirección, planteó la posibilidad de que las          afectaciones hubieran sido causadas por otras personas que, junto a          la víctima, fueron desplazadas en la patrulla policial la          noche de los hechos o con quienes estuvo retenido  en las          instalaciones de la U.P.J.  

            

9. De          esta forma, en aplicación del principio de          in dubio pro reo,          decidió absolver a ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ.  

            

III. LA          SENTENCIA IMPUGNADA  

            

10. A juicio del          Tribunal,          la          responsabilidad del procesado se encuentra debidamente demostrada.  

            

11. Señaló          que, de acuerdo con las pruebas, la noche de los hechos, el          uniformado y su compañero de patrulla requirieron a Jorge          Luis Velásquez Franco para que se identificara. Como este no          portaba sus documentos, los policías le indicaron que lo          trasladarían a la U.P.J. con el propósito de lograr su          plena identidad. En reacción, el ciudadano emprendió          la huida, pero SALGUERO          RODRÍGUEZ          logró alcanzarlo, lo redujo, le dio varios golpes y le hizo          abordar la patrulla de la Institución.  

            

12. Indicó          que, de acuerdo con el testimonio del afectado, una vez llegaron en          el CAI Nicolás de Federmán, el procesado llevó          al ciudadano al interior de la edificación, apagó la          luz y lo golpeó en el abdomen con el bolillo. Como          consecuencia, subraya, se le ocasionó una pancreatitis aguda,          lesión respecto de la cual el Instituto Nacional de Medicina          Legal y Ciencias Forenses determinó una incapacidad          medicolegal de 90 días. Así mismo, secuelas          consistentes en deformidad física en el cuerpo con carácter          permanente, perturbación funcional permanente del órgano          del sistema digestivo y endocrino permanente.  

            

13. Precisó          que la víctima brindó una declaración reiterada          y consistente sobre lo ocurrido. Así mismo, señaló          que un taxista que conocía al padre del lesionado afirmó          haber visto el instante en el cual este fue aprehendido y golpeado          por el acusado, y que, al siguiente día, el progenitor del          ofendido le hizo referencia a los daños que la fuerza pública          le había ocasionado. Además, expresó el          Tribunal que el propio imputado dio cuenta de que el ciudadano          Velásquez Franco había huido corriendo, lo cual denota          que, de forma previa, se encontraba en buenas condiciones de salud.  

            

14. En          adición, la segunda instancia subrayó que, según          el informe médico legal de 20 de enero de 2018, la víctima          presentó contusión en pared abdominal, páncreas          con solución de continuidad asociado a hematoma, líquido          libre y edema de páncreas, razón por la cual estuvo          hospitalizado, con el diagnóstico de trauma abdominal          cerrado. De igual manera, destacó que, según el médico          Germán Jiménez Sánchez, quien atendió al          agredido en la Clínica Colombia, la lesión observada          no pudo tener origen diferente al de un golpe.  

            

15. Sobre          la base de los anteriores argumentos, el Tribunal revocó la          absolución dispuesta en primera instancia y condenó al          suboficial por lesiones personales dolosas.  

IV.  LOS ARGUMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

            

16. La          defensa sostiene que operó la prescripción de la          acción penal. Señala que en la medida en que la pena          máxima imponible era de 8 años y este término          se aumenta en la mitad por la condición de servidor público          del procesado, el tiempo de prescripción era de 12 años.          En este sentido, teniendo en cuenta que los hechos ocurrieron el 2          de enero de 2011, sostiene: “a          la fecha han trascurrido un término de doce (12) años,          cuatro (04)  meses y trece (13) días, porque en mi criterio          ha ocurrido el fenómeno jurídico de la prescripción,          incluso antes de preferirse la sentencia de Segunda, el diecisiete          (17) de marzo de dos mil veintitrés (2023)”.

18. En          similar sentido, el impugnante advierte que, conforme a las          declaraciones del denunciante, los policías lo ingresaron al          CAI Nicolas de Federmán y allí el acusado lo golpeó          en el abdomen con un bolillo. No obstante, sostiene que, según          otros testigos, dicho ingreso nunca ocurrió. De igual manera,          argumenta que el lesionado solo en su segunda versión narró          que fue conducido al CAI San Luis, a donde de nuevo fue golpeado,          pero el suboficial ORTIZ negó que dicho maltrato físico          hubiera ocurrido, en la medida en que la víctima no descendió          de la patrulla. En adición, afirma que el Intendente Montaño          Puches negó que la noche de los hechos se hubiera agredido a          alguna persona y el agente Porras Gómez aseveró que no          tuvo conocimiento de la realización de algún          procedimiento al interior o exterior del CAI Nicolás de          Federmán.

19. Por          último, el impugnante solicita la concesión de la          suspensión condicional de la ejecución de la pena o la          prisión domiciliaria.  

V.  ARGUMENTOS DE LOS NO RECURRENTES            

20. En          la oportunidad procesal correspondiente, los no recurrentes no          efectuaron pronunciamiento alguno respecto de la impugnación          promovida.  

VI.  CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS DE LA SALA  

6.1.  Competencia            

21. La          Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia es          competente para conocer de la impugnación especial          interpuesta por la defensa, contra la sentencia emitida por el          Tribunal Superior Militar y Policial, mediante la cual, por primera          vez, condenó al acusado por el delito de lesiones personales.          Lo anterior, conforme a          lo previsto en el          artículo 235.7 de la Constitución, modificado por el          Acto Legislativo 01 de 2018. Así mismo, de conformidad con          las decisiones CSJ AP, 3 abr. 2019, rad. 54215 y CSJ AP, 3 sep.          2020, rad. 34017.  

