14255(27-02-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14255  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta Nº  028  

          Bogotá   D.   C.,febrero   veintisiete   (27)   de   dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          La  Sala  decide  el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  la  defensa contra la sentencia del 17 de octubre de 1997, mediante la cual  el  Tribunal  Superior  de Tunja confirmó la del 6 de mayo anterior, en la cual  el   Juzgado   Penal   del   Circuito   de   Garagoa   condena   a  WILKER  DÍAZ  NOPE a la pena principal de  veinticinco  (25)  años  de  prisión  y  a  la  accesoria  de interdicción de  derechos  y  funciones públicas por el lapso de diez (10) años, como autor del  delito  de  homicidio, consumado contra Emilfo Holguín  Perilla.   

          Según  consta en auto del 21 de enero del 2003, mediante el cual el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Garagoa se niega a conceder al sentenciado el  beneficio  de la libertad condicional, en otra providencia cuyo texto no obra en  este  expediente,  ese despacho le redosificó la pena de prisión reduciéndola  a trece (13) años. (Cdno. Copia C.S.J.).   

HECHOS  

          La   sentencia   objeto   de   este   recurso   relata  lo  sucedido  así:   

          “El  13 de junio de 1995 Emilfo Holguín Perilla se encontraba en  el  establecimiento  de Efraín Daza ubicado en la inspección de Horizontes del  Municipio  de San Luis de Gaceno. En horas de la tarde WILKER DÍAZ NOPE se hizo  presente  en  dicho  lugar  y  preguntó por Juan Eduardo Holguín Holguín, con  quien  dos  meses  antes  había tenido un problema, supuestamente porque WILKER  DÍAZ  intentó  violar  a  una  de  las  hijas  de  Holguín  y éste le había  efectuado  un  reclamo  por  tal motivo. Como no lo encontró salió del lugar y  regresó  a él después de recorrer el área urbana de la inspección, ingresó  al  mismo establecimiento por una puerta, sacó su arma de fuego que disparó en  contra  de  Emilfo Holguín Perilla  causándole varias heridas de gravedad  que  le  determinaron  la  muerte.  Inmediatamente  WILKER  DÍAZ intimida a los  presentes  impidiendo  que  se le acerquen al herido y después de transcurridos  cinco  minutos  aproximadamente,  abandona  el  lugar  de  los acontecimientos y  cambia de lugar habitual de residencia”.   

SINOPSIS  PROCESAL   

          Con  fundamento  en  el acta de inspección judicial del cadáver de  Emilfo  Holguín  Perilla, el  informe  respectivo  y  algunos  testimonios,  el  4  de  septiembre  de 1995 la  Fiscalía  27  seccional  de  Garagoa  ordenó  la apertura de la investigación  penal  y  dispuso  la  captura de DÍAZ NOPE para oírlo en indagatoria; con tal  fin,  el  8  del  mismo mes  ofició a la SIJIN, al D.A.S  y al C.T.I.  (Fls. 60, 66 a 68).   

          El  9  de  octubre de 1995 se fijó edicto emplazatorio y como no se  logró  la  comparecencia  del  sindicado,  el  23  de  dicho mes se le declaró  persona  ausente y se le designó defensora de oficio, quien tomó posesión del  cargo siete días más tarde. (Fls. 72, 74 y 80).   

          En  diciembre  18  del mismo año, se dictó medida de aseguramiento  de  detención  preventiva  contra  el  sindicado DÍAZ  NOPE por el delito de homicidio y se reiteró la orden  de aprehensión.   

          Clausurada  la  etapa  investigativa,  el  18  de  abril  de 1996 se  profirió  resolución  de  acusación  contra  WILKER  DÍAZ   NOPE   como  presunto  autor  del  delito  de  homicidio.  Providencia  que  fue  notificada  en  la  fecha de su emisión a la  defensora   de   oficio  y   al  personero  municipal.  (Fls.  119  a  123,  129).   

          La  causa se tramitó ante el Juzgado Penal del Circuito de Garagoa,  despacho  que  ordenó  de  oficio  la práctica de algunas pruebas, fuera de la  audiencia. (Fl. 134).   

