19492(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 19492  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  058  

Bogotá D. C., veintisiete (27) de mayo de dos  mil tres (2003).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  NORBERTO GUERRERO VÉLEZ.   

A N T E C E D E N T E S  

1.-   Los hechos fueron resumidos por el  Tribunal Superior de Cali (Valle), de la siguiente manera:   

“Se desprende de  los  autos  que  el  15  de  abril de 2000, siendo aproximadamente las 2:30, dos  personas  abordaron  el  taxi  de  placas  VOF-443 conducido por ORLANDO VELASCO  ORDÓÑEZ,  solicitándole transporte hasta el barrio Villa Colombia, ocurriendo  que  al  llegar  a  la  dirección  demandada  fue  amenazado  con  un  arma  de  fuego   y  un  arma  blanca,  y una vez doblegado siguieron en el vehículo  hasta  un  sector  cercano  a  la  Cumbre, arribando a un precipicio desde donde  arrojaron  a  la víctima, la que fue auxiliada por vecinos del sector. El mismo  día  y  siendo  las  10:30  horas  fueron capturados NORBERTO GUERRERO VÉLEZ y  HÉCTOR    FABIO   GÓMEZ   VALENCIA   en   el   vehículo   hurtado” .   

         

2.-   El  Juzgado  Décimo  Penal  del  Circuito  de  Cali,  mediante  sentencia  del  12  de  junio de 2001, condenó a  NORBERTO     GUERRERO     VÉLEZ    a  la pena principal de 20 años de prisión, a la accesoria  de  rigor  y  al  pago  de  los perjuicios, como autor de la conducta punible de  homicidio  agravado en grado de tentativa. Igualmente, absolvió a Héctor Fabio  Gómez  Valencia  de  los  cargos  formulados  en su contra en la resolución de  acusación.   

3.-    Inconforme   con   la  anterior  decisión,    el    procesado    NORBERTO   GUERRERO  VÉLEZ  interpuso el recurso de apelación, el cual al  ser  desatado  por  el Tribunal Superior de la misma ciudad, el 11 de octubre de  esa  anualidad,  la  modificó,  toda  vez  que la pena privativa de la libertad  impuesta  al  citado procesado la redujo a 12 años y 6 meses de prisión. En lo  demás la confirmó.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  del procesado Norberto Guerrero  Vélez  formula  un  único  cargo  contra  la  sentencia, pues, a su juicio, el  Tribunal  violó  una  norma  de  derecho  sustancial  por  error de hecho en la  apreciación   “de   las  pruebas  testimoniales  e  inspección  judicial,  de acuerdo a las reglas de la sana crítica, en tanto se  han  presentado  agregados  y tergiversaciones que no tienen asidero en criterio  racional  de  la  lógica, la experiencia y la sana crítica, dándose por tanto  una violación indirecta de la ley…”.   

Luego  de  recordar en qué consiste el falso  juicio  de  identidad,  apoyado  en una decisión de la Sala, manifiesta que los  testimonios  allegados  al diligenciamiento “expresan  unas  actividades  sucedidas  en  el  curso de la ilicitud, como es el hurto del  vehículo,  el  uso  del  arma  de  fuego  y  la retención del ofendido ORLANDO  ORDÓÑEZ  VELASCO”. Del mismo modo, agrega, cada uno  de  ellos  explican  el  comportamiento  desplegado  por  los procesados para la  consecución  del  fin  cometido,  no  estando,  entre  ellos, el de causarle la  muerte  a  la  víctima,  “como se ha planteado en el  juicio  con  la  supuesta  certeza, demostración y apoyo a unas pruebas que han  llevado    a    un    convencimiento   errado   y   a   un   falso   juicio   de  valoración…”.   