6.2 Cuestión  previa. La acción penal no se encuentra prescrita            

22. La          defensa sostiene que operó la prescripción de la          acción penal, incluso antes dictarse la sentencia de segunda          instancia. Señala que el término de prescripción          es de 12 años y, como los hechos ocurrieron el 2 de enero de          2011, para la fecha de emisión del fallo de segundo grado, la          acción ya se encontraba extinta. El impugnante, sin embargo,          pasa por alto la interrupción del plazo, circunstancia que          impidió la configuración del fenómeno          prescriptivo.

23. La          pena máxima para el delito por el cual se emitió          acusación y condena en segunda instancia es de 8 años          (o 96 meses). A efectos de la prescripción, este tiempo se          aumenta en una tercera parte (debido a la época de los          hechos) por tratarse de delito cometido presuntamente por un          servidor público en ejercicio de sus funciones1.          Por lo tanto, el término inicial para la extinción de          la acción era de 10,6 años (o 128 meses). El presunto          delito se ejecutó el 2 de enero de 2011. Sin embargo, dado          que la resolución de acusación quedó en firme          el 3 de octubre de 2018 y con ella se interrumpe la prescripción2,          no alcanzó a cumplirse el referido término de 10,6          años (o 128 meses).

24. Ahora,          ejecutoriada la acusación, la prescripción de la          acción penal ocurre una vez ha transcurrido la mitad del          lapso anterior, para este caso, 5,3 años o 64 meses (Art. 86,          inciso 2º, segunda parte, ibidem).          Este tiempo debe incrementarse una vez más en una tercera          parte, por la condición del sujeto activo del delito. Sin          embargo, teniendo en cuenta que la acusación quedó en          firme el 3 de octubre de 2018, al día de hoy ni siquiera han          transcurrido 5 años. Así, no asiste razón al          defensor al considerar que operó la extinción de la          acción penal.

25. Procede          ahora la Sala a precisar el alcance de la impugnación.  

6.3.  Delimitación del problema jurídico a resolver            

26. A          juicio del Tribunal, las declaraciones de la víctima y del          taxista que observó cuando aquella era sometida por ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ y          otro uniformado demuestran la responsabilidad del acusado. Sostiene          que el agredido, de forma          reiterada, señaló que el uniformado SALGUERO          lo golpeó con el bolillo en el abdomen, trauma que le          ocasionó daños en el páncreas y, en          consecuencia, la deformidad física y la perturbación          funcional dictaminadas. Además, subraya que el médico          que lo atendió en la Clínica Colombia declaró          que la lesión solo pudo ser ocasionada por un golpe.  

            

27. Por          el contrario, la defensa argumenta que la víctima presentó          discordancias en sus deposiciones, razón por la cual, se          trata de un testigo no creíble. Así mismo, señala          que, si bien dijo haber sido ingresado al CAI de Nicolás de          Federmán y golpeado por el procesado, varios uniformados          testificaron no haber visto que lo anterior haya ocurrido. De este          modo, cuestiona que ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ haya          sido el causante de las lesiones padecidas por la víctima.  

            

28. En          este orden de ideas, la Sala debe analizar si las pruebas recaudadas          tienen la capacidad para demostrar que el procesado, la noche de los          hechos, agredió físicamente al ofendido y, como          consecuencia de ello, se le generaron los daños al sistema          digestivo y endocrino reportados en el dictamen médico legal.  

6.4. Hechos  demostrados y responsabilidad del acusado            

29. Está          probado que aproximadamente a las 10 de la noche de 2 de enero de          2011, mientras caminaba por las calles del barrio Nicolás de          Federmán de esta ciudad, Jorge          Luis Velásquez Franco fue abordado por el patrullero de la          Policía Nacional, ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ.          El uniformado le solicitó acceder a una requisa. Mientras          efectuaba el procedimiento, le requirió sus documentos y,          como este no los portaba, le indicó que lo conduciría          a la U.P.J. El ciudadano huyó corriendo y SALGUERO          RODRÍGUEZ emprendió          la persecución, la cual se prolongó por varias          cuadras, hasta que logró alcanzarlo. El policía, junto          con su compañero, Javier Enrique Cárdenas Restrepo,          ingresaron a Jorge Luis Velásquez a una patrulla y lo          condujeron al CAI Nicolás de Federmán.  

            

30. Tampoco          es objeto de discusión que, en desarrollo de la persecución,          SALGUERO RODRÍGUEZ          sufrió una lesión en su rodilla izquierda y por esta          razón, mientras el aprehendido era conducido al CAI, el          uniformado solicitó apoyo para que otra patrulla lo          trasladara a la U.P.J. El llamado fue atendido por el entonces          Intendente Jefe, Evelio Díaz, quien luego de algún          tiempo llegó al CAI Nicolás de Federmán y          condujo al retenido, inicialmente, al CAI San Luis, y luego a la          U.P.J. Mientras tanto, SALGUERO          RODRÍGUEZ,          en compañía de su compañero de patrulla, Javier          Enrique Cárdenas Restrepo, se dirigió al Hospital          Central de la Policía Nacional, donde fue examinado por la          lesión en su rodilla.  

