18828(28-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18828  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL  

Aprobado acta No. 026  

Bogotá,  D.  C.,  veintiocho de febrero  del año dos mil dos.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JOSE  SANTOS  ACEVEDO RIVERA.   

Antecedentes.-  

En el Juzgado veintidós penal del circuito de  Bogotá,   en  atención  a  la  conexidad  concurrente  fueron  acumuladas  las  siguientes causas cuya investigación se adelantó por separado.   

La  cuestión fáctica ocurrida en Bogotá, a  que   se   refiere   cada  una  de  ellas,  fue  declarada  en  los  respectivos  pronunciamientos enjuiciatorios de la manera siguiente:   

1.-  “Se  deduce  de  autos, que la señora EVELIA ESPITIA GAMBOA celebró  con  el  señor  JOSE  SANTOS  ACEVEDO  RIVERA y su hermana MARIA AMPARO ACEVEDO  RIVERA  un contrato de compraventa de un lote de terreno situado en la calle 131  No.  40-54  el  12  de  julio  de  1974.  Dichos  señores nunca le hicieron las  escrituras,  sin embargo la señora Espitia construyó su casa. En enero de 1992  se  presentó  el  señor  JOSE  SANTOS  ACEVEDO  RIVERA a la casa de la señora  Evelia  con  escritura  en  donde  constaba  que  él  le  había  comprado esta  propiedad  a  la señora ROSAURA MARIA VACA SORA quien a su vez la adquirió por  prescripción,   mediante   providencia  del  Juzgado  11  Civil  del  Circuito,  confirmada  por  el  Tribunal Superior y exigiéndole una suma de dinero o de lo  contrario  vendería  la casa. Las providencias del Juzgado Civil del Circuito y  su  confirmación por el Tribunal Superior donde se adjudica la citada propiedad  por    prescripción,   son   falsas   como   se   pudo   establecer”.     

1.1.  Agotada  la  fase  correspondiente a la  instrucción  y  previa  clausura  de  ésta,  el  veintisiete  de  mayo  de mil  novecientos  noventa  y  seis  la Fiscalía noventa y dos seccional de la Unidad  primera  de  delitos  contra la fe pública y el patrimonio económico calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario con resolución de acusación en contra de  JOSE  SANTOS  ACEVEDO  RIVERA  y  ROSAURA  MARIA  VACA  SORA, por el concurso de  delitos  de  falsedad material de particular en documento público, agravado por  el  uso,  y fraude procesal, mediante determinación que adquirió ejecutoria en  esa  instancia  al  no  haber  sido  objeto de impugnación (fls. 312 y ss. cno.  1.).     

2.-  “Por  denuncia  promovida  por  el  señor  Francisco Guillermo Isaza  Quintero,  se  tiene que él y su esposa Yadira Díaz Mateus compraron a Mariela  Balvuena  Hernández  dos  lotes  de tierra ubicados en la Cra. 40 No. 163 A-55,  hacienda       ‘El  Toberín’,  protocolizados  mediante  escrtituras  públicas  2318  de  15  de  julio  /92  y  3269 de 17 de  septiembre  del  mismo  año,  quien  a su vez había comprado todo el terreno a  ROSAURA  MARIA  VACA SORIANO (sic), según escritura pública 1504 de 13 de mayo  de  1992.  Esta  última  persona se decía propietaria del terreno en virtud de  adjudicación  por  prescripción extraordinaria adquisitiva del dominio, que le  había  conferido  el  Juzgado 11 Civil del Circuito mediante sentencia de 20 de  mayo  /89,  confirmada  por  la  Sala Civil del Tribunal Superior de Bogotá con  fallo de 21 de septiembre/89.   

“Al  solicitar el  señor  Isaza  Quintero  un  préstamo  a la Corporación CONCASA, se le exigió  fotocopias  autenticadas  de  los dos fallos arriba referidos, pero al solicitar  al  Juzgado  11  Civil  del  Circuito  de  esta  ciudad dichos documentos le fue  informado  que en dicha oficina judicial jamás se dictó fallo de 20 de mayo de  1989  y  que  por  lo  mismo,  eran  falsos  los  fallos  donde se reconocía la  prescripción  extraordinaria  adquisitiva del dominio sobre ese terreno a favor  de  ROSAURA  MARIA  VACA  SORIANO  (sic)”.   