A continuación se refiere a la diligencia de  ratificación  de  un  informe  policial,  transcribiendo  unos fragmentos, para  seguidamente  afirmar  que  en  las  distintas decisiones que se adoptaron en el  proceso  las consideraciones no fueron objetivas, “en  tanto   sólo  tienen  en  cuenta  un  solo  criterio  de  que  la  víctima  es  ‘lanzada    a    un  abismo’,  y  como dice el  Tribunal  ‘un precipicio  desde  donde  arrojaron  a la víctima …procede a arrojarlo por un barranco en  cuyo  fondo  se observan unas piedras…”, sin que, a  su  juicio,  se  hubiese  conocido  el  citado  lugar,  esto es, “sin  una  inspección  al mismo”, pues la  misma  no  fue  analizada  y  considerada,  máxime  cuando  el  instructor y el  juzgador de primer grado asumieron una actividad peligrosista.   

Tampoco   se   tuvieron   en  cuenta  sobre  “los accidentes geográficos del terreno”,  pues  unos  deponentes afirman que el barranco tenía de 4 a 5  metros,  otros  de  5  a  6  metros  “y  una  de las  fotografías   dice  ‘el  desagüe     tiene     una     profundidad     de    siete    metros’”.  Sin embargo, el Tribunal estimó  que  se  trataba  de  una  profundidad  de  70  metros, desconociendo, de manera  flagrante,  los  datos  consignados en la diligencia de inspección judicial, la  que transcribe en varios fragmentos.   

Así mismo anota que el dicho de su defendido  “se  ha  soslayado”,  no  obstante  que  ha manifestado su arrepentimiento, siendo enfático que su único  móvil en los hechos fue el económico.   

Añade:  

“Muy diferente es  que  una situación complicada para los infractores no solo por la hora sino por  el  lugar  a  donde  fueron en busca de evitar ser sorprendidos, hayan dejado en  las  condiciones  ya  conocidas a la víctima, y como es narrado por ella misma,  es    colocada    al    lado   de   una   especie   de   desagüe   ‘El  me  dejó  sentado  al borde de un  canal’  y  estando  éste  cerca  de  la  orilla de la carretera, existe una gran probabilidad, desestimada  por  el  Juzgador,  de que cuando el ofendido tratase de moverse, de zafarse las  amarras  hubiesen  rodado  y  al  estar cerca de la orilla de la carretera, pues  necesariamente  tendría  que haber caído ya fuese al barranco o al precipicio,  pero  lo  fundamental  y  determinante  es  que no fue arrojado, ni empujado, ni  lanzado  por  mi  defendido.  Objetivamente  se  deja  de tener en cuenta por el  Tribunal  que de haber sido lanzado al ‘precipicio    o    abismo’  de  la  magnitud que se presenta en el infolio, amarrado de pies y  manos,  la  muerte tiene que ser corolario final de un comportamiento de éstos,  pues     la     fuerza     del     ‘lanzamiento’,  de            la            ‘empujada’, de  la  ‘arrojada’,  necesariamente  en  física implica  que  cuando  un  cuerpo  es  lanzado, empujado o arrojado adquiere una velocidad  proporcionalmente  directa  a  la  fuerza  con  que se haga y dependiendo de los  medios  e  instrumentos  que  se  utilicen,  por  lo que de haber sido empujado,  lanzado   o   arrojado   como  es  la  tesis  de  los  juzgadores,  necesariamente   habría   caído  mucho  más  abajo,  los  golpes  hubiesen  sido  mayores  y más graves, y si no hubiera fallecido inmediatamente  por  la  fuerza de los golpes, las graves secuelas de los mismos habrían podido  ser  las  posibles  causantes  de  ésta.  Todas  éstas  fatales consecuencias,  siempre  y  cuando hubiese  sido  empujado o lanzado por mi defendido”.   

Dice  que  el Tribunal tampoco tuvo en cuenta  las  versiones de Orlando Velasco Ordóñez, ya que presenta contradicciones, en  razón   de   que   en  su  primera  declaración  sostuvo  que  había  quedado  inconsciente  y en el acto de audiencia pública agregó que quedó inconsciente  “pero con dolor”, además  de  que  no  está  seguro  si  lo lanzaron y menos quien lo hizo, lo que, en su  criterio, indica que no quiere decir la verdad.   

Por esas razones, advierte que el falso juicio  de   identidad   se   presentó,   al   no   considerarse  todas  las  variables  “que  pudieron  ocurrir  en  lo  que se ‘demostró’  como  la intención de segar la vida  de  un  ser  humano,  intención  que ahora demostramos nunca se presentó en el  ánimo volitivo de mi representado”.   