            

            

32. Ahora,          Jorge Luis Velásquez Franco afirmó que, al ser          alcanzado luego de la persecución, ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ          le apuntó con su arma de dotación, lo amenazó,          lo agredió verbalmente y luego, con su compañero,          Javier Enrique Cárdenas Restrepo, lo subieron a la patrulla.          Aseveró que SALGUERO          RODRÍGUEZ le          reclamó que le había hecho lastimar la rodilla. Así          mismo, expresó que, durante el recorrido hacia el CAI, le          pegaba también en su rodilla con la empuñadura del          revólver, dándole a entender que lo hacía por          ser el culpable de su propia lesión.  

            

33. Sostuvo          que, al llegar al CAI, ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ continuó          amenazándolo e insultándolo. Afirmó que luego          lo entró al interior de las instalaciones, al lado de unos          casilleros, pidió prestado el bolillo a José Ricardo          Porras, otro suboficial de servicio en el lugar, y con el mango del          instrumento le propinó un fuerte golpe en el abdomen. Explicó          que inicialmente intentó cubrirse el cuerpo, pero el          procesado le ordenó retirar las manos de la zona del abdomen.          En ese momento, afirma que le asestó el golpe. Expresó          que se quedó sin aire, se recogió en el piso y el          uniformado le exigió que se pusiera en pie, que nadie le          había dado permiso de sentarse3.  

            

34. De          acuerdo con el agredido, luego de algún tiempo, le hicieron          firmar unos documentos y lo subieron a la patrulla conducida por el          Intendente Díaz, que había llegado a apoyar al          procesado. Indicó que, en este vehículo, lo          desplazaron por varias calles aledañas a “El Campín”          y del barrio Chapinero, lugares en los cuales aprehendieron también          a algunos habitantes de calle y los hicieron abordar la patrulla.          Indicó que se dirigieron al CAI San Luis, allí lo          bajaron, le dieron “calvazos” y puntapiés y le          hicieron firmar otro formato. Contó que a continuación,          lo llevaron a la U.P.J., de donde salió al siguiente día,          sobre el medio día.  

            

35. A          juicio de la Sala, el testimonio del denunciante sobre la agresión          con el bolillo sufrida en el abdomen, a manos del entonces          Patrullero ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ resulta          ajustado a la verdad. La víctima rindió varias          declaraciones a lo largo del proceso. En unas proporcionó más          detalles que en otras sobre las circunstancias antecedentes y los          hechos que siguieron al golpe propinado por SALGUERO          RODRÍGUEZ.          No hay, sin embargo, contradicciones relevantes entre sus          deposiciones. Sus relatos permiten comprender principalmente el          episodio en medio del cual se produjo la huida, persecución y          aprehensión de la víctima, la agresión          recibida, así como el desenlace con el traslado y la          retención del agredido a la U.P.J.  

            

36. En          todo caso, en todas las oportunidades que testificó, aseveró          de manera inequívoca e insistente que, luego de ser conducido          al CAI Nicolás de Federmán, el procesado, airado por          la lesión de su rodilla, le dio un golpe con el mango del          bolillo en la zona abdominal. Advirtió que, después de          lo anterior, comenzó a experimentar un dolor en esa cavidad,          el cual se fue incrementando con el paso de las horas y le demandó          finalmente la atención médica de urgencias. Precisó          la dependencia del CAI a la cual fue obligado a entrar y que el          bolillo le fue proporcionado al agresor por el suboficial Porras,          quien se encontraba esa noche de servicio.  

            

37. Además,          nótese que el agredido ubicó en el episodio al          compañero de patrulla del acusado, así como a otros          uniformados que estaban en el mismo CAI y en el de San Luis. Indicó,          también, que, en diversos momentos, fue objeto de malos          tratos por parte de varios de aquellos policías. No obstante,          de forma reiterada sostuvo que fue inmediatamente después de          llegar capturado al CAI Nicolas de Federmán cuando recibió          la agresión con el bolillo en el abdomen y que quien le          propinó ese golpe fue el acusado.  

            

38. Así          mismo, la víctima no afirmó que el procesado lo haya          golpeado con ese instrumento en otras partes del cuerpo. Aclaró          que le asestó el impacto por el lado del mango, en la cavidad          abdominal, es decir, por la prolongación a través de          la cual ese instrumento es sujetado por el uniformado en el servicio          policial. Además, señaló también de          forma coherente siempre que luego fue conducido por otra patrulla          distinta a otro CAI y, finalmente, a la U.P.J., donde recibió          inicialmente atención médica.  

            

39. El          impugnante sostiene que el informe médico legal no da cuenta          de lesiones en la rodilla del denunciante, pese a que este afirma          que el procesado también lo golpeó en esa zona del          cuerpo con la empuñadura del revólver de dotación.          Además, indica que el uniformado portaba una pistola, no un          revólver. Estas objeciones, sin embargo, no afectan la          credibilidad del testimonio de la víctima.  

            

40. El          primer dictamen médico legal se practicó 18 días          después de los hechos, una vez el denunciante obtuvo la          salida de la Clínica Colombia, donde lo atendieron de          urgencias e intervinieron quirúrgicamente luego de la          agresión. Por lo tanto, si con la empuñadura del arma          de fuego el policía le causó contusiones en una de sus          rodillas, es muy probable que luego del referido tiempo los signos          hubieran desaparecido. Y, en todo caso, se trataría de          lesiones mucho menos graves que aquellas que, ocasionadas en su          abdomen, afectaron sustancialmente su integridad física, de          modo que su denuncia perdería toda relevancia.  