2.1.-   Por providencia de seis de junio  de  mil  novecientos noventa y siete la Fiscalía ciento setenta y uno seccional  de  la  unidad  séptima  de  fe  pública y patrimonio económico, calificó el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución  de  acusación en contra de  ROSAURA  MARIA  VACA  SORA,  por  el concurso de delitos de falsedad material de  particular  en  documento  público  agravada  por  el  uso  y  estafa agravada,  determinación  que  cobró  ejecutoria  en  esa  instancia  al  no  haber  sido  impugnada (fls. 160 y ss. cno. 2).   

3.- El trámite del juicio fue asumido por el  Juzgado  veintidós  penal  del circuito donde se dispuso la acumulación de las  dos  causas  (fl. 9 cno. 2), y luego de haberse llevado a cabo la vista pública  (fls.  91  y  ss.),  el  veintitrés  de junio del año dos mil se puso fin a la  instancia  condenando  a  la procesada ROSAURA VACA SORA a las penas principales  de  cuarenta  y  cinco  (45) meses de prisión y multa en cuantía de veinte mil  pesos,   y  al  enjuiciado  JOSE  SANTOS  ACEVEDO  RIVERA a la principal de  treinta  y  seis  (36)  meses  de  prisión,  y  para  ambos,  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por término igual al de la  pena  privativa de libertad, a consecuencia de hallarlos penalmente responsables  de  los  delitos imputados en los respectivos pliegos enjuiciatorios (fls. 446 y  ss. 2).   

4.-  Apelado el fallo por el defensor de JOSE  SANTOS  ACEVEDO  RIVERA,  el  tribunal superior, en decisión  proferida el  veinticinco  de  abril  del  año dos mil uno, al resolver la alzada interpuesta  decidió   impartirle   íntegra  confirmación  (fls.  5  y  ss.  cno.  Trib.).   

   

5.- Contra este fallo de segunda instancia el  mismo  sujeto  procesal  interpuso recurso extraordinario de casación (fl. 15),  siendo  admitido por el ad quem (fl. 18), y presentó la correspondiente demanda  (fls. 26 y ss.), sobre cuya admisibilidad se pronuncia la Corte.   

          La demanda.-   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  manifiesta  el  demandante  que  el  juzgador  de  segunda instancia  “incurrió  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, derivada de manifiestos u obstensibles (sic)  errores  de  hecho  (falsos  juicios de legalidad), en la apreciación de varios  medios   probatorios,   incorporados   como  hechos  indicadores  dentro  de  la  construcción   procesal   del  indicio”,  lo  que  determinó la aplicación indebida de los artículos 29,  31,  35,  36,  37,  43, 54, 55, 287 y 453 del Decreto 100 de 1980; y la falta de  aplicación  de  los  artículos  9,  12  y  25  ejusdem, y el artículo 232 del  Código de procedimiento penal.   

Sostiene  al  efecto  que  las  razones  para  demandar  el proferimiento de sentencia absolutoria radican en que en el proceso  no   existe   prueba   legalmente   producida  que  conduzca  a  la  certeza  de  responsabilidad  del sindicado JOSE SANTOS ACEVEDO RIVERA. Además, el error del  tribunal   “se  deriva  de  haberle  conferido  valor  a  varios medios probatorios (hechos indicadores), un  alcance  indiciario  que no tienen (falsos juicios de identidad), para que (sic)  de       este      modo      establecer      su      responsabilidad”.        

1.-  Aduce  que  el  sentenciador tergiversó  “el  alcance  del  fallo  proferido  por el Juzgado 11 Civil del Circuito de Bogotá D.C. y confirmado por  la  Sala  Civil  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  D.C.  (art. 238 y 261 del  C.P.P.),  al  hacerle  producir  efectos  probatorios  que  no  se derivan de su  contexto”, pues consideró  que  su  asistido era penalmente responsable de los delitos de falsedad y fraude  procesal  “cuando en ninguna  parte  y  analizando  el  acervo probatorio, se puede determinar con certeza que  quien  adelantó  el  proceso  de  prescripción adquisitiva de dominio, hubiese  sido     JOSE     SANTOS     ACEVEDO”.   

Los  sentenciadores  tomaron  como indicio de  responsabilidad  “el hecho  de   que   SANTOS  ACEVEDO  se  beneficiaba  de  esta  prescripción”,   lo   cual  no  podría  concluirse  palmariamente,  “pues qué  valor  probatorio  o  siquiera  indiciario podría dársele a este documento, ya  que  eventualmente  la  beneficiaria  de  dicha prescripción, podía o no haber  transferido  el  domino a SANTOS ACEVEDO”.   

El   tribunal   en   el  fallo  materia  de  impugnación,  “no  le dio  valor  probatorio  a  los  documentos  que  obran en el proceso, con respecto al  proceso  ejecutivo  por  obligación de hacer, que el hoy encartado inició ante  el     Juzgado     12     Civil     del    Circuito    de    Bogotá”,  del  cual  se  establece  un  hecho  indicador  “como  es el de  que  JOSE  SANTOS ACEVEDO RIVERA, inició las acciones judiciales pertinentes, a  fin   de   obtener   la   titulación   de   los  lotes  en  disputa”.  Por  esto  considera  que  el  hecho  indicador     que     toma     el     juzgador     de     alzada    “no corresponde a la realidad fáctica o  procesal   para  construir  el  indicio  de  responsabilidad  que  ahora  se  le  endilga”.   

Si se da en considerar que el indicio requiere  de   prueba   del   hecho  indicador,  “la  menor  duda  acerca  de  la  legalidad en la producción o en la  aducción  del  hecho  indicador  destruirá su credibilidad y no podrá tenerse  como      plenamente      demostrado”,  lo  que  no  acontece  en este caso dado que ninguna credibilidad  “puede  tener  la  persona  afectada  con  la  supuesta  conducta  delictiva, además de ya saber que la hoy  sentenciada  VACA  SORA, a (sic) sido denunciada en más de una oportunidad y en  diferentes     procesos    por    hechos    similares    y    sobre    distintos  inmuebles”.   

Agrega   que   su   asistido   “obró  en  estricto  cumplimiento de un  deber  legal,  al  registrar  la  escritura, y mal podría la administración de  justicia,  quien  es  la encargada de velar por el cumplimiento de la ley, tomar  como  hecho  indicador  y  como consecuencia como indicio de responsabilidad, el  cumplimiento  de  un  deber  que  el  mismo  ordenamiento  establece”.   

2.- El tribunal distorsionó el alcance de la  escritura  pública  número  3065  del 22 de noviembre de 1991 otorgada ante la  Notaría   34   del   círculo   de   Bogotá,   toda   vez   que   “consideró  que con esta escritura y su  posterior  registro,  se estructuraba el delito de falsedad en documento privado  y     se     consumaba     el     delito    de    fraude    procesal”.   

El  fallador  tomó  estos  documentos  como  indicio  de  responsabilidad  del  procesado,  no  obstante  que dichos indicios  “jamás  pueden  llevar  a  tener  certeza  de  que  ACEVEDO  RIVERA los gestionó o tramitó, con el fin de  engañar       a     la     administración     de     justicia”,   pues,  a  su  criterio,  de  ellos  “jamás  podía  inferirse  que  ACEVEDO  RIVERA  hubiese  sido  determinador  o  coautor  del delito que se  investiga  o  por  el  cual se le sanciona, ya que estos documentos no tienen un  alcance  que permita siquiera inferir una actuación dolosa por parte de ACEVEDO  RIVERA”.   

Agrega  que  el  sentenciador  “desconoció  lo manifestado tanto en la  indagatoria    como    en   la   ampliación   de   ACEVEDO   RIVERA”,  al  sostener  que  fue  citado  por  la   otra  procesada para hacerle entrega de la escritura que legalizaba la  compra realizada por él en el año 1974.   

Asimismo,  el  fallo  dejó  de  aplicar  el  principio   constitucional  de  la  buena  fe,  y  tampoco  tuvo  en  cuenta  la  presunción  de  legalidad  en  que se amparan los documentos públicos, en este  caso  la  escritura  otorgada  por  ROSA  MARIA  VACA  y  su posterior registro.   

El  tribunal  consideró  erradamente  que el  registro  de  la  escritura fue concomitante con la inscripción de la sentencia  proferida   por   el  Juzgado  11  civil  del  circuito  y  concluyó,  también  erróneamente,  que  el  procesado conocía que tal decisión estaba afectada de  falsedad,  pues  no  tuvo en cuenta que “es  práctica  común  que el registro se efectúe concomitantemente  con  una  o  dos  transacciones  más,  es  decir  la venta, la hipoteca y otros  derechos   reales  objeto  de  registro”.   

No  tuvo  en  cuenta  el  Tribunal que con la  inscripción  de  la  sentencia  si  bien  se  lograba  la  legalización de los  derechos  por  parte  de  ACEVEDO  RIVERA,  dicho título en nada lo beneficiaba  “puesto que era un poseedor  de  buena fe, de más de veinte años y tenía mecanismos diferentes para lograr  la   titulación   del  predio,  como  era  iniciar  un  proceso  ejecutivo  por  obligación  de  hacer  como  efectivamente  lo  hizo,  o  iniciar el proceso de  prescripción  adquisitiva  del  dominio”,  cuyas  gestiones  se  vieron  truncadas  por  la escritura que le  entregó la procesada ROSA MARIA VACA.   

Desconoció  el Juzgador, que con la conducta  realizada  por  ROSAURA MARIA VACA, no sólo se vio afectado JOSE SANTOS ACEVEDO  RIVERA,  sino  también  los  denunciantes  Evelia  Espitia  y los esposos Isaza  Quintero.   Considera   que  si  ACEVEDO  RIVERA  hubiere  sido  denunciante  su  situación     sería    distinta    “pues  no  sería  el  victimario,  sino  la  víctima de la conducta  desplegada     por     VACA     SORA”.   

Sin  tener  un  hecho  indicador  claro,  el  fallador  infiere  que por conocer la tradición del inmueble, ACEVEDO RIVERA se  prestó  para falsear los fallos del Juzgado 11 civil del circuito y el Tribunal  superior  cuando  “lo que se  deduce  claramente,  es  que  por conocer la tradición, era necesario sanear el  inmueble  a  través  de  la  escritura  que  le  otorgó  VACA SORA”.   

El sentenciador distorsionó el alcance de la  escritura  pública  suscrita  a  favor  de  ACEVEDO  RIVERA y el certificado de  tradición  del  inmueble pues infirió que por haber firmado la escritura el 22  de  noviembre de 1991, en tanto que el registro de la sentencia se llevó a cabo  el  19  de diciembre siguiente, conocía la falsedad de la sentencia del Juzgado  11  civil  del  circuito.  Arribó a esta conclusión sin tomar en cuenta que el  registro  corresponde realizarlo al titular de los derechos que se amparan en la  sentencia  sin que implique que hubiere conocido los engaños cometidos por VACA  SORA,    ya    que    fue    ésta   quien   hizo   el   registro   “tal  como se deduce de la diligencia de  indagatoria   y   de   la   ampliación   de   la  misma  suscrita  por  ACEVEDO  RIVERA”, en afirmación que  no fue desvirtuada durante el proceso.   

Luego   de  hacer  algunas  consideraciones  generales  sobre  la prueba indiciaria, sostiene que ACEVEDO RIVERA “nunca  prometió  escriturarle a EVELIA  ESPITIA”  como  así  se  establece  de  la  promesa  de compraventa, sino sólo transferirle los derechos  que  tenía  sobre  el  bien,  lo  cual  lleva al censor a concluir “que  el  hecho indicador del cual parte  el  tribunal  está  viciado  por  la  falsa  convicción  de que las sentencias  espúreas  beneficiaban a ACEVEDO RIVERA”.   

En torno a los temas relativos a la coautoría  y  la  coparticipación,  afirma  que  “en  ninguna parte del acervo probatorio existe prueba idónea que le  permita   haber   inferido   al  Honorable  tribunal  la  figura  de  este  tipo  penal” pues no se demostró  el  acuerdo  de  voluntades,  los  aportes  realizados  en  desarrollo del hecho  criminoso,   o   que   hubiere   sido   directo   determinador  de  la  conducta  delictiva.   

Con fundamento en lo anterior, solicita casar  la  sentencia  impugnada  y  absolver  a JOSE SANTOS ACEVEDO RIVERA “por  estar demostrado que no hay prueba  legalmente  producida que conduzca a la certeza de su intervención como directo  determinador  que  comprendió  la  creación   registro  de las sentencias  falsas”.                              

       

SE        CONSIDERA:   

Por  incumplir  el  deber  impuesto  por  el  ordenamiento  procesal  penal  de  indicar  precisa y claramente los fundamentos  fácticos  y  jurídicos  del  motivo  de  casación  que  se  aduce, la demanda  presentada   nombre   del  procesado  JOSE  SANTOS  ACEVEDO  RIVERA  amerita  su  inadmisión  por  la  Corte  y,  como consecuencia de ello, declarar desierto el  recurso.   

Reiteradamente la doctrina de esta Corte tiene  establecido  que  la  casación  no  es instancia adicional en la que puedan ser  presentados  informalmente  argumentos  de  disentimiento  contra  los fallos de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación del juicio donde resulte  posible  continuar  el  debate  fáctico y jurídico propio del trámite regular  del proceso.   

Su postulación ha de obedecer a la denuncia y  demostración  de  haber  sido  transgredida la ley con el fallo, y el escrito a  través  del  cual  se  ejerce  debe  cumplir  rigurosos  requisitos  de forma y  contenido,  prescritos por el artículo 212 del Código de procedimiento penal a  fin  de  que  pueda  ser  admitido  por  la Corte, entre los que se encuentra la  obligación  de  presentar  precisa  y  claramente  los  fundamentos fácticos y  jurídicos del motivo de casación que se aduce.   

Los errores en la apreciación probatoria que  dan  lugar  a  configurar  la causal primera de casación, apartado segundo, por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial; la consecuente invalidación del  fallo  de  mérito,  y el proferimiento del que deba reemplazarlo, pueden ser de  hecho o de derecho.   

Los  primeros se presentan cuando el juzgador  se  equivoca  al  contemplar  materialmente  el medio; porque omite apreciar una  prueba  que  obra  en  el proceso; porque la supone existente sin estarlo (falso  juicio  de  existencia); o cuando no obstante considerarla legal y oportunamente  recaudada,  al  fijar  su  contenido  la  distorsiona,  cercena o adiciona en su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no se  establecen  de  ella  (falso juicio de identidad); o, porque sin cometer ninguno  de  los  anteriores  desaciertos, existiendo la prueba es apreciada en su exacta  dimensión  fáctica,  y  al  asignarle  su  mérito  persuasivo  transgrede los  postulados  de  la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de experiencia,  es  decir,  los  principios  de  la  sana  crítica  como método de valoración  probatoria (falso raciocinio).   

Cuando  la  censura  se  orienta por el falso  juicio  de  existencia  por  suposición  de  prueba,  compete  al  casacionista  demostrar  el  yerro  mediante la indicación correspondiente del fallo donde se  aluda  a  dicho  medio  que  materialmente no obra en el proceso; y si lo es por  omisión  de  ponderar prueba que material y válidamente obra en la actuación,  es  su  deber  concretar  en  qué  parte  del  expediente  se ubica ésta, qué  objetivamente  se  establece  de  ella,  cuál  el  mérito  que  le corresponde  siguiendo  los  postulados  de la sana crítica, y cómo su estimación conjunta  con  el  arsenal  probatorio  que  integra  la actuación, da lugar a variar las  conclusiones  del  fallo,  y,  por  tanto  modificar  la  parte resolutiva de la  sentencia   objeto   de   impugnación   extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es   denunciar   la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar expresamente, qué en  concreto  dice  el  medio  probatorio, qué exactamente dijo de él el juzgador,  cómo  se  le tergiversó, cercenó o adicionó haciéndole producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Si   se   denuncia   falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué  infirió de él el juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la lógica, ley  de  la  ciencia  o  máxima  de  experiencia  fue desconocida, y cuál el aporte  científico  correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada,  la máxima de la  experiencia  que debió tomarse en consideración y cómo; finalmente, demostrar  la  trascendencia del error indicando cuál debe ser la apreciación correcta de  la  prueba o pruebas que cuestiona, y que habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente distinto y opuesto al ameritado.    

Los  errores  de  derecho,  entrañan, por su  parte,   la  apreciación  material  de la prueba por el juzgador, quien la  acepta  no  obstante  haber  sido  aportada  al  proceso  con  violación de las  formalidades  legales  para  su  aducción, o la rechaza porque a pesar de estar  reunidas  considera  que  no  las  cumple (falso juicio de legalidad); también,  aunque  de  restringida  aplicación por haber desaparecido del sistema procesal  la  tarifa  legal,  se  incurre  en  esta  especie  de  error cuando el juzgador  desconoce  el  valor prefijado a la prueba en la ley, o la eficacia que ésta le  asigna  (falso  juicio  de convicción), correspondiendo al actor, en todo caso,  señalar   las  normas procesales que reglan los medios de prueba sobre los  que    predica    el    yerro,    y    acreditar    cómo    se    produjo    su  transgresión.   

Cada una de estas especies de error, obedecen  a  momentos  lógicamente distintos en la apreciación probatoria y corresponden  a  una secuencia de carácter progresivo, así encuentren concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  avenido  a  la  lógica que frente a la misma prueba y dentro del mismo  cargo,   o  en  otro postulado en el mismo plano, sin indicar la prelación  con  que  la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen argumentos referidos a  desaciertos probatorios de naturaleza distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras  de  la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación,  compete  al actor identificar nítidamente el tipo de desacierto  en  que  se  funda,  individualizar  el  medio  o medios de prueba sobre los que  predica  el  yerro,  e  indicar  de  manera  objetiva  su  contenido, el mérito  atribuido  por  el  juzgador,  la  incidencia  de  éste en las conclusiones del  fallo,  y  en  relación  de  determinación  la norma de derecho sustancial que  mediatamente  resultó  excluida  o indebidamente aplicada y acreditar cómo, de  no   haber   ocurrido   el   desacierto,  el  sentido  del  fallo  habría  sido  sustancialmente  distinto  y  opuesto al impugnado, integrando de esta manera la  proposición del cargo y su formulación completa.   

Además,  la  misma  naturaleza rogada que la  casación  ostenta, impone al demandante el deber de abordar la demostración de  cómo  habría de corregirse el yerro probatorio que denuncia, modificando tanto  el  supuesto  fáctico  como  la  parte  dispositiva  de la sentencia, tarea que  comprende  un  nuevo  análisis  del  acervo  probatorio,  valorando las pruebas  omitidas,  cercenadas  o tergiversadas, o apreciando acorde con las reglas de la  sana  crítica aquellas en cuya ponderación fueron transgredidos los postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  los dictados de experiencia; y  excluyendo  las supuestas o ilegalmente allegadas o valoradas; pero no de manera  insular  sino  en  confrontación  con  lo que se acredita por las acertadamente  apreciadas,  bajo  los  criterios  establecidos  para  cada  medio probatorio en  particular  y  las  que  refieren  el modo integral de valoración, y en orden a  poner  de  resalto  la  falta  de  aplicación  o  la aplicación indebida de un  concreto  precepto  de  derecho  sustancial,  pues  es  la  demostración  de la  transgresión  de la norma de derecho sustancial por el fallo, el fin del motivo  primero en ejercicio de la casación.     

Y  cuando  de  ataque a la apreciación de la  prueba  indiciaria  se  trata,  el  censor  debe informar si la equivocación se  cometió  respecto  de  los  medios  demostrativos de los hechos indicadores, la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración conjunta al apreciar su  articulación,  convergencia  y concordancia de los varios indicios entre sí, y  entre  éstos  y  las  restantes pruebas, para llegar a una conclusión fáctica  desacertada.   

De  manera  que  si  el  error  radica  en la  apreciación   del   hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro medio de prueba de los legalmente establecidos, necesario  resulta  postular  si el yerro fue de hecho o de derecho, a qué expresión  corresponde, y cómo alcanza demostración para el caso.   

Y  si  el  error  se  ubica  en el proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se  acredita  el  hecho indicador, y demostrar al tiempo que el juzgador en  la   labor  de  asignación del mérito suasorio se apartó de las leyes de  la  ciencia,  los principios de la lógica o las reglas de experiencia, haciendo  evidente  en qué consiste y cual es la operancia correcta de cada uno de ellos,  y cómo en concreto ésto es desconocido.   

Si  lo pretendido es denunciar error de hecho  por  falso juicio de existencia de un indicio o un conjunto de ellos, lo primero  que  debe  acreditar el censor es la existencia material en el proceso del medio  con  el  cual  se evidencia el hecho indicador, la validez de su aducción, qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde, y luego de realizar el  proceso  de  inferencia  lógica  a  partir  de  tener acreditado el hecho base,  exponer  el  indicio  que  se  estructura  sobre  él,  el valor correspondiente  siguiendo  las  reglas de experiencia, y su articulación y convergencia con los  otros indicios o medios de prueba directos.   

Además,  dada la naturaleza de este medio de  prueba,  si  el  yerro  se  presenta   en  la  labor  de  análisis  de  la  convergencia  y  congruencia  entre  los  distintos indicios y de éstos con los  demás  medios,  o al asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta,  es  aspecto  que no puede dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo  de  error  cometido,  demostrando  que  la  inferencia realizada por el juzgador  transgrede   los   postulados   de  la  sana  crítica,  y  acreditando  que  la  apreciación  probatoria  que  se  propone  en  su  reemplazo,  permite llegar a  conclusión  diversa de aquella a la que arribara el sentenciador, pues no   se  trata en casación de dar lugar a anteponer el particular punto de vista del  actor  al  del fallador, ya que en dicha eventualidad primará siempre éste, en  cuanto  la  sentencia  se  halla  amparada por la doble presunción de acierto y  legalidad,  siendo  carga  del  demandante  desvirtuarla  con  la  demostración  concreta  de  haberse  incurrido  en errores determinantes de violación en  la declaración del derecho.     

       

Es  en  este  sentido  que el demandante debe  indicar  en  qué  momento  de  la construcción indiciaria se produce, si en el  hecho  indicador,  o  en  la  inferencia  por  violar  las  reglas  de  la  sana  crítica,   para  lo  cual  ha  de  señalar qué en concreto dice el medio  demostrativo  del hecho indicador, cómo hizo la inferencia el juzgador, en qué  consistió   el  yerro,  y  qué  grado  de  trascendencia  tuvo  éste  por  su  repercusión en la parte resolutiva del fallo.   

En este evento, el casacionista no se aviene a  dichos  derroteros pues resulta evidente, que no obstante enunciar el cargo como  violación  indirecta  de  la  ley  a  consecuencia  de  errores  de hecho en la  apreciación  probatoria,  los que hace consistir en falsos juicios de identidad  en  relación  con  “varios  medios   probatorios   incorporados   como   hechos  indicadores  dentro  de  la  construcción   procesal   del  indicio”  no  solamente  incurre  en  el  desacierto de aducir bajo el mismo  enunciado  “falsos juicios  de  legalidad”, que como ha  sido  visto se ubican en la categoría correspondiente a los errores de derecho,  sino  que  también, a más de desviar la censura hacia ámbitos de operancia de  otros  tipos  de  error,  omite  demostrar  la tergiversación de la prueba y la  trascendencia  que  tiene  en  la parte dispositiva de la decisión que impugna,  pues  por  parte alguna confronta su contenido con lo declarado respecto de ella  en el fallo.   

Aun  cuando  pareciera  que  lo pretendido es  denunciar  falso  juicio  de  identidad  sobre  pruebas de hechos indicadores de  indicios  supuestamente estructurados por el juzgador a partir de los documentos  relacionados  con  el  fallo proferido por el Juzgado 11 Civil del circuito y el  tribunal  superior,  la  escritura  pública número 3605 del 22 de noviembre de  1991  otorgada  ante  la  Notaría  34  del  círculo de Bogotá, y su posterior  registro,  no  solamente  se  abandona el desarrollo y demostración del tipo de  error   enunciado,   sino   que   indebida   y  contradictoriamente  sugiere  la  configuración  de  falsos  raciocinios  en  el  proceso  de inferencia lógica,  falsos  juicios  de existencia por omisión, falsos juicios de legalidad  y  falsos juicios de convicción.   

Es así como desviando el enunciado del cargo,  aduce   que  el  error  del  Tribunal  “se  deriva  de  haberle  conferido valor a varios medios probatorios  (hechos   indicadores),   un   alcance   indiciario  que  no  tienen”,    y   afirmar   seguidamente   que  “qué  valor  probatorio o  siquiera  indiciario  podría dársele a este documento, ya que eventualmente la  beneficiaria  de dicha prescripción, podía o no haber transferido el dominio a  SANTOS   ACEVEDO”,   cuestionando  de  tal  modo no la tergiversación del medio como correspondería  hacerse  de  acuerdo  al tipo de error a que se acoge, sino el mérito conferido  por el juzgador.   

Además, con total desapego por la técnica y  lógica  que  rige la casación, en referencia a los mismos medios, seguidamente  a  los falsos juicios de identidad y falsos raciocinios agrega falsos juicios de  legalidad   cuya  configuración  tampoco  demuestra,  para  afirmar  sólo  que  “la menor duda acerca de la  legalidad  en la producción o en la aducción del hecho indicador destruirá su  credibilidad   y   no  podrá  tenerse  como  plenamente  demostrado”.   

Sin  acreditar  el  tipo  de  error,  asegura  asimismo      el      casacionista      que     el     tribunal     “desconoció  lo manifestado tanto en la  indagatoria    como    en   la   ampliación   de   ACEVEDO   RIVERA”  sugiriendo con ello la configuración  de  falso  juicio  de  existencia  por omisión, que entremezcla con el error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  aduciendo  que no se tomó en cuenta  “la   presunción   de  legalidad”   en  que  se  amparan  los  documentos  públicos,  en  este  caso  la escritura otorgada ante  notario,  haciendo  de su discurso un compendio ininteligible de ideas sobre las  cuales  resulta  imposible  establecer  en  concreto  el error probatorio que se  quiere denunciar, y la trascendencia de éste.    

En  cuanto  tiene  que  ver  con este último  aspecto,  es  de  resalto  que el censor deja de indicar cómo habrían de verse  corregidos  en  sede   extraordinaria  los  errores  probatorios  que  dice  configurados  en el fallo, pues a más de lo anterior deja de abordar el proceso  de  valoración conjunta de los medios de convicción que incluya aquellos sobre  los  que  no  concurre  ningún tipo de error de apreciación probatoria, con lo  que en definitiva deja sin demostración el cargo que formula.   

      

Como  si  estos desaciertos no fueran de suyo  suficientes  para  disponer  la  inadmisión  de  la  demanda,  afirma que en el  proceso  no existe prueba legalmente producida que conduzca a la responsabilidad  del  procesado  (falso  juicio  de  existencia),  que  existen  dudas  sobre  su  responsabilidad,   pero  además  que  “obró   en  estricto  cumplimiento  de  un  deber  legal”,  de  lo cual no logra establecerse en  concreto  las  razones  fácticas  o  jurídicas  en  que  la  Corte  habría de  fundamentar  la  decisión  de  casar  el  fallo  y  absolverlo  de  los  cargos  formulados, como se demanda.   

Con  la pretensión por que se desentrañe el  fundamento,  sentido  y finalidades que se propone con la demanda, por fuera del  rigor  lógico  consustancial  al  recurso  extraordinario  a  que se acude, sin  ilación  ninguna  se  dedica  el  actor a atribuir particular mérito a algunos  medios  de  convicción  allegados  al  proceso,  pero  sin  demostrar que ellos  hubieren  sido  el fundamento de la decisión que censura, ni que al apreciarlos  el  juzgador  hubiere incurrido en errores de hecho o de derecho, y por tal vía  transgredido  disposiciones  de  derecho  sustancial  por falta de aplicación o  aplicación     indebida,     que     es     el    objeto    del    juicio    en  casación.      

Entonces,  siendo  tantos  y  variados  los  defectos  que  la  demanda  presenta, pues, como se deja expuesto, de ella no se  desentraña  precisa  y claramente los fundamentos de la causal que se invoca, y  no  pudiendo  la  Corte  corregirla  por virtud del principio de limitación que  rige  su  actuación,  lo  procedente  será  inadmitirla,  declarar desierto el  recurso  y ordenar la devolución del expediente al despacho de origen, conforme  así  se  establece  de  los artículos 197 del decreto 2700 de 1991 y 213 de la  ley  600  de  2000,  en  razón  a  que  esta  decisión causa ejecutoria con su  suscripción.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

          R E S U E L V E:   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  a  nombre del procesado JOSE  SANTOS   ACEVEDO   RIVERA,   por  lo  anotado  en  la  motivación   de   este  proveído.  En  consecuencia  se  DECLARA  DESIERTO  el  recurso.     

Contra   este   auto   no  procede  recurso  alguno.   

Comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen. Cúmplase.   

ALVARO O. PEREZ PINZON  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      JORGE E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS           CARLOS  A.  GALVEZ  ARGOTE                

JORGE         A.        GOMEZ  GALLEGO                  EDGAR LOMBANA  TRUJILLO                 

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                   NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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