19250(13-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 19250  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 54  

          Bogotá, D. C., trece de mayo de dos mil tres.   

VISTOS  

          Examina  la Corte, en sede de apelación, la decisión proferida por  el  Tribunal  Superior  de Barranquilla en el curso de la audiencia preparatoria  celebrada  el  27  de  febrero  de 2002, mediante la cual negó la nulidad de la  actuación  surtida  a  partir  del  auto  de  apertura  de  la  investigación,  impetrada  por  el  defensor  de  la  procesada  VICTORIA ISABEL PERTUZ VERGARA,  exfiscal Sexta Seccional de Barranquilla.   

         

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.  Mediante oficio No. 617 de septiembre 9 de 1998, la Coordinadora  de   la   Unidad  Tercera  Seccional  de  Fiscalías  de  Barranquilla  puso  en  conocimiento  de  su  Directora  Seccional,  un  sinnúmero  de  irregularidades  detectadas  en  el  curso  del inventario físico realizado en el despacho de la  Fiscalía  Sexta  adscrita  a la Unidad Especializada Ley 30 de 1986, entonces a  cargo  de la doctora VICTORIA ISABEL PERTUZ VERGARA, entre ellas, la pérdida de  varias  sumas  de  dinero  en  efectivo  puestas  a su disposición en distintos  procesos,  que no aparecieron consignadas ni entregadas a la Coordinación de la  Unidad.   

           2.  Por  tales  hechos,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Barranquilla abrió investigación penal  contra  la  doctora  VICTORIA  ISABEL  PERTUZ VERGARA, contra quien se profirió  resolución  de  acusación  el  6  de octubre de 2000, como presunta autora del  delito de peculado por apropiación.   

          3.  El  conocimiento del juicio lo avocó la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  ante  quien  se surtió el trámite que preveía el  artículo  446  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 1991, y  resuelto  sobre  las  pruebas en el juicio, el 31 de julio de 2001 se inició la audiencia  pública de juzgamiento, culminándose el 8 de agosto siguiente.   

          4.  Mediante  providencia  del  19  de  noviembre  de  2001, la Sala  Mayoritaria  del  Tribunal  de  Barranquilla  decidió declarar la nulidad de la  actuación   a  partir  del  auto  que  señaló  fecha  para  la  audiencia  de  juzgamiento,  tras considerar que cuando se inició la diligencia el 31 de julio  de  2001, ya había entrado a regir el nuevo Código de Procedimiento Penal (Ley  600   de   2000),   que  contempla  la  realización  de  una  audiencia  previa  preparatoria,  en  la cual debía resolverse sobre las nulidades y pruebas en el  juicio,  incluyendo la repetición de aquellas que las partes no hubieren tenido  la  posibilidad  de controvertir, procedimiento que consideró aplicable al caso  por  favorabilidad,  habida  consideración de que las pruebas claves, allegadas  en  la  etapa  del  sumario, no pudieron ser controvertidas por el defensor o la  procesada, ante su tardía vinculación.   

          5.   Consecuente   con   la   anterior   decisión,  se  dispuso  la  realización  de  la audiencia preparatoria, la que se celebró el 27 de febrero  de  2002,  en el transcurso de la cual el defensor de PERTUZ VERGARA solicita la  nulidad  de  la  actuación  surtida  a  partir  del  auto  de  apertura  de  la  investigación,  alegando  la existencia de irregularidades sustanciales lesivas  del  debido  proceso  y la violación del derecho de defensa de su representada,  destacando  que  el  Tribunal  le había dado parcialmente la razón en cuanto a  que  las  pruebas  practicadas  en la etapa del sumario no fueron controvertidas  por  la  defensa,  por  razón de la tardía vinculación al proceso  de su  representada,  a  quien  además  se  le  impidió su presencia en la diligencia  administrativa  de inventario y entrega del despacho a su cargo al nuevo fiscal,  la  que  había  dado  origen  a  este  proceso.  Peticionó  que  la nulidad se  decretara  a  partir  del  auto  que abrió la investigación, y que además, en  concordancia   con   lo   preceptuado   en  el  artículo  305  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   se   declarara   la   inexistencia  de  tal  diligencia  administrativa.   