            

41. En          lo que tiene que ver con el tipo de arma que ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ portaba          la noche de los hechos, pese a que el denunciante haya dicho que          conoce la diferencia entre un revólver y una pistola, la          imprecisión señalada por el impugnante es irrelevante.          Por la misma razón acabada de mencionar, los daños          trascendentales sobre el cuerpo de la víctima no fueron          ocasionados con el arma de fuego que portaba el uniformado. Si este,          con la empuñadura del arma golpeó, o no, en la rodilla          al ciudadano aprehendido mientras lo trasladaba en la patrulla, ello          no incide en el señalamiento claro e inequívoco de que          los daños en sus órganos abdominales fueron causados          en el CAI y con el mango del bolillo.  

            

42. Lo          propio ocurre con la afirmación del Intendente Díaz,          subrayada por la defensa, en el sentido de que el denunciante no fue          maltratado en el CAI San Luis, como en cambio lo aseveró la          víctima. El ciudadano retenido expresó que allí          otro policía lo hizo objeto de malos tratos y que le          obligaron a firmar un formato adicional e idéntico al que ya          había diligenciado antes, para su ingreso a la U.P.J. La          mención a estos dos formatos también es admitida por          el propio Intendente Díaz (quien justificó la          elaboración del segundo documento en que la víctima ya          llevaba más de una hora y media retenido y debía          cambiar la hora de conducción para que lo recibieran en la          U.P.J.)4.          Lo advertido hace pensar que la narración del denunciante,          sobre lo ocurrido en el CAI San Luis también es verídica.          Con todo, incluso si el suboficial hubiera dicho la verdad, al negar          el maltrato denunciado, ello no resulta trascendente, ante el          señalamiento sólido del ofendido, de que las lesiones          abdominales, que son los ataques que cobran relevancia, fueron          ocasionadas por el procesado y que se ejecutaron mientras estuvo en          el CAI Nicolás de Federmán.  

            

43. Ahora,          la naturaleza de la agresión denunciada por la víctima          es compatible con los hallazgos médicos y los procedimientos          realizados de urgencia, así como con los daños y          secuelas causados. El lesionado indicó que, pese a los          medicamentos aplicados en la U.P.J., el dolor continuó y          luego se hizo más fuerte. Señaló que, al salir          del lugar, no podía caminar y le pidió ayuda a su          madre para que le pagara el costo de un servicio de taxi, de regreso          a casa. Por su parte, la progenitora narró que, al llegar a          la residencia, le aconsejó que se acostara y, sin embargo,          debido a la persistencia del dolor, opto por llevarlo a la Clínica          Colombia.  

            

44. Al          ser atendido en el centro asistencial, de acuerdo con la historia          clínica, se determinó que el paciente presentaba una          contusión en la pared abdominal, solución de          continuidad en el contorno superior del páncreas, hematoma de          aproximadamente 5 centímetros en la unión de la cabeza          con el cuerpo de ese mismo órgano. De igual forma, se halló          edema retroperitoneal, edema de páncreas en algunas membranas          de fibrina en superficie y signos de irritación peritoneal          (peritonitis). Los médicos procedieron con una laparotomía          exploratoria y drenaje de hemoperitoneo. El diagnóstico          consistió en “pancreatitis          traumática por trauma abdominal cerrado”5.  

            

45. En          el primer reconocimiento médico legal, realizado el 20 de          enero de 2011 (18 días después de los hechos), se tomó          nota de la historia clínica y se dictaminó una          incapacidad de 35 días. Con posterioridad, en el segundo          reconocimiento, se indicó:  

            

46. A          su vez, el médico Germán Jiménez Sánchez,          que atendió al lesionado en la Clínica, ante la          pregunta de si la patología de la víctima podía          ser adquirida de forma distinta a la de un impacto físico,          declaró: “No.          La pancreatitis traumática es una entidad que solamente se          adquiere por golpe, por eso se llama traumática, no hay otra          forma de adquirirla”.          De igual forma, respecto a si los antecedentes de farmacodependencia          que presentaba el denunciante pudieron haber influido en su          causación, explicó: “No,          el hecho de que él sea un farmacodependiente no lo predispone          a ese tipo de pancreatitis, necesariamente se requiere que haya          tenido un golpe”7.  

            

47. De          esta manera, el señalamiento que hace el denunciante contra          ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ,          de haberlo agredido con un bolillo en el abdomen es coherente con el          concepto médico de la lesión. Jorge Luis Velásquez          Franco sufrió una contusión (golpe) en el páncreas,          órgano que se aloja al lado del estómago, en la          cavidad abdominal. Este presentaba signos de trauma y una solución          de continuidad (fisura o rompimiento) en la parte superior. Además,          había líquido hemorrágico en la misma cavidad.          De igual forma, el profesional de la salud que lo atendió          testificó que la pancreatitis sufrida por la víctima          solo pudo haber sido causada por un golpe.  

            

48. En          concordancia con lo señalado, se descarta la posibilidad de          que la víctima presentara la lesión antes del golpe          propinado por el procesado o que le haya sido causada con          posterioridad de alguna otra manera. Jorge Luis Velásquez          Franco no solo no expresó molestia de salud alguna desde el          momento de la aprehensión hasta la llegada al CAI Nicolas de          Federmán, sino que resulta inverosímil que hubiera          logrado correr por varias cuadras, antes de ser capturado, si en ese          momento ya hubiera estado lesionado, tal como lo expresó el          Tribunal. Tampoco hay un elemento indicador mínimo que, en          sentido contrario a la declaración incriminatoria, sugiera          que luego de ser recogido en el citado CAI con destino a la U.P.J.          haya sido objeto de un golpe con las mismas características          al que se le atribuye al procesado.  