          Con  oficio  del  20  de  marzo  de  1997, la Fiscalía seccional de  Guateque   dejó  a  WILKER  DÍAZ  NOPE  a  disposición  del Juzgado Penal del Circuito de Garagoa, después  de  concederle  la  libertad en proceso que le adelantaba por el delito de porte  ilegal de armas. (Fl. 164).   

          Por  lo  anterior,  el procesado estuvo presente en la diligencia de  audiencia  pública,  celebrada el 22 de abril de 1997. En ella, la defensora de  oficio,  durante  su  intervención,  solicitó  al  juez que ordenara un examen  siquiátrico  de  medicina  legal  para  el  implicado,  pero  su  petición fue  denegada  con el argumento de que el inciso 2º del artículo 448 del Código de  Procedimiento  Penal  (anterior)  solo  tiene aplicación cuando la necesidad de  nuevas  pruebas  surge de las que se hayan practicado en la audiencia, lo que no  había  sucedido  en ese caso; además de que no encontró fundamento probatorio  alguno  que  hiciera  pensar que el procesado padece de algún trastorno mental.  (Fls. 171 a 180).   

          El  6  de  mayo  de  1997,  al  proferir la sentencia en que condena  WILKER  DÍAZ  NOPE a la pena  principal   de   veinticinco  (25)  años  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el lapso de diez (10)  años,  como  autor del delito de homicidio, el Juzgado de conocimiento reiteró  el  criterio  que  había expuesto en la audiencia pública, según el cual, ese  no  era  el  momento  procesal  para  solicitar  la  prueba  que  determinara la  imputabilidad   del  procesado,  además,  porque  durante  esa  diligencia,  el  encausado exhibió una actitud síquica normal. (Fls. 186 a 207).   

          El  17 de octubre de 1997 el Tribunal Superior de Tunja confirmó la  sentencia  condenatoria,  descartando  las  nulidades  propuestas por la defensa  basadas  en  la  forma  en  que  se  efectuó  el  emplazamiento del ausente, la  ausencia   de   notificación  personal  de  la  resolución  de  acusación  al  ministerio  público,  que no se hubiera escuchado al procesado en indagatoria y  que  se  le  hubiera  negado  la  posibilidad  de que le practicaran un dictamen  siquiátrico.   

          En  relación  con  el  último tema, el ad  quem  apoyándose  en  los criterios especializados de  siquiatría  forense  condensados  en el libro del Doctor Guillermo Uribe Cualla  sobre   la  epilepsia,  concluyó  que  dentro  del  proceso  no  hay  evidencia  indicativa   de   que,   al   momento   de   cometer   el   hecho,  DÍAZ  NOPE  padeciera epilepsia gran mal,  porque  entonces  habría perdido la conciencia; ni una epilepsia sicomotora con  ausencias  mentales,  pues  por el contrario, recordó todos los sucesos y en la  audiencia pública demostró una total normalidad síquica.   

LA  DEMANDA   

          Al  amparo de la causal tercera de casación, el defensor recurrente  acusa  la sentencia de segunda instancia dictada en este proceso por el Tribunal  Superior  de  Tunja  por haber sido dictada en un juicio viciado de nulidad, por  varios motivos, así:   

          1-.    Ausencia de indagatoria, que viola  las formas  propias del juicio y el derecho de defensa.   

          Aquí  censura  al  sentenciador  por  considerar que la indagatoria  solo  persigue  la  vinculación  del  imputado  al  proceso,  desconociendo  el  carácter  de  medio  de defensa, que no puede ser suplido por el interrogatorio  que  se  le  formula  al  encausado  en  la  audiencia pública, ya que para ese  momento ya ha precluido la oportunidad para solicitar pruebas.   

          2-.  No  verificación  de citas, específicamente la manifestación  del procesado de padecer de epilepsia.   

          En   este   punto  argumenta  el  recurrente  que  los  funcionarios  judiciales  no  pueden  arrogarse funciones de peritos para determinar el estado  de  salud mental del procesado, de manera tal que el único que puede determinar  si  la  epilepsia que padece el procesado pudo determinarlo a cometer el crimen,  es  un  siquiatra.  De  establecerse que su protegido es inimputable se habrían  violado las formas propias del juicio.   

          3-.   Vicios   en   el   emplazamiento   y   declaratoria   de   reo  ausente.   