FUNDAMENTOS     DE     LA    DECISIÓN  IMPUGNADA   

          En  el  acto  de  la  misma  audiencia,  el  Tribunal  rechazó  las  peticiones  del defensor. La nulidad, al considerar que ninguna irregularidad se  cometió  en  la diligencia administrativa cuestionada, pues en el momento de su  realización  la  funcionaria  que la presidió no tenía conocimiento de que de  ella  pudieran  derivarse  imputaciones  de  carácter  penal  contra la doctora  VICTORIA  ISABEL  PERTUZ  VERGARA.  Y  en  cuanto  a su pretendida inexistencia,  consideró  que  ello  debía  ser objeto de análisis en el momento de tomar la  decisión final.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

          El  defensor  insiste  en  la  nulidad de la actuación a partir del  auto  de  apertura  de la investigación, alegando que no puede desconocerse que  la  prueba  en  que  se  sustentó  esta determinación está constituida por la  diligencia  administrativa de entrega, la cual se realizó con violación de los  principios  que  la  regulan y sin la presencia de la procesada, cuyo derecho de  defensa  resultó  vulnerado con esa actuación de la que no se le notificó. En  la  providencia  en que se declaró la nulidad parcial, el mismo Tribunal acepta  que  existieron  violaciones  al debido proceso, razón por la cual solicita que  se tengan en cuentas esas consideraciones.   

ALEGATOS   DEL  NO  RECURRENTE           

          El  Fiscal de la causa considera improcedente la nulidad peticionada  por  el  defensor,  pues  los  conocimientos  jurídicos  de  la  procesada y su  práctica  judicial,  debidamente  acreditadas  en  el  transcurso  del proceso,  demuestran  que  tenía  la habilidad y capacidad para lograr la agilización de  su  indagatoria si en gracia de discusión consideraba que se estaba retardando.  Además,  agrega,  han  sido  amplios  los márgenes para controvertir la prueba  tanto en la etapa de la instrucción como en el juicio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Aunque  el  artículo  308 del actual Código de Procedimiento Penal  señala  que  las  nulidades  “podrán  invocarse en  cualquier  estado  de  la  actuación procesal”, debe  recordarse  que  la  mayor parte del presente juicio se tramitó en vigencia del  Código  de Procedimiento Penal de 1991, en cuya estricta aplicación se corrió  el     traslado     señalado     en     el     artículo    446    idem, oportunidad que tuvieron los sujetos  procesales  para impetrar las nulidades respecto a vicios presentados durante la  etapa instructiva, de la cual no hicieron uso.   

          No  obstante,  como  fue  el  mismo  Tribunal  quien  con  un errado  entendimiento  del principio de favorabilidad de la nueva ley procesal, decidió  retrotraer,  en  decisión  que  se  halla en firme, la actuación que se había  surtido  hasta la culminación de la audiencia pública de juzgamiento, para que  en  su  lugar se realizara la audiencia preparatoria que regula el artículo 401  del  nuevo  Estatuto  Procesal  Penal,  como en efecto ocurrió, es claro que se  habilitó  para  los  sujetos intervinientes una nueva oportunidad para discutir  las  eventuales  nulidades  originadas  en  la  instrucción, razón por la cual  entrará  la  Sala  a  definir  el  punto  en  aras  de garantizar el ineludible  presupuesto  de  legalidad  que  debe  regir  al  proceso, así como de despejar  cualquier  duda  a ese respecto, debiendo afirmarse, desde ya, su improcedencia,  dado que su sustento carece totalmente de fundamento.   