            

49. Desde          otro punto de vista, en varias ocasiones ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ adujo          que el denunciante era farmacodependiente, tenía antecedentes          penales y, al momento de la aprehensión, había          cambiado sus datos de identificación. Todo lo anterior, con          el objeto de plantear que sus relatos carecían de          credibilidad. Obsérvese, sin embargo, que el propio          denunciante reconoció en sus varias declaraciones que desde          los 13 años consumía, con regularidad, marihuana y          bazuco. Esta información fue confirmada por su madre, quien          expresó que su hijo era farmacodependiente desde muy joven,          que había estado en procesos de desintoxicación, y          hacía tres días que no llegaba a la casa, así          como el hecho de que no le había permitido el ingreso al          domicilio, pues era el único medio de presión para que          reingresara a un plan de rehabilitación.  

            

50. De          igual manera, Jorge Luis Velásquez Franco admitió que          había sido condenado y estuvo privado de la libertad, algunos          meses, por hurto. Afirmó también que la noche de los          hechos proporcionó un nombre y número de          identificación que no correspondían a los suyos, pues          sintió temor, debido a las amenazas dirigidas por el          procesado. Además, refirió que se hallaba deambulando          por el barrio Nicolás de Federmán, debido a que había          intentado llegar a su casa en dos oportunidades, pero su progenitora          no le había abierto la puerta.  

            

51. Los          anteriores aspectos de las declaraciones de la víctima          permiten observar que, contrario a lo sugerido por el acusado, aquél          no ocultó su condición de farmacodependiente, sus          antecedentes judiciales y personales, así como tampoco el          cambio de datos de identificación la noche de los hechos. En          todo caso, la existencia de las referidas circunstancias no incide          en la veracidad de sus relatos. Aquello que cobra importancia es que          el agredido señaló de forma inequívoca y          precisa que el entonces Patrullero SALGUERO          RODRÍGUEZ lo          golpeó con el mango del bolillo en el abdomen y que esta          incriminación concuerda con las pruebas técnicas y el          dictamen pericial. Así mismo, que, a primera vista, la          versión del declarante no se muestra tendenciosa ni motivada          por otros intereses.  

            

52. El          procesado ha planteado que Jorge Luis Velásquez Franco y su          familia buscaban de él una compensación económica          con su denuncia. Sin embargo, a la pregunta realizada por la          defensa, el lesionado contestó que no ha solicitado dinero          para conciliar con el suboficial implicado. Al respecto dijo: “No          señor. Mi demanda es contra el Estado y contra él,          pero a él no se le pide plata”8.          Además, no hay otros elementos de convicción que hagan          tomar fuerza a la hipótesis del propósito patrimonial          de la denuncia.  

            

53. En          el mismo sentido, nótese que el denunciante aclaró que          ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ y          su compañero de patrulla, antes de que él emprendiera          la huida al advertírsele que sería conducido a la          U.P.J, no lo habían tratado mal ni habían sido          agresivos con él.  En similar dirección, afirmó          que después del episodio, SALGUERO          RODRÍGUEZ lo          había vuelto a requisar en dos oportunidades, pero no refiere          altercado ni confrontación alguna. Lo anterior muestra que la          víctima no ha intentado hacer injustificadamente más          gravosa la situación del policía.  

            

54. Ahora,          el acusado negó haber golpeado en el abdomen a Jorge Luis          Velásquez Franco. Otros policías, como lo indica el          impugnante, también dijeron que el suceso no había          tenido ocurrencia. Tales versiones, sin embargo, no son de recibo.          El agente José Ricardo Porras, a quien la víctima          señala de haber prestado al procesado el bolillo con el cual          se ejecutó la agresión, inicialmente negó haber          estado de servicio el día de los hechos, por encontrarse en          vacaciones de retiro. Aseguró haber prestado su último          turno el 31 de diciembre de 2010, es decir, 2 días antes de          los hechos. Sin embargo, posteriormente, en otra declaración,          al ponérsele de presente la correspondiente minuta          diligenciada en el CAI, reconoció que, en efecto, fue el          encargado de información esa noche.  

            

55. Pese          a lo anterior, continuó sosteniendo que no supo de casos          conocidos en ese turno por los patrulleros SALGUERO          RODRÍGUEZ y          su compañero de patrulla. De forma más precisa, afirmó          no tener conocimiento de que el patrullero ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ hubiera          capturado a alguna persona y la hubiera llevado al CAI Nicolas de          Federmán. Sin embargo, como se ha mostrado, la aprehensión          de la víctima y el hecho de que inicialmente fue llevada al          CAI Nicolas de Federmán son hechos no negados ni siquiera por          el procesado y el patrullero Cárdenas Pacheco. De los mismos          también da cuenta Ramón Montaño Puche,          suboficial que estuvo también en la estación de          Policía.  