          Afirma  el  impugnante  que  el  emplazamiento  procede  cuando  hay  renuencia  del implicado o cuando ha sido imposible su localización, pero en el  proceso  no  está  demostrada ni tal renuencia ni que se hubieran agotado todos  los trámites.   

          A  todo lo anterior agrega que un campesino semialfabeta no está en  condiciones  de  actuar  en su defensa por lo que requiere de defensa técnica y  que  en  este  caso  se  violó  el  derecho  de  defensa, habida cuenta que los  defensores  oficiosos  no  pueden  arruinarse atendiendo los asuntos de oficio y  abandonando los que les brindan su manutención.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

          El  Procurador Segundo Delegado para la casación penal comienza por  señalar  las  deficiencias  técnicas que advierte en el libelo. Luego descarta  que  la ausencia de indagatoria pueda configurar irregularidad alguna lesiva del  derecho  de  defensa o del debido proceso que invalide la actuación por cuanto,  en  este  caso,  el implicado propició que no se llevara a cabo tal diligencia,  al  marcharse  de  la  región  en  donde ocurrió el hecho, de manera que no es  posible alegar como nulidad una situación provocada por el mismo.   

          En  cuanto  al  reproche  vinculado  al  trámite de emplazamiento y  declaratoria  de  persona ausente del sindicado, el funcionario que colabora con  la  Sala  observa  que  no  es necesario que previamente a esa declaratoria deba  obrar  en  el  expediente una constancia sobre la “renuencia” del implicado,  por cuanto ese no es un requisito previsto en la ley.   

          Por  lo  demás  encuentra  reunidos  los  requisitos  legales  para  proceder  al  emplazamiento  y  la  declaratoria  de  ausencia  como  fueron, la  expedición  de  la orden de captura, el emplazamiento efectuado un mes después  sin  que  se  obtuviera  informe de alguna autoridad, y el transcurso del tiempo  sin  que el imputado hubiera comparecido al proceso. Por ende, considera que por  este  aspecto  no  resulta  viable  el  decreto  de  nulidad  solicitado  por el  recurrente.   

          Al  aludir  al  reproche  basado  en  que  no  se  verificó la cita  efectuada  por  el  procesado  en  la  audiencia  pública  sobre  su  estado de  enajenación  mental,  el Procurador Delegado observa que también fue formulado  antitécnicamente,  sin  embargo,  conceptúa  sobre el cargo por considerar que  involucra una vulneración al debido proceso.   

          En  su  opinión,  del  proceso  y  específicamente de la audiencia  pública   surgieron  elementos  que  hacían  necesaria  la  práctica  de  una  experticia  siquiátrica  al  procesado  para  determinar si era o no imputable,  conforme  al  principio  de investigación integral, la cual, ha debido decretar  de  oficio  el  juez de conocimiento, aún antes de que la titular de la defensa  formulara la respectiva petición.   

          El  representante  de  la sociedad, además de rebatir los criterios  científicos  en  que  se  apoya  el  Tribunal  para  concluir  que WILKER   DÍAZ  no  ejecutó  la  conducta  punible  bajo  una  crisis  epiléptica,  para    cuyo    objetivo    también   acude   a   otros   criterios  cientifico-siquiátricos,  destaca factores del comportamiento del procesado que  lo  llevan  a  considerar  la  posibilidad  de  que  en  el  momento  de  actuar  ilícitamente  pudo  estar  afectado  por  una conmoción mental que le impidió  comprender  la  ilicitud  y  determinarse  con  esa  comprensión;  entre  ellos  menciona   la   inexistencia   de   un   móvil   claro  para  que  WILKER  DÍAZ  NOPE ocasionara la muerte a  Holguín  Perilla, siendo que  él   mismo  afirma  que  eran  amigos;  y  el hecho de que hubiera llegado  buscando a Juan Eduardo Holguín.   

          El  Delegado  también  comenta  que  el  argumento del procesado de  haber  actuado  en  defensa  de una agresión que creyó recibir de la víctima,  sea  probablemente  “una  manifestación  propia del  estado  epileptoide  en  el que son frecuentes las alucinaciones”;  o  que  con  la  ingesta de siete cervezas, como lo admitió en la  audiencia  pública,  pudo  haber  desarrollado  “una  embriaguez   patológica   o  epileptoide”.  Por  lo  anterior,  concluye  que era razonable, establecer por métodos científicos, el  estado síquico del sindicado al momento de ejecutar la conducta.   