          Sea  lo  primero  advertir que en la antimetódica argumentación de  la  petición  de  nulidad  y  del recurso de apelación, fundada en la presunta  inexistencia  de  la  diligencia  administrativa  de  inventario  en  la cual se  detectaron  las  irregularidades  que  luego  fueron  informadas  a la Directora  Seccional  de  Fiscalías  de la ciudad de Barranquilla, mediante oficio No. 617  de  septiembre  9  de 1998, que dio pie al inicio de la presente investigación,  el   defensor  recurrente  confunde  los  efectos  de  la  inexistencia  de  las  diligencias  practicadas  con la asistencia e intervención del procesado sin la  de  su defensor, con los que provienen de la inobservancia de las formas propias  del  debido  proceso  o  de  la  violación del derecho de defensa, porque sólo  éstas  están  erigidas  como  nulidad  en  cuanto  desconocen  las  garantías  consagradas en el artículo 29 de la Carta Política.   

          Un  acto  procesal puede ser simplemente inexistente, sin afectar de  nulidad  la actuación procesal, y en este caso la ley sólo dispone que el juez  lo  desestime.  Así  lo  establece  con  claridad la previsión contenida en el  inciso   final   del  citado  artículo  29,  al  señalar  que  “es  nula,  de  pleno  derecho, la prueba obtenida con violación del  debido  proceso”.   Esta  norma ha lugar a que,  cuando  se  violan  las  formalidades  sustanciales  de  cada medio probatorio o  éstos  se  practican  con detrimento de los derechos fundamentales, la sanción  es  la  inexistencia  de  la  prueba  y  no la nulidad de la  actuación  procesal.   Es  decir,  sin necesidad de invalidar todo o parte  del   proceso,  el  funcionario  simplemente  deja  de  apreciar  estas  pruebas  irregulares  en  orden  a  fundar  la  decisión judicial, y el sentido de ésta  queda  expuesto  a  la  solvencia  del  material  probatorio restante (si es que  queda) para condenar o absolver.   

          Así  lo  ha  reiterado la jurisprudencia de esta Corte, por ejemplo  en  el  auto  de  segunda  instancia  del  18 de diciembre de 2001, radicado No.  17919,  con  ponencia  de  quien  aquí  cumple  igual  cometido,  en el cual se  dijo:   

“El  análisis  completo  del  texto y el  sentido  del  artículo  29 constitucional, a la luz de la teoría del Derecho y  del  proceso,  permite  considerar  el  debido  proceso  desde  dos perspectivas  diferentes,  en  atención  a  sus  consecuencias:   por un lado, el debido  proceso  en sentido general, cuya violación daría lugar a la nulidad; y por el  otro,  la  que  se  refiere  exclusivamente  a  las  pruebas, caso en el cual la  transgresión     produciría     una     nulidad    de    pleno    derecho    o  inexistencia.   

“El  debido proceso, como traducción del  principio  lógico  antecedente-consecuente,  se  relaciona  con  una  sucesión  integrada,  gradual y progresiva de actos regulados en la ley, cuyo objeto es la  verificación  de  un  delito  y  la  consecuente  responsabilidad del imputado,  orientados  al  fin  de  obtener  una  decisión  válida y definitiva sobre los  mismos  temas.   De  este  modo,  el  debido  proceso  se afecta cuando una  persona   es   oída   en   indagatoria   sin   haber   abierto  formalmente  la  investigación;  o  se  le  resuelve  situación jurídica sin haberla vinculado  legalmente  (indagatoria  o  declaración  de persona ausente); o se califica el  mérito  de  la  instrucción  sin  haberla  cerrado  previamente  y otorgado la  oportunidad  a  las  partes  para alegar previamente; o se inicia el juzgamiento  sin  que  exista  una  resolución acusatoria ejecutoriada; o se dicta sentencia  sin haber realizado la audiencia pública.   

“En  cambio, el debido proceso probatorio  atañe  al  conjunto  de  requisitos  y formalidades previstas en la ley para la  formación,  validez  y  eficacia  de la prueba, siendo que, entre los primeros,  cuenta  el  respeto  a  las  garantías fundamentales.  Así que ésta debe  sujetarse  a  los principios de ordenación, aducción, aportación, práctica y  apreciación.    