            

56. Ahora,          durante el proceso, el acusado defendió que, debido a la          lesión en la rodilla sufrida durante la persecución,          no pudo bajarse de la patrulla en la que habían conducido a          Jorge Luis Velásquez Franco al CAI Nicolas de Federmán.          Aseguró que, sin descender del vehículo, mientras el          aprehendido fue trasladado a otra patrulla, él se dirigió          en compañía de su compañero Cárdenas          Pacheco al Hospital Central de la Policía Nacional. Con esta          tesis, el buscó sostener que, por razones lógicas, si          no descendió del vehículo policial, no pudo haber          lesionado a la víctima en las instalaciones del CAI, como          esta lo aseveró.  

            

57. Específicamente,          en la audiencia de corte marcial, SALGUERO          RODRÍGUEZ argumentó          lo siguiente. “DEFENSA:          Usted luego de la (sic) prensión del señor VELÁSQUEZ          a la altura de la (sic) glorita de la carrera 50 con calle 63, al          dirigirse con su compañero de patrulla el señor          CÁRDENAS, ¿se bajó de la camioneta uniformada          he ingresó al CAI de FEDERMÁN? RESPONDIÓ:          No abogado, yo tenía en ese momento un desgarre del ligamento          cruzado anterior y ese dolor no me permitiría caminar, ese          dolor es incapacitante, el dolor es intenso, no podía (sic) a          ver caminado después de eso. DEFENSA:          luego de dejar a disposición a este señor VELÁSQUEZ,          en el CAI DE FEDERMAN, para que lo condujeran a la UPJ, el señor          (sic) se expuso, ¿con quién lo puso a disposición          usted o el señor CÁRDENAS? RESPONDIÓ:          Una vez finalizo el procedimiento de persecución logramos la          aprehensión, lo subimos a la patrulla y lo llevamos al CAI de          FEDERMAN, pero yo no me bajo de la patrulla y se lo entrego de          patrulla a patrulla a mi intendente ORTIZ JESUS EVELIO que era el          jefe de control social esa noche”9.  

            

58. El          hecho afirmado por el procesado, sin embargo, es desmentido por la          declaración del Intendente Ramón Montaño Puche,          quien llegó en motocicleta al lugar cuando la patrulla          acababa de parquear. De          forma contraria a lo asegurado por el acusado, Montaño afirmó          haber visto que el procesado se había bajado del automotor. A          la pregunta de si había observado que el Patrullero Salguero          presentara algún quebranto de salud en sus extremidades,          declaró: “Sí,          apenas se bajó de la panel, él cojeaba de una pierna,          no recuerdo cuál pierna, él me dijo que se había          caído, no me dio más detalles”10.          A similar pregunta de la defensa, aseveró: “Sí,          yo miré cuando se bajó, el cojeaba y se quejaba de la          pierna porque se había caído, y me manifestó          que iba a ir al Hospital HOCEN para que lo revisaran”11.  

            

59. Las          afirmaciones del uniformado Montaño, respecto al descenso del          procesado de la patrulla, cuentan con respaldo en las circunstancias          probadas. Subraya que vio bajarse al procesado, “cojeando”,          lo cual concuerda con el hecho no discutido, sobre la lesión          del procesado en la rodilla durante la persecución, es decir,          momentos antes de su llegada al CAI. De esta forma, es evidente que          no corresponde a la verdad la tesis de que el acusado no descendió          de la patrulla policial una vez llegó al CAI.  

            

60. Montaño          Puches también dijo no haber visto que el procesado agrediera          a la víctima, tal como aduce el impugnante. Sin embargo, esto          no significa que el hecho no haya ocurrido. El suboficial aclaró          que cuando se fue del CAI, la patrulla con el capturado se quedó          en el lugar y que el apoyo policial para trasladar al aprehendido a          la U.P.J. aún no había llegado. De lo anterior resulta          que, en realidad, no tuvo conocimiento de todo el tiempo que el          denunciante estuvo en el CAI Nicolás de Federmán hasta          cuando fue ingresado a otra patrulla con destino a la U.P.J.  

            

61. En          los anteriores términos, las declaraciones tanto del          procesado como de otros uniformados, dirigidas a negar la ocurrencia          de la agresión o la responsabilidad del acusado muestran          evidentes debilidades, que impiden otorgarle credibilidad. En          contraste, el señalamiento del procesado no solo coincide con          el diagnóstico médico y las secuelas que le dejó          la agresión. Su relato es internamente coherente, coincide          con los demás hechos probados y no hay elementos de juicio          sólidos que permitan desvirtuarlo.  

            

62. Por          último, la defensa censura a la sentencia de segunda          instancia, que el taxista conocido por el padre del agredido, Jaime          Rico Grosso, realmente no vio cuando el procesado golpeaba al          denunciante luego de la persecución, de modo que su          testimonio no puede constituir realmente una prueba eficaz de cargo.          El citado testigo, en efecto, pese a referir en su declaración          que observó el instante en el cual el acusado y su compañero          de patrulla estaban pegándole a la víctima en vía          pública, en la diligencia de inspección judicial con          reconstrucción de los hechos, clarificó, mediante una          representación, que su alusión era a golpes suaves con          la punta del pie12.          En todo caso, el testigo sí reiteró que los          uniformados forcejaron con el ofendido y lo empujaron para obligarlo          a entrar al vehículo policial. Más allá de lo          anterior, como se ha subrayado, la evidencia de los daños          causados a la integridad física del agredido proviene de sus          propios relatos sobre lo ocurrido en el CAI Nicolás de          Federmán.  

            

63. De          esta manera, la Sala concluye que está demostrada la          responsabilidad del acusado en las lesiones personales por las          cuales se le acusó. En consecuencia, confirmará la          declaratoria de responsabilidad penal adoptada por el Tribunal Penal          Militar y Policial.  

6.5.  Sobre la suspensión condicional de la ejecución de la  pena  

            

64. El          Tribunal negó el subrogado de la condena de ejecución          condicional, pues          consideró que, si bien se cumple el requisito objetivo          previsto en el artículo 63 de la Ley 1407 de 2010 (la pena          impuesta no excede de 3 años de privación de la          libertad), no procedía su concesión a causa de la          modalidad y gravedad de la conducta. El juez de segundo grado          argumentó que el uniformado, abusando de su autoridad, atentó          contra un ciudadano que se encontraba en circunstancias de debilidad          manifiesta, derivadas de su condición farmacodependiente, y          que las lesiones, a sus 23 años, le generaron unas secuelas          definitivas que le complicarán su vida en todos sus aspectos.          Sostuvo, también, que no ejecutar la pena, “sería          patentizar que estos comportamientos no logren su reproche penal y,          con ello, dejar de lado y desprotegidos los derechos de las          víctimas”.          La defensa solicita reconsiderar la no concesión de la          suspensión condicional de la ejecución de la sanción.  

            

65. A          juicio de la Corte, el Tribunal Penal Militar sustentó          adecuadamente el criterio relativo a la gravedad de la conducta,          pues si bien es cierto que en el tipo penal por el cual fue          condenado el acusado se sanciona          ya la perturbación funcional de un órgano, en el caso          concreto esta secuela es severa y puede tener otros efectos          colaterales. El dictamen pericial señala que la pancreatitis          crónica sufrida por la víctima genera una esperanza de          vida por debajo de la población general y el riesgo futuro de          desarrollar enfermedades como diabetes, cáncer de páncreas,          cirrosis hepática y complicaciones propias de la enfermedad.          Además, advierte que, debido a los daños funcionales          en el páncreas, se generan usualmente gran número de          consultas, ingresos hospitalarios y posibles intervenciones          quirúrgicas.  

66. Con          todo, la Sala debe subrayar que, en el análisis sobre la          concesión del mecanismo sustitutivo en mención,          conforme al artículo 63.2 de la Ley 1407 de 2010, también          ha de analizarse si los antecedentes personales, sociales y          familiares del procesado          conducen a considerar que no existe necesidad de la ejecución          de la pena. Esto quiere decir, de forma correlativa, que solo es          posible negar el beneficio si, a partir de la apreciación de          los aludidos criterios, se concluye que es imprescindible,          ineludible, la privación de la libertad. De no encontrarse          acreditado este estándar, la autoridad judicial debe otorgar          el beneficio.  

            

67. En          el presente asunto, se observa que el acusado ha estado atento al          desarrollo de la actuación y ha concurrido a las diligencias          judiciales que ha sido convocado. Así mismo, no se conoce que          después de los hechos haya intentado volver a agredir, física          o verbalmente, a la víctima o a su familia o que haya sido          investigado penal o disciplinariamente          por otras conductas posteriores a la aquí analizada. Tampoco          se sabe de otras circunstancias familiares o sociales que muestren          la relevancia de adoptar la medida de privación efectiva de          la libertad.  

            

68. En          el mismo sentido, mediante comunicación del 10 de mayo de          2021, el Coronel Jaime Andrés Ceballos Correa, Comandante del          Distrito 3 de Policía Centro Oriental de la Policía          Metropolitana del Valle de Aburrá, al cual se encuentra          adscrito el procesado, emitió un concepto positivo sobre su          desempeño profesional. Indicó: “se          destaca en la presente unidad por su diligencia, responsabilidad y          profesionalismo con el que desarrolla los procedimientos de policía          en el ejercicio de sus funciones”.          De igual forma, conceptuó: “se          caracteriza por su apego a la ley, respeto por los derechos humanos          de las personas que interviene, al punto que este comando de          distrito lo propuso como candidato a la noche de excelencia en el          mes de marzo del año en curso”13.  

            

69. Lo          anterior muestra que, pese a haber ejecutado la conducta por la cual          se le sancionó dentro del presente proceso, los superiores          del sentenciado no dan cuenta de nuevas conductas similares, que          permitan considerar, razonablemente,          la necesidad de la ejecución de la sanción. Además,          como es sabido, la pena tiene no solamente la función de          prevención general. La dignidad humana en la cual se funda el          Estado constitucional y democrático de derecho, implica que          el fin primordial de          las sanciones penales es la resocialización de la persona          condenada. En este sentido, figuras como los subrogados penales          se encuentran          vinculados con actividades y mecanismos de resocialización14.  

            

70. De          esta manera, además de que los antecedentes personales,          sociales y familiares del sentenciado no muestran que sea          imprescindible la privación de su libertad, esta no se          muestra necesaria a la luz de los fines de prevención          especial y resocialización de la pena. En comparación          con la restricción de la libertad, la suspensión          condicional de la ejecución de la sanción constituye          un medio menos drástico, con la potencialidad de evitar que          el acusado vuelva a agredir a la víctima y logre una          resocialización efectiva. Nótese que el disfrute del          beneficio y, por lo tanto, la posibilidad de continuar en libertad          están sujetos a que observe buena conducta. De no hacerlo,          habría lugar a la revocatoria del mecanismo, por parte del          juez de ejecución de penas y medidas de seguridad.  

            

71. Se          concederá, entonces, la suspensión condicional de la          ejecución de la pena, por un periodo de prueba de 36 meses          (equivalente al tiempo de la sanción principal). En          consecuencia, el procesado deberá          suscribir un acta en la que se comprometa a cumplir las obligaciones          contenidas en el artículo 65 de la Ley 1407 de 201015.          El compromiso se          garantizará mediante la constitución de caución          prendaria por valor de un (1) salario mínimo mensual legal          vigente, a través de póliza o título de          depósito judicial.  

            

72. Deberá          advertírsele al acusado que, si durante el período de          prueba,          incumple cualquiera de las obligaciones contraídas, se le          revocará el beneficio y se hará efectiva la caución          prestada. La          suscripción del acta de compromiso deberá llevarse a          cabo ante el funcionario de primer grado, por medio de la póliza          o el título de depósito judicial respectivo, dentro de          los cinco días siguientes a la notificación de la          presente sentencia.  

            

73. En          conclusión, la Corte confirmará la condena impuesta en          segunda instancia al procesado, pero concederá          la suspensión condicional de la ejecución de la pena,          en los términos y bajo las condiciones indicadas en los          párrafos anteriores.  

            

74. Se          advierte          que contra esta decisión no procede recurso alguno, pues no          se trata de un fallo de segunda instancia dictada por un Tribunal          Superior (inciso 1º del artículo 181 de la Ley 906 de          2004).  

6.6.  Conclusiones  

            

75. La          Corte encuentra que se halla probada la responsabilidad de ANDRÉS          FABIÁN SALGUERO RODRÍGUEZ          en las lesiones personales por las cuales fue acusado. Las varias          declaraciones del agredido son inequívocas y consistentes en          que la noche de los hechos, luego de aprehenderlo y conducirlo al          CAI Nicolás de Federmán de esta ciudad, le propinó          un golpe con el mango de un bolillo. Como consecuencia, le ocasionó          daños al páncreas y secuelas consistentes en la          perturbación          funcional permanente de los órganos del sistema digestivo y          endocrino. Por el contrario, los testimonios exculpatorios no tienen          la capacidad demostrativa suficiente para desvirtuar los anteriores          señalamientos. Así, se dispondrá confirmar la          decisión de condena impuesta por el Tribunal Penal Militar y          Policial. Sin embargo, se revocará la decisión de no          conceder la suspensión condicional de la ejecución de          la pena y, en su lugar, dado que no se halla demostrada la necesidad          de privación de la libertad del acusado, se otorgará          el referido beneficio sustitutivo.  

En mérito  de lo expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  administrando justicia en nombre de la República y por  autoridad de la Ley,  

RESUELVE:  

Primero:  CONFIRMAR la  decisión de condena que, por el delito de lesiones personales  dolosas, le fue le impuesta al acusado mediante la sentencia  proferida  el 17 de marzo de 2023, por el  Tribunal Superior Militar y Policial.  

Tercero.-  CONFIRMAR las  demás determinaciones que no fueron objeto de impugnación.  

Cuarto.- Contra  el presente fallo no procede ningún recurso.  

Quinto.- Por  Secretaría, librar las comunicaciones a que haya lugar.  

NOTIFÍQUESE  Y CÚMPLASE  

Hugo  Quintero Bernate    

presidente   

    

   

    

   

Myriam  Ávila Roldán    

   

    

   

    

Fernando  Bolaños Palacios    

    

    

   

   

Gerson  Chaverra Castro    

    

    

   

   

Diego  Eugenio Corredor Beltrán    

   

   

    

    

Luis  Antonio Hernández Barbosa    

    

   

   

   

Fabio  Ospitia Garzón    

   

   

   

   

Carlos  Roberto Solórzano Garavito    

   

   

   

   

 Nubia  Yolanda Nova García    

Secretaria    

   

   

1          Parágrafo del          artículo 83 de la Ley 522 de 1999 y artículo 83 de la          Ley 599 de 2000, modificado por las leyes 1309 de 2009 y 1426 de          2010.  

2          Art. 86, inciso 1º de la Ley 599 de 2000.  

3          Folio          190, cuaderno 3 del Juzgado 134 de Instrucción Penal Militar.  

4          Cuaderno          5, página 36.  

5          Cuaderno          3, p. 144.  

6          Cuaderno          4, páginas 203 y 204.  

7          Cuaderno Anexo 1, p. 21.  

8          Cuaderno 5, folio 440.  

9          Cuaderno 9, p. 1249.  

10          Cuaderno          5, p. 444.  

11          Ibídem.  

12          Cuaderno 6, página 610.  

13          Cuaderno 9, p. 1270.  

14          Sentencia C-294 de 2021.  

15          “ARTÍCULO          65. OBLIGACIONES. El reconocimiento de la suspensión          condicional de la ejecución de la pena y de la libertad          condicional comporta las siguientes obligaciones para el          beneficiario: 1. Informar todo cambio de residencia. 2. Observar          buena conducta. 3. Reparar los daños ocasionados con el          delito, a menos que se demuestre que está en imposibilidad          económica de hacerlo. 4. Comparecer personalmente ante la          autoridad judicial que vigile el cumplimiento de la sentencia,          cuando fuere requerido para ello. 5. No salir del país sin          previa autorización del funcionario que vigile la ejecución          de la pena. Estas obligaciones se garantizarán mediante          caución”.  

      

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