          El  citado  funcionario señala como trascendental el vicio, pues la  omisión  probatoria  referida  incidió en la determinación de la posible  inimputabilidad  del  procesado, lo que impide imponer al procesado penas, sólo  medidas  de  seguridad,  dependiendo  del  tipo  de  trastorno, pues ni siquiera  proceden cuando es temporal y no tiene base patológica.   

          Por  lo anterior, el Procurador considera que procede la nulidad por  violación   del  debido  proceso  invocada  por  el  actor,  la  cual  debería  decretarse  a  partir  de la primera parte de la audiencia pública, antes de la  intervención  de  los  sujetos  procesales,  para que se practiquen las pruebas  originadas   en   el   interrogatorio  del  procesado,  debiendo  devolverse  la  actuación   al   mismo   funcionario   de  conocimiento  para  que  prosiga  el  trámite.   

          En  consecuencia  solicita  se  case  la  sentencia  por  el aspecto  últimamente  relacionado  y se desestimen los aspectos de nulidad planteados en  la demanda.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

          La  Sala  no puede pasar por alto que el libelo demandatorio adolece  de  fallas  que  inhiben  un  pronunciamiento  de  fondo, por cuanto, como se ha  pregonado  en  múltiples  oportunidades,  el  cargo  por  la  causal tercera de  casación  no  es  de  libre postulación. Al igual que en las otras causales es  indispensable  precisar  con  claridad  el  hecho  que  se  considera irregular,  demostrar  en  qué  consiste  el  vicio  que  afecta la actuación, cuál es su  trascendencia,  es  decir,  cómo  afecta el proceso, desde qué etapa, cómo se  subsana  y cuál es la decisión que debe adoptar la Corte. Además, como, salvo  el  caso en que la nulidad solamente afecte la sentencia impugnada, ella implica  un  retroceso  del  proceso  a  etapas  anteriores, rompe la lógica del recurso  plantear  varios  motivos  de  nulidad  en igualdad de condiciones; es necesario  plantear  uno  principal  y  los demás con carácter subsidiario, de manera tal  que  el  principal,  de  resultar  probado,  tenga  una  cobertura procesal más  amplia1.   

          En  este  caso,  el demandante formula varios motivos de nulidad sin  especificar  cuál  es el principal y cuáles los subsidiarios. Tampoco se ocupa  de  explicar,  respecto de cada hecho que denuncia, la manera como quebrantó la  estructura del proceso o como restringió la defensa del procesado.   

          El  escrito  es  confuso  por  cuanto, después de invocar la causal  tercera  de  casación,  se menciona indistintamente la violación de las formas  propias  del  juicio  y  del  derecho de defensa, sin un desarrollo apropiado de  cada  motivo  expuesto.  Así,  cuando  el  demandante  acusa  que no se hubiera  escuchado  en  indagatoria al procesado, por todo sustento aduce que es un medio  de  defensa,  dejando de lado la circunstancia de que el procesado fue declarado  persona  ausente  y  que  al  hacer  presencia cuando ya cursaba la causa, se le  escuchó durante la audiencia pública.   

          Igualmente,  cuando  el actor señala irregularidades en el trámite  del  emplazamiento  y  en  la  declaratoria de ausencia del acusado, se limita a  negar  que  en el proceso haya constancia de haberse agotado los trámites sobre  su  localización;  además,  inventa  un  requisito  que  no  hace parte de las  exigencias  legales,  como  es  que  aparezca  demostrada la “renuencia” del  procesado,  sin precisar cuáles son los trámites impuestos por la ley, cuáles  los que se omitieron y cuáles los que se cumplieron.   

          Por  otra  parte,  parece  proponer  una nulidad por una ausencia de  defensa  técnica,  sin  precisar  en  qué  consistió  y  como  trascendió la  actividad  o  inactividad  de  la  defensora  de oficio, ni las posibilidades de  actuación  con que contaba; sencillamente aduce que los defensores de oficio no  pueden  abandonar  sus  asuntos,  de  los  cuales  obtienen su subsistencia, por  atender   aquellos   oficiosos   por   los   cuales   no   perciben   emolumento  alguno.   

          Finalmente,  al  proponer  una nulidad por la falta de verificación  de  citas  del  indagado,  conforme  lo  imponía  el artículo 362 del estatuto  procesal  penal  anterior, termina por censurar que el fiscal y el juez pudieran  abrogarse  la  condición  de peritos para evaluar el estado de salud mental del  procesado  que  exhibió un carné que lo acreditaba como epiléptico, cuando ha  debido  hacerlo  un  siquiatra.  Por  ello,  manifiesta  que  se  produjo  tanto  violación  al  derecho  de  defensa   y  que  de  resultar  inimputable el  encausado se habrían violado las formas propias del juicio.   

          Es  fácil  percibir entonces, que ninguno de los motivos de nulidad  está  demostrado  ni  fundamentado  debidamente,  ni se ha indicado cuál es su  trascendencia  y  qué  parte  del  proceso afectó, por lo que no se entrará a  analizar  el fondo de cada propuesta, lo que dará lugar a que se desestimen los  cargos  propuestos  por  el  impugnante,  salvo  el pronunciamiento oficioso que  asumirá la Sala.   

CASACIÓN  OFICIOSA   

          El  anterior artículo 228 y actual 216 del Código de Procedimiento  Penal  consagra  el  principio de limitación que rige el recurso extraordinario  de  casación,  en virtud del cual, no le es permitido a la Corte resolver sobre  causales  distintas  a  las  expresamente  aducidas  por  el recurrente, con dos  excepciones,  la primera cuando se trata de la causal tercera, la segunda cuando  advierte  que  es  ostensible  que  la  sentencia  atenta  contra las garantías  fundamentales.   

          La  intelección  asignada  por  la  Sala  a este precepto consta en  diversos  pronunciamientos, entre los cuales, a título de ejemplo puede citarse  el siguiente:   

         “…  debe  aclararse que sólo la demanda en forma sobre el tema  específico  excluye  el uso de la facultad de oficio de la Corte, porque en tal  caso  ésta  procede  en respuesta a una pretensión particular del demandante y  no  en ejercicio de una potestad unilateral, de modo que una mera sugerencia del  actor  sobre supuestas anomalías generadoras de la nulidad para nada interfiere  la  facultad  de proceder de oficio, y no por ello debe dejar de pronunciarse la  Corporación,  si  el  proceso  evidencia  motivos para hacerlo.  Omitir un  pronunciamiento  de nulidad, a pesar de la ostensible anomalía, sólo porque la  Corte  se sintió insinuada o invitada para lo que oficiosamente le corresponde,  en  virtud  de  una  manifestación  del  demandante que no satisface las formas  propias  para  postular  el  cargo  específico (mas en todo caso genéricamente  media  una  demanda  en  forma),  sería  un acto de prepotencia estatal y no de  justicia,  máxime  que  la Corte también está sujeta a la regla general de la  declaratoria  de  oficio  de  las  nulidades  prevista  en  el artículo 307 del  Código de Procedimiento Penal.   

         “Eso  si,  el  contenido  lógico mismo de la facultad de oficio,  indica  que  la  Corte  no está obligada a hacer una declaración para negar el  uso  de  la  potestad,  sino  que  sólo  debe  expresarse  cuando  en verdad la  activará  positivamente  por  la  presencia  clara de anomalías generadoras de  nulidad  o  violatorias  de las garantías fundamentales y no frente a cualquier  irregularidad  no  sustancial  o  intrascendente,  pues,  de otra manera, sería  darle  respuesta  generosa  a  un  cargo apenas insinuado y no sustentado por el  demandante,  sin  parar  mientes  en  que  él  mismo expresamente se abstuvo de  proponerlo  como  tal”. (Sent. Diciembre 12/01. M.P.  Jorge Aníbal Gómez Gallego. Rad. 14.451).   

            El  pronunciamiento que hoy efectúa la Sala no está precedido de  una  demanda  que  permita  consideraciones  de  fondo  como  corresponde a este  recurso  extraordinario;  sin  embargo, el hecho de haber sido admitida, abre la  posibilidad  para  corroborar  si  concurren  los presupuestos que de acuerdo al  artículo  216  de  la  Ley  600/00  permiten  decretar de oficio la nulidad del  proceso,  frente  a una irregularidad apenas insinuada por el actor y en la cual  el procurador Delegado encontró consolidada una causal de nulidad.   

          La  anomalía  advertida  está  relacionada  con  la ausencia de un  dictamen  siquiátrico  al  procesado  para  determinar  si  para  el momento de  ejecutar  la  conducta  punible  materia  de juzgamiento estaba en condición de  inimputabilidad.   

          Es  tesis  reiterada  de  la  Sala  que la necesidad de allegar a un  proceso  un  peritaje  siquiátrico,  está  determinada por la existencia en la  actuación  de  elementos  deducidos de las circunstancias en que se ejecutó la  conducta   o   de   lo  antecedentes  personales  del  implicado,  que  indiquen  razonablemente  que  al  momento  de  cometerla, éste padecía algún trastorno  mental  que  le  impedía  comprender  la  ilicitud  del hecho o determinarse de  acuerdo       con       esa       comprensión.2   

          En   lo   que   se   refiere   a   la   situación  de  WILKER  DÍAZ  NOPE, ocurre que se trata de  un  acusado  ausente  durante  la  instrucción.  Su  presencia en el proceso se  cumplió  al ser dejado a disposición del Juzgado Penal del Circuito de Garagoa  después  de  decretadas  y practicadas las pruebas en el juicio, recaudadas por  fuera  de  la  audiencia  pública; por tanto, la primera intervención personal  consistió  en  responder el interrogatorio al que fue sometido durante la vista  pública.   

          En  esa  versión  surgen  elementos desconocidos o al menos ocultos  hasta    el    momento,    en   cuanto   que   WILKER  DÍAZ  manifestó que sufría de la cabeza, perdía el  conocimiento  y no recordaba nada, que estaba vinculado a la Liga de epilepsia y  lo  habían  remitido  para  tratamiento  al  Hospital  de  La Samaritana y a la  Clínica  Palermo,  sin que haya estado interno. Al efecto exhibió un carné de  la Fundación Liga Central contra la Epilepsia de Bogotá.   

          Es  de destacar que al ser interrogado por el homicidio Emilfo  Holguín  Perilla  relató algunas  incidencias, expresando que otras no las recordaba.   

          Llaman  la  atención  las  respuestas que el procesado WILKER  DÍAZ  NOPE  suministró para  el  interrogatorio  que  le  formuló  el  juez en la audiencia pública, de las  cuales  se  deduce  que  en  muchas  de  ellas ni siquiera entendió su alcance,  siendo  simples y elementales, como también la poca trascendencia que le dio al  delito  cometido, viendo su conducta como un simple fracaso; además, se destaca  la   poca  valía  de  sí  mismo  que  exteriorizó  durante  la  audiencia  al  calificarse de “bruto”.   

          En   lo  que  se  refiere  a  los  antecedentes  procesales,  merece  destacarse  que  el  móvil de la conducta agresiva del procesado estaba cifrado  en  las  conminaciones  que  había  recibido  de  Juan  Eduardo  Holguín, por la conducta que había observado  con  una  hija  a  quien  intentó  violar; y esa misma circunstancia la toma el  implicado  para  justificar  su  ataque  contra  Emilfo  asegurando que le había reclamado por su proceder con  su  hermana.  No obstante, ese hecho estaba en su mente, pues llegó al lugar de  los   hechos   buscando   a  Juan  Eduardo  y  al  no encontrarlo, inopinadamente disparó contra Emilfo  Holguín  Perilla hijo del anterior  y hermano de la presunta ofendida.   

            Por  otra  parte  resulta de importancia reseñar que el incidente  que  se  acaba  de  referir  no  era  reciente;  según  lo  afirma Juan  Eduardo  Holguín, había ocurrido al  finalizar  el  mes  de marzo de 1995, es decir, más de dos meses antes del día  en   que  se  cometió  el  homicidio,  no  obstante  lo cual, el implicado  desplegó   una   conducta   intempestivamente   agresiva   contra  una  persona  diferente.   

          Por   lo   demás,   la   reacción   que   presentó   DÍAZ  NOPE  enseguida  de haber disparado  contra   el  cuerpo  de  Holguín  Perilla  evitando  con  la misma arma agresora que cualquiera se acercara a  prestarle  auxilio  a  la  víctima,  con  el fin de asegurarse de su muerte, no  aparece  razonable en acontecimientos de esa naturaleza, para personas dedicadas  a  labores  del  campo,  dadas, en la generalidad de los casos, a la solidaridad  mutua.  Lo  que  además  pone  de manifiesto que no hubo ni asomo de sorpresa o  arrepentimiento  por  lo  realizado,  cuando la víctima ha sido un allegado por  vínculos de amistad.   

          Así  mismo,  es relevante que la actitud desbordada de DÍAZ  NOPE  se  salía de lo común, pues  provocó  miedo en la mayoría de las personas que presenciaron algún fragmento  de lo acontecido.   

          Todas  estas  incidencias,  deducibles del acervo probatorio y de la  intervención   de   WILKER   DÍAZ  NOPE  en la diligencia de audiencia pública, incluida la exhibición de  un  carné  que  lo acreditaba como afiliado a la Liga Central de Epilepsia y el  comentario  de que había sido remitido a centros clínicos como La Samaritana y  Palermo  para   recibir  tratamiento,  son  elementos  que permiten deducir  razonablemente  que  existe  la posibilidad de que hubiera realizado la conducta  punible  en  condición  de  inimputabilidad,  de  pronto, derivada de un estado  epiléptico o de alguna patología asociada a dicha enfermedad.   

          Por  lo tanto, como lo asevera el Procurador Delegado, era deber del  juez  de  conocimiento,  allegar  las  pruebas  necesarias para establecer si al  ejecutar  el  hecho  que  se  le  reprocha,  DÍAZ NOPE  ostentaba  una  condición  de inimputabilidad; factor  básico   del   debido   proceso,  como  quiera  que  de  su  establecimiento  y  comprobación  depende  la  naturaleza  de  la  consecuencia  jurídica  que  el  operador    judicial   debe   adoptar   contra   el   autor   de   la   conducta  punible.   

          El  hecho  de  que  la  defensora  hubiera  solicitado  al  juez que  ordenara  un  examen  siquiátrico  del procesado después de concluida la etapa  probatoria  de  la  causa, cuando los sujetos procesales ya habían iniciado sus  intervenciones   no   era  óbice  para  que  el  funcionario  judicial  actuara  oficiosamente;  inclusive,  bien  había  podido  retrotraer  la audiencia a esa  etapa,  de  manera  tal  que  se  garantizaran  los  derechos  fundamentales del  implicado, pues es indudable que su sanidad mental quedó en duda.   

          Ahora  bien,  el  Tribunal  Superior de Tunja ratificó la decisión  negativa  del  a  quo, sobre  bases    científicas;    opinando   sobre   las   patologías   mentales,   sus  clasificaciones  y  sus  manifestaciones,  remplazando  en  esa  materia al  experto.  Una  cosa  es que el juez pueda interpretar un dictamen médico y otra  que  adopte  criterios  técnicos  para  denegar  una prueba pericial que, en el  presente  caso se hace necesaria para aclarar la condición de imputabilidad del  sentenciado.   

          Sobran  otras  consideraciones  para concluir que en este caso se ha  violado  el  debido  proceso,  por  lo  que  la  Corte, oficiosamente casará la  sentencia,  decretando  la  nulidad  de  la  actuación a partir, inclusive, del  momento  en  que  los  sujetos  procesales  iniciaron  sus  intervenciones en la  diligencia  de  audiencia  pública,  de  tal  manera  que  el  juez  de primera  instancia  pueda  ejercer la atribución de decretar y allegar todas las pruebas  que  resulten  pertinentes  para  establecer  la  condición de imputabilidad de  WILKER  DÍAZ  NOPE  cuando  cometió  el delito de homicidio contra Emilfo Holguín  Perilla.   

CUESTION  FINAL   

          Como  consecuencia  de  la  decisión  que  se  anuncia y al estadio  procesal  al  cual  se  retrotrae  la  actuación, obligado resulta concluir que  sobreviene   la    circunstancia  que  estructura  la  causal  de  libertad  provisional  contemplada en el numeral 5 del artículo 365 de la Ley 600/00, por  cuanto,  si  la  resolución de acusación quedó en firme en el mes de abril de  1996,  han  transcurrido  más  de  seis  (6)  meses  sin  que haya concluido la  audiencia pública.   

          Así   las   cosas,   se   concederá   al   procesado  WILKER  DÍAZ NOPE la libertad provisional,  bajo  caución  de  cien  mil pesos ($100.000), habida cuenta que es una persona  que  antes  de  su  encarcelamiento  por  razón  de estos hechos vivía con sus  padres  administrando  fincas,  sin que se le conozca propiedad alguna; amén de  que  por  el  mismo  motivo,  su  situación  económica  no  pudo haber sufrido  variación  favorable.  Esa  suma  se  consignará  en  la  cuenta de depósitos  judiciales  del  Banco Agrario del Municipio de Acacías, Departamento del Meta,  por  cuanto  el acusado se encuentra recluido en la Penitenciaría de ese lugar.   

          Para  gozar  del  beneficio  que  se  le  concede  el  procesado  se  comprometerá  a  cumplir las obligaciones a que se refiere el artículo 368 del  Código  de  Procedimiento  Penal y específicamente a colaborar con el despacho  judicial  de  conocimiento,  para  llevar  a  cabo  las  diligencias  y  pruebas  relacionadas  con su estado de sanidad mental. Una vez constituida la caución y  firmada   la   respectiva   acta   de   compromiso   se  librará  la  orden  de  libertad.   

          Para  el  cumplimiento de las previsiones anteriores se comisionará  al  Juez Penal Municipal de Acacías, Departamento del Meta,  de manera que  será  de cargo del comisionado efectuar la notificación de este fallo, recibir  el  comprobante  de  la  constitución de la caución impuesta, suscribir con el  procesado   el   acta  compromisoria.  Así  mismo,  después  de  reunidos  los  anteriores  requisitos  expedirá  la  correspondiente  orden  de  libertad, por  cuenta  de  este  proceso,  la que se hará efectiva solamente en caso de que el  señor DÍAZ NOPE no sea requerido por otra autoridad judicial.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia en Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          1º.-  DESESTIMAR  la demanda de casación  formulada a nombre de WILKER DÍAZ NOPE.   

          2º.-   CASAR   de  oficio  la  sentencia  proferida   por   el   Tribunal   Superior   de   Tunja  el  17  de  octubre  de  1997.   

          3º.-   DECRETAR   la   nulidad   de   la  actuación,  a  partir,  inclusive de la intervención de los sujetos procesales  en la audiencia pública de juzgamiento.   

          4º.-  CONCEDER  al procesado WILKER DÍAZ  NOPE  el  beneficio  de  la  libertad provisional en los términos y condiciones  consignados en el texto de esta sentencia.   

          5º.-  COMISIONAR  al Juez Penal Municipal  de  Acacías  (Meta)  para  que  notifique este fallo, reciba el comprobante del  pago  de  la caución, suscriba el acta de compromiso y luego, libre la orden de  libertad  de WILKER DÍAZ NOPE siempre que no esté requerido por otra autoridad  judicial.   

          6º.-  DISPONER  que el Tribunal de origen  devuelva  el  proceso  al Juzgado Penal del Circuito de Garagoa para que reponga  la actuación.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO       E.     ARBOLEDA  RIPOLL                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS       AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE                        JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO                                       

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                                        ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Sent.  Febrero  8/01.  M.P.  Carlos  Augusto  Gálvez Argote , rad. 12.978. Sent. Julio  18/02.  M.  P.  Édgar Lombana Trujillo, rad. 10.178. Sent. Agosto 1º/02. M. P.  Carlos  Augusto  Gálvez  Argote,  rad. 10.893. Sent. Agosto 22/02. M.P. Álvaro  Orlando  Pérez  Pinzón,  rad.  13.074.  Sent.  Septiembre  27/02. M. P. Nilson  Pinilla, rad. 17.393.   

2 Sent.  Agosto  25/95.  M.P.  Edgar Saavedra Rojas, rad. 9397. Sent. Octubre 15/98. M.P.  Carlos  Augusto  Gálvez  Argote,  rad.  10.216.  Sent.  Diciembre  16/99.  M.P.  Fernando  Enrique  Arboleda  Ripoll  , rad. 10.964.  Sent. Mayo 23/01. M.P.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego,  rad.  13.704.  Sent. Octubre 24/02. M.P. Jorge  Enrique Córdoba Poveda, rad. 12.638.     

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