“Así  pues,  la transgresión del debido  proceso,  por  cuanto  significa  pretermitir  un  momento procesal expresamente  requerido  por  la  ley  para la validez del que sigue, o la construcción de un  acto  procesal  sin apego a las previsiones legales que lo regulan, conduce a la  declaratoria  de  nulidad, conforme con disposición expresa del artículo 306-2  del Código de Procedimiento Penal.   

“Sin  embargo, en el caso de los actos de  prueba,  la  vulneración  de  las  reglas  para  su  percepción,  formación o  eficacia  no  genera  invalidez  sino “nulidad de pleno derecho”, expresión  que  la  doctrina  equipara  a  la  de inexistencia del acto, de modo tal que la  pretensión   frente  a  un  medio  de  prueba  deformado  debe  ser  la  de  su  desestimación    en    la    respectiva    decisión   judicial,   no   la   de  nulidad.   

“De  cierta  manera,  cada  prueba  tiene  dispuesto  en  la  ley su propio debido proceso, pero la conculcación del mismo  genera  la  desestimación  o falta de consideración de ella como fundamento de  la  decisión  judicial,  no  la  nulidad  del  medio  probatorio  que  entonces  significaría  la  reposición  o repetición del mismo, tal vez en perjuicio de  la  situación  del  procesado.   Es que la previsión constitucional de la  “nulidad  de  pleno  derecho”,  en  relación  con las pruebas, significa un  límite  al  poder  del  Estado,  en  la medida en que la transgresión comporta  consecuencias  políticas en la facultad de acopiar medios de convicción, pues,  de  otra  manera,  el  funcionario  podría  violar  reiteradamente las reglas y  garantías   de   aducción,   siempre   seguro   de  que  a  la  postre  podrá  repetirlos”.   

         

          Aclarados  estos  conceptos,  tampoco le asiste razón al impugnante  cuando  alega  la  violación  del  derecho  de  defensa por desconocimiento del  principio  de contradicción de la prueba practicada antes de la vinculación de  la procesada.   

          El   ejercicio   de  la  contradicción  no  se  reduce  a  la  mera  intervención  en  la  práctica  de las pruebas, sino que ésta es sólo una de  las  distintas  formas  de  poner en práctica la dialéctica probatoria, que se  materializa  a  través de diversos mecanismos, así por ejemplo, permitiéndole  al  procesado  y  a su defensor contradecir en un plano argumentativo o mediante  la  solicitud  y  aporte  de prueba aquellos elementos de juicio incorporados al  plenario  que  le  son  adversos;  impugnando  las  decisiones en las que se les  concede  un  mérito  probatorio  del  cual  se  discrepa; o bien demostrando la  ilegalidad  del  medio  o  de  la  forma  como  fue  obtenido para excluirlo del  análisis del juzgador.   

          De  allí  que  si  antes  de  la  indagatoria  de la doctora PERTUZ  VERGARA  se  practicaron  una  serie  de  pruebas  determinantes  de la eventual  responsabilidad,   aún   están  abiertas  las  posibilidades  de  orientar  la  controversia   de  esos  medios  de  persuasión  por  cualquiera  otro  de  los  mecanismos  aludidos,  e incluso a través de la posibilidad de contrainterrogar  a  los testigos que depusieron en esa oportunidad, en el curso de la ampliación  de  sus  declaraciones ordenadas para la audiencia pública, tal como sucede con  los  testigos  Victor  Cruz  Martín,  Nelson Arias, Camilo Barandica y la misma  doctora  Lucila Padilla Pérez, quien comunicó las anomalías encontradas en el  curso  de  diligencia  de  inventario que presidió, quedando así salvaguardado  con  suficiencia el ejercicio concreto del derecho de defensa respecto de dichas  pruebas.   

          Por  las  razones  anotadas, la Corte confirmará la negación de la  nulidad propuesta.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          Confirmar  la  decisión  de  fecha  y  contenido  indicados  en  la  motivación.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

          Cópiese,     cúmplase     y    devuélvase    al    tribunal    de  origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                   

CARLOS        A.        GÁLVEZ  ARGOTE                  JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO             

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

           

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