Después  de  exponer  en  qué  consiste  el  “falso     juicio     subjetivo     de     sana  crítica”,   sostiene   que  en  la  diligencia  de  inspección  judicial  practicada  en el lugar de los hechos, los juzgadores con  criterio  peligrosista  concluyeron  en  que  el  acusado  de  manera deliberada  quería  eliminar  a  la  víctima,  “asumiendo como  cierta  la  presunción del animus necandi,  cuando  no se ha elaborado un estudio psicológico y psíquico de  la  personalidad  del  agente,  cuando  se  han  hecho a un lado las condiciones  reales,  sociales y familiares manifestadas por el procesado y avalando desde el  comienzo  un comportamiento homicida y delictual como si fuese un delincuente de  la peor y más baja calaña”.   

Por  consiguiente,  advierte  que  la  prueba  allegada  al  proceso  no  fue  valorada  de  acuerdo  con las reglas de la sana  crítica,  esto  es,  con  apego  a  la  lógica,   a la experiencia y a la  ciencia   que  lleven  a  concluir  que  su  defendido  tuvo  la  intención  de  matar.   

Resalta que desde la providencia que calificó  el  mérito  del  sumario,  cuando  se  apreció la citada inspección judicial,  aflora  un  haz  de  duda,  para lo cual copia un segmento del calificatorio, ya  que,  según  su  criterio,  no  tiene  el  valor  que  se  le ha dado, toda vez  “que  demostrar  la  magnitud  de la profundidad del  abismo  y el grado de inclinación no tiene base sustentatoria la Sala Penal del  Tribunal   para   darle  el  grado  de  afirmación  y  certeza  que  pruebe  el  ‘animus  necandi’    de    mi  defendido”.   

Reitera  que  otra muestra de peligrosidad de  los  juzgadores radica en las afirmaciones, según las cuales, para su defendido  era  preferible  lanzar a la víctima a la profundidad del abismo, con el fin de  no  percatarse  de  la  muerte  de  ésta,  pues  tal conclusión es fruto de la  subjetividad,  sin  que  exista  prueba que respalde ese aserto, dándosele a la  argumentación    un    sentido    melodramático   con   un   alto   grado   de  imaginación.   

Reconoce  que  varios  pasajes  del acontecer  fáctico  contienen  elementos  estructurales  de  la conducta homicida, pero en  manera  alguna  se  puede  inferir que su intención estaba dirigida a causar el  resultado  muerte,  “de ahí deviene el falso juicio  subjetivo   del  fallador,  al  considerar  que  por  la  comisión  de  delitos  concursales  tenían  que  terminar  por  el  sólo  hecho  de  haber  llegado a  determinado     lugar     en    la    muerte    de    la    víctima”.   

Luego  de  transcribir una porción del fallo  atacado,  aduce  que  el  inicio  de  la  conducta  punible  estaría  en  haber  ejecutados  actos  de  arrojar,  lanzar  y  empujar a la víctima al abismo. Sin  embargo,  recalca,  esa  afirmación  no se encuentra demostrada en el plenario,  máxime  cuando  el  mismo ofendido incurre en contradicciones, lo que, aunado a  lo  anterior,  a  su  juicio,  resulta  equivocado  concluir  en  la  certeza de  “un  acto  que  no  se realiza y confundirlo con los  medios    como    en    este    caso    es    el    paraje   aludido”.   

En  esas condiciones, estima que la prueba no  se  valoró  con  la  objetividad  requerida,  “pues  aunque  existan  las  circunstancias de tiempo y lugar, la circunstancia de modo  no  se  realizó,  siendo  ésta  parte sustancia del acto que se debía iniciar  para  generarse  la  conducta  punible. Finalmente, si el acto no se produjo, no  existió  convicción,  volición  o  animus  necandi para la comisión del acto  delictual     que     se     aduce     contra     mi    representado”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia impugnada y, en su lugar, dictar el fallo de reemplazo.   

ALEGATO    DEL   NO  RECURRENTE   

La  Procuradora  69 en lo judicial en Asuntos  Penales,  dentro  del  termino  legal, sostiene que el libelista no demostró el  yerro  de  apreciación  probatoria,  pues,  a  su  juicio, antepuso su personal  criterio  frente  al del sentenciador respecto al mérito que ha debido dársele  a  los  medios de convicción, motivo por el cual solicita no casar la sentencia  impugnada.   

Dice que los planteamientos del censor atentan  contra  la presunción de acierto y legalidad con que viene los fallos amparados  a  esta  sede,  pues  pretende  restarle mérito al grado de convicción que los  juzgadores  le  dieron  a  las pruebas allegadas al diligenciamiento, resultando  que  su inconformidad está en la simple discrepancia de criterios, lo que no es  susceptible de ser atacado a través de esta vía extraordinaria.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

La  demanda  de  casación  presentada por el  defensor  del  sentenciado Norberto Guerrero Vélez, no reúne los requisitos de  claridad  y  precisión estatuidos por el artículo 212 del C. de P. Penal, para  su admisión.   

Ante todo, debe recordarse que el libelo no  se  debe  confundir  con  un  alegato  de instancia, en el que de manera libre y  caprichosa  se  pueda  hacer  toda clase de cuestionamientos a una sentencia que  por  ser  la  culminación  de  todo  un  proceso,  viene  amparada por la doble  presunción  de acierto y legalidad, sino que debe ser un escrito claro, lógico  y  sistemático  que busca restaurar la legalidad del fallo, por lo que sólo es  procedente  denunciar  los errores de juicio o de procedimiento cometidos por el  fallador,  al  tenor  de  las  causales expresa y taxativamente señaladas en la  ley, demostrarlos y evidenciar su trascendencia.   

Esas  exigencias  no  fueron cumplidas por el  demandante, destacándose entre los desatinos los siguientes:   

1.  No señaló la norma sustancial vulnerada  ni  el  sentido  de  la  violación,  esto  es,  aplicación indebida o falta de  aplicación.   

2.  En  determinados momentos confunde que el  ataque  en  casación  es  contra  la  sentencia,  pues  también  manifiesta su  inconformidad con la resolución de acusación.   

3.Confunde el error de hecho por falso juicio  de  identidad  con  el  de  hecho  por  falso  raciocinio, sin percatarse que el  primero  se  comete  cuando el juzgador en la apreciación de las pruebas falsea  su  contenido,  en  forma  tal  que no hay identidad entre lo ella materialmente  dice  y lo que el sentenciador manifiesta que su texto contiene, en tanto que en  el  segundo se incurre cuando al valorar el mérito de los medios de convicción  sometidos  al método de la persuasión racional se vulneran ostensiblemente las  leyes  de  la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica  o  las  reglas  de la  experiencia común.   

En  esas  condiciones, apoyado en el error de  hecho  por falso juicio de identidad, pretende que contradecir las deducciones a  que  llegó  el  juzgador,  en  el  sentido  de que en el procesado no había la  citada   intención   homicida,   sin   que   evidencie   y  demuestre  en  qué  “los  agregados  y  las tergiversaciones”  que  denuncia  y  menos su trascendencia en la parte conclusiva  del fallo atacado.   

Finalmente,  en lo relativo al error de hecho  por  falso  raciocinio,  tampoco indicó cuáles fueron las leyes científicas o  los  principios  lógicos  o  las reglas de la experiencia quebrantados, de qué  manera  lo fueron y cuál su incidencia en la parte dispositiva del fallo, labor  que no emprendió.   

Frente a los anotados yerros de la demanda, se  impone   su   inadmisión,  pues  la  Corte,  en  acatamiento  al  principio  de  limitación, no puede corregirlos.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de    casación    presentada    a    nombre    del    procesado    NORBERTO  GUERRERO VÉLEZ. En consecuencia,  se declara desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

YESID  RAMÍREZ   BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                  HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

CARLOS A. GALVEZ ARGOTE                                 JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO            

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                                 ÁLVARO ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

Comisión    de  servicio   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *