11794(13-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 11794  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                                Magistrado Ponente:   

                                                                Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                                                                Aprobado Acta # 034   

Bogotá  D.C.,  marzo  trece (13) de dos mil  tres (2003).   

VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  JULIÁN  CÉSAR LENIS MARTÍNEZ,  contra  el  fallo de diciembre 15 de 1995, mediante el cual el Tribunal Superior  de  Cali  confirmó  la sentencia condenatoria que le dictó el Juzgado 20 Penal  del Circuito de la misma ciudad, por el cargo de homicidio.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Cerca de la  media  noche  del  30  de  julio de 1994, en el centro recreacional Tory Castro,  ubicado  en  el  Barrio  Terrón  Colorado  de Cali, el menor Carlos Andrés Ama  Moncada  intentaba  ingresar  sin  pagar  la  entrada a la miniteca que allí se  celebraba,  por  la cerca de alambre y matorral espinoso, y el organizador de la  misma  JULIÁN  CÉSAR  LENIS  MARTÍNEZ, de 20 años de edad, disparó al sitio  por donde lo hacía y lo mató de un balazo en la cabeza.   

2. Fue aprehendido  al  siguiente  día,  se le vinculó al proceso a través de indagatoria el 2 de  agosto  de  1994,  se le dictó detención preventiva el 5 de agosto siguiente y  el   2   de   diciembre  del  mismo  año  resultó  acusado  por  el  cargo  de  homicidio.1 Y,   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  8 de septiembre de 1995 el Juzgado 20 Penal del Circuito de Cali lo  condenó  a  25  años  de  prisión,  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el término de 10 años y al pago de 600 gramos oro por concepto  de  los  perjuicios morales causados con la infracción.   El defensor  y   el  procesado  apelaron  y  el  Tribunal  Superior  de  Cali  confirmó  esa  providencia   a   través   del   fallo   recurrido   en  casación.2   

LA DEMANDA:  

Con sustento en la segunda  parte  de  la  causal  1ª  de  casación, el censor le realiza tres cargos a la  sentencia.   

Primero.   

Afirma el defensor que la  circunstancia  de que el disparo que recibió la víctima haya sido “de atrás  hacia  adelante”,  “de  acuerdo con el acervo probatorio descartaría” que  el  homicida  sea  su  representado,  “teniendo  en  cuenta  el  sitio  de  su  ubicación,  lugar  donde  disparó,  trayectoria, etc.”.  Y el Tribunal,  para  “llenar el vacío” dejado por la primera instancia al no darle ninguna  explicación  a  la  dirección  del  disparo,  especula sobre la manera como se  encontraba  colocado  el menor agredido “e imaginariamente” lo sitúa con el  rostro  en  dirección  a  la  calle,  agachado  “e  introduciendo primero sus  extremidades  inferiores al establecimiento recreativo, con el único fin de que  coincida con la experticia médico legal de necropsia”.   

Esa   prueba obra a  folio  113/1  del  expediente y el defensor transcribe de ella lo atinente a las  trayectorias   del   disparo  y  del  proyectil.   Igualmente  los  apartes  pertinentes  del  fallo  relativos  a  la  posición en la cual se encontraba la  víctima  cuando  recibió  el  disparo  y concluye que el Tribunal incurrió en  falso  juicio  de  identidad  “al  dar  por  definido  que  el  hoy interfecto  pretendía  atravesar  la  valla  o  alambrada a fin de penetrar al interior del  Tory  Castro  agachando  el  cuerpo y colocando la cara en dirección a la calle  …  ,  pues,  esta  apreciación  sin  ninguna  base  valedera provoca en forma  forzada  una  aparente  identificación  y  complemento  con  la  diligencia  de  necropsia,  cuando  en  verdad  de acuerdo al acopio probatorio hay una profunda  discrepancia  entre  la especulación del Tribunal ya advertida y la conclusión  a  que  llega  la  experticia  de necropsia médica.  Mal puede el juzgador  poner   en   vuelo   su   imaginación   –sigue   la  cita—a  fin  de  buscar  el respaldo de una prueba tan  definitiva  como  es  la  necropsia  señalada en el plenario partiendo de bases  falsas  o  supuestos  de  colocar al interfecto en una forma diferente a como se  resalta  en  el  expediente,  lo cual hace concluir que el arma accionada fue de  una  persona  que  se  encontraba  fuera  de  la  unidad  recreativa,  ya que la  trayectoria  del  disparo el cual se incrustó en la cabeza en región occipital  derecha  superior  3 cm a la derecha de la línea media penetró hacia delante y  hacia  la  izquierda,  haciendo  imposible  físicamente  que  el autor fuera el  procesado  JULIÁN  CÉSAR  LENIS  MARTÍNEZ, quien se encontraba de frente a la  cara o cabeza del interfecto”.   

Para  el  censor,  por  último,  el  juzgador  sólo busca responsabilizar al procesado, pues de lo que  se  trató fue de una bala perdida que lamentablemente hizo impacto en la cabeza  de la víctima.   

Segundo  cargo.   

En  esta  censura  le  atribuye  el  demandante al Tribunal haber incurrido en error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  el  cual  hace  recaer en los testimonios de Flor María  Quiceno,    Edward    Alfonso    Vallejo    Onofre    y    John   Jairo   Muñoz  Gaviria.   

Dice  que  se dieron por  demostradas  a  través  de  ellos las circunstancias de tiempo, modo y lugar en  las  que  el  procesado  le causó la muerte a Carlos Andrés Ama, “a pesar de  admitir  que  todos  los testigos áticos estaban de espaldas del señor JULIÁN  CÉSAR  LENIS  no  observaron  el  lugar exacto por donde quien resultara muerto  tallaba  su  cuerpo  para  introducirse,  sino solamente la maleza del arbusto y  aún  a  pesar  que  éste  cúmulo  testimonial  manifiesta que los disparos se  hicieron  a quemarropa del blanco, existe contradicción entre lo dictaminado en  la  necropsia  y  lo aseverado por los testigos, aún a pesar de que también se  admiten  muchas inexactitudes en cuanto al lugar en que se hallaban los testigos  al  momento de los disparos, pero que lo justifica por los mismos, además no le  da     importancia     a    la    enemistad    manifiesta,    la    envidia    y  antagonismo”.   

Transcribe  el  defensor  algunos  apartes de los relatos de los declarantes y expresa que no obstante las  contradicciones  en  las  que  incurrieron, el Tribunal les otorgó credibilidad  sin   tomar   en  consideración  que  al  hacerlo  no  podía  “técnicamente  vincularse”  a  su  representado, pues al colocar al menor ingresando al lugar  “agachado   con   la   cabeza   adelante”,  dando  la  cara  “al  presunto  homicida”,  es  lógico  que  no  podía  recibir  el  disparo de atrás hacia  delante, como certificó que ocurrió la prueba pericial.   

Tercer  cargo.   

El mismo tipo de error de  hecho  denuncia  en  esta  censura  el recurrente, aunque en esta oportunidad lo  refiere  a  los  medios  de  prueba  “que  permitirían”  la absolución del  sindicado,  vale  decir  los testimonios de Maritza Rincón, Luz Carime Guzmán,  Jaime     Esteban     Bossa,     José     Adalberto     Salcedo     y     David  Méndez.   

Estos  sitúan  a  LENIS  ajeno  al  suceso  delictivo  y  el  juzgador no les creyó, estimándolos “un  montaje  habilidoso  de la defensa”, a lo cual se opone el casacionista, quien  pregunta  en dónde se apoya el Tribunal para infirmarlos “si está demostrado  que  el  disparo  causante  de la muerte no provino de alguien que disparara del  interior del establecimiento”.   

“Entonces  –concluye—no   son  amañados  sus  decires,  tienen cimiento probatorio, no hay base para desdeñar  el  contenido  de  los  mismos y aunque no podemos recurrir a otras pruebas para  reforzar  éste  planteamiento,  la  evidencia  procesal  en  forma  técnica  e  imparcial les da la razón”.   

Solicita, en conclusión,  que  se  case  la  sentencia  impugnada  y  en  su  reemplazo  se  absuelva a su  defendido.   

CONCEPTO  DEL  PROCURADOR 3º DELEGADO EN LO  PENAL:   

El parecer del Delegado es que los todos los  cargos  deben  ser  desestimados  en  consideración  a  las evidentes falencias  técnicas que presentan en su formulación.   

1.  El  primero  no  demuestra  la  ocurrencia  de un error en el análisis probatorio del Tribunal y  ni  siquiera  se  ocupa  de examinar el contenido de todas las evidencias que le  sirvieron  de  sustento al raciocinio que lo condujo a identificar adecuadamente  la manera como sucedieron los hechos.   

El   censor  se  limitó  a  calificar  de  especulativo  ese  análisis  y además de que no suministró ningún fundamento  probatorio  al  respecto,  para la Procuraduría el ad quem no imaginó la forma  como  sucedieron los hechos, sino que razonó sobre las evidencias materiales de  los  mismos  (fotografías  y  planos  obtenidos en la inspección judicial) y a  partir  de  esa  percepción  estableció  las  diferentes formas de penetrar al  centro  recreacional eludiendo los controles de la puerta de entrada, una de las  cuales  le  permitió entender los hallazgos de la necropsia relacionados con el  sitio del impacto y su trayectoria.   

Lo  que  hizo  el  Tribunal,  entonces,  fue  cumplir  con  su  función de Juez, es decir reconstruir lo sucedido a partir de  los  hechos  objetivos  relacionados  en las pruebas.  Y el casacionista lo  que  hace  es  presentar  una  opinión  sobre  lo que ha podido ocurrir y no la  demostración    de    un    error   de   los   que   es   posible   alegar   en  casación.   

          2.    Frente    al     segundo  cargo  dice  el  Delegado  que le  bastó  al  censor  recordar algunas expresiones de los testigos de cargo, que a  su  parecer  no  son  compatibles  con  los  hallazgos  de  la necropsia, “sin  preocuparse   por   demostrar  en  qué  forma  los  apartes  resaltados  fueron  aprehendidos   por  el  sentenciador  como  principio  de  demostración  de  la  distorsión  del contenido material de la prueba y sin ligar estas aseveraciones  con el contenido de la prueba técnica”.   

En  suma,  no  expresó el libelista en qué  consistió  la  tergiversación de los medios de prueba, a los cuales les creyó  el  juzgador  no  obstante  las  imprecisiones  en que incurrieron los testigos,  concluyendo  sin  duda  alguna  que  la  persona que disparó hacia los arbustos  donde   se   encontraba   el   menor   Carlos  Andrés  Ama  fue  JULIÁN  LENIS  MARTÍNEZ.  Por ende, el cargo no puede prosperar.   

3. En la   tercera   censura,  cuya  presentación  también  es  antitécnica,  el  recurrente  no  hace  otra  cosa  que tachar de  equivocada   la  valoración  que  el  Tribunal  hizo  de  los  testimonios  que  favorecían  la posición procesal del acusado, sin intentar la demostración de  ningún    error    probatorio.    En    consecuencia,    también    debe   ser  desestimada.   

LA CORTE CONSIDERA:  

1. Cada cargo de la  demanda  está  dirigido  a  controvertir un fundamento de la sentencia.  A  través  del  primero,  el  casacionista  cuestiona  la conclusión del Tribunal  relativa  a la posición física en la cual se encontraba la víctima al momento  de  recibir  el disparo fatal, la cual califica de especulación; por intermedio  del  segundo  se  opone  a  la  credibilidad que se le otorgó a los testigos de  cargo  Flor  María  Quiceno,  Edward Alfonso Vallejo Onofre y John Jairo Muñoz  Gaviria,  quienes fueron coincidentes en señalar al procesado como el autor del  hecho;  y a través del tercero impugna que no se le haya creído a los testigos  Maritza  Rincón,  Luz  Carime  Guzmán,  Jaime  Esteban  Sossa, José Adalberto  Salcedo  y  David Méndez, quienes favorecían la posición procesal asumida por  su representado.      

La anulación de la sentencia a partir de esa  forma  de  presentar  los  ataques  implicaría la procedencia de todos, lo cual  resulta  ilógico.   Se trata de un defecto de la demanda que se origina en  no  comprender  que  el  hecho  de que la ley autorice la proposición de varios  cargos  en  el  mismo  libelo, inclusive contradictorios,  no significa que  los  mismos  puedan  plantearse  complementariamente, sino que cada uno debe ser  suficiente  al  fin  de  resquebrajar  los  términos  del  fallo  o regresar la  actuación  para  remediar  irregularidades sustanciales, cuando lo que se alega  es un error in procedendo que lesiona el debido proceso.   

Lo  que en realidad hizo el recurrente en el  presente  caso,  como  se  verá  enseguida, fue un alegato de instancia de tres  partes,  cada  una  orientada  a  oponer  su  criterio  a cierta conclusión del  juzgador,  lo  cual  explica  que  en  ninguno  de los cargos haya enfrentado la  lógica total de la sentencia.   

2.  La  sentencia  condenatoria   de   primera   instancia,   en  esencia,  está  apoyada  en  las  declaraciones  de  Flor  María  Quiceno,  Edward  Alfonso Vallejo Onofre y John  Jairo  Muñoz  Gaviria.   Los  tres,  a  pesar  de las inexactitudes de sus  dichos,  no dudaron un solo instante en señalar a LENIS MARTÍNEZ como el autor  del  homicidio  de  su  amigo  Carlos  Andrés  Ama Moncada.  Afirmaron que  presenciaron  cuando  disparó hacia el seto por donde éste intentaba penetrar,  para obviar el pago de la boleta de entrada.   

“Estos    deponentes    –señaló    el   Juzgado—han  sido  enfáticos  y  uniformes en  todas  las  declaraciones, cuando se refieren a la autoría material del reato y  estos  asertos  son dignos de credibilidad si se tiene en cuenta que se trata de  testigos que se hallaban por los alrededores de la piscina”.   

3.    En   la  sustentación  del  recurso  de apelación, de acuerdo con la síntesis hecha en  el  fallo  del Tribunal, el defensor centró su inconformidad en el hecho de que  el  a  quo  “no examinó ni explicó por qué si la acriminación se centra en  el  hecho  de  que  el  joven  JULIÁN CÉSAR LENIS disparó de frente contra su  víctima,  cuál  la razón para que la experticia médica señale, contrariando  a  los  testificales de cargo, que la bala homicida no penetró por el rostro de  la  víctima, sino por detrás de su cabeza desde la derecha y con dirección al  sector izquierdo de ella”.   

4.  El juzgador de  segundo grado se refirió al punto en los siguientes términos:   

     

a. La  inspección judicial con reconstrucción de los hechos realizada  al  lugar del crimen, dejó clara la existencia de la cerca de alambre reforzada  en  el  interior   por  una  valla  de arbustos espinosos, que habían sido  rotas   en   el   punto   por   el   cual   intentaba  ingresar  Carlos  Andrés  Ama.     

     

a. A  través  de  ese  sitio,  entonces, era posible entrar con cierta  dificultad,   agachándose  y  teniendo  cuidado  de  no  rasgar  el  vestido  o  lesionarse.   Podía  hacerse  de  frente o de espalda, siendo necesaria la  protección del rostro.     

Y concluye:  

“Por   eso  la  operación  física  de  traspasar  la  alambrada  representaba el agachar el cuerpo y colocar la cara en  dirección  a  la  calle  para  en  forma muy lenta y con auxilio del tacto irse  introduciendo  lentamente  a  efecto de que cualquier rama o alambre afectare el  cuero cabelludo y no el rostro.   

“Por  consiguiente, como bien sabemos que  fue  en el momento en que el niño Ama Moncada realizaba esta operación que fue  ultimado,  la  explicación  en  relación  a  la  dirección  de  la bala surge  diamantina  porque  JULIÁN  CÉSAR  LENIS se hallaba parado y el menor agachado  con  la  cabeza  a  la  calle,  lo  que explica por qué el disparo penetró por  detrás   de  la  cabeza  y  en  dirección  derecha  izquierda,  pues  esa  era  exactamente    la    posición    que    para   ingresar   había   asumido   la  víctima.   

“La  explicación  a  este respecto aquí  dada    –finaliza   la  cita—coincide   con  la  operación  que  sobre  el  mismo  hecho  en  las  mismas circunstancias realice  cualquier  persona,  pues  se  repite  para insistir, tanto el agacharse como el  proteger    el    rostro,    resultan    ser    circunstancias   que   obligaban  observancia”.   

5. Esta conclusión  es   la   que   discute   el   censor  en  el  primer  cargo,  en  el  cual  le  atribuye  al  juzgador haber  incurrido  en  error  de hecho originado en falso juicio de identidad, aunque lo  que  en  realidad  plantea  es  un  problema  de  falso juicio de existencia por  suposición  de  evidencias,  al  afirmar  que  “sin respaldo probatorio” el  Tribunal  se  imaginó  la  posición  en  la cual se encontraba el menor cuando  recibió  el  impacto  y  señaló  una  que  coincidiera con la trayectoria del  proyectil en la forma como quedó registrada en la necropsia.   

Cree  la  Sala  que  el Tribunal derivó la  conclusión  cuestionada  del  análisis  de los medios de prueba, como igual lo  expresa  el  Delegado.  Examinó los resultados de la inspección judicial,  reflexionó  sobre  ellos  y  dijo  una  posibilidad de la posición física que  tenía  la  víctima  cuando  la  agresión,  que  encaja  lógicamente  con los  hallazgos encontrados en la prueba pericial anotada.    

Lo  que  hace  el  censor, por lo tanto, es  simplemente  oponerse  a  esa  conclusión  intentado  convencer, sin fundamento  alguno,  acerca  de  que  el  disparo  que mató al menor Ama Moncada se produjo  desde  la  parte  exterior  del centro de recreación, pasando por alto que tres  testigos  que  le merecieron credibilidad a los falladores afirmaron sin matices  de  ninguna  clase  que  el  causante  de  la  tragedia fue JULIÁN CÉSAR LENIS  MARTÍNEZ.    

Por lo demás, la trayectoria del proyectil  descrita   en  la  necropsia  también  podía  haberse  explicado  lógicamente  admitiendo  que el menor intentaba ingresar al sitio de la fiesta de frente y no  de  espalda,  asumiendo  en dicha hipótesis que al ser descubierto se volteó o  giró  la  cabeza, como obviamente tenía que suceder si se sintió en peligro e  intentó buscar protección.   

La  censura, en suma, no tiene vocación de  éxito.   

6.  Los  cargos  segundo  y  tercero  corren  la misma suerte. En ambos  planteó  el  casacionista violación indirecta de la ley sustancial derivada de  error   de   hecho   por   falso   juicio  de  identidad  y  no  probó  ninguna  tergiversación probatoria del Tribunal.   

Se  limitó,  en  los  dos, a oponerse a la  apreciación  de  los  medios  de  convicción  realizada  en  la sentencia y se  olvidó  que  la  misma, salvo cuando se realiza por fuera de los dictados de la  sana crítica, es marginal al recurso de casación.    

A  su  parecer  los  testigos  de  cargo no  merecían  credibilidad  y  los  de descargo sí.  Es a lo que se reduce el  argumento  en  cada ataque y en tales circunstancias, como igual lo concluyó el  Delegado, es manifiesto que no pueden prosperar.   

7. Debe señalar la  Corte,   para   finalizar,   que   la  eventual  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  por  la entrada en vigencia de la ley 599 de 2000, es competencia  del Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad respectivo.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO   CASAR   la  sentencia  recurrida,  expedida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali  el 15 de  diciembre de 1995.   

Adviértase que contra la presente decisión  no procede ningún recurso.   

CÚMPLASE.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO     E.      ARBOLEDA  RIPOLL                HERMAN  GALÁN CASTELLANOS            

CARLOS      AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE            JORGE     ANÍBAL    GÓMEZ  GALLEGO                      

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                      ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  .  Folios 34, 53 y 197/1.   

2  .  Folios 398 y 483/2.